Disclaimer: Los personajes no son mios son de la maravillosa Stephenie Meyer, la historia es producto de mi imaginación.
Capitulo Beteado por Caelius y Katlyn Cullen de Betas Fanfiction.
Los rayos del sol comenzaban a verse entre los edificios, algo que él contempló detrás de sus oscuras gafas de sol al bajarse de su coche. Antes lo disfrutaba pensó y, de inmediato, bloqueó esa idea y le dio la espalda a ese espectáculo diario que para él no significaba nada. Hace mucho que nada tenía significado, todo era gris.
Él entró a su cueva, el nombre que sus pocos amigos le habían puesto a su pent-house, ubicado en uno de los principales y más opulentos edificios de Seattle. Los pisos de granito color humo, las paredes blancas y los muebles de una línea minimalista le otorgaban un aire completamente frío y masculino al lugar.
Él se dirigió directo a su habitación sin mirar, se desvistió y entró a la ducha con el objetivo de que el agua le revitalizara y le quitara el olor de la mujer con la que pasó la noche. Giró su rostro para que el agua le diera directo en la nuca, suspiró con cansancio. Definitivamente ya no era el mismo de antes. Cerró la llave y tomó la toalla con la que se secó. Se dirigió a su vestidor donde tomó uno de sus trajes a medida, se vistió y salió de nuevo.
Subiendo al coche respondió al teléfono.
-Hola madre…- saludó tranquilamente- Sí madre, estoy bien…- cada día eran las mismas preguntas y las mismas respuestas, pensaba.- No voy a ir…- respondió a una pregunta de su madre. Ni hoy ni nunca, pensó. -Te llamo luego- Cortó la llamada y comenzó a leer los primeros emails desde su blackberry.
Hoy más que otros días necesitaba ocuparse, lo último que deseaba era recordar lo que pasó cinco años atrás, en un día soleado como ese.
-Sr. Cullen, ya llegamos.-informó el chofer.
-Gracias Sam.
En qué momento habían pasado los treinta minutos de recorrido desde su cueva hasta las instalaciones de Cullen Enterprise & Co. no lo sabía. Lo que le molestaba era perder su tiempo, pensaba mientras entraba al edificio y se dirigía a su oficina ubicada en último piso. Las puertas metálicas del elevador se abrieron y camino sobre el piso de madera oscura directo a las puertas dobles, las cuales se encontraban custodiadas por un escritorio donde se encontraba una mujer de pie esperándole.
-Buenos días Sara, ¿qué tenemos para hoy?- preguntó mientras pasaba delante de ella y entraba a su oficina.
-Buenos días, . Hoy tiene junta con la directiva del hospital de especialidades a las doce del día y sobre su escritorio están todos los documentos por revisar del proyecto la Push.
-Bien, Sara, gracias. Tráeme un café- Pidió él, mientras tomaba una de las hojas que se encontraban sobre su escritorio.
- Lo acabo de poner sobre su escritorio Señor,con su permiso- Se despidió y regresó a su escritorio
Sara era la eficiencia andando. Nadie lo pensaría con ese cuerpo escultural y esa cabellera rubia, pero él sabía que ella amaba su trabajo y a su esposo e hijo. Además él no se relaciona de manera sentimental o pasional con sus empleados.
Regresando a su ocupada vida, tomó su taza y le dio un sorbo a su café. Cargado, con una pizca de canela, como le gustaba. Mientras comenzó su rutina al leer las primeras líneas de los documentos sobre su escritorio.
La voz de Sara se escuchó desde la puerta de la oficina.
-Señor Cullen, la reunión con los ingenieros es en cinco minutos.- Él simplemente afirmó con la cabeza, mientras se levantaba. Aquella reunión era la primera de muchas que tendría a lo largo del día.
La hora de la comida normalmente era otra forma de tratar temas laborales, normalmente eran de gente que deseaba hacer negocios con él. Estas comidas se realizaban en alguno de sus restaurantes favoritos o en el de su madre. En algunos casos, como el de ese día, él no salía de la oficina y la comida le era traída a domicilio.
Después de un breve receso para comer, continuó con sus reuniones, que siempre se extendían más de lo que se esperaba, pero los resultados en su mayoría eran satisfactorios y beneficiosos.
Entre las llamadas y las reuniones, no se dio cuenta del paso del tiempo, porque al mirar su reloj éste le marcaban las diez de la noche, ni siquiera recordaba el momento en que Sara se marchó. Apagando las luces tras de sí, salió del edificio, decidiendo que haría esa noche para comprobar si aún podía sentir algo más que estrés y esa continua falta de sensibilidad que lo tenía secuestrado.
Minutos después entraba al club más exclusivo de Seattle, se dirigió a su reservado de siempre. Como en cada visita, el barman le llevó su whisky en las rocas. Desde su asiento miraba a toda la gente mientras bebía. Finalmente tras varios minutos de observación encontró a su presa de esa noche. Una belleza rubia, de piernas largas con una falda que incitaba al pecado. Se acercó con su andar felino y su sonrisa socarrona y sexy, suavemente le susurro al oído. Ella sonrió, colocando una mano sobre su pecho, la tomó por la cintura con una mano, mientras la otra agarraba su vaso con whisky. Los dos caminaron a la pista, ella se pego a él, sentía sus senos sobre su duro pecho. Dejó en cualquier lugar su vaso para poder tomarla con sus dos brazos y pegarla más a su cuerpo en una danza erótica. Lentamente le besaba el cuello. Se alejó para mirarla y ella sonreía de una manera sexualmente descarada y completamente invitadora. Lo besó y le respondió con pasión y lujuria. Su diablo lujurioso sonreía de saber que esa noche no la pasaría en la cueva.
Esa noche la pasó entre las sábanas de aquella mujer. Cuando la claridad comenzaba a hacerse presente, él se fue sabiendo que efectivamente, no sentía nada, Ella lo había matado, Ella se lo había llevado y solo dejó a la sombra. Lo dejó ahí. Sin nada.
Otro día más, pensó. Suspiró y entró a su cueva para iniciar la rutina de lo que era su vida. Salió de su edificio cambiado y duchado. Mientras se subía a su coche, hablaba por teléfono.
-Hola madre- saludó tranquilamente- Sí madre estoy bien- cada día eran las mismas preguntas y las mismas respuestas, pensaba. Respondió, rendido de esa conversación diaria -Está bien madre iré esta noche, ahí te veo.
Finalmente después de meses su madre había logrado su cometido, convencerlo para acompañarla a una de sus tantas galas benéficas. Aún no podía entender como su madre podía hacer tantas cosas, entre su padre, su hermana, su restaurante, sus apoyos benéficos; y aun tenía tiempo de preocuparse por él.
- Yo también te quiero.-dijo terminando la llamada.
Esa conversación le recordó que a Ella le gustaban todos esos actos, amaba asistir a cualquier evento social y bailar hasta el amanecer. Le recordó su torturador. Sacudió la cabeza para sacarlo de ahí.
No debió aceptar ir. Él ya no asistía a esas cosas, pero a su madre podías hacerle cualquier cosa menos cancelar una asistencia a algún evento, sobre todo cuando tardó tantos meses convenciéndolo.
Suspiró y bajó del coche dirigiéndose una vez más hacia su oficina, para continuar con la rutina que era su vida, mientras respondía su teléfono una vez más.
-Hola, hermanito- Escuchó la voz cantarina y alegre de su hermana.
-Hola, pequeño duende- dijo él sonriendo levemente. Últimamente era la única que le hacía esbozar una pequeña sonrisa sincera en sus labios
-Trabajando como siempre- Más que una pregunta era una afirmación
-¿Si lo sabes para qué preguntas?- Dijo él en tono irónico.
- Deberías tomarte unas vacaciones, o hacer algo diferente. Mínimo sal a otros lados, conoce a otras personas- él hacía una mueca de desagrado, no tenía intenciones de conocer a otros como lo decía ella.
- Entiende pequeño duende, estoy bien- Respondía más cansado que molesto.
- Dile eso a otra, sabes que yo sé que no es así- Lo decía más en tono de regaño que de broma- Desde que Ella se fue tú estás.
-¡Déjalo Alice! sabes perfectamente que no hablo del tema con nadie- la interrumpió enfatizando el "nadie" en un tono visiblemente irritado.
- ¡Eres más cabezota Edward Cullen!, pero un día me oirás aún cuando no te guste- gritó ella también enojada, cortando la llamada.
Muchas gracias por sus alertas, favoritos y reviews a supattinsondecullen y a lanenisita.
Gracias a todos los que se dan el tiempo de leer esta historia.
Nos leemos pronto.
