¡Hola! Tardé un poco en continuar, ya sé xD Pero aquí la segunda parte y final de esta apuesta.


Sirius había planteado su pregunta y Lupin estaba seguro de su respuesta, pero quería fastidiar un poco a su amigo.

- No lo sé. Tal vez tenga que pensarlo mejor – Remus volvió a acomodarse sobre su espalda.

- ¿Qué? – Sirius se lanzó sobre Lupin, sentándose a horcajadas sobre él, apoyando cada mano por sobre sus hombros – ¿Pensarlo mejor, dices?

- Sí – dijo con indiferencia.

- ¿Estás seguro? – Preguntó y Lunático asintió.

Black volvió a besarlo, esta vez un poco más apasionado que la primera vez. Acariciaba su cabello con delicadeza y Remus había llevado sus manos por la espalda del moreno, metiéndolas por debajo de la ropa.

De un momento a otro, el animago comenzó a mover sus caderas de manera circular, haciendo que el licántropo dejara escapar un pequeño gemido, haciéndole sentir un par de bultos entre sus cuerpos.

- ¿Sigues seguro? – Preguntó Sirius sobre sus labios, sin detener sus movimientos. Remus no logró formar una respuesta, sintiendo lo que Sirius hacía le estaba llevando fuera de este mundo. Repentinamente, Black se detuvo – Lunático, ¿seguro?

- S-sí – murmuró.

- De acuerdo – Sirius se levantó y se arregló sus ropas – ¿Nos vamos?

- Er, sí – Remus bajó la mirada hasta su entrepierna en donde algo, claramente resaltaba y Black se largó a reír –. No digas nada.

Se dirigieron rápidamente al castillo, sin volver a hablar del tema.

La habitación estaba desierta, seguramente James y Peter debían estar cenando.

- Entonces, ¿sigues seguro, Lunático? – Preguntó otra vez, Sirius, apoyándose en la puerta luego de cerrarla.

- Detente – sonrió, recostándose sobre la cama –. Son ocho galeones. Tal vez pueda conversar con uno de ellos y ganar algo, ¿no crees?

- Yo podría darte quince galeones – rio Black, caminando tranquilamente hasta su cama.

- ¡Por Merlín, Canuto! ¿Quince galeones?

- ¿No me crees capaz?

- No, sí te creo, ése es el problema. ¿Quince galeones por un beso? Me parece excesivo.

- Lo vales – sonrió.

- No digas tonterías, por favor – no pudo evitar sonrojarse.

- No, en serio – se había levantado de su cama para ir donde él, pero James y Potter aparecieron –. Hola, chicos.

- Hola, Sirius – respondió James, luego fijándose en Remus –. Aquí estabas, Lunático.

- S-sí, fui a buscarlo y lo encontré en la enfermería – dijo triunfante Sirius mientras se acomodaba a un lado de Remus, dándole un abrazo. James y Peter se largaron a reír.

- N-no me sentía muy bien – Lupin fracasó en su intento por zafarse de sus brazos, haciendo que Pettigrew cayera al suelo agarrándose la barriga de la risa.

- Mi Remsie no quiso contarme qué le sucedía – dijo Sirius, pestañando varias veces y sonriendo como idiota. Remus no entendía por qué había comenzado a comportarse de esa forma y, honestamente, sentía muchas ganas de golpear ese bello rostro –. ¿Me dirás ahora, Remsie?

- No me sucedía nada raro – suspiró e intentó levantarse, haciendo que ahora fuera Sirius el que cayera al suelo. Parecía que Colagusano apenas dejaba entrar el aire a sus pulmones, producto del ataque de risa que sufría. Pensó entonces, en una buena forma para fastidiar a Sirius –. Cornamenta, ¿podrías acompañarme un momento?

- ¿Por qué Cornamenta? Yo estoy libre ahora, mi Remsie – Sirius seguía en el suelo.

- Claro, Lunático – James, quien no dejaba de reír, caminó hasta Lupin para voltearse y mirar a Black –. Si me permites, Canuto – Salieron de la habitación y bajaron hasta la sala común, sentándose en un par de sillones –. ¿Qué pasa?

- Sé sobre su apuesta, James – dijo seriamente.

- Ouh. Te lo dijo Lily, ¿no? Sabía que lo haría – suspiró –. ¿Piensas ayudarme?

- ¿Recibiría algo por ayudarte?

- ¿Recibir algo? – James le miró atento y Remus asintió – Sé que debería ofrecerte algo, pero resulta que ya gasté casi todo mi dinero y ahora quiero darle un obsequio a Lily. Pero Remus, piensa, ¿qué podría darte Peter? Además, ¡es un beso!

- Lo sé – dijo y comenzó a rascarse la barbilla –, pero no sabemos cuánto estaría dispuesto a ofrecer. Sé que le encantaría ganarte alguna vez.

- Espera, ¿besar a Canuto? – James casi había dado un salto.

- Bueno, yo también necesito algo de dinero – se encogió de hombros.

- Vamos, Lunático, quiero ganar. Vi una gargantilla que combinaría perfectamente con el cabello de Lily – comentó y Remus largó a reírse, levantándose para volver a la habitación.

Sirius y Peter estaban en sus camas.

- Volvieron – dijo Black, se levantó y se dio un gran impulso para saltar sobre Remus, rodeándolo con los brazos. Las ganas de golpearlo, aumentaban cada vez más.

- Er, sí – Remus logró huir de él esta vez y se dirigió a Peter –. ¿Me acompañas ahora tú, Pete?

- S-seguro – dijo él, con una pizca de miedo en sus ojos al mirar el ceño fruncido Black.

- ¿Por qué él? – Se quejó Sirius, actuando como si fuera un niño a punto de hacer una rabieta – Yo también estoy disponible.

- L-lo siento, S-sirius – tartamudeó Pettigrew, siguiendo a Lupin.

Remus invitó a Peter a sentarse donde anteriormente había estado con Potter.

- Pete, yo sé sobre tu apuesta con James – le dijo suavemente.

- ¿Qué? Remus, te juro por Merlín que fue idea suya; él preparó la pócima, él me obligó a conseguir unos cabellos tuyos y…

- Calma, no te haré nada. Más bien, quisiera saber, ¿qué me ofrecerías si te ayudo?

- ¿Qué? – El chico regordete parecía impresionado, reacomodándose en su asiento – B-bueno, no lo sé. ¿Qué quieres? Podría darte la mitad de lo que gane.

- ¿La mitad? – Lupin arqueó una ceja y sonrió con malicia – ¿C-cuánto es eso?

- Eh – Peter miró el techo calculando –. Ocho galeones.

- ¿No fue eso lo que apostar?

- Oh, no, apostamos dieciséis.

- ¡¿Dieciséis galeones?! Pero Peter, tú ni siquiera tendrías esa cantidad para malgastar.

- Lo sé – sonrió satisfecho –, pero algo me dijo que ganaría.

- ¿Por qué tan seguro?

- Porque te conozco – se lanzó a reír, con tanta confianza como no se le había visto nunca –. Pienso que ni siquiera necesitarías un knut para besarlo.

- No sé de qué hablas, Peter – Remus frunció el ceño un poco avergonzado. Cualquiera supondría que Pettigrew era el menos brillante de los Merodeadores, y aun así, estaba aquí incomodándolo –. Pero, considerando que James no me ofreció nada, comienzo a pensar mejor en a quién debería apoyar.

- Mis ocho galeones te esperan, Lunático – Colagusano sonrió astutamente.

Volvieron a la habitación, Pettigrew había vuelto más contento cuando se recostó en su cama, mientras que Sirius volvía a correr hasta los brazos del licántropo.

- ¿Ya me toca a mí? – Preguntó, apretándolo entre sus brazos por la cintura, acercándose lo suficiente para ponerle nervioso.

- No, Canuto. Es hora de dormir.

Sin decir más, Remus se apartó de Sirius y fue a su cama.

James ya dormía y Peter no tardó mucho en hacerlo, en cambio Remus no había logrado dormirse y curioso, volteó la cabeza hacia la cama de Sirius, quien le miraba fijamente.

- ¿Qué pasa? – Susurró el licántropo, sonrosado al ver a su amigo.

- Nada. Creí que dormías – apenas murmuró –. Y a ti, ¿te pasa algo?

- Nada.

- Uhm. Bien.

- Supongo – se sonrieron.

- ¿Qué te parece si tomamos prestada la capa de nuestro amigo y vamos a dar un paseo?

- Claro, por qué no.

Ambos ya de pie, buscaron sus batas de dormir y fue Sirius el que se acercó a sacar la capa que James guardaba en su baúl.

Se cubrieron bajo ella y salieron.

- ¿Adónde vamos? Preguntó el licántropo después de un rato de caminar. Como Sirius iba adelante, Remus hablaba casi en su oído.

- No lo sé. Pensaba que podríamos ir a la casa de los gritos.

- Vamos.

Caminaron rápidamente por los pasillos del castillo hasta llegar a la estatua de la bruja tuerta. Una vez que la joroba de la escultura se abrió, los dos lograron pasar en completo silencio.

Estaba muy oscuro, por lo que Lupin usó la varita como linterna. Se libraron de la capa y Remus insistió en llevarla.

Caminaron por el estrecho lugar. Lupin lucía muy feliz; Sirius caminaba suficientemente cerca de él.

- ¿Te ofrecieron algo interesante James o Peter? – Preguntó, sus ojos se veían más brillante.

- ¿Interesante? Peter me ofreció ocho galeones, que es la mitad de lo que habían acordado.

- Creí que habían apostado ocho.

- No, James debe haberle mentido a Lily porque quiere comprarle un obsequio costoso.

- Tiene sentido. ¿De dónde sacaría Colagusano ocho galeones?

- Peter se siente muy seguro de que ganará – bufó –. Vamos, si te apresuras tal vez lleguemos hoy.

- Vaya – exclamó –. Eso quiere decir que… ¿me besarás? – Preguntó, intentando seguirle los pasos. Remus se giró sobre sus talones para mirarle y, a pesar de la poca de luz que había, pudo ver sus mejillas sonrojadas.

- ¿Bromeas? ¡Son cinco galeones!

- Te ofrecí más – bramó el otro, dándole un empujón.

- Sí, pero la apuesta es de ellos, no puedes intervenir. Aunque si tanto insistes, puedes darme los quince galeones luego – le guiñó un ojo y se largó a reír.

- Qué divertido – murmuró el animago, apresurando su caminar para ahora dejar a su amigo atrás.

Remus se detuvo, sonriendo.

Luego corrió hasta Sirius y lo agarró por la cintura para plantar un tierno beso sobre su mejilla.

- ¿Q-qué fue eso? – Preguntó un atónito Sirius Black, acariciando suavemente con los dedos en donde Remus le había besado.

- No lo sé – Remus se encogió de hombros y se adelantó un poco antes de girarse – ¿Vienes o qué?

Al cabo de un rato caminando, llegaron a su destino.

Subieron las escaleras, un tanto cansados.

Mientras conversaban, sentían que el aire se les escapaba rápidamente, pero eso ya poco les importaba. Luego de varios escalones, por fin habían llegado a la trampilla, Sirius la levantó lentamente, asegurándose de que no se encontrara nadie por ahí. Subió al sótano y le ofreció la mano a Remus.

Tranquilamente salieron de Honeydukes para dirigirse a la casa de los gritos.

Para cuando llegaron, lo primero que Sirius hizo fue deshacerse de su bata de dormir y dejarse caer sobre la vieja cama.

- ¿Por qué nunca te gusta ir por el camino del sauce boxeador? – Jadeó Black.

Remus dejó su bata y la de Sirius junto a la capa de invisibilidad de James a un lado.

- Uhm – se encogió de hombros –. Me recuerda a las noches de luna llena.

- Oh – dejó salir y luego le hizo un amago para que se acerca –. Ven, acuéstate a mi lado.

- De acuerdo – Lupin obedeció alegre. Sirius se giró hacia él y lo rodeó con un brazo por la cintura.

- Estoy cansado – gruñó.

- Igual yo – el joven licántropo ya había cerrado sus ojos y probablemente faltarían un par de minutos para que cayera completamente dormido.

- Pero no quiero dormir – le despertó Sirius, apoyándose sobre su codo –. Y no quiero que tú lo hagas.

- P-pero – soltó Remus y Sirius plantó un beso en la punta de la nariz –, Sirius tengo sueño.

- Y yo, pero no caminé todo lo que caminé para venir solo a dormir – torció su sonrisa –. De haber querido dormir, lo hubiera seguido intentando en mi cama.

- Okay – suspiró el castaño –. ¿Qué quieres hacer?

- Uhm… No estoy seguro – Sirius le besó esta vez en los labios –. Tú no puedes besarme, así que – volvió a besarle – yo puedo hacer lo que quiera.

- No me parece tan mala idea – sonrió Remus. Con la agilidad que solo un buen jugador de Quidditch tendría, Sirius se había sentado a horcajadas sobre él, besándole inmediatamente –. Oh, Sirius.

- Me gusta cuando mi nombre sale de tus labios – confesó el animago entre besos.

- Me gusta cuando me besas – admitió Remus, sin evitar sonrojarse.

- Supongo que pronto me besarás tú, ¿no? – Canuto apoyó sus manos sobre el pecho de Remus y comenzó aquellos movimientos con la cadera que habían hecho que Remus se estremeciera por completo.

- Sirius – gimió, echando la cabeza hacia atrás.

- ¿Todo bien? – Preguntó sonriente – Cuando quieras me detengo.

- -N-no – suspiró y puso sus manos sobre las de Sirius. Siguiendo con el mismo ejercicio, no rompieron el contacto visual.

- Pero esto molesta – Black bajó una de sus manos hasta el borde del pantalón del pijama de Remus, estaba a punto de bajarlo.

- No – pidió el otro, bastante nervioso.

- ¿No? – Demandó el moreno sorprendido.

- No – repitió y luego de aclararse la garganta, se separó de Sirius, sentándose al borde de la cama.

- Remus, está bien – se acercó a él, pasando un brazo por sus hombros –. De verdad, está bien.

- ¿Seguro? – Preguntó con la voz un poco quebrada.

- Claro que sí. Ven aquí – Sirius terminó por abrazarlo.

- Lo siento, creí que estaba preparado pero…

- No, Remus, está bien – intentó tranquilizarlo besándole la mejilla –. ¿A dormir?

Lupin asintió tímidamente.

Se cubrieron bajo la ropa de cama y cayeron dormidos.

A la mañana siguiente, cuando Remus despertó se encontró entre los brazos de Sirius. Sonrió al ver el plácido rostro del moreno.

Se pasó varios minutos admirándolo, hasta que Black abrió los ojos.

- ¿Qué tal, Lunático?

- Te ves bien cuando duermes, ¿lo sabías? – Manifestó Lupin con una sonrisa.

- No, pero no me extraña – bostezó y Remus le dio unos golpes en el hombro –. Bueno, para ser justos, tú siempre te ves bien.

- No lo creo – bufó –. Y dudo que lo haga mientras sea un lobo.

- El lobo más atractivo, me atrevería yo a decir – dijo con naturalidad, Sirius. Remus rio.

Pues no creo que sea así cuando me estoy transformado – comentó tristemente.

- No lo creas así – tomó su rostro y lo besó.

Se besaron por apenas un momento, hasta que Remus se puso de pie.

- Debemos volver – dijo, tomando las batas de dormir y la capa de James –. Además, ni siquiera pensé en una excusa que decir para cuando volvamos.

- Yo lo hice – Sirius lo acompañó y se acercó a él, pestañando de más y usando una voz bastante molesta –. Yo desperté y al no encontrar a mi Remsie en ningún lado, no dudé ni un segundo en tomar la capa de James para ir a buscarlo.

- Si sigues así, juro por Merlín que te golpearé antes que pensar en besarte.

- Bueno, algo es algo – Black se largó a reír. Dio un par de pasos para buscar su bata.

- Sirius – dijo el castaño cuando terminó de arreglarse –, ¿por qué ayer comenzaste actuar así? Eres insoportable.

- No lo sé – se encogió de hombros –. Creo que me gusta abrazarte sin ninguna razón y creí que esa era mi mejor oportunidad, ¿no crees?

- No – rio –. Ahora sabes que puedes hacerlo cuando quieras, sin la necesidad de tener ese estúpido pretexto. De verdad me dan ganas de abofetearte.

- Bueno, ahora lo sé.

Rieron suavemente y se quedaron un rato abrazados en medio de la habitación.

Sirius tomó la capa de invisibilidad y la mano de Lupin para que comenzaran a caminar. Aun cuando a Remus no le agradara, acordaron en usar el camino del sauce boxeador.

Para cuando llegaron a su cuarto, no les sorprendió que no hubiera nadie ya que James y Peter debían estar en clases.

Corrieron por una ducha y sin problemas, fueron hasta las cocinas para conseguir algo de comida con los elfos.

Luego de eso, se apresuraron para llegar a la segunda clase, que era de Pociones.

Por supuesto que James y Peter se sorprendieron al verlos llegar y claramente los querían interrogar, pero cuando se voltearon para hablarles, el profesor Slughorn los regañó.

Después de esa clase, tenían una hora libre. Remus y Sirius la usaron para volver al gran comedor y alimentarse como debían.

Mientras comían, vieron que sus amigos se acercaban a ellos.

- ¿Dónde estaban? – Preguntó el de lentes seriamente.

- B-bueno, yo – intentó comenzar Remus, pero fue interrumpido.

- Desperté en la madrugada y como de costumbre, miré la cama de mi Remsie pero como noté que estaba vacía, no pude hacer otra cosa que buscar tu capa y salir en su búsqueda. Lo encontré en el baño vomitando; mi pobre Remsie había comido algo que no le hizo bien, por lo que luego de hacerle un poco de compañía, salimos a caminar por un rato, pero nos fuimos bastante lejos y, como ya estábamos cansados, nos quedamos dormidos cerca del bosque prohibido. Para cuando despertamos, el sol ya estaba sobre nosotros y volvimos– sonrió Sirius cuando finalizó con su historia. A Remus le impresionó la facilidad que tuvo para elaborar su idea y tenía ganas de reír.

James no parecía muy convencido pero al parecer había bastado por el momento.

Al terminar todas las clases, los Merodeadores llevaron varios bocadillos hasta el cuarto para cenar todos allí. Sirius seguía actuando y fastidiando al licántropo.

- ¿Quieres zumo de calabaza, Sirius? – Le ofreció con el ceño fruncido.

- No, muchas gracias, Remsie – le sonrió el animago. Se sentó a su lado y dejó descansar la cabeza en su hombro. Colagusano y Cornamenta se habían echado a reír.

Ya casi terminaban de comer y Lupin había intentado varias veces que Sirius se bebiera el zumo, pero se negaba a hacerlo. Remus creía que estaba más insoportable que cuando estaba hechizado y James y Peter parecían bastante expectantes ante cada reacción del castaño.

Se encargaron del desorden que habían dejado después de comer y cada uno fue hasta su cama. Como era de suponerse, Sirius no se había movido de la cama de Remus. El castaño lo había empujado para que saliera de su cama y por un momento lo hizo. Remus comenzó a acomodarse dentro de ella y Sirius parecía que iba a hacer lo mismo.

- ¿Qué crees que haces? – Le preguntó molesto.

- Pero Remsie, tengo frío y si dormimos juntos se me pasará – pestañó. Se escucharon las risas de los apostadores en el fondo –. Vamos, Remsie.

- Vete a tu cama, ¿sí? – Le susurró, encargándose de darle un mirada desafiante – ¡Sirius, por favor!

- Yo quiero dormir contigo – Sirius se abalanzó sobre él abrazándolo. Eso no ayudó con el humor de Lupin.

- Sirius – repitió. Cerró los ojos y contó hasta diez para intentar calmarse. Fracasó –. Ve a tu cama.

- P-pero mi Remsie, no quiero estar lejos de ti – soltó y Remus, quien había intentado volver a su cama, se giró bruscamente. Si Sirius había querido provocarle, lo había conseguido. Peter y James se habían levantado rápidamente y caminaron cerca del par –. No quiero pasar frío, Remsie.

- Deja de llamarme así. Sirius, detente – dijo firmemente pero el aludido había hecho caso omiso a sus palabras y volvió a abrazarlo. Remus lo miró molesto y de la rabia contenida, lo tomó bruscamente por el cuello de la camiseta del pijama y lo llevó contra la pared – ¡Detente!

Vio de reojo que sus amigos estaban asustado y escuchó al de lentes pedirle a Sirius que se detuviera, pero él no le obedeció y siguió en plan de coqueteo con el castaño.

Remus sabía que Sirius lo estaba provocando para que acabara pronto con la apuesta. Se miraron fijamente y mientras seguía sosteniéndolo, Sirius le sonrió con picardía. Claramente, le gustaba tener al licántropo así.

Rápidamente, Remus puso mucho más presión contra el cuerpo del otro e ignorando el cosquilleo que había decidido colarse en su estómago, alzó una mano con amago de golpear al moreno, escuchando así, un gritillo de alegría por parte de uno de sus amigos, pero en cambio, guio la mano hasta su cintura y acercó sus labios a los del otro, sonriendo antes de besarle. Su lengua no tuvo la necesidad de pedir permiso ya que había sido inmediatamente bien recibida por la boca del otro.

Se besaron por unos segundos y Sirius, intencionalmente había soltado un par de gemidos. Remus debía aceptar que lo estaba disfrutando y hasta había olvidado que estaban en presencia de sus mejores amigos.

- ¿Podrían parar ya? – Gruñó el de lentes, completamente disgustado.

Lupin se apartó de Sirius y se aclaró la garganta, mirando a sus amigos, avergonzado. En cambio el animago, aun con la respiración entrecortada, se mostraba más satisfecho que nunca.

- ¡Gané! – Gritó un triunfante Peter, comenzando a dar pequeños saltos alrededor de James – ¡Finalmente gané!

- ¿Qué? – Exclamó Sirius, llevándose una mano al pecho con dramatismo – ¿Hicieron una apuesta?

- Tal vez – refunfuñó Potter, dirigiéndose en su baúl para luego sacar una pequeña bolsa de cuero. Remus, por su parte, volvió tranquilamente a su cama –. Aquí tienes, Colagusano.

- ¡Perfecto! – Dijo alegre. Contó los galeones entre sus regordetes dedos y le ofreció la mitad a Lupin, quien los miró con cierto desinterés – No lo hubiera logrado sin ti, Lunático. Muchas gracias.

- Er, claro, de nada – dijo entre dientes, tomó los galeones y los guardó en el cajón de su mesita de noche, para luego, disponerse a dormir ya en su cama.

- ¿Qué? ¿Tú también, Remsie? – Sirius se arrodilló a un lado de la cama de Remus – Me hiciste creer que me habías besado porque significaba algo para ti, pero la verdad es que lo hiciste por unos pocos galeones. Qué malo eres, Remsie – no dejaba de pestañar, a lo que pronto le agregó unos cuantos pucheros.

- Detente – ordenó Remus mientras se giraba para mirarlo.

- Pero creí que eras distinto y resulta que eres igual a estos dos –señaló a sus amigos.

- Es en serio, Sirius. Suficiente; quiero dormir – pero para el animago no había sido suficiente, se recostó a un lado del licántropo y comenzó a sollozar.

- Qué malo has sido, mi Remsie – dijo entre falsos lamentos –. También creí que luego de ese increíble beso, estaríamos juntos por y para siempre y que nunca nadie nos separaría – se aferró aún más a su lado intentando abrazarlo.

- ¡Te dije que es suficiente! – Gritó, asustando a los otros. Pero la verdad es que la paciencia de Lupin tenía un límite y ya no podía seguir resistiéndose. Alzó la mano en un puño cerrado y esta vez la llevó rápidamente al rostro de Sirius, golpeándole en la mejilla, haciendo que cayera de espaldas al suelo. Suspiró y mientras se sobaba los nudillos, se inclinó sobre la cama para ayudar a Sirius, este lo rechazo pero volvió a la cama – Te lo advertí.

Cuando James y Peter se aseguraron de que su amigo estuviera bien, no pudieron hacer otra cosa más que largarse a reír.

El animago dejó, finalmente, de actuar y miró furioso al par.

- Lo más divertido de esto – dijo James entre risas – es que yo olvidé darle la poción a Sirius esta tarde.

Todos continuaron riendo.

Pasados unos minutos, Sirius seguía sobándose la mejilla y con el ceño fruncido, fue a acostarse a su cama. Lentamente Remus lo había seguido e hizo lo mismo a su lado, dándole un pequeño beso en donde le había golpeado.

- ¡Vaya! – Dijo alegre el moreno – Ahora me siento mucho mejor.

Remus rodó los ojos, pero no podía evitar sonreír.

De no ser por la estúpida apuesta de sus amigos, nunca hubiera logrado aceptar que tenía sentimientos por Sirius y probablemente, esto sería una de tantas razones por las que estaría tan agradecido con ellos.

Fin.


¿Y? ¿Qué les pareció? xD Espero que no les moleste que Remus haya terminado golpeando a Sirius de todas maneras, pero a veces pienso que si bien puede poseer una gran paciencia, solo Sirius es capaz de romperla xD

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