Nota— Y he aquí la segunda parte que prometí, algo más larga que la anterior. Espero que hayan disfrutado esta "mini-historia" y si fue así, no duden en dejarme un review, no engordan(?).
¡Muchas gracias por leer!
Crisis familiar
II. — Epílogo.
Ella le había pedido hace muchos años que no quería que siguiera protegiéndola.
Por primera vez en mucho tiempo, se sintió valiente, por él, por anhelar que los moretones se borraran de su cuerpo algún día.
Era pequeña y frágil. Tan solo una lágrima podría romperla. Y estaba allí, implorándole que la dejara luchar por sí misma, mientras limpiaba la sangre fresca de sus labios. Tenía hematomas en brazos, piernas, abdomen. Un gran chichón en la frente. Y más sangre.
Sabía que lo sentía de verdad. Sus ojos cargados de lágrimas lo miraban expectante, mas éste no podía responderle. ¿Cómo podría dormir todas las noches pensando en que alguien la golpearía? No soportaría que le tocaran un solo pelo, pero la convicción en los ojos de la peliverde eran tales que no pudo hacer nada más que asentir.
Debía admitirlo, sí, los años pasaron y ella aprendió a defenderse. Luchaba, no tenía que depender de él ni de nadie. Entendió que no debía estar delante de ella, si no a su lado, formando ambos un escudo invencible.
Le dijo algo así el día de su boda, y también cuando nació su primera hija. Bueno, sonaba más cool en su cabeza, pero podía vivir con ello.
El rubio jamás pensó que tendría que pasar por lo mismo otra vez, cuando su pequeña poco a poco se hizo mayor. ¡Agh! ¿¡mayor!? Hace tan sólo cuatro horas la había llevado al preescolar, y ahora esperaba en el parque, impaciente a que llegara la susodicha niña y su esposa.
Zapateaba. Una, dos, tres veces. Le ponían nerviosos los retrasos, las ausencias, y el café frío.
Escupió, por lo menos aún no lo dejaban plantado.
Los signos de exclamación en el mensaje de texto que recitaba: "Yuka y yo te tenemos una sorpresa" lo impacientaban aún más.
Últimamente estaba hecho un manojo de nervios, y si la tonta teoría de que el genotipo más ambiente influenciaba al fenotipo de un individuo fuera real, pues, ya habría perdido todo el cabello y encogido diez centímetros. Mejor ni siquiera pensar en esa pesadilla. Apuntó en su móvil comprar acondicionador sin sal y una caja grande de leche.
— ¡Papiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! — escuchó, y por fin pudo respirar con tranquilidad. Su pequeña clon corría con los brazos abiertos, y él supo al instante que se lanzaría sobre él y escalaría hasta sentarse alrededor de su cuello. La estrechó contra sí y acarició su cabello, lo sentía más suave que por la mañana.
— ¿Y no hay abrazos para mí? — protestó su amada, sonriente, dejando su bolso en una banca y uniéndose al momento familiar. Sería una mentira decir que ellos no eran del tipo "sentimental".
— ¡Por fin llegaron! — exclamó él, haciéndose el ofendido.
— ¡Es que mami tuvo que id ad baño y tardó muchídimo! — se excusó inocentemente la pequeña.
Kido enrojeció al instante y escondió su rostro tras la capucha de su chaqueta.
— ¡Oh, vamos, Tsubomi! ¡no es algo de lo que debas avergonzarte! — dio palmaditas a su cabeza —, por ejemplo a mí me pasa todo el tiempo — sonrió.
— ¡Papi asquedoso! — rió con energía su hija —, ¡mami no hizo edo! Ella vomitó muchooooo... ¡ups!
Y la niña, dándose cuenta de su error fatal, corrió velozmente hasta los juegos del parque, mirando desde lo lejos a su madre, como diciéndole: "Iguad debes compradme ede helado".
La peliverde suspiró, asintiendo. Miró al rubio, qué tenía cara de aún estar tratando de procesar la información. Con algo de suerte, la idiotez se le habría ido a las neuronas y no lograría comprender la "casi-confesión" de la cual había sido testigo.
— No entiendo, ¿fue porque cociné yo la última vez? — Bingo.
— Eh... no, cielo — llamó con las manos a Yuka, quien vino a paso lento por si debía huir de la escena nuevamente.
— Entonces, ¿qué pasa? — preguntó.
La recién llegada miró a su padre con la boca abierta, y luego dirigió la vista a su madre, con una clara incógnita atrapada en la lengua.
— Mami, ¿papi es así de tonto anted o despued de que yo nacieda? — su pregunta estaba mal hecha, pero tenía una respuesta muy sencilla.
— Antes, mi amor, no es nada personal — la tranquilizó acariciando su mentón. El rubio no sabía qué decir, puesto que aún no lograba entender de qué se estaba perdiendo.
— ¿Pueden explicarme qué sucede de una vez? — exclamó desesperado el de ojos pardo, haciendo una mueca demasiado sobreactuada.
— ¡"Qué sucede" está ahí! — y, con inocencia, la hija de ambos apuntó con el índice al vientre de la mayor. Le guiñó el ojo a ésta, con notoria travesura escondida en su acción, y salió corriendo hasta su "bunker" nuevamente.
El chico miró a su esposa, su vientre y de nuevo a su esposa. Ella se encontraba haciendo un gesto extraño, entre el enfado y la risa; debía admitirlo, su hija era totalmente Kano Shuuya.
Pero algo más inteligente.
— Estoy embarazada, Shuuya — dijo, nerviosa.
— Oh, así que sólo estabas em...embara-embarazad—... — y se desmayó.
Desde el otro lado del parque, se escuchó a la pequeña gritar:
— ¡Papi ed un idiota!
Y esa era la pizca de Kido Tsubomi que hacía a su madre tan orgullosa de su retoño.
Bonus
— Mami, mami — llamaba la niña, mientras saltaba alrededor de su progenitora.
— ¿Qué pasa, Yuka?
— ¿Llevas a papi en tu edpalda porque es mád bajo que tú? — preguntó, sonriendo.
De pronto, los ojos del aludido se abrieron de par en par, y comenzó a patalear tratando de zafarse del agarre de la peliverde.
— ¡ESTOY DESPIERTO, ESTOY DESPIERTO! ¡BÁJAME, TSUBOMI! — gritó con todas sus fuerzas, sin embargo, ni toda su fuerza alcanzaba para poder soltarse.
— Sí Yuka, y más fuerte y más hermosa.
— ¡Mami ed genial!
Y siguieron su camino hasta su hogar, con el rubio absolutamente derrotado en sus brazos.
.
¡FIN!
