II

La llegada de Gunter lo había cambiado todo, por primera vez tenía alguien con quien conversar, sin importar si él hablaba el leguaje de los reyes o ellos el de los pingüinos. Al fin tenía alguien con quien jugar, con quien tirarse por el resfalín, hacer fuertes de nieve, que lo acompañara.

Ya no era el solitario rey gobernante de la nieve cuyos súbditos solo constaban de criaturas de nieve creadas por él. Los días en su reino eran todos distintos, diversos y felices; y Gunter, el pequeño que lo encontró y le presento al resto de su familia Gunter, se había convertido en su mano derecha, lo acompañaba a todos lados y lo ayudaba con lo que le pidiera. Hoy, por ejemplo, se encontraba en la frontera de su reino, asegurándose que todo estuviera en orden en los rincones más lejanos de este con Gunter haciendole compañía y esto era importante, porque Gunter era el único que lo acompañaba en esta tediosas tarea de su lista de tareas reales.

El rey camino tranquilamente con su fiel amigo, no había mucho que ver, por un lado estaba su blanco y pacifico reino y por el otro, los edificios destruidos de una ciudad que no recordaba, árboles quemados, vidrios rotos. Se detuvo y frunció el ceño, el espectáculo era tan desolador como siempre, a su espalda sintió como algo chocaba contra él, se dio la vuelta para ver a Gunter poniéndose de pie y le sonrío.

- ¿Sabes Gunter? Me pregunto que habrá pasado aquí, siempre que vengo me siento un poco triste… pero realmente no sé porque.

Su amigo le miro fijamente antes de empezar a caminar fuera del reino, él lo siguió - ¿Quieres ir a ver?, realmente no hay mucho que ver aquí.

- Wek

- Bueno, en eso tienes razón. Es mejor que volver al castillo, de seguro que aún no esta listo.

- Wenk

- Jaja, sí, Guntris debe estar muy enojada, le diste de lleno con la torta. Tal vez deberíamos arreglar una guerra de comida anual – Puso su mano en su barbilla mientras pensaba, la guerra de comida había sido divertida, pero después había mucho que limpiar. Sus pensamientos quedaron inconclusos cuando tropezó con algo y cayo de boca, su corona rodó unos pies lejos de él.

- Auch, ¡pero que osa hacerme tropezar y caer! – Grito con rabia mientras se apoyaba en su brazo, a sus pies se encontraban los restos de varios instrumentos, entre ellos una guitarra sin cuerdas.

- Wenk.

A su lado Gunter había llegado con su corona y se la tendía entre sus alas – Ah, gracias Gunter – Tomo su preciada corona entre sus manos y la puso en su cabeza, se sentía raro sin ella. Gunter se aproximo a la guitarra y luego se adentro al edificio de donde surgían los destrozados instrumentos.

El edificio tenía agujeros en su techo y parte de las paredes se encontraban en el suelo. El rey observo los diversos instrumentos, dándose cuenta con algo de lastima que la mayoría eran inutilizables, muchos estaban quemados y cubiertos por moho, sin embargo y para su agrado otros no, como un simple teclado eléctrico negro, una batería que decía "# 1 babe" y una bajo negro y rojo… el bajo lo hacia sentir melancólico.

¡Ton, dumb, tazz!

Los repentinos sonidos resonaron en la destrozada tienda y lo sacaron de su ensoñación, frente a él Gunter jugaba con la batería que con una mirada feliz y el aleteo de sus alas inicio una nueva y desordenada percusión. El frío y solitario lugar se lleno de ruido y el Rey Helado sonrío ante el entusiasmo de su amigo. Se acercó a él y tomo otra varilla del suelo para unírsele y pasar del ruido a la música. Era curioso, pues él no recordaba saber tocar la batería.

Esa tarde el rey y Gunter volvieron con Guntar, Guntir y Guntor por la batería y el teclado, logrando llevarlos en buen estado a su hogar, dejando atrás al lugar en ruinas y los árboles sin vida. Así eran sus días y él era feliz de esa forma.

"´^*^`"

Los días se hicieron semanas, las semanas meses y los meses finalmente años. El Rey seguía igual incapaz de envejecer, protegido por su corona creada con magia robada, incapaz de enfermarse o morir, vio como sus súbditos interactuaban entre sí, con alegría celebro a las nuevas parejas y con gozo recibió a los nuevos pingüinos, incluido al pequeño Gunter, hijo de Gunter.

Su amigo había iniciado una relación con Guntris hace dos año y ahora entre ellos tenían a un pequeño pingüino que crecía día a día, pero así como Gunter crecía, el Rey Helado se dio cuneta que su amigo ya no tenía la misma vitalidad de antes y se cansaba con mayor facilidad, si no se equivocaba a eso se le llamaba envejecer, aquella palabra lo deprimía y aterrorizaba al mismo tiempo.

Comenzó a preguntarse: ¿cuánto tiempo más su amigo podría estar con él? Después de todo él no era tonto, era conciente de que a veces sus amigos caían dormidos para nunca más despertar… él no quería que le pasara eso a Gunter. Todos esos pensamientos lo entristecían y prefería mantenerlos escondidos en su cabeza para nunca más verlos, siempre era el pequeño Gunter quién se encargaba de ello, su padre era su mano derecha, pero él parecía tener un cariño especial por su rey y el rey lo aceptaba con agrado, porque cada vez que esos pensamientos desoladores se asomaban el pequeño Gunter estaba allí para abrazarlo, luego su padre se les unía.

Sin embargo, ni sus intentos por olvidar esos pensamientos, ni los intentos del pequeño Gunter por consolarlo evitaron que Gunter finalmente cayera en el profundo sueño en que todos sus demás amigos habían caído.

El Rey y su joven amigo se encontraban frente a un tumba de nieve… siempre cubrían a los que no despertaban con nieve. Las lagrimas caían de sus ojos, las de Gunter se convertían en hielo con el clima y las de él salían siendo hielo. Era bueno tener a alguien que te acompañara, pero no le gustaba perderlos, se sentía como si todos fueran a abandonarlo, se sentía como sí no fuera la primera vez que lo dejaban solo, que lo abandonaban a su suerte. El rey lloro con mayor desesperación hasta que unas pequeñas halitas trataron de darle un abrazo, Gunter era quien trataba de darle un abrazo.

- ¿Tú también me dejaras Gunter? No quiero que te vallas, pero se que lo harás – Las lagrimas seguían cayendo de sus ojos.

- Wenk – Gunter lo miro con sus pequeños y grandes ojos húmedos.

- ¿Me lo prometes, me prometes que no me dejaras?

Gunter asintió con la cabeza y luego tomándolo de la mano con su pequeña halita guío a su rey de vuelta a su castillo. Él no sabía porque se sentía más tranquilo, así mismo como no sabía porque sentía que Gunter era especial.


NA: ¡Hola! ¿Tienes un feliz comienzo en este 2013? ¿o eres un zombie del apocalipsis del 21 del 12? :D

En fin, me alegra que más de alguien se haya interesado por esta historia, los reviews que recibí son muchos más de los que esperaba (yo no esperaba ni uno), tan solo me disculpo por la demora, los últimos días del año son ajetreados para mi... muy ajetreados, pero ya estoy de vuelta y ahora tan solo me falta un capitulo para terminar esta historia. Espero que nadie se haya confundido con quien es quien, esto de los Gunters es confuso .

¡Los comentarios son recibidos con abrazos psicológicos!