Disclaimer: ¡nada me pertenece, los personajes pertenecen a Marvel y la historia a Cassy27!


Día 1

De lo primero que fue consciente fue de un suave zumbido. Trató de reconocer el sonido, pero no lo logró. Rápidamente se dio cuenta de que había una luz extremadamente luminosa ardiendo sobre su cabeza, haciendo que le dolieran los ojos incluso aunque los tuviera cerrados. Por un momento pensó que se había olvidado de apagar la luz la noche anterior antes de irse a la cama, pero era una idea ridícula. Nunca olvidaría algo así.

Se volvió hacia el otro lado y llevó sus rodillas hasta su pecho, mientras lentamente sus sentidos regresaban a él. El aire a su alrededor olía extraño y le dolía la nariz. Tiró de su delgada frazada hasta cubrir la mitad de su rostro y deseó poder volver a dormir.

Fue entonces cuando los recuerdos se precipitaron sobre él. Instantáneamente se incorporó y abrió los ojos. Recordó caminar por el parque y el que un enorme y musculoso rubio le preguntara la hora. Recordaba que había pensado que tenía los ojos de un azul casi antinatural. Después, ese mismo hombre le había atacado y ahora estaba... aquí. ¿Dónde era aquí exactamente?

La habitación en la que se encontraba era pequeña y terriblemente luminosa. Demasiado luminosa.

Se encontró sentado en un colchón en el suelo. Había un lavabo a su izquierda y un orinal bajo él. No había ventanas y se dio cuenta de que el ruido que había escuchado procedía de un pequeño ventilador que soplaba aire fresco en la pequeña habitación. Su celda. Ese pensamiento le aterrorizó y sintió que sus manos comenzaban a temblar.

¿Qué demonios había ocurrido?

Solo entonces se dio cuenta de otro detalle. Ya no estaba vistiendo su ropa. En su lugar, llevaba unos pantalones de chándal y una vieja y enorme camisa. Era un pensamiento tan ridículo, pero Loki se sintió enfermo ante la idea de que su agresor le hubiera desnudado. Una vez más llevó sus rodillas hasta su pecho, sintiendo como las lágrimas le escocían sus ojos, pero aun así se negó a llorar.

Era un hombre adulto, así que debía mantener la compostura. ¡Necesitaba pensar y necesitaba salir de esta situación! Sintiéndose un poco mejor, se levantó y caminó hacia la puerta. No sabía qué esperar, pero por supuesto no podría salir simplemente de allí. La ira le consumió, así que gritó y gritó. Golpeó sus manos contra la puerta y estrelló sus pies contra el suelo. Oró para que alguien le escuchara y fuera a ayudarle, pero no era ingenuo.

No supo por cuánto tiempo estuvo gritando, pero con el pasar del tiempo se detuvo y volvió a sentarse en el colchón. Podía sentir su corazón latiendo en su pecho, la adrenalina por sus venas. Sus sentidos se habían vuelto extremadamente agudos e híper vigilantes, pero lo único que escuchó fue el irritante ruido que emitía el ventilador y todo lo que veía era luz.

Le dolían sus ojos y oídos.

Pasaron los minutos. Quizá incluso las horas. No lo sabía. Ni siquiera sabía si era de día o de noche. Pensó en sus padres y en su hermano y se preguntó si ya se habían dado cuenta de que había desaparecido. Pensó en sus amigos y se preguntó qué estarían haciendo en estos momentos. Pensó en Sigyn y sintió su corazón contraerse dolorosamente. La amaba, extrañaba su cálido tacto y quería escuchar sus amorosas palabras. Quería sentir sus brazos alrededor de su cuello para así poder oler su largo y negro cabello.

Cerró los ojos e imaginó los rostros de todos aquellos a quienes amaba delante de él. Se aferró a ellos como si estuviera aferrándose a su propia vida y deseó poder salir pronto de esta situación. Ellos le esperarían y le abrazarían cuando volvieran a verle. Sí, pensó, mientras les tuviera, él estaría bien.


Día 2

No podía saberlo, pero juró que horas habían transcurrido ya. Su estómago gruñía violentamente porque estaba hambriento, pero no le importó. Con cada momento que transcurría tenía más miedo ya que al final su captor tenía que aparecer. No sabía qué era lo que más quería: si estar solo o ver otra vez a quien le había puesto en esta pequeña habitación.

Al final, no tuvo muchas alternativas. Escuchó el giro de las cerraduras e instantáneamente sintió sus músculos tensarse. Desesperadamente trató de recordar todos los detalles que conocía de su atacante, pero no pudo pensar en nada más aparte de su cabello rubio y sus ojos azules. La puerta se abrió con un fuerte y chirriante sonido y Loki presionó su espalda contra la pared como si pudiera desaparecer en ella. ¡Oh, estaría dispuesto a dar cualquier cosa por ser invisible en este momento!

Un hombre entró, luciendo extremadamente alto en esta pequeña celda. Estaba en lo cierto respecto al color de su cabello y de sus ojos y por ello dejó que su mirada descendiera sobre el resto de las facciones del hombre. Notó sus afilados pómulos y su barba, y vio los fuertes músculos de sus brazos y manos. Intentó recordarlo todo de la mejor forma que pudo para darle una declaración a la policía cuando pudiera escapar o fuera liberado.

—Siento haberte hecho esperar —dijo el hombre con una voz profunda, pero sorprendentemente amable.

Loki tragó con dificultad mientras una docena de preguntas inundaban su mente. ¿Quién era este hombre? ¿Qué quería? ¿Por qué lo había capturado? ¿Por qué estaba aquí? ¿Qué sucedería? ¿Dónde estaban sus ropas? ¿Cuál era su nombre? ¿Cuáles eran sus intenciones?

Se detuvo antes de enloquecer completamente.

—Pensé que podrías estar hambriento y sediento. —El hombre se arrodilló y reveló una pequeña bolsa transparente, así como una pequeña botella de agua. Había dos sándwiches en la bolsa y Loki odió la sensación en su estómago. En realidad estaba bastante hambriento, pero una infantil parte suya se negaba a aceptar comida de parte de este desconocido —su agresor—. Toma. —El hombre le animó—. No la envenené, si eso es a lo que le temes. ¿Cuál sería el punto? Tómalo, porque todo es para ti.

De mala gana —porque, ¡maldita sea, tenía tanta hambre!—, Loki aceptó la pequeña bolsa y la botella de agua. Bebió el agua antes de sacar el primer sándwich de la bolsa y se atrevió a dar un pequeño mordisco. No sabía extraño así que lo más probable era que era seguro comerlo. Un momento de silencio transcurrió y Loki podía sentir la mirada del hombre posarse intensamente en él. Le estaba observando y esto le asustó.

—¿Qué quieres de mí? —le preguntó cuidadosamente tras un breve silencio. Su garganta estaba seca incluso aunque acababa de beber una botella de agua completa. Su voz sonaba áspera, como si acabara de tragarse un papel de lija. Sin embargo, esto no le importó. Quería respuestas y tal vez, tal vez, obtendría unas cuantas—. No tengo dinero.

El hombre inclinó la cabeza un poco hacia la izquierda, un mechón de su rubio cabello cayó sobre su rostro.

—Pero tus padres sí.

Eso era cierto, pero Loki siempre se había negado a aceptar dinero de su parte. Amaba a sus padres y era bastante cercano a ellos, pero siempre había insistido en sostenerse por su propia cuenta y sus padres le habían alentado en ello. Había conseguido trabajo cuando cumplió sus dieciocho años para ayudarse a pagar la universidad y tras graduarse, inmediatamente había encontrado un buen trabajo. Sus padres nunca, ni una sola vez, habían pagado su apartamento o su coche o cualquier otra cosa que pudiera necesitar.

—¿Les enviaste una nota de rescate? —le preguntó Loki, su voz sonaba extrañamente baja.

El hombre asintió una sola vez.

—Sé quién eres, Loki Laufeyson —dijo—. Y sé quiénes son tus padres.

—¿Y tú? —Para entonces Loki ya había olvidado por completo el bocadillo, incluso aunque su estómago todavía gruñía fuertemente—. ¿Cómo se supone que debo llamarte?

—Thor —respondió el hombre instantáneamente. Si no se equivocaba, notó a Thor incluso sonreír ligeramente. Más tarde se daría cuenta de que este era el momento en que debió haberlo comprendido todo. Pensaría en que este era el momento en el que debió haber sabido que Thor nunca había planeado dejarle ir. ¿Por qué más le habría dicho su nombre y había mostrado su rostro tan claramente? Pero en ese momento, Loki únicamente pudo asentir en respuesta—. No te lastimaré si cooperas —agregó después Thor.

—¿Dónde está mi ropa? —De todas las preguntas que tenía en su mente, eso fue lo que le preguntó. Se sintió como un completo idiota.

—Las quemé. —Thor le respondió como si esta fuera la conclusión más obvia del mundo—. No puedo tener ningún rastro tuyo alrededor de la casa. Además, tus ropas estaban sucias y había sangre en ellas. Cuando te golpeé en el rostro, tu nariz empezó a sangrar, pero no te preocupes, te limpié. Sin embargo, quemé todo lo que tenías contigo.

Loki sintió una contracción dolorosa en su pecho. Sintió como si el último delgado hilo que le unía a su casa hubiese acabado de ser cortado. Sintió que su familia ahora estaba más lejos de lo que nunca antes había estado. No tenía nada más que se los recordara —nada tangible al menos.

—Ahora, cómete tus sándwiches —dijo Thor. Loki no sabía si su malestar y su miedo eran evidentes, y si lo eran, entonces Thor o los ignoraba o era completamente ajeno a ellos—. No tengo todo el día.

Siguió el consejo —que parecía más una orden— y se comió los dos sándwiches. Tan pronto como terminó, Thor se levantó. Se elevó delante él como un gigante y Loki se sintió temblando nuevamente. Deseó poder parecer más fuerte y seguro, pero no era de extrañar que pareciera como un simple niño pequeño, perdido. Estaba a merced de un secuestrador y no tenía idea de lo que le sucedería después.

Thor tomó la pequeña bolsa de plástico y la botella vacía y sin decir una palabra más se dirigió a la salida.

—¡Espera! —No tenía idea de lo que estaba haciendo—. ¿De verdad me dejarás ir en cuanto mis padres hayan pagado lo que quieres?

—Sí —le respondió Thor instantáneamente—. Lo haré.

Salió de la habitación y la puerta se cerró tras él. Loki aún no se atrevió a moverse del colchón. Era como si tuviera miedo de tocar el frío suelo de piedra. Tenía miedo de que el frío se propagara por todo su cuerpo. Las cerraduras giraron y una vez más supo que estaba atrapado allí. Agarró la frazada y la envolvió alrededor de su cuerpo. Sintió que le daba cierto grado de confort, lo cual, desde luego, era una idea tonta, pero era nada menos que la verdad.

Un fuerte clic se escuchó resonar en la pequeña habitación y Loki instantáneamente enderezó su espalda. No tenía idea de qué era lo que significaba este sonido, pero muy pronto lo descubriría. Después la luz encima de él se extinguió, dejando la habitación en nada más que oscuridad.

Completa, absoluta oscuridad.

Ni siquiera podía ver su propia mano que estaba a solo unos cuantos centímetros de distancia de sus ojos. Negro era todo lo que había y se sintió completamente abandonado. Sabía que estaba solo y tenía miedo de su propia mente. Ni siquiera estaba avergonzado de ello. Porque, ¿acaso cualquier otro hombre, en su situación, no estaría asustado en este momento?

Tirando la frazada hasta su rostro, se instó a recostarse. Esperaba que sus ojos pronto se acostumbran a la oscuridad, pero incluso después de transcurrir lo que debieron haber sido treinta minutos, todavía no veía nada. No vio nada y solo escuchaba el zumbido del ventilador.

¿Por cuánto tiempo se suponía permanecería en esta situación? Estaba seguro de que en estas circunstancias, lentamente perdería la cordura. Era solo cuestión de tiempo.


Día 4

Las horas pasaron. Por supuesto, Loki no podía estar seguro de ello ya que no tenía reloj alguno con él, únicamente oscuridad. Trató de predecir el tiempo del día escuchando el ritmo de su cuerpo. Trató de sentir cuándo se tornaba más cansado, cuándo caía la noche o cuándo sentía más hambre, de adivinar si era mediodía o de noche; pero no lo consiguió. Su cuerpo estaba demasiado alterado. Lo único que experimentaba era cansancio, sed y hambre.

Por un momento pensó que Thor lo había abandonado, que le había dejado allí para que muriera, pero entonces, ¿cuál sería el punto de todo esto? Le había pedido a sus padres un rescate así que no podía dejarle pudriéndose en esta pequeña habitación. Cuando recibiera el dinero, se vería obligado a dejarle ir. ¿Cierto? ¿Cierto?

El tiempo pasó —de eso estaba seguro— y se sintió tornarse más y más desesperado. Trató de pensar en su familia, estaba seguro de que estaban buscándole, pero tras un tiempo, ni siquiera aquello pudo levantarle el espíritu. Al pensar en ellos, ya ni siquiera se atrevía a sonreír. Simplemente yacía en el colchón, con la frazada cubriendo su tembloroso cuerpo. Sus pensamientos divagaban hacia las cosas más estúpidas, desde estúpidos videos sobre gatos que había visto en internet, hasta recordar recetas para hornear un pastel. Recordó la última cosa que había visto en la televisión y el último libro que había leído. Recordó su último sueño y la última vez que había besado a su novia. Recordaba todo, pero poco a poco, los bordes de aquellos recuerdos se fueron manchando. Recordó besar a Sigyn por primera vez, pero ¿qué vestido había usado?

Cuanto más trataba de recordar los detalles, más exhausto que sentía. Se dejó caer en un profundo sueño, recibiéndolo con los brazos abiertos. Sueño significaba sueños y estaba dispuesto a intentar cualquier cosa por escapar del infierno en el que se encontrara aunque solo fuera por un momento. Pero su sueño se trasformó en pesadilla y, repentinamente, se encontró corriendo por una calle larga, vacía, gritando a todo pulmón, pero nadie le escuchaba. A nadie le importó. Unas manos de sombra trataron de agarrarle los brazos y piernas y trataron de derribarlo mientras el cielo se oscurecía sobre él. Las nubes cambiaron de blanco a gris y después a negro.

Relámpagos.

Despertó de golpe, tomando rápidamente una profunda respiración. Su camisa se pegaba a su sudorosa piel, sus ojos permanecían completamente abiertos y le dolían porque solo tres segundos más tarde se dio cuenta de que la luz se había encendido otra vez. Levantó la mirada, pero no pudo observar directamente a la lámpara. Era demasiado luminosa.

Después, todo se tornó oscuro nuevamente. Negro.

Tragó pesadamente. Oscuridad era únicamente todo lo que le rodeaba otra vez —justo como antes y justo como en su pesadilla— sin embargo, todos sus sentidos permanecieron en alerta máxima. Todavía se sentía muy cansado, pero sabía que no sería capaz de conciliar el sueño. Vagamente se dio cuenta de que la luz se había encendido con un propósito: para perturbar su descanso. Mantenerlo despierto, mantenerlo hambriento y sediento le destrozaría. Loki lo sabía, pero ¿qué podía hacer para evitarlo?

¿Qué podía hacer para combatirlo?

Cuando dormía, solo tenía pesadillas, y cuando despertaba, vivía en una pesadilla.

Comenzó a llorar y a sollozar como un niño pequeño y perdido. En otras circunstancias, se sentiría avergonzado de comportarse tan débilmente ya que era un hombre adulto, pero en este momento esto no podía importarle menos. Simplemente lloró en su frazada y oró para que esta locura terminara pronto. Temía no sobrevivir por mucho tiempo.

Y por primera vez en su vida, tuvo miedo de morir.


Día 5

Thor pronto lamentó no haber instalado una cámara en la pequeña habitación. Habían pasado dos días desde que había visto a Loki, e incluso aunque estaba bastante preocupado por él, sabía que esta era una parte importante del proceso. Muchos de sus amigos pensaban que Thor no era muy brillante. Era un hombre muy amable y tenía talento y pasión por los deportes, pero nunca calificaba muy alto en sus pruebas de biología o historia en la secundaria. Sus calificaciones académicas no eran muy buenas, y esta había sido la razón por la que había abandonado la universidad y había encontrado un trabajo en la construcción. Además, le gustaba más trabajar con sus manos que trabajar con su cerebro.

Lo que sorprendía a mucha gente, sin embargo, era el hecho de que le encantara leer. Leía de todo, desde ficción, no-ficción, hasta fantasía. Desde George R.R. Martin, Dan Brown hasta Mark Twain.

Por el tiempo en que cumplió veinticinco años —hace cuatro años— ya había leído docenas de libros de psicología. Nunca supo por qué la mente humana le interesaba tanto y ciertamente nunca pensó que podría llegar a utilizar cualquiera de aquellos conocimientos, pero ahora se sentía bastante contento de haberlo hecho. Secuestrar a un hombre era una cosa e incluso el asunto había sido bastante fácil, pero volver a un hombre sumiso y obediente era otra. Después de todo, Thor quería que Loki fuera suyo y quería estar absolutamente seguro de que un día Loki no huiría de su lado incluso aunque se le presentara la oportunidad.

Amaba a Loki con todo su corazón, pero no era ingenuo. No esperaba que Loki le amara de la misma forma. No de inmediato, desde luego. Era por eso que había maquinado un plan. Primero destrozaría la conexión de Loki con el mundo, lo cual por supuesto era la parte más fácil. Después le destrozaría física y mentalmente antes de reconstruirlo pieza por pieza. Le mostraría que él era el único en quien podía confiar y con el tiempo, Loki le amaría igual.

La primera parte del plan había sido decirle a Loki que había pedido dinero a sus padres. Esa parte había tenido éxito. Por supuesto, no había sido tan estúpido como para contactar realmente a Laufey y Farbauti, el padre y la madre de Loki. En unos pocos días, simplemente le diría a Loki que se habían negado a pagar, ya que les importaba muy poco su hijo mayor. Lógicamente, Loki se negaría a creerle; pero con el paso del tiempo por lo menos empezaría a dudar de su familia.

Que dudara era todo lo que Thor necesitaba para abrirse camino en su mente.

La segunda parte consistía en hacerlo sentir miserable. Esta era la parte que Thor odiaba. Quería precipitarse en esa pequeña habitación y abrazarlo. Quería amarlo y tenerlo, pero no podía. No todavía. Así que le había dejado solo durante dos días, sin comida ni agua y cada dos horas encendía la luz durante cinco segundos para asegurarse de que Loki no pudiera dormir bien.

Mañana por fin se permitiría visitar a su alma gemela nuevamente. Después de todo, el joven necesitaba comida y agua para sobrevivir. Le llevaría todo lo que necesitaba y Loki aprendería que podía confiar en él. Aprendería que Thor iría a su lado cuando menos se lo esperara.

Sí, pensó Thor, estaba esperando gratamente a que llegara la mañana. Cualquier minuto que pudiera pasar con su gran amor era tiempo bien empleado. Loki sería suyo y solo suyo. Finalmente tendría lo que tanto había anhelado —codiciado— durante todos estos años. Finalmente, su vida sería perfecta.


Día 6

Cuando Loki escuchó el girar de las cerraduras, estaba demasiado cansado como para lograr moverse rápidamente. Se sentía aperezado. Cada músculo que flexionaba le dolía y cada movimiento que hacía parecía suceder en cámara lenta o como si se moviera bajo el agua. Pero finalmente se las arregló para sentarse con la espalda apoyada contra la pared, aunque mantuvo la frazada alrededor de su cuerpo. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba ya retenido como prisionero, pero para entonces ya había llegado a encontrar confort en aquella estúpida frazada blanca.

De nuevo, se sintió como un niño.

Un niño que necesitaba desesperadamente una ducha y ropa limpia.

La luz se encendió y Loki gruñó. Enterró el rostro entre sus rodillas, bloqueando la luz, y contuvo el aliento. Ni siquiera sabía por qué estaba conteniendo el aliento. Nada de lo que hacía o experimentaba últimamente tenía sentido.

Thor entró en la habitación, llevando pan y una botella de agua. Cuando Loki lo vio instántaneamente sintió que se le volvía agua la boca. Sin decir una palabra, Thor le entregó las provisiones y Loki rápidamente vació la botella y devoró el pan. Su estómago no estaba completamente lleno, pero al menos el hambre intensa había disminuido un poco.

—Gracias —se escuchó decir. No tenía idea de por qué había agradecido al hombre que le había secuestrado y puesto en esta miserable y pequeña celda en primer lugar. Tal vez quería tenerlo de buen humor porque dependía totalmente de él. Aun así, tenía una pregunta quemándole la punta de la lengua y necesitaba formularla en ese mismo momento—. ¿Todavía no han pagado mis padres?

Si ya lo habían hecho, su libertad llegaría pronto.

—No —respondió Thor, sin mucha emoción en su voz. Se sentó cerca de la puerta, cruzando las piernas bajo su cuerpo. Era un hombre impresionante e intimidante, pero al sentarse de esa manera, Loki no pudo evitar pensar que este hombre era de su edad. Era joven como él, aunque probablemente era dos o tres años mayor—. Y no van a hacerlo —agregó Thor segundos después.

Probablemente se debía a su cansancio y desorientación, porque no tenía idea de qué era lo que le había acabado de decir. Escuchó palabras y esas palabras habían formado una frase, pero pudieron haber sido en chino.

—Yo no... no entiendo —dijo, tartamudeando—. Mis padres tienen dinero. Ellos pagarían por mi liberación, sé que lo harían.

—Aparentemente no —suspiró Thor. Loki se atrevió a pensar que había visto compasión en los ojos de Thor, pero ¿por qué le importaría a ese hombre?—. A decir verdad, ni siquiera han respondido a mi nota de rescate. Creo que es seguro decir que están aliviados de librarse de ti. Probablemente deben estar muy felices ahora que solo tienen un hijo que cuidar.

—No —dijo Loki airadamente. Soltó la frazada, la cual cayó a sus pies—. ¡No, estás mintiendo! —Su voz resonó en la pequeña celda, ahogando momentáneamente el ruido del ventilador.

Thor arqueó una de sus cejas, claramente impresionado.

—¿Por qué mentiría? —preguntó inocentemente—. ¿Qué ganaría con ello? Quería dinero y tus padres se negaron a dármelo. He leído todos los periódicos y escasamente hay menciones de tu secuestro. Supongo que en realidad nadie te echa de menos.

—¡No! —gritó Loki. No caería tan fácilmente en sus mentiras. Sus padres lo amaban. Estaba seguro de ello. Sus amigos lo amaban. Sigyn lo amaba. ¡Sigyn!—. No, estás mintiendo, Thor. Son puras mentiras patéticas. Mis padres no me abandonarían. Mi hermano no me olvidaría. Mi novia me echaría de menos. ¡Ella removería el cielo y el infierno para encontrarme!

No supo qué fue lo que hizo explotar a Thor —aunque tenía que ser algo que había dicho—, pero en cuestión de minutos, pasó de estar sentado casualmente cerca la puerta a cernirse sobre Loki, con las manos agarrando sus hombros brutalmente, levantándolo del colchón.

—¡Tonto! —le gritó en el rostro. Sus ojos azules no revelaban nada más que rabia.

Loki se puso tenso, su garganta se tornó seca a pesar de que acababa de beber agua y se sintió enfermo.

—¡Nadie te ama! —Thor continuó con su arranque. Continuaba sacudiendo brutalmente el cuerpo de Loki—. ¡A nadie le importas! ¡Acéptalo, estás solo en este mundo y yo soy todo lo que te queda! —Un segundo transcurrió mientras Thor miraba los asustados ojos de Loki antes de soltarlo. Sus manos se cerraron en puños, lo cual indicaba que su ira todavía corría por su cuerpo. Su rostro tenía el color de un cadáver.

Loki tenía demasiado miedo, estaba demasiado conmocionado como para moverse o hablar.

—No saldrás de aquí —dijo Thor, su voz apenas era más fuerte que un susurro—. Nadie está dispuesto a pagar y has visto demasiado. Viste mi rostro y sabes mi nombre. Te quedarás conmigo.

—No, por favor —dijo Loki, emitiendo un patético gemido—. No le diré a nadie sobre ti. Deja que me vaya y haré como si nada hubiera pasado. ¡Por favor!

—No soy tonto —espetó Thor—. Te quedarás aquí. Acéptalo.

Y tras estas palabras, Loki se encontró nuevamente solo. Cuando las cerraduras giraron, sintió como si fuera su final. Sintió como si esa puerta nunca se abriría de nuevo y él se quedaría allí, solo y olvidado. Moriría allí y esto le asustó más allá de la razón.

Estaba destrozado, y por enésima vez comenzó a sollozar. No podía evitar extrañar a su madre. Daría cualquier cosa por sentir sus brazos alrededor de su cuerpo, porque Thor estaba mintiendo, Farbauti nunca lo dejaría. Laufey y Helblindi nunca lo dejarían. Sigyn nunca le dejaría. Ninguno de sus amigos lo dejarían. Se imaginó sus rostros en su mente y los imaginó abrazándolo.

Sin embargo, estaba solo y esta era la realidad.

Tenía que encontrar una manera de enfrentarlo.

Pero hoy no.