Los reyes de Darg continuaban con la ardua tarea de reconstruir su reino y ayudar a los diez reinos a devolver la paz que tanto ansiaban las gentes de Arauwen.
La reina Snow y el rey James eran los líderes desde el primer momento que se unieron como el Concilio de las Once Espadas. Su reino, llamado también el reino de la luz, era considerado uno de los más poderosos de todos y durante muchas lunas antes de que Snow y James nacieran, este reino era el más fuerte de todos ellos.
El poder de curar y la sabiduría en artes de la guerra caracterizaban a la gente de este reino.
Poseían el ejército más legendario, ganadores de infinitas batallas contra la oscuridad.
Este ejercito imbatible, calculador y poderoso defendía las murallas de Darg y ahora de todo Arauwen cuando Snow y James cedieron parte de su ejército a cada uno de los reinos para que les ayudara.
El rey James firmó este acuerdo con el concilio expresando que los líderes de su propio ejército ocuparían un puesto en cada uno de los diez reinos de Arauwen para protegerlos y enseñar a los demás ejércitos técnicas de lucha.
No podían permitir que Maléfica destruyera sus hogares, su gente, su reino.
Hoy el reino de Darg celebraba el solsticio de primavera. Todo el mundo adornaba sus casas con flores de vibrantes colores, devolviendo un poco de esa paz que tanto anhelaban tras la guerra.
Visitantes de otros reinos llegaban gradualmente a Darg para celebrar con ellos la victoria y la harmonía como gente libre.
Sin embargo dentro de palacio, la reina caminaba de un lado a otro impaciente. Y los reyes de Keridwen, Narekath y Arahal observaban a Snow como miraba por la ventana una y otra vez.
"Reina Snow, por favor, tenga paciencia. Ellos vendrán" susurró la reina de Narekath.
"No estoy segura de ello. Nunca llegó la confirmación para asistir a esta reunión. Todos acordamos que nos íbamos a reunir cada solsticio y ahora no están aquí y me preocupa enormemente"
"¿En qué está pensando mi reina?" preguntó Henry, el rey de Kerdiwen.
"No lo sé" Snow suspiró mirando por la ventana "Sólo espero que Maléfica no esté detrás de todo esto"
Maléfica y sus cuatro soldados aparecieron mágicamente en la colina cerca del castillo del reino de Alkia. Las minas de color rojizo se reflejaban en sus pupilas.
Ellos ya habían secuestrado a los reyes del Bosque encantado y Saleth y solo faltaban cinco más y los siete líderes de Arauwen estarían bajo su control y entonces podría por fin derrotar a los reyes de Darg.
"Tráemelo aquí, un simple enano será fácil de secuestrar" Maléfica les dio un par de frascos con la poción del sueño dentro de ellas.
"Ya sabéis como usar esto. Lanzar los frascos en diferentes puntos del reino y todo el mundo dormirá toda la noche"
El guardia asintió y junto a los otros tres se infiltraron en el castillo de noche.
Maléfica se sentó en una de las piedras mirando al infinito. Sus pensamientos se centraron en vengarse, en como derrotar a Snow y a su estúpido marido.
Este odio empezó cuando sus caminos se encontraron, el momento en el que Snow se cruzó en su camino para alcanzar el trono de Darg.
James escogió a Snow aquella noche en palacio. Ella podría haberse casado con James y convertirse en la reina más poderosa del reino de Darg para más tarde matarlo y gobernar Arauwen. Pero sus planes no fueron como ella quería y ahora Snow estaba otra vez entorpeciendo sus planes para conseguir su objetivo de conquistarlo absolutamente todo.
La reina de la oscuridad sacudió la cabeza para borrar la imagen de Snow que se había dibujado en su mente.
Cogió los cinco frascos con líquido de color purpura del interior de la bolsa "Cinco frascos más y mi plan podrá empezar" susurró con media sonrisa en su rostro.
Se levantó y caminó hasta la cima de la colina y vio a los guardias aparecer con el rey Volmak atado, con una bolsa de cuero de color negro colocada en su cabeza.
Esperó hasta que los soldados alcanzaron la colina. Cuando estaban en frente de su reina lanzaron el enano al suelo, aterrizando sobre sus rodillas en frente de ella.
Uno de los guardias le dio una patada para que dejara de revolverse y le quitó la bolsa de la cabeza.
Cuando Volmak vio la cara de Maléfica abrió los ojos de par en par e intento gritar en busca de ayuda.
"Quitarle el pañuelo de la boca" ordenó la reina.
Los soldados quitaron la mordaza de su boca y ella se acercó y le agarró del cuello "Bebe" el rey se negó y cerró la boca todavía con más fuerza.
"¿Quieres esto a las buenas o a las malas? Muy bien" ella sonrió "Ponerlo de pie".
Los soldados le pusieron de pie y le agarraron de los brazos estirándolos hacia atrás. La reina se acercó, sonrió y le arrancó el corazón de su pecho y lentamente empezó a apretar el órgano que todavía estaba latiendo.
El rey se revolvió de dolor pero Maléfica no paraba de apretarlo.
"Mejor que hagas lo que tu reina te ordena"
"Tu… no eres mi reina"
"Abre-la-boca" ella repitió lentamente mientras seguía apretando el corazón.
"Prefiero morir a estar bajo tus órdenes"
Maléfica sonrió y tras escuchar estas palabras dijo "perdóname querido, el rey del Bosque encantado y la reina de Saleth dijeron exactamente las mismas palabras y ahora están bajo mi control. Abre la boca, ¡enano!"
"No"
"Como desees" Maléfica se apartó un poco de él y con un suave gesto de su mano y algunas palabras mágicas lo hipnotizó, obligándole a abrir la boca y hacer lo que ella quería.
La reina se acercó y le levantó la barbilla introduciéndole el líquido de color purpura dentro de su garganta.
Tras unos segundos los ojos del rey empezaron a teñirse de color negro. Él sonrió y Maléfica con un suave movimiento de su bastón le envió mágicamente al castillo en los Pozos de Dragón.
Ella miró a sus soldados "tenemos que movernos deprisa. Necesitamos golpear primero"
Sus soldados asintieron y Maléfica levantó su bastón y con un hechizo de transportación los llevó a su próximo destino: Cedeus.
Dos semanas después de que Maléfica secuestrara al primer líder, el centinela que estaba haciendo guardia en lo más alto de la torre de Darg vio como un jinete estaba cabalgando rápidamente hacia el castillo con el estandarte del reino de Saleth.
"¡Abrid las puertas!"
Los dos soldados que estaban en la puerta principal del castillo empezaron a mover una polea para que la puerta de acero empezara a subir y el jinete pudiera pasar por debajo sin tan siquiera detenerse.
"¡Alto!" exclamó el guardia real "¿A dónde se dirige?"
"Llevo un pergamino urgente para la reina Snow"
El jinete desmontó el caballo y siguió rápidamente al guardia real hasta la sala principal del trono.
"Espere aquí por favor"
Varios minutos después la reina Snow y el rey James entraron en la sala principal con el mismo guardia real que le escoltó previamente.
"Su majestad" se arrodilló en frente de los reyes de Darg "El consejero de Saleth les envía este pergamino"
Snow alargó su mano y cogió el pergamino, rompiendo el sello lacrado.
Miró a su marido sin entender absolutamente nada, desenrollo el pergamino y empezó a leer.
"Su majestad,
Nuestra reina de Saleth ha desaparecido. Esta mañana el reino entero se despertó tras un profundo sueño sin saber cuándo se habían dormido, ni siquiera los guardias sabían lo que estaba pasando.
Nuestro reino no tiene líder y la princesa es todavía demasiado joven para gobernar Saleth. Soy una anciana y aunque sea sabia me es imposible tomar decisiones relacionadas con la guerra.
Necesitamos su ayuda, ayuda del Concilio de las Once espadas, por favor envié una respuesta con el emisario que les hemos mandado"
"¡Es imposible!" Snow exclamó bajando lentamente el pergamino.
James agarró el pergamino mientras Snow caminaba de un lado a otro de la sala.
"¿Todo esto es verdad amigo mío?" preguntó James con el pergamino todavía en la mano.
"Eso creo su majestad. Nuestra reina está desaparecida sin ninguna pista. Sin testigos. Nadie recuerda lo que pasó cuando amaneció"
James rápidamente giró la cabeza y sus miradas se encontraron.
"¡Maléfica!" ambos gritaron al mismo tiempo.
El guardia real acompañó al jinete a sus aposentos tras un largo viaje. Snow miró a su marido y él ya conocía esta mirada.
"Que vamos a hacer ahora James? Nuestro ejército todavía no están fuerte como para superar otro ataque y ahora somos un reino menos"
"Pero los consejeros de la reina?"
"No están preparados para tomar decisiones para una guerra inminente James"
"No desistamos Snow, somos todavía diez reinos para someter a Maléfica"
"Lo sé pero-"
En ese instante se escuchó la voz del centinela "Abrid las puertas!" Snow y James se miraron otra vez y corrieron hasta la ventana. Otro jinete. Esta vez del reino del Bosque Encantado.
Ambos recibieron al emisario y el pergamino explicaba exactamente lo mismo que el anterior. Snow se apresuró a escribir una rápida respuesta para que ambos emisarios del reino llevaran su respuesta cuanto antes. Sin embargo lo que los líderes de Darg no sabían era que Maléfica ya tenía a sus siete reyes y reinas bajo su control y había empezado con la matanza en los siete reinos.
Su rápida actuación le dio una amplia ventaja. Maléfica en tan solo dos días había secuestrado a los siete líderes gracias a su hechizo de transportación, creando así el Concilio de las Siete Sombras y así darle tiempo suficiente para encontrar un ejército más numeroso y más poderoso. Trabajando ahora para ella ogros, elfos oscuros, orcos, asesinos y magos que se pasaron al lado oscuro. Y antes de que Darg y el resto de los reinos pudieran actuar, Maléfica ya había arrasado todo cuanto había en la tierra de Arauwen.
Gracias a esta estrategia los demás reinos se quedaron sin líder ni sucesores ya que eran demasiado jóvenes para gobernar o eran demasiado viejos para tomar decisiones sobre asuntos de guerra.
Sólo quedaban en pie el reino de Darg, Keridwen, Narekath y Arahal.
Y los líderes de estos reinos se reunieron en Darg para intentar buscar una solución mientras Maléfica iba avanzando de este a oeste matando soldados o aldeanos que se interpusieran en su camino a la gloria.
"Reina Snow no somos suficientes para poder defender nuestro reino" Exclamo Henry dando un golpe sobre la mesa.
"Lo sé, por este motivo debemos reunir los cuatro reinos en uno solo" Snow explicó
"No podemos entregar tan fácilmente nuestra gente" la reina amazona exclamaba poniéndose en pie.
"James y yo hemos tomado una decisión. Abriremos las puertas de Darg a vuestros pueblos. Protegeremos Darg con magia gracias al pueblo de Keridwen y así proteger los cuatro reinos y ser más fuertes. Tenemos magos, chamanes, amazonas y a nuestro ejército. Juntos podemos resistir a cualquier ataque de Maléfica"
Todos se miraron unos a otros y asintieron, creándose así el Concilio de la Luz.
"No somos suficientes!" gritaba un soldado de la guardia real de Darg desde la puerta principal intentado resistir el ataque de ogros que lanzaban enormes piedras desde el exterior.
"La muralla tiene que resistir como sea. Los magos de Kerdiwen tienen que terminar la barrera mágica para proteger Darg!" James gritaba con fuerza a sus soldados "Subir a las torres y lanzar lava encima de ellos, eso nos hará ganar tiempo para que terminen el encantamiento"
"A sus órdenes!" gritaron un grupo de soldados que corrieron a las torres más altas para proteger la muralla.
Los cuatro líderes de Darg, Keridwen, Narekath y Arahal protegían el círculo de hechiceros que entonaban un encantamiento para levantar una barrera mágica para que nadie penetrara dentro de las murallas de Darg y proteger así los cuatro reinos que quedaban en pie tras el asedio perpetrado por Maléfica y su concilio.
Maléfica observaba desde la colina el asedio a Darg mientras tomaba su taza de té. Solamente podía sonreír mientras miraba su bola de cristal, viendo la cara de horror de Snow "Serás una bonita pieza para mi colección de huesos en mi trono, estúpida Snow"
Una luz empezó a brillar en el horizonte y Maléfica avanzó dos pasos hacia delante en la colina para observar lo que estaba a punto de ocurrir.
El destello de luz empezó a brillar con más intensidad y una barrera de energía empezó a formarse desde el suelo conformando una cúpula protegiendo así todo el reino de Darg.
"Mi glorificiosa-"
"Cállate gusano, ya lo estoy viendo" Maléfica gritó dándose la vuelta quedando Darg a su espalda.
"Pero-"
"No me importa. Ha habido muchas bajas y ese maldito concilio no tiene nada que hacer. He destruido los siete reinos restantes y cuando crean que se han recuperado volveremos a atacar sin cesar hasta que no quede ninguno en pie"
"Que sabía es mi esplendorosa maldad"
"Vámonos de aquí, necesito descansar tras esta victoria. El segundo ataque será inminente"
"Y que ocurre con nuestro ejército?"
"Déjalos. No pienso ordenar una retirada. Ellos morirán pero muchos de Darg y sus protegidos lo harán junto a ellos".
James se dirigía a sus aposentos. Él recorría el pasillo del castillo mirando de un lado a otro, viendo como su reino se caía a pedazos. Cuando llegó a la puerta de la habitación real la sirvienta de su esposa salía apresuradamente.
"Snow?" James pregunto mientras entraba en la habitación y vio a su esposa sentada en el borde de la cama matrimonial.
"Pasa"
"Todo va bien?"
"Si, hay algo que debo contarte-"
"El concilio está en la sala. Te están esperando"
