ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.
La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.
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Capítulo 2: El Rey y sus dragones.
Piidos de preocupación hicieron que Abi recuperara la conciencia. Ella gimió suavemente, con sus ojos palpitando y su cabeza adolorida. El encuentro con el dios dragón Seiryuu, beber la sangre del dragón, y entonces volar a través del frio cielo nocturno; todo volvió a ella como un torrente. Ahora estaba tirada en el suelo en un patio de un palacio desconocido, la losa de piedra se presionaba contra su mejilla que aún permanecía caliente.
"¿Estás bien?" La preguntó una voz suave.
Abi parpadeó abriendo sus ojos para ver a un dragón amarillo arrodillado a su lado. No, eso no era del todo correcto. Él era un muchacho –tal vez un año o dos más joven que Abi- con una rebelde melena dorada como cabello, llevaba la ropa y la capa de un campesino. El leve olor a caballos y otros animales de granja se aferraba a él. El niño dragón amarillo la miró con sus claros ojos azules ampliamente abiertos como si estuviera en trance. Después de un momento, él sacudió la cabeza y tendió su mano para ayudar a Abi a incorporarse.
"Estoy bien." Le respondió ella con voz ronca.
Abi ignoró la mano que la ofrecía y se levantó del suelo. El muchacho asintió, no parecía haberse ofendido, y rápidamente se movió al lado de un dragón blanco inconsciente. El hombre corpulento que Abi veía como a un dragón blanco llevaba las ropas de un soldado de rango medio. Unos enmarañados mechones cortos de pelo blanco cubrían su cabeza, mientras que su mano derecha parecía como si estuviera recubierta de escamas esculpidas en nácar. Cada larga uña de su mano con escamas parecía tan afilada y mortal como cualquier espada.
"Un anciano que no puede despertarse por sí mismo, un mocoso, y un lindo niño rico." Resopló una voz grosera.
Abi cambió su atención al tercero de ellos, un dragón verde. Él tenía el aspecto de un vagabundo con la ropa hecha jirones y desgastada; y tenía una lanza desgastada apoyada en el suelo junto a él. Aunque estaba recogido en una coleta, su pelo verde sobrepasaba sus omóplatos. Sus manos callosas agarraban fuertemente su pierna derecha, la bota parecía que había sido arrojada al fuego. Un atisbo de escamas color jade fue revelado a través de los agujeros de su bota medio quemada. Sintiendo su mirada, el hombre giró su cabeza hacia Abi. Sus ojos –color púrpura como las orquídeas- se agrandaron cuando sus miradas se encontraron. Él contuvo el aliento con una expresión aborta cruzando su rostro, parecida a la que el dragón amarillo la había dirigido. El momento pasó pronto, el mohín regresó a sus labios.
"¿Qué pasa con esa mirada, niño lindo?" Sus dientes eran inusualmente afilados, como los de un lagarto, estos brillaron mientras la preguntaba groseramente.
"Eres irritante." Le respondió secamente.
Cambiando su atención a su pájaro azul increíblemente paciente, Abi levantó a Bora del suelo y lo colocó encima de su hombro a la vez que el niño rubio tenía éxito despertando al hombre mayor. El hombre gimió de dolor mientras se sentaba, empequeñeciendo al joven que estaba a su lado. Sus ojos, de un verde azulado opaco como el cielo cubierto de niebla, parpadearon mientras inspeccionaba los alrededores.
"¿Qué es lo que han hecho los dioses dragones?" Una intensa aunque conmocionada voz sonó repentinamente.
Los cuatro se giraron hacia la fuente de la voz. Un hombre de pelo revuelto del color de una puesta de sol carmesí permanecía de pie en la parte de arriba de las escaleras del patio, una expresión de sorpresa cruzó sus rostro a la vez que sus ojos amatistas pasaban sobre cada uno de ellos. La sangre de dragón dentro de Abi respondió inmediatamente, corriendo por su venas y provocando que sus ojos volvieran a palpitarla otra vez. Cada latido de su pecho le decía a Abi que este hombre con el pelo como el amanecer era el Rey al que ahora estaba atada.
Mientras el Rey Hiryuu descendía por los escalones hacia ellos, el hombre corpulento se inclinó en una profunda reverencia. Su voz estaba llena de reverencia. "Yo soy un soldado del ejército de su majestad y aún así cuando estuvo a punto de ser ejecutado, fui inútil para ayudaros. Cuando Hakuryuu me llamó, estuve de acuerdo en beber la sangre del dragón para tener la fuerza para protegeros."
Hiryuu se inclinó, sus ropas reales ondearon detrás de él, y puso delicadamente una mano sobre el hombro del hombre. "¿Puedo preguntarte tu nombre?"
"Guen." Le respondió el soldado a la vez que levantaba su cabeza plateada.
"Hakuryuu Guen." Murmuró Hiryuu como si estuviera probando el nombre con su lengua. "Gracias, Guen."
El rostro del soldado enrojeció ante esas palabras, con una mirada casi deslumbrada en sus ojos azul verdoso. El Rey de pelo carmesí levantó la mano y se puso de pie mientras el soldado se ponía de pie de forma vacilante detrás de él. Hiryuu se giró hacia el dragón que estaba de pie más cerca de ellos, el joven rubio. El muchacho se tambaleó de repente, su capa desgastada osciló con el movimiento, como si la atención del Rey hubiera provocado que su equilibrio se tambaleara.
"¿Podría preguntarte a ti también tu nombre y tus motivos? ¿Ouryuu…?"
"Mi nombre es Zeno." Comenzó a la vez que se movía nerviosamente sobre sus pies. "No soy un guerrero ni nada como eso. Solo pensé que podía hacer al mundo un lugar mejor si bebía la sangre de Ouryuu."
Esas palabras altruistas les sumergieron en el silencio mientras Hiryuu le miraba. Pasó un momento antes de que Hiryuu aplaudiera con sus manos y sonriera de puro deleite. "¡Esa es mi meta! ¡Estaré esperando ansioso trabajar para conseguirlo contigo, Zeno!"
Las mejillas del niño se tiñeron de rosa a la vez que sus ojos azules se abrían ampliamente. Hiryuu se rió en su manga, sus ojos amatistas brillaban con diversión.
"Idiotas idealistas." Murmuró el último hombre a la vez que recogía su arma de la losa de piedra. "Yo bebí la sangre de Ryokuryuu simplemente porque quería el poder. Proteger a este rey imbécil solo es parte del trato."
Los otros dragones se giraron hacia su homólogo verde, el soldado –Hakuryuu- frunció el ceño en señal de desaprobación. La respuesta de Hiryuu fue simplemente caminar hacia el vagabundo y ofrecerle su mano.
"Entonces voy a confiar en ti, ¿Ryokuryuu…?"
El hombre frunció el ceño pero agarró la mano del Rey a la vez que respondía. "Shuten."
"Voy a confiar en ti, Shuten." Repitió Hiryuu alegremente.
La sonrisa confiada del Rey al parecer cogió al hombre desprevenido. Sus orejas se pusieron rojas a la vez que tartamudeaba. "Estúpido Rey."
Finalmente Hiryuu se giró hacia Abi, sus ropas y sus mechones escarlata captaron la esencia floral de la brisa. Ella no podía decir si era la sangre de dragón que aún quemaba en sus venas o si eran sus propios sentimientos, pero mirar a Hiryuu era como mirar al propio sol. La calidez irradiaba de su gentil sonrisa. La forma en la que sus ojos se entrecerraron con diversión cuando la miró hizo que Abi se sintiera a gusto. En ese momento Abi no quería nada más que permanecer a su lado y reflejar su luz deslumbrante.
"Tú eres, ¿Seiryuu…?"
Abi se inclinó, su flequillo azulado calló sobre su rostro a la vez que Bora dejaba escapar un piido sobresaltado y trepaba para permanecer en el hombro de la humana. Su inclinación no era de rodillas como la que había hecho el soldado. En vez de eso fue la que un noble que se inclinaba ante un noble de rango más alto, aún de pie y con sus manos juntas.
"Soy Yoo Abi, hija del actual líder del Clan Yoo, Yoo Min-chul." Le respondió ella con voz confiada.
En el fondo, el vagabundo –Ryokuryuu- se ahogó y carraspeó. Abi sonrió levemente antes de levantar la cabeza para encontrarse con la mirada del Rey Hiryuu.
"Yo…" ¿Qué era exactamente lo que había estado buscando? ¿Para salir de la incertidumbre de la situación que había dejado atrás? ¿Para encontrar un lugar en el que no pudiera ser desplazada tan fácilmente? Abi no pudo encontrar las palabras adecuadas así que respondió vagamente. "Tenía razones para beber la sangre de Seiryuu."
"Ya veo." Hiryuu asintió como si lo entendiera de todos modos y cogió sus manos ligeramente con una sonrisa. "Abi, es un nombre encantador."
Las manos de rey eran cálidas y suaves contra las suyas. Abi sintió calor emanar de sus mejillas. Ella no estaba segura de si era de vergüenza por tener semejante intimidad de forma tan casual con un hombre al que acababa de conocer, o si era a causa de la sangre del dragón corriendo.
"No me esperaba que los dioses dragones hicieran esto pero me alegro de daros la bienvenida – a todos vosotros – a mi hogar."
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Abi se revolvió y se giró entre el capullo de sus mantas de seda, mientras los ronquidos parecidos a piidos sonaban de la jaula para pájaros que un confundido y cansado sirviente la había llevado a toda prisa. La luz de la luna flotaba en la habitación, los rayos rebotaban en los muros y en los muebles. A pesar de lo caro que era cada objeto, la habitación parecía vacía, ya que carecía de detalles personales. Abi se movió otra vez, cubriéndose la cabeza con la almohada a la vez que ansiaba desesperadamente el abrazo del sueño. Sin embargo, la almohada fue inútil. Sin quererlo, sus nuevos ojos miraban a través de ella.
Con un gemido de frustración, la noble empujó las mantas y se sentó. Abi casi salió de la habitación con su ropa de dormir prestada, pero se dio cuenta de ello justo antes de abrir la puerta. Rápidamente se volvió a poner la ropa con la que había llegado. Consideró despertar a una criada, pero decidió que hacerlo dejaría una mala primera impresión en el personal del castillo. Después del quinto intento, Abi se rindió y ató en cinturón con un nudo simple.
Ella vagó sin rumbo en mente, sus suaves pisadas hicieron eco en los pasillos. La disposición del castillo fue expuesta ante sus ojos dorados, cada rincón y gravando el mal humor en su mente somnolienta. Rápidamente cambió su atención hacia otro lado cuanto su vista se topó con habitaciones ocupadas, la mayoría de los habitantes parecían estar durmiendo.
Después de un rato, Abi se encontró con la patrulla que estaba en las murallas del castillo. Los guardias la dejaron pasar sin preguntar; el rumor de que cuatro personas habían llegado en la espalda de los dioses dragones y habían sido acogidos por el rey Hiryuu ya había circulado por el turno de noche. Abi se recostó contra la fría piedra, bostezando a la vez que la brisa tiraba de su pelo suelto y sus mangas largas.
Por encima de ella había un rio de polvo de estrellas brillantes en el cielo purpura infinito, mientras que la capital se extendía ante ella. La luz amarilla anaranjada de las lámparas brillaba en varios edificios. Las personas que tomaban las calles a estas horas de la noche no solían ser del tipo respetable. La mayoría andaban por los bares y burdeles, algunos merodeaban por los callejones. También había unos cuantos que pasaban por las puertas de la cuidad y buscaban refugio en las posadas vacantes.
"¿Abi?"
La noble se sobresaltó ante la inesperada voz, sus ojos estaban tan enfocados en la ciudad de abajo que no se había percatado de que Hiryuu estaba caminando hacia ella. Ella se giró hacia al Rey a la vez que trataba de suavizar el asombro de su cara.
"Pido disculpas por sobresaltarte." La dijo Hiryuu con la diversión bailando en sus labios.
"¿No deberíais estar descansando, mi Rey?" Le respondió Abi, su cara se enrojeció por la mortificación.
"Estaba preocupado de que tuvieras problemas para dormir, Abi." Continuó Hiryuu con su frente arrugándose por la preocupación. "¿Parece que estaba en lo cierto?"
Abi frunció el ceño y bajó la mirada hacia el camino de piedra, mirando accidentalmente a través de él hacia la sala de almacenamiento que estaba debajo. Ella suspiró pesadamente y cerró sus ojos de dragón. No es como si cerrar los ojos la ayudara en algo.
"… Aún es tan brillante, y sigo mirando a través de las paredes sin pretenderlo. Es vertiginoso."
Ella se estremeció ante lo patético que sonó eso. Sin embargo, la mano del rey se acercó y levantó suavemente su barbilla. Abi abrió los ojos, el oro se encontró con la amatista.
"Este comentario podría no ser muy tranquilizador ahora mismo, pero estoy seguro de que te acostumbrarás pronto. Hasta entonces, el médico real puede darte alguna medicina para el insomnio. Tal vez eso te ayude."
Abi asintió silenciosamente, la sangre de dragón volvió a correr por sus venas ante el tacto del Rey. Nerviosa, se apartó y devolvió su atención a la ciudad; la brisa de la noche enfrió sus mejillas calientes. Hiryuu se unió a ella, con los brazos cruzados sobre el muro de piedra a la vez que su atención también se centraba en las luces de la cuidad.
Después de unos prolongados minutos de silencio, el Rey volvió a hablar. "Lo que ves con tus nuevos ojos debe ser increíblemente diferente a lo que yo veo con estos ojos humanos."
Abi volvió a girar su cabeza hacia el Rey Hiryuu, la suave brisa provocó que un mechón carmesí se callera en su rostro. El recuerdo de con quién estaba hablando llenó su voz. "Vos renunciasteis a esta visión, cuando descendisteis y os volvisteis humano…"
"Renuncié a muchas cosas para convertirme en un humano." La respondió Hiryuu. Sus labios formaron una sonrisa afectuosa a la vez que volvía a mirar hacia la cuidad. "Pero las experiencias que he obtenido a cambio han merecido la pena."
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Abi se despertó con el sonido de piidos hambrientos, la luz del sol atravesaba la ventana y sus párpados. Con un gemido renuente, la noble se sentó y parpadeó abriendo los ojos. La alarma ante el entorno desconocido hizo que se alarmara brevemente; sin embargo, los eventos de la noche anterior regresaron pronto a su mente. Abi se deslizó fuera de la cama. Una rápida mirada la dijo que no había criadas cerca de la habitación. Abi se decidió por no buscar a una y se vistió lentamente, atando una vez más su faja con un nudo en vez de con un lazo.
Un brillo dorado por el rabillo del ojo captó su atención. Abi se giró hacia el espejo y por primera vez ella vio verdaderamente que sus ojos marrones se habían transformado en un iridiscente dorado, sus pupilas estaban alargadas como las de los gatos. Rayas rojas decoraban sus pálidas mejillas, las manos de Abi se alzaron para tocar ligeramente las marcas. Incluso su pelo era diferente: azul cielo en vez de castaño. La noble sabía que su apariencia había cambiado. Sin embargo, encarar esos cambios en un espejo era tan desconcertante como su nueva visión.
Otro insistente piido sacó a Abi se su ensimismamiento. Ella dejó que Bora saliera de su jaula, el pájaro azul saltó a su mano con un soplo de demanda indigente en sus mejillas. Ella palmeó suavemente con un solo dedo la cabeza emplumada para apaciguar al ave. El estomago de Abi también resonó, así que dejó la habitación para buscar el desayuno.
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Una vez que la humana y el pájaro hubieron comido un desayuno compuesto de una sopa fría de pepino y arroz, Abi caminó hacia el patio del castillo con Bora subido en su hombro. La noble tomó una respiración profunda, disfrutando del perfume de las flores de primavera que danzaba en el aire. El sol estaba cerca de la posición del mediodía en el cielo salpicado de nubes, las débiles estrellas seguían brillando en el cielo azul. El deslizamiento de los pies de Abi se detuvo a medio paso a la vez que ella alzaba la cabeza, asombrada. Estrellas, había estrellas en el cielo. Podía ver las estrellas a pesar de que era de día. Sus ojos dorados miraron el cielo brillante en estado de shock durante unos pocos minutos antes de que Abi recordara su propósito.
Una sirvienta la había dicho a Abi que el Rey Hiryuu y los demás estaban fuera en el campo de entrenamiento de los soldados. Abi no sabía dónde estaba eso, pero no se molestó en preguntar ya que sus ojos podrían encontrarlo fácilmente. Justo cuando estaba a punto de escanear los terrenos del castillo, Abi sintió un tirón. El tirón era la conciencia repentina de tres luces brillantes: blanco puro, verde jade y amarillo dorado. Excepto porque esas 'luces' no era algo que percibieran sus ojos de dragón. Simplemente las sentía y lo sabía.
"¿Los otros Guerreros Dragones…?" Abi ladeó la cabeza, sin estar segura de qué pensar sobre este nuevo sentido.
La noble comenzó a caminar en la dirección de esas luces. Ellas la llevaron a través de la terraza del palacio hacia la puerta occidental. Un edificio que sobresalía de la pared del castillo quedó a la vista. El cuartel de los soldados, se percató Abi cuando vio a una docena de hombres uniformados reunidos en la pista de prácticas. Los soldados estaban practicando con las espadas y la arquería, pero observaban con gran atención como Hakuryuu y Ryokuryuu probaban sus nuevas extremidades. El Rey y Ouryuu también estaban allí; el chico rubio giró la cabeza hacia ella como si sintiera que Abi se aproximaba.
El Rey Hiryuu notó el cambio de actitud del joven y miró también hacia ella. Su voz fue cálida y brillante cuando la saludó. "Buenos días, Abi."
"Buenos días." Le respondió ella a la vez que ahogaba un bostezo y se unía a ellos.
Hakuryuu había cambiado su ropa de la noche anterior, ahora llevaba un abrigo de piel en vez de la simple camisa del uniforme. Envuelto en la piel, el gran hombre parecía aún más un oso. Él encaró las losas de piedra, su perlada garra plateada era mucho más grande que antes. Forzando sus músculos, Hakuryuu golpeó con fuerza con su brazo. Sus afiladas uñas rasgaron la roca con facilidad, los escombros cayeron al suelo con un golpe fuerte. Los soldados aplaudieron y gritaron ante el espectáculo.
"No está mal." Comentó Ryokuryuu.
"¿Por qué no lo intentas, hermano?" Le dijo Hakuryuu a la vez que se movía a un lado. Su mano normal agarró su garra de dragón que estaba volviendo a tu tamaño normal mientras jadeaba, goteando sudor por la barbilla.
"No soy tu hermano." Le replicó Ryokuryuu oscuramente. Él movió su pierna, con botas nuevas en su escamado pie jade, sobre el resto de la losa. La piedra se derrumbó por debajo de su patada, pequeños fragmentos se dispersaron por el aire. Él asintió con satisfacción, sus ojos orquídeas barrieron a los soldados impresionados y alzó la mirada hacia el alto muro de piedra.
Una dentuda sonrisa socarrona cruzó su cara mientras hablaba. "Pero el poder real de mi pierna es éste."
Ryokuryuu saltó alto hacia el aire de repente, mucho más alto de lo que cualquier persona normal jamás hubiera soñado. Con su coleta verde y su capa ondeando, parecía que estaba volando. Realizó un torpe aterrizaje sobre los muros del castillo, tomándose un momento para recuperar el equilibro antes de volver a saltar. El salió disparado por encima de los soldados, que estaban invadidos por el silencio, antes de aterrizar en frente del Rey Hiryuu. La emoción, una especie de entusiasmo casi infantil, se mostraba claramente en su rostro.
"Parece que te estás divirtiendo, Shuten." El Rey sonrió.
Hakuryuu dejó escapar un silbido a la vez que caminaba antes de inclinarse cortésmente ante el Rey. Al lado de Abi, Ouryuu estaba boqueando como un pez. En realidad no le culpaba por su reacción. Tanto la fuerza mortal de Hakuryuu como el casi vuelo de Ryokuryuu eran increíbles e inhumanos.
Aún así, Abi no pudo evitar comentar secamente. "Ciertamente estáis haciendo alarde de vuestras habilidades."
"¿Y qué pueden hacer esos ojos aparte de parecer bonitos, Seiryuu?" Ryokuryuu la fulmitó con la mirada a la vez que se enderezaba.
Abi le respondió en un tono casi tan distante como su visión. "Hay un guardia dormido en su puesto en la puerta del este… Un músico callejero tocando la flauta se ha ganado una gran audiencia en el mercado de la ciudad… Y hay una caravana de mercaderes en el camino, puede que a una hora de distancia de la ciudad."
Sus ojos dorados parpadearon a la vez que los volvía a reajustar para enfocarse en los tres rostros aturdidos. Ouryuu parecía tan sorprendido con su poder como lo había estado de las otras dos increíbles demostraciones, mientras que Ryokuryuu se la quedó mirandola con los ojos muy abiertos un momento antes de que sus fosas nasales se contrajeran en un bufido. El Rey Hiryuu se limitó a sonreír cariñosamente mientras observaba sus interacciones.
"Con una vista como esa." Comenzó Hakuryuu. "Podrías ser fácilmente una exploradora."
Ryokuryuu se giró hacia el último de ellos, apuntando al pecho de Ouryuu. Su voz fue ruda mientras le preguntaba al joven. "¿Qué hay de ti, mocoso? ¿Qué puedes hacer?"
Ouryuu se movió nerviosamente sobre sus pies pero se encontró con la mirada del hombre con una expresión tranquila. "El dios dragón Ouryuu dijo que mi cuerpo es 'robusto' pero no estoy seguro de lo que eso significa."
"Qué inútil." Murmuró Ryokuryuu.
Con su mano normal, Hakuryuu le dio al rubio una palmada de ánimo en el hombro. "Tu poder podría no ser tan obvio como el nuestro. Lo descubrirás, Ouryuu."
"No te preocupes por eso, Zeno. Por ahora, con el simple hecho de que estés aquí es suficiente." El Rey le sonrió, una suave brisa atrapó unos pocos rizos carmesís. El rosa tiñó una vez más las mejillas de Zeno a la vez que miraba casi tímidamente a sus pies.
Abi levantó la mano, Bora salto desde su brazo hasta los dedos que le había ofrecido con un suave piido, a la vez que ella se daba cuenta de un alboroto cerca de la puerta. Pronto un mensajero corrió entre la multitud de soldados con el pánico ensombreciendo su expresión. Se detuvo ante el Rey y sus Guerreros Dragones.
"¡Rey Hiryuu, los nobles que trataron de ejecutaros han reunido sus ejércitos y han declarado la guerra!"
