Disclaimer:El mundo y los personajes de My hero academia pertenecen a Kōhei Horikoshi.
II. Palabras pesadas.
–Esto, Shou…
–Lo siento, Midoriya. Tengo que llegar pronto a casa.
–Oh, claro.
Izuku observó cómo Shouto salía por la puerta sin siquiera mirarle. Al darse la vuelta se chocó con alguien.
– ¿Quieres mirar por dónde vas, mierda? Estúpido Deku –Kacchan salió de clase refunfuñando.
Presionó su brazo con una mano, y volvió a su asiento. Se dejó caer sobre su pupitre con un suspiro.
Shouto llevaba semanas sin apenas dirigirle la palabra, y no había vuelto a llamarle Izuku desde el día que hablaron sobre Kacchan. Y respecto a este último… Hundió la cabeza entre sus manos. Nada ha cambiado.
Se dio cuenta de que la clase estaba completamente vacía salvo por él. Se echó la mochila al hombro y echó a andar dejando vagar sus pensamientos.
Una figura familiar le esperaba a la salida.
– ¡Deku!
Izuku alzó la vista hacia Uraraka.
–Iida ha tenido que irse antes. Has tardado mucho en salir, ¿no? Supuse que estarías hablando con Todoroki, porque me dijiste que os habíais vuelto más cercanos. Por cierto, ¿sabes lo que me ha contado Tsuyu? Resulta que éramos vecinas cuando íbamos a preescolar, y ninguna de las dos lo sabía. Fue bastante… Deku, ¿te encuentras bien?
–Uhm.
Izuku no se veía con ánimos de mirar a su amiga a los ojos. Sentía que estaba conteniendo algo muy pesado.
Uraraka le cogió del brazo enérgicamente, y casi le arrastró hasta un banco cercano. Se sentó, y él se vio obligado a hacerlo también.
–Bien, ahora cuéntame qué ocurre.
Realmente no se sentía capaz de mirarla a los ojos. Ahora mismo no. Es un mal momento, simplemente eso. Hasta un héroe puede…
Alzó la cabeza, mostrando una sonrisa.
–Estoy bien, no tienes que preocuparte.
–Deku, que sonrías mientras lloras es raro.
– ¿Q-qué? –Se apresuró a limpiarse las lágrimas. No las había sentido aparecer.
– ¿Por qué dices que estás bien?
–Bueno, yo… –sorbió los mocos–. Es algo que puedo solucionar solo. O más bien que no tiene mucha solución. Pero me veo capaz de lidiar con ello. –Calló durante un instante, pensando cómo continuar–. Es por eso que voy a ser un héroe. Y… si pudiera seguir sonriendo, como All Might…
Uraraka cogió su cara entre sus manos y le obligó a mirarla a los ojos.
–Deku, no está mal dejar de sonreír a veces. –Le soltó, enjugándole una lágrima–. Como héroe, tienes que aprender a hacer muchas más cosas que sonreír. Porque si tienes que fingir tu sonrisa… Bueno, no tiene ningún sentido, para empezar. Tienes que saber enfadarte, y llorar, y decir que algo no te gusta, o que estás cansado, o que estás harto… Tienes derecho a eso. Si solo finges que sonríes… Tu sonrisa no va a brillar como la de All Might.
–Uraraka…
–Ahora cuéntame qué ocurre.
Izuku tomó aire.
–Es sobre Shouto.
–Ajá.
–Y… y sobre Kacchan.
–Bien.
–Yo… No sé. Me pregunto… Bueno. Me pregunto por qué no soy suficiente para ellos –esta vez sí se dio cuenta de que estaba llorando–. ¿Por qué nunca consigo nada?
Uraraka le abrazó. Cuando le habló, le pareció que su voz también estaba quebrada por el llanto.
–No dejes que nadie te haga sentir inferior. Y menos ningún idiota como él.
Estuvieron un rato abrazados, sintiendo cómo sus hombros se agitaban por los sollozos. Cuando se hubieron calmado, reemprendieron el camino a casa en completo silencio.
–––
–Chicos, hoy me adelanto a casa, ¿está bien?
Iida pareció sorprendido.
–No esperaba menos de ti, Izuku. Te estás esforzando para los próximos exámenes, ¿cierto?
–Algo así. Bueno, hasta mañana.
Vio a Uraraka hacerle un gesto con el pulgar hacia arriba mientras le giñaba un ojo. Izuku le devolvió el guiño y se puso en camino. Sentía que eso había sido impropio de él, pero aun así no le importaba.
Caminó respirando hondo, tomando un camino nuevo. Tuvo que controlarse para no acelerar el paso hasta echar a correr. Tranquilo, todo está bien. Calculó que debería llegar a su casa en unos veinte minutos, diez menos de lo habitual. Claro que el camino más rápido de todos sería ir en autobús, que serían diez minutos. Sin embargo, a eso tendría que sumarle el precio del billete. Si cuestan 200 yenes y ahorro diez minutos eso significa 20 yenes por cada minuto ahorrado. Aunque hay bonos de varios viajes en los que cada viaje costaba… Veamos, ¿cuánto era? Oh, pero estoy obviando que, si los autobuses pasan cada diez minutos, a esos diez minutos que tardo tendría que sumarle otros diez en caso de que pierda el autobús. Entonces hay un 10% de probabilidad de que tarde 10 minutos, otro de que tarde 11 y así hasta perderlo justo cuando se va y tardar 20, lo mismo que andando. Aunque teniendo en cuenta que las clases se acaban a las 19:00 y tardo entre cinco y siete minutos en llegar a la parada…
– ¡Deku! ¿Se puede saber qué demonios haces aquí? ¿Ahora me estás siguiendo?
Izuku salió de su abstracción. Una parte de él había temido oír esa voz. Kacchan estaba frente a él, con el ceño fruncido y los puños apretados.
– ¿Te has quedado mudo? ¡Responde!
Tomó aire profundamente, y comenzó a caminar de nuevo, pasando al lado de Kacchan. Se volvió.
–Este es el camino más corto para volver a casa.
– ¿Cómo que es el camino más corto? ¿De qué estás hablando?
De hecho, lo es. Acabo de calcularlo.
–Kacchan, somos vecinos desde la guardería. Vivimos al lado, y tomamos el mismo camino para volver a casa. ¿Qué te parece raro?
Izuku se dio cuenta de que era la vez que más tiempo había hablado con Kacchan desde hacía mucho. Él estaba… ¿Temblando? Nunca le había visto así.
Cuando el chico empezó a andar hacia él con el ceño fruncido, Izuku tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no alzar los brazos a modo de protección.
–Haz lo que quieras –le oyó decir cuando pasó por su lado.
Las mismas palabras de siempre. Nada ha cambiado…
– ¿Por qué eres así? –Las palabras escaparon solas de su boca.
Se volvió para encontrarse con sus ojos, que tenían una expresión distinta de la ira plana que mostraban habitualmente. Izuku no entendía por qué le había dicho eso. Ojalá no lo hubiera oído.
– ¿Así? ¿Se puede saber de qué hablas? ¡Eres tú el que me has tratado como si fuera una mierda todo este tiempo! Y dejabas que no me diera cuenta. ¿Disfrutabas cada vez que hablaba sobre… sobre ser un héroe? ¿Mientras tú tenías un poder que podía superar al mío?
–No, Kacchan, para mí tú siempre has sido…
El chico avanzó hasta él y le cogió de las solapas.
–No quiero tu condescendencia. –Su voz estaba extrañamente ronca–. No quiero que sigas haciendo de niño bueno. No importa nada de lo que haga, ¿verdad? Tú siempre quedarás por encima porque eres brillante en todo como All Might. ¡¿Eh?! El adorado Midoriya. Pero yo…
Su agarre se aflojó. Kacchan le soltó, y se pasó un brazo bruscamente por delante de la cara. ¿Se estaba limpiando las lágrimas?
–Kacchan, tienes que escúchame…
–Cállate. –No levantó la vista. Se volvió, y empezó a alejarse.
–Pero yo no…
Kacchan le miró. Su expresión dejó a Izuku congelado. Sus ojos estaban enrojecidos, y su ceño no estaba tan fruncido como habitualmente. Todo en él parecía que iba a romperse, transmitía una sensación de… fragilidad.
–No quiero escucharte. –Un ligero temblor se había instalado en su voz.
Volvió a caminar, alejándose cada vez más. Izuku sentía que a cada paso que Kacchan daba había algo tremendamente valioso que amenazaba con desaparecer para siempre. No tenía tiempo para ordenar sus pensamientos.
Desató el One for All, sacrificando el dedo índice de la mano derecha. Una corriente de viento se elevó, e hizo trastabillar al muchacho, que casi perdió el equilibrio.
– ¿Me escucharás cuando te haya vencido?
Sin darle tiempo a reaccionar, echó a correr hacia él, dejando que su poder fluyese por todo su brazo derecho. Había una rabia en su interior que lo impulsaba, un sentimiento que había permanecido oculto mucho tiempo. En el último instante antes de ser golpeado, Kacchan le esquivó generando una explosión. Se dirigió a él en un susurro.
–Estás muerto.
Un atisbo de duda empezó a formarse dentro de Izuku. Vio cómo un coche a unos metros de ellos paraba al oír la explosión de Kacchan. Sin pensárselo dos veces, echó a correr. Escuchó unas explosiones a su espalda.
– ¡No pienses que vas a escapar de mí!
Esto es malo. Giró en el primer cruce a la derecha, después a la izquierda, sintiendo cómo su respiración se agitaba. Tengo que encontrar un sitio en el que no llamemos la atención. Las explosiones sonaban cada vez más cerca. Izuku llegó a una plaza, y se detuvo. Esa zona le resultaba familiar.
Se le acababa de ocurrir un lugar perfecto.
