Para mayores de 18 años
Desperté exaltado pensando que tal vez me había quedado dormido, pero fue decepcionante enterarme que había despertado casi dos horas antes de lo que debería.
La situación con Hikari me tenía, cuando menos, inquieto. Busqué en ella algún indicio de la chica con la que viví aquella experiencia hace casi una semana y no era capaz de descifrar nada. Estando recostado en mi cama mirando el techo que en aquella oscuridad apenas si podía distinguirlo, e inevitablemente me acordé detalladamente de ese momento, en cómo se sintió besarla y sentir sus manos tocándome y no pude -ni quise- evitar imaginar cómos se hubiese sentido si ella me hubiese tocado directamente, sin aquella impertinente ropa que me hizo menos sensible a su toque y fue inevitable que sucediera nuevamente, me excité y no es que antes de aquello no me hubiese ocurrido con anterioridad, a veces pasaba sí, incluso en ocasiones sin siquiera desearlo, pero desde ese día no hacía más que pensar en ella y era una reacción inmediata de mi cuerpo que me hacía tener que ocupar más tiempo en remediarlo del que me gustaba admitir.
Después de una refrescante ducha, mientras me vestía para ir a la escuela, mi madre me avisó que se debía marchar. Yo no era de esos que faltaba a clases sólo porque si, pero ese día, no deseaba ir, y no lo haría.
Estaba bebiendo agua cuando escuché que el móvil me avisaba sobre un mensaje, últimamente la compañía ha estado mandando mensajes sobre nuevas tarifas y sospeché que sería nuevamente esa clase de mensaje, por lo que no leí hasta después de que volví a tomar el móvil una hora más tarde, y la sorpresa fue que no era un mensaje de la compañía como sospeché desde un principio, era de Hikari: "¿Estás bien? y luego un segundo mensaje "¿Dónde estás Takeru-kun?" Miré la hora y el segundo mensaje había sido enviado hacía unos veinte minutos. Me sorprendí, porque desde ese día no es que no me hablara sino que no había nada personal en su trato, algo que me indicaba que no parecía nada diferente a lo de antes y que me indicaba a su vez que todo estaba mal, porque nunca habíamos sido tan excesivamente corteses el uno con el otro, al menos no de esa manera, y me volvía loco el que no parecía que nadie lo notara… entonces que ella me estuviese buscando fue algo extraño, y no sé por qué, pero no contesté su mensaje.
Me quedé dormido en algún momento, y desperté por la vibración del móvil, estaba un tanto desorientado, por lo que me costó encontrarlo y fuera quien fuera se enteraría luego por haberme despertado. Aún con la vista borrosa, encontré el móvil y era una llamada entrante que ahora, por mi demora, era una llamada perdida y había a su vez un mensaje, nuevamente de Hikari. No sabía cómo reaccionar ¿debería llamarla de vuelta? El sentido común me decía que por amor propio no debería, sin embargo tanta insistencia me tenía preocupado. Decidí llamarla de vuelta y sentí como mi corazón latía más rápido esperando su respuesta.
—¿Takeru?
Oí su femenina voz decir mi nombre y no pude evitar como mi cuerpo se regocijó ante aquella mención.
—¿Sucede algo? – le respondí tan indiferente como pude.
—¿Dónde estás? – preguntó curiosa.
—En mi habitación – contesté rápidamente.
—¿Estás solo? – me interrogó nuevamente
—Eso creo… mi madre debe estar en la editorial- dije tratando de hacer memoria.
—He estado pensando en ti… en lo que pasó el otro día, en el subterráneo…- balbuceó.
—¿Qué pasó el otro día, Hikari? – quise indagar, porque estaba desconcertado con que ella sacara el tema primero, pero rogando por dentro que no desconociera el hecho.
—Tu sabes…- dijo de un modo que nunca había oído en ella.
—No, no lo sé. Explícamelo – exigí, necesitaba oirlo.
—Cuando nos apartamos de los demás… y comenzó a llenarse de gente…- comenzó a relatar entrecortadamente.
—Ahh si, empiezo a recordar- le dije lo más desganado posible.
—¿Has pensando en eso? – musitó curiosa.
¿Qué si he pensando en eso? Estaba bromeado conmigo, ¿verdad? ¡No he podido pensar en otra cosa!
—Porque yo si…- susurró muy despacio.
Mi corazón que ha estado latiendo al límite desde que contestó, no creí que pudiera latir aun mas rápido.
—Dijiste que estabas solo, ¿no? – volvió a preguntar.
—Sí, eso dije.- rectifiqué
—¿Me abrirías la puerta?- preguntó sugerentemente.
Abrí los ojos sorprendido… ella no estaba afuera ¿o sí? Por las dudas me levanté, la curiosidad era demasiada, sin colgar el teléfono, fui a abrir y si… ella efectivamente estaba ahí un poco sonrosada y tan hermosa como siempre. Después de que salí del asombró de encontrarla no supe preguntarle el por qué de su presencia ahí, en mi puerta, faltando poco para que anocheciera, pero no fue necesario porque ella me lo aclaró.
—Te traje estas guías… el profesor dijo que era urgente que te las entregara…y bueno estabas de camino… yo dije que podía traértelas y bien, las traje…tómalas- dijo sin mirarme a los ojos y enredándose en su discurso.
Apenas me limité a recibir lo que ella me entregaba pero por un torpeza de ella, estas se cayeron. Noté entonces que ella si estaba nerviosa, porque ella no era nada torpe. Me agache a recoger las hojas caídas y ella se agachó también, recogió unas cuantas, yo recogí las restantes y cuando estaba ordenándolas ella las tomo nuevamente, las dejó en la mesita de arrimo de la entrada, yo no entendí, pero ella se empinó y me dio un beso en la mejilla. El beso duró lo suficiente como para que yo pudiera correr la cara y terminar besándonos en los labios. La sensación fue la misma que recordaba, pero cuando ella con sus manos arrugo ropa y profundizó el beso acercándome más a ella, fue que comprendí que ese había sido su propósito desde el principio. Me separé un poco y ella no me dejó, mordió mi labio inferior suavemente y volví a sentir su húmeda lengua buscando la mía, volví a alejarme un poco y ella se molestó, pero luego comprendió lo que yo quería; cerrar la puerta y dejar de dar aquel espectáculo en la entrada de mi departamento.
Quizás estaba yendo demasiado rápido, no lo pensé en ese momento, pero tomé su mano y la llevé a mi habitación, sin que siquiera se quitara los zapatos. Me senté en la cama y la miré como estaba entusiasmada recorriéndola. Me preguntó el origen de muchas cosas que tenía y fue cuando me arrepentí de haberla llevado ahí, el momento que habíamos vivido minutos antes se había roto y nuevamente parecía que era solo yo el que pensaba en lo acontecido. Cuando pasó a llevar el mouse, el computador salió de su letargo y ella vio mi fondo de escritorio y me avergoncé; una chica morena y con poca ropa junto a otra rubia en las mismas condiciones, en una conducta que bien podría ser lésbica. No me preguntó el "origen" de eso pero yo me levanté e hice que se sentara en la cama, a lo que ella obedeció, me acerqué y me apoderé de sus labios y la incité a que se recostara en la cama y sin pedirle permiso, mientras nuestro beso se hacía más fogoso y anhelante, metí la mano por debajo de su ropa. La toqué primero tímidamente, asegurándome de que no rechazara el contacto, pero no había un solo indicio que indicara que no lo quisiera, por lo que osé tocarle los senos por encima del brasier. No tengo ni que aclarar que yo ya estaba excitado, tocarla como había imaginado era infinitamente superior a lo que había predicho. Escucharla gemir y temblar con mi toque me hacía sentir poderoso e inexplicablemente más viril. Busqué su mirada y ella me miró extasiada y aunque lo estaba pensando, pero no se lo exterioricé, ella misma se soltó el cinturón y desabotonó el pantalón. Yo capté el mensaje al milisegundo. Dirigí mi mano derecha hacia donde nunca antes la había dirigido y puedo decir como primera impresión que fue extraño, no sabía exactamente cómo debía tocarla o dónde… pero agradecí las sesiones previas de onanismo y la pornografía gratuita, porque al parecer en mi intento lo estaba haciendo bien, porque ella cerró los ojos y comenzó a gemir suavemente, mientras que a su vez yo sentía mis dedos cada vez más húmedos y aquello repercutía directamente en mi erección. Busqué con mis dedos hacerla sentir aún mejor y lo conseguí, porque ella comenzó a moverse sensualmente buscando el contacto de algún punto en especifico con mi mano y creo que encontró el lugar exacto que debía ser estimulado, porque ella dejó de moverse y quiso contener un gemido más prolongado que los anteriores, pero yo quería oírla y se lo dije y ella me besó como si fuera el último beso de su vida. Cuando finalmente dejó de tener espasmos, retiré mi mano y Hikari me miró casi con desaprobación, yo solo sonreí. Ella respiraba un poco agitada aún, pero cuando sus labios descendieron hasta mi cuello y me quitó la andrajosa polera que usaba en casa y comenzó a tocarme con la yema de sus dedos mi torso yo no pude más que cerrar los ojos cuando se acercó a mi ya necesitada erección, ansiando su toque más que el mismo aire y preparándome por anticipado contuve el aire para cuando finalmente su mano descendió, soltarlo como una profunda exhalación. Su mano cálida y suave me tocaba inexpertamente, sin embargo en mi estado no necesitaba más que un poco de estimulo, y en algún momento ella en cosa de minutos, supo de alguna manera cómo debía tocarme porque comencé a sentirme maravillosamente bien. Tal como había pensado, que me tocara sin ninguna clase de impedimento fue infinitamente mejor, sentir una mano distinta la mía dándome placer, la de ella sobretodo, la protagonista de mis fantasías… sabía que no iba a durar mucho por más que tratara por lo que cuando ella comenzó a aumentar la velocidad y la intensidad de su agarre, yo supe que estaba perdido por lo que cuando rozó su pulgar suavemente por la punta y pasó su lengua por mi pecho yo me dejé ir, no quería que terminara tan pronto, pero no pude retrasarlo más. Lamenté cuando ella retiró su mano un poco contrariada y asustada por lo que había pasado, pero me alegré cuando volvió a posicionarla donde se encontraba antes y volvió a tocarme como asegurándose de que nada quedara. La besé y ella sacó su mano y me sonrió. Sus mejillas sonrosadas, su mirada de excitación y deseo supe que no olvidaría ese momento nunca más.
Nos quedamos recostados en la cama, abrazados, sin hablar, sólo descansando de las emociones experimentadas y quién sabe… quizás repetirlas. Estábamos en eso, volviendo a besarnos, cuando me pareció oír un ruido lo ignoré, pero luego de tres segundos oí a mi madre avisándome que había llegado. Hikari abrió los ojos perpleja y yo quedé mudo. Miré la hora y ya eran pasadas las ocho de la noche. Hikari se levantó rápidamente y se acomodó la ropa mientras que yo traté de hacer lo mismo, volví a colocarme la ropa, intenté estirar la cama, traté de ordenarme para que no pareciera que estuve haciendo… lo que de verdad estuve haciendo, mientras mi madre me preguntaba qué quería para cenar, ignorando por completo el caos que era mi habitación en ese momento, y para empeorar la situación, parecía imposible que mi voz saliera normal, le contesté que no tenía hambre y golpeó la puerta de mi habitación suavemente preguntándome si estaba bien, y apenas abriendo la puerta lo suficiente para mostrarle mi cara un poco, con Hikari tras ella también, le dije que estaba bien y ella no lo cuestionó y se sentó en la sala. Por un rato Hikari no podría salir, estaba un poco molesta, lo podía ver, pero no había nada que pudiera hacer en ese minuto, excepto besarla, lo que hice, y como el ambiente estaba templado no necesité mucho para volver a excitarme y la empotré contra la puerta y la levanté, dejando nuestros ya estimulados sexos en contacto, aunque con ropa. Era excitante la situación, mi madre no muy lejos de ahí, con Hikari rozándonos buscando el mayor contacto posible, tratando de contener los gemidos, controlar la respiración y sin hacer ruido me tenían a punto nuevamente, pero un sonido en el salón hizo que nos detuviéramos en seco y oí una puerta cerrarse. El corazón se me paró y me encontré a mi mismo increíblemente frustrado por no haber podido acabar, pero era el momento que necesitábamos para que ella pudiera irse. Hikari volvió a acomodarse y cuando se creyó lo más decente posible, me dijo que mirara que no apareciera mi madre y luego de eso y muy sigilosamente salimos de la habitación, ella abrió la puerta de salida y antes de que se marchara nos dimos un beso de despedida que no olvidaría…
A la mañana siguiente estaba ansioso, quería verla, tal vez hablar de lo acontecido y si tenía buena suerte, quizás incluso repetirlo, o tal vez iniciar una relación… pero de todos los escenarios que imaginé ninguno se acercó ni remotamente al que me encontré; Hikari estaba de la mano con un chico que algo le dijo al oído que le causó gracia y se reía como nunca la vi reír antes… ¿ qué diablo era todo eso…?
Continuará...
Muchísimas gracias a las personas que siguen esta historia, por publicarla rápidamente no puse un "continuar" en el primer capítulo y se creyó por ahí que era un one-shot, pero no, las torturaré un poco más
Cualquier review es muy bien recibido :)
