Disclaimer: Renuncio a los derechos sobre los personajes reales, pues ellos se pertenecen a si mismos, así como los nombres artísticos que se toman para nombrar a otros personajes que sajen en esta historia. Crepúsculo así como su universo es propiedad de su autora Stephenie Meyer. La trama y los personajes originales son míos. Esto es sin animo de lucro, y el único motivo es entretener al lector.

Cap.2 ¿LO HICE?

Me desperté y ya era tarde, casi las 6. Me sentí tan diferente del día anterior. No sabía como describirme, pero me sentía otra persona diferente.

Luego, al ver mi ropa, recordé lo sucedido con Edward Cullen y me levanté como resorte, fui a verme a mi espejo y me registré el cuello, sólo quedaba una línea muy fina de cicatriz apenas perceptible al igual que la de la pierna que al parecer se estaba borrando por completo.

Eso se me hizo muy raro, porque otras chicas que había conocido que habían tenido que ver con vampiros, las mordidas les duran mínimo un mes, mi corazón latió aceleradamente al recordar lo sucedido. Enrojecí de vergüenza. ¿Cómo pude haberme entregado a él? No es que sea una mojigata, pero yo deseaba casarme antes de… y lo peor es que tal vez el me tomara como una aventura. ¡Rayos! ¿cómo fui tan débil para hacer semejante cosa? De una cosa si estaba segura, Edward Cullen era por mucho, el hombre más guapo que he conocido en mi vida. Mi respiración se agitó al recordarlo. Y todo lo que me hizo sentir, jamás lo había sentido con nadie. Menos mal que estaba sola, me di un baño nuevamente y me dispuse a limpiar mi casa, ya me había ido de parranda, ahora tenía que pagar las consecuencias. Tenía mucho que hacer, menos mal que es sábado.

Puse música para relajarme y después de un buen rato, había terminado. Finalmente me serví una limonada y me senté, no había pasado ni un minuto cuando tocaron el timbre. Perezosamente me levanté y abrí. Casi me caigo de espaldas de la sorpresa:

—Hola Bella ¿Cómo estas? —era Edward Cullen quien desplegó una sonrisa tan encantadora que no lo ahogue en un mar de baba por un milagro.

—¿Puedo pasar?—su voz aterciopelada me dejo casi en shock, no pude decir palabra, solo con un gesto y entró garbosamente, con elegancia, con ese sex appeal que vuelve loca a cualquiera. Lo miré de arriba abajo sin poder creer que estaba en mi casa.

—Pues créelo Bella, Emmett me dijo donde vivías y quería cerciorarme que estas bien.—miró mi cuello y la sorpresa inundó sus preciosos topacios.

—Wow, ¡que rápido sanas!—comentó entre sorprendido y algo aturdido. Pero después de unos instantes se recuperó y me regaló otra sexy sonrisa.

—¿Gustas tomar algo?—pregunte estúpidamente. Sólo había una cosa que los vampiros tomaban.

—No gracias, no tengo sed.—y se sentó en mi sofá favorito. Me sentí extraña, curiosamente Edward me atraía como un imán, podía sentir la fuerza de su atracción como un gancho que me jalaba hacia él. Me ruboricé por mis morbidos pensamientos..

—No me molesta en absoluto que quieras sentarte en mis piernas, de hecho es algo que realmente disfrutaría.—Nuevamente me ruboricé y mucho mas, mi corazón palpitaba locamente haciéndome el momento más bochornoso.

—Lo siento, no es mi intención, hacerte sentir mal. Pero…—cuando dijo eso, ya lo tenía frente a mí, a solo un centímetro de mi boca, solo pude jadear.

—Me dejaste realmente impresionado, y quiero conocerte más, claro si tú me lo permites—su delicioso aliento me dio de lleno en el rostro. Sonrió y se hizo hacia atrás mientras yo intentaba respirar.

—¿Tú un vampiro, quieres conocerme a mi, una humana?—me miró con desconcierto.

—Pues claro, me gustas Bella, me gustas muchísimo y quiero conocerte, saber de ti.—eso era un sueño, uno muy bonito por cierto. Sentía pena, porque cuando me despertara sería muy rudo regresar a la realidad.

Al momento siguiente Edward me tenia de pie, frente a él, y con su mano izquierda sobre mi mentón, subió un poco mi rostro hacia él.

—No estas soñando, déjame demostrarte que es realidad—y me besó. Fue una experiencia única, pues sus labios eran auténticos imanes que parecieron soldarse con los míos. Mientras disfrutaba de ese beso, ese glorioso beso que bien valía la pena, me inundó de alegría.

—Curioso—dijo en voz muy baja. Sin embargo lo escuché

—¿Qué es curioso?—él me miró y sonrió.

—Nada, no es nada, por cierto tienes una casa muy hermosa, de un lado tienes playa y por el otro el bosque.—miró por las ventanas.

—Si soy afortunada, esta es la casa de mi tía abuela Alba.—él hizo un gesto de comprensión y luego le mostré la casa. Cuando llegamos al balcón de mi habitación, me quedé hechizada por la vista del mar encrespado.

—Es una preciosa vista, ¿no crees?—le pregunté extasiada

—Ya lo creo que si…—al voltear a verlo, él me miraba a mi.

—Totalmente preciosa—y me envolvió en sus brazos y me besó apasionadamente. El crepúsculo enmarcaba nuestro beso y yo… me sentía inmensamente feliz.


Mil gracias a:Janit mil gracias por comentar hermosas.

Besos