La luz entraba por aquella ventana abierta llegando hasta la cama en medio de esa gran habitación, en donde un bulto se removía intentando salir de ese sueño que tenía, y con una gran fuerza se levantó y abrió sus enormes ojos chocolate, los cuales estaban algo rojos por lo sucedido esa mañana.
La castaña se estiro y salió de su cama en dirección al baño, necesitaba prepararse para ir a Midori, tenía que retomar clases después de todo. Una vez término de asearse salió y vistió con el usual uniforme de Midori el cual le quedaba a la perfección. Cuando se miró al espejo para hacerse su usual peinado recogido se detuvo, tal vez un cambio de imagen no era tan malo así que lo dejo suelto, el cual llegaba hasta un poco más debajo de la mitad de su espalda. Desde lo sucedió en el futuro lo había dejado crecer.
Tomo su maleta y salió de su habitación hacia la cocina, donde su padre se encontraba esperándola para desayunar.
—Buen día Haru. —La nombrada sonrió tiernamente para sentarse al lado de su padre. —Te vez muy hermosa hoy pequeña. Ella se sonrojo levemente y rio nerviosamente.
—¡Hahi! Haru creía que un cambio de imagen no estaría tan mal. —Su padre solo rio divertido por la actitud de su hija.
—Me alegra que ya te sientas mejor, tu madre estaría feliz por verte así. —La mirada de los dos reflejo tristeza, la madre de Haru había muerto cuando ella tenía ocho años en un accidente, y ella había usado como excusa eso para que su padre no sospechara el verdadero motivo.
—Haru está bien papa, solo no quiero olvidarme de mama y pienso que sentirme así de vez en cuando no es tan malo. —Su padre sonrió y pensó que ella tenía razón. —¡Hahi, a Haru se le hace tarde! —La castaña comió rápidamente su desayuno y tomo sus cosas y salió no sin antes gritar desde la salida. —¡Nos veremos más tarde papa! —El hombre solo sonrió, le alegraba ver a su hija como siempre.
La castaña corría por la calles, evitando a las personas mientras intentaba llegar a tiempo a la escuela. Haru pensaba mientras en todo el trabajo que tendría que hacer para recuperar los días perdidos, sería muy duro pero lo haría con tal de graduarse con honores, ya que al terminar ese año se graduaría y ella estaba entre los posibles ganadores de una beca.
—"Haru no se rendirá"
Y con ese pensamiento aumento su velocidad pero paro al llegar al semáforo que separaba su escuela de la escuela Namimori, y en ese momento los nervios la llenaron, al ver como la familia Vongola se acercaba desde el otro lado. Un fugaz pensamiento paso por su cabeza, el cual era regresa por donde vino y volver después, pero al dar un pequeño pasó hacia atrás quedo estática.
—"Haru no puede huir para siempre"
El semáforo cambio y todas las personas comenzaron a cruzar. La castaña no se quedó atrás y avanzo también así como los Vongola.
"—No es para tanto, solo actúa normal. "— Se dijo mentalmente. Haru apretó los dientes y con paso decidido y firme y con una mirada seria siguió caminando.
—"Haru es una chica fuerte después de todo."
La castaña siguió caminando hasta llegar al punto en el cual se cruzaba con los Vongola, quienes al reconocerla la miraron sorprendidos, pues nunca la habían visto con su cabello suelto, el cual era más largo pero lo que más les impresiono era su mirada, no demostraba nada solo seriedad y ni siquiera los había mirado así que ellos siguieron normalmente ignorando este hecho.
Ella hubiese esperado que al menos la saludaran, pero ellos estaban tan entretenidos hablando que solo pasaron por su lado, ajenos a ella y riendo. Mientras los guardianes hablaban y peleaban el cielo iba de la mano con su sol, y Haru tuvo una punzada.
La castaña siguió avanzando hasta que perdió de vista a los Vongola, y se recargo contra un muro mientras respiraba agitadamente y sosteniendo su pecho, sintiendo sus agitados latidos. De alguna forma ya se esperaba que eso sucedería.
—Pase el tiempo que pase, su presencia me sigue afectando. —Dijo ella mientras respiraba hondamente. —Haru no puede seguir permitiendo eso. —Ella puso una mirada nostálgica, tendría que superar esto de alguna forma.
Ella salió de ese lugar y se dirigió a su escuela con el mismo pensamiento durante todo el camino, idear alguna manera de distraer su mente, porque si seguía así entraría en una depresión de cual no creía que podría salir.
Los Vongola se habían olvidado de ella, por lo cual ya no podía estar con ellos porque solo le recordaban aquello sucedido, y sentía que ya no podía confiar en ellos. Pero lo que más le dolía era que a pesar de todo aun los quería y ver su indiferencia causaba más dolor en su alma que cualquiera pudiera soportar. Cada vez su corazón se agrietaba más.
Mientras tanto en un lugar extraño y en el que solo reinaba lo oscuro se hallaba un hombre peliblanco sentado en forma de indio con sus manos juntas, mirando por una especie de holograma todo lo ocurrido con aquella castaña y los Vongola. Aquel extraño levanto su mirada y vio de una forma aterradora los Vongola y de una forma triste a la castaña.
—Parece que el momento ha llegado. —El sujeto se levantó de su lugar y toco aquel holograma acercando a la imagen de alguien en especial. —Haru Miura… —El hombre toco aquel holograma y todo se volvió oscuridad.
