Capítulo No1
Un Reencuentro Y Plan De Seducción
Sasha regresó del inframundo a través de un portal que creó ella misma, y que solo podía hacerlo ya que Hades no mantenía su barrera en alto. Aterrizó con la diosa Nike en el jardín de los laureles cercano al templo de Atenea. Suspiró por el agotamiento, necesitaba descansar. El viaje al inframundo le consumía el cosmos casi en su totalidad, pero fue un viaje que hizo por amor a Sísifo de Sagitario, sin mencionar que también quería al resto de sus caballeros, y gracias a su esfuerzo, los tendría a todos de vuelta.
Sasha planeaba recompensarlos con una vida que ellos mismos se negaron por ponerse a su servicio cuando aceptaron el manto dorado, creando la orden dorada que la recibió en el Santuario, y que cuidó de ella. La sola memoria de su orden la hizo sonreír, aunque no se imaginó jamás que el pacto para la resurrección sería el desprendimiento de su virginidad. Atenea no se había entregado a nadie antes, y como humana, Sasha era inexperta. Tendría que informarse un poco sobre las relaciones sexuales pues jamás antes las había siquiera considerado.
Tal vez alguna de sus criadas podría instruirla en aquel arte. Pensó primeramente en Andrea, su criada más recurrente. A pesar de su corta edad, Andrea ya tenía marido, ella sin duda se lo podría explicar. Sasha se avergonzó de sus propios pensamientos, además, primero debía de hablar con Shion. El Patriarca necesitaba estar informado de lo que ella y Hades habían llegado a acordar. Indudablemente, Shion se enojaría bastante. Se esperaba mucho de la diosa Athena, no que negociara su virginidad con Hades.
El pensamiento de Sasha se posó entonces en su tío. Hades realmente se veía sincero, y Sasha deseaba poder creerle con todo su corazón. Solamente tenía una encomienda, seducir a Sísifo para poder estar juntos, ese sueño que ella siempre había soñado que se hiciera realidad ahora podría suceder gracias a Hades.
El pensamiento la ruborizó. La respuesta que esperaba de Hades cuando fue a negociar con él no era esa, pero ahora no podía cambiarla. Esta noche lo vería de nuevo, tendría que buscar la oportunidad de poder quedarse a solas con él y entregarle su virginidad y su corazón. Deseaba decirle que siempre lo amó.
Dentro del templo de Athena, Shion estaba preocupado y buscando a Sasha por todos lados. Shion había estado pensando en una forma de revivir a los santos dorados y creía haberla encontrado. Cuando por fin dio con la joven, Shion se alegró, pero pronto se acercó a ella preocupado pues en el rostro de Sasha estaba pintada la intranquilidad. Sasha apenas y se dio cuenta cuando Shion le pidió audiencia, pero asintió, y lo acompañó a su despacho.
Cuando llegaron al despacho del Patriarca, le pidió que se sentara, a lo que Sasha atendió. Sasha inmediatamente le contó todo a Shion, sin ocultar detalle alguno, y le suplicó a Shion su compresión. Le relató todo lo que había acontecido en el inframundo con respecto a la propuesta que Hades y ella habían acordado, le espetó su seguridad en la palabra de Hades asegurándole el que iba a funcionar. También le mencionó que sabía que Shion no estaría contento con su decisión.
Cuando terminó su relato, el Patriarca no podía creer todo lo que había escuchado en tan poco tiempo. Tampoco podía comprender el cómo su diosa se había atrevido a negociar la castidad que por tanto tiempo había mantenido a lo largo de incontables generaciones. Era una propuesta demasiado fuerte para su gusto, todo lo que involucrara la castidad de su diosa lo era. Shion suspiró después de meditar bien sus palabras.
—Veo que la propuesta de Hades es demasiado… —comenzó Shion, intentando mantener la calma—. Inconcebible… mi señorita… su castidad es… sagrada —intentó explicarle—. Pero al mismo tiempo, como su Patriarca, no me queda más que aceptar la propuesta —a Sasha le alegró escuchar eso, pero el Patriarca simplemente suspiró. Shion posó vista a los preciosos ojos esmeralda de Sasha, y continuó—. Pero aun así, usted debe pensar bien las cosas. Si el resto de los dorados se enteran no me quiero imaginar lo que le podría pasar a Sagitario. Entienda que la virginidad de una diosa es extremadamente sagrada.
—Yo lo amo —fue la respuesta cortante de Sasha—. Lo sabes, sé que lo sabes, y sé que es una propuesta demasiado extraña, y si estuviera en otras circunstancias no lo haría, pero si la vida de Sísifo puede ser salvada… —hizo una pausa, y Shion la miró con comprensión—. No sabes cuánto desee que los caballeros regresaran a mí… Sísifo más que nadie por sentimentalismo, impropio de una diosa pero también soy una humana… aún me arrepiento de no haberme dado cuenta antes de los sentimientos de Sísifo —lloró Sasha.
Shion sintió compasión. Sabía que la mortalidad de la diosa Athena y su humanidad siempre acarreaba problemas a los Patriarcas, pero jamás escuchó de una encarnación ordenando a un Patriarca el despreocuparse por su castidad. También sabía muy bien que el día que Sísifo le reveló sus sentimientos a Sasha a través de sus acciones, literalmente se había confesado a Sasha, pero la diosa lo había interpretado de otra manera, ella entendió su sacrificio como lealtad incondicional. Pero ahora todo era diferente, Sasha amaba a Sísifo, pero la virginidad de Atenea debía ser conservada a como diera lugar. Aunque Shion sabía que cuando Sasha se proponía algo, siempre lo obtenía.
Sasha hizo una leve reverencia sin querer continuar con la conversación y comenzó a retirarse, dejando a Shion solo, meditando. ¿Cómo haría para ocultar esto al resto de los dorados cuando volvieran a renacer? Le preocupaba sobre manera pues sabía que al El Cid principalmente no le caería nada bien saber que Sasha había hecho tal propuesta donde su inocencia y virginidad estaban en riesgo. Seguramente por lealtad querría matar a Sísifo, a pesar de que fuera su mejor amigo. Por el bien de todos sus caballeros, al menos Shion tenía que ser prudente.
El resto de la tarde, Sasha siguió con sus obligaciones para distraer un poco su mente. Ya había caído la noche, sus dorados volverían al anochecer. El pensamiento la hacía muy feliz, más que Sísifo estaría entre ellos, por lo que tenía que vestirse muy bien, escoger un vestido que acentuaría mejor su sensual figura para seducirlo.
Después de terminar sus obligaciones se retiró más temprano a sus aposentos. Por la tarde le explicaría a Andrea su situación para que la ayudara con instruirla en las artes de la seducción de los mortales, lo que ya comenzaba a impacientar a Sasha.
Entró a su habitación, se preparó para la noche, y sacó un vestido sencillo parecido a una túnica griega, pero de un lindo color rosa largo que se ataba de un solo hombro. También tenía un broche, y para complementar, aunque a Sasha le dio pena, tenía un sensual corsé blanco de encaje que se ajustada bien a su cuerpo y le levantaba su busto. Buscó un par de bragas blancas, muy sensuales por cierto, y pantimedias de un color blanco hueso con tirantes muy provocativos. Aquel atuendo había sido confeccionado por un modelista Italiano apasionado en la vestimenta griega más antigua que le había regalado aquel vestido como ofrenda a la diosa Athena. El hombre también había aclarado, que quien la viera vistiendo aquellas prendas 'negaría inclusive la belleza de Afrodita en favor de la de Atenea', lo cual era un sacrilegio, pero un sacrilegio bien recibido. Sísifo no sería la excepción, si se vestía así lo seduciría totalmente.
Se desvistió, se metió en la bañera pensando en esas noches donde Sísifo la hacía su mujer, meditando en esos sueños donde ella sabía lo que era el amor verdadero y lo que era tener un amante a su lado. Sonrió, esperaba que todo estuviera bien, ya se imaginaba con un hijo de Sísifo en su vientre. Ese último pensamiento la hizo sonreír con ternura.
¿Cómo sería su hijo? Lo imaginaba con ojos azul prusia como los de su padre, o los tendría esmeralda como los de ella. O tal vez sería como ella físicamente, o más parecido a su padre. Eran tantas las posibilidades que ella se imaginaba. Imaginaba tenerlo en sus brazos, sería un sueño ser madre. Desde su existencia como una huérfana, Sasha siempre había querido ser madre pues no sabía lo que era tener una. Anhelaba más que nunca ser mamá, y darle un hijo a Sísifo, que sería un padre esplendido.
Pero imaginarse como madre era apresurado considerando que jamás había tenido una relación ya fuera de noviazgo o de cualquier tipo similar. Comenzó a pensar en cómo sería su primera vez. Sasha recordaba el toque de Sísifo en sus sueños. Tan erótico como a la vez placentero, más en su entrepierna y sus pezones, que se endurecieron de la excitación. En sus sueños, Sísifo jugueteaba con ella, con todo su cuerpo, aunque tenía favoritismo por su entrepierna, donde se encontraba el tesoro más grande que una mujer le podía entregar a un hombre, su virginidad.
Recordaba el como él la besaba, acariciaba, y disfrutaba. Era tan sensacional, y más aún porque él era cuidadoso, no deseaba lastimarla. En todo momento, fue gentil. Sasha se sonrojó horriblemente al recordar esos sueños tan eróticos y prefirió ignorarlos. Se sentía indecente al recordar esos sueños, ella era una mujer demasiado inexperta en esas cosas, tendría que buscar a Andrea para que le explicara.
Después de bañarse, se vistió con la lencería que había escogido, mirándose al espejo y disfrutando lo atrevida que se veía, aunque se sintió desnuda. Después se vistió con la túnica, y se colocó el cabello a medio recoger con una coleta al medio, dejando caer todo su precioso cabello lila. Se preparó, ya había anochecido, sintió una holeada de cosmos. Los ojos de Sasha se humedecieron, y no lo soporto más.
Salió corriendo hasta el observatorio, donde se sentían las olas de cosmos. No solo ella había salido, Shion también había sentido los destellos dorados, por lo que ambos corrieron hasta el observatorio, donde las 10 armaduras doradas se presentaron, se dividieron en sus partes, y vistieron a los cuerpos reconstruidos de los 10 hombres que habían regresado de la muerte.
Los 10 caballeros dorados caídos aparecieron frente a ellos en su máximo esplendor. Los ojos de Sasha se llenaron de lágrimas al verlos, especialmente a Sísifo, que no dejaba de ver confundido el lugar, hasta que sus ojos quedaron posados en Sasha, quién al verlo, no logró contenerse. Corrió hasta su lado, se tiró en sus brazos, y lo abrazó con fuerza, como si la imagen de él fuera irreal, como si nunca más lo volviera a ver. Sintió la mano de Sísifo frotándole la cabeza con cariño, aquello alegró a Sasha, que se soltó de los brazos de Sísifo, y le besó el cachete, aunque poco le faltaba para no soportar el impulso enorme de besarlo en los labios. Pero no podía, estaba rodeado por el resto de los caballeros dorados que merecían respeto. Se soltó de él, y lloró de felicidad al verlos a todos allí reunidos, y confundidos.
—Caballeros… —comenzó—. Sé que están confundidos y aturdidos, eso no lo niego pues le he pedido a mi tío Hades que los liberara —aclaró, y todos se quedaron sin habla—. Ustedes arriesgaron su vida por protegerme, es lo mínimo que podía hacer por ustedes. Sacrificaron tanto… por esa razón, les doy una segunda oportunidad de vida. Quiero que sean felices y que tengan una vida plena —lloró Sasha de felicidad al verlos a todos, quería darles a todos una oportunidad de vida enorme, que se les había negado al momento de portar una armadura dorada que les cerraba esas posibilidades de vida.
—Señorita Sasha, yo… la verdad no lo entiendo —comenzó Asmita—. ¿Porque hizo esto? Nosotros estábamos más que dispuestos a arriesgar nuestras vidas por usted ya que usted traería la paz al mundo —le explicó Asmita en un tono tranquilo y sereno, como siempre lo tenía, Mantuvo sus ojos cerrados en todo momento.
—Lo sé, Asmita… —le respondió Sasha con dulzura—. Pero yo quiero que ustedes sean felices, y vivan una vida tranquila en este mundo que ya no conoce de guerra.
—Señorita Sasha, perdónenos por hacerla preocupar tanto —le respondió Albafia—. Si es por usted, le juro mi lealtad a un después de la muerte. Salve Athena por su gran y bello corazón —prosiguió Albafica, y se inclinó, los siguieron su ejemplo.
La felicidad de Sasha era más que evidente en sus acuosos ojos, el reencuentro fue de lo más placenteros. Todos hablaron con ella, le agradecieron, juraron sus respectivas lealtades. Algunos fueron más fuertes que otros, otros, como Kardia, más insolentes. Pero poco a poco, todos se retiraron a sus respectivos templos, por fin el Santuario tenía a sus dorados completos.
Sasha observó a Sísifo, pero Sasha le tendió la mano gentilmente, y con su silencio le pidió que no se fuera. Sísifo estaba confundido, había estado jurando que estaba siendo torturado en el inframundo cuando de la nada regresó para ser cautivado por esos hermosos ojos que lo habían enamorado desde hace ya varios años. Asintió, permitiendo que el resto de los dorados se retirara, hasta que por fin quedaron a solas.
Sísifo observó a Sasha. La dulzura en su rostro que por siempre lo atormentó en sueños e inundó su vida de deseos y pasiones estaba nuevamente frente a él. Pero Sísifo no se sentía con el derecho de poder verla. El temor de saber que sus sentimientos no le serían correspondidos le influía más miedo que cualquier espectro de Hades. Volver a experimentar ese dolor era indescriptible. Pero aún deseaba cuidar de ella, aún con el corazón destrozado, Sísifo lo entregaría todo por ella. Se aseguraría de que nada cambiaría. Observo a Sasha como un caballero al servicio de su diosa, los ojos de Sasha por su parte se mostraron tímidos y volvían a humedecerse. ¿Se trataba acaso de dolor? ¿Estaba Sasha por soltar la flecha que le destrozaría el corazón por completo al rechazarlo? ¿Podría ser lo contrario y que Sasha pudiera devolverle su amor? No, aquello era imposible. Ella jampas lo amaría de la misma forma en que él la amaba a ella.
—Señorita Athena —reverenció—. No tengo palabras para expresarle mi alegría de volverla a ver. No sabe lo preocupado que me tenía —prosiguió—. Desde el inframundo, no he hecho más que pensar en usted… y en cuanto a lo acontecido frente al lienzo pues yo… —intentó explicar Sísifo. Pero un dedo de Sasha sobre sus labios lo silenció.
—No hables, por favor —lo interrumpió—. No te preocupes, yo estoy bien y feliz de verte. Tú has sido muy importante para mí, ¿lo sabías? No soportaría perderte de nuevo —confesó, y lo abrazó de nuevo.
—Yo… —comenzó Sísifo, conmocionado y con el pecho hirviéndole—. Señorita Athena… lamento mucho haberla hecho sufrir. Yo no quería hacerle daño con mi sacrificio pero era mi deber como caballero dorado, protegerla incluso a costa de mi vida —intentó tranquilizarla al ver como Sasha lloraba y lo abrazaba como si temiera que se volviera a morir.
—Perdóname… mis lágrimas no son de pena… —le explicó—. Si me ves así es porque estoy feliz de tenerte a mi lado de nuevo. Eso es lo único que me importa —se secó las lágrimas Sasha y se apartó de él. Pero no quiso contarle lo del trato, ya tendría tiempo para hacerlo después, por lo pronto debía conquistarlo, seducirlo, solo asó podría vivir feliz a su lado. Era un plan arriesgado. Pero si daba resultado, quizás más adelante se casarían, tendrían una familia, lo que ella siempre había anhelado. Debía armarse de paciencia, y hacer sus movimientos de la forma correcta.
…
Pasaron dos semanas desde que los caballeros dorados fueron revividos, y auxiliaron junto con los demás en la reconstrucción del Santuario. Aunque la reconstrucción ya estaba bastante avanzada y solo faltaban los detalles finales. Los dorados ahora gozaban de tener una vida normal y tranquila.
Albafica se dedicaba con esmero a seguir con el mantenimiento de su jardín como lo había hecho en el pasado, pero esta vez ya no había enemigos a los que debía derrotar. Sin guerra, la vida era más. Hasgard regresó a entrenar nuevos discípulos, prestando mayor atención en el entrenamiento de Teneo, a quién veía como su posible sucesor. Por otra parte, Deuteros disfrutaba de su segunda oportunidad de vida en el Santuario. Manigoldo se burlaba de la vida como siempre, ahora incluso más orgulloso por haber desafiado a la muerte en su cara. El Cid seguía perfeccionando su Excalibur. Sísifo como siempre, se quedaba al lado del caballero de Capricornio, como su mediador, y no solo eso, también visitaba a Sasha recurrentemente, y se mostraba desconcertado por la actitud de Sasha. Antes ella era dulce y tierna, pero ahora lo era más con él que con los demás, Sísifo se atrevería incluso a pensar que le parecía algo coqueta.
Últimamente, Sasha intentaba estar a solas con Sísifo. Aquello lo preocupaba sobre manera, además de que ella llevaba vestidos con escotes demasiados sensuales que no lo dejaban pensar bien, e incluso el día anterior al actual cuando caía la tarde y la había acompañado al bosque a caminar un rato, Sasha se había comportado de una manera coqueta y picara. El vestido que había llevado era demasiado sensual para su parecer, aunque tenía que reconocer que le quedaba bastante bien.
Sasha no desperdiciaba oportunidad alguna para intentar llamar la atención de Sísifo. Constantemente lo abrazaba sin darle alguna razón, o se paraba muy cerca de él cuando había testigos. En ocasiones cuando hablaban, Sasha lo hacía con normalidad. Pero en ocasiones, Sísifo llegó a notar que su voz se tornaba juguetona.
Estos cambios en la personalidad de su diosa no eran del agrado de Sísifo, y el de Sagitario estaba seguro de que no era el único en notarlos. Manginoldo, Regulus e incluso Dohko que había regresado al enterarse de la resurrección de sus hermanos de armas, comenzaban a notarlo también, incluso los había escuchado comentar sobre el extraño cambio de la diosa. Siempre que alguien mencionaba el nombre de Sísifo en una conversación, Sasha se ruborizaba un poco, y alguna vez Sísifo escuchó en conversaciones ajenas que alguien mencionaba que Sasha siempre se tornaba juguetona respecto a él. Alguien más mencionó que en los ojos de Sasha había un brillo muy diferente cada vez que lo veían. Sus ojos se iluminaban como si estuviera cerca de la persona amada.
Sasha había convocado a Andrea, su criada más cercana, para hablar con ella pues necesitaba contarle desesperadamente todo. Ya no lo soportaba más, pero para su suerte, siendo una de las criadas más cercanas, había escuchado la conversación de ella con Shion, y sonrió de forma materna cuando Sasha se lo confirió.
—Mi señorita Sasha, me alegra mucho que me tenga la confianza de confesarme todo esto —comenzó Andrea—. Pero ya estoy enterada de los que hizo en el inframundo. No es necesario que se detenga a contarme los detalles, pero creo que usted necesita ayuda, mucha ayuda con respecto al tema del sexo —habló ella, y Sasha asintió. Andrea tan solo le sonrió maternalmente, lo que terminó por avergonzar a Sasha.
Ya en confianza, Sasha le hizo preguntas de toda clase, y Andrea se las respondió, e incluso le dio consejo cuando se tocaros los temas más vergonzosos, y le explicó el cómo Sasha durante el acto sangraría en su primera vez, y que experimentaría dolor. Pero que después, el acto le traería placer.
Durante el plazo en que estuvieron conversando, tocaron diferentes temas relacionados con el cuerpo de una mujer y sus secretos. La mayoría asombró mucho a Sasha pues resulta ser que Andrea en el pasado había sido partera, y aquello la alegró bastante. Quizás mas adelante podría atenderla a ella cuando diera a luz a su bebé. Después de una larga jornada de conversación sobre el tema, Andrea le dijo por fin a Sasha:
—Creo que usted ama bastante al caballero de Sagitario —comenzó—. Se le nota que quiere ser su esposa, es evidente a simple vista. Pero primero, antes de tirar una declaración, piense bien lo que va a hacer pues él se muestra confundido. Y los demás dorados ya están notando su comportamiento fuera de lo normal mi señorita —le aconsejó Andrea, y Sasha asintió.
—Lo sé… pero… yo sé que Manginoldo ya se ha dado cuenta pero quiero hacer esto. Si Sísifo y yo no logramos tener aunque sea una de las dos condiciones de Hades, morirá. Lo amo mucho como para dejarlo ir —Sasha bajó la mirada con tristeza y dolor. Andrea le sonrió nuevamente.
—Sasha, tranquila… todo estará bien —la tranquilizó Andrea—. Ten fe en tu amor. Además él ya te ama a ti. Si quieres agilizar las cosas, ¿qué tal una cena entre ustedes dos? —le sugirió Andrea, y Sasha le sonrió—. Otra cosa… —le susurró—. Sé que es algo de mas pero tengo algunas lencerías guardabas que te pueden servir bastante.
Sasha se ruborizó, y no solo eso, para demostrar su punto, Andrea había abierto un pequeño closet donde le enseñó la lencería más atrevida que había visto: sostenes de tela de encaje de color negro, otros de color rojo, pantimedias y bragas parecidas a las de ella pero más pequeñas, y lo que avergonzó más a Sasha, una sensual neglilee de color negro con blanco con pantimedias negras, y ella observo a Andrea, que le guiñó el ojo.
—Si lo necesita para una noche con Sísifo, solo debe pedírmelo, señorita —sonrió ella de forma juguetona, pero Sasha se ruborizo más todavía.
—Creo que aceptaré la oferta —le mencionó—. Aunque ya tengo un plan con esto, pero no quiero empezarlo todavía. Primero quiero decirle a Sísifo cuanto lo amo. Lo quiero, y lo he anhelado pero tengo miedo de que el piense que yo no lo amo.
—Sasha eso se ve a simple vista —le mencionó Andrea—. Tú lo amas bastante, aún recuerdo los días que llorabas por él. Incluso recuerdo el día en que intentaste suicidarte al recordar a Sísifo aquella vez que caminaba por una avenida que usted y él joven Sísifo transitaban antes de su muerte. Las aldeanas comenzaron a recordar a Sísifo por su gran valentía, algunas inclusive presumían que fueron algunas de las tantas conquistas de Sagitario.
—No olvido ese día —respondió Sasha—. Lloré tanto aquel día. Cuando llegué de regreso al Santuario, tomé la flecha de Sagitario e intente clavármela en el pecho por el dolor que sentía —Andrea lo recordó, y asintió con tristeza—. Pero no pude hacerlo… Sísifo no hubiese querido eso —lloró Sasha, pero después se secó las lágrimas, agarró la neglilee que Andrea le había ofrecido, y se la pidió para llevar a cabo un plan ese mismo fin de semana.
Aquel fin de semana, algunos dorados saldrían por responsabilidades con el Santuario, y Sísifo se quedaría como parte del grupo de guardia. Esperanzada de tener un poco más de privacidad con Sísifo, Sasha se despidió de Andrea, se llevó la prenda y salió del Templo de Athena con la prenda en sus manos, sin percatarse de que en ese momento Manigoldo salió de su escondite, desde el cual había estado escuchando la conversación, Andrea siempre estuvo al tanto de su presencia, pero le permitió escuchar.
—¡Vaya, vaya, vaya! De qué cosas se entera uno en el Santuario —se rio Manigoldo—. Ahora lo entiendo todo, aunque a decir verdad no me gusta para nada —se quejó Manginoldo—. Tal vez Sasha requiera de algo de ayuda al respecto —Manigoldo no tenía la costumbre de llamar a Sasha como señorita o diosa, lo cual no era del agrado de Andrea, pero lo toleró.
—Sísifo y la señorita no deben solo entregarse el uno al otro en la cama. La señorita debe de embarazarse de un hijo suyo, lo que conllevaría a muchos problemas en el Santuario —e preocupó Andrea.
—Tsk, de eso no se le puede culpar a Sísifo. Al menos tiene la oportunidad de decir que es orden de Hades, tiene el permiso de los dioses —se quejó Manigoldo—. Ya me encargaré de hablar con los demás. Aunque espero que El Cid no intente asesinar a Sísifo, eso sería problemático. Bueno, estoy aburrido, supongo que no pierdo nada con darle un empujón a Sasha y burlarme de Sísifo en el proceso.
—No creo que tus motivaciones sean las correctas pero… —comenzó Andrea—. Cuentas conmigo. Solo espero que este fin de semana Sasha sepa utilizar su tiempo sabiamente con Sísifo.
Manginoldo asintió, sabía a qué se refería Andrea con utilizar el tiempo sabiamente. Con los dorados en su mayoría fuera, y Sísifo quedándose para servir a Sasha, el tiempo que pasarían juntos se intensificaría.
…
Sasha guardo la pieza de lencería en su gaveta, este fin de semana planeaba escabullirse en el templo de Sagitario por la noche y allí tratar de seducirlo para hacer el amor. La puerta fue tocada Sasha gentilmente en ese momento, Sísifo cerró de golpe la gaveta de su ropa interior, corrió a abrir la puerta, y se llevó una gran sorpresa al encontrarse a Sísifo, que había venido de visita con el propósito de hablar con ella. Sasha se hizo a un lado para que Sísifo pasara.
—¡Sísifo! —reaccionó con nerviosismo—. Qué agradable sorpresa, ¿qué te trae por aquí? —pregunto ella con una sonrisa radiante, y Sísifo le regresó la misma.
—Solo venía a verla, pero necesito preguntarle algo… espero que no se sienta incomoda ante mi pregunta —comenzó Sísifo, y Sasha lo invitó a pasar.
—¡Oh! —se asombró Sasha—. Claro que no, Sísifo. Al contrario, me complace responder tus dudas, por favor pasa —le ofreció sentarse sobre su cama, lo que incomodó un poco a Sísifo, pero aceptó la invitación.
—Perdone mis insistencias, mi señorita Sasha —comenzó—. ¿Porque nos revivió? —insistió en la pregunta—. Nosotros ya habíamos aceptado la muerte, no lo entiendo. No quiero parecer imprudente pero de verdad no lo entiendo —terminó.
—No… al contrario, Sísifo… —le respondió ella—. La imprudente puede que haya sido yo… lo que sucede es que… —los ojos de Sasha se humedecieron, y eso asombro a Sísifo que enseguida se lamentó haberse comportado como un imprudente. Pero Sasha no lo culpaba. Ella se paró, se viró para que Sísifo no la viera llorar, pero eso fue inevitable, ya que Sísifo se sintió mal, no le gustaba ver a una mujer llorar. Mucho menos a ella.
Sísifo se puso de pie también, tomó de la mano de Sasha en un impulso, la atrajo a si mismo, pero cometió un error pues ella quedo frente a su labios casi compartiendo un beso con él. Aquello los paralizó a ambos en su sitio, pero le dio la oportunidad a Sasha de dar el paso que necesitaba dar. Antes de que Sísifo pudiera reaccionar, antes de que el miedo pudiera alcanzarla, Sasha se acercó a Sísifo, y lo besó. El asombro en el rostro de Sagitario era inmenso, por fin sentía tener los labios de Sasha en contra de los suyos. Era algo que él siempre había deseado, besarla, probar sus labios. Pero eso estaba prohibido, era indigno, sucio, y pervertido de su parte, ya que él era un hombre de casi 30 años de edad y Sasha era una niña de 18 años solamente. Sin mencionar que como caballero dorado y diosa, la situación era inclusive más prohibida.
En algunos momentos, Sísifo lograba ignorar la sabiduría de que Sasha era una diosa, y se concentraba solamente en la edad. Sasha era mayor de edad, ella misma había decretado que la mayoría de edad no sería a los 21 sino a los 18 años de edad. Peor aun así ella podía pasar por su hermana o hija ya que Sasha definitivamente se veía más joven que su edad, y Sísifo, por su madurez, más viejo. No podía pensar con claridad pues sentía que las manos de ella le rodeaban la espalda, empujando el beso aún más profundo. Luego bajó hasta el peto de su armadura dorada, y aquello lo asustó. ¿Acaso ella pretendía desprenderle su armadura? ¿Qué le sucedía? Se separó de ella con violencia, sobresaltándola.
—Sísifo… —se intimidó Sasha—. ¿Qué sucede? —preguntó ella asombrada. Sísifo no entendía lo que le pasaba a ella. Ya no era la dulce, risueña e inocente muchacha que le había cautivado el corazón. Ahora se estaba comportando de una manera extraña.
—Señorita Athena, le ruego que me explique qué es lo que está sucediendo —comenzó Sísifo—. ¿Qué intentaba hacer… al llegar a mi peto? —se ruborizó.
—Yo… —Sasha también estaba nerviosa—. Fue… solamente un impulso, la verdad yo… —se ruborizó. Se había perdido la valentía del momento y ahora le apenaba pensar en lo que pudo haber acontecido. Pero ella ya no lo soportaba, ella lo amaba. Se armó de valor, tenía que decirle que su amor era correspondido—. Sísifo… yo… la verdad es que… —tomó aire, y gritó con fuerza—. ¡Te amo Sísifo! ¡Ya no lo soporto! ¡No sabes lo difícil que fue no tenerte a mi lado! —lloró Sasha.
Sísifo quedó helado ante la revelación de Sasha. Ella parecía sincera pues sus ojos se iluminaron al verlo. Sasha se volvió a acercar, con un hermoso rubor en su rostro y con aquella sonrisa dulce que le derretía el corazón. Volvió a besar sus labios, reafirmando su decisión. Pero este beso era diferente al anterior, no estaba lleno de pasión, sino de una ternura inimitable como si temiera que él no fuera real. Sasha sollozó, feliz. Al fin su corazón se había desahogado, solo faltaba ver si él le correspondía ahora. Ella sabía que sí, lo sabía mejor que nadie. Pero Sísifo se zafó de ella sin poder asimilar lo que estaba ocurriendo. Sus sueños más profundos se estaban materializando al fin. Pero no podía aceptarlos.
—Por favor no diga eso… señorita… —comenzó Sísifo, con una mezcla de shock y dolor—. Usted no puede amarme, yo soy su caballero dorado —aquellas palabras hirieron a Sasha, en lo más profundo.
—Sísifo, lo que siento por ti es real —insistió la diosa—. No pienses que es mentira o algún producto de tu imaginación, es real, solo toca mi corazón y te darás cuenta —le aseguró, tomó su mano, y la colocó sobre su pecho.
Aquello ruborizó a Sísifo al extremo, pero Sasha solo quería que sintiera su corazón, que sintiera aquel rítmico latido que ella siempre había estado reservándose. Sísifo quedó asombrado, el corazón de Sasha latía a la misma potencia que el suyo. Sin quererlo comenzó a perderse en sus hermosos ojos esmeralda, supo que no era una mentira, ella, su diosa, por fin le correspondía. Más que corresponderle incluso, Sasha estaba dispuesta a ser su mujer. Pero Sísifo fue fuerte. Pidió disculpas, tenía que retirarse, necesitaba procesar todo lo que había ocurrido, lo que dejó a Sasha entristecida.
…
Cayó el atardecer en el templo de Sagitario. Sísifo se encontraba leyendo un libro tratando de desviar en su mente la revelación que el siempre creyó que jamás tendría, que Sasha jamás lo amaría. Pero hoy no solo descubrió que ella lo amaba, sino que también lo deseaba como hombre. Y lo estremecía el pensar que él también la deseaba como un hombre desea a una mujer. Se la imaginaba completamente desnuda en su cama mientras él la degustaba, y no solo eso, ya se imaginaba sus largas e sensuales piernas rodeándole las caderas. Cerró su libro, movió la cabeza en negación un buen número de veces, no podía pensar en esas cosas, él era un caballero dorado, no un hombre que pudiera amarla. Se llevó una mano en la cabeza, e intentó tranquilizarse.
Esa confesión le había abierto a quizás un futuro donde ellos podían amarse sin ser diosa y caballero, o tal vez ella se casara con él y le diera ese hijo que él tanto había deseado. En el pasado no podía pensar esas cosas. Sísifo entonces sintió que la puerta de su biblioteca se abrió, dejando ver a su sobrino Regulus que sonrió al verlo.
—Buenas, tío Sísifo —saludó el de Leo con una sonrisa, y Sísifo le devolvió el saludo—. Oye, ¿porque tan serio? —le preguntó con una sonrisa.
—Siempre soy serio cuando leo —le respondió con frialdad—. ¿A qué se debe tu presencia en mi templo? —le preguntó sin posar su atención fuera de su libro.
—¿A qué vine? ¡Ah sí! —se alegró Regulus, y Sísifo se preocupó un poco por la estabilidad mental de su sobrino—. Este fin de semana me voy a pasar unos días cerca de la tumba de mi padre. ¿Quieres que le mande algún recado de tu parte? —le preguntó con una sonrisa, y Sísifo asintió.
—Si —cerró su libro Sísifo—. Dile que espero que este bien, y que desearía que tuviera una segunda oportunidad de vida como algunos afortunados que tienen la complacencia de la diosa Athena —agregó—. Al menos me gustaría que pudiera estar aquí el tiempo suficiente para verte hecho todo un caballero. Él estaría orgulloso de ti. Regulus le sonrió, y asintió ante las palabras de su tío.
—Él también estaría orgulloso de ti —le contestó—. Eres un gran caballero dorado tío, y el mejor general que la señorita Sasha pudiera tener. —Sísifo asintió de nuevo—. ¡Oh! ¡Antes de que se me olvide! ¿Sabes que Dohko, Manginoldo y yo estuvimos conversando sobre que la señorita está actuando algo extraña?
—¿Qué te hace pensar eso, Regulus? —el de Leo se encogió de brazos sin saberlo con certeza.
—No lo sé —meditó sobre ello Regulus—. Pero todos concluimos que siempre que mencionábamos tu nombre frente a la señorita, ella actuaba de una manera extraña como si fuera una niña enamorada —Sísifo se sobresaltó y ruborizó—. Pero todos sabemos que es una tontería. ¿No te da risa, tío? ¡Jajajajaja!
—En el nombre de Athena… si Regulus se da cuenta también de verdad estoy perdido… —susurró para sí mismo Sísifo—. Mejor te vas a dormir, Regulus, yo también debo levantarme temprano —Regulus asintió, y se retiró para dejar a su tío descansar. Y sin embargo, la pequeña intriga de las reacciones de Sasha al nombre de su tío lo intrigaba. Tendría que asegurarse bien antes de partir.
…
Los días fueron pasando y por fin llegó el fin de semana. Varios de los caballeros dorados comenzaron a retornar sus caminos, solamente quedando en sus templos como guardias Manginoldo de Cáncer, Deuterios en Géminis, Sísifo en Sagitario y Albafica de Piscis. El resto se había ido para pasar un tiempo fuera, o a descansar un poco de la guerra, pero regresarían dentro de unos cuantos días.
Sasha se despidió con una sonrisa de todo, incluso de Shion que tuvo que partir a resolver un asunto de Patriarca en Jamir. Sasha sonrió, hoy era el día que tendría que ingeniárselas para que Sísifo le hiciera el amor.
El resto del día, Sasha se la pasó paseando con Manigoldo pues la había invitado a salir para que no se sintiera aburrida en su templo, y sabiendo lo molesta que ponía a Saha cumplir responsabilidades durante un sábado. Ambos se sentaron a conversar temas sin importancias, pero aun así hacían reír bastante a Sasha.
Después de tantos chistes, algunos de los cuales fueron en Italiano por parte de Manginoldo y que afortunadamente Sasha comprendía por su vieja patria, Italia, Sasha había quedado asombrada por la repentina postura de seriedad del caballero de Cáncer y se le quedo viendo con curiosidad.
—Sasha, hay algo de lo que tenemos que hablar —le mencionó el de Cáncer, asombrando a Sasha aún más, y ella simplemente asintió ante las palabras de Manigoldo—. Dicen por allí que nuestra diosa ha estado de coqueta con su amado caballero de Sagitario —Sasha se quedó sin habla, y Manigoldo le dirigió una sombría sonrisa. Pero a sabiendas del conocimiento de Manigoldo, no le quedó más que asentir—. Sasha si tanto lo ama. Solo dígaselo, será muy divertido ver su reacción —se burló Manigoldo.
—Se lo dije —confesó, y Manigoldo se estremeció por la sorpresa—. Pero se fue para consideras mis sentimientos… creo que lo tomó bastante bien. Me tiene bastante respeto y estima como para lastimarme. ¿Cómo no podría amarlo? Sufrí por él mucho tiempo, Manigoldo.
—Lo entiendo —comenzó Manigoldo—. Y quiero que sepa que también estoy enterado de cierto trato, con cierto hijo de espectro, por cierto tesoro que conduce a cierto hijo de diosa —terminó Manigoldo, avergonzando a Sasha aún más.
—Es verdad… —mencionó Sasha—. Hice un trato con Hades por todos ustedes. No solo Sísifo, todos se merecen una vida mejor. Es lo que menos que puedo hacer por ustedes después de que renunciaran a la vida que se merecían por ser caballeros dorados —se entristeció Sasha, y Manigoldo les limpió las lágrimas antes de que estas terminaran de formarse.
—Nah, no lo merecemos tanto —se burló Manigoldo—. Por cierto, ¿qué le pasa al tarado de Sísifo? Tiene el amor de una diosa. Si el muy cabeza hueca no se da cuenta de semejante oportunidad única. El idiota no la merece —Sasha se burló con gentileza por aquellas palabras.
Manigoldo era rudo, pero también tenía un comportamiento algo infantil. Incluso se le ocurrió que podrían ir a los mercados y comprar dulces. La idea fue del agrado de Sasha, por lo que se pusieron de pie y fueron al pueblo
Cuando pasaron por el Templo de Piscis, encontraron a Albafica desgastando una tasa de té con Andrea, la criada de Sasha. La visión le pareció algo nuevo a Sasha pues Albafica tendía a alejarse de todos antes por su sangre venenosa. Pero ahora hablaba con normalidad con su criada, conversando acerca de una actividad que se acercaba, y del cómo tenían que estar al tanto de las decoraciones. Quizás más tarde Sasha pasaría para conversar con ella.
…
En Sagitario, Sísifo de encontraba entrenando con el propósito de olvidar la confesión de Sasha. Aún se negaba a pensar que Sasha hablaba enserio. En parte, Sísifo consideraba que Sasha solo lo retribuía por su sacrificio frente a las puertas del Lienzo Perdido. Al tener aquel pensamiento, se estremeció y rompió el roble que estaba utilizando como medio de entrenamiento, hiriéndose la mano que ahora le estaba sangrando. Suspiro, tendría que buscar unas vendas para cubrirse la mano derecha que se la había lastimado.
Ya muy tarde, a la caída del anochecer, tras haber cenado Sísifo se había dispuesto a irse a dormir. Su fatiga mental lo había acabado, necesitaba descansar. Además al día siguiente tendría que salir a resolver unas misiones pequeñas que se le habían encomendado, tenía que dormir bien. No podía darse el lujo de quedarse dormido durante su misión. Llegó hasta su habitación, solo llevaba puesto unas calzas blancas para dormir dejando su pecho al descubierto. Se recostó en la cama se arropó, y cerró los ojos.
La luz de la luna se había posado orgullosa en la alcoba de Sagitario donde Sísifo dormía tranquilamente en su cama. Pero de la nada gruñó entre sueños. Sentía que alguien se estaba trepando en su cama. Abrió los ojos, espantando el sueño. Viró su rostro se encontró con algo que jamás creyó ver. Frente a sus ojos estaba Sasha, montaba en su cama encima de él. Vestía una bata negra muy larga pero por dentro dejaba mostrar que llevaba solamente puesto una lencería sumamente provocativa. Lo pudo saber porque ella al moverse sobre su cama dejaba ver entre el cierre de la bata ligeros destellos de aquella lencería. Sasha colocó sus piernas entre sus caderas, revelando sus pantimedias sumamente atrevidas. Aunque la sonrisa de Sasha, brillaba con inocencia y ternura.
—Por favor no digas nada… —suplicó Sasha, ruborizada—. Solamente soy yo, Sasha… —intentó tranquilizarse, y Sísifo de puso más nervioso todavía—. Por favor… hazme el amor… hazme el amor como nunca pensaste hacer a ninguna otra mujer —Sasha no esperó respuesta, se inclinó coquetamente, y lo besó.
Sísifo quedo de piedra al verla actuar de esa manera, jamás creyó que ella actuaria así. Sentía que podía morir allí mismo cuando vio que Sasha se desataba la bata mostrando la neglilee que llevaba puesta, y Sasha lo volvió a besar.
