Capítulo 2. La primera cita.
-¿Papá?- preguntó Ginny, una vez todos estando en la sala- ¿entonces tú no te enamoraste de mamá al instante?
-No Ginny- contestó- cuando conocí a tu madre, yo pensaba en otras cosas, cosas de niños, y jamás en mis más profundos pensamientos supuse que había conocido a la madre de mis hijos.
-Entonces- interrumpió Charlie, que estaba jugando con una pelotita de tela.- ¿En qué momento fue?
-¿Mmmmmm?, veamos.- Arthur frunció el ceño- yo me enamoré de tu madre en cuarto año.
-¿Y tú mamá?- preguntó Bill.
-Oh bueno- la señora Weasley, que estaba sentada a un lado de su esposo, miro hacia el suelo y se había enrojeció hasta las orejas- yo me enamoré de su padre a mitades de mi primer año.
-¡¿ENCERIO?!- El señor Weasley salto de su asiento sorprendido- con razón las cosas sucedieron así.
-No puedo creer que seas tan negado- Bufó Ginny con los brazos cruzados.
-Ginny- Dijo Ron desde un extremo de la sala- no todos son tan descarados como tú- de inmediato un cojín fue a parar a la cara de Ron.
-Calla hermanito- dijo en forma amenazadora.
-Bueno ya- los calmo Bill.- Dejen que continúe con la historia.
Arthur se acomodó en el sofá y estrujo un cojín con ambas manos- En los tres primeros años que habíamos pasado en Hogwarts, habían ocurrido pocos sucesos importantes, ambos fuimos ordenados a Gryffindor, y compartíamos materias con los Hufflepuff's y Slytherin's, yo me había hecho amigo de dos niños de familia muggle, Evan Coffman y Dan McGilver, yo los interrogaba día y noche sobre el mundo muggle y a ellos misteriosamente nunca les desagrado mi infinita curiosidad, al contrario parecían alagados. Su madre siempre estaba rodeada de su grupo de amigas, Miranda Grinett, Elena Fingnat, y Louis Couttnal, nunca se despegaban y bueno, yo en tercer curso estaba tan emocionado con Estudios Muggles, así que no me había fijado en ninguna niña de mi curso, pero todo eso cambio al año siguiente.
-Cuando estábamos en cuarto curso, Molly y yo compartíamos muchas clases, excepto Estudios Muggles y Adivinación. En una clase de Astronomía el profesor nos había dejado un trabajo de observar y trazar el movimiento de los planetas y trazar su ruta durante 1 semana, para este trabajo teníamos que estar de noche en alguna de las torres más altas del castillo. Yo había elegido el lugar donde está el reloj, porque en esa noche tenía un acceso al cielo increíble, mis dos amigos decidieron ir con el resto del grupo a la torre de Astronomía y yo me quedé solo. Había pasado alrededor de 3 horas y yo ya estaba tanto cansado como friolento, hacia un frio impresionante y sólo llevaba un suéter, estaba guardando mi telescopio cuando escuche unos pasos acercarse.
-Hola Arthur- dijo Molly tan sólo alcanzar el último peldaño- vine a avisarte que es hora de irnos, si no el señor Pringle nos castigará.
-Muchas gracias, ya estaba guardando mis cosas- ella se acercó y me ayudo a guardar todas mis cosas.
-Hace un frío del demonio- dije tiritando.
-Es que sólo a ti se te ocurre salir sin abrigarte bien- paso sus manos por su bufanda y me la enrollo en el cuello, dando un poco más de calor.
-Molly pero…
-No te preocupes, yo tengo mi abrigo y mi gorro, a ti te servirá más que a mí- me sonrió y yo sólo pude ponerme rojo. Caminamos juntos hasta la sala común y después en las escaleras nos despedimos.
-Molly, toma tu bufanda, muchas gracias- dije extendiéndosela.
-No te preocupes, puedes entregármela mañana, si no puedes resfriarte.- inesperadamente me dio un beso en la mejilla y yo estaba a punto de ponerme color púrpura- Hasta mañana- dijo y subió al dormitorio de las chicas.
-Hasta mañana- pude apenas susurrar, mientras me llevaba una mano a la mejilla que me había besado.-¡Vaya mamá!, estoy segura que si no das el primer paso, papá es capaz de no hacer nada.
-Tu padre era tímido y un poco distraído- dijo Molly emitiendo una risita.
-Creo que lo distraído aún lo tiene- interrumpió Bill, haciendo que Arthur le subieran los colores.
-Bueno- se defendió Arthur- a la escuela íbamos a estudiar ¿No?
-Pregúntaselo a tu hija- dijo Ron en un susurro para Harry.
-¡Te escuche!-Ginny desde el otro lado le lanzaba a su hermano miradas asesinas.
-Calma, dejen que siga mi papá- interrumpió Percy.
-Al día siguiente, se me hizo tarde para ir a Transformaciones por dormir a horas tan altas, corrí por los pasillos hasta llegar al aula, y en la entrada estaba la profesora que, una vez que puse un pie en el aula se transformó en su forma humana.
-Llega tarde señor Weasley-dijo la profesora McGonagall.
-Eh, si bueno, es que… me quede dormido y pues- Yo estaba rojo hasta las orejas, pues a la profesora no había quien la convenciera de una excusa.
-Bien, lo convertiré en un reloj, así podrá llegar a tiempo- La profesora McGonagall me señaló un asiento vacío y fui cabizbajo hacia él.
-Vaya, pensé que no llegarías- Molly me susurró haciendo que me espantara.
-¿Eh?, oh, hola Molly- me puse rojo hasta las orejas. Molly sólo me sonrió y siguió haciendo el trabajo que había dejado McGonagall.
Cuando terminó la clase, alcance a Molly antes que se fuera a su clase de Runas- Molly- le grité- Espera, tengo algo que darte.
Molly volteo algo confusa y me esperó al final del pasillo- ¿Qué ocurre?- pregunto extrañada cuando la alcance.
-Toma- le dije extendiéndole su bufanda- muchas gracias, quería dártela en clases pero si McGonagall me veía seguramente me castigaría.
-Oh, gracias- sonrió tímida.
-Bueno te dejo, toca Adivinación- Me despedí con un gesto de mano, pero ella me llamó.
-Arthur
-Dime
-Mmm, quería saber, bueno el sábado es nuestra primera salida a Hogsmeade y no sé si te gustaría ir conmigo- Molly tenía la vista clavada en sus pies mientras yo ponía mi mejor cara de sorprendido.
-Molly este, yo…- dije nervioso, jamás en mis 3 años de escuela alguien me había pedido cosa semejante.
-Si no quieres ir lo entenderé no te preocupes.
-No, no es eso, si no mmm vaya cómo decirlo- dije aún más nervioso.
-Pues dilo como es- Ella me miró fijamente a los ojos.}
-Jamás me habían invitado, pero me encantaría ir contigo- dije al fin de tanto tartamudear.
-Bien- ella me sonrió- ¿A las 3 en la entrada?
-Perfecto- dije, y se despidió de mí con un beso en la mejilla dejándome anonadado.
-A decir verdad jamás me había interesado en alguna chica, siempre creí que terminaría la escuela y después tal vez, empezaría a buscar a alguien, y no era por que fuera un chico dedicado, no, si no que a veces veía imposible que una chica se fijara en un niño que bueno, no tenía buena pinta, los días de descanso que tenía en Hogwarts siempre estaba con los pantalones raídos y suéteres viejos. Muchos me miraban con cara de niño raro o algo así, pero Molly jamás me vio de esa forma a decir verdad, jamás voy a entender que vio su madre en mí-Dijo Arthur de modo pensativo, cuando de improvisto le tomo la mano su esposa.
-Bueno, tengo que admitir que tu inocencia fue lo que me atrajo más.
-¿Mi inocencia?- Pregunto Arthur y todo mundo en la sala se empezó a reír.
-Papá- digo Ron- si Ginny dice que yo soy inocente y distraído, bueno tú te sacas el premio mayor.
-Bueno- interrumpió Molly- su padre no era alguien que estaba detrás de las chicas ni nada, más bien siempre estaba detrás del profesor de Estudios Muggles- todos volvieron a reír y Arthur se puso rojo.
-Entonces esa fue su primera cita mamá- dijo Fred.
-Si amor, fue nuestra primera cita.
-Llegó el día sábado y yo me había vestido para la ocasión, como hacia un frio del diablo, había elegido un abrigo negro con un gorro de lana a combinación y cuando baje, vi que Arthur estaba pegado a la pared, mis hermanos Gideon y Fabián lo estaban acorralando y sólo vi la cara de su padre pálida de miedo.
-¿Qué se creen que hacen ustedes dos?- dije enojada cuando llegue a su altura.
-Nada hermanita- contesto Gideon
-Sólo intercambiábamos un par de palabras, ¿No Weasley?- dijo Fabián con fingida inocencia. El pobre de Arthur sólo asentía frenéticamente mientras un hilo de sudor bajaba por su frente hasta la nariz.
-Bueno hermanita, te dejamos- Ambos se marcharon dirigiendo una mirada acusatoria a Arthur.
-¿Estas bien?- pregunte preocupada, no tenía buen aspecto.
-S..ss..Si, estoy bien- dijo reponiéndose- bueno, mmm este…
-Si ya no quieres ir entenderé- dije un poco desinflada, era difícil querer salir con un chico cuando mis hermanos eran las personas más celosas que he conocido.
-No Molly, no es eso, en realidad- dijo su padre algo apenado- iba a preguntar a dónde iríamos, no tengo mucho dinero y no quiero que pagues tú.
-No hay problema, sólo vamos a caminar y vemos qué se nos ocurre- lo tome de la mano y de inmediato su cara pálida se convirtió a un rojo escarlata igual al de su suéter.
-Caminamos por todo el pueblo, tomados de la mano, mientras veíamos a qué lugar podríamos entrar y pasar un buen rato. De vez en cuando miraba a la cara a Arthur que parecía que había cogido un tremendo resfriado y ahora tenía temperatura, su cara estaba roja escarlata y ni un segundo cedía el color, lo cual me preocupo de sobremanera.
-Arthur- le llame- ¿Te encuentras bien?
-¿Eh?, oh si, sólo que- si yo pensaba que el color de su padre había llegado a su máxima intensidad, en ese momento me demostró lo equivocada que estaba- sólo- bajo su tono de voz- jamás había paseado con una chica tomado de la mano.
-Oh bueno, si te incomoda…
-¡No! No, me agrada- y me dedico un intento de sonrisa, que más por los nervios, parecía una mueca de haber chupado un limón- mira- me señaló- ¿Qué tal si entramos a las Tres escobas?
-Nos dirigimos al establecimiento y pedimos unas cervezas de mantequilla. De vez en cuando miraba a Arthur que parecía apenas haberse relajado un poco, aún seguía con su color rojo escarlata, pero al menos, ya podía mirarme a los ojos.
-¿Y cómo va todo?- pregunte queriendo iniciar una conversación.
-Pues, bien relativamente bien, no he suspendido ninguna materia, así que puedo decir que me ha ido bien. ¿Y cómo van las cosas contigo?
-Nada especial, Gideon y Fabián siempre haciéndome rabiar, por cierto- dije curiosa- ¿qué te dijeron cuando te acorralaron?
-Ah, eso- su color volvió en aumento- bueno verás, ellos me dijeron que- y volvió otra vez el nerviosismo- que… que… no intentara nada inapropiado contigo o si no, ellos me harían recordarlo el resto de mi vida.
-Esos- de verdad me había enfurecido- ¿qué se creen? Yo nunca les digo nada cuando los veo besuquearse, ¡estoy harta de ese par!
-Supongo, que es porque quieren cuidarte- dijo apenas en un susurro- si tuviera una hermana la cuidaría.
-¡Pero ese par sólo quiere molestarme!- dije indignada y levantando los brazos- son unos, unos…
-Hola hermanita- dijo Gideon tomándola por los hombros
-Sólo pasamos a saludar-dijo Fabián
-Si eso es.-Dijo Gideon.
-Por cierto Weasley, bonito color de piel.-soltaron los dos a la vez.
-Combina con tu cabello.
-¡Lárguense de aquí o los acusaré con mamá!- Había gritado a mis hermanos, tanto por el enojo y porque Arthur a cada palabra se iba encogiendo en su asiento. Ellos por su parte dejaron el lugar con risas.
-Lo siento de verdad Arthur yo… - dije apenada, no estaba en mis planes que se sintiera así.
-No te preocupes Molly- me dedico una sonrisa tímida- ¿sabes?- me pregunto metiendo una mano a su bolsillo- eres, formalmente mi primera cita, y pues como es algo especial- saco su mano hecha un puño- me gustaría darte esto- tomo mis manos y deposito en ellas una pulsera, era hermosa, brillosa, de plata. Abrí mucho mis ojos, pensé que debía haberle costado mucho, así que estaba decidida a rechazarla.
-Arthur, yo no puedo…- la frase quedo a medias cuando el cerro mis manos.
-No la compre- me dijo con una sonrisa más segura, y más hermosa- Es un regalo de mi abuela, pero, quiero dártela.
-Arthur, yo no tengo nada que darte.- dije apenada.
-Pero si ya me regalaste algo- me miro emocionado- me regalaste un día contigo y eso vale muchísimo más que todo el dinero de Gringotts.
-Sonreí ante tales palabras. Muchas chicas decían que Arthur era un chico sin chiste, además de considerarlo raro por su fascinación por los muggles. Pero yo veía más cosas en Arthur que en otro chico. Ese día después de salir de las tres escobas, caminamos por las cabañas de Hogsmeade, y encontramos un lugar para sentarnos, una plaza, con un quiosco, esparcido a su alrededor pequeños arbustos y unos cuantos árboles. Él me contaba más que de Muggles sobre su familia.
- Y así fue cómo papá término sin un dedo- dijo mientras me contaba cómo su padre había tenido un accidente con un artefacto muggle.
-Merlín, debió ser horrible- dije preocupada.
-No, claro que no, a decir verdad papá estaba emocionado, bueno su dedo no paraba de sangrar pero gritaba, ¡Cedrella me he cortado un dedo con una motorcirra o motoccirra, cómo se diga!, estaba muy alegre.
-Bueno, tal vez, es algo que no se ve todos los días- dije algo sorprendida por la reacción de su padre.
-Sí, exacto, pero, basta de mis historias- volteo hacia mí y me miro con esos ojos que tanto me gustan- cuéntame algo.
-Bueno- pensé un momento- recuerdo cuando Fabián y Gideon se hicieron confundir, mi mamá estuvo a punto de caer histérica por no saber a quién referirse.
-Vaya que es un par peligroso.
-Sí, pero los quiero mucho.
-Y ellos también te quieren- Arthur inesperadamente tomó mi mano- me gusta estar contigo, quiero decir, antes no me di cuenta, pero ahora, creo que eres una buena chica y me gustaría estar más tiempo contigo.
-A mí también me gusta estar contigo, eres divertido- Arthur se acercó tímidamente, pero yo voltee mi rostro por completo para verlo mejor y me dio un beso, más bien un rose de sus labios con los míos, e inmediatamente se retiró completamente rojo.
-Yo lo siento, yo quería- dijo nervioso y apenado, soltando mi mano rápidamente- yo no quería, bueno yo sólo, esto… Ay Merlín.
-Está bien- dije ayudándolo- tú sólo querías darme un beso en la mejilla, no fue intencional- dije sonriéndole, aunque un poco roja- ven, regresemos si no la profesora McGonagall nos regañará.
Nos levantamos y caminamos de vuelta al colegio, Arthur pasó una mano nerviosa por mi hombro para caminar más juntos, y creo que se animó porque tenía la excusa de que el frio estaba haciéndose más intenso.
-Vaya papá- dijo Charlie- sí que eres un Andoni- todos rieron ante el sarcasmo.
-Bueno- Arthur estaba completamente lívido y rojo- No todos somos unos aventados y casanovas, a algunos nos gusta ir tranquilos.
-Pero tu exageras- dijo George divertido- aunque siendo así, creo que Harry sigue tus consejos al pie de la letra.
Esta vez, Harry, que sólo estaba escuchando atentamente el relato de los padres de Ron, se sonrojo y bajo la mirada mientras los gemelos se reían.
-Fred, George, dejen tranquilo a Harry- dijo su madre en todo amenazador.
-Bueno, ¿y cuándo empezaron a salir como pareja?- preguntó Percy, haciendo caso omiso a las burlas que seguían sosteniendo los gemelos hacia Harry.
-Oh bueno, eso paso tiempo, mucho tiempo después de ese día.
