La era del Mito en el País del Fuego
Disclaimer: Los personajes de Saint Seiyay l os de Naruto no me pertenecen, sino a sus respectivos creadores. Solo la historia es de mi invención.
Capitulo 2:
¿Ninjas? ¿Santos? ¡Que idiotez!
Milo levanto la barquilla y camino un par de pasos hacia enfrente. Dos críos no serian capaces de atemorizarlo por lo que se obligo a relajar su postura y lucir la sonrisa más característica de él. Un escorpión tenia mas formas de atacar antes de comenzar con las picaduras, así que el comenzaría con su tortura mental. Un gemido de dolor lo saco de sus pensamientos, y sus ojos cerúleos bajaron hasta el césped, donde Aioria comenzaba recobrar el conocimiento. Vio como el chico pelinegro se movía velozmente y en un instante tenia a Aioria atado a sus pies.
-¡Oye!, ¿Que te pasa? – gruño Leo intentando ver sobre su hombro quien era el atacante, pero solo consiguió que un kunai se instalara peligrosamente junto a su cuello.
-Creo que los papeles se invierten. – dijo el pelinegro, esbozando una socarrona sonrisa. – Ahora responde tu, ¿Quién eres y como llegaron hasta Konoha?
Él y Aioria intercambiaron una mirada desconcertados. ¿Konoha? ¿Donde demonios era eso?, pero claro, sí hubiera estado mas atento a las clases de Geografía que le impartía su maestro, tal vez lo supiera.
-Yo soy Milo de Escorpión, - respondió colocando sus manos en la cintura. – Caballero Dorado de la orden de la Diosa Athena, guardián de la octava casa. Y tu mocoso – agrego señalando al pelinegro. – Te arrepentirás de hablarme así. ¡Así que suelta a mi compañero y combate con honor!
El pelinegro clavo más el kunai en Aioria y un pequeño hilo de sangre se deslizo por la garganta.
-Tú atacaste a Naruto primero así que responde: ¿Qué buscan aquí?
-Sasuke, ¡déjalo! – dijo la chica junto a aquel mocoso arrogante. Milo la contemplo por primera vez y no pudo sonreír aun más ante el atuendo de la chica. Definitivamente las amazonas deberían vestirse así.
-Le agradezco que interceda por mi vida, pero le aseguro que no es necesario. – dijo Aioria mirándola de reojo. La chica pelirosa bajo la mirada avergonzada y sonrojada ante los penetrantes ojos verdes. ¡Maldición! Pensó Milo, el gato se le estaba adelantando.
-De… de nada… supongo. – balbuceo.
Sasuke bufo, y la concentración de Escorpio volvió a recaer en él. El chico no tenía un cuerpo muy corpulento, tal vez era rápido pero apostaba a que su fuerza no era mucha, y tampoco llevaba protección alguna. No era como si serviría de algo contra su aguja escarlata de todos modos.
-¡Oye tu! – un grito agudo perforo los oídos de todos y Milo se volteo a sus espaldas. El rubio que había visto al despertar lo señalaba desde largo. – ¡Esa no es la manera de tratar al futuro Hokage de la Hoja, ´ttebayo!
-Cállate Naruto. Seré yo quien me encargue de él.
Milo rio fuertemente y volvió a ver a Sasuke.
-Si tanto es tu deseo de morir mocoso, te daré una lección.
La mano libre de Sasuke comenzó a brillar con luz azul, al mismo tiempo que Milo elevaba su cosmos y tiraba su brazo derecho hacia atrás. Sasuke estaba seguro que no lo atacaría mientras tuviera a su compañero frente a él. Sin embargo, una luz roja lo cegó por unos instantes, el dolor en su pecho se extendió al mismo tiempo que su cuerpo se elevaba por los aires ¿Que clase de jutsu era ese?
-Esa es la aguja escarlata. – dijo Milo, casi adivinando los pensamientos del moreno, cuando el cuerpo de Sasuke cayo césped. – El golpe es microscópico pero el dolor se extiende por todo el cuerpo junto con el veneno. Recibirás catorce…
-Ya cállate y quíteme estas cuerdas. – lo interrumpió Aioria poniéndose de pie con dificultad.
-¿Sasuke te encuentras bien? – pregunto Sakura posando su mano en la mancha oscura que se expandía por su camiseta negra.
Él la aparto bruscamente y se puso de pie, observando a los dos chicos. Pagarían haberlo humillado de esa forma.
-Esa no es la manera de tratar a una chica. – le reprendió Milo… y fue la gota que derramo el vaso.
Sasuke corrió y activo su Sharingan, lanzándose sobre el chico peliazul. Fue esquivado con asombrosa facilidad y al darse cuenta sintió un puño en su estomago, que le saco todo el aire.
-¡Teme! – grito Naruto al verlo doblarse del dolor y se lanzo hacia Milo, sin embargo fue retenido por Aioria. – ¡Clones de sombra! – una docena de Narutos apareció al instante, dejando a los dos caballeros de Athena atónitos.
Un peliazul había estado observando todo desde algunos minutos, nadie había reparado en su presencia, por estar absortos en tal ridícula pelea. Se puso de pie y acomodo la capa blanca de su armadura.
-Milo, Aioria. ¿Qué esta sucediendo? - su profunda voz logro detener los ataques de sus compañeros y de la manada de rubios.
Sakura se voltio hacia aquel peliazul, igual que sus amigos, y se quedo absorta por unos segundos. Miro al castaño que decía cosas lindas y luego a Milo, para ver de nuevo al peliazul ¡Kami! ¡Es que acaso estaban lloviendo chicos tremendamente sexys! Sintió sus mejillas enrojecer ante el pensamiento.
-Este chico nos ha atacado, en cuanto nos hemos despertado. – dijo Milo lanzando un puntapié a Sasuke.
-Tú nos atacaste primero. – atajo el Uchiha. Levantándose con todo la dignidad que le era posible en ese instante.
-¿Estas poniendo en duda mi palabra?
Milo lo miro a los profundos ojos azabaches y Sasuke no se intimido, respondiendo con ferocidad. Una nube de humo salió de la nada y al disiparse un hombre que solo mostraba un ojo de su cara, apareció junto a Saga.
-Esperemos que todo esto sea un mal entendido. – dijo casi con aburrimiento. Los caballeros de Oro miraron recelosos al recién llegado. – El resto de sus compañeros han sufrido un gran golpe al caer, mi alumna es medico y podrá revisarlos enseguida, pero antes debo saber como llegaron hasta aquí.
-Soy Saga de Géminis, y ellos son Aioria de Leo y Milo de Escorpio. Protectores de la diosa Athena.
-Kakashi Hatake. – se presento el Jounin. Sin poder evitar sentirse asombrado ante las palabras. ¿Realmente esos hombres protegían dioses?
-¡Saga! – un grito mas llamo la atención de todos, excepto la del mencionado, y miraron como tres hombres estaban atados a un árbol. - ¿Cómo has permitido que me secuestren?
-No sabemos como hemos llegado aquí… - Siguió el mayor de los gemelos, ignorando a su hermano.
-…Y dices ser un buen hermano. ¿Por qué no me sorprende de ti?
-Me gustaría hablar con el dios responsable de ustedes…
-¡¿Estas negociando con ese anciano?! – Kakashi miro sobre el hombro del peliazul al otro gemelo, fulminándolo con la mirada. Al menos Saga era un tipo serio, pensó.
-…así podríamos…
-…mejor mátalo de una vez y libérame…
-¡Cállate de una maldita vez, que intento hablar! – Grito de repente Saga, sorprendiendo a todos.- ¿Por qué no te liberas tu solo? Acaso ya te hiciste tan inútil que ni siquiera eso puedes hacer.
-Esto es una venganza por no ayudarte con los deberes. Ya te lo dije hermano, vienen en combo con la armadura que traes puesta.
-Debería venderte de esclavo. – dijo quedamente Saga.
-¿Qué? Vamos, sabes que no podrías vivir sin mí.
-Ya. – una voz suave llego hasta los oídos de Kanon, enmudeciéndolo. Miro hacia su lado derecho, con todo lo que su cuello le permitía, levanto una ceja con curiosidad al ver el largo cabello rubio.
-¿Shaka?- Pregunto asombrado.
-Vaya ricitos de oro, parece que tampoco eres de los favoritos de la bruja Saori. – rio mascara de muerte al otro lado de Kanon.
-No tengo risos. – murmuro exasperado, solo para él.
-¿Como has llamado a Athena? – pregunto Milo acercándose hasta sus compañeros.
-No sé que mas esperabas de él.- dijo Aioria desde su lugar cruzándose de brazos. Aunque con el último recuerdo de Saori, no tenía una mejor descripción de la que había hecho Cáncer.
-Perdonen, ¡oh! nobles guerreros, que no guarde respeto por la arpía déspota que nos mando a quien-sabe-dios-donde y que se hace llamar nuestra diosa protectora.
-Yo estoy de acuerdo con Mascara. – dijo Kanon.
Saga asintió imperceptiblemente y Shaka bufo. Kakashi volteo a ver a sus alumnos intrigados, tanto silencio por parte de ellos no era normal. Sakura seguía arrodillada en el suelo, mirando entretenida la escena al igual que Naruto que ni siquiera trataba de ocultar su diversión. Al notar la mirada de su maestro, la pelirosa se la devolvió encogiéndose de hombros. A unos metros de ella, estaba Sasuke fulminando con la mirada la espalda de Milo, no solo lo había humillado en batalla, sino que se iba de ella como si no significara nada luchar contra él. El jounin camino con pasos tranquilos hasta sus alumnos, llamando la atención de los tres.
-Chicos, esto es algo inesperado. – comenzó a hablar. Él haría lo que todo Jounin preparado, poderoso y profesional como él, haría en tal caso. – Llévenlos con la Hokage, se los encargo.
Y de inmediato desapareció en una nube de humo, reapareciendo en las concurridas calles del mercado. Sin esperar mas, saco del bolsillo su tan preciado libro naranja. Protectores de dioses o no, el tenía asuntos más importantes que atender.
-Que desgraciado. – murmuro Sasuke, fulminando con la mirada el grupo de hombres que estaban frente a él.
-Chicos, ¿Qué hacemos? Alguien debe ir a hablar con ellos. – opino Sakura acercándose hasta Naruto y Sasuke.
-Tsk, por que no los dejamos. Si Kakashi lo hizo, nosotros también.
-Acaso les tienes miedo, mocoso. – reto Naruto. Sasuke torció sus labios molesto ante aquel apodo que parecía haberse ganado.
-No me llames así, Dobe. – lo amenazo.
-No me digas dobe, teme.
Sakura suspiro, lo que menos quería era estar, ella también, en medio de una guerra de palabras. Paso su vista a los seis desconocidos ignorando olímpicamente a sus compañeros. Tal vez… ella podría… llevarlos hasta su maestra. Se sonrojo ante el pensamiento de llevarlos ella sola hasta la torre de la Hokage. Sintió las mariposas volar en su estomago y aparto la vista casi de inmediato. ¿Lo haría?
´¡Claro que si! Ino-cerda se morirá de envidia cuando me mire´
Sakura sonrió y poso sus ojos nuevamente en ellos. Decidida. Camino sin vacilar hasta ellos y no se percato de la mirada de sus dos compañeros. Ambos incrédulos.
-¿Géminis-san? – llego hasta la espalda del peliazul y tiro suavemente la capa blanca que aun seguía húmeda. Su voz sonó mas bajo de lo que quería y su fuerte determinación disminuyo a medida se acercaba. Saga miro sobre su hombro y encontró a la pelirosa mirándolo tímidamente. Levanto una ceja ante tal extraño sufijo, pero no dijo nada y espero a que ella continuara.- Y…yo p…puedo. Yo… s…soy - ¡Por Kami parecía Hinata! Sacudió su cabeza con fuerza y luego levanto la mirada. Se arrepintió al instante, al perderse en las esmeraldas inescrutables. Saga la miro extrañado. – Soy medico. – dijo finalmente en un hilo de voz. – puedo ayudar a sus amigos. Por lo de la caída.
-¡Oh! No te preocupes, ellos son así naturalmente. – Sakura se voltio enseguida. No había sido el peliazul quien había respondido, sino el castaño que estaba a unos pasos de ella. Paso su vista hacia el resto de los guerreros y noto, con demasiado horror, que era el centro de atención.
Todos habían visto su patética escena… se quería morir.
-¿Qué estas insinuando, strega?
Sakura trago en seco ante la mirada encolerizada de Mascara de Muerte.
-No le hables así a Sakura-chan. – rugió Naruto colocándose rápidamente junto a ella. El tono no le había agradado para nada, aunque no entendía muy bien esa ultima palabra.
-Él tiene razón Mascara de Muerte. – dijo Shaka. – ella solo quiere ser amable.
-Pues debería empezar por quitarnos estas cuerdas, no siento mi cosmos.
Y como si las quejas del menor de los gemelos fuera una orden, la pelirosa los desato bajo la atenta mirada de Sasuke.
-No tienes porqué obedecerlos. – le dijo él, cruzándose de brazos.
-Ellos tienen razón Sasuke-kun, además, no han hecho nada para mantenerlos atados.
Sasuke alzo una ceja, tenia la replica perfecta pero él jamás diría que el aguijonazo en el lado derecho de su pecho le tenía entumecido la mitad del cuerpo y ardía en sus venas. Él era Sasuke Uchiha, y NADIE lo iba a escuchar quejándose.
Los guerreros recién liberados movieron sus músculos entumecidos y sin que los tres Chunnins se dieran cuenta, fueron rodeados por los guerreros de Athena.
-Y bien, ¿Quiénes son ustedes? – pregunto Aioria cruzándose de brazos.
La actitud infantil de algunos guerreros se había transformado de golpe. El Uchiha, paso la mirada por todos ellos. La barbilla en alto, pose ligeramente despreocupada pero elegante parecían no pensar que valieran la pena defenderse, algunos los miraban de forma incluso burlona, con la armadura reluciendo ante el sol y la capa ondeando suavemente, el rostro completamente serio pero con ojos rebosantes de superioridad, hasta él que los mantenía cerrados. – que le daba un aire mas altanero que al resto. – transmitían esa sensación de saberse mejores que los demás. Y todo eso no lo pudo molestar más. A la vista del pelinegro no era más que un grupo de don-nadies, presuntuosos.
-Soy Naruto Uzumaki, futuro Hokage de la aldea de la Hoja. – Dijo Naruto sin darle tiempo a sus amigos de decir nada más. Esbozo una gran sonrisa. - El ninja más fuerte que existe. Ella es la hermosa Sakura-chan y este amargado es Sasuke-Teme-Uchiha.
Como acto reflejo, el moreno lanzo un golpe en la cabeza del rubio.
-¿Ninjas han dicho? – pregunto Milo desconcertado.
-Si ninjas. Estas en una aldea ninja que más esperabas. – respondió Sasuke ganándose no solo la mirada rencorosa de Milo, sino la del resto de los caballeros que no creían ni una palabra.
-Si, claro niñato y piensas que nos vamos a creer esa estupidez. – Mascara mortal torció su gesto en una sonrisa maligna. – veamos si en Yomutsu, estas mas dispuesto ha hablar.
El cosmos dorado del cuarto guardián comenzó a formar ondas alrededor de su dedo índice, que comenzó a ejercer una atracción casi magnética de los ninjas hacia las ondas, que aumentaban considerablemente de tamaño. Sin embargo, antes que la visita de los tres chicos al antiguo monte fuera inminente, la mano enguantada de Shaka se poso en el antebrazo de Cáncer, frenando su ataque.
-Primero deben probar sus palabras. – le dijo Shaka, volteando su rostro hacia él pero con sus ojos aun cerrados.
El italiano bufo y se cruzo nuevamente de brazos, esperando impaciente por la prueba de la que hablaba Shaka. Sakura, Naruto y Sasuke, ignorantes de los poderes de los seis caballeros de Athena, le restaron importancia al suceso.
-Sasuke-kun y Naruto, dicen la verdad. – se aventuro a opinar Sakura, intentando no mostrarse tan cohibía en esa situación. Naruto asintió fuertemente apoyándola, mientras Sasuke sonría casi imperceptiblemente al fin la chica estaba actuando como él esperaba que lo hiciera. – Los podemos llevar ante Tsunade-Sama, que es la líder de la aldea. Ella podrá despejar sus dudas.
Los caballeros de Athena intercambiaron miradas que no eran muy necesarias, ya que el mensaje de aprobación de cada uno de ellos resonó en la cabeza de los demás aprobando la única alternativa sensata que hasta el momento tenían. No temían por lo desconocido que los esperaba en ese lugar, después de todo era la elite de los santos de la diosa de la guerra y habían sido entrenados para no temer a lo desconocido, además eran seis de ellos y exceptuando a los cinco caballeros de bronce; muy pocos humanos tenían alguna posibilidad contra uno de ellos y la demostración de Milo les había aclarado que los supuestos ninjas no eran la excepción.
Los seis guerreros disolvieron el hermético circulo en el que tenían cautivos a los ninjas, permitiéndoles guiar la expedición hasta la Hokage. Las charlas entre ellos habían cesado, mientras marchaban solemnemente a través del bosque que servia de entrenamiento. Saga capto fugazmente la mirada de su gemelo, que iba un par de pasos atrás de él, y un segundo después la voz de su hermano se escucho con claridad a travez de su cosmos.
-¿Qué sucede?
-Es el chico pelinegro. – respondio con lentitud, sin apartar su mirada del frente. – no debemos perderlo de vista.
-¿Por qué? Se ve bastante ordinario.
-Lo se, pero ha visto cambiar sus ojos de color hace unos instantes. Puede ser el contenedor de algún dios.
-¡Oh, vaya! No parece ser el típico ser puro. Aunque contigo en la lista de rencarnaciones, no parece que los dioses tengan muchas exigencias.
-Kanon…
-Vale. –la risa socarrona del menor, resonó en la cabeza de Saga haciéndolo entrecerrar los ojos. – lo vigilare.
-Por cierto, ¿Por qué vistes la escama marina?
La carcajada, una mezcla entre burla y picardía, del menor volvió a zumbar en su cabeza antes de obtener su respuesta.
-No pensaras que iba a soportar la furia de nuestra diosa sin nada que me protegiera. La llame en el mismo instante en que tú convocaste a Géminis.
-Pero Poseidón…
-La devolveré en cuanto sepa donde estamos.
Saga soltó un bufido, sabia que convencer a su hermano era un imposible y que daño ya estaba hecho no importando el tiempo que permaneciera con la armadura. Era un alivio que no estuviera en el santuario en ese momento.
Athena miraba embelesada el jardín de la doceava casa desde el templo principal. Las rosas que se extendían a ambos lados de la casa de Piscis tenían un color rojo tan intenso que llamaban la atención de cualquier habitante que estuviera cerca. Ni siquiera las rosas de su jardín eran tan bellas. Comenzó a pensar en una remodelación de este, para que también tuviera rosas blancas y rojas, mientras tarareaba una pegajosa canción que Seiya le había enseñado. Los pasos se oyeron a sus espaldas y con una gran sonrisa giro sobre sus talones.
-Señorita Athena. – saludo el caballero de la primera casa, hincando una rodilla en el suelo.
-Mi querido Mu. – respondió ella, ensanchando mas su sonrisa.
-Disculpe que la moleste, pero Aioros me ha dicho que ha mandado a algunos caballeros a una misión y quería saber si Shaka esta entre ellos.
-¿Shaka? – pregunto desconcertada. – claro que no, ¿porque haría algo así? – Mu opto por no responder, si ni siquiera ella sabia porque hacia las cosas… - Lo mas seguro es que este en su templo meditando, ya sabes pasa días enteros así.- agrego quitándole importancia y comenzando a tararear nuevamente la canción.
-Ya lo he buscado por todo el templo mi señora y no esta.
-Mu, te digo que. Esta. Meditando. – soltó exasperada. – o ¿Acaso crees que no me daría cuenta si uno de MIS caballeros no esta en MI santuario? – se dio la vuelta y contemplo sus dominios. -¿No es maravilloso que este tan calmado este lugar?
Mu asintió rápidamente. Sea cual sea el destino de la mitad de sus compañeros de orden, él no pensaba compartirlo.
