Genesis

······ARTHUR······

(4 meses de embarazo)

Arthur se pasó una mano por la cara, tratando de concentrarse en Sir Leon, quien una vez más le estaba reportando sobre las patrullas fronterizas con su usual tono monótono.

Ya era bastante duro prestar atención a los reportes de Leon en circunstancias normales, pero desde hacía cuatro meses, Arthur había encontrado más incrementada la dificultad de concentrarse en cualquier cosa cuando se encontraba en su presencia su mujer o su sirviente –no, su hechicero, ahora. De algún modo esa distinción no ha significado mucho para ninguno de ellos como había pensado que haría, pero estaba feliz por ello. Merlin seguía siendo únicamente Merlin, y todavía miraba a Arthur con la misma confianza e inalterable amistad de siempre.

Incluso si esas miradas habían empezado a entretenerse ahora, desde aquella noche. Pero entonces, Arthur estaba seguro de que sus ojos se resistían a dejarlo a él también. Sabía lo que Merlin estaba sintiendo, eso que él también estaba sintiendo, pero también sabía que había algo más de lo que no hablaban, porque eso sólo abriría muchas más compuertas que Arthur no sabía si sería capaz de cerrar –o peor aún, no estaba seguro de querer cerrar. El ritual y la constante presencia del bebé en su mente lo habían cambiado todo, de algún modo, aunque no estaba seguro de cómo o por qué.

Miró a su izquierda, dónde Guinevere estaba sentada, alta y orgullosa a su lado, con una contenida y pequeña sonrisa en su cara mientras escuchaba el reporte de Leon, acariciando su vientre medio ausente.

Arthur frunció el ceño. Pensando que debía sentirse… diferente, al mirar a su esposa, pero no había nada entre ellos que no hubiese antes. Por supuesto que él sentía algo –sentía amor, devoción y gratitud hacia ella por estar una vez más a su lado. Sentía orgullo, júbilo y excitación ante el hecho de que llevara a su hijo en su vientre.

Pero por mucho que pretendiera sentir de otra forma, el empuje que sentía hacia ella esos días era únicamente por la vida que estaba creciendo en su interior. Era un sentimiento extraño; antes del embarazo, cuando miraba a Gwen se sentía anclado, le hacía sentir una reconfortante sensación de confianza y devoción, y la había buscado siempre que quería esa tranquilidad. Aún sentía todo eso claro… pero esos días se sentía más confuso que nunca antes, sintiendo un chocante tirón hacia otra dirección –hacia el bebé, y hacia Merlin.

Era aún más notorio cuando estaban sentados en la mesa redonda. Arthur estaba en el medio, con su mujer y su amigo a su lado a distancias iguales. Arthur quería moverse en ambas direcciones a la vez, y lo más extraño era que sentía una profunda injusticia ante ello; una sensación de que ambas direcciones fueran, de hecho, la misma dirección, o deberían serlo. Por ello siempre se cuidaba de no moverse en absoluto.

Por supuesto que estaría mintiendo si dijera que no había sentido una atracción hacia Merlin antes de todo esto. Cualquier tonto podría ver que él pasaba siempre mucho más tiempo con su criado del que era estrictamente necesario, de alguna manera molestándose siempre con él pero nunca cansado de su compañía.

Pero Merlin era su sirviente, y su verdadero amigo (solía admitirlo sólo a regañadientes, pero se convirtió en una innegable verdad entre ellos con el paso de los años, no tenía sentido negarlo más tiempo), y Arthur siempre había sido muy meticuloso separando sus sentimientos por Merlin con los que sentía por Gwen. Era el rey de Camelot –si él no tenía autocontrol, entonces no tenía nada.

Pero después del ritual, todo eso se había ido al infierno. En los meses que habían pasado desde aquella noche, el deseo de Arthur por Merlin se había convertido no sólo en innegable sino completamente incontenible; los sentimientos que sólo solían surgir espontáneamente cuando bajaba la guardia, cuando Merlin se escurría a través de sus defensas con palabras de amor y devoción o cuando alguno de ellos se encontraba al borde de la muerte, eran de repente una presencia constante en su mente. Y estaban lentamente desgastando su autocontrol y volviéndolo loco.

Arthur sabía que de alguna forma eso estaba conectado al ritual y al niño, pero no entendía cómo. Estaba muy seguro de que Merlin le habría contado sobre cualquier… desafortunado efecto secundario de la magia que habían desempeñado, y Merlin parecía tan seguro, y tan poderoso. Y el pensamiento de que Merlin le hubiera hecho esto a él –a ambos –intencionadamente, era tan ridículo que no lo contempló ni por un segundo. No sólo porque Merlin estaba tan descolocado por esto como el mismo Arthur, sino porque Merlin era simplemente, incapaz de tal engaño. Arthur nunca habría confiado en él o permitido la entrada de la magia de vuelta en Camelot por él, si hubiese tenido la más mínima duda de ello.

Estaba desesperado por hablar con alguien sobre ello, pero si no podía ser con Merlin, entonces ¿quién?¿Gaius? era una posibilidad –pero Merlin le había dejado muy claro que el médico estaba menos que contento con lo que habían hecho, y Arthur no quería alterar aún más al doctor. Especialmente con algo como esto, lo cual ni estaba seguro de poder explicar aunque tuviera la oportunidad.

Y preguntarle a Gwen estaba fuera de cuestión. Estaba casi seguro con certeza que ella no había experimentado ninguna de esas cosas hacia Merlin, incluso aunque ella hubiese remarcado que el bebé parecía desarrollarse en su presencia, lo que fuera que eso significase… y a parte de la euforia del embarazo, Gwen no parecía sentirse diferente con Arthur tampoco.

Para Gwen, todo era sobre el bebé que crecía en su interior (y realmente, pensó Arthur, podría envidiarla escasamente por ello), y mientras ella estaba más que dispuesta a compartir su júbilo con él, se sentía… extrañamente ausente en su mente, comparado con la constante presencia de Merlin y el bebé. Era un perturbador sentimiento por el cual a Arthur no le gustaba mortificarse.

Después de que terminara el encuentro del consejo, Arthur hizo su camino fuera de la cámara, y no se sorprendió de sentir la presencia de Merlin tras él, y automáticamente bajó el ritmo para permitirle llegar hasta él. Los dos caminaron en silencio por las escaleras, y Arthur ni siquiera estaba seguro de hacia dónde estaban yendo hasta que llegaron allí: los aposentos de Arthur, las cuales él mantenía para estar solo, las cuales estaban ahora adjuntas a la cámara del mago de la corte.

Una vez entraron en la habitación y cerraron la puerta, Arthur soltó un suspiro de alivio, hundiéndose en una silla y mirando a Merlin, que lo miraba con una expresión similar de alivio en su cara y le ofrecía una pequeña sonrisa.

Esos momentos a solas con Merlin era lo único que le ofrecía a Arthur algo de paz esos días. Por supuesto, sabía que ambos sentían la constante necesidad de estar con el niño también, pero cada vez que Arthur estaba con Gwen y Merlin tenía la misma sensación de estar partiéndose en dos otra vez. Y cada vez que estaba sólo con Gwen y el bebé, la sensación de sentirse incompleto le hacía sentir diez veces peor que cualquiera de las otras sensaciones, así que después de todo, estar con Merlin era el menor de los tres males.

¿A quién quería engañar? Estar con Merlin no se sentía de ninguna manera mal. Suspiró –y no se dio cuenta que estaba mostrando todas sus emociones de aflicción hasta que se encontró con los ojos preocupados de Merlin.

"¿Estás sintiendo…" Merlin se detuvo a mitad de frase, y Arthur descubrió que realmente quería escuchar el final de la frase. "¿Te sientes bien?" preguntó después de un momento, aunque Arthur estaba seguro de que eso no era lo que iba a preguntar.

"Podría preguntarte lo mismo," dijo elevando una ceja, casi como un reto silencioso –aunque de qué exactamente, no estaba seguro.

Merlin formó una fina línea con sus labios, haciendo una obvia seña de lo poco que quería hablar sobre esto. Por alguna razón, Arthur se vio provocado por la vacilación de Merlin.

"De verdad Merlin," dijo, "Debes admitir que las cosas han sido… diferente desde aquella noche." Lo había pensado como una declaración desafiante, con un tono distante y de broma, de verdad, lo había hecho. Pero había sonado más crudo que eso, y Arthur se encogió ante el sonido de su propia voz, casi rogando por reconocer en Merlin el mismo sentimiento.

Merlin sólo lo miró en silencio durante mucho tiempo lo que hizo sentir a Arthur aún más avergonzado y se encontró enrojeciendo suavemente bajo la inquebrantable mirada de Merlin.

Sólo cuando el silencio empezaba a hacerse insoportable, cuando el tirón de los ojos de Merlin se sentía demasiado pesado y Arthur empezaba a sentir que el hierro del asunto lentamente, cuidadosamente, tentativamente iba a ceder camino, Merlin rompió el contacto, sus propias mejillas un poco sonrosadas, y Arthur encontró su mirada dejarse caer al cuello de Merlin antes de mirar a otro lado abruptamente.

"Quizás," dijo Merlin entonces, en voz baja, sonando curiosamente ronco. "quizás es un poco… extraño. Esto."

Arthur no tenía que preguntar a qué se refería Merlin. Él aún estaba mirando a algún punto a la izquierda de la oreja de Merlin pero podía ver a los ojos del otro hombre volviendo rápidamente a su cara, podía sentir la profunda necesidad serpenteando dentro de él y no estaba seguro de si era la suya propia o la de Merlin.

Arthur no se dio cuenta que estaba de pie hasta que escuchó el repiqueteo de la silla al volcar, la madera retumbando en la piedra. Se movió hacia atrás, mirando a Merlin como si fuera una soldado enemigo intentando encontrar el punto débil en la armadura de Arthur, Y Arthur supo que necesitaba encontrarse más elevado del suelo o el estaría… estaría…

Merlin estaba completamente sentado a la mesa mirando a Arthur sin parpadear. Sus manos blancas allí donde se aferraban a la superficie de la mesa, pero no había nada más que sugiriera que Merlin estaba sintiendo el mismo impulso desesperado que Arthur. Excepto porque Arthur sabía que lo sentía, podía sentir el deseo de Merlin también, como hilos dorados girando alrededor de los suyos rojos; Arthur casi podía ver los hilos uniéndolos, y se preguntó si eso era lo que ellos llamaban magia.

Y fue entonces cuando Merlin se lamió los labios. Sólo una vez, pero fue suficiente.

Arthur no podía retroceder más. Sus pies le fueron llevando a través de la habitación como si fuera una mariposilla atraída impotente hacia una llama, hacia Merlin, y vio los ojos de Merlin abrirse mientras se aproximaba. Merlin se levantó inseguro, mirando en torno a ellos mientras Arthur estaba a medio camino y se desmoronó un poco.

Arthur cogió las caderas de Merlin tan pronto lo alcanzó, haciendo que su mano aterrizara en el pecho de Arthur –no sabiendo si para empujarlo o atraerlo (y dudaba que Merlin lo supiera tampoco) –y Arthur atrajo al otro hombre hacia sí, llevando su otra mano en un puño dentro del sedoso y oscuro pelo, y sintió el jadeo de Merlin contra su cara; su respiración tan desigual como la de Arthur.

Arthur se permitió perderse en los ojos de su antiguo sirviente, y lo que vio allí le robo el aliento. Merlin lo miró de vuelta, casi como si le retara a que lo atrajera hacia sí–sería tan sencillo, pensó Arthur, sólo alcanzarle y tomarlo. Dejo sus ojos deambular bajo sus sonrojados y hermosos pómulos, sus labios a una pulgada de los suyos…

Un seco toque en la puerta los sorprendió, y saltaron alejándose como si quemaran.

"¡Adelante!" convocó Arthur con retraso, su propia voz sonando ronca y extraña a sus propios oídos. Un segundo más tarde, una sirvienta introdujo su cabeza, y Arthur sintió algo de pena cortarle el estómago cuando ella miró a los dos hombres con un toque de confusión, claramente notando como seguian arremolinados en el espacio personal del otro.

Miró a Merlin, quien tenía la cara roja y miraba a todos lados menos a Arthur. Perfecto, pensó Arthur. Lo que fuera esto, era insano, y tenía que acabar en ese instante. Debía ser olvidado. Ambos se preocupaban mucho por Gwen… su esposa, se forzó a recordarse. Esto era una locura.

······GUINEVERE······

Dichosamente desconocedora de la angustia desgarradora que Arthur y Merlin sentían desde el ritual, Gwen amaba cada momento de estar embarazada.

Hoy, había pasado la tarde paseando por los jardines con su doncella, Leah, tratando de alejar su mente de las náuseas que había tenido desde la reunión en la mesa redonda.

Esperaba que el aire fresco le hiciera sentir mejor, pero realmente, pronto se tuvo que sentar en un banco, agarrando su barriga mientras su comida amenazaba con reaparecer.

"¿Debería llamar a Gaius, milady?" Leah preguntó preocupada pero Gwen sacudió la cabeza, con una mano contra su boca.

Sólo cuatro meses de embarazo, Gwen era muy consciente de que estaba más en sintonía con la personita que crecía en su interior que lo que había experimentado con nadie antes. La verdad, Gaius le había dicho, normalmente el feto empezaba a formar conciencia alrededor de este tiempo.

Pero Gwen lo había sentido desde el momento que esa nueva vida entró en su cuerpo y tuvo la corazonada que el niño que pronto tendría en sus brazos había sido creado. No era tanto una conexión consciente sino más bien un conocimiento constante, una luz pulsante cerniéndose fuera de su vista.

Pero justo ahora, sólo se sentía enferma. El bebé claramente no apreció la comida que le sirvieron hoy, pensó Gwen, y debía estar mostrando ahora su infelicidad.

Entonces salido de ninguna parte, Gwen sintió el ahora familiar deseo de ver a Arthur y Merlin anegándola, y haciéndola suspirar. No era que ella no tuviera siempre el deseo de ver a su marido, y la compañía de Merlin siempre era bienvenida, pero estos sentimientos no venían de ella, y lo sabía.

Frotó su estómago cariñosamente, contenta de que al menos las náuseas hubieran sosegado. "Lo tomaré como que quieres buscar a tu padre entonces," sonrió, quitando la mano de su doncella de su brazo y levantándose. Como de costumbre sobraba decirlo, pero ella temía esa voz que le susurraba una parte de ella y hacía a su sonrisa tambalearse.

Guinevere no era una persona celosa por naturaleza, y difícilmente podía lamentar la necesidad de su niño de estar cerca de las otras dos personas que habían estado presente en su poca ortodoxa concepción. Pero tampoco podía evitar una vaga nota de molestia cuando el bebé parecía anhelar siempre la presencia de Arthur o Merlin, y sólo parecía completamente aliviado si uno de los dos estaba cerca. Asumió que era un efecto secundario del hechizo, pero ya se imaginaba el niño o a la niña siempre detrás de los dos hombres en cuanto fuera lo suficientemente grande para caminar…

Gwen podía decir sin ninguna duda que nunca había amado y nunca amaría nada tanto como a este niño que llevaba en su interior. Estaría encantada de pasar cada momento del día con Merlin y Arthur si eso era lo que hacía feliz a su bebé. Pero no podía evitar la agobiante preocupación de que una vez que estuviera fuera de su barriga, no la necesitara más.

······MERLIN······

Después de aquel día en los aposentos de Arthur, Merlin se mantuvo ocupado en el trabajo.

Afortunadamente, había mucho que hacer, y Merlin estaba excitado por todo eso. Una vez que la noticia sobre el cambio de la estancia de la brujería en Camelot se extendiera, lejanos reinos habían empezado a enviar a Arthur (y por asociación a Merlin) muestras de su apreciación ante no tener que temer nuevamente su ira, y muy a menudo esas muestras solían ser libros de magia o reportes de la vieja religión, o incluso artefactos mágicos (muchos de los cuales Merlin había manejado tratando de hacerlos funcionar o adivinar que eran, consiguiendo en su lugar dañarse a si mismo y a sus aposentos).

Merlin pasó muchos días estudiando a fondo tomos, empapándose sobre el conocimiento de los druidas y la vieja religión, y aprendiendo nuevos hechizos. De vez en cuando, Arthur se le unía, casi tan curioso por la práctica de la magia como el propio Merlin.

O mejor sería decir que Arthur solía unírsele. Desde el incidente, como Merlin se refería mentalmente a ello, Arthur no había puesto un pie en los aposentos de Merlin –enviaba sirvientes para convocarlo cuando su presencia era necesaria en el gran salón, o en la habitación del matrimonio.

Gwen, por supuesto, no tenía ni idea de lo que había pasado –o lo que casi había pasado –entre su marido y su mago de la corte. Merlin no tenía dudas de que, de no ser por esa sirvienta, él y Arthur no habrían sido capaces de controlarse. Y una parte de él odiaba a esa sirvienta por la interrupción, pero también sabía que no podría perdonarse por traicionar a Gwen de esa forma –y peor, Arthur no sería capaz de perdonarse a sí mismo ni a Merlin, tampoco.

Merlin sabía cuánto valoraba Arthur su honor. Y sabía cuánto debía estar matándolo esto. No sólo porque sabía que el rey era mejor que él, sino porque lo sentía.

Oh sí, la conexión entre Merlin y Arthur que se había formado la noche del ritual aún existía entre ellos, más fuerte que nunca. Más de una vez, Merlin se había despertado empapado en sudor, dolorosamente duro por los sueños de él y Arthur enroscados ardientes al borde la inconsciencia –y pensaba que los sueños no eran siempre suyos.

Eso hacía aún más difícil tener que ver a Arthur casi cada día, teniendo que mantener su dolor y pretendiendo normalidad, sabiendo que el anhelo de Arthur era aun más fuerte que el de Merlin.

Pensaba que debía terminarlo. Arthur no lo quería realmente, había decidido Merlin: por supuesto que él no podía hacerlo. Tenía a Gwen, un bebé en camino, y lo que sea que fuera lo que había entre ellos, Merlin estaba convencido que el hechizo le había hecho a Arthur sentir así. Era definitivamente lo que causo esa unión física entre ellos, era lo más acertado, ¿quizás en el proceso de creación, Merlin inconscientemente había abierto en la mente de Arthur la parte de Merlin que había estado reprimiendo esos sentimientos por tantos años? ¿Quizás Arthur estaba simplemente sintiendo todo lo que Merlin quería y ansiaba en sí mismo?

Era una teoría en proceso, tenía que admitir, pero era todo lo que tenía. Y mantenerla era lo único que mantenía la cabeza de Merlin lejos de hacer algo estúpido como romper la fina barrera de madera que separaba sus cámaras, y empujar a Arthur contra una pared, con sus manos en su ancho y fuerte pecho como si él –oh.

Pero no. No. Era el hechizo. Tenía que ser el hechizo.

Así que los meses pasaron, con el es el hechizo, es el hechizo siendo el mantra diario en la cabeza de Merlin (y esperaba que en la de Arthur, por asociación). En las noches, Merlin caminaba fielmente a los aposentos de Gwen, para pasar unas miserables pero increíbles horas en la compañía de una feliz y brillante Gwen y un silencioso y pensativo Arthur, quien raramente le miraba o le hablaba directamente.

Merlin esperaba y temía esos preciosos momentos de cercanía. Incluso bajo las circunstancias, no podía negarse a sí mismo que el tiempo que pasaba en esa habitación, con Arthur y el bebé, era el único momento del día en que Merlin se sentía relamente en paz.

······GUINEVERE······

(9 meses de embarazo)

Cuando Guinevere entró en el último mes de su embarazo, el castillo empezó a prepararse para la inminente llegada de su pequeño príncipe o princesa.

Los sirvientes estaban apurados por todo el lugar, limpiando y sacudiendo y cocinando, y haciendo todo las cosas que Gwen sabía haría por sí misma si no fuera, más allá de toda razón o lógica, la reina de Camelot.

Ahora, ellos lo hacían todo por ella. Y Arthur. Y su bebé, el futuro heredero al trono.

Gwen había visto la excitación en los ojos de la gente ante la perspectiva del niño (el cual muchos habían empezado a creer que nunca llegaría, antes de que su embarazo fuera anunciado),y ella sabía que mientras ella lo único que deseaba era un feliz y saludable niño al que cuidar, para la gente de Camelot esto significaba mucho más.

Significaba la continuación de la línea Pendragon, y la renovada esperanza de que lo años de paz y prosperidad, como la que Arthur había traído al reino tras la caída de su padre, no terminarían con el paso de Arthur y Gwen.

Era también un consuelo que, incluso si ella y su marido encontraban una prematura muerte, mientras el niño estuviera seguro, el reino no caería en las garras de Morgana.

Este niño era una promesa, del rey a su gente. Y Gwen temía por el niño, por toda la presión que ya descansaba sobre sus hombros incluso antes de respirar el aire del mundo que debía prometer proteger.

Pero cada vez que miraba a Arthur, se recordaba que este niño no estaba solo. Tenía un padre que le quería y se preocupaba por él como su padre nunca hizo por él, y también tendría una madre, que sería un escudo frente a cualquier peligro y culpa y presión durante el máximo tiempo posible.

Y por supuesto, el niño tendría a Merlin. El puro, leal y encantador Merlin que Gwen sabía sin ninguna duda protegería a su hijo tan fieramente como siempre había protegido a su padre. Incluso si ella y Arthur se fueran demasiado pronto, el saber que Merlin siempre estaría allí para cuidar a su pequeño príncipe o princesa hacía a Gwen sentirse tranquila y calmada.

Un día, después de un romántico picnic con Arthur en el lugar en el que se besaron por primera vez, cuando él aún era príncipe y ella una simple criada, Gwen caminó a su recámara compartida solo para encontrar a Merlin esperándola y sonriéndole como un lunático.

Por un momento no sintió nada más que el feliz tambaleo en su estómago ya familiar de cuando se encontraban Merlin o Arthur cerca, pero entonces entró completamente en la habitación –y se quedó sin aliento.

Gwen miró alrededor de la irreconocible sala, observando los cambios que Merlin debía haber hecho obviamente con magia: la cámara, la cual era una amplia habitación con un área separada para el baño, había sido separada en dos secciones, dividida por un pequeño muro en medio del lugar. A la izquierda estaba su cama de cuatro postes contra la pared, como siempre, pero a la derecha…

La habitación era soleada, con un apetecible color amarillo (casi dorado con la luz de la luna menguante de la noche, notó), con un afelpado y profundo rojo en las cortinas y la alfombra. Había juguetes de todas las formas y colores; pelotas y bloques y afelpados animales alineados en estanterías. Tapices de colores de algo que Gwen nunca había visto (se preguntaba como Merlin podía haber pensado todos esos diseños, incluso aun usando su magia para formarlos) colgados en la pared, representando paisajes exuberantes, con gloriosos caballeros y la majestuosidad de animales salvajes.

La boca de Gwen se abrió cuando se dio cuenta de los pequeños movimientos no de los tapices, sino de los elementos de su interior; los caballeros iban dejando lentamente con sus blancos corceles el camino de los bosques en dirección a un castillo en la distancia, e incluso pudo ver una manada de ciervos asomando la cabeza por los arbustos para ver marchar a los caballeros. En otro tapiz, el sol estaba en el escenario, y los colores cambiaban de azules y amarillos a naranjas, rojos, lilas, y entonces a un precioso azul oscuro, con centelleantes estrellas que daban ahora un ligero tono plateado a la antes dorada habitación.

"Merlin," respiró, sintiendo su voz atrancada en su garganta, "Oh, Merlin. Es hermoso."

Si hubiese sido capaz de arrancar sus ojos de la magnífica cuna dorada que había notado finalmente, en medio de la habitación con un variedad de estrellas y planetas girando lentamente sobre ella (sin cuerdas a la vista, se fijo Gwen, sin sorprenderse realmente de ese detalle), su sonrisa debió flaquear ante la mirada de Merlin, que no la miraba a ella, sino que compartía una mirada a la vez llena de amor, tristeza y resignación con su marido –quien había entrado silenciosamente tras ella a admirar la maravillosa habitación que su hijo pronto habitaría.

Merlin se aclaró finalmente la garganta, y cuando Gwen le miró, la miraba directamente, mostrando nada más que felicidad por su reacción. "Así que, eh, te gusta entonces?" preguntó sonriendo tentativamente.

Gwen dejó escapar una risa sorprendida, sintiendo tal júbilo en su interior que amenazaba con desparramarse ( y quizás lo haría, si la humedad en sus ojos era un indicio de ello). "Claro que sí, bobo," dijo en su lugar, su voz sonando tan profunda que ella estaba segura que a Merlin no le importarían sus palabras. "Es perfecto."

Merlin abrió los brazos, abarcando toda la habitación. " y espero que te gusten los muros. Pensé que era apropiado…rojo y dorado, sabes," dijo, sus ojos dirigiéndose a Arthur por un momento –buscando su aprobación, pensó Gwen. "pensé en hacerlo azul o rosa, por supuesto, pero…" se encogió de hombros, dándole una pequeña sonrisa.

La sonrisa de Gwen fue un poco tirante; Merlin no quería decir nada con el comentario, por supuesto, y no podía saber que le avergonzaba no saber si su hijo sería un niño o una niña.

Sabía que no era ciencia –Gaius se lo había dicho, muchas veces, muchas pacientes compartían su preocupación con él –pero aun así, había oído muchas historias por mujeres de la corte que muchas madres simplemente sabían, de algún modo, el sexo que iba a tener su hijo.

Por supuesto, Gaius había razonado con ella, que la mayoría de esas mujeres no tenía ni idea hasta que sus hijos nacían, y entonces intentaban convencer a todo el mundo que ellas ya lo sabían. Y también le contó historias de mujeres que proclamaban en voz alta y orgullosamente a cualquiera que quisiera escuchar que iban a tener un hijo o una hija, incluso convenciendo a sus maridos a propósito para conseguir ropas y muñecas o espadas, sólo para descubrir después que estaban equivocadas cuando el niño decidía ser lo que no se esperaba.

Todo eso hizo sentir un poco mejor a Gwen. Pero todavía, se sentía decepcionada, de que ella aparentemente no era una de esas madres que sabía. Siempre había asumido que lo sería.

No había compartido esa preocupación con Merlin, ni con Arthur (quien le había dicho muchas veces que ver a su hijo seguro y feliz en el mundo era lo único que quería, y se sentiría eufórico de criar tanto a un hijo como a una hija con ella). Así que sólo dijo, "rojo y dorado es perfecto. Nuestro pequeño Pendragon."

Y una vez más se perdió la mirada de Merlin cuando se giró a mirar amorosamente a su esposo, quien puso una mano en su prominente vientre y le dio una suave y orgullosa sonrisa.

·····ARTHUR······

Habían pasado ocho meses. O, más de ocho meses. ¿Nueve? No estaba seguro ya.

Para Arthur, había sido como una vida.

Una vida de sentir la vida creciendo en la barriga de Gwen, al borde de la inconsciencia, sintiendo el arrebato de amor y protección siempre que estaba cerca. Y una vida de Merlin, siempre Merlin; justo ahí, sintiéndose siempre fuera de su alcance, y todo lo que Arthur quería hacer era atraerlo hacia sí, aspirarlo, sentirlo siempre a su alrededor, conectado físicamente a él de todas las formas, en cuerpo y en alma.

Arthur estaba perdiendo la cabeza.

Sabía que una parte de ello era por el hechizo. No estaba seguro como, pero claramente los había conectado. Sus mentes estaban unidas entre ellas mucho más que a la del bebé, y así como ellos eran atraídos hacia él, también lo eran entre sí.

Pero Arthur no era idiota. Sabía que la atracción que sentía hacia Merlin era muy muy diferente. Y el hechizo podría haber formado la conexión, pero Arthur no estaba sintiendo nada que no sintiera antes. Y después de todo este tiempo estaba seguro de que Merlin tampoco lo hacía.

Aun aquí donde estaban. No podían tocarse, porque ambos sabían que pasaría si lo hicieran –incluso estando en público. Aun dejaba sin respiración a Arthur recordar el momento en que meses atrás en el gran salón, la manga de Merlin –su manga, nada más –había rozado la de Arthur en la mesa redonda.

Arthur había agarrado su pluma tan firmemente que se había resquebrajado manchándolo un poco, y por la siguiente media hora él había intentado calmarse, y forzando al bulto de sus pantalones desaparecer antes de que tuviera que levantarse. El saber que el colorado mago se retorcía a su lado pensando lo mismo que él no hacía nada en lo absoluto para aliviar su deseo, y tendría que recurrir a medidas desesperadas (haciendo a Leon describir con horripilante detalle los desafortunados hallazgos de la patrulla al hacer una redada en un campo druida) en orden para sentir aunque fuera algo de alivio.

Sintió la ola de gratitud radiando de Merlin incluso a través de un deje de molestia por los métodos de Arthur de alejar sus mentes del problema que ambos compartían.

Arthur sabía que era sólo la tenacidad de ambos combinada la que los había mantenido apartados tanto tiempo. Aunque nunca lo discutieron, estaba muy seguro de que ambos esperaban que con el nacimiento del bebé ese insano anhelo desapareciera finalmente. Seguramente, ¿debería? Entonces podrían volver a…

Suspiró. Entonces podrían volver a como solían ser, antes de todo esto. Atrás, a cuando Arthur mantenía con un ceñido tapón todo lo que sentía por Merlin, disfrazando sus sentimientos detrás de una amistad y un desaliento por su desafortunado sirviente. Atrás, a cuando el escondía todo su amor y afecto por Merlin detrás de la devoción a la hermosa, sólida y fuerte mujer que hizo su reina.

Excepto porque no sería como eso de nuevo. Porque incluso sin la conexión atrayéndolos el uno al otro, Merlin seguiría siendo Merlin. Y ahora, Arthur sabía que Merlin se sentía igual sobre él, que probablemente lo había sentido por tanto tiempo como él.

Lo cual era mucho más desde el podría apartarte con un solo soplo y en adelante.

Pero por supuesto, su tiempo había pasado, si es que alguna vez lo habían tenido. Había habido una vez, que se sentía tan lejana ahora, que Arthur podría haber sido libre de elegir tal…opción. Cuando no tenía un reino ni una reina que poner delante de él, cuando elegir su felicidad incluso por un momento no supondría una burla de cada juramento que Arthur había hecho. Quizás entonces, él y Merlin podrían haber tenido… algo.

Pero espera. ¿Desde cuándo piensa en Merlin como su felicidad? En realidad, debería ser Gwen. Ya que ella se quedó con él. Porque él la hizo quedarse…

Por supuesto, podría deshacerse del problema. Podría enviar a Merlin lejos, a estudiar con los druidas. El propio Merlin se lo había sugerido una vez, a la ligera. Podía hacerlo. En este mismo instante.

Arthur resopló. Tiró su pluma a través de la habitación con destemplanza, dándose cuenta que no estaba en el estado de ánimo correcto para escribir a la reina Annis en ese momento.

Sí, claro. Como si él pudiera enviar a Merlin lejos. Con hechizo o sin él, Arthur nunca había sido capaz de estar lejos de Merlin durante mucho tiempo, siempre arrastrándolo con él a todos lados, incluso cuando no debería hacerlo, incluso cuando era más apropiado llevar a uno de sus caballeros en su lugar. Y las raras ocasiones en que Merlin había viajado fuera de Camelot por su cuenta, Arthur le había seguido (las veces que conocía los planes de Merlin). Incluso a Ealdor.

Ese fue probablemente el momento en el que se dio cuenta por primera vez que tenía sentimientos por Merlin mucho más allá de los que un dueño debía tener hacia su siervo. La verdad es que debería haberse dado cuenta de todo esto mucho antes. En algún momento alrededor del podría apartarte con menos que eso.

Arthur gruñó, dejando su cabeza golpear contra el respaldo de la silla. Tragó audiblemente mientras se sentía endurecer nuevamente. Eso pasaba demasiado a menudo estos días. Y se encontró con que no era capaz de ir con Gwen más –no que ella no quisiera, pero se encontraba lleno de culpa… al principio lo había atribuido al hecho de que probablemente imaginaría a alguien más mientras yaciera con ella, pero gradualmente se dio cuenta horrorizado que la culpa no la sentía por estar pensando en Merlin. Sino por estar con Gwen, cuando su corazón claramente pertenecía a alguien más.

Así que se había mantenido alejado.

Se encontró con su mano escurriéndose hacia abajo. Estaba en su cámara ahora, y por lo que sabía, Merlin estaría fuera todo el día –es por eso que se atrevió a venir aquí, buscando la soledad pero sin permitirse correr riesgos a menos que Merlin estuviera muy lejos de él.

Aun podía sentir a Merlin como si sólo estuviera alejado por unos metros, y era intoxicante.

El olor de Merlin estaba en todos lados en la habitación –otra razón por la que lo anhelaba.

Su mano agarró su medio dura erección y Arthur gimió, no importándole lo alto que lo hizo. No había nadie alrededor. Nadie lo sabría. Sólo por esta vez.

Se agarró holgadamente a través de sus pantalones, vacilante pese a su crecimiento, un desesperado sentimiento de lujuria y ansia amenazándole con hacerle venirse en ese mismo momento. ¿Sabes cómo caminar en tus rodillas?

Se imaginó que era la mano de Merlin la que le estaba tocando. Los ojos de Merlin oscureciéndose por el deseo, su oscuro cabello atrapando la luz mientras movía su rostro hacia la parte baja de Arthur, humedeciendo sus labios con su lengua…

Arthur no pudo reprimir el gemido de "Merlin" escapando de él, y se aferró así mismo con más fuerza, bombeando en serio y preguntándose vagamente si debería parar en sus desatados pantalones, o sólo-

"¿Arthur?"

El mudo y roto sonido de su nombre hizo a los ojos de Arthur abrirse y agrandarse al máximo. Ahí, parado en el marco de la puerta que unía sus habitaciones, estaba Merlin.

Arthur jadeó y su mano se paró inmediatamente. Pero Merlin había visto claramente lo que estaba haciendo. Merlin, que lo miraba ahora con tanta intensidad y lujuria, que Arthur no pudo reprimir un gemido.

"Merlin," Arthur exhaló nuevamente.

Por un momento Merlin no se movió y Arthur estaba aterrorizado de lo que esto era, lo había hecho muy mal, y Merlin se marcharía disgustado.

Pero no lo hizo. En su lugar, Arthur sintió su respiración aumentar mientras Merlin daba tres rápidos pasos a través de la sala y se paraba enfrente de él, mirando abajo, a los caídos ojos de Arthur.

Merlin estiró su mano hacia él –que quería alcanzar realmente, Arthur no estaba seguro. Pero se detuvo. Arthur vio, aunque la abultada excitación nublaba su mente, el esfuerzo en la cara de Merlin. La indesición.

Podía alcanzarlo. Justo ahora, Arthur podría alcanzarlo y tomarlo.

Pero Merlin no se movió realmente. Sólo miraba a Arthur desde arriba, su propia respiración irregular, sus ojos oscurecidos tal y como Arthur los había imaginado.

Arthur se levantó de su silla, un poco inestable, y dio unos pequeños pasos hacia Merlin. La respiración de Merlin aumentó, sus ojos oscuros como piscinas de tinta, y Arthur se ahogaba en ellos.

"No podemos," exhaló Merlin en el diminuto espacio entre ellos mientras Arthur asentía a medias al acariciar su brazo.

"Lo sé," susurró. Su mano libre llegó como un fantasma a la mejilla de Merlin, y Merlin se estremeció ante el contacto, sus ojos cerrados agitándose.

"Arthur, nosotros realmente no deberíamos-"

Pero entonces la boca de Arthur estaba sobre la de Merlin y el resto de las palabras se perdieron en el desesperado gruñido de alguno (Arthur no estaba seguro de ser capaz de decir de quien) que irrumpió en el espacio compartido.

La boca de Merlin se abrió inmediatamente, permitiendo a la lengua de Arthur acceder al encuentro de la suya, y fue como respirar por primera vez después de haber estado bajo el agua demasiado tiempo. Sintió la lengua de Merlin humedecer su labio inferior y lo atrajo más hacia sí, y su propia lengua se enfrentó a la de Merlin en un duelo apasionado y desesperado.

El brazo libre de Merlin abrazó a Arthur y se acercó incluso más; Arthur sentía cada parte de sus cuerpos conectar y sintió su propia excitación rozar la de Merlin. Veía esas hebras rojas y doradas nuevamente, tejiéndose a su alrededor y detrás de sus párpados cerrados, ajustando, empujando a ambos hombres imposiblemente cerca, y Arthur no podía creer lo vivo que se sentía, lo poderoso-

"No, Arthur, para," exhaló Merlin, su boca dejando la de Arthur y empujándolo de repente. Arthur se sintió confuso por un momento, parpadeando lentamente, la reluciente boca de Merlin capturando sus ojos, y no entendía por qué le estaba alejando… "Arthur," soltó Merlin, y sonó como una súplica. "Arthur, mírame."

Los ojos de Arthur se encontraron con los de Merlin, y aunque veía pasión ahí, un impactante deseo que él sabía que iba directamente y solo para él, y alguna parte de su cerebro iba entonando por fin, por fin, por fin, algo más lo hizo volverse sobrio infinitamente, enfocando su mente lo suficiente a la realidad de lo que estaba pasando.

Dejó ir la mano de Merlin mientras enrojecía, y daba un paso atrás. "Merlin," exhaló. "Oh dios, ¿Qué estamos haciendo?" se sentó Arthur pesadamente, contra el borde de la mesa sintiendo el familiar pánico y la culpa volviendo. Y alzó una mano para cubrir su boca con horror ante todo lo que implicaba lo que Merlin y él acababan de hacer, golpeándole.

"Arthur, algo…algo nos ha pasado, lo sé. Esto no… no somos nosotros," Merlin estaba diciendo, pero Arthur sacudió su cabeza. Ambos sabían que mentía.

Si, algo habia cambiado entre ellos. Algo los atraía hacia el otro. Pero fuera lo que fuera, no venia de ningun lado. Se habia estado formando entre ellos desde hacia mucho tiempo, quizás desde el principio de la creación en si misma.

"Por favor, sólo," suspiró quebradamente Arthur. "Vete."

Y después de un momento de conflicto silencioso, Merlin lo hizo.

······MERLIN······

"Mierda," exhaló Merlin después de dar un portazo a la puerta de su propia cámara, "¡joder, joder, joder!"

No podía creerlo. Después de todo este tiempo, siendo cauteloso, deliberadamente ignorando sus propios sentimientos, deseos…y ahora, ahora…Merlin aún podía sentir los labios de Arthur en los suyos, podía sentir la fuerza del rey, sus firmes manos atrayéndole, sus cuerpos ardiendo allí donde se tocaban, y oh… Merlin gimoteó cuando sintió sus rodillas ceder, y se deslizó hacia el suelo contra la puerta, sentándose con un golpe; gastó toda su energía al huir de Arthur en aquel momento, y dejar la habitación.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué significaba todo esto? Ellos podrían-

"Oh dios," se quejó. Gwen. El bebé. El reino.

Merlin se alejó de la puerta, resuelto, con un plan formándose en su cabeza.

Se marcharía. Debía hacerlo. Arthur y él habían hablado vagamente hacía un tiempo de que Merlin podría visitar a los druidas bajo un estandarte Pendragon, contactando como Emrys, el consejero más confiable del rey Arthur (Merlin se había burlado de Arthur despiadadamente por ese imprevisto y fácil cumplido, y Arthur había rodado los ojos e intentado retractarse –pero los cumplidos como ese habían estado flotando entre ellos libremente desde hacía mucho tiempo). Pero ninguno había detallado el momento en el futuro en que Merlin tendría que dejar a Arthur y Camelot detrás.

Pero ahora, por supuesto, tenía que ser ahora, pensó incontroladamente, medio ausente empezó a hacer volar sus ropas desde los cajones y dejándole caer al azar dentro de una bolsa que se había abierto por sí sola.

Arthur tendría a Gwen y al bebé para ocupar su mente, no necesitaba a Merlin ahí distrayéndolo; quizás el tiempo separados le ayudaría a olvidar todo esto. Y cuando Merlin volviera, todo sería…sería…

Debía de estar haciendo bastante ruido –o quizás Arthur no necesitaba oírlo para saber lo que Merlin estaba haciendo al otro lado de la puerta –porque la puerta que separaba las cámaras de Merlin y el rey se abrió nuevamente para revelar a Arthur. Parecía agotado y desconcertado mientras miraba la danza de la ropa de Merlin, y entonces se giró al culpable brujo.

"Ya puedes ir olvidándolo, Merlin," dijo, sonando cansado. "No te irás."

"Pero Arthur-" empezó Merlin, pero fue silenciado por una mirada.

"No. Te necesito aquí." En el pasado, ellos podrían haberse reído de tal declaración, pero había cambiado demasiado entre ellos para que Arthur se molestara en intentar negar las inmensas capas de verdad en esa declaración ahora. "Te necesito a mi lado y enseñándole a mis hombres que la magia no es malvada." Dijo, y allí había un feroz, determinado brillo en sus ojos que Merlin intento duramente que no le afectara. "Te necesito para guardarme las espaldas de las incontables amenazas mágicas que aún están sobre mí, por aquellos que no saben todavía de mi cambio de actitud. Necesito tu consejo. Necesito tu apoyo. Necesito…" y sólo entonces la voz de Arthur decayó un poco, "el reino te necesita. Guinevere te necesita. El niño… al menos hasta su nacimiento, tú sabes que te necesita, lo sientes tan fuertemente como yo lo hago."

Merlin tragó y asintió, tratando de mantenerse firme, ser fuerte para su rey. Sabía que había más, y sabía que Arthur necesitaba decirlo aunque ellos ya sintieran el peso de la decisión.

"Guinevere nunca debe saber esto. Y nunca puede volver a pasar."

Sólo cuando Arthur se giró sobre sus talones y la tormenta dejo la habitación Merlin permitió a su cuerpo hundirse en una silla, vencido y arrepentido, y la angustia amenazando con tragárselo. Y aunque Arthur lo escondiera mejor, Merlin podía sentir que Arthur se sentía igual, y que estaba ahogado por la injusticia de todo esto.

Perdido en un momento de desesperación, Merlin se encontró más cerca que nunca deseando que para empezar ellos nunca hubieran realizado ese ritual. Pero por supuesto que no podía; el amor y la confianza y la complejidad de lo que él sentía por esa pequeña vida, la fuerza que sentía incluso al otro lado del castillo era lo que lo mantenía firme ahora mismo; la razón por la que dudaba que hubiese sido capaz de dejar Camelot aunque Arthur se lo hubiera permitido; y Merlin resolvió que aunque pasar el resto de su vida entre nada más que la miseria y la sepultura del anhelo por Arthur le preocupaba, Merlin amaría –ya amaba –a ese niño como si fuera suyo.

Y mientras pensaba en el niño, de repente un afilado sentimiento surgió en sus entrañas haciendo su respiración se atorase en su garganta, y al otro lado de la puerta oyó el sonido de algo destrozándose contra el suelo de piedra.

Atravesando el castillo, Gwen sintió un arrebato en su vientre. "Oh," exhaló.

Era la hora.

····················

Merlin y Arthur no dijeron ninguna palabra mientras corrían a través del castillo. Llegaron a la habitación de Gwen cuando Leah se apresuraba fuera, casi colisionando con el par en el marco de la puerta.

"¡Su Alteza!" exclamó Leah en sorpresa, sus ojos muy abiertos mirando entre Arthur y Merlin. "Mis Lores, justo iba a enviar a alguien a buscaros."

"Sólo trae a Gaius," dijo simplemente Arthur, sobrepasándola rápidamente para introducirse en la habitación con Merlin casi pisándole los talones. Encontraron a Gwen jadeando en la cama, sus faldas sobre su cintura y agarrando las sábanas, una mezcla de regocijo y dolor en su cara.

"¡Arthur!" exhaló, encontrando los ojos de su marido. "Arthur, ¡el bebé está llegando!"

Arthur corrió hacia ella, una amplia y estática sonrisa en su cara. "No lo puedo creer," murmuró, agarrando su mano suavemente y dándole un beso en la frente; Gwen se inclinó a él agradecida, visiblemente más relajada con su presencia.

Merlin rondó unos pasos alejado de la cama, mirando hacia cualquier lado excepto a las expuestas piernas de Gwen y sintiéndose como un intruso, incluso cuando su interior le gritaba que necesitaba estar más cerca. El niño estaba viniendo.

"Oh, Merlin," le llamó Gwen, y él vacilante alzó la cabeza para ver sus febriles ojos. "Vendrás hasta aquí, ¿verdad?"

Y no pudo evitar que una sonrisa de alivio irrumpiera en su cara mientras andaba los pocos pasos que lo separaban de la cama, arrodillándose al otro lado de Gwen, tomando su mano libre. Y ella los miró por turnos, tan llena de amor y cariño que le rompió un poco el corazón, mientras el martilleo en sus oídos se sentía como un latido.

"No lo puedo creer" decía Gwen, "realmente está llegando. No lo puedo creer. Lo hicimos. Hicimos esto."

Y los ojos de Merlin se dirigieron rápidamente a encontrarse con los de Arthur antes de volver a centrarse en Gwen, preguntándose durante un desconcertante minuto sobre quien estaba hablando.

Escuchó los rápidos pasos aproximándose y Gaius entró en la sala, acompañado por Leah y un excitado pero visiblemente incómodo Sir Leon. Gaius se sacudió la ayuda de los brazos impacientemente, aunque Merlin notó su trabajosa respiración; a veces le golpeaba un pinchazo de preocupación al ver lo viejo que Gaius era realmente.

Leon silenciosamente se deslizó fuera de la cámara, intercambiando una rápida y significativa mirada con Leah de la que Merlin pensó fugazmente que luego le preguntaría, pero se fue mientras Gaius se dirigía hacia ellos, los ojos llenos de preocupación aun cuando intentaba aparentar estar calmado y tranquilizador por Gwen.

"Gaius," Arthur lo llamó formalmente, levantándose y permitiendo a Gaius acuclillarse donde él estaba, cogiendo el brazo de Gwen para sentir su pulso, moviéndose para sentir su corazón, su cuello…

Merlin miraba atentamente a Gaius. No miró a Arthur, aun cuando sintió los ojos de Arthur en él de nuevo. Si tan sólo su conexión incluyera la telepatía, se encontró pensando Merlin, entonces le podría decir a Arthur que ¡mira a tu maldita esposa, imbécil, que está pariendo a tu hijo!

Esperaba que su mandíbula cerrada apretando los labios mientras miraba a algún punto de la cabeza de Gaius expresara el mismo mensaje.

Si el suspiro frustrado de Arthur era algo, lo había captado.

"Gaius, ¿cómo está? ¿Cómo está el niño?" preguntó Arthur ahora, su atención de vuelta a la tarea en manos, y Merlin notó que su tono era muy similar al que usaba cuando preguntaba a sus caballeros y asesores por consejos tácticos en la batalla.

"Sus vitales son buenas, Sire," replicó Arthur, sin quitar los ojos de Gwen –quien proyectó a Arthur una tranquilizadora y algo torcida sonrisa. "Ahora, Milady, si no le importa…" se fue apagando explícitamente, y Gwen frunció el cejo con un breve desconcierto, para entonces sonrojarse débilmente.

"No, no, por supuesto. Tú eres el médico," sonrió con gracia, y Gaius asintió bruscamente antes de alejarse de su lado y ponerse a los pies de la cama, y Gwen obedientemente alcanzó a poner su falda más arriba.

Arthur recuperó su sitio al lado de Gwen y ella le sonrió, sus ojos ligeramente humedecidos, y el torció la cabeza para posar sus labios en sus nudillos.

Merlin quería mirar lejos de ese tierno momento, pero no quería mirar realmente a lo que Gaius estaba haciendo, así que simplemente cerró los ojos por un momento, respirando por la nariz y tratando de calmar sus embravecidas emociones.

Podía sentir al bebé viniendo. Tan fuerte como Gwen podía –aunque, por supuesto, pensó culpablemente, si ninguno de los dolores que ella estaba sintiendo. Pero nada más, así era, cada fibra de su ser estaba zumbando con el conocimiento de que ese era el momento en el que su hijo vendría al mundo.

Los ojos de Merlin se abrieron de repente y jadeó, incapaz de creer lo que había pasado por su mente.

Si, era cierto que él había sido muy cercano al niño desde su concepción. Era seguro que sentía amor y protección por la vida que había ayudado a crear con Gwen y Arthur. Sentía que el niño era una parte de él… pero ¿permitirse a si mismo pensar, aunque solo fuera por un segundo, que ese niño era suyo? Por mucho que se sintiera conectado a él, esos pensamientos no tenían lugar.

La sintió de nuevo, cuando sus ojos fueron hacia Arthur y Gwen, todavía absortos entre ellos, esa horrible sensación de ser un intruso. No podía ser parte de este privado y mágico momento entre una madre y un padre, no debería. No estaba bien.

Merlin se levantó, deslizando la mano de Gwen fuera de su agarre. Tenía que salir de ahí.

Los ojos de Gwen volaron hacia él en confusión y alarma. Odiaba asustarla de esa manera. "¿Merlin?" preguntó firmemente.

Le sonrió de una manera esperaba que fuera tranquilizadora. "Lo siento, Gwen, pero no puedo- esto no es- yo no pertenezco aquí."

Huyó de la habitación tan rápido que se perdió la confusa mirada de Gwen y su balbuceada réplica.

"Pero lo haces, creo."

······ARTHUR······

Arthur sabía que Merlin no se había ido muy lejos. Al principio podía sentir su presencia, justo fuera de la habitación. Entonces Merlin se alejó, pero no tardó mucho en volver. Parecía como si fuera incapaz de estar lejos, pero aun estuviera renuente a venir más cerca.

Si Arthur cerraba los ojos, casi podía ver a Merlin paseando arriba y abajo del pasillo, podía ver la preocupación y la aprehensión en su rostro. Podía sentir el fantasma de la mano de Merlin en la suya, tan real como sentía la de Gwen ahora.

Habían estado en la habitación horas. Él, Gwen, Gaius y Leah, quien cuando el apuro del principio habia pasado, habia ido rápidamente a una esquina para asistir estoicamente a Gaius, haciendo todo lo que le pedía con eficiencia y rapidez sin hacer preguntas.

Arthur sintió un fuerte arrebato de afecto por Leah en ese momento. Ella era tan buena doncella como lo había sido Gwen una vez, y ellos eran afortunados de haberla encontrado.

Él continuaba dándole toquecitos a Gwen en la frente con el paño húmedo que Leah le había dado antes, balbuceando palabras tranquilizantes a su esposa, y besándola en la mano y en la frente mientras le acariciaba el pelo. Básicamente, pensó Arthur, siendo un completo inútil y sintiéndose mas que un poco incómodo sentado ahí sin hacer nada, pero aun así se quedó. Por supuesto que se quedó. Gwen estaba teniendo a su hijo.

Pero nunca había querido tanto tener a Merlin a su lado como en ese momento. Y él debería estar aquí, pensó tercamente Arthur. Lo que fuera que pasara entre ellos, lo que fuera que estaban sintiendo, no era importante ahora, no comparado con esto, con el nacimiento de su-

No, espera. Con el nacimiento del hijo de Guinevere y mio, pensó Arthur enfáticamente, sacudiendo su cabeza. debía sentirse muy cansado.

Gwen se estaba cansando mucho también. Ella estaba gimiendo, y él estuvo muy seguro que ya no notaba su presencia allí más. Eso no importaba. Se quedaría.

Entonces Gaius le ordenó que empujara. Y ella gritó. Y Arthur sintió la presencia de Merlin empujando contra la puerta, como si empujara desde dentro con magia, mientras sentía la presencia del bebé saliendo al mundo.

Y mientras Gwen empujó de nuevo, Gaius exclamó que veía la cabeza. Leah jadeó como ella al ver la cabeza, y echó lágrimas de alivio, y Gwen empujó otra vez, y la boca de Leah se abrió ligeramente, y Gwen estaba gritando de nuevo y entonces Leah se puso a su otro lado, colocándole el pelo y silenciándola, y todas esas cosas que Arthur notó se había olvidado por completo de hacer por su propio pánico y shock, y el hecho de que el bebé estaba naciendo ahora mismo.

Y entonces Gwen empujó una última vez, y se desplomó con un suspiro, y el sonido del llanto de un bebé inundó la habitación.

La puerta se abrió violentamente por arte de magia y Merlin finalmente apareció como una tormenta, y Arthur sintió que algo se le rompía dentro al completarle con un finalmente, estamos juntos, y casi podría haberse desmayado por el sentimiento de total felicidad que lo invadió; por eso que ellos habían construido por tanto tiempo, y ahora finalmente el mundo se sentía correcto.

Los ojos de Merlin y Arthur se encontraron a través de la sala y era un momento tan puro y glorioso que por una vez a Arthur no le importó que todo su amor por ese hombre se viera claramente brillando como el día en su cara.

Pero entonces Gaius aclaró su garganta y los ojos de Arthur se alejaron de los de Merlin y cayeron sobre el anciano médico, quien mantenía el bebé, luciendo aliviado y feliz…y también, pensó Arthur, con un poco de reprensión. La cual parecía una expresión fuera de lugar, pensó por un salvaje segundo, antes de que sus ojos se movieran hacia abajo, atraídos por el chillante bebé rosa que tenía en sus manos…

Y finalmente, Arthur miró a su hija.

Sabía por el hecho de que( a parte de los lloros del bebé y los silenciosos pero alegres sollozos de Gwen) la habitación estaba en completo silencio, que cada persona de la sala estaba mirando a la niña.

Al niño rubio, de ojos azules, y piel muy clara.

La boca de Arthur se abrió por la conmoción.

·····GUINEVERE······

Gwen estuvo cerca de desmayarse, el dolor y el estrés de las largas horas de trabajo la habían dejado casi sin energía, y difícilmente podía mantener la cabeza levantada o los ojos abiertos.

Pero aun necesitaba ver a su hijo, necesitaba cargarlo, necesitaba saber que estaba bien, eso era todo, ver el nacimiento de esa hermosura, esos maravillosos sonidos que significaba que estaba vivo…

Primero vio la cara de Gaius, vio sus ojos parpadeando entre Merlin y Arthur antes de descansar en ella, con una mezcla de tenacidad y pena en sus ojos aun cuando le sonreía tranquilizadoramente.

Entonces ella miró abajo, y el mundo se detuvo por un momento. Se olvidó de como respirar.

Fue un congelado y perfecto momento de claridad cuando Gwen miró a esa personita que tenía Gaius en los brazos y que ella había tenido en su interior durante los últimos nueve meses y finalmente vio la verdad.

Esta no es mi hija.

No era porque la piel de la niña fuera pálida como la nieve bajo la sangre, no porque sus ojos fueran azules y su cabello claro. Ella no sabía exactamente cómo el bebé de ella y Arthur debería lucir, pero estos colores eran completamente inesperados, considerando el propio linaje de su familia.

Pero aun asi, en ese momento, ella lo sabía. Ella sabía a través de la niebla del dolor y la adrenalina, que aunque esa niña acababa de salir de ella, no era de su cuerpo.

Abrió su boca para hablar, pero las palabras no salieron.

No es mi hija.

Sintió las lágrimas caer por sus mejillas, fluyendo como el rio y mojando su ya empapado traje.

Exhaló, y su respiración fue temblorosa. Se detuvo, parpadeando una vez. Inhaló profundamente.

Cuando Guinevere habló, su voz era firme y fuerte. "Es preciosa."

Como si sus palabras fueran mágicas, el hechizo se rompió. Todos los ojos se giraron a ella, y la cara de Gaius mostró una amplia sonrisa; lentamente empezó a levantarse y Leah acudió rápida en su ayuda. Se movió hacia Gwen y ella vio su acercamiento confusa, y cuando colocó el bulto en sus brazos, Gwen soltó una conmovida carcajada.

"Hola," susurró a la regordeta y perfecta belleza de ojos azules que tenia ahora en sus brazos, completamente desconocedora de cualquier otra persona en la habitación. "Hola, pequeña. Lo hiciste," dijo, plantando un suave beso en la aun pegajosa frente del bebé. Ella miró a Gwen con grandes y curiosos ojos. Los ojos de Merlin, se fijó. Salió un hermoso mechón dorado Pendragon, cayendo rizado sobre su cara. "He esperado mucho para conocerte," sollozó, pero aun estaba sonriente, suavemente meciendo a la niña en sus brazos. "Me alegra mucho que estés aquí."

Y lo supo, en ese momento, que nunca amaría nada tanto como a esa niña en sus brazos; esta preciosa y perfecta niñita que ella ayudó a traer al mundo.

No se dio cuenta de que Merlin se deslizó silenciosamente fuera de la habitación o de las lágrimas cayendo por las mejillas de Arthur mientras se sentaba sobre sus talones a su lado, la cara congelada en incredulidad.

Y si se hubiera dado cuenta, probablemente no le habría importado.