Moon Soldier: La historia de Bardock

Capítulo 2

Venganza

Bardock no se veía capaz de seguir el paso del saiyajin de cabello en punta que volaba cada vez a más distancia de él. Había decidido confiar en quien, más que su líder, era su amigo, sin poner objeciones incluso a costa de la vida de su mujer, pero la situación se estaba saliendo de control. Estaba consciente de que, si continuaban a esa velocidad en plena noche, la vida de la hembra saiyajin correría peligro. Necesitaba detenerse o cambiar el plan para continuar su viaje a pie, para protegerla del gélido viento que parecía afectarle en demasía.

—¡Vegeta! —alzó la voz, casi en un grito que proyectaba toda la angustia y desesperación que estaba sintiendo en ese momento. No era necesario gritar, ya que con el silencio que los rodeaba era sencillo que su acompañante lo escuchara con claridad—. Ella está cada vez peor, tienes que detenerte.

Sin preocuparse por la reacción de su líder, Bardock dejó de controlar la energía que lo mantenía elevado y descendió con calma. Estaban en la vasta zona boscosa que servía para separar su territorio con las zonas habitadas por los Tsufur en todo el planeta.

Los árboles eran de gran tamaño y no permitían que la poca luz que reinaba en la noche se filtrara para brindarles al menos un poco de visibilidad.

En cuanto sus pies tocaron la tierra, se quedó inmóvil y atento a cualquier ruido extraño que pudiera surgir a su alrededor; quería, al menos, tener un poco de seguridad de que el área estuviera libre de peligro, principalmente por la débil saiyajin que en ese momento llevaban en sus brazos. Gracias a sus entrenamientos de noche con Vegeta en el pasado, no tuvo que esperar mucho tiempo para que su vista se acostumbrara a la oscuridad que los envolvía.

Eligió un árbol lo suficientemente grande para sentarse a sus pies y poder apoyar su espalda sobre el tronco. La hembra estaba consciente y temblaba; Bardock podía sentir los movimientos que hacía su cuerpo por consecuencia del frío que la estaba invadiendo poco a poco. Hizo más presión con sus brazos para atraerla hacia él, acomodando su cabeza sobre su pecho.

—Lo siento tanto —se inclinó hacia ella, para estar lo más cerca posible de su rostro, al mismo tiempo que acariciaba su cabello—. Te saqué de esa cueva para curarte y lo único que conseguí fue hacer que la enfermedad avanzara más.

—Bardock… —era como si su voz se fusionara con el viento; ligera, casi imperceptible.

Estaba luchando consigo mismo para que sus lágrimas no aparecieran, pero le era casi imposible lograrlo. Se sentía tan frustrado por no haber podido hacer nada para salvarle la vida. No tenía sentido que se engañara, esa noche sería la última que pasaría a su lado.

Permanecieron varios minutos así, abrazándose en la oscuridad, hasta que ambos se percataron de que ya no estaban solos. Vegeta había llegado.

—Tardaste demasiado —reclamó, aunque por dentro, agradecía su demora—. Pensé que habías decidido irte por tu cuenta.

—Fui por ti para ayudarte, maldito idiota —su tono de voz denotaba molestia.

A pesar de que Bardock podía notar el enojo de su amigo y en el fondo temía por sus vidas, no iba a quedarse callado.

—Si realmente ese era tu propósito al alcanzarnos, me hubieras dejado continuar con mi plan —mantenía una de sus manos sobre el rostro de la chica, en un intento de decirle, sin palabras, que no tuviera miedo, que Vegeta no los lastimaría, aunque él creyera lo contrario.

—¡Ese plan era una locura y lo sabes! —había perdido el control de sí mismo—. ¿¡Pretendías pelear contra una ciudad entera de Tsufur!? ¿¡Aun llevando contigo a tu hembra enferma y débil!? Acepta que era el peor plan y que por mucho que lo intentaras, ambos iban a perecer en el proceso.

Bardock soltó un gruñido de molestia y desvió la mirada.

—Lo único que conseguiste fue arruinar los planes en los que estuvimos trabajando durante meses. No solo la pusiste en peligro a ella, sino a toda tu raza.

—Necesitaba hacer algo… —murmuró.

—Lo que tenías que haber hecho era obedecer mis órdenes —el cólera lo orilló a golpear uno de los arboles más cercanos, haciéndolo trizas al instante.

La explosión fue a pocos metros de donde los saiyajin se encontraban y Bardock reaccionó de inmediato creando un campo de energía para evitar que algo cayera sobre ellos. La esfera no solo los protegió de los enormes fragmentos de corteza que salieron disparados después del golpe, sino también del clima que tanto estaba perjudicando a la salud de la chica. El saiyajin lo notó casi inmediatamente después de crearla; estando rodeados de su propia energía, el tacto con la piel de su mujer volvía a ser tibio.

—¡Ten más cuidado! —le gritó a su líder nada más esfumarse el circulo de poder—. ¡Por poco cae todo tu desastre sobre nosotros!

Vegeta, que no se había movido ni un centímetro, aún después de la explosión que él mismo había ocasionado, volteó hecho una furia. Esperaba que después de golpear aquel árbol, sus ganas de matar a su amigo disminuyeran, pero no había servido de nada. No podía evitar imaginarse golpeando a ese maldito idiota que había osado desobedecer sus órdenes, arruinando así todos sus planes para conquistar el planeta.

—Tú —respondió mientras se encaminaba hacia ellos a pasos pesados; como si cada pisada se hundiera profundamente en la tierra bajo sus pies—. ¡Tú debiste tener más cuidado! Debiste consultarlo conmigo antes de cometer la estupidez de ir a la ciudad a pedir ayuda.

—Dejen de gritarse, por favor —su dulce voz hizo que Bardock se olvidara por completo de lo que iba a responder, dejando toda su atención en ella.

—¿Te duele algo? —le preguntó nada más verla; su expresión la delataba.

—La cabeza me va a explotar —podía palparse el dolor en su voz.

Vegeta se aproximó más a ellos a paso decidido y se acuclilló para observar a la hembra de cerca. Eso a Bardock lo puso nervioso al instante.

—Vas a estar bien —murmuró, al tiempo que tocaba su frente con la palma de su mano— Hay un lugar cerca de aquí donde podrás recuperarte sin problemas.

El hecho de ver cómo la mano del saiyajin que tenía en frente hacía contacto con la piel de su mujer lo puso furioso, sin contar que estaba demasiado cerca de ella. Hubo algo, una sensación desconocida, que nació en ese instante dentro de él y que peleaba por salir a la luz. Si lo permitía, las cosas se iban a descontrolar aún más y no había tiempo para eso. La salud de su mujer era más importante que aquello que estaba sintiendo.

—¿Me puedes decir de qué demonios hablas, Vegeta?

Era un intento de mantener el control de sí mismo. No podía darse el lujo de golpear a ese maldito teniendo a la saiyajin en sus brazos.

—Por ahora será mejor que pasen la noche aquí —comentó, ignorando su pregunta. Se giró sobre sus pies, en busca de inspeccionar el lugar—. Lo importante es que permanezca alejada de la montaña, te aseguro que por la mañana ya podrá respirar mejor y quizá incluso se mantenga de pie por su cuenta.

—¿Cómo me pides que la deje pasar la noche al aire libre? —la mueca de su rostro era de confusión más que de molestia—. ¿Acaso no sabes que eso podría agravar más la enfermedad?

—Tu hembra no está enferma.

Bardock pareció quedarse mudo de la impresión, pero en pocos segundos pudo ser capaz de reaccionar ante la locura que escuchó.

—¿Te has vuelto loco? ¡Por supuesto que está enferma!

—Está intoxicada —corrigió—, y lo único que la mantiene débil, por ahora, es este clima de mierda.

—¿Y aun así pretendes que pasemos la noche aquí? Estas perdiendo la razón, Vegeta.

—Ahora no hay tiempo para explicártelo, solo debes confiar en mí —se despojó de su prenda superior hecha de piel y la extendió para que su compañero la tomara—. Cubre su cuerpo con esto e intenta expulsar energía gradualmente, eso la mantendrá caliente y podrá soportar la noche. Aunque esté helando, supongo que respirar aire fresco le ayudará.

Bardock lo dudó por un segundo, pero después de medítalo un poco aceptó la ropa que Vegeta le estaba ofreciendo y no puso más objeciones. Le parecía una buena idea ya que él mismo había comprobado, en el momento en que hizo el campo de energía, que aquello sí daba un buen resultado.

—Revisaré que no haya nadie cerca y vendré por ustedes antes de que salga el sol para llevarlos al refugio —comentó sin mirarlos—. Y que no se te curra hacer una fogata, ¿está claro? Ningún Tsufur debe saber que pasaste la noche fuera de la montaña.

Sin decir más y sin esperar a recibir una respuesta, Vegeta se elevó para emprender el vuelo y comenzar con su tarea. Debía asegurarse de que la zona fuera segura para que los saiyajin pudieran pasar la noche sin ningún problema. Estaba convencido de que, después de aquello, la hembra de su amigo volvería a estar bien. Ella sería la prueba que necesitaba para estar seguro de que sus sospechas eran ciertas y así poder proceder a sacar a todos los saiyajin enfermos de esas malditas montañas que estaban terminando con sus vidas.

El tiempo transcurría lentamente mientras Bardock contemplaba el tranquilo rostro de su mujer. Después de que el corpulento saiyajin les ofreciera su vestimenta para que la abrigara y se marchara, dejándolos solos, la hembra no había demorado en encontrar un lugar cómodo entre los fuertes y cálidos brazos de su pareja, ayudándola así a conciliar el sueño. En el tiempo que estuvo en el área infectada dentro de las cuevas en la montaña, jamás pudo descansar de esa manera. Había algo que le impedía respirar con normalidad y cada cierto tiempo una sensación de asfixia la obligaba a despertar. Bardock había sido testigo de ello y era precisamente por esa razón que se había atrevido a salir de la zona habitada por su raza para ir en busca de ayuda. No soportaba ver cómo el ser que más le importaba en todo el universo luchaba para respirar; algo que debía hacer con facilidad.

Se encontraba fascinado escuchando su profunda respiración. Al parecer, Vegeta había tenido razón y permanecer en ese lugar ayudó en gran medida a que se recuperara, al menos lo suficiente para pasar una noche tranquila. No comprendía del todo lo que estaba sucediendo, pero mientras ella siguiera reaccionando de buena manera a lo que su amigo sugirió, él no tenía motivos para desconfiar de sus palabras.

Escuchó ruidos cerca, pero de inmediato la silueta de Vegeta apareció en su campo de visión, tranquilizándolo al instante. Volvía a estar vestido y parecía no haber dormido en toda la noche.

—Falta una hora para que el sol aparezca —anunció nada más verlo—, así que será mejor que nos pongamos en marcha. Tenemos que desplazarnos mientras no haya luz.

Bardock asintió.

Acarició con parsimonia el suave rostro de la saiyajin, hasta llevar sus dedos a su oscuro cabello.

—Despierta —susurró, pegando sus labios a los de ella.

Ante el gesto, Vegeta prefirió dar media vuelta. Era incómodo para él contemplar dicha escena. Jamás había entendido a Bardock en ese aspecto… Le parecía una estupidez descomunal el hecho de brindarle tanta atención a una hembra, convirtiéndola en su máxima debilidad. Él era un guerrero calculador, no podía permitirse semejante cosa.

Lo primero que vio al abrir los ojos, fue el rostro familiar y tranquilizador de Bardock. Y sonrió.

—Tenemos que irnos ya —la mano que mantenía sobre su rostro, ahora estaba aprisionada a su vez por los delicados dedos de la mujer—. ¿Cómo te sientes? ¿Crees que puedas soportar el viaje?

—No deberías preocuparte tanto —su voz volvía a tener el timbre conocido y confortante de siempre—, me siento mucho mejor que anoche.

—Sé que eres fuerte.

—¡Dejen de decir estupideces y apresúrense! —gritó un Vegeta exasperado por la situación—. Tenemos que largarnos de aquí lo más pronto posible.

Bardock lo fulminó con la mirada, pero se mantuvo en silencio. Al final, aquello era en beneficio de la hembra y no tenía por qué objetar; conocía a su amigo y el hecho de que aún estuviera con ellos ya era decir demasiado.

Se levantó, con ella en sus brazos y con cuidado la ayudó a ponerse de pie, inspeccionando cada uno de sus movimientos para estar seguro de que tuviera la fuerza suficiente para emprender el vuelo por su cuenta.

—Cárgala —la voz de autoridad de Vegeta se abrió paso entre el silencio—. Si lo hace por su cuenta, lo único que hará será perder las energías que recuperó durante la noche.

—Tengo la energía suficiente —protestó ella.

—No, no la tienes —una mueca de disgusto apareció en su rostro, ocasionando que la hembra diera dos pasos hacia atrás en consecuencia—. Bardock te llevará en brazos. No hay más qué decir.

Los saiyajin se miraron y asintieron. Sabían que no era prudente contradecir las órdenes de su líder estando en ese estado.

Aún estaba oscuro cuando finalmente llegaron a su destino. Bardock se encontraba exhausto puesto que llevaba poco menos de cuarenta horas sin dormir, pero aun así no se permitió desacelerar el paso y se mantuvo a pocos metros de Vegeta. Era una zona que él nunca había explorado, pero supuso que si se trataba de un refugio tenía que ser en un lugar que ni los Tsuru-jin conocieran. La zona era rocosa, similar a donde ellos habían montado sus viviendas cuando llegaron al planeta.

Vegeta se dirigió directamente a lo más elevado, donde una caverna oscura los estaba esperando.

—¿Esto es el famoso refugio?

—Cierra la boca y entra a dejar a tu hembra, necesita descansar más.

Bardock gruñó en desaprobación por el lugar tan lúgubre que había elegido, pero se apresuró a entrar, quedando sorprendido al instante. Adentro el espacio era más grande de lo que parecía a simple vista, el aíre era cálido sin llegar a ser sofocante y entraba luz de varias direcciones por las diferentes grietas que se esparcían por toda la caverna. En el fondo, estaba preparada una especie de cama hecha de varios tipos de pieles que en seguida se vio ocupada por la saiyajin.

—Iré a hablar con Vegeta —anunció nada más dejarla sobre el lecho.

—¿Podemos confiar en él? —preguntó, logrando así que Bardock se detuviera antes de dar media vuelta para marcharse—. Sé que se conocen desde chicos, pero su actitud me asusta; siempre me ha tratado mal y me parece extraño que ahora nos ayude tanto.

—Vegeta puede ser un cabrón impredecible, pero siempre le ha preocupado su raza —dijo en un intento de tranquilizarla—. De verdad busca encontrar la cura a esto que nos ha estado pasando desde que llegamos aquí. Además, creo saber por qué está haciendo todo esto precisamente contigo… No te preocupes, si él dice que aquí te recuperarás es porque está totalmente seguro de ello.

Se inclinó para posar sus labios sobre su frente en una caricia fugaz, para después dejarla sola en la cueva.

Afuera ya se podían apreciar los primeros rayos del sol y el cielo comenzaba a tomar un tono rosáceo muy claro. En pocos minutos, con ayuda del segundo astro, el planeta se encontraría por completo iluminado y sumergido en un calor casi insoportable.

El espacio donde podían permanecer de pie era pequeño, pero, aun así, ninguno de los dos parecía tener intenciones de abandonar la elevación rocosa.

—Quiero que te mantengas alejado de ella —soltó de repente—. Yo me haré cargo de aquí en adelante; no quiero verte merodeando cerca.

—¿De qué demonios estás hablando?

—No me importa si esto lo haces solo para que ella esté bien y así yo pueda servirte en la conquista —comentó, sosteniendo la penetrante mirada oscura de su compañero—, no quiero que vuelvas a acercártele.

El corpulento hombre de cabello en punta sonrió al escucharlo. Se estaba cansado de ver a su compañero actuar con tanta debilidad, y si bien él tenía razón y lo único que lo movía a ayudar a esa hembra era para que Bardock pudiera dar el cien en la batalla, con esa expresión de rabia que tenía en el rostro Vegeta volvía a tener confianza de que sería una pieza muy valiosa para sus planes.

—Si sabes mis intenciones, no veo el motivo para tu molestia —respondió aun sonriendo de medio lado.

—Quiero asegurarme de que esa sea la única razón.

—Tu hembra es débil —se burló—. Si voy a permitirme tener semejante debilidad en mi vida, será una hembra fuerte que pueda cargar con mi descendencia y mejore el poder de mi raza.

—Dudo que haya una hembra con esas cualidades entre los sobrevivientes.

—En comparación contigo, a mí no me urge jugar a la casita; puedo esperar a la siguiente generación —anunció, dejando sorprendido a su compañero— estoy seguro de que nacerán con mejores poderes que las inútiles de ahora.

—Serás un viejo y ella una niña —Bardock se burló— no creo que eso sea muy agradable para ella.

Bardock estaba consciente de que su comentario irritaría aún más a su líder, pero en ningún momento le pasó por la cabeza una reacción como la que tuvo a continuación: Vegeta se giró sobre sus pies, solo un poco para poder mirar de frente a su amigo y de improvisto le asestó un puñetazo en la cara con absolutamente todo su poder, mandándolo a volar lejos de la elevación donde ambos se encontraban.

El impacto de su cuerpo destruyó la mitad de la montaña vecina. Rocas de diferentes tamaños cayeron sobre él, impidiéndole ver cómo su atacante se aproximaba a una velocidad peligrosamente rápida.

—¡¿Dónde estás, maldito bastardo?! —gritó nada más llegar—. Un ataque como ese no es nada para ti, así que sal inmediatamente.

El guerrero que se encontraba bajo los escombros lo escuchó claramente y no tenía planeado hacerlo esperar. Acumulando energía en sus brazos, destruyó las rocas más grandes y las demás las mandó a volar lejos para poder salir a pelear con Vegeta, pero su plan no resultó como lo esperaba. En cuanto vio oportunidad, Vegeta lo sujetó de la ropa y lo levantó hasta su altura.

—¿Sigues pensando que es buena idea compartir el planeta con esa raza de enanos? —preguntó hecho una furia—. ¡Respóndeme! ¿Acaso vas a seguir defendiéndolos después de que se negaron a brindarle ayuda a tu hembra?

—A ella no le hagas daño… —Ahora comprendía el motivo del repentino ataque de su amigo. No había sido por su comentario sobre la elección de su compañera sino porque finalmente había decidido que era hora de castigarlo por su traición.

Bardock lo aceptaba. Estaba dispuesto a aceptar todos los golpes que quisiera darle mientras que a ella no la tocara. Él se llevaría ambos castigos.

—¡Dame una maldita respuesta! —un golpe más, que hizo que un hilo de sangre apareciera por la comisura de sus labios—. ¿Qué harás ahora que finalmente abriste los ojos y sabes que a ellos no les interesamos? ¡Respóndeme, maldita sea!

Vegeta soltó a su compañero, dejándolo caer bruscamente sobre las piedras e inmediatamente comenzó a formarse un círculo de energía blanca en la palma de su mano.

—Voy a vengarme —su voz era apenas un susurro. Se encontraba abatido, avergonzado y dispuesto a recibir esa energía con tal de mantenerla a salvo.

—¡No te escucho! —la energía titilaba, cada vez más grande y amenazadora—. ¡¿Qué es lo que piensas hacer ahora!?

—¡Voy a vengarme! —gritó, envuelto en cólera, recordando a la mujer de cabello amarillo y a todos los que estuvieron presentes y que solamente se quedaron observando—. ¡Los voy a matar a todos!

Vegeta sonrió e inmediatamente hizo desaparecer la energía que amenazaba con aniquilarlo. Dio dos pasos hacia atrás, para darle espacio a su compañero y se cruzó de brazos.

—Eso era lo que quería escuchar —la sonrisa se hizo más amplia mientras observaba a Bardock atónito en el suelo—. En tres días comenzará nuestra conquista.