Uff… Me costó muchísimo trabajo terminar este capi.
Pero no importa, soy feliz porque todo es por ustedes… ¡! Me lo pidieron tanto que aquí esta.
Si quieren saber cómo es que Edward llego a cometer semejante locura… Lean lo siguiente.
Y bueno, quiero agradecerle a todas las chicas que leyeron esto, es increíble ¡En menos de una semana la historia ya estaba en más de cien cuentas como favorita! ¡Dios, fue asombroso! Cada vez que abría mi correo nada mas veía como veinte correos de fanfiction sobre esta historia. De verdad muchas gracias… ¡MUCHISIMAS GRACIAS!
"De la Boca de un Extraño"
Capitulo 2: …
.-.
Edward POV
Mi Niño, no es que te crea un ermitaño…-dudo un momento sobre sus propias palabras- Es solo que ¡Me preocupo por ti! ¡Nos preocupamos…! Hasta Candie pregunta cuando llegara el momento de vestir a su mamá en uno de esos preciosos diseños que ha hecho para las damas de honor. – Rechine los dientes con furia y como si mi madre supiera lo que pasaba, suspiró. Esta conversación empezaba a ser bastante tediosa. Siempre lo mismo. ¿Edward porque no te casas?, ¿Edward, la has encontrado?, ¿Cuándo podre usar mi bonito vestido? "Hijo, estas por cumplir los veintiocho y aun no te casas, ¿No crees que ya estas grandecito?" – En fin hijo, solo llamaba para saludar- Una risa algo melancólica se escapo por el otro lado de la línea- No sé como siempre terminamos en esto…
Lo sé, mamá- le dije más tranquilo- Yo nunca lo entenderé.
Es solo que- Dios, no de nuevo…-Perdona, perdona. No lo volveré a hacer, si. ¿De acuerdo? Lo prometo.- Me la imagine conteniendo una sonrisa mientras mordía sus delicados labios. Después de todo era mi madre.
Mamá…-Le advertí.
¡Es que no puedo! – se rindió riendo. Yo mismo no sabía ya ni que hacer, si reír con ella o enfadarme. – Edward, dímelo hijo. Por favor… sueño con el día que me lo digas. No, ¡no! Sueño cuando me digas, "Mamá, Tanya está embarazada" Eso o con alguien mejor. – Hice una mueca ante fatal comentario.
¿Es enserio?- pregunte molesto- ¿Tanya? ¿Enserio?- Esperé pero no hubo respuesta.- Bueno gracias, siempre supe que en el fondo me quería más Emmett.
Vale, vale. No lo volveré a mencionar, nunca más. – Sonreí.- Debes de entenderlo, cariño. Es lo desesperada que me encuentro… Eres mi hijo más pequeño, el último… ¡El soltero! Tus hermanos tienen una tropa entera pero tú no te conformas con ninguna mujer.
Es que no es ninguna mujer…- reproché con cansancio. - Ella es especial, delicada, amorosa, tranquila, mi media naranja. Ella lo es todo. Además papá jamás me enseño a conformarme, "siempre por más", ¿recuerdas?
¿O sea que la hay? – Me callé al instante, no tenia caso debatir con ella. Un chillido estalló de sus labios- ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Es bella? ¿Es economista? ¿Una atleta? ¿Independiente? – preguntó llena de emoción. Alice y ella tenían una habilidad impresionante para hablar sin tener la necesidad de respirar.
Poco a poco sus palabras fueron entrando a mi súper dotado y cargado cerebro. ¿Por dios, que? Mi madre misma se había pintado desesperada en la frente y ahora alucinaba cosas. Sentí mi quijada pesada y por fin reaccione al darme cuenta de que tenía la boca abierta. Sacudí mi cabeza como intentando olvidar las últimas palabras de esa mujer que se dice amarme. Siempre había una tangente por la que irse.
Mamá, tengo que colgar. Tengo trabajo que hacer, juntas a las que asistir… La próxima vez que llames espero que te comuniques con Lauren antes. No me gusta eso de las sorpresas, al menos darlas pero no recibirlas. –
Te amo cariño- me dijo con ternura. Levante una ceja
¿Eso es todo?- pregunte reacio
Mmmm… ¡Nos vemos en una semana en La Bella Italia! ¡Se que estaré encantada de conocerla! ¡Te amo! ¡Adiós cariño!-
Y colgó.
Azoté el teléfono contra el aparato cargador. Mis manos temblaban por la furia y sentí como mi vista se empezaba a nublar. Necesitaba arrancarle la cabeza a alguien, y ya. Intente regresar mi concentración al trabajo pero me fue inútil. Lo único que veía eran girones de papeles restregados por ningún lado y la pantalla de mi Mac suspendida.
Genial- mascullé molesto.
Mi espalda me reclamaba por estar erguido tanto tiempo y sentía como la furia se iba apoderando poco a poco de mi cuerpo conforme mi respiración se agitaba. Di un largo suspiro y con un poco de fuerza excesiva me deje caer en el respaldo de mi silla. Tome el puente de mi nariz entre mis dedos. Un acto de costumbre que no tenía idea de donde había adquirido. Mi padre lo hacía, uno de mis mejores amigos se burlaba de quienes lo hacían y recuerdo que en Harvard vi a más de un maestro hacerlo cuando veían las calificaciones de mis compañeros. De alguien se me pudo haber pasado. Solo servía para expresar mi enfado a las personas, lo veían y entendían que mejor ni seguir o terminarías con la cabeza en el suelo, realmente no me ayudaba a calmar mi enojo.
Estaba entrando en mi fase tranquila cuando el pitido chillón, y en este momento muy estresante, del comunicador rompió la paz de mi oficina.
¿Señor Cullen? La señorita Denali lo está esperando aquí afuera.- dijo la aún mas chillante voz de mi secretaria, Lauren.
Gracias, enseguida la atiendo- dije en voz alta en el momento que apreté la señal del comunicador.
Me paré de mi silla en un aire fluido y camine alrededor del escritorio de caoba. Con un esfuerzo sobre comunal trate de poner mi mejor cara y recibir a mi empleada favorita. El ruido de sus tacones ya se escuchaba provenir por el largo pasillo de duela que había entre la puerta y el escritorio de Lauren a la puerta de cristal que daba inicio a mi oficina. Espere a ver la manicura francesa que tanto conocía tocar el vidrio casi transparente.
¿Edward, puedo pasar?- preguntó
Adelante, señorita Denali.-
Recargue mi cuerpo contra el escritorio, sentándome en una de las esquinas. Me cruce de brazos tratando de esconder mi sonrisa delatora. Tanya me conocía lo suficientemente bien como para saber cuándo escondía algo. Nos conocíamos desde pequeños y habíamos desarrollado tan buen amistad que no me imaginaba un día sin siquiera escuchar su voz.
¿Mal día con la familia?- preguntó con una sonrisa burlona. Desvié mi cabeza con una mirada molesta, ¿acaso era tan transparente?
Espero que traiga los papeles que le pedí, Denali- le dije tratando de desviarme
No finjas, Edward. Te conozco bien.- Me contesto antes de depositar un suave pero insinuante beso en la mejilla. Tomó asiento y no pudiendo ser más directa, se cruzo de piernas haciendo que su ya de por si corta falda se levantara, dejando ver unos centímetros más de su blanca pierna. Sonreí. - ¿Ahora que te hizo Emmett? O ¿Acaso Alice de nuevo ha planeado otra boda?
No, nada de eso esta vez- Una sonrisa todavía más amarga cruzo por mis labios. Me levante de mi lugar tratando de esquivar su penetradora mirada. Si Tanya quería algo, Tanya lo conseguía.
Me acerque a la enorme pared de ventanas, maravillándome de nuevo con la hermosa vista de Seattle por la noche. Cerré mis ojos echando la cabeza para atrás, tratando de tener un poco de paz. Las palabras de mi madre me calaban en la mente. Me sentía furioso por sus insinuaciones o el estúpido dilema en el que me había metido pero una parte, por muy pequeña que fuera, pensaba que todos tenían razón. Estaba llegando a una edad que definitivamente nunca me imagine solo. Mi padre se caso a los veinticinco, Emmett a los veintiuno y hasta Alice se había adelantado casándose a los diecinueve. Hubiera matado al maldito bastardo de no haberlo conocido de toda la vida.
No habían pasado ni dos minutos cuando escuche el pasar de las hojas. Solté otro suspiro rindiéndome. No podía prolongar esto por más tiempo. Mi amiga no era de ese paciente.
Esme…-dije sonando casi como una palabrota. Tanya me miró divertida.
Te nos vas a casar…- Dijo con un tonito estúpido. Esperó a ver una mueca de disgusto de mi parte o que le sacara la lengua como lo hacía en tercer año de secundaria pero la mire por primera vez serio. Tan rápido como una ráfaga de aire, el dolor se instalo en su mirada. Pestaño varias veces tratando de retener sus sentimientos. Segundos después había compuesto una sonrisa que yo sería el único capaz de reconocer como falsa.- Te nos vas a casar…. ¿Quién es la victima? ¿Zafrina? ¿Vanessa? No, no... ¡Ya sé! ¡Stephenie!
Gruñí molesto. ¿Es que acaso nunca lo iba a olvidar? ¿Es que no le importaba seguir con esto aunque le doliera? Ella había sido testigo de las locuras de mi familia y sin embargo no se había quejado ni una vez.
Mi madre más de una vez había demostrado estar muy poco cuerda. Esme y Alice habían convencido a mi padre de presentarme a una linda enfermera, a Rosalie de presentarme a una de las modelos de su agencia; a Emmett a una instructora de su gimnasio; a Jasper una maestra de la Universidad…
Debía aceptarlo. Era un hombre atractivo y rico, lo que aumentaba el interés. Pero a lo largo de los años me iba dando cuenta de algo triste. No les importaba de que hablaras, que te gustaba o ni siquiera si te gustaba, solo tenían tiempo para dos cosas: Sexo y dinero. Fantástico… ¿Es que acaso no había nadie para mí?
Alice era la que había leído los cuentos de príncipes, de sus corceles blancos y de las damiselas, mas nunca decido ser rescatada. Y ahí estaba ella, teniendo a su tercer bebé y eternamente enamorada. Sonaba cursi y para algunos hombres, estúpido, pero eso era lo que yo deseaba. No, no ser rescatado, aun estaba de ese lado de la acera. Sino rescatar a mi princesa. Crecer, tener una familia y morir a lado de mi alma gemela viendo a mis nietos correr por el patio trasero. ¿Es que eso era tan difícil?
Conocía a cientos de chicas. Rubias, güeras, lacias, americanas, chinas, africanas, bajas, asiáticas, rellenitas, ¿rusas?, españolas, altas, chaparras, gorditas, con problemas de autoestima, con demasiado ego… pero simplemente no eran ella. No la había encontrado a través del largo mostrador.
Corrí a Tanya, de un modo educado pedí mi tiempo y ella dejo los papeles, era una dama y mi padre siempre me había enseñado a respetar a las mujeres. No es que no la quisiera, era simplemente que no la aguantaba en estos momentos. Aparte de todo, ella también necesitaba tiempo a solas. Tome mi portafolio y abrigo saliendo con dichosa rapidez de mi cárcel a la que todos llamaban oficina. Ya tendría tiempo de revisar todo luego.
Corrí hasta el valet parking y con un leve asentimiento me entregaron las llaves de mi preciado Volvo. Una vez dentro encendí el estéreo dejando que las suaves tonadas de Debussy empaparan el ambiente. Este era uno de los momentos con los que soñaba. Cada día al despertar me sentía prisionero de una rutina. Me levantaba, bañaba y arreglaba, saludaba a Sue, desayunaba y me largaba a otra jornada excesiva de trabajo. Era tensión y estrés lo que me guiaba día a día. Y lo único que me animaba, lo que me empujaba a seguir y no gritar desesperado, era esto. Mi momento ante la música, cuando nos fundíamos como uno solo. Mi corazón dio un revuelco cuando pensé lo diferente que podría ser mi vida.
Si tan solo la música no fuera mi musa, sino ella. Alguien que se despertara a mi lado, que me sonriera y que de sus dulces labios salieron un "buenos días" lleno de amor. Que a media jornada se preocupara en llamarme y contarme que había hecho, a donde se dirigía, como le había ido al dejar a los niños en la escuela. Con quien compartir las cenas y eventos de caridad. Alguien a quien llamar Señora Cullen.
Cuando menos consciente estaba ya había estacionado mi coche en el lugar de siempre. No quería caer en un estado de depresión, por lo que no tenía una casa. Como cualquier otro magante de los negocios. Me conformaba con un lujoso apartamento. Cocina americana, sala de estar, sala de multimedios, y dos cuartos. Uno de ellos mío, y otro era mi oficina hogareña. Vaya vida de ermitaño. Avente mis cosas contra los sillones y camine a ciegas hasta la cocina. Con un chasquido de dedos se encendieron casi todas las luces del departamento,
¡Oh! Ahora ya están todas. Gruñendo, me prepare un café.
Estúpido Emmett, estúpida carita de Alice, estúpido yo por haber aceptado. Emmett había encontrado este departamento, todo era perfecto hasta que empezó con sus sueños de universitario. Una regadera donde prácticamente cabían seis personas, las luces se encendían con un chasquido y se pagaban con un aplauso, las persianas solo se habrían con un estúpido control… Esto no era nada de lo que deseaba, no iba nada con mi estilo. No era yo.
Tome una de mis tazas térmicas, surtidas por Esme, y vacié de la cafetera el líquido oscuro que me evitaba caer rendido a los brazos de Morfeo. Inhalé profundo el fuerte aroma. Si no podía dormir otra noche no tendría ni un solo remordimiento, siempre y cuando estuviera en paz. Una paz que duro tan poco como la brisa de verano fría. El teléfono sonó al otro lado de la habitación.
Como robot, de manera automática, di tres largos pasos y estire mi mano. Apreté el botón de altavoz. Entendía que una de las posibles consecuencias seria terminar destruyendo el teléfono en mi mano y no quería tener que ir a la molesta tienda y soportar al molesto dependiente con su voz estridente hablar sobre cual era de mi conveniencia. Quien quiera que fuera solo haría que mi mal humor aumentaba, estaba seguro de eso y el psíquico no era yo.
Edward- contesto mi padre al otro lado de la línea. Me tensé al escuchar su voz.
Buenas noches, Carlisle- conteste como pude.
Hijo, sabes que odio que me contestes así. Soy tu padre, no tu jefe.- contesto ya más tranquilo.
Sí que lo eras, tal vez es la costumbre-
¿Hay alguien contigo?- pregunto vacilante. Perfecto, mamá y su gran boca.
¿Habría de haberlo?- contraataque de nuevo molesto.
¿Estamos ya a la defensiva? – Preguntó burlón- Hijo, sé que tal vez creas que no es de mi incumbencia, o siquiera de toda la familia pero déjame decirte que sí. Por muy vida privada tuya y tu relación amorosa, el casarse es algo que conlleva a la unión de la familia. ¿Cómo es posible que hayas tomado la decisión sin habernos hablado de ello? No la conocemos, ni ella a nosotros y tú ya planeas pasar el resto de sus días a su lado. ¿Qué tal si no nos agrada? Sé que mucho no te importaría, siempre has sido un necio pero… ¿y que tal si nosotros no le agradamos?-
¿Esas son palabras tuyas o de la mujer con la que TU te casaste?- pregunte molesto.- No pensaba ocultarlo es que no… no encontraba el momento para hacerlo. Quiero decir, para decírselos a todos.-
¿Estás seguro que no planeabas llevártela a las Vegas y casarse en secreto? O tal vez… Planeabas mantener todo esto en secreto para alejarla de la prensa. Hijo, sabes que podemos mantener un secreto, somos tu familia. Pero después de todo sabes que esto no se mantendrá así para siempre. Debes de asumir tu papel como presidente y ¿Qué pasara cuando te tomes unas vacaciones para irte de luna de miel? ¿Acaso crees que nadie sospechará? Tarde o temprano se sabrá…
¡Carlisle!- lo corte bruscamente- Tengo tres cosas que decirte. Uno, ni siquiera había pensado en eso, gracias por hacérmelo saber. Dos, ¿enserio esas son tus palabras?- medito un momento- No me contestes pero si es un sí, dios… Deja de pasar tiempo con Alice. Tres, tengo una cena en veinte minutos y no querrás retrasarme-
Está bien hijo, solo piénsalo. -¿Qué?, ¿Qué toda la familia Cullen estaba en mi contra?
Lo haré, ¿de acuerdo?-
Una última cosa- rodé los ojos, por supuesto que éramos familia- ¿Qué le compraste?
¿Eh?- pregunte desconcertado
Si, Edward.- me dijo un tanto molesto- Alice esta aquí brincando, colgada de mi brazo, como loca preguntando que le compraste. Dice algo como eso de Carmelita, Juanita, Tiffe, Traste o no sé como se llame la joyería.
Carlisle…- lo llame divertido.
¿Sí?-
Cuelga – soltó un suspiro y pude escuchar las maldiciones de Alice salir del auricular.
No deberías hacerle eso a una embarazada…- me reprocho pero le insistí.
Cuelga o lo haré yo-
Está bien hijo, hasta luego.- Esperé a que terminara la llamada pero solo escuche un bufido- Edward, si yo fuera tu… bueno ya sabes, le daría algo muy especial, ¿no crees?- me dijo en tono confidente y casi en un susurro. Tuve problemas para captar algunas palabras.
A que te refieres…-
Adiós- me contestó. La línea muerta me saco de mi sorpresa.
Mire unos segundos más el maldito aparato comunicador. Me decidí hacerlo ahora o nunca, si me esperaba un tiempo más terminaría encerrado en mi cuarto descifrando las palabras de Carlisle. Marque un número que me sabía de memoria.
Diga- contesto Garrett, el esposo de Kate.
Hey, Garrett. Habla Edward- conteste con un tono algo abatido.
¡Oh!- expreso Garrett- Veo que hay problemas, enseguida te paso con Kate
Gracias- Espere unos segundos antes de escuchar el golpeteo de unos pies correr por la alfombra.
Bueno, ¿Edward?- me contesto finalmente una voz dulce y tranquila. Yo diría más bien, juguetona.
Kate, ¿cena en quince minutos?- pregunte ya sabiendo la respuesta
Ahí estaré, espérame en el nuevo restaurante Hindú. En donde tiene esos enormes tacos con una tortilla árabe que parece pan como… - las embarazadas y sus antojos…
Entendido- conteste riendo- Nos vemos.
No tuve ni tiempo de molestarme por quedar a ciegas al dar el aplauso. Me valía en estos instantes que me estrellara contra la puerta, necesitaba relajarme un tanto y nada me impediría eso. ¡Ouch! Bueno, tal vez todo fue muy literal. Después de separarme de la pared (que misteriosamente se me atravesó en el camino) corrí a tomar las llaves de mi bebé.
Escogí una mesa alejada de todos, donde Kate y yo pudiéramos tener una conversación tranquila y muy en privado. Sin chicas curiosas y metiches espiando o donde no nos pudieran ver los fotógrafos. Últimamente el éxito de la empresa me estaba costando en cuanto mi privacidad. Todos en el mundo de los negocios reconocían a Kate, por ser esposa de uno de los tantos empresarios trabajadores míos, pero no faltaba quien especulara un romance oculto, una traición. Patético.
La mesera llego seguida de una mujer rubia con un enorme bulto resaltando como su hermosa panza de embarazada. Le sonreí al ver sus ojos azules como el hielo iluminarse de alegría.
Kate- la salude levantándome de mi lugar. Mi amiga no se detuvo a besarme la mejilla, con mucha dificultad, se lanzo a mis brazos y me estrujo en un incomodo abrazo. Me reí de lo lindo cuando nos separamos.
Edward, veo que no era para tanto tus problemas. – se quejó por mis carcajadas. Diablos, todavía no me acostumbraba a tratar a las embarazadas y sus cambios hormonales.
Dos vasos con hielo y agua, por favor- me dirigí a la mesera que miraba curiosa la escena. Kate entendió mi indirecta para pedir privacidad.
El mío sin hielo, por favor- me siguió la corriente. Atontada, la chica se retiro por nuestro pedido.- Así que… Eddie – fruncí el ceño- ¿Qué nos trae hoy por aquí querido amigo?-
¿Cómo va todo con la pequeña Carmen?- le pregunte saliéndome de nuevo por la tangente. Típico en mi, arrepentirme en el último momento. Kate rió alegre, yo la seguí sabiendo que había caído en la trampa. No conocía madre que no hablara emocionada del próximo humano que traería al mundo. Y yo, por supuesto, moría por ser uno de los padres que seguían la corriente y apoyaban a sus esposas hablando hasta de lo que harían cuando llegara a la Universidad.
Garrett se mostro algo… molesto- me comento con una mueca- por el hecho de que fuera niña pero parece que lo ha asimilado. Ya puede irse deshaciendo de todas esas estupideces de enseñarle a manejar o como se juega el baseball, lo último que querría es ver a mi hijo dependiente de una pantalla de plasma y acompañado de un montón de latas de cerveza vacías.-
¡Hey!- protesté molesto- Déjanos a los padres ilusionarnos con su primer coche, sus pelotas y bat, sus increíbles habilidades para conquistar chicas… Yo solía ser un rompecorazones en la escuela, no sé si lo recuerdas. Bueno, claro que lo haces pero entiendes mi punto. No era a propósito y sin embargo lo hacía. Estoy seguro que mi hijo será igual o más impresionante que yo, todo depende de su madre.
Oye no…- se quejo divertida al ver que si podía bromear del tema- MI hija, será un hermosa bailarina, una dama, una princesa sofisticada. Claro que tendrá el magnífico cuerpo de su madre.- me miro coqueta
No lo dudo- le conteste divertido.
Tendrá mis ojos pero el cabello tan atractivo de su padre, la perfecta combinación para hacer a toda una musa.- Reímos. Un carraspeo nos saco de nuestra conversación. Me gire a ver a nuestra mesera mirándonos con ojos desilusionados. Acaso ella creía que… creía que… ¿Qué era mi bebé? Me gire a ver a mi mejor amiga y esta solo me dirigió una mirada traviesa.
¿Desean ordenar ya?- Nos preguntó dejando ambos vasos en el medio de la mesa.
¿Kate?- le dije como preguntando. Ella asintió y antes de que la chica le pudiera entregar la carta ella ya había descrito, con detalle, como quería su supuesto taco árabe. Me limite a pedir "lo mismo". Nos dedico una leve sonrisa y girando sobre sus talones desapareció silenciosamente.
Parece que las has perdido.- me comento bebiendo de su vaso.
Mm… tal vez nunca la tuve. Ya sabes, no es para mí.- le dije algo más deprimido.
Kate soltó su vaso de forma brusca contra la mesa. La mire con las pupilas dilatadas por la sorpresa.- Ya basta, Edward.- Me regañó con tono enojado- No puedes seguir con estas estupideces más tiempo. Tuviste tu oportunidad, las has tenido pero las has desaprovechado.
No me han resultado- le conteste sin expresión alguna.- Tú sabes que no eran para mí. Todas terminan encontrando al hombre ideal y yo sigo aquí, parado como un estorbo en medio de una cancha de football.
Eso no es cierto, son puras…-
¿Patrañas? – La interrumpí.- Tú me dejaste y me hubieras dejado en algún momento. Te fuiste y te casaste con Garrett, ahora tendrán a Carmen. Emily esta también casada viviendo con su esposo Sam en una reserva de Washington. Jane ni siquiera dudo en huir con Alec hacia Italia y Rosalie… Ella termino casada con mi hermano. Simplemente… no eran para mí.
Era cierto. Todas lo habían hecho. No había encontrado a la indicaba y yo no era el indicado pero eso solo demostraba mi experiencia. Tanya era hermana de Kate pero era dos años menos que nosotros. Kate tenía mi misma edad y solo por algunos meses. Nos conocíamos desde pequeños, estudiamos juntos y cursamos la misma preparatoria. Ella sabía a la perfección sobre mi etapa de rompecorazones porque ella había sido mi principal objetivo y mi última víctima escolar. Éramos felices, yo estaba enamorado de ella pero no funcionó, inclusive un tiempo después de su boda todavía seguía esperanzado con ella. No me quejaba de los rumores o secretamente se me antojaban ciertos pero después entendí que era imposible. Como siempre me repetía, ella no era.
Mis otras dos novias no habían sido nada tan serio como con Kate pero si me había dolido el ser dejado. Emily, al igual que mi mejor amiga, había esperado un tanto después de nuestra separación para encontrar a su alma gemela pero en la otra mano, Jane me había dejado una carta en nuestra habitación declarando nunca haber estado interesada y que huía con un extranjero. Mi ego se fue hasta el suelo.
Y bueno, Rosalie. Vaya, ella sí que era todo un caso. La había conocido en un evento de caridad. Uno de los diseñadores más prestigiosos había decidido crear una colección donde todos los fondos adquiridos fueran hacia las fundaciones de Cáncer y Diabetes para niños. Alice había insistido en ir y yo tenía que representar a mi padre, ya que nosotros también éramos benefactores. Para ese entonces yo todavía no era el Presidente, era joven e inexperto para un puesto de esa magnitud. Emmett, por alguna estupidez de un partido, había decidido faltar. Rose había modelado uno de los vestidos que llamo la atención de Alice y mi hermana no dudo ni siquiera en comprarlo. La hubiera reprendido por ni siquiera saber el valor de la prenda pero como otros tantos hombres, quede embobado. Convencí, con esfuerzos nulos, a Alice de ir a conocer a la modelo. El resto es historia, me encontró atractivo, yo a ella, salimos tres meses. Lo suficiente en que Emmett tardo en aparecerse frente a su vista. Me sentía traicionado con mi hermano pero al verlos intercambiar esa mirada llena de amor hasta yo los felicite. Patético, ¿cierto?
Edward es que ¡míralas!- grito Kate. Para mi vergüenza, sus manos quedaron posicionadas a los lados de sus bustos. Vaya susto que le pego la mesera al llegar con nuestros platos. La muchacha nos miro enojada y sobre todo a mí. Me dejo el plato con tal vez excesiva agresividad y a Kate le dedico una mirada llena de cariño. Kate la miro extrañada pero le agradeció.- Sabes que no quiero que me veas el pecho. Soy una dama, casada, embarazada y tú mejor amiga.
¿Me creerías que a pesar de haber estado enamorado nunca me detuve específicamente en esa parte?- se rió de mi- Carlisle hizo tan buen trabajo conmigo que era casi como imposible bajar mi vista de tus ojos.
Desde entonces Emmett te molestar con ser homosexual, ¿cierto?-
Elementalmente, mí querido Watson. – Le conteste- ¿Sabías que nunca menciona ni una palabra o frase parecida en el libro? Al parecer fue la adaptación a las películas lo que hizo que añadieran la frase. Necesitaban algo para no olvidar.
Edward…- me reprochó- No me cambies el tema. El punto es que la busques, no que te quedes sentado como retrasado mental esperando a que ella llegue, nunca lo hará si sigues así. Mueve tu precioso trasero fuera de la oficina. No sé, para que tengas un buen pretexto, busca a algún compañero que te acompañe a los bares…
No soy gay- me quejé
No tonto, eso lo tenía muy bien entendido desde la prepa- me contesto coquetamente, me reí. Como si yo hubiera hecho algo no debido.- Me refería a que salieras pero como con un amigo, soltero. Tu amigo más cercano es Jasper y está casado y ocupado. Mira- me contesto antes de morder su taco- Los tipos solos en el bar dan miedo porque pueden ser unos pervertidos o uno dementes, tu cara y cuerpo te da puntos pero yo desconfiaría. Si vas con una chica creerán que sales con ella, no falta la aventada que se anima pero no necesitas a nadie ebria-
Tal vez no debería buscarla en un bar. Si yo no voy a uno, no quiero casarme con una que lo haga-
¡Aha, pero has aceptado que la hay que buscar!-
Entonces todo tuvo sentido.
Fue como si alguien de allá arriba se hubiera apiadado de mí en ese instante. Me habían iluminado con una luz y hasta escuchaba al coro de los ángeles cantar por la revelación. La tenía que buscar, esa era la solución.
En realidad siempre había sido consciente de eso. Me quedaba más que claro pero ahora esto tenía una diferente connotación. Tenía menos de una semana para encontrarla y ¿por que no? El cerebro siempre trabaja mejor bajo presión. ¿Lo mismo pasaba con el corazón?
Eso es lo que haría, me dedicaría a buscarla. Día y noche, no me rendiría hasta que por fin la hallara. Si después de esta semana, llegaba al restaurante solo. Bueno… empezaría a tomar a Emmett en serio con sus amigos gay. Me reí de la idea. No, solo decepcionaría a mis padres y aclararía esto.
Kate me miro llena de dudas. No sabía si mi cara reflejaba la determinación, el miedo por saber que podría salir mal, la esperanza de que saliera bien, lo que fuera pero yo no me rendiría. Era un Cullen y los Cullen no se daban por vencidos.
Me sentí casi sucio al empezar a buscar a las mujeres. Si había sido un rompecorazones involuntario en la escuela no significaba que no hubiera aprendido nada. Sabía deslumbrar a las chicas, alagar de mi inteligencia, andar con mi trote arrogante, dirigir miradas sexys… Nunca pensé usarlas para caer tan bajo pero Esme ya no era la única con "DESEPERACION" pintado en la frente.
Como si dios (que en este momento me imagine como Emmett con una toga y una corona dorada) me mandara una señal, una chica de unos veinticinco años pasos caminando enfrente del vidrio de cristal que dividía al restaurante de la calle.
Bonitas piernas, largas y con forma. Un escote pronunciado, cabello desalineado… Desvié la mirada avergonzado. Solo un tipo de chicas andaría así por la calle a estas horas de la noche.
Kate me miraba con la boca abierta hasta el suelo- NO. LO. PUEDO. CREER- soltó de golpe- Edward Cullen escaneando a una chica. No, no, no. Esto es material para Emmett, Edward Cullen escaneando a una zorra…
¡Kate!- reproche molesto- Una dama no habla de esa forma.
Al diablo con mis maneras, ¿Qué le ha pasado a mi mejor amigo? –
No lo sé… tal vez ¿Ha cambiado?- pregunte inseguro.
Tú eres bipolar – declaró mi amiga.
Cuando salí del restaurante me sentí una persona diferente. Me tome mas enserio las palabras de mi amiga. Mis cambios drásticos de humor estaban peor que los de ella embarazada.
Con mi familia era un ermitaño, siempre enojado. En la oficina era serio y retraído, además de duro y estricto. Con mis amigos seguía siendo callado pero participaba y con Kate, bueno ella conocía mi mejor etapa de los años.
Definitivamente necesitaba una larga ducha caliente y un cita con un el psicólogo. Chasque los dedos cansado. Sentía ya los parpados pesados y un involuntario bostezo escapo de mis labios. Sería una suerte si cayera rendido en la cama, no quería tener más malos sueños o noches en vela pensando toda la crueldad que el destino dejaba ante mis pies.
Las pupilas se me dilataron y abrí los ojos de golpe, igualándolos al tamaño de dos grandes platos de vajilla. Una pequeña y fina caja de terciopelo negro descansaba sobre mi cama y aun lado de ella un sobre blanco. Descarte la idea de que alguien (N/A: (coff coff Tanya coff coff) XD) estuviera pidiéndome matrimonio. Sería demasiado extraño, y si lo acepto, algo urgido. ¿Pero en este grado, quien no estaba ya lo suficientemente desesperado en mi familia y amigos? Exacto, nadie
Me tomó unos minutos reconocerla, conocerla como la caja del anillo de mi madre biológica. Tome la carta con manos temblorosas. Esto podía ser una broma de Emmett o una mala jugada de Esme y yo podría estar aquí actuando como tonto para ellos.
Solo algo… "Especial"
Tenía escrito con la fina letra de mi antecesor. Carlisle.
Esto es estúpidamente inútil- me quejé aventando la carpeta contra el escritorio repleto de más papeles.
Me deje caer contra el respaldo de la silla. Suspire frustrado, ¿es que acaso no podía hacer anda bueno? Había intentado de todo y de todas las formas pero no había logrado nada y hoy mismo tendría que presentarme en el dichoso restaurante dichosamente solo. Solo. De tan solo pensarlo dolía, si lo dijera seria como quemarme la garganta y arruinarme las cuerdas bocales.
Una risita espectral se escucho detrás de la puerta.
Sé que no soy tan bueno como tú en esto de la economía, Edward. Pero creo que me deberías tener más paciencia en ello.- Me contesto Jasper abatido. Lo mire desconcertado.
Mi mejor amigo recogía los papeles revueltos de mi escritorio, los miraba con gesto preocupado. Me apresure a recogerlos y una vez que estuvieron en una pila y dentro de la carpeta pude observarlo. Repasaba una y otra y otra vez para tratar de entenderlo, de encontrar el error.
No, Jazz- conteste con cansancio- No me refiero a los reportes. Esos estas… excelentes. La compañía va por buen camino y estoy seguro de que es una maravillosa idea abrir las nuevas oficinas en NY. Nos ayudaría muchísimo tener cabezas dentro de los principales movimientos.-
Yo creo que no te debes preocupar, Jazz.- Tanya entro como siempre, sin tocar y con su andar coqueto. Jasper la saludo con un mudo "Hola" y susodicha le sonrió.- Aquí, nuestro amigo Edward está hablando de su vida amorosa. Ya sabes problemas de…
Kate- contesto Jasper. Los mire molesto.
No, son míos. No siempre necesito recurrir a una chica para hablar de mis sentimientos. Ni siquiera debería de estar hablando de eso con ustedes. ¿Y Tanya? Toca antes de entrar.-
Toc, Toc.- me contesto entre risas- ¿Me puedo sentar?- Jasper se paró de su silla como todo buen caballero y le ofreció su silla. – Gracias.
Un placer, señorita Denali. – contesto mi amigo con voz serena. – Edward, ¿hay algo en lo que te podamos ayudar? Sabes que cuentas conmigo en lo que quieras- lo mire con una mueca- Y que Alie nunca se enterara.
¿Alie?- pregunto Tanya, mi mejor amigo la miro avergonzado.- Me gusta.
Gracias chicos. En verdad lo aprecio pero en este momento no creo que hablar de ello sea lo más oportuno. Necesito sobrevivir de aquí a la noche y que mejor que llenándome de trabajo.-
Y aquí vamos de nuevo- se quejó Tanya. Jasper y yo la miramos sorprendidos por el tono osco y agresivo que empleo haciendo que su delicada voz sonara casi como la mía cuando estoy molesto- Edward no lo vas a poder evitar toda la vida. HOY. Hoy tienes una cena con tus padres y con tu supuesta prometida. La verdad es, que no tienes una prometida y que si no haces algo ahora… Déjame decirte algo. No solo decepcionaras a tus padres sino que realmente te quedaras solo. –
Sus palabras me cayeron como un balde lleno de agua fría. No sabía cómo es que ella estaba enterada de todo esto pero eso me llevaba a sospechar que nada bueno podía estar pasando fuera de mis narices.
Esme me llamó- me respondió- Me pregunto que si tu y yo teníamos algo que ver. Hice… Hice que me explicara a lo que se refería y ella de muy buena manera me explico todo.-
¿Es por eso que faltaste estos dos últimos días? – pregunte con cuidado.
Todavía no sé ni que hago aquí.- contestó con melancolía.
Tal vez yo…- comenzó Jasper pero lo callé.
Tú te callas y te quedas- demande. – Tanya- la llame para que me viera. Tenía la vista puesta sobre su fina manicura y lo único que podía apreciar de su rostro era la leve línea que sus labios marcaban al juntarse tanto. Su largo y liso cabello rubio rojizo me impedía el acceso hacia sus ojos pero me los podía imaginar. Esperaba tener algún pañuelo aquí. – Yo… ¿Esme lo sabe?
Estúpido. De todo lo que pude preguntar, de la gran oportunidad para pedir su perdón escogí el momento para arruinarlo todavía más.
¿Qué no tienes una prometida? – Asentí no seguro de si me veía- No, me hablo hasta de cómo él gustaría que fueran sus nietos.
Lo siento.- fue lo único que pude contestar
Yo también- volví a hablar.- Yo también siento tu ceguera, Edward. Porque eso es lo que tienes, porque… ¿Por qué no puedes ver que yo soy para ti? ¿Por qué no puedes ver que ninguna mujer te querrá más que yo?
Eres una mujer fuerte Tanya pero… supongo que aun no encuentro lo que estoy buscando.
No tienes idea de que estas buscando-
Tal vez no pero una vez que la encuentre sabré que era.- le conteste tranquilo.
Entonces, si te vas antes de que te vuelva a ver… Adiós Edward- me contesto mientras se iba levantando.
Adiós, Tanya.- Me acerque a ella y deposite un pequeño beso en su mejilla. Giro su rostro lista para besarme pero me aleje a tiempo. Se despidió de Jasper y salió con pasos silenciosos.
Siento que hayas tenido que presenciar todo eso, Jazz- me disculpe con mi amigo.
No importa, sabes que puedes confiar en mí.- Me sonrió- Hablando de eso… Alice me ha estado preguntando lo mismo. Esta muy molesta por no saber con quién te vas a casar- remarco la palabra para mi disgusto.- ¿Sabes que a una embarazada le hace mucho daño pasar por enojos de esa magnitud?
¿Sabes con quien te casaste? – pregunte divertido.
Lo tengo entendido.- reímos un momento- Vamos amigo, suéltalo ya.
Me querrás matar, jazz- contesté
Solo que te cortaras con un papel y mancharas mi trabajo lo haría. Me costó un enorme esfuerzo y mucho tiempo. Casi tanto como todo el tiempo que tardo Esme en encontrar su alfombra de la India como para que Emmett vomitara en ella en la víspera de año nuevo.- Trato de animarme y lo hizo.
Está bien- suspire resignado. – Si te lo digo, ¿no me juzgaras?- Asintió.- No existe dichosa prometida.
Pero yo creí que…-
Lo sé, lo sé- lo interrumpí- Es solo que Esme se emociono, no me dejo terminar, y bueno… No la podía decepcionar.
Entonces… ¿nos presentaras a alguien o decepcionarás a Esme?-
Creo que llegare solo hoy. Lo he intentado, créeme que lo he hecho pero no puedo. No encuentro a la mujer perfecta. Sé que de la vista nace el amor pero me parece estar ciego. ¡Me he sentido sucio! Revise a cada mujer que trabaja en la compañía. Volví a ir al hospital a ver a las enfermeras, al gimnasio con el pretexto de pasar a ver a Emmett y hoy donde dos hermosos vestidos, que por cierto Alice me matará, a la agencia de modelos para revisarlas.
Edward, ¿no pretendes encontrarla así, verdad?- me contesto preocupado mi amigo. – No son pedazos de carne de los cuales puedes escoger.
Estoy consciente de ello pero no puedo ponerme con plumón en la frente "DESESPERADO" haber quien se acerca.-
Por dios, Edward. No creo que llegues a tanto.-
¡Revise a una prostituta!- Los ojos de mi amigo se abrieron como platos y vi como su mandíbula caía hasta el suelo-
E…E…Em… ¿Emmett sabe de esto?- Me negué. Espere a que hablara, estábamos los dos en silencio cuando ocurrió lo que nunca me pude haber imaginado. Algo que jamás me imagine a Jasper hacer. Rompí en sonoras carcajadas. – Que… carajos le… sucedió...a…a… ¡Edward Cullen!- trató de decir entre risas.
¡Le he echado una vista hasta Ángela!- grite molesto.
Un carraspeo leve hizo que Jasper se callera al suelo y que yo mirara horrorizado a la puerta. La secretaría de Jasper, Ángela, me miraba con un profundo sonrojo. Me sentí un vil monstruo. ¿Cómo es que la dulce e inocente Ángela se había enterado de esto? La señorita apartó la vista de mis ojos y se dirigió a su jefe que al fin se había puesto de pie y se estaba arreglando el traje.
¿Señor?- lo llamó con voz tímida. Dios, ¿Cómo diablos fui capaz?- La señorita Alice lo está llamando. De hecho, lo está esperando en su despacho.- Fue mi turno de reír al ver como Jasper salía casi volando por la puerta. Se frenó en seco y con un poco más de compostura regresó por sus papeles. Me miró furioso pero no me aguante las ganas de reír. Era mi venganza.
Gracias, Weber.- le dijo ya de regreso a la puerta.- Tienes la tarde libre, tal vez tengas algo que hacer esta noche.- ¡Ouch! Touché.
Ángela y yo nos quedamos en nuestro lugar.- Disculpé- por fin habló saliendo del lugar.
¡Ángela!- la llamé- Alice ya tiene la edad y el estado suficiente como para que la llames señora. Hazlo, créeme. Mientras más le digas Señora Hale, mas te subirá el pagó tu jefe. – me sonrió y de nuevo emprendió la retirada. – Por cierto, hoy se ve muy bonita señorita Weber.- lo vi congelarse en su lugar pero segundos después imito a su jefe. Salió corriendo.
Las ocho.
Diablos, la hora de enfrentarme a mis demonios. Al infierno. A mis pesadillas.
A mi familia.
Subí con desgane al Volvo y con la caja de terciopelo en uno de mis bolsillos. Había pasado, una semana entera y nada había cambiado. Seguía soltero, solo y miserable.
Podía imaginarme la cara de mi madre desecha por el llanto, la mirada decepcionada de Carlisle, la de reproche de Alice y posiblemente la de burla de Jasper y Emmett. Era un momento incomodo que ha toda costa quería evitar pero posiblemente fuera imposible.
Mi gabardina estaba en el asiento del copiloto y todavía me hacía sentir más idiota. Ha, ha. Edward Cullen tiene una cita romántica con su gabardina y su familia.
Si en la última semana no había logrado encontrar a la mujer perfecta, a la que fuera hecha para mi, dudaba que en los últimos minutos apareciera. ¡Yo mismo dudaba que la gabardina quisiera salir conmigo!
Recordé a Candie, a Haley, a Rosie, al osito de Emmett… a todos mis sobrinos. Niños por los que moriría y me pregunte cual sería la imagen que ellos tendrían de mí. ¿Acaso siempre seria el tío consentido? ¿El tío con el departamento enorme donde pueden comer porquerías, jugar videojuegos y dormir hasta después de la media noche? Nunca les podía dar a los primos con los que jugar, a los amigos en los que confiar…
Frene en seco cuando un ángel atravesó el pavimento. Estaba a más de seis metros pero aun así sentí la necesidad de detenerme. No porque tuviera miedo a estampar el coche contra su delicado cuerpo, sino porque necesitaba tiempo para verlo.
Recordé las palabras de Tanya. Ceguera, estaba en todo lo correcto. Eso era lo único que tenia. El verla, ahí parada, bella y delicada era como haber dejado caer la franela que cubría mis ojos.
Era como abrir los ojos por primera vez, dejar que el sol te volviera a cegar pero esta vez de una manera agradable. Que el calor entrara por tus ojos y te hiciera sentir feliz, cómodo… Todo este tiempo imagine a la mujer perfecta y nunca pude estar tan lejos en mis sueños.
Ella era todo, el mundo, la naturaleza, la felicidad, la vista, el sol, la luna, mi corazón.
Y como todo bello cuento de princesas, pronto tenía que acabar. Desapareció entre los callejones de la ciudad.
Alarmado estacione el coche en la esquina más cercana y baje corriendo. Con extrema facilidad me coloque la gabardina y en un rápido tanteo verifique que el anillo siguiera dentro de mi bolsillo.
Corrí, corrí como loco en busca de ella pero su pequeña figura era difícil de encontrar de entre las sombras. Decidí que posiblemente ella había cambiado de calle y corrí hacia el otro extremo y del siguiente lado pero nada, no estaba. Volví a andar a paso presuroso por el callejón pero divise de repente una división. Podía ser peligroso, podía haber alguien listo para asaltarme, golpearme o hacerme hasta lo imaginable. Espere en silencio para encontrar indicios de peligro. El leve rosar de unos tacones contra la húmeda calle me hizo volver a correr. Atravesé de golpe la división y por suerte estaba sola, cosa extraña en Seattle.
Me detuve un momento para observarla y como si ella supiera lo que estaba haciendo se detuvo también. Espero unos segundos pero no me podía mover de mi lugar. La observaba detenidamente, la dejaba deslumbrarme.
Sus hermosos cabellos cafés jugaban en contra del viento agitándose en un delicado vaivén. Uno que otro mechón rebelde se pegaba a los lados de su pálido rostro. Sus labios estaban entre abiertos y pude apreciar que temblaba de frio, el aire caliente que salía de esos rosados labios se notaba como humo ante la baja temperatura de esta ciudad.
Su cuerpo estaba envuelto en una corta falda y sus largas piernas en unas medias. Pude ver que la parte de arriba era un saco y me recordó a la ropa que siempre usaba Ángela en el trabajo. Juraría que alguna que otra vez la había visto usar un conjunto idéntico.
Entonces decidí acercarme. Antes de que se moviera, antes de que corriera. No la dejaría escapar, no después de tanto tiempo esperándola.
Avance determinado hacia ella, pensé que correría o que gritaría pidiendo ayuda pero solo podía escuchar su respiración descompasada y casi su mismo corazón latir desbocado. Una vez frente de ella un briza helada recorrió el callejón maravillándome. Su perfume natural me inundo los sentidos dejándome en el mismo paraíso. Fresias, la flor favorita de mi madre biológica.
Mire su rostro, tenía sus ojos cerrados con fuerza y su rostro deformado por el miedo. No, no quería que esto pasara. No quería que ella me tuviera miedo. "¿Pero como no hacerlo?" me contesto mi conciencia "Eres un hombre, misterioso, medio loco, y está sola contigo en un callejón de Seattle"
¿Te casarías conmigo? – dije sin pensarlo. Soltó el aire de golpe sorprendida.
Se tomo un tiempo y poco a poco fue abriendo los ojos. Parpadeo varias veces antes de ajustar su vista a la poca luz. Antes de dejarme ver sus bellos ojos.
Solo fue así, lo supe. Supe que ella era para mí, que pasara lo que pasara… Ella estaría conmigo.
De la vista nace el amor
Entonces, al dejar la vista posada sobre estos dos profundos pozos color chocolate era inevitable enamorarse.
Si bueno… creo que ustedes ya saben lo que paso después.
Sé que me querrán matar por haber dejado el capítulo hasta aquí pero, si les digo la verdad, no me gusta mucho eso de leer un mismo capítulo desde otro punto de vista porque ya sé que pasa y como que no… Lo siento pero no puedo repetir, solo les puedo dejar una de las razones por las que Edward se lanzó a pedirle matrimonio a Bella.
¿Les gusto? Ya saben, si no les gusto díganlo pero con bonitas palabras. Que también tengo sentimientos y ahora sobre todo estoy muy sensible.
Por cierto, si les gustaría que lo continuara. Déjenme saber. Tengo la idea de hacerlo un mini fic pero todo depende de la aceptación que tenga. Hay una encuesta en mi perfil. Me encanta que opinen y contribuyan, ¿por que no hacerlo ahí?
¡Déjenme saber!
Vale(:
