Cuando la nieve se derrita…
II
-"¿Por qué todo está tan oscuro?, ¿qué demonios ocurre aquí?...
Era un día nublado, un paisaje yermo. La cabeza le daba vueltas, pero- sentía algo muy frío: le costaba abrir los ojos. Se reincorporó y se apoyó con las manos en ¿nieve?...Tomó un puñado albo con ambas manos y se lo puso en el pecho…
-Estoy en las montañas…
Miró hacia ambos lados con el corazón comprimido por la desesperación. A causa de su nerviosismo, la nieve se derritió entre sus dedos y se redujeron a unas gotas de agua...de la nada todo comenzó a derretirse toda la nieve hasta convertirse en una gran poza: sólo quedaba la superficie en la que ella se encontraba.
En eso estaba, hasta que unas manos entrelazaban su cintura y una voz le acariciara la nuca:
-Ten cuidado con el fuego, Natsumi…
Intentó darse vuelta pero sólo logro ver la sombra, pues la superficie cedió al peso y se hundió en una profunda oscuridad… "
-No, no: ¡No te vayas!, ¡ah!
Se levantó muy asustada: era un sueño… Tocó su frente y la sintió húmeda: estaba sudando helado.
Era de mañana, y ya se sentía repuesta totalmente. Salió de la cama con sumo cuidado y fue hasta el living el muchacho estaba en un incómodo sofá, pero durmiendo como un recién nacido. A Natsumi le hizo gracia ver a un hombre tan corpulento como él en una posición tan infantil, tan tierna…
Iba en dirección al baño para lavarse e ir al hospital y luego, a la estación, pero un mascullo somnoliento la detuvo:
-Buenos días, bello durmiente…-le dijo.
-Buenas…ya veo que te encuentras mejor.
-¡Por supuesto! Tengo un hambre tan grande que me comería a un bombero…-sonrió irónica.
-Yo me comería enterita una policía si la tuviese enfrente…-le contestó, pero con una mirada pícara que daba lugar a lo ambiguo. Natsumi se limitó a reír a carcajadas y respondió con esa linda sonrisa:
-Bueno, compañero: ¿qué te parece que nos dejemos de actuar como caníbales y nos hacemos un desayuno decente?
-Je, je, je…me parece una estupenda idea-
Se estiró a más no poder, dando un gran bostezo.
-Un poco más y me tiras por la ventana…
-Es que no había dormido tan bien desde hace mucho tiempo…
-¿Por qué: soñabas dormir en los aposentos donde vive tu amada?
-Por supuesto…, así que me verás a menudo estar por aquí. Creo que deberían comprar una camita extra, mientras me la gano para dormir con ella…
-¡Pervertido!...
-Ah, no: ¡ah, no: eso sí que no! Te alimento, te cuido y tú me tratas como un viejo rabo verde…me siento decepcionado.
-Mientras viva en esta casa, no quiero esos escándalos…
-Oh, sí: haríamos mucho escándalo.
-Ya cállate, cochino-le dio un puntapié en las canillas.
-¡Ouch, eso dolió!
-No te propases con mi amiga, grandote, o te las verás conmigo.
-Si no me voy a propasar, pero mientras, podrías darme un huequito en tu cama hasta que me la gane…-terminó con un guiño de ojo y una enorme sonrisa.
-Así que eso quiere el señorcito-le tiró una almohada en plena cara.
-Te aprovechas porque sabes que no te atacaría…
-Ah ¿no?-levantó una ceja, desafiante.
Se puso enfrente de ella y le dio un beso en la frente.
-Por supuesto que no. Ahora ve a lavarte y yo me encargo del desayuno.
Quedó muy confundida. Esa marca tibia en su frente…era algo muy cercano, casi fraternal. Nunca nadie había sido tan amable, tan protector…
-¡Ya, ya, ya! Anda a bañarte será mejor…
La despertó como de un sueño. Se estremeció al escucharlo. Kaede se acercó muy preocupado:
-Hey…-levantó su mentón con los dedos-: ¿estarás bien para levantarte ahora?
-No te preocupes…estaba pensando en Miyuki.
-¡Ah, Miyuki: dulce, tierna y hermosa Miyuki!: ¡vuelve a mis brazos o sino moriré de la desesperación y tu amiga arrojará mi cadáver por la escalera!
-¡Ja, ja, ja! De seguro que sí...Ah, se me olvidaba: ¿podrías sacar las botellas de leche? Están en el primer piso: es el block número 205.
-De acuerdo…-salió en pos de la leche.
-¡Oye: ¿no te vas a poner pantalones por lo menos?!-le gritó preocupada.
-¡Nah!: ¿para qué privar a las damiselas de ver una obra de arte?-se mostró como si fuese una escultura.
-Ya, ya: anda, "máxime obra de la creación"-le dijo en son de mofa.
Cerró la puerta de entrada y salió a buscar la leche. Al salir, Natsumi comenzó a ordenar un poco las cosas.
Una de las vecinas iba en la misma faena que Kaede, hasta que vio al "desvergonzado" en unos bóxers que le venían muy bien pero que lo mostraban todo…Escandalizada, fue corriendo a su casa y llamó a la casa de Natsumi y Miyuki.
-¿Aló?...
-Buenos días, ¿hablo con la señorita Natsumi?
-Con ella misma… ¿señora Miyamoto?
-Señorita Natsumi: deseaba informarle y advertirle que es la última vez que aceptamos este tipo de escenitas en este departamento limpio y sumamente decente…
-¿Ah?...Señora Miyamoto: no comprendo-
-¡No hay nada que comprender!: ¡mire que andar trayendo hombres escasos de ropa que se anden paseando por los pasillos sin el más mínimo recato! ¡Apostaría lo que fuera a que la señorita Miyuki no está en el departamento!
-Pues…no.
-¡Ah, si yo lo sabía: la señorita Miyuki es una mujer de gran respeto, que ha vivido por mucho tiempo en este lugar y nunca había visto estas, estas-!… ¡Usted es una mujer sin escrúpulos, inmoral y, y!-
-¿Y…?
-¡¿Me está usted desafiando?!
-Es que yo no le veo nada de malo…
-Pero, pero…
-Mire, señora Miyamoto-puso uno de los brazos en jarra, hastiada del reproche de esa mujer tan copuchenta-: la verdad es que recién lo conocí ayer y le advertí que se vistiera, pero el muchacho es algo terco. Pero créame: que sabe hacer otras cosas, y las hace "espléndidamente"-estaba a punto de reírse en su cara.
-¡Ah, dios mío santo!
-Buenos días…-cortó el teléfono sin dar espacio para que siguiera con el jueguito. Luego, comenzó a reírse tan fuerte que no podía parar.
-Ya, es suficiente-se limpió las lágrimas que tenía en los ojos-mejor será que me duche, o sino la "devoradora de hombres" no llegará a tiempo a su trabajo…
Tomó un baño muy rápido y se vistió enseguida: traía puesto el uniforme formal de la policía para ir a ver a su amiga. Cuando ya salía del baño, Kaede golpeaba la puerta. Ella le abrió y lo saludo…
-Buenos días: don "Desvergonzado".
Él frunció el ceño, no lo entendía. A medida que iba haciendo el desayuno y Natsumi terminaba por contarle la peripecia, comenzó a reír:
-Parece que siempre voy a vivir rodeado de esa gente tan remilgosa, conmigo especialmente…
-¡Oh, vaya! ¿En tu apartamento pasa lo mismo?
-Pues, sí: gracias a Dios que la casera es una señora de edad, pero con amplio criterio. No me hace ningún problema cuando me paseo "al natural"…
-¡¿Al natural?!-respondió casi de un salto.
-Era broma-la miró con una trémula sonrisa-la verdad es que si salgo así, es porque me siento cómodo: sólo por eso. ¿No me digas que tú también resguardas "la moral y las buenas costumbres"?
-A mí me da igual-respondió subiendo los hombros-, pero esa señora, a pesar que algunas veces me saca de mis casillas, es una buena mujer. Muy atenta con nosotras, pero siente una adoración casi divina por Miyuki.
-No la culpo…-mintió nuevamente, para no levantar sospechas, pero el bichito de la curiosidad lo estaba matando: debía aprovechar la oportunidad-Y tú, cuéntame: ¿tienes novio?
-Mmmm… ¡qué rico! Sigo pensando que erraste en tu vocación de bombero-esquivó la pregunta probando los huevos revueltos.
-Supongo que eso fue un: "no te entrometas, copuchento"
-No deseo hablar del tema… ¿te molesta si lo salto?
-Como lo desees: no estoy animado para un interrogatorio.
Comenzó a arreglar la mesita, mientras él la miraba como fuera de este mundo. Ella sintió sobre sus hombros esa mirada insistente y tibia, hasta que se dio vuelta…
-Oye…
Pero no se encontraba allí. Levantó los hombros y continuó con el arreglo. Se escondió antes de que lo descubriera in fraganti. Esa muchacha le gustaba demasiado, demasiado…
-Ya, está todo listo: trae la bandeja.
-De acuerdo…
Apareció Kaede con una bandeja tan desbordante de cosas deliciosas que a Natsumi casi le da un paro cardíaco. Cuando la puso en la mesita, Natsumi aplaudió contentísima:
-¡Oh, no lo voy a resistir!: ¡Ven acá, grandote!-le agarró el rostro y le estampó un besote en la mejilla-¡te pasaste: eres mi héroe!
-No fue nada…-se tocaba el lugar afortunado, remarcando la tibia marca de sus labios. Natsumi lo interpretó como que se estaba sobando de ese acto tan brusco, propio de ella.
-Ah, no seas niñita para tus cosas: si sólo fue una muestra de agradecimiento…
-Je, je, je…a la otra dame el combo no más, sin mal interpretaciones.
-Ja, ja, ja.
-Oye, si te dije que me interesaba tu amiga, no me andes besando: ¿o es que acaso te atraigo en alguna forma?
-En la forma como cocinas…
-Yaa…
-¡Es la verdad: eres magnífico cocinando!
-Y…-se sentó mucho más cerca, casi rozando su mejilla, mientras Natsumi se concentraba en su chocolate caliente. Comenzó a susurrarle-¿alguna más de mis "habilidades"?.
La pregunta la hizo botar casi todo el contenido de su taza para dar a las galletas de azúcar.
-¡Hey: mira hacia dónde apuntas!
-¡Es tu culpa…, mira que andar preguntándome tamañas estupideces: como si, como si- fuese una tipa a la que quieres "engullirte"!
-¡Ja, ja, ja!-comenzó a reír para ocultar su nerviosismo-: yo que tú me lo tomo un poco más relajado…, te imaginas cosas que no son absolutamente nada, sólo te hacía una broma…
Iba a refutar, pero le quedó tan claro que se avergonzó de sus conclusiones tan apresuradas. Tomó el jarrón y llenó nuevamente su vaso con el humeante líquido. Mientras bebía, no dejaba de reprocharse…
-"Natsumi, eres una idiota. Mira que llegar a tamaña conclusión: sólo por una broma, una simple y llana broma…"
Ese leve sonrojo lo dejó cautivado. Si no fuese porque estaba sobrio, se le echaría encima a besarla y no la soltaría jamás. Sacudió la cabeza con fuerza: debía controlarse…
-Ya terminé-expresó Kaede-: deja los platos, que yo te acompañaré al hospital…
-Mmm…ya me parecía extraño tanto altruismo por hacerme el desayuno.
-No seas habladora: te he cuidado y alimentado. Sólo lo hice porque me preocupas, y mucho…
-…y para ganarte el corazón de mi amiga-
-Ah, sí, sí…-respondió desganado.
-¿Cómo?
-¡Ah, sí: mi bellísima Miyuki!
-Ja, ja, ja…así está mejor. Me extraño tu falta de emotividad…
-No digas más sandeces. Será mejor que nos vayamos…
-Sí, pero primero te vistes.
No se había percatado que todavía estaba sólo con los bóxers puestos.
-¡Nah, para qué!
-¡Kaede!
-¡Ay, bueno, bueno: ya voy! Ahora tú haces el papel de mamá.
-Es lo que cualquier persona haría para salir…
Miró hacia todos lados, y luego miró a Natsumi con una gran sonrisa…
-Voy a tener que ir a mi apartamento.
-Pero, ¡ah, de acuerdo! Yo te espero…
-¡No, no, no!: vas a venir conmigo.
-¡¿Que yo qué?!
-Sí. Porque podrías mandarte a cambiar sola…
-No empecemos con esas, que vas a salir perdiendo.
-¡¿Tú crees que voy a salir en estas fachas a mi casa?!
-¿Me dices que ni siquiera puedes ponerte el traje de bombero?
-No, a menos que me encuentre en servicio…
-¡Pero no vas a ir a la calle como Dios te mandó al mundo!
-Entonces, con mayor razón: tienes que acompañarme.
-¿Y no puedes hacer una excepción: una aunque fuera?
-Mi juramento me tiene atado de manos..., no puedo hacerlo.
-¡Ah: te voy a-!-iba en posición de ahorcarlo con las manos, pero no sacaba nada en limpio. Se resignó y apoyó su plan-De acuerdo: tú ganas ¿Cuál es tu plan?
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-Me alegro que te sientas mejor, Miyuki. Nos tenías en extremo preocupados…
-Te lo agradezco, Ken-chan-lo miró con mucha ternura. Él la llevaba en brazos hasta su apartamento-Todo ese incidente está tan borroso en mi cabeza.
-Será mejor que no lo recuerdes. Ni siquiera yo tengo el valor de resistir esa terrible pesadilla…
-Nakayima…-musitó avergonzada. El tenerla tan cerca era un momento tan mágico, tan hermoso…Se detuvo al pie de la puerta del departamento.
-Es verdad: Kobayakawa…yo no sabría qué hacer si te pasara algo así nuevamente. Creo que perdería la cordura.
La muchacha se bajó de sus brazos, pero se quedaron frente a frente. Casi como si de imanes se trataran, sus rostros se acercaron, pero un fuerte "¡no!" en sus cabezas los hizo desistir. Ambos enrojecieron, tratando de esquivar sus miradas, hasta que nuevamente se encontraron…
-¡Será mejor que entre! Esta niña, como la conozco, debe tener el departamento patas arriba.
-Sí, tienes razón-respondió rascando su mejilla, avergonzado.
Intentaba abrir la puerta, hasta que logró hacerlo. La casa estaba casi inmaculadamente limpia. La impresión casi la hizo desmayarse…
-¡Dios santo: Apocalipsis!... ¡Natsumi ordenó la casa!
-¡Ja, ja, ja!: no seas tan exagerada, Kobayakawa. Sólo está ordenado.
-Es que tú no la conoces: es terrible con el aseo doméstico.
Miyuki dejó las llaves en la mesita de centro y comenzó a buscar a la muchacha.
-¡Natsumi!, ya llegué.
-Al parecer, no hay nadie aquí.
-Tal vez fueron a buscarme: te dije que no era buena idea que me fuese así de la nada para darle una sorpresa.
-Pensé que no saldría tan temprano, especialmente con ese desmayo que sufrió ayer y el brazo todo cortado…
-¡¿Qué?!-puso los brazos en jarra en señal de reproche-¡Ken-chan: ¿Por qué no me lo dijiste?!
-Estabas inconsciente y, de todas maneras, no podías hacer nada-su rostro estaba completamente disgustado- ¡Ah, vamos!: No me mires así.
-¿Y quién la trajo aquí?: ¿alguno de los muchachos de la estación, el jefe, Aoi, Yoriko?
-Un bombero…no sé quién era…
-¡¿Quién?!
Sus ojos atónitos con la noticia, comenzaron a buscar algo: temía lo peor. De pronto, en la habitación de Natsumi, un gran grito.
-¡Kobayakawa!-gritó Nakayima. Fue a la habitación y se encontró con Miyuki sentada en el suelo…Comenzó a observar detenidamente la pieza y comprendió perfectamente su miedo: el traje de bombero tirado a los pies de su cama junto con la falda de Natsumi, unas esposas en el velador al lado de su cama, que se encontraba muy revuelta. No había que ser gran detective para darse cuenta…
-Se la raptaron, y también…oh, Dios mío; oh, Dios mío-se tomó la cabeza con las manos.
-No-no saques conclusiones apresuradas, tal vez-
-¡Tal vez nada! Es cosa de observar…o, ¿qué?: ¿crees que va a salir en bóxers por las calles?
Lo que no sabía Miyuki es que, efectivamente, el muchacho salió sólo con los bóxers puestos…
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La gente no hacía sino voltearse sorprendida: Un joven estaba en shorts y una policía lo tenía esposado, caminando en plena vía pública. Al parecer, al muchacho lo descubrieron "al improvisto".
-¡Apúrate, hombre!: todo el mundo nos está mirando-susurró a su oído.
-Ya voy. ¡Auch, no me pellizques!
-Si alguien me comienza a molestar, te juro que me las cobraré contigo.
-Si alguien te molestara, te lo juro que le arranco los ojos con las manos.
-¡Aja jajá!: Ya te las diste de galancete.
No pudo controlar ese impulso de dejarle saber, de algún modo, que la seguiría y protegería hasta que se le fuera la vida. Intentó buscar en su cara esa mueca que la hacía entender que lo dicho era una broma, pero sus ojos almendrados no dejaban ver tal cosa: eran fuego puro, intenso, lleno de una determinación que la hacía sentirse muy nerviosa. Lograron llegar al departamento sin mayor problema. Natsumi le quitó las esposas y comenzó a mover sus muñecas.
-Te lo dije: no fue mala idea.
-Sí, especialmente porque ninguno de tus compañeros ni los míos nos vieron. De haber ocurrido, nos habrían echado a los dos de patitas a la calle de la institución.
-No pienses en ello…-concluyó abriendo la puerta de su departamento. Con una reverencia, le dijo:
-Las damiselas primero…
-Ah, payaso-lo calló con un empujón que casi lo hace caer.
-Oye: ten más cuidado.
-No seas niñita. Vamos, anda a cambiarte que tengo que ir al hospital cuanto antes.
-Está bien…Ponte cómoda: no demoraré.
Se sentó en un inmenso sillón de cuero negro. Su apartamento era mucho más amplio y decoroso: un televisor gigante era el centro del living. Al lado izquierdo del ventanal, una enorme biblioteca llena de libros, la mayoría libros de Historia. No se sentía a gusto en ese lugar casi "forrado de billetes".
-"Vaya…un altar…".
Se acercó a mirar: tenía unos tulipanes recién puestos, de color rojo. En la foto, una pequeña niña…se le encogió el corazón.
-"Dios mío: tenía una hija…"
-¿Qué haces?
Kaede tenía una expresión muy seria. Natsumi se dio vuelta: vio que tenía un par de vasos con jugo. La mirada la desvió rápida a la foto, sus ojos se tornaron gélidos y oscuros…
-Lo lamento mucho, Kaede: no era mi intención el, no quiero que pienses que yo-
-No importa-respondió tajante-Ven: toma esto.
-Gracias-tomó el vaso con nerviosismo. Temió ser imprudente, así que decidió no preguntarle nada al respecto. Comenzó a beberlo todo de un golpe, pero comenzó a ahogarse…
-¡Natsumi!-exclamó con miedo al ver que comenzaba a toser muy fuerte.
-…lo siento, casi me ahogo-lo miró con una sonrisa.
-Menos mal que se te pasó. Niña, debes tener más cuidado: tu cara comenzaba a adquirir un hermoso color turquesa…
-Mmm…Ya, no me molestes ¿o es que me quieres ahogar de nuevo?
-Lo siento. Ya, dame eso-tomó el vaso vacío-lo dejaré en la cocina y nos vamos al hospital.
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Estaban en camino hacia el hospital en el Mercedes negro de Kaede. Natsumi estaba fascinada con ese hermoso vehículo…
-"Tú también lo estarías, Miyuki…"
-¿Ah, perdón?
-No, nada. Pensaba en voz alta…
-Ya-contestó en son de mofa…pronto, se dejó llevar, observaba cómo se perdía en lo púrpura de su mirada…sus cabellos color ébano se mecían con el fuerte viento. Un momento en el cual podía irse del mundo para contemplarla sólo a ella…
-Kaede, ¿qué me miras tanto?
-¿Ah?, ¿qué?
-¿Que qué me miras tanto?
-¡Qué ególatra!: miraba el río…, supongo que nunca lo había visto tan azul antes…
-Je, je, je…
-Oye… ¿y esas risitas?
-Dudo, por cómo vives, que hayas pasado tu vida en Japón…, te la pasaste, seguramente, viajando por islas paradisíacas.
-¡No: cómo se te ocurre!-refutó enérgico-…la idea es conocer el país donde uno vive: creen que por tener dinero deben salir obligatoriamente del lugar en donde nacieron. Me parece la ridiculez más grande que haya escuchado en toda mi vida…Japón es hermoso y milenario, místico y, a la vez, tan moderno…tenemos kilómetros y kilómetros de playas: tanta historia, tanto paisaje que no se quiere apreciar. A pesar de que los departamentos y las casas en Japón sean las más caras en todo el mundo, nadie aprecia el trasfondo de tal aseveración.
-¡Qué apasionado!...debiste haber estudiado turismo…
-Te divierte buscarme vocación, ¿verdad?
-Ja, ja, ja…en todo caso.
Los ojos de ella se oscurecieron. Bajó la mirada un momento…A Kaede le pareció tan melancólica…
-Hey, ¿qué pasa?-le preguntó muy calmo.
-…deben estar cargadas de nieve las montañas en esta época del año…los Himalayas…
-¡Vaya!: así que te gusta la montaña.
-Ah, ¿podemos cambiar el tema, por favor?
-Mmm…ya-respondió enojado: ya comenzaba a sospechar hacia dónde iban esas respuestas que deseaba evitar…
-¿Qué te pasó?-le preguntó por el rictus contraído por el enojo.
-"¿Podemos cambiar el tema, por favor?"…a la otra, dime que me calle.
-¡Ay, por favor!, ¡qué melodramático!
No quería hacer eso…sonaba tanto a una escenita de celos…
Celos: era exactamente la palabra con la que describiría ese incómodo momento.
Lo miró, desentendida de ese aparente resentimiento, y lo tocó con un puño en el rostro…
-Ah…vamos, grandote. ¡Ya pues!:-le guiñó un ojo-no te enojes conmigo…
-¿Ah?...
-Que no te enojes que yo, que yo-
De pronto, miró una tienda de helados: se le ocurrió una idea.
-Detente aquí, por favor.
-¿Aquí?, ¿por qué?-la miró, confuso.
-No sea tan preguntón: solo estaciónate aquí.
-De acuerdo…-giró en ese lugar. Ella se salió del auto y lo miró por la ventana.
-No te muevas: espérame aquí.
-Bueno-le regaló una hermosa sonrisa.
-Al tiro vuelvo.
Fue a la tienda, sin que Kaede pudiese ver bien lo que tenía planeado hacer. Luego, la vio aparecer con dos helados de tamaño colosal. No tuvo más reacción que reírse por la ocurrencia…
-Estás loca…
-Sí: loca por ti, grandote.
-Oh, muchas gracias. Pero ¿esto no es como infringir una ley básica de conducir?
-¿Por qué lo dices?
-Tú sabes: el no ingerir ningún alimento, bla, bla, bla…porque entorpece la libre utilización de los brazos, bla, bla, bla…cuando ocurra un incidente.
-¡Tienes razón! Entonces nos iremos caminando…
-¡Hey, hey, hey! Genio, ¿dónde voy a poner mi auto?
-En un estacionamiento…a menos que desees hacer una obra de caridad para el pobre ladrón transeúnte…
-Je, chistosa. Ya, súbete: tendrás los helados por mientras estaciono el auto…
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-¡Yoriko, Yoriko!
-¡Ah, Miyuki: qué alegría que te repusiste! Estuvimos tan preocup-
-Muchas gracias, pero debo preguntarte algo: es muy importante…
-Dime: soy toda oídos.
-Lo sabemos…-acotó Aoi. Una mirada inquisidora la silenció de inmediato.
-Tú viste al bombero que se llevó a Natsumi a la casa, ¿verdad?
-Querrás decir al "bombón" que se llevó a Natsumi. ¡Oh, si lo hubieras visto!: era un machazo tan…
Yoriko continuaba diciendo esas estupideces, hasta que no pudo soportarlo: todavía no dimensionaba absolutamente nada de lo que sus actos irresponsables habían producido.
-¡Yoriko: ese hombre se raptó a Natsumi y quién sabe Dios qué le habrá hecho!, ¡¿pero cómo es posible que le hayas dado las llaves de nuestro apartamento a un perfecto desconocido y con Natsumi en esas condiciones?!
-Kobayakawa, cálmate: no te alteres tan rápido. Sabes que estás convaleciente todavía-procuró Nakayima. Puso la mano en su frente, tratando de apaciguarse…
-¡Realmente lo siento, Miyuki…yo, yo- soy una tonta, tonta: no lo sabía, no lo sabía!: ¡perdóname!-repuso Yoriko, hecha un mar de lágrimas. Aoi trató de tranquilizarla…
-Lo siento, Yoriko: no era mi intención el hablarte en ese tono…
-Bueno, no sacamos absolutamente nada en echarnos la culpa. Lo que debemos hacer ahora es ponernos "manos a la obra" y actuar inmediatamente-concluyó
Ya toda la estación de Bokutou estaba enterada del "secuestro" de la oficial Tsujimoto. Así que todos comenzaron a recavar información al respecto…
-A ver, Miyuki…dime: ¿cómo encontraste el departamento al llegar? Trata de ser lo más minuciosa posible en la descripción…
-Déjame pensar…estaba más ordenado que nunca: pero su habitación…
-¿Qué pasó?, ¿qué hay con su habitación?
-Ha-había ropa de hombre y de mujer tirada en el piso…la cama estaba revuelta y…las esposas: unas esposas estaban en el velador, al lado de la cama…
-¿Temes que?-
-Sí…-repuso Kobayakawa, con voz tremendamente preocupada-lo más probable es que se hayan aprovechado de-de pronto se cortó: las lágrimas le impedían continuar…
-No te alteres, por favor. Miyuki…-rogó con el alma en un hilo Nakayima: le dolía hasta la punta de sus cabellos al sentir su desesperación…-te prometo que encontraremos al bastardo que le puso las manos encima a Tsujimoto: te lo aseguro. Yo mismo lo haré picadillo…
-Gr-gracias, Nakayima.
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-No puedo creerlo: seguramente Nakayima vino a buscarla. ¿Qué le costaba llamarme para decírmelo?
-Tal vez quería darte una sorpresa…
-Tamaña sorpresa que me dio. Con lo que la conozco, seguramente fue a la estación a trabajar… ¡Ay, te juro que si la veo trabajando la traigo a tirones a la casa!
-¡Ja, ja, ja!
-Y tú, ¿de qué tanto te ríes se podría saber?
-…eres una matona, ¿lo sabías?
-Mira: muy matona puedo ser, pero por lo menos a mí no me dejaron-iba a terminar la ofensa, pero recordó nuevamente la partida de Tokairin…
-Por lo menos a ti ¿qué?...
-No, nada…no me hagas caso.
-A ver...-la haló de un brazo hasta tenerla relativamente cerca. Luego, tomó su mentón obligándola a mirarlo-… ¿qué pasó?
-Nada, ya suéltame-lo quitó de un manotazo.
-No tenías porqué ser tan grosera…
-Oye, ¿qué te pasa? No te he dado esa clase de deferencias conmigo. No me conoces, no tienes porqué juzgarme…
-Y yo no tengo cómo saber que eso a ti te molesta-refutó seriamente Kaede.
-No es eso, es que-intentaba hacerse entender, pero no pudo.-lo-lo lamento, Kaede. No sé qué me ocurre…nadie me trata como tú. Es extraño recibir esas muestras de cariño: no tienes la culpa.
Le devolvió una sonrisa… ¡Por Dios!, ¿es que acaso no podía dejar de ser tan bella? Decía cosas, sin proponérselo, tan tiernas, tan puras que lo dejaban sin palabras: como un adolescente, como un tonto enamorado. Pasó su brazo por el cuello y juntó cabeza con cabeza; comenzó a sonreír…
-No sea tontita: yo no me enojo por eso. No quiero que me malinterpretes, pero te empiezo a tener un cariño muy especial…casi como el de hermanos-Mentira: lo que sentía era mucho más que ello, algo mucho más profundo, pero viendo que ella sólo sentía cariño fraterno, optó por ocultarlo…
-Me alegra que sea así-respondió Natsumi.
Mientras caminaban, más de una que otra muchacha se daba vuelta al ver al muchacho. El chico era muy apuesto, pero a Natsumi no le interesaba en absoluto por ello…tal vez no se daba cuenta, tal vez ni siquiera le interesaba ese aspecto, tal vez solo sabía una idea que tenía muy clarificadora en su mente: una idea que llevaba aferrada en su alma
Su corazón no estaba allí; su corazón estaba lejos de su cuerpo, en donde ni los mínimos pensamientos tenían refugio…
Su corazón estaba en las montañas.
Continuará…
