Xeder levantó la mano que antes le había extendido a la sacerdotisa y de entre sus dedos aparecieron dagas filosas de color rojo, que de un solo movimiento, lanzó en contra de Kagome, dejando sin escapatoria alguna, sin embargo, justo antes de tocarla siquiera, su hijo de 14 años se interpuso recibiendo por completo las dagas que se incrustaron por completo en su cuerpo. El hecho de las simples armas clavándose en el no habría sido de tanta importancia a pesar de la pelea que tuvo anteriormente con su hermana, pero el tomo rojo de las dagas era por un fuerte toxico que comenzó a impregnarse en él justo en el segundo que lo atravesaron.
-GH!!- se quejó cayendo de rodillas en el piso intentando sacar los 4 trozos de metal de él
-Jeje, será imposible, solo mírate, tan débil y patético, jamás un hibrido como tú podría ganarme- le sonrió ante su desgracia – morirás pronto y nada podrá evitarlo –fue lo que declaró antes de ser alcanzado por un ataque de garras que casi le corta la mano al interponerla ante su pecho.
-Deja de decir estupideces, ¡tú nunca te quedaras con la vida de Nio!- le gritó Saraya que de inmediato volvió a atacar, pero esta vez el demonio se desvaneció en la oscuridad de un rincón antes de ser alcanzado por el ataque que pulverizó la pared. –Tsk, maldito cobarde- al decirlo, volteo a ver a su madre que mantenía en brazos a su hermano menor que en esos pocos segundos había palidecido drásticamente.
-Nio, ¿cómo te sientes? – preguntaba preocupada la joven madre sin recibir otra respuesta que no fuera un débil quejido y una mueca de inmenso dolor.
-Yo… lo siento, lo siento tanto, todo fue mi culpa – comenzó a llorar Asura sintiéndose avergonzada de llevar tal tragedia hasta esa familia que parecía amarse ejemplarmente.
-No seas tonta, con una disculpa no arreglaras esto- le respondió Saraya mirándola con una rabia incontenible y con las manos tensas, casi matándola con la mirada ámbar que se cargaba. –si no quieres morir ahora entre mis manos será mejor que nos cuentes todo, niña, porque tal parece que ese demonio que NO conocías, si te conoce a ti y muy bien- se acercó levantándola por la ropa destrozada.
-Yo… yo no sé de qué me hablas- intentó no mirarla revelando que en verdad guardaba un secreto-
-¡Habla de una vez!- la sacudió violentamente olvidándose por completo de todas sus heridas y abriendo algunas de estas.
-AH… está bien, está bien, te lo contaré todo, pero por favor suéltame ya- suplicó la chiquilla
-No lo haré hasta que hables- amenazó poniéndola contra la pared ignorando la mirada asustada de su propia madre.
-Las cosas pasaron así en realidad… desde hace ya mucho tiempo que mi familia le servía a ese demonio para pagarle una deuda que generamos al rogarle que salvara a mi madre de esa horrible enfermedad que le aquejaba y que ni la sacerdotisa de nuestro pueblo logró curar, eso pasó justo cuando yo acababa de nacer y sin que ninguno de los demás habitantes lo supiera, mi familia robaba las cosas que Xeder-sama les pedía, al principio parecía que eso no traería mayor dificultad pues solo pedía algo de ganado, plantas especificas y cosas así, pero… ese ultimo día que pasé con ellos, el me miró de un modo extraño y le indicó a mi padre que era momento de entregar lo que él había pedido en verdad a cambio de ese favor… ese algo, era yo. Desde que tengo memoria ya le había visto, pero jamás me le acerque… me aterraba… y aun ahora me sigue dando pavor… cuando mis padres lo supieron, se negaron y causaron la furia de Xeder-sama y por más que insistía él, ellos seguían diciendo que no… tal vez olvidaron de lo que era capaz… pues de estar cuerdos… jamás se habrían negado… por supuesto… él se alteró y mató primero a mi madre y luego a mi padre que alcanzó a ordenarle a mi hermano mayor que nos sacara a mi hermana y a mí de la casa… después de eso… todo lo que dije es cierto… excepto que mi hermano si logró zafarme de Xeder-sama… pues en verdad estábamos en las escaleras del templo y por el fuerte poder espiritual del lugar, se debilitó considerablemente, cuando intentó volver a arrebatarme de él matándolo… la sacerdotisa se interpuso protegiéndonos… Xeder-sama era totalmente capaz de matarla mientras nosotros estuviéramos junto a ella haciendo torpes sus movimientos, fue tanto así que para evitar que uno de sus ataques nos destrozara a mis hermanos y a mí, tuvo que recibirlo de lleno, quedando gravemente herida del pecho… así que para prevenir que murieran… huí, corrí hacia el bosque para que le fuera difícil encontrarme… resistí cada ataque que me propinó… ya el resto lo deben de saber bien… y eso fue lo que ocurrió en realidad-
A esas alturas ni Kagome ni Saraya podían saber si esa jovencita era de fiar o si su historia era la real… pero no tenían más opción que creer. Saraya la soltó y se quedó junto con Kagome que aun intentaba descifrar la forma de salvar a el menor de sus hijos, cuando Asura de pronto le contó que ella conocía 2 formas de lograr curarlo, pues había usado esa misma técnica con la sacerdotisa que apenas y logró salir viva de esa, al parecer, la primera forma, era la que la miko había usado, que era verter sobre las 4 dagas una pócima especial que ella había diseñado años antes al pelear con un ser semejante a Xeder… la otra era… destruir a Xeder, así su toxina saldría del cuerpo de Nio y recobraría la vida que ahora se le escurría rápidamente de entre los dedos, ambas opciones eran sumamente peligrosas, pues si la miko estaba muerta ya perderían mucho tiempo, si seguía viva los demonios que atacaban la aldea seguro que seguirían ahí y habría que deshacerse de ellos y tal vez Nio no soportaría tanto, el salvar al joven, era una misión casi imposible en el mejor de los caso y suicida en el peor de los escenarios.
-… pues si es así como debe ser – Saraya se encaminó a salir de la casa e ir rumbo al templo de la aldea que era el único lugar que no había sido profanado
-Saraya ¿qué planeas hacer?- preguntó Kagome
-Sea como sea debemos ir a ese pueblo del que habla Asura, apuesto a que aunque la mujer de la que habla este muerta Xeder está refugiado ahí… y algo me dice que la imprudente de Kitzumy está ahí al igual que mi padre que la va buscando…-
-Entiendo… debemos ir ahora mismo si no queremos que sea muy tarde- dijo Kagome levantándose sosteniendo aun el cuerpo inmóvil de su hijo.
-Pero… no podemos dejar a mi hermano aquí de esa forma-
-No te preocupes – le dijo Kagome – dejémoslo en el templo… en una de las habitaciones ya hace una persona que le cuidará como si fuera yo misma-
-… ¿quién es esa persona? Jamás escucha mencionarla antes- presumió Saraya confusa.
-Ya la veras, Asura, debes venir con nosotras para que nos guíen a tu pueblo, pero primero vamos al templo como planeabas Saraya… de hecho, ahí también se oculta Kojime-
Como acto seguido las 3 mujeres se dirigieron al templo de inmediato, Asura no entendía que pretendían en realidad, pero con tal de redimirse por su mentira y todo lo que había causado las seguiría y ayudaría en lo que pidieran. Al llegan al templo llegaron al que aun que no era el salón principal, si era el único salón que era usado y también el único que era totalmente accesible. En una de las paredes, detrás de un enorme pergamino que colgaba de la pared una puerta se ocultaba, Saraya entró por ella y dejó esperando a Kagome y Asura que revisaban que Nio siguiera respirando y hacían lo posible porque su sangre dejara de intentar salir toda de su cuerpo; al volver, la joven Hanyou traía en la cintura 2 espadas, una cubierta con tela hasta el mango ocultando su verdadera apariencia y la otra sin esa funda extra de tela, su apariencia era semejante a la de la Tessaiga de Inuyasha, pero esta tenía un aire imponente totalmente indescriptible.
-¿En verdad planeas usar a tu espada?- interrogó la miko con algo más de tranquilidad.
-Por supuesto, si es tan poderoso como para hacerle eso a Nio… creo que es necesario usar toda nuestra fuerza, también le llevo su espada a Kitzumy-
-… si… creo que tienes razón… será mejor que nos demos prisa, debemos llegar a la parte trasera del templo, en esa habitación esta la persona de quien te hablo- con todos a favor así lo hicieron llegando hasta una habitación olvidada en ese lado del edificio.
Eran unas puertas de gran tamaño, pero estaban selladas con incontables pergaminos y no bastando eso, un gran número de cadenas llenas de energía maligna impedían el paso también, creando la sensación a quien las veía que la persona que se ocultara dentro debía ser sumamente peligrosa. La miko concentró toda su fuerza espiritual y empezó a purificar velozmente los eslabones principales deshaciéndose de todas y cada una de las cadenas que se abrieron alejándose de la puerta moviéndose detrás de las 3 chicas, al llegar justo fuera del límite del baranda del pasillo, cayeron fuertemente al suelo hundiéndolo y dejando plasmada su forma, automáticamente los pergaminos se quemaron dejando nada más que ceniza en el piso. Saraya fue la que abrió de par en par las puertas dejando ver nada más que oscuridad en la enorme habitación, todo olía a humedad y una fuerte presencia de tristeza y soledad se dejaba sentir por cada rincón.
Asura encendió una vela que se encontraba en la pared para iluminar un poco, pero en cuanto, cientos de otras velas que se esparcían estratégicamente por todo el lugar, también se encendieron automáticamente, revelando el cuerpo de una mujer tirado en el piso, sus muñecas eran sostenidas por grilletes al igual que sus tobillos, estaba boca abajo con las piernas dobladas como si antes de caer hubiera permanecido sentada de forma tradicional por un largo tiempo, su cabello brillante, largo y platinado estaba totalmente extendido en el piso, dejando su espalda descubierta, pues a pesar de traer un traje típico, la parte superior de su Kimono estaba algo abierto y mostraba una cicatriz que daba la impresión de formar una figura, pero en verdad no era algo sencillo encontrarla.
-Pero… ¿Quién es ella y por qué…?- intentó preguntar Saraya pero Kagome se adelantó
-Puedes despertar ahora de ese sueño tan largo y agobiante- le dijo la miko a la chica.
De inmediato, con esas simples palabras, la joven encadenada se fue incorporando quedando sentada pero aun con la cabeza gacha y cubierta por sus cabellos, por los largas de sus mangas, estas al caer cubrieron las ataduras de sus manos e incluso la de los pies con los sobrantes que se doblaban en el suelo.
-… Ka-go-me…- susurró en esa pose con una voz, aun que baja, con un tono encantador y dulce; movió un poco la cabeza en dirección a las otras 2 testigos de tan tétrica escena -… Saraya?- pronunció alzando un como más la voz y dejando ver entre sus cabellos unos ojos azules que poco a poco tomaban vida.
-Así es, vinimos para pedirte un favor- le dijo Kagome con algo de dolor en sus ojos al intentar encontrar su mirada cambiante.
-Tal vez no sea… la mejor persona a la que le pidas cuidar de tu hijo mientras buscas como salvarlo – pronuncio levemente apenas abriendo los labios al subir la cabeza.
-Te lo ruego hija, eres la única que podría hacerlo ahora… por favor Kojime- le suplicó dejando perpleja a su hija en la puerta que la miró interrogante y en shock.
-… aun que supliques… sigue sin parecerme buena idea… pero si eso es lo que deseas… lo haré, lo mantendré vivo… por el mayor tiempo posible…- accedió al fin levantando las manos y colocando las muñecas indicando que la liberaran.
-Te lo agradezco… hija – se dirigió a Saraya que al fin salió de su transe – corta sus grilletes con tu espada… solo así la podríamos liberar… pero solo tienes 3 intentos, de otro modo, jamás podrá ser liberada por tu katana- Saraya no dudo mucho e hiso lo que le ordenó su madre.
La primera vez que atacó lo hizo con la menor fuerza, así solía cortar fácilmente el metal… pero estos trozos en particular no cedieron en lo absoluto, así que tomó más fuerza y volvió a intentar, causando solo que unas chispas cayeran quemando levemente el piso, al fin, en la última ocasión que lo podría intentar, se decidió a tomar mucha más fuerza y cortarlo como cortaría el ataque de una bestia, al fin logrando su objetivo y liberando automáticamente a la chica de cualquier atadura.
-Te lo agradezco… Saraya- fue el ultimo susurro que se escucho en la habitación, cuyas puertas se cerraron en el acto y la miko, la hanyou y la chiquilla, se encaminaron al pueblo donde sospechaban todas las tragedias deberían de acabar.
Mientras tanto, ya casi amaneciendo para el día siguiente, Inuyasha seguía buscando a su hija perdida, le desesperaba gravemente el no poder sentir su presencia, lo único que lo podría llevar hasta ella, era su instinto.
-Ah, maldición Kitzumy, ¡¿dónde te metiste?!- gritó ya muy exaltado saliendo sin notarlo del bosque.
Al salir de un salto, miro una imagen muy similar a la del inframundo, era sin duda un pueblo, pero estaba totalmente devastado, los demonios iba y venían de una casa a otra, los cuerpos humanos se encontrabas en el suelo, unos ya reducidos hasta los huesos, otros aun siendo devorados y otros tantos ya habían sido consumidos por completo dejando en el piso solo sus ropas ensangrentadas o carbonizadas.
-Pero… ¿este es el pueblo de esa mocosa?... es peor de lo que pensaba- se decía a sí mismo –aun que… si son tantos los demonios reunidos aquí y la sangre derramada… ¿por qué no pude sentir la presencia de este sitio?- al fin se preguntó al igual del porque los demonios no le tomaban en cuenta.
Cuando llegó a la mitad del pueblo y vio el templo lo notó al fin, todos los demonios buscaban penetrar en el lugar, pero este era resguardado por un fuerte campo de fuerza espiritual. Subió las escaleras rápidamente y destruyó a varios de esos seres demoníacos con solo usar sus garras y se detuvo en el umbral mirando a la creadora de la barrera; era una mujer de apariencia flagelada arrodillada en el piso que protegía a los niños del pueblo que lograron llegar con ella, pero su cuerpo estaba gravemente herido y pronto no lograría soportar más. De pronto, al fin la sacerdotisa noto la presencia del hibrido, siendo eso, lo último que hiciera antes de desvanecerse; de inmediato Inuyasha corrió y la sostuvo evitando que su daño fuera acrecentado. Los monstruos no perdieron el tiempo e intentaron devorar a los niños asustados pero el hanyou reaccionó de inmediato y los destruyó con su viento cortante, quedándose ahí para cuidar de los niños.
"Rayos, ahora no podré seguir buscando a Kitzumy" pensaba sumamente encolerizado por lo que había terminado pareciendo una trampa.
-Jejeje, pero miren nada más lo que ha llegado… un semi-demonio del tipo perro –dijo una voz que se negaba a mostrar su apariencia por el momento.
-Feh, deja de ocultarte maldito bastardo- le retó el hanyou
-Mi nombre en realidad es Xeder y por supuesto que me mostraré, no tengo porque ocultarme ante una criatura tan débil como tú – se rió prepotente de él mientras subía lentamente los escalones, dejando que su figura se fuera materializando ante los ojos ámbar de su "invitado"
Su cabello era color negro de brillos violáceos era sostenido en una altura baja por un largo trozo de cinta color gris, sus ojos eran carmesí como el de una rosa a punto de marchitarse y con pupilas felinas, todo, enmarcado en un rostro retador pero de apariencia frágil, su piel era pálida hasta un punto de confundirse con el blanco más puro pero aun con un toque de vivacidad, llevaba en la cintura una gran espada que sostenía con su mano izquierda.
-Así que tú eres el responsable de todo esto- declaró Inuyasha nada sorprendido por su apariencia.
-Jeje, te equivocas, esto jamás habría pasado de no ser por esa estúpida familia que se negó a darme lo que por derecho… es mío-
-Tonterías, lo que quieras no me importa, lo único que tengo claro es que si quiero salir de aquí con estos niños, tendré que aniquilarte – dijo el híbrido dejando a la sacerdotisa en el suelo y empuñando su espada ya listo para atacar.
-Ja, si yo fuera tú… lo pensaría 2 veces… al principio no lo noté porque esta mocosa no tiene presencia alguna, pero… por su apariencia… - chasqueó los dedos y un gran número de monstruos en forma de serpiente se mostraron rodeando un gran montículo, con una mirada les indicó que dejaran libre la parte superior para mostrarle a Inuyasha el rostro de la que ahora reconocía como su hija.
-¡! Maldito, ¡suéltala en este momento si no quieres que te destruya de un solo golpe!-le gritó Inuyasha encolerizado.
-Si, vamos, quiero ver que lo hagas, pero te lo advierto, la única víctima de tu ataque, será esta jovencita- presumió mientras la tomaba por la barbilla acercándola a él y plantándole un beso en la mejilla-
-No le hagas caso padre, no me perdonaría nunca si fuera usada como un objeto por este asqueroso sujeto- le pidió Kitzumy intentando liberarse del agarre de las serpientes.
-Grrr – Inuyasha no sabía qué hacer, ese cobarde se mantenía escudado detrás de su hija y sería incapaz de atacar mientras su vida corriera peligro… pero… por otro lado, no podía dejar que se saliera con la suya.
-Y bien… ¿qué harás?- interrogó el demonio.
-No me queda otra opción… - hecho una mirada hacia Kitzumy que le indicaba que lo hiciera y después miró a Xeder – ¡te destruiré ahora mismo!-levantó la espada y atacó con viento cortante, pero su ataque no se dirigió precisamente a Xeder, sino, que fueron directo a las serpientes que fueron aniquiladas al contacto, las ráfagas apenas cortaron levemente la piel de la chica, pero nada grave para un Hanyou como ella.
-Maldito, ¿en verdad crees que con eso te bastará para liberarla?- aun en esa situación el demonio se mostraba calmado.
-Pero que tonto eres, mira que ya la he liberado- fue su respuesta.
La joven intentó alejarse de Xeder se inmediato pero le fue imposible, más seres del inframundo aparecieron frente a ella y le evitaron el paso, no dudó y atacó con sus garras, pero no era capaz de despedazarlos a todos, solo seguían saliendo, más y más y la iban volviendo a rodear.
-Maldición- decía ella notando que lo único que conseguía atacando directamente con sus garras era que su energía fuera absorbida, por lo que paró de inmediato manteniéndose firma y tranquila mirando a su padre a través de los monstruos y dejándose envolver.
-¡Kitzumy!- gritó él.
-Lo ves ahora ¿no?... es imposible que salgan de aquí todos ustedes, ahora solo queda ver la vida de quien será sacrificada, la de esos niños, la tuya… o la de tu hija –
-Te equivocas, aun queda otra vida que puede ser sacrificada aquí que es la que tomaré… y esa es la tuya- condenó el hibrido levantando a Tessaiga dispuesto a volver a atacar-¡bakuryuuha!- fue lo último que se escucho antes de que el ataque fuera realizado.
-Feh, tonto- antes de recibir el ataque de la Tessaiga, Xeder puso frente a él a los innumerables demonios que envolvían a Kitzumy dejando que ellos tomaran el cruel castigo, los monstruos fueron despedazados y el cuerpo de la joven hubiera sufrido lo mismo de no haber sido por una tenue barrera hecha de la sangre que ya salía de sus heridas anteriores que se interpuso e hizo el golpe menos certero y aun así, quedó sumamente grave tumbada en las escaleras a las que fue lanzada.
-¡MALDITO!- Inuyasha no podía creer lo que había hecho, no había sido su intención en ningún momento pero eso no cambiaba el hecho de que había sido su ataque el que ahora podría matar a su propia hija.
-Yo te lo advertí hanyou, que este sería el resultado quisieras o no- sonrió prepotente
En las escaleras, Kitzumy no daba otra imagen que la de estar muerta, algunos monstruos desearon devorar sus restos y así absorber sus habilidades, pero su mirada difunta se posó sobre ellos y fueron hechos añicos por la misma, eso llamó la atención de Xeder que miró interrogante lo que ocurría; el polvo que quedaba de los demonios estaba siendo absorbido por la chica que regeneraba su cuerpo y no solo eso, sino, que iba cambiando su forma.
Su cabello plata se fue aclarando hasta volverse blanco, de llegar su largo a sus hombros, fue creciendo hasta detenerse en su cintura, sus garras se fueron alargando y pintándose del negro de la noche, ya para este momento, se fue levantando con ayuda de su nueva presencia maligna, sus ropas también comenzaron a cambiar, su traje que no concordaba para nada con la época se volvió más típico, del tipo que tenía su padre, pero con un color rojo más pagado y con varias líneas negras que comenzaban al final de sus mangas y se extendían por el resto del traje como si fueran raíces de delgadas, por último, sus ojos cafés se habían tornado de color ámbar con un toque de oscuridad muy imponente.
-Xeder… te condenaré al sufrimiento eterno por haberme invocado- le advirtió Kitzumy sonriendo con gran ferocidad preparando sus garras para atacar, sin duda, no quedaba huella de lo que antes había sido, ahora podría decirse, que era nada más que un demonio sediento de venganza.
-Tsk, no será tan fácil- dijo Xeder un tanto más intranquilo.
Y continuará…. Jeje, espero les guste este segundo capi… hasta la próxima.
