Nega-changeling #2

Suplantación

"Podrías pensar lo peor…

que la apariencia no es sincera"

Héroes del Silencio

Apenas el capitán abrió los ojos, luego de algunos leves movimientos, esbozó una sonrisa ante las preocupadas y ahora aliviadas miradas de las ponis que rodeaban su lecho. Su esposa, su hermana, y las amigas de ésta, no tardaron en comenzar a agradecer que hubiese despertado y a preguntarle cómo estaba, cómo se sentía, si recordaba qué había ocurrido… Toda esa avalancha de voces le irritaba un poco, pero necesitaba disimular esa irritación y ser cortés en la medida de lo posible, después de todo, ellas sólo actuaban así por la tensión de los momentos vividos. No se las podía culpar de ser tan cargosas y de no dejarle respirar un segundo luego del cansancio de la batalla.

Pronto el perfume del amor rosa lo envolvió con el abrazo de Cadence, y no tardó aquél en esfumarse que pronto el aroma de la lavanda le atacó por el otro costado. Ah, todo ese cariño… lástima que no podía procesarlo completamente.

-Ya, ya, estoy bien, en serio… No es como si no hubiera luchado con monstruos antes… - no pudo evitar que sus comisuras se alzaran irónicamente, pero ellas interpretaron su sonrisa como un gesto divertido. Pareciera que no pudieran notar la diferencia… pero él era mejor actor. Tenía mucha más información de la que necesitaba, y con las tácticas adecuadas, se serviría de otro tanto.

Una vez que la situación y las cuñadas alicornio se relajaron un poco, se hizo un silencio expectante, propio de un grupo de ponis que esperaba oír con atención el discurso de otro. Dicho hiatus fue quebrado por la vocecita del pequeño dragón de ojos verdes, quien se hallaba al pie de la cama y se moría de curiosidad por saber a qué se había enfrentado Shining. Por lo poco que a Spike le habían dicho, entendía que allá afuera acechaba otra vez el temible ser que habían creído derrotar meses atrás.

-¿Y pudiste averiguar algo de… de lo que hay allá afuera?

-No mucho… sólo que Sombra parece haberse fortalecido. Después de un largo rato de combate, nos noqueó a todos. Temo que esté buscando infiltrarse en el castillo, y que los ponis a los que ha atacado son como… su… alimento

Llámese intuición draconiana o lo que fuera, pero Spike tuvo de repente un espasmo, que derivó en un escalofrío en la espalda. Había visto o creído ver, algo inusual en la mirada de Shining. No podía explicarlo, no estaba seguro, quería creer que era su imaginación o que tal vez eso fuera algún efecto secundario de la magia negra del rey derrocado. Pero no lo percibía igual, sus escamas… tenían cierta memoria. De existir alguna influencia maligna en su hermano adoptivo, un escozor en su espalda se lo advertiría, pero por extraño que pareciese, directamente un instinto subyaciente le pretendía avisar que ese unicornio blanco de melena azul no era el mismo que el que conocía. Spike meneó la cabeza y se concentró en su entorno. Era demasiado pronto para elaborar conjeturas descabelladas. Pues incluso, si fuera un impostor, no habría insinuado justamente lo de que alguien quería infiltrarse en el Imperio. A menos que fuera un changeling, pero eso no podía ser posible… ¿o sí?

-¿Cómo se supone que trataremos con esta amenaza? Necesitamos averiguar todo lo posible sobre lo que nos enfrentamos, para hallar la manera más rápida de contraatacar antes de que sea demasiado tarde. – dijo Twilight, luego de una breve exposición de la situación.

-A mí me cuesta creer que, si es quien creemos que es, haya podido… regenerarse – comentó Rarity.

-Sí, todos lo vimos explotar como una rana – secundó Rainbow.

-¿O será que tenía algún as bajo el casco? – terció Applejack.

-Lo pienso, lo pienso, pero no hallo ninguna explicación plausible. Simplemente no puede ser el mismo, el poder del Corazón de Cristal lo superó por completo – reflexionó Cadence.

"Si supieran cuánto engañan las apariencias" pensó Shining, y una veloz ráfaga cruzó por sus ojos.

Hubo una charla animada, y ya Pinkie Pie quiso hacer una fiesta cuando despertaron los otros dos soldados. Éstos tenían actitudes más distantes y serias, quizá por el shock de la experiencia vivida. Su comportamiento era muy reticente a explicar algo sobre su participación en el combate, y el único que reparó detenidamente en la silenciosa comunicación secreta que se llevaba a cabo entre los tres supervivientes, fue Spike. Cada vez le daba más mala espina ese asunto, aunque se negara a creer que existiera alguna complicidad entre el capitán y los soldados.

-.-.-.-

-Temí mucho perderte, Shining – expresó la princesa Cadence, una vez transcurrido el resto de la jornada.

Ya había caído la noche y la pareja de consortes se disponía a dormir, agotados por toda la actividad desplegada en el día. La vigilancia nocturna se había duplicado en relación a la noche anterior, y Twilight y Cadence habían elaborado una compleja barrera mágica para detecar y/o evitar toda intromisión sospechosa.

-Lo sé. – respondió Shining – Perderte también es mi mayor temor… También tuve miedo los primeros días que llegamos aquí, sabes, incluso después de haber derrotado a Sombra, por varios días tuve la impresión de lo contrario, de que su espíritu vagaba por las paredes del castillo, y que en cualquier momento podía tomar venganza, mientras durmiéramos, por ejemplo… Pero sé que eso no va a pasar. No contigo a mi lado.

Con estas palabras, Cadence no pudo evitar sentirse más sugestionada, a pesar de que las últimas palabras de su marido tuvieran la clara intención de reconfortarla.

-Gracias, cariño… - dicho esto, le dio un abrazo. Por alguna extraña razón, esa muestra de afecto no tenía la misma plenitud, la misma sensación de calidez que siempre. Algo en lo profundo de su corazón le decía que no todo estaba bien, que algo en Shining parecía haberse modificado. Y sin embargo, ella no quería dejarse convencer, ¿cómo podía desconfiar del semental con el que se había casado?

-Ojalá hubiera una solución a todo este asunto… No puedo evitar sentir que fallé a nuestros súbditos sabiendo que no he podido protegerlos de ese espíritu maligno… Es terrible verlos sufrir así, y me siento tan inútil por no poder ayudarlos. – se lamentó la princesa de melena tricolor. – Es tan extraño, porque pareciera que Sombra, o eso… les succiona el miedo a los ponis de cristal. Es como si se tratara de alguna criatura a la que sólo le interesa asustar, aprovechándose del temor específico de las víctimas hacia alguien o algo en particular. ¿Tú qué piensas? ¿Puede existir una cosa así?

-Como poder, podría… No se necesita ser un monstruo para eso, cualquiera puede utilizar tu más grande temor para extorsionarte… ¿Alguna vez te hablé de mi miedo a las serpientes, y de cómo "Twily" se servía de eso para conseguir que yo hiciera lo que ella quería? – comentó el unicornio de la marca de escudo brillante, detrás de su tono confidente se escondía un vil propósito.

-¿En serio? Wow…no, no lo sabía…

-Ja, creí que Twilight ya te lo había dicho, pero tal parece que me equivoqué… De todas maneras, temerle a las víboras no es nada comparado al temor de lo que pueda pasarte a ti.

-Bueno, es comprensible, ¿quién no les temería? Algunas pueden ser mortales…

-¿Como las ratas?

Aquí llegaba el punto que eso había estado esperando.

-¡Ah! ¡Ni me las recuerdes, son tan asquerosas…! ¿De qué te ríes? – preguntó Cadence, al escuchar la risilla que soltó su consorte.

-Oh, no, de nada, de nada… Las ratas también son un terror formidable… Pero mejor dejemos esas cosas de lado. Vayamos a dormir, que mañana nos espera un día largo…

Un efusivo beso y un dulce "Buenas noches" no lograron calmar el perturbado espíritu de la princesa Cadence, no sólo por la conversación sostenida sino por una sensación de creciente incomodidad, aumentada por el recuerdo de las muchas terribles experiencias tenidas en relación a su aversión por las ratas. De sólo pensar en esos vulgares bichos se le revolvía el estómago. Ni aún teniendo a su poni especial a su lado, lograba tranquilizarse, hasta que la invadió un fuerte sopor, y pronto cayó dormida.

-.-.-.-.-

Sobresaltada por un chillido, Cadence despertó con un sentimiento de repulsión tan fuerte que le producía náuseas. Se restregó los ojos. Vio que aún no amanecía, ya que el cuarto se veía rodeado de una opaca y estremecedora oscuridad. Estaba sola, el lado que Shining ocupaba en el lecho se encontraba vacío, ¿a dónde habría ido?

-¿Amor? – preguntó temerosa. Un agudo chirriar le respondió, y toda su columna vertebral fue sacudida por un tremendo escalofrío.

¿Eso que estaba escuchando no eran…? No, imposible, no podía haber de esas alimañas en el palacio de cristal, no tenían dónde ocultarse, el lugar siempre estaba limpio y pulcro. La aterrada princesa no se lo creía, pero pronto comenzó a sentir el hedor particular de esos horrendos roedores. Sintió como si en todos aquellos rincones cubiertos por la espesura de las sombras, se escondieran miles de esas bestiecillas de dientes destructores.

-¡Shining! – gritó un poco más alto.

Un desagradable sonido de mordisqueos se desató, haciendo que cada fibra del cuerpo de Cadence temblara.

-Esto es una pesadilla… esto es una pesadilla… por favor, Luna, despiértame… - rogaba ella.

Ahora las ratas comenzaban a manifestarse con más brío, no sólo por las paredes y los muebles, sino hasta debajo de su cama. Podía oírlas chillar y roer, chillar y roer, con un murmullo bizarro que sonaba como si le anunciaran que iban por ella. Las espantosas ratas invadieron el lecho, mordiendo, masticando, desgarrando furiosamente las cobijas. Cadence salió volando de allí, casi estrellándose con la puerta. A este punto, ya gritaba como posesa, despavorida por el terror ante la ferocidad ratoniana. Su único instinto era escapar de allí, no importaba nada más.

Todo estaba lleno de ratas, el piso era un negro hervidero de ojos carmesíes iracundos, el cual evitaba que su víctima pudiera abrir la puerta. La desesperación irracional de Cadence aumentó exponencialmente cuando vio que las ratas empezaron a saltar o agruparse entre ellas para alcanzarla. Las atacó con su magia, pero esas pequeñas fieras eran inmunes a sus ataques. Entonces Cadence tuvo que hacer un esfuerzo sobre-equino para concentrarse y realizar un hechizo de teletransportación antes de que la masa maloliente y peluda la alcanzara…

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Dejando a la princesa del Imperio de Cristal bajo su embrujo, la criatura que llevaba la piel de Shining bajó del lecho, con sus ojos brillando en un oscuro verde esmeralda, y puso sus sentidos alerta. Se acercó a la puerta y olfateó por las ranuras. No confiaba que el pasillo al otro lado estuviese desierto.

Dio un golpe suave a la puerta, esperando la más leve respuesta, algún susto imprevisto que delatara al espía. Fue algo apenas perceptible, pero lo sintió. Saliendo despacio del cuarto, con el cuidado de no llamar la atención, escudriñó en la penumbra, esperando hallar algún indicio que lo llevara al personaje que buscaba.

Había notado, durante la tarde, la actitud del bebé dragón. Sabía que sospechaba, de que no parecía tenerle la misma confianza, y deseaba averiguar si el dragón sabía que él también sospechaba. Las artes de la suplantación eran infalibles hasta cierto punto.

Seguramente se escondía entre las sombras, pero la alimaña escamosa no sabía que su perseguidor contaba con una habilidad visual especial: ver en la oscuridad. Con un abrir y cerrar de ojos, nega-Shining exponía su verdadera mirada, y con un conjuro de invisibilidad se fue deslizando, cual cucaracha, por el pasillo, atento a la dirección que le marcaba el rastro del dragón.

Fue entonces cuando llegó al pasillo de los cuartos de huéspedes, y supo que la lagartija de gran cabeza se había escabullido en el cuarto de la princesa Twilight.

"No perderé tiempo contigo, enano" pensó "tengo asuntos más urgentes que atender".

Y con la impunidad de la invisibilidad y su visión nocturna, nega-Shining se dirigió a encontrarse con sus "soldados", quienes habían capturado ya al que sería el primero de sus "súbditos".

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-Mi reina, casi amanece, y no hemos tenido noticias de los últimos agentes…

-¡No puede ser que se demoren tanto! ¿O es que acaso esos tontos se han dejado descubrir? – vociferó la reina, su voz enfadada retumbó en la cueva a la que habían llegado por un pasadizo estrecho. Estaban más cerca que nunca del Imperio de Cristal, y habían pactado que se reunirían allí con sus espías – No veo la hora de salir de esta caverna apestosa, ¡ya quisiera acabar con esa peste de Twilight Sparkle y sus amigas…!

Una voz, un grito casi ahogado, llamó la atención de toda la manada de changelings, incluyendo a Chrysalis, que tuvo un leve sobresalto por lo espontáneo y doloso del grito.

-¿Quién está ahí…? ¡Muéstrate, o te aseguro que tendrás peor suerte si te encontramos primero! – ordenó la reina del cuerno agujereado. - ¿Saben qué? ¡No voy a esperarlo! ¡Busquen al intruso, si la tonta sobrina de Celestia nos ha enviado un espía, de seguro podremos tomar ventaja de la situación!

Así dio inicio la búsqueda, por parte de los ponis insecto, del autor de los gemidos, al que no parecía preocuparle que lo descubrieran.

-¡Mi reina! – llamó uno de los cambiaformas – No va a creerlo…

Dentro de un hueco algo estrecho, al pie de una de las paredes en lo más profundo de la caverna, descubrieron a un unicornio cautivo, cubierto con una rara sustancia que se asemejaba a la que ellos usaban para sus crisálidas, pero de un color mucho más oscuro y de textura más viscosa. Sólo se podían reconocer la cabeza y algunas partes del cuerpo sobresaliendo, aunque la poca luminosidad del lugar no permitía identificar al prisionero, que yacía inmóvil como si muerto estuviera.

-¿Qué tenemos aquí? – inquirió Chrysalis, iluminando el hoyo.

Cuán grande fue su sorpresa al descubrir quién estaba ahí atrapado. Era algo tan increíble, que hasta le parecía cómico. ¿Cómo había ido a parar allí nadie más ni nadie menos que el Capitán de la Guardia Real, Shining Armor?

-Jajaja, pero mira qué tenemos aquí. ¿Acaso ésta es la forma en la que tu esposa decidió castigarte? ¿Dónde está tu querida hermanita ahora?

El prisionero profirió una serie de sonidos incoherentes, como si quisiera hablar pero tuviera totalmente vedado el aparato del habla, como si fuera incapaz de articular vocablos o palabras coherentes. Berreaba como bestia y se retorcía limitadamente, como si estuviera bajo el efecto de un poderoso veneno inmovilizador que poco a poco se fuera desvaneciendo.

-¡Ay, ya cállate! No sé cómo rayos has terminado aquí o por qué te comportas así, pero parece que nuevamente me servirás como cebo para atacar Equestria… y esta vez ganaré yo. ¡Sáquenlo!

Los súbditos de la reina insectoide dudaron. El aspecto poco agradable de la cueva les hacía pensar que quizá fuera el hábitat de algún depredador desconocido, y Armor estaba ahí demasiado convenientemente para que ellos lo encontraran. ¿Cómo sabían que eso no era una trampa?

Chrysalis bufó.

-¿A qué diablos le temen? ¡Como si una araña gigante nos fuera a emboscar! ¡JA! ¡SÁQUENLO DE AHÍ AHORA MISMO, NO LO REPETIRÉ!

La colonia obedeció. En situaciones así, no había nada que pudiera superar a la ira de su reina.