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Era un sábado común en la gran manzana, la rubia estaba recostada en su cama. No dejaba de pensar en aquel beso con la chica que conoció en el concierto, pero por otra parte tenía a Noah. Estaba claro que ella ya no quería al chico desde hace un buen rato, pero entonces ¿porque seguía con esa relación? Su cabeza le daba vueltas pero al fin estaba más que claro. Terminaría de una vez por todas con el chico, no quería seguir atada a algo en lo que no es feliz y claramente sentía una atracción muy fuerte por aquella castaña.
Tomo su teléfono y se dispuso a marcar un número.
—Podemos vernos?—dijo.
—Claro, te veo en diez en el café de siempre—se escuchó del otro lado.
Quinn tomo su chaqueta y se dirigió a dicho café. Al llegar se sentó en la mesa más alejada, no quería que nadie escuchara lo que pensaba decir en ese momento. Minutos más tarde llego la persona con la que se reuniría.
—Hola, Fabray. Te ves bien—dijo sentándose frente a ella—y porque querías verme?
—Voy a terminar con Noah—soltó.
—No bromees, Quinn—dijo levantando la mano para que le llevaran un café.
—No es broma, Santana. Ya no puedo seguir con él, simplemente no está funcionando—levanto los hombros—oh pero lo siento mucho por ti—dijo con un toque de sarcasmo.
—No hagas esto. Puckerman aún no ha aportado el capital suficiente a mi empresa—subió un poco el tono de voz—si terminas con el ahora, todo se viene abajo. Puede que incluso retire lo que ya ha aportado—hizo una pausa—por favor, Quinn—dijo tomándola de las manos.
Quinn conocía a Santana desde que eran niñas, siempre han estado en las buenas y en las malas. En cualquier cosa tenían el apoyo una de la otra. Para Santana que su amiga saliera con un ejecutivo de la altura de Noah era más que perfecto ya que le traería muchos beneficios a su empresa, o al menos eso pensaba ella.
En los planes de la rubia solo estaba salir con él en un par de citas pero después de la segunda vino la tercera, cuarta y cuando quiso darse cuenta ya eran novios en toda la extensión de la palabra. Hay que aclarar que Quinn no solo lo hizo para ayudar a su amiga, para ella Noah era el chico perfecto, estaba loca por el en un principio pero en cuanto la relación fue avanzando ella se iba aburriendo cada vez más.
—No te estoy pidiendo tu consentimiento—intento sonar amable—solo quería que lo supieras, está bien? De hecho ahora mismo voy a llamarlo para que nos veamos—dijo sacando su teléfono.
—Espera—dijo quitándole el teléfono de las manos—podemos hablar bien de esto. Que sucede, Quinn?—intento buscar la mirada de la rubia.
—Sabes que yo haría lo que sea por ayudarte, pero ya no puedo seguir con esto. Lo siento.
—Recuerdo que cuando lo conociste, dijiste que solo un súper modelo o un actor de la talla de Brad Pitt te separaría de él.
La rubia soltó una pequeña risa al escuchar aquello—era estúpida entonces.
—Y lo sigues siendo!—ignoro la mirada asesina que le dio Quinn al escuchar eso—y quien es el nuevo hombre?
—No hay ningún hombre, Santana!
—Quinn, vamos! Te conozco, es obvio que hay alguien.
—Pues no hay ningun hombre, de hecho es… una chica—bajo el tono de voz al mencionar esas dos últimas palabras.
—Enserio?—dijo con evidente molestia—no has salido con una chica en años! Y ahora me sales con esto, en serio, Quinn. Vas a dejar a Noah por una tipa que acabas de conocer?!
—Que rayos te pasa, creí que más que cualquiera tú lo entenderías!—exclamo.
—Solo porque a mí me gustan, no significa que salga con cualquiera y mucho menos que termine una relación de mucho tiempo por alguien que acabo de conocer!
La actitud de la morena empezaba a desesperar a la rubia, ella no era perfecta como para que le diera esa clase de sermones, pensaba.
—Pues no es una cualquiera, Santana! Y sabes qué? Que te den a ti y a tu estúpida empresa—se levantó completamente molesta y salió del lugar.
Santana tenía orgullo, demasiado. Podía ser la persona más dura, pero cuando se trataba de aquella rubia dejaba todo a un lado e iba tras de ella. En ese momento no fue la excepción, tomo un par de billetes los dejo en la mesa y salió corriendo en busca de su amiga.
—Quinn, lo siento!—dijo caminando detrás de ella. Camino más rápido y pudo ser capaz de tomarla del brazo, haciendo que se detuviera—lo siento, está bien? Sabes que tú eres más importante que todo. Eres como mi hermana y… si quieres terminar con Noah ya no diré nada más. Lo importante es que tú estés bien.
Al escuchar las palabras de su amiga, la rubia se aventó y la abrazo con fuerza—gracias.
Santana correspondió por unos segundos aquel abrazo, pero no quería hacerse notar—no me gustan los abrazos en público!—dijo soltándose y haciendo reír a Quinn—Llamaras a Puckerman ahora?
—No, creo que iré directo a su piso.
—Okay, pues mucha suerte Fabray—le dio un pequeño golpe en el hombro.
Quinn caminaba lento, no sabía con exactitud qué le diría al chico y el único intervalo de tiempo en el que podía pensarlo, era de aquel café al departamento de Noah.
Una vez que estuvo frente a la puerta del chico, se detuvo por un minuto a pensar por última vez. Supo que hacia lo correcto.
Toco tres veces la puerta y aquel que aún era su novio en ese momento apareció.
—Amor! Que haces aquí?—dijo inclinándose para dejarle un beso en los labios, pero la rubia voltio la cara—Que pasa?—la expresión de la rubia no le parecía muy normal.
—Podemos hablar?
—Sí, pasa—se hizo a un lado para que Quinn entrara.
No quería darle rodeos a la situación por lo que decidió hablar claro desde un principio.
—No puedo seguir con esto—dijo volteándose bruscamente y mirándolo.
—Qué quieres decir exactamente, Quinn?—se notaba confundido.
Últimamente todo lo que le decía el chico comenzaba a desesperarla, y en ese momento se sentía exactamente así, pero se contuvo y siguió hablando.
—Quiero terminar—si eso no lo entiende, entonces tiene un grave problema. Pensó la rubia.
—He hecho algo mal?—se acercó un poco más a ella.
La rubia ya no quería pasar más tiempo en aquel apartamento, por lo que su única salida era…mentir.
—No, soy yo. Necesito un tiempo para darme cuenta si lo que quiero es estar contigo y solo lo haré estando sola. Lo siento pero ya tengo que irme—dijo acercándose a la puerta a paso rápido.
—Entonces es todo?—claramente estaba dolido.
—Parece que si—y eso fue lo último que dijo antes de salir.
Definitivamente tenía un peso menos en sima y probablemente iba a ser la mala del cuento pero lo único que quería en ese momento era ver a Rachel Berry. Habían pasado días desde su encuentro. No tenía su número de teléfono, por lo que la única forma de verla era irla a buscar a su apartamento.
Pero de igual forma no quería verse muy desesperada y mejor decidió esperar a que pasara un poco más de tiempo. Lo menos que quería era asustar a la chica.
Si algo odiaban todas las personas en el mundo eran los lunes. Todos detestaban el inicio de semana, menos Rachel. Para ella significaba un día más para ser mejor en lo que hacía. Esa mañana se encontraba trabajando y para su suerte la gran jefa aún no se había presentado. Probablemente Santana ni siquiera notaba su existencia ya que nunca han cruzado palabra, pero aun así Rachel no lograba soportarla, ella ni ningun otro en aquella oficina.
—Rachel, ven un momento—decía Mercedes Jones, la jefa de Rachel.
—Si—dijo sentándose frente a ella.
—Tengo que ir a las instalaciones en New Heaven, por lo que estas a cargo en lo que regreso.
—Enserio? Porque yo? Es decir, ya sabe yo soy solo pasante.
—Confió en ti, Rachel. Que seas pasante no significa que los demás sean mejor que tú y honestamente los demás solo saben seguir órdenes. Creo que tú tienes madera de líder, así que ni una palabra más—le sonrió—solo serán unos días.
Mercedes era una muy buena abogada, y que alguien del status de ella le dijera eso a Rachel significaba mucho.
—Tienes que entregarle el reporte del caso de Maya Green a Santana—lo buscaba entre todos sus papeles—aquí esta—se lo entrego—no sé porque se ha demorado tanto esta mañana. Como sea, cuando llegue vas a su oficina, se lo entregas y le explicas todo, tú sabes los detalles. De acuerdo?—vio como la castaña asintió—perfecto, ya debo irme. Llámame si necesitas algo. Bye.
Definitivamente tienes que pagar un precio para todo, y en este caso para Rachel el precio de ser la jefa, al menos por unos días, era tener que hablar con Santana. Sabía que en su trabajo tendría que lidiar con personas con el mismo carácter que ella, así que decidió ser lo más positiva posible acerca de eso.
La jefa aun no aparecía y aunque Rachel intentaba permanecer tranquila, realmente le era imposible. Se imaginaba una y mil cosas que Santana le podría decir y no eran muy buenas. Cada vez se hacía más pequeña y se hizo aún más cuando la vio entrar y para su mala suerte no traía buena cara. Pero no tenía otra opción, el trabajo es trabajo.
Se levantó de su silla muy segura de sí misma y se dirigió a la oficina de Santana Lopez. Al llegar dio tres golpes a la puerta. Solo se escuchó un 'más vale que sea importante'. Decidida abrió la puerta de aquella oficina y se dispuso a entrar.
—Buenos días, señorita Lopez. Tengo el informe del caso de Maya Green—se escuchó muy segura.
La morena hizo un gesto de molestia—okay, pasa y siéntate—dijo sin aun mirarla.
Una vez que Rachel se sentó, extendió su mano con los documentos. Santana quito la mirada de su laptop y la dirigió a la castaña.
A veces ocurre, en un momento dado el tiempo se detiene y permanece por mucho más que un momento. Siempre habrá algo que destruya nuestras vidas, todo depende de que o… quien nos encuentre primero. Y alguien en ese momento, para bien o para mal, había encontrado a Santana.
—Está usted bien—dijo Rachel al ver que Santana la miraba con una expresión que no podía descifrar.
—Veamos esto—hablo Santana reincorporándose con su tono autoritario.
Pasaron aproximadamente treinta minutos hablando de aquel caso. Santana intentaba poner atención a todo lo que la castaña le decía pero realmente le parecía aburrido, quería terminar con eso y preguntarle a la chica que tenía enfrente por qué no la conocía. Con ese carisma no podría pasar desapercibida, pensó la morena.
—Qué piensa usted, señorita Lopez?—hablo Rachel, sacando a Santana de sus pensamientos.
—Déjame el archivo, lo revisare más a detalle ok—intento parecer que le había puesto atención.
—Está bien, entonces me retiro—se disponía a levantarse de la silla.
De ninguna forma la morena iba a dejar que esa chica se fuera, en todo el rato que estuvo ahí ni siquiera le pregunto su nombre. Por lo menos eso debía saber.
—No te vayas aun—dijo haciendo un gesto con su mano para que se volviera a sentar—supongo que eres la chica que Mercedes dejo a cargo en su departamento, no es así?
—Así es, señorita Lopez.
—Dime Santana, por favor—hizo una pequeña pausa—es mi empresa y nunca te había visto por aquí, porque es eso?—por primera vez en su vida sonó amigable con alguien que acababa de conocer.
—A decir verdad, no lo sé. Yo solo estoy aquí como pasante.
—Eres pasante y Mercedes te dejo a cargo?!—Se sorprendió—supongo que eres buena, ella nunca se equivoca al elegir su equipo de trabajo. Cómo te llamas?
—Rachel, Rachel Berry y gracias por el comentario—respondió amablemente.
—Vaya el tiempo se pasa volando—miro el reloj que tenía en la pared—te gustaría ir a comer algo?
Un 'que rayos' paso por la mente de Rachel, enserio la malvada jefa la estaba invitando a comer? Pues así era. No podía negarse era Santana Lopez.
—Ah sí, porque no?—sonrió.
Fueron a un restaurante cerca de las oficinas, era pequeño pero lujoso. Santana aprovecho el momento para conocer todo acerca de esa chica pequeña de ojos marrón. Desde cosas tan pequeñas como que le gustaba hacer los fines de semana, hasta las más grandes como sus metas en la vida.
Definitivamente la perspectiva que tenía Rachel de Santana cambio por completo después de aquel día. No la llego a conocer muy bien en tal solo una hora, pero supo que no es la mala persona que pensaba. La actitud de chica mala que pone siempre en el trabajo es para que sus trabajadores la respeten, pero una vez fuera de ahí, es buena persona o al menos eso fue lo que Rachel pensó de ella.
:O Pezberry! que les parece? dejen sus comentarios, please! :)
