Rating: M
Género: Angst/Romance
Pareja: Haou Juudai x Johan Andersen
Tema/Capítulo: 2. Hurt / Dolor.
Johan no podía oír nada, aunque no estaba seguro tampoco de qué esperaba escuchar. Quizá los gritos enfurecidos de Haou al ver cómo sus prisioneros habían 'escapado', o las miles de pisadas de sus guardias persiguiendo a los fugitivos, o en el peor de los casos a sus amigos siendo atrapados. Pero no había ningún sonido y parecía haber sido engullido por la oscuridad, dado que tampoco veía nada. Se incorporó de donde quiera que estuviese y extendió sus manos frente a su rostro, notando al mismo tiempo cómo un horrible dolor se extendía por su cuerpo, más exactamente en su abdomen. Estúpido Ryo, lo había atacado en serio. ¿Cuán graves serían los daños?
Palpó con cuidado la zona que le dolía, dándose cuenta al instante de que no llevaba más ropa que sus pantalones, pues su pecho estaba descubierto. En ese instante se abrió una puerta y un único haz de luz atravesó la habitación, dejando ver cómo Haou entraba a la misma, con el rostro indiferente de siempre. No obstante, Johan sabía lo que se estaba llevando a cabo dentro de la mente de su amo, lo sabía aunque no lo expresara, estaba enfadado, furioso. Y él recibiría un castigo, sin duda. Se estremeció y esperó que Haou no lo notara, aunque su habilidad para ver en la oscuridad estuviese muy bien desarrollada. Él se había buscado tal castigo, pero aún así... tenía miedo de lo que pudiese pasar.
Haou se sentó en el borde de la cama, que se hundió bajo su peso. Tenía una mirada curiosamente fría y calculadora, que se deslizaba por todo el rostro de su esclavo, como si buscara algo.
—¿Qué ha pasado? —inquirió y al mismo tiempo acercó más su cuerpo hacia Johan, planeando qué hacerle, tanto bueno como malo—. ¿Por qué han huido Marufuji, Phoenix y O'Brien? Estaba seguro de que no eras tan idiota como para dejarlos ir.
—No-no les dejé ir, maestro —musitó su acompañante, tratando de que su voz no delatara la mentira.
—Entonces ¿qué sucedió? Estaban desarmados y aún así te vencieron —la voz de Haou se teñía de un levísimo toque de duda. Su mano tomó de los cabellos azules del muchacho con violencia, obtenido un quejido como respuesta.
—Me atacaron, Ryo me robó el disco de duelo y... —Haou apretó con más fuerza los cabellos y acercó su rostro peligrosamente hacia el suyo. Johan se quedó callado, no sabía cómo continuar la mentira.
—¿Y? —la demanda seguía en pie. El Rey Supremo arrojó a Johan contra la cama, luego, empezó a acariciar su abdomen deteniéndose en el punto exacto que estaba lastimado, el cual apretó con fuerza. El muchacho se arqueó de dolor—. ¿Y, Johan?
Éste apenas tenía fuerzas para hablar, el dolor punzante en su abdomen era lo único que podía sentir o quizás no... la mano de Haou seguía ahí, pero ahora torturándolo de otra manera, repasando con cada uno de sus dedos lo marcado de su abdomen y subiendo sólo un poco hasta capturar una de sus tetillas entre las manos, apretándola con violencia, cosa que llenaba la habitación de jadeos mezclados con gemidos. Demonios, ¿cuánto más planeaba torturarlo? Su mente tampoco podría procesar más información si seguía así...
—Ahhh, maestro, no... lo que sucedió fue que... —pero las palabras se le atoraban en la garganta, una tras otra, ahogadas por sus suspiros cuando la mano fue reemplazada por los labios y lengua del Rey Supremo, quien a su vez trataba de hacer todo el daño posible. Johan se sentía humillado y estúpido, quería que su cuerpo dejara de reaccionar, pero era francamente imposible.
Luego, otro pensamiento amargo se sumó a su mente. Quería esos labios, los quería sobre los suyos. ¿Por qué demonios era así? ¡El bastardo había matado a sus amigos, lo había torturado, iba a terminar con el Reino! Esos labios habían dictado la muerte de muchas personas y aún así, aún así, necesitaba sentirlos sobre los suyos. Pero no iba a cometer la humillación de pedirlo, definitivamente no.
Haou soltó una risa fría y burlona, él no tenía el poder de leer la mente o algo similar, pero no lo necesitaba, porque ahí en la impenetrable oscuridad, ésa de la cual él era parte, casi podía oír gritar al cerebro de Johan lo que necesitaba, aunque no develar los secretos y dudas que en realidad necesitaba oír. Decidió ir un poco más allá esa noche, satisfaciéndolo a él y no a sí mismo, con el fin de humillarlo más y obtener información. Su lengua se deslizó hasta su cuello, lamiéndolo mientras su mano masajeaba su entrepierna con frenesí.
—Entonces, ¿qué sucedió Johan?
—Maldita sea... —logró articular, mientras todo su cuerpo se arqueaba y sentía como una corriente eléctrica le recorría cada ínfima partícula. ¿Cómo demonios podía pensar así? En lo único que estaba concentrado era en la deliciosa sensación de la mano de su maestro sobre su miembro erecto y en el calor que se deslizaba hasta allí, llevándolo a los bordes de la locura. Estaba a punto de alcanzar el orgasmo cuando Haou se detuvo, una vez más, con el semblante indiferente. Johan volvió a maldecir para sus adentros, joder, ¿iba a tener que pedirlo? Maldita sea. Maldita sea.
—¿Johan? —un puñetazo cruzó el aire y se estrelló justo al lado de donde el muchacho tenía la cabeza—. ¿Quieres que continúe? —susurró el castaño, cerca de su oído—. Entonces dime que pasó.
La respiración del muchacho no se había normalizado, aún sentía ese hormigueo en la entrepierna que no lo dejaba en paz, pero no quería rebajarse a suplicar por algo de placer, a pesar de que realmente lo necesitaba. Trató de conectar algunas ideas, sólo para hacer su historia creíble, no porque en realidad quisiera terminar eso.
—Ryo me atacó —continuó firme con la versión que había ensayado con sus amigos—. Entre él y O'Brien consiguieron hacer que me golpeara en la pared —la mano de Haou se posicionó nuevamente sobre la virilidad del de cabellos azules y otra vez le costó saber qué hacía—. O'Brien me robó el disco de duelo y como llevaban su deck, ellos... mierda.
Los ambarinos ojos del Rey relucían como piedras preciosas en la oscuridad, pero su brillo no era nada comparado con el que tenían los ojos del preso, brillantes como esmeraldas a punto de ser derretidas cuando Haou volvió a masturbarlo con tortuosa lentitud.
—Ryo convocó a su Cyber Dragon y me atacó con él —las palabras salieron a trompicones, casi inentendibles de sus labios. Haou enarcó una ceja, no era suficiente, aunque era creíble. ¿Debía aceptar eso como la verdad? ¿O quizá tendría que torturarlo más para conocer los detalles reales?
En cuanto al cautivo, no sabía cuánto más iba a aguantar. A pesar de que el Rey había seguido con su lento masaje sentía que nuevamente estaba alcanzando el clímax. Su respiración se hizo más rápida, su corazón empezó a latir como un tambor, sus demás sentidos se esfumaron, sólo existía eso, ese momento y ese sentimiento...
—Aún no he terminado —musitó el castaño, una vez Johan alcanzó el orgasmo, retirando el resto de la ropa que éste usaba, mojada ya. La visión había logrado excitarlo lo suficiente como para querer terminar él también tan mojado y sucio como su sirviente. Claro que, lo haría a su propio modo.
Johan nisiquiera se había recuperado del shock cuando sintió que algo lo invadía. Con un dolor horrible, punzante y a la vez placentero, Haou lo penetró de un tirón e inmediatamente empezó a moverse dentro de él, aumentando ambas sensaciones tanto de dolor como de placer. Dolía tanto... ¿acaso Haou había descubierto la mentira? Johan cerró los ojos, pidiendo que todo aquello se terminara. Sin embargo, conforme su cuerpo se acostumbró a la invasión, el dolor disminuyó y el placer aumentó, tanto, que pronto estuvo aferrándose a las sábanas como si su vida se fuese en ello, nuevamente suspirando y gimiendo.
Mierda. Se sentía condenadamente bien. Más que bien. Haou estaba prendado de su cuello, también sintiendo cómo todo su cuerpo temblaba ligeramente debajo de la armadura tan pesada que solía llevar y de la cual se había despojado sólo lo necesario. Johan Andersen era tan estrecho, tan cálido. Sus labios se entrechocaron por primera vez en la noche, así como también sus lenguas. Haou esperaba que Johan dijera algo más, pero nada salía de sus labios, sólo palabras incoherentes, no relacionadas con el accidente. ¿Quizá sí podía confiar en él...?
Con una última embestida, Haou alcanzó el orgasmo, llenando de su semilla al pobre Johan, quien se dejó caer sobre las almohadas con la respiración agitada y extrañamente... sonriendo.
La mentira había funcionado, estaba seguro. Su rey ya nisiquiera había preguntado por ello. Así que sus amigos estarían salvados a esas horas, a pesar de que el precio a pagar había sido un poco de dolor y placer.
Fin del Capítulo.
Notas de la Autora: Uff, hace mucho que no escribía un lemon yaoi~ menos con Haou de protagonista, es jodidamente difícil mantenerlo dentro de carácter, ese Rey sin sentimientos x-x... aún así, espero que no esté tan mal y me den críticas sobre cómo puedo mejorarlo o alguna cosa así. No sé si vaya a haber más lemons en los próximos capítulos, aún debo desarrollar el plan de Johan y algunas cosillas en medio para hacerlo más interesante. So, ya saben, espero sus opiniones sobre el dizque lemon que escribí, que seguramente suxea x'DDD...
Gracias por leer y comentar, por última vez en el día, pego esto:
Tengo una noticia, la próxima semana es casi seguro que no publique nada de ninguno de mis fics porque salgo de vacaciones para desestresarme (no me quedé en la universidad y me siento triste por ello), así que no habrá actualización hasta el próximo Lunes. Aunque... subiré el capítulo de I belong to you este sábado, sólo porque no quiero dejarlas con la duda, estén al pendiente~.
Por lo mientras, ya están arriba los nuevos capítulos de: Más que palabras, La maldición del verdadero amor y Melodías del corazón, por si gustan pasarse.
Nos vemos, nuevamente gracias.
Ja ne!
