II Maldita Lokura
Coulson: - ¿Cómo es eso que te lleva a conocerlo? -
- El destino ... siempre es el que tiene la culpa―
Coulson: - ¿El destino? ¿En serio?―
- ¡Qué sé yo! Pero empezaron a pasarme cosas rarísimas―
Coulson: - ¿Cómo qué cosas?-
-¿Alguna vez ha tenido sueños que parecen demasiado reales?-
Una noche en el orfanato, cerca de las vacaciones de verano, hacían como 30°C y el ambiente estaba más pesado que hipopótamo embarazado. No se nos permitía abrir las ventanas cuando oscurecía; no sé si para que no entrara nadie o si para que no escapáramos nosotros.
No podía dormirme ¿Cómo hicieron los demás chicos? No tengo idea. Empecé a contar ovejas, terminé de contar ovejas y empecé a contar otros animales; apuesto a que Noé hubiera temido por su trabajo si yo hubiera nacido en ese entonces. Di más vueltas en mi cama que en una calesita, me paseé por toda la habitación, ¡Y diablos! No sabía que Matías podía echarse tantos gases en una sola noche. Finalmente me acosté vencido por el insomnio y aguardé el amanecer con los ojos abierto. De repente se me vino a la mente Goes. Ya casi se cumplían dos años desde que se fue, pensaba en como la estaría pasando, si aún me tenía en cuenta. Me quede casi toda la noche despierto solo pensando, hasta que por fin, me dormí. Y tuve el sueño más extraño de toda mi vida:
"Estaba acostado en mi cama durmiendo, totalmente tranquilo, y de repente alguien me susurra:
― Erick... Erick, despierta― pegué un salto y quedé de pie junto a la cama. Miraba para todos lados. O sea ¿Quién carajo me despierta después de lo que me costó dormirme, y luego se esconde?
―No me escondo Erick― ¿Esa voz viene de… ¡Mi cabeza!? ¡Estoy delirando!
―Tranquilo, necesito tu ayuda―
― ¿A mí?― ¿Pero quién? Pensé:
―Solo confía en mí― Y antes de que dijera o pensara algo más, las paredes desparecieron y me encontré en medio de un inmenso y verde pastizal.
― ¿Qué, qué sucedió? ¿Dónde estoy?―
― No te asustes Erick―
― ¿Cómo sabes mi nombre?―
― Solo tú puedes ayudarme―
― ¿Quién eres?―
― No quieres saberlo―
― ¿Y por qué no?―hubo silencio.
― Perdón, mejor te devuelvo a tu cama―
― ¡Espera, no! … te ayudaré―
― ¿Seguro?―
― Yo… sí―
― Para eso tienes que confiar en mí―
―De acuerdo―
Entonces la hierba empezó a crecer, alta como una muralla, un viento muy fuerte empezó a empujarme a través de ella y no podía detenerme, hasta que por fin paró, aparté un poco la hierba para poder ver. Al frente había un bosque cubierto de musgo suave, solo algunos rayos de luz lograban atravesar la copas de los arboles, habían hongos blancos en el suelo, casi podía escuchar una música, era un lugar hermoso. Y ese aroma, a bosque después de la lluvia, era tranquilizante.
De repente sentí la necesidad de mirar hacia atrás, un camino se dibujo en el suelo, al final de él podía verse la habitación del orfanato:
― Aún puedes volver, todavía estás a tiempo Erick― se oyó un aullido.
Avancé por el bosque, arrastrado por mi instinto; pasaba por encima y por debajo de troncos caídos, mi ropa estaba rota y embarrada. De repente el aire se estaba tornaba más frío a cada paso, hasta que empezó a nevar, el bosque cambió su terciopelo verde por una seda blanca, al punto en que no se distinguía nada, solo podía ver mi aliento condensándose. Por fin encontré un sendero, un camino de hielo, demasiado resbaloso para caminar por él, así que atiné a ir por la orilla:
― ¡No!― gritó: ―Tienes que seguir por el río―
― Pero es que está muy resbaloso―
― Si no sigues por el río te congelarás―
― Pero si ya me estoy congelando a aquí―
― Mira hacia la orilla y dime qué vez― esforcé la vista y vi que a lo lejos, miraban unas extrañas figuras azules, parecían gigantescas estatuas de hielo…
― ¿Hombres congelados?―
― Monstruos… y no están congelados. Ahora camina―
Por un segundo el hielo se puso verde, después se puso amarillo, luego anaranjado, luego rosado, rojo, violeta, azul, turquesa, de todos los colores y cambiaban muy rápido, brillaban como luces de neón, sentía que estaba caminando por un arcoíris. Entonces me di cuenta que estaba en el espacio, podía ver millones de estrellas y otras cosas, quedé boquiabierto.
― Bonito ¿No?―
― Si, mucho―
Alcé la vista hacia el frente y entré a una especie de salón, dorado y redondo. Camine un poco hasta que me encontré con un hombre enorme, tenía armadura dorada, parecía custodiar la entrada, y como no, con solo verlo imponía respeto… ¡Heimdall! Recordé de repente; lo había leído, era el guardián de Asgard, nada se escapa de su vigilia, pero el parecía no verme ¿Cómo?
― ¿Nada? NADA, es cien por ciento seguro Erick. No te preocupes, no dejaré que te vean―
― ¿Esto es Asgard?―
― Así es…―
Toda la ciudad era dorada, las personas vestían raro, en el cielo corrían caballos con alas y el aire estaba impregnado de muchas especies que jamás había olido. En un rincón, había dos hombres matándose a golpes, uno derribó al otro y lo amenazó con su espada, me asusté.
― ¡Oigan, no!―
― Tampoco pueden oírte Erick― de repente hubo aplausos, risas y burlas, entonces me di cuenta de que era un juego.
― Que juego tan estúpido―
― Sí lo sé― de repente una sensación de peligro se apoderó de mí: ―Sigue hasta el palacio, rápido―
Comencé a correr tan rápido como pude. Por fin llegué al palacio, un ejército dorado flanqueaba la escalinata, al subir escuchaba los gritos de una multitud aclamando, trompetas y tambores, finalmente se abrieron las enormes puertas y dejaron salir un resplandor enceguecedor. Cuando pude ver me encontré en un salón tan inmenso que 10 cruceros hubieran entrado allí; el techo era sostenido por gruesas columnas labradas, el piso era un espejo dibujado al igual que el techo, en donde habían representadas batallas y seres poderosos, todo era dorado y hermoso, pero al final solo había un trono vacío. A un lado del trono se veía una cadena, estaba anclada al piso y no dejaba de sacudirse, el otro extremo bajaba por unas escaleras hacia lo profundo.
― Baja por allí― tragué saliva.
― ¿¡Por allí!?―
― Date prisa ya casi no hay tiempo―
Abajo había muy poca luz, pero pude ver que estaba en un pasillo con varias puertas a cada lado. Comencé a caminar con cuidado, tanteando las paredes, sentí el hierro pesado de las puertas, escuché susurros, gruñidos y rasguños detrás de ellas, eran calabozos. Se estaba poniendo muy caluroso. De repente escuché un bufido cargado de furia y la cadena se tensó con tanta fuerza que se destrozó.
Luego sentí una presencia abrumadora:
― Ven Erick― su voz estaba diferente, más… bífida. Di solo unos pasos: ― Más― mi corazón se había desbocado.
― Yo… no se―
― Vamos, ya falta poco― levante la vista, delante había una puerta enorme y pesada:
― ¿Tú estás allí adentro?―
― Por fin nos veremos― allí estaba, en lo más profundo de Asgard, en la celda más resguardada que jamás había visto, una que podía contener a la peor tormenta…
― No―
― Vamos es más fácil de lo que parece―
― Ya no quiero… quiero volver―
― ¿No quieres ayudarme?― me aguantaba las lágrimas y el calor me estaba sofocando.
―No―
― ¿Y por qué no?― fue cuando lo entendí.
―Tú eres la Tormenta―
―Oh no, yo no soy el de las tormentas pero te perdono eso, ahora abre la puerta―
―No abriré esa puerta―
― Bueno ¿Y qué tal esta otra?― de repente era la puerta de la biblioteca de la escuela.
― ¿Quién eres?―
― Abre la puerta y verás― esto está mal, pensé.
― Dime qué quieres―
― ¿Qué no es obvio? Salir de aquí. Vamos no quiero hacerte daño, solo abre la puerta―
―No… no puedo― dije en voz baja.
― ¡Solo abre la maldita puerta niño!―
― ¡NO!― el calor era insoportable: ―Tú eres malo―
― ¿Con que yo soy el malo? Tú eres el que no quiere ayudarme… Erick ¿Crees que quiero hacerte daño?―
― No lo sé―las lagrimas me bajaban por las mejillas.
―Pues no―
― ¿Dime quién eres?―
―Ay…― suspiró: ―Tú ya lo sabes, tu dime―
― Eres…el dios del…―
― ¿Mal? ¿Y eso lo sacaste de un cuento para niños? ¡Jajaja!―
― Eres malvado―
Loki: ― Solo para algunos…dijiste que confiarías en mí Erick, creí que tú eras diferente―
―Yo…― y rompí en llanto.
Me deje caer de rodillas y hundí el rostro en mis piernas, todo quedó en completo silencio. Sentí una profunda tristeza, pero no era del todo mía. Me quedé así un largo rato. Después respiré profundo y cuando reuní suficiente valor estiré la mano y gire el picaporte, en cuanto el seguro se soltó la puerta se abrió lentamente. Baje la mirada no me atrevía a ver, entonces algo me rozó la mejilla…"
Coulson: ― ¿Y luego qué?―
― Luego desperté en mi cama, exhausto, sudando, con la pierna acalambrada y ardiendo de fiebre―
Coulson: ― ¿Qué?―
―Que tenía fiebre, cuando todos los chicos se levantaban para ir la escuela, mi cuerpo no resistió el esfuerzo y me tendí de nuevo en la cama―
Coulson: ― ¿Por qué? ¿Qué es lo que pasó?―
― Nunca lo supe muy bien―
Coulson: ― ¿Él fue quien te lo hizo?―
― ¿Quién, Loki? No seas tan paranoico, él no tenía ni idea―
Coulson: ― ¿Y cómo estás tan seguro?―
― Porque un día se lo conté―
Coulson: ― ¿Se lo contaste?―
― Primero me dijo que debí de haber estado delirando cosas, le dije que era un idiota, porque yo estaba hablando muy enserio y que por su culpa terminé en el hospital, y él me dijo ¿¡Cómo!? ¿Qué por qué habría de ser su culpa? Y luego le dije ¡Qué no es obvio tu lo hiciste! Él me dijo que no, me dijo que si le hubiera pedido favores a una mosca habría sido igual de útil, entonces lo pateé en la rodilla, el se tiró al piso y comenzó a reírse a carcajadas―
Coulson: ― ¿De veras?―
― No te rías tu también―
Coulson: ― El pudo haberte engañado fácilmente―
― Sí y no. Loki jamás me ha mentido a mí―
Coulson: ― ¿Jamás?―
― Jamás. Y en segundo lugar me contó algo muy curioso―
Coulson: ― ¿Qué te contó?―
― Aún falta para eso―
Empecé a sentir frío aunque estaba ardiendo. A veces miraba alrededor y todavía veía el bosque. Una monja se sentó en una silla a rezar con su rosario y me puso un paño húmedo en la frente. Finalmente llegó el doctor, y es lo último que recuerdo, porque me desmaye.
Recuperé de apoco el conocimiento, recuerdo que escuchaba un bip, bip, bip. Sentía que la luz me lastimaba los ojos, quise incorporarme, pero mi cuerpo no tenía las fuerzas. Podía escuchar mi respiración, parecía Darth Vader; noté la intravenosa en mi brazo; la seño Kelly dormía sobre una silla.
― Seño― salió un sonio seco de mi garganta: ―… señorita Kelly―
Seño Kelly: ― ¿¡Qué… que pasa!? ¡Erick, despertaste! Pero que alivio―
― ¿Qué hace usted aquí? ¿Qué hacemos los dos aquí?―
Seño Kelly: ― Yo cuido de ti hasta que la madre Hortensia regrese―
―Ah… me da gusto volver―
Seño Kelly: ― ¿Volver?―
― Volver a verla ¿Me da agua? Por favor― salió de la habitación y volvió con un vaso de agua: ― Señorita Kelly―
Seño Kelly: ― Si Erick―
― ¿Qué me pasó?―
Seño Kelly: ― Te descompensaste tesoro, te dio un shock por el calor―
― ¿Cómo es eso?―
Seño Kelly: ― Bueno, antes de ayer por la mañana las monjas te encontraron descompuesto, te hablaban pero no les respondías así que llamaron a un doctor, el te revisó e inmediatamente te derivó al hospital―
― ¿¡Antes de ayer!?―
Seño Kelly: ― Has estado inconsciente más de dos días, no venias al colegio, cuando supe que estabas internado vine a verte―
― ¡Que loco!― una noche de mal sueño a cambió de tres días.
Seño Kelly: ― Lo extraño es que tus pies sufrieron principio de hipotermia. Erick, tus calcetines estaban embarrados, tu ropa estaba rota ¿Qué estuviste haciendo esa noche?― la miré extrañado.
― Nada solo no me podía dormir―
Seño Kelly: ― ¿Cómo se te ocurre salir de noche?―
― No yo… ¿Quién es Hipo… o Tania?―
Seño Kelly: ― Hipo-termia, pasa cuando te congelas, el frío te quema la piel igual que si fuera fuego― me miré los pies: ― Afortunadamente fue solo principio, no sufriste daño. Ahora dime ¿Por qué saliste Erick? y a ¿Dónde?―
― Yo no salí a ningún lado―
Seño Kelly: ― Erick puedes decirme la verdad, no se lo diré a la monja, te lo prometo, solo quiero saber que te sucedió―
― Pero es que no sé― pies congelados en verano no tenían ningún sentido, de pronto me acordé del sueño: ― No va a creerme―
Seño Kelly: ― Claro que sí― ¿Cómo va a creerme si ni siquiera yo me lo creo? Pensaba en decírselo.
― Creo que soy sonámbulo― pero no, así que inventé otra cosa.
Seño Kelly: ― ¿Sonámbulo? Bueno es posible, de hecho tiene sentido. Si sucede de nuevo tienes que decirlo Erick, podrías hacerte daño―
―Está bien―
Seño Kelly: ―Bueno descansa―
Regresé al orfanato a la mañana siguiente, era un día tranquilo y estaba soleado, era un buen día. Me dieron 24 horas de reposo, así que no fui al colegio, subí a la habitación y dejé las cosas a los pies de la cama, me quedé contemplando el suelo y pensando ¿Cómo habría llegado el barro a mis pies? A lo mejor sí era sonámbulo y yo no lo sabía; aun estaba algo cansado así que me recosté, oí como me crujían las articulaciones al estirarme, suspiré y me quedé mirando el techo un largo rato.
De repente, una ventana se abrió bruscamente, estaba entrando mucha tierra así que me levante para cerrarla, pero cuando estuve a tres pasos el viento volvió a soplar y abrió todas las demás ventanas, era un viento helado y estaba entrando… ¡Nieve! ¿¡Cómo, era pleno verano!? Cuando por fin paró, tenía los pies medio enterrados en la nieve, levanté la vista y algo entró por la ventana y se estampó contra mi cara… era un cuadrado de tela, verde y suave, la combinación perfecta entre una seda y un terciopelo. Alce el pañuelo para verlo mejor, los reflejos de la tela parecían aguas verdosas, tenía unas bonitas guardas bordadas con un fino hilo dorado. Solo cuando lo puse a tras luz pude notar el dibujo que tenía, parecía una especie de serpiente, tenía su cuerpo semi-enroscado y miraba hacia el frente con sus fauces abiertas ¿De dónde había venido, o la nieve? Un momento, la nieve ya no estaba ¿Se derritió? ¡O te lo imaginaste idiota, solo era tierra! Vaya, estoy volviéndome loco.
Volví a acostarme en la cama, serré los ojos y me tapé la cara con el pañuelo, se sentía tan relajante, olía como a tierra mojada… al instante un recuerdo invadió mi mente. En el sueño había un bosque ¡Es el mismo aroma! ¡Es la cosa que me rozó en la mejilla! Me incorporé aturdido ¿En verdad fue un sueño? ¿Sigo soñando ahora? Por más vueltas que le diera en mi cabeza, lo sabía, no sé cómo, pero tenía la respuesta, solo que no quería creerlo. Y es que la idea era tan descabellada como aterradora. Y si era cierto ¿Entonces qué?
Y entonces la serpiente se iluminó y empezó a desenroscarse, unos símbolos empezaron a aparecer, como si alguien estuviera escribiéndolos con una tinta luminiscente. Realmente no podía creerlo. No entendía lo que decía. Lo guardé en mi bolsillo para que nadie más lo encontrara.
