Capítulo 2

::::

Masamune

::::

Me sorprendí mucho cuando escuché que alguien gritaba mi nombre y más aún cuando sentí que ese niño se me tiraba encima y me abrazaba con desbordada alegría.

Alegría, gusto.. felicidad.. Todas esas palabras no hacían eco en mi cabeza ya.

Pero sí supe quién era en cuanto levantó la cara y vi esos dos enormes y brillantes pedazos de joyas verdes mirándome extasiados.

Mi pequeño amigo de la biblioteca. Ristu.. ¡Pero que crecido estaba!

Se veía Kawai .. y todo eso que mis compañeras habían dicho.. pero ya no era un niño… Ahora era un jovencito que parecía hecho de azúcar..

Pero qué estupideces pienso.!-.. me reprendí a mí mismo.

Después de aquél tratamiento invernal que le di el día de la ceremonia de inauguración, Ritsu jamás volvió a saludarme ni a dirigirme la palabra, pero a diferencia de mis admiradoras y amigos ocasionales, Ritsu no se alejó. No dejó de seguirme, de estar cerca. No sé si lo hacía a propósito, pero siempre lo descubría alrededor mío. Incluso en la biblioteca la cual al parecer seguía siendo nuestro sitio favorito. Pero nunca volvió a tener el valor de cruzar palabras conmigo.

Pasaron semanas, meses, incluso años. Ya estaba por graduarme de preparatoria, era mi último semestre. Aún no decidía que iba a hacer con mi vida. Mi supuesta familia era un desastre. Mi apatía por el mundo debía ser herencia de familia porqué así eran mis padres conmigo y entre ellos. Sentía horrible pero no tenía nadie con quien hablar. Ya que poco a poco había alejado a chicos y chicas que me buscaban, al principio por camaradería o fantasías románticas en sus cabezas. En realidad no tenía amigos, pero por otro lado no quería hablar con nadie. Necesitaba unas patadas en el cerebro. Ni yo mismo entendía por qué estaba siendo tan obstinado y cerrado y acedo y frío.

Estaba sentado en la mesa de la biblioteca, donde últimamente venía a pasar todo el tiempo que me permitieran. Necesitaba posponer todo lo posible mi llegada a ese cascarón vacío llamado hogar. Escuché unos pasos familiares, no sé porqué levanté la vista y vi pasar a Ritsu por el corredor principal, llevaba varios libros apilados y parecía seguir buscando más. Parecía una ardillita buscando algo entre las filas de los estanteros. De pronto dio con lo que buscaba. Sus ojos se agrandaron emocionados. Su cabello castaño pareció agitarse como si algún viento misterioso lo molestara sólo a él... Ritsu dejó los libros en el piso y se puso a estirarse para bajar un libro en el último nivel de los anaqueles. Me sacó una sonrisa. Increíble. Seguía con problemas para sacar un libro de un estantero.. Cuántos años eran ya.. Diez..? Nueve años quizás? La nerviosa ardillita se esforzaba inútilmente.

Antes que me diera cuenta me había dirigido hasta él. Estaba tan absorto en su heroico y solitario esfuerzo, que no se percató cuando me paré detrás de él. Cuando estiré el brazo por encima y atrás de él y sujeté el libro que buscaba.. Volteó con tremenda sonrisa y gratitud…

-Gracias.. que ama…

Decir que brincó de sorpresa y susto sería quedarme corto.

Pasó del blanco al rojo en cuestión de segundos, pasó de inmovilidad a temblor perceptible y de la mudez al tartamudeo todo revuelto y al mismo tiempo frente a mis ojos.

-De nada… - respondí con mi acre actitud la cuál me había autoimpuesto. Para nada .. ni en un millón de años me hubiera esperado la respuesta del nervioso y asustadizo animalito.

-Sem.. Sempai… Me … gustas..

Wow.

Decir que el tiempo se me congeló, sería quedarme corto.

-QUE .. QUE?! – grité más allá del asombro en mi cabeza... Mi dulce y tierno Ritsu.. mi adorable y pequeña ardillita devoradora de libros… es gay ..? y está .. por mi?!

Y yo que me preocupé en algún punto de mi vida de ser un pervertido.

Okay.. Pensé fingiendo que no me afectaba.

Esto .. Esto puede servir de distracción. Definitivamente.

Lo invité a salir. Claro que aceptó. Lo invité a comer. El niño ni siquiera había entrado a un restaurante de comida rápida. Era pulcro, educado, dulce, tierno, adorable, transparente y puro. No puedo entender cómo llegué a tantas conjeturas sólo por verlo tartamudear frente a la cajera del restaurante o por verlo saborear casi con lágrimas de emoción una hamburguesa.

Yo ya había terminado mi comida y él se dio cuenta que necesitaba hacer conversación. Me preguntó si tenía un autor favorito.

Yo le dije que sí. Y entonces olvidé que abrí la caja de pandora. Ritsu y libros. Pasamos toda la tarde comentando todos los libros que habíamos leído en los últimos diez años en que no nos habíamos visto. Era absolutamente .. Dios.. No puedo ni describirlo. Cómo ese niño podía hacerme sonreír y olvidar mi insulsa y aburrida existencia, sólo por ver cómo le brillaban los ojos y se emocionaba con cada palabra que intercambiábamos sobre su tema favorito.

Por alguna enfermiza razón no me horrorizó que un niño tan educado y adorable e inocente como Ritsu me dijera que le gustaba. Era extraño. Como si yo ya lo supiera o lo esperara. Como si contara con ello.

Llevarlo a mi casa y luego a la cama fue tan fácil y natural. No me sentí mal. Quería estar con él. Necesitaba estar con él. Supongo que todos esos años que dejé de verlo y dejé de tenerlo en mi regazo y jugar con su cabello, me hicieron demasiada falta, porque lo devoré como desesperado. Y él me dejó hacer y deshacer con su cuerpo.

Fue tan fácil.. Tan lógico. Tan necesario.

Los días se hicieron semanas. Las semanas se hicieron meses. El fin de cursos estaba a la vuelta de la esquina.

Y Ritsu y yo estábamos juntos todo el tiempo. Era lo más feliz y positivo que me había sentido en mucho tiempo. Así que ignoré algo que definitivamente estaba mal en la ecuación.

Ritsu siempre estaba conmigo. Sólo. Su mayordomo o chofer no figuraba en el horizonte, como cuando era pequeño. Una noche se le escapó decir que tenía que estudiar mucho para poder mantener la beca. Beca? … Acaso su familia no era rica..?

Y luego un día, sin más, Ritsu no llegó a la escuela. Eso me preocupó.. pero más me alarmó que no fue a mi casa como todas las tardes. Quise localizarlo, pero, me di cuenta que no sabía ni donde vivía. Es más. No tenía su celular. Rayos.. Ritsu no tenía celular.

Me llené de pánico. De qué rayos hablábamos todas las tardes? Qué hacíamos todos los malditos días.. que a fin de cuentas no sabía nada de él !

Los siguientes tres días fui a esperarlo a su salón, antes y después de clases, por si se presentaba para pedir sus tareas.. Al final del tercer día, mientras esperaba cada vez más nervioso y asustado, ví que un grupo de niñas entraba al salón de Ritsu y una de ellas venía llorando.

-An Chan.. – que averiguaste?- le preguntaron sus amigas muy preocupadas

-Ri-chan no va a volver… Su familia se mudó a otra ciudad… En la dirección no saben nada más!...- Dijo la niña entre sollozos.

Mi Ritsu...

Lo que hacía girar mi mundo. Lo que llenaba de color y risas mis días. Se había esfumado.

Jamás volví a la biblioteca.

:::::

Ritsu

Me despedí de Sempai como todas las noches, aunque insistió en acompañarme hasta mi casa, pero volví a convencerlo de que era mejor de que ya no saliera de su casa, pues sus padres no tardarían en llegar.

Vi el reloj y corrí como loco por toda la avenida. Iba a llegar tarde a mi trabajo.

Corrí con más fuerza y llegué hasta la puerta trasera de la tienda de conveniencia donde trabajaba. Estaba lejos de la escuela y lejos de Sempai. No quería que nadie me reconociera. Trabajaba todas las noches, de diez de la noche a dos de la mañana. Al principio no me querían dar el trabajo porque decían que obviamente era menor de edad, pero cuando llevé la carta firmada por mis padres y supliqué de rodillas a la Señorita encargada, no tuvo corazón para volverme a rechazar. No me importó suplicar... Hacía tiempo que mis padres no podían pagar mis estudios, así que pedirles dinero para libros, el almuerzo o el tren estaba completamente fuera de discusión. Por fortuna había conseguido la beca y para lo demás necesitaba ese trabajo.

Pero lo que trajo mayor estabilidad a esos días, fue conocer a Anne en primero de secundaria. Era una niña tan dulce y amable, hija única de una familia rica, así que tenía que contárselo a mis padres, "buenas relaciones", les recordé... Yo estaba cumpliendo con mi parte del trato...así que el cambio de escuela dejó de ser una amenaza.

Cuando mi madre se dio cuenta que An-chan estaba muy ilusionada conmigo, mi madre me premió con un gran abrazo y un beso. Ella casi nunca me abrazaba.

Mi padre escuchó de mi conquista leyendo la sección de empleos en el sillón.

-En cuanto puedas... la embarazas.. ¿entiendes? .. Necesito salir de este maldito bache. Todo lo que hemos invertido en ti tiene que rendir frutos y pronto.

-No digas tonterías,otousan . Ritsu sólo tiene 13 años… Debemos esperar a que sean mayores de edad para que sus padres no se puedan oponer al matrimonio…- replicó secamente mi madre sumamente molesta.

- Y cuánto tiempo crees que vamos a poder seguir pagando este basurero querida? .. Crees que vamos a poder esperar sentados en la calle a que este inútil cumpla 21 años. Tenemos deudas que pagar.. recuerdas? ...

-Que si lo recuerdo..? Todos los días me despierto en esta pocilga...!- dijo mi madre girando alrededor con los brazos abiertos. Vivíamos en un muy pequeño departamento de dos cuartos, cocina, sala y comedor. Estaba en el tercer piso de un edificio limpio y sencillo pero nada glamoroso de acuerdo a los estándares de mi madre. Así que cada día ahí era un infierno de reclamos y quejas para todos los que la escucháramos.- ¿crees que podría olvidarlo?... Gracias a tu ineptitud.. arruinaste el negocio que varias generaciones de Onodera lucharon tanto por levantar. Y encima perdimos todo lo que teníamos... Si mi madre viviera.. se hubiera arrepentido tanto de haberme casado contigo…

-Pues no pareció importarles el día que gastamos tanto en nuestra boda y en nuestra luna de miel.. y la mansión que tuvimos por tanto tiempo. Ahora bien.. si yo fui un inepto para administrar mi negocio… tu fuiste una despilfarradora muy eficiente.. Te aseguraste de acabarte todas las cuentas en que teníamos fondos.. !

Respiré hondo y traté de salir discretamente de la escena. No es que estuvieran poniéndome atención. Todos los días era lo mismo. Se insultaban, me insultaban de paso. No recuerdo siquiera si alguna vez vi que se llevaran bien mis padres. Y desde que papá había arruinado su compañía, todos sus esfuerzos iban orientados a una cosa. Que yo lograra un buen matrimonio. Era su última esperanza. Estaban seguros de que si me casaba con una buena niña rica, su padre financiaría los negocios de mi padre para ayudarlo a regresar al camino.

Me dolió el estómago. No había comido ni cenado. Si no había algo en la mesa para cuando llegara, no iba a conseguir algo en la cocina. Estábamos acostumbrados a que media docena de sirvientes nos atendieran, por lo tanto no sabíamos cocinar y sólo comprábamos alimentos preparados; si mis padres estaban dispuestos a que yo me comiera las sobras de lo que hubieran comprado, lo dejaban sobre la mesa, si lo que habían comido se había acabado o lo querían dejar para el día siguiente, la mesa estaría vacía. Como esa noche.

Me salí por la ventana de mi cuarto. Al principio me daban miedo las alturas, pero era mi única vía de escape. Si salía por la puerta principal, se darían cuenta que traía dinero y entonces me lo quitarían, e igual me quedaría sin cenar.

Me deslicé por los tubos de las escaleras, me ardieron las manos pero ya me había acostumbrado a esa sensación. Tenía hambre y eso me molestaba más que deslizarme desde el tercer piso por las escaleras de emergencia.

Llegué hasta la tienda de conveniencia y compré un sándwich y una naranjada, que era todo lo que completaba.

Regresé al departamento y subí por la escalera de emergencia, era un buen ejercicio, especialmente porque tenía que brincar mucho para alcanzar el barandal del siguiente nivel.

Me acosté tratando como siempre de ignorar todo lo que me molestaba. Y pensar en lo único que me animaba de verdad. "Sempai leyendo horas en la biblioteca". El evocar la imagen en mi cabeza, me hizo sonreír.

Sé que era un tonto. Sempai ni siquiera me volteaba a ver. Desde que me desconoció enfrente de todos, no me atreví a volver a acercármele... Pero no podía evitar seguirlo y mirarlo de lejos. Como un acosador. Aprendí sus rutinas, sus gustos y sus expresiones,... Todo de lejos.. No quería que me descubriera. Si supiera que llevaba un registro mental de todo lo que hacía. "A mi me parece que Sempai es muy amable. Mucho más de lo que trata de parecer frente a todos. Ayer por ejemplo, recogió a un gatito callejero. Su expresión es siempre tan triste."

Recordé su expresión.. ¿Qué te pasa Sempai..? Ojalá pudiera hacerte sonreír...

Me quedé dormido. Listo para volver a la rutina al día siguiente.

Qué rutina? Escuchar a mi mamá quejarse de que había tenido que vender otras joyas. Escuchar a papá quejarse de que no me movía más agresivamente con An –Chan.. como si pudiera hacerle eso a una niña tan dulce… Definitivamente lo mejor de mi día era seguir a Sempai en la escuela o en la calle.

Pero había algo que empezaba a ponerme nervioso. Mi sempai se graduaría al fin de año. No lo volvería a ver. Se iría a la universidad.. Tal vez a otra ciudad. Tenía que hacer algo. Algo para que me volteara a ver. Un día me dije. Voy a jugarme el todo por el todo. Tengo que volver a hablar con Sempai. Tengo que decirle que yo sigo pensando que es mi mejor amigo. Que me gustaría volver a pasar todas las tardes con él. Pero cómo? Con qué pretexto me puedo acercar a él?

Y por fin.. cuando menos lo esperaba y cuando menos lo buscaba. Pasó.

Tenía que entregar un trabajo adicional para una clase. Eso me daría puntos extras y me ayudarían con mi promedio. Corrí a la biblioteca para sacar todos los materiales posibles. Tenía sólo un par de horas antes de mi trabajo nocturno. Me sentía un poco mareado porque papá había encontrado mi escondite de dinero y ya llevaba cuatro noches sin cenar .. Hoy ni siquiera había desayunado.

Claro .. para mi suerte, el último libro que necesitaba estaba en la parte más alta de los estanteros. Es que alguna vez dejaría de presionarme el destino por mi baja estatura. No sé me ocurrió más que dar brincos. Obviamente no debía treparme a los estanteros o una mesa, me llamarían la atención, y por supuesto no pediría ayuda. Eso jamás. Tenía que bajarlo por mis propios medios… estaba algo mareado por el hambre, pero tenía que seguir intentando, y entonces ví que una mano pasó sobre mi cabeza y alcanzó el libro que buscaba. Me dio mucha vergüenza, porque alguien tuvo que venir en mi rescate. Me volteé para dar las gracias, y oh por Dios ..Oh POR DIOS.. OOHHH POR DIOS ! ... Nada menos que Sempai estaba justo a mi lado... esperando no sé qué.

De hecho no estoy muy seguro que pasó después. El corazón se me salía desbocado en el pecho. Yo quería hablar con él.. Tenía tantas cosas que decirle. Quería decirle que era mi mejor amigo. Quería pedirle que se acordara de mí. Quería decirle que lo extrañaba muchísimo. Había ensayado tantas veces los posibles diálogos que usaría para la ocasión.

Pero mi cerebro, mi boca y mi corazón, reventaron en diferentes direcciones y lo que salió de mi boca fue un:

-Sem.. Sempai.. Me …gustas !

Enseguida me quise morir de la vergüenza. Creo que ni yo sabía eso que salió desde el fondo de mi alma.

Pero aún más increíble que lo que salió de mi boca fue.. lo que me respondió Sempai.

-Quieres salir conmigo?

No lo podía creer.. Saga Sempai me invitó a salir ! Fuimos a comer y platicamos por horas, sólo él y yo ... Como en los viejos tiempos... ¿Podía existir más felicidad sobre la tierra? Si.. Sí podía. Y lo que pasó después excedió mis más locas fantasías.

Sempai besándome en la boca. Sempai besándome el cuello y el resto del cuerpo. Sempai haciéndome cosas que ni sabía que se podían hacer entre hombres.

Mi vida se volvió extraordinaria ! Perfecta !

Y por supuesto.. no me duró demasiado la felicidad.

Así como un buen día todo se había vuelto increíble ... un mal día todo se fue por el caño.

...

Supongo que cuando eres feliz y sientes que todo está bien, algo estúpido y sin sentido empieza a formarse en tu mente. Te vuelves ambicioso y quieres que todo sea todavía mejor. Tenía 3 meses saliendo con Sempai, desde que le dije que me gustaba, pero hasta ahora yo no había escuchado o no recordaba haber escuchado lo que sentía por mí. Y quería más. Onodera Ritsu se estaba pareciendo a sus padres y ahora que era por fin feliz, quería apoderarme de más.

Nos estábamos vistiendo de prisa, porque yo tenía que salir antes que llegaran sus padres. Los últimos rayos rojizos del sol, estaban entrando por la ventana, Sempai se abrochaba la camisa frente a mí, y el sol lo bañaba como si un hechizo cayera sobre una estatua blanca y perfecta. Respiré hondo y me volví a llenar de ese gas venenoso que te trastorna el juicio y que se llama avaricia...

- Sempai… Somos novios verdad?.. Me amas.. verdad?

Sempai se cubrió la boca con una mano hecha puño, para evitar soltar la carcajada, pero algo de su risa se escapó y reventó la burbuja donde yo vivía. Luego volteó a verme.

-Baka… Los hombres no podemos ser novios.

-No? – pregunté por reflejo. Pero en realidad estaba quedándome sin aire. .

Sempai soltó un suspiro.

-Mira… Mi vida está bastante complicada .. Amigos con derechos es todo lo que podemos aspirar..

-Ah..

-Termina de vestirte.. Te haré algo de cenar...

Literalmente sentí que se rompían algunas cosas adentro de mí.

En ese momento escuchamos un carro llegando al frente. Así que me despedí y salí por la puerta de atrás. Sempai ni se dio cuenta que salté la barda para escapar sin que sus padres me notaran.

Baka.

Solo amigos con derechos.

Esas palabras me torturaron de camino al trabajo y de camino a casa. Las repetía una y otra vez en mi mente.

Además.. noté que Sempai no respondió mi otra pregunta...

Ni siquiera merecía que me contestara...

Llegué a casa arrastrando mi mochila. Quise abrir la puerta y me sorprendió ver que estaba entornada solamente. Empujé más y me asomé.

-Papá? .. Mamá?

Se encendió la luz y una mano enorme me jaló del cuello de mi uniforme.

-Parece que al fin tenemos una rata en la ratonera..

-Que?.. Qué quieren?... No tenemos dinero.. ! –grité al ver que me zarandeaba un gorila enorme, y que me ostentaba frente a otros dos sujetos vestidos de matones, justo como en las películas. Ellos estaban sentados en la mesa, y cada uno jugaba con una navaja haciendo marcas en la madera.

-Donde están tus papás.. Ri-Chan?

Me espanté. Jamás en mi vida había visto a esos tipos tan desagradables.

-Cómo saben mi nombre?! Yo no los conozco!

-Pero nosotros sí. Y si no nos dices donde están tus padres.. Tomaremos lo que dejaron para cobrarnos sus deudas.

-Pues .. no sé.. no sé dónde están.. Deberían estar aquí… -les respondí asustado mientras trataba de soltarme del tipo que me zarandeaba en el aire.

-Pues no están.. así que piensa muy bien lo que vas a contestar.. – dijo el gorila y me aventó hasta el otro lado de la habitación. Reboté contra la puerta de mi cuarto.

El que estaba en la mesa y parecía estar a cargo se puso de pie.

-Se llevaron TODO ! … Vaciaron el departamento... ¡ Se dieron el tiempo de vender el puto refrigerador..! Malditos ! Ya no se puede confiar en la gente! – gritó furioso y arrojó la navaja a la puerta de mi cuarto, a unos centímetros sobre mi cabeza.

Grité por inercia. Y descubrí que estaba llorando.

-Mis papás.. se.. se fueron?- tartamudeé entre sollozos.

-Sabes que fue lo único que dejaron?..

No quería saber. Pero igual me lo informaron.

-Sólo te dejaron a ti niño.. Supongo que podríamos prostituirte o vender tus órganos en el mercado…

No escuché más. Me levanté lo más rápido que pude y corrí hacia la ventana de mi cuarto. Mi ruta de escape la tenía tan ensayada, que no me detuve hasta que corrí por el callejón. Escuché sus gritos y sus amenazas detrás de mí. Pero nunca me alcanzaron.

...

Esa noche aprendí las dos más grandes lecciones de mi vida.

LECCION # 1: El amor no existe ..

LECCION# 2: No puedes confiar ni en tu propia madre.

TBC..