II
-¡Mamí! – una niña de unos cuatro años, vestida con un traje idéntico al de Inuyasha, se lanzó hacia Kagome sin apenas dar tiempo a Inuyasha a apartarse - ¿Cómo estás? ¿te ha dejado dormir mi hermanito? ¿me has echado de menos?
-Mûn, tu madre está algo cansada – el hanyou sacó rápidamente a su hija de los brazos de su mujer, temiendo la reacción de esta
-Pero yo quiero estar con mamá – infló los mofletes y giró su cabeza indignada igual que su padre. Kagome sonrió, esa niña era clavada a ella de pequeña, pero con el pelo plateado y los ojos azules. No había duda de que era hija suya y de Inuyasha, siendo esta afirmación la que le provocara un calor en el pecho - ¿ya no me quieres mami? – Kagome se fijó en los ojos lloros de la niña y sonrió, sí era clavada a ella.
-Lo siento – los abrazó a los dos, sintiéndose en casa por primera vez en ese día – pero estoy bastante cansada cariño ¿te parece si hablamos mañana? – por instinto, le dio un beso en la frente a lo que ella respondió con una sonrisa. Se soltó de los brazos de su padre y salió directa hacia la cabaña. Igualmente Inuyasha no soltó a su mujer, sino que la alzó al estilo nupcial y la llevó a la cabaña.
Una vez allí, después de dormir a su hija por primera vez, Kagome se tumbó en el futón esperando ansiosa y nerviosa que Inuyasha hiciera lo mismo, pero el hanyou no se acercaba.
-Inuyasha ¿Qué haces? – le preguntó al comprobar que el hanyou se disponía a dormir sentado, con la espalda en la pared y abrazando a Tessaiga
-Hasta que nos sepamos que te ocurre, no quiero presionarte. Sí esto es lo que recuerdas, dormiré así esta y las noches que hagan falta – Kagome lo miró enternecida – duérmete – ordenó cerrando los ojos.
Kagome se arrastró lentamente quedando muy cerca de él esperando a que se relajara. Sabía que Inuyasha no dormiría a gusto en esa posición además que quería aprovecharse de la situación. Sintió que él se relajaba y en un movimiento rápido, cogió su mano y tiró de él para que caer al otro lado del futón
Inuaysha abrió los ojos de sorpresa al ver como Kagome lo miraba con cierto brillo especial en sus ojos, como si ella hubiera vuelto. Pero el rubor en las mejillas y los movimientos nerviosos denotaban que aquello aún no había acabado.
-Se me hace raro estar así – dijo la mujer con ojos enternecidos – siempre pensé que estarías enamorado de Kikyou, toda la vida – ella bajó los ojos
-Kagome – él le acarició la mejilla, sorprendido
-Supongo que ya hemos hablado de esto, pero tengo que decírtelo – Inuyasha iba a hablar pero la mujer silenció los labios masculinos con el dedo índice – es increíble pensar que, al final, acabamos juntos. Teníamos tantas cosas en contra… - el hanyou solo podía disfrutar del roce de sus dedos en sus labios y el calor corporal que desprendía el cuerpo de su mujer – somos de épocas diferentes y casi podría decir culturas diferentes.
-Yo soy un hanyou, nunca habría imaginado que tendría una familia – agregó Inuyasha acariciándole el cabello. Sentía que le volvía a hablar la joven de quince años.
-Lo habrías tenido si Kikyou hubiera vivido – Kagome bajó la mirada – porque si ella hubiera vivido, la habrías elegido a ella ¿verdad? – levantó la mirada deprimida
-Lo dudo – Inuyasha en ocho años no había hablado nunca con Kagome de esto, pero sabía que era el momento – hace años que me rendí – ella lo miró extrañada
-¿Te rendiste? – él se puso de lado y apoyó su cabeza en su mano, incorporándose levemente
-En un principio intenté recordar que solo eras una niña – ella arrugó la nariz graciosamente – y que inevitablemente te parecías a Kikyou. Luego, al ver como actuabas con Shippô, con Kirara y con centenares de demonios y semidemonios, se me hacía más difícil odiarte, por lo que intentaba recordarme que solo servías para poder detectar los fragmentos de la esfera – vio como ella suspiró y bajaba la mirada – me aferré al recuerdo de Kikyou no solo porque le debiera algo, sino porque me era mucho más sencillo no amar a otra persona que pudiera perder – ella abrió los ojos sorprendida y lo miró – pero, las veces que te perdí a manos de Kouga o de Ho… Ho…
-Hoyô – sonrió ella.
-Eso – sonrió él al ver su sonrisa – el peligro que corrías cada día por los demás, hizo que al final no pudiera resistirme. Por lo que me rendí.
-Hiciste todo lo que pudiste – agregó ella – además lo escondiste muy bien – suspiró
-Sí ¿verdad? – sonrió él
-Pero, no puedo evitar pensar que si Kikyou hubiera vivido, si consiguiera que viviera – se corrigió – habrías preferido quedarte con ella. No te habrías rendido.
-No lo creo – Kagome sonrió tristemente – no sé si recuerdas el día que murió Kagura – ella lo miró sorprendida
-Para mí, murió hace dos días – él abrió los ojos – sí, recuerdo la brisa que dejó cuando se fue. Me sentí decepcionada de mi misma por no poder hacer nada por ella
-¿No te fijaste en la mirada de Sesshomaru?
-¿Tú sí? – preguntó ella sorprendida - ¿desde cuándo tú te fijas en esas cosas? Y más con el odio profundo que os procesáis… porque sigue igual ¿no?
-Ya lo verás mañana – respondió – pero no quería hablarte de eso. Kagome, cuando Kagura murió, Sesshomaru seguía con su pose fría e impecable, pero su mirada no. Sesshomaru cambió después de la muerte de la bruja de los vientos y supongo que eso me hizo replantearme las cosas. Había soportado la muerte de Kikyou, pero no sabía si podría soportar tu propia muerte y supongo que en ese momento, me rendí. Poco después Kikyou murió y luego sucedió aquello en tu habitación y…- los colores le subieron al hanyou que por primera vez miró a los ojos a su mujer quien lo miraba irónica
-Perdona...- dijo antes de empezar a reírse. La carcajada limpia descolocó al hanyou que, creyendo que se estaba riendo de él se sentó en el futón dándole la espalda y cruzando los brazos – yo… lo siento – respiraba entrecortadamente sin poder parar
-Keh – agregó mucho más indignado que antes
-Lo siento – inspiró una vez más intentando controlar las ganas de reír – estoy feliz, puedes hablar de tus sentimientos y me siento orgullosa por haber contribuido un poco en ese cambio – se sentó con cuidado y le tocó el hombro – por favor, perdóname – Inuyasha giró un poco la vista para mirarla por encima del hombro – supongo que aún se me hace difícil creer que aun estando viva Kikyou me elegiste a mí.
-¿No lo notaste nunca? – preguntó él mucho más calmado y dándose la vuelta
-Ya te he dicho que lo escondías muy bien – agregó ella indignándose también
-Cada vez que alguien se acercaba a ti, cada vez que te ibas a tu casa, las veces que los demonios te atacaban, algo dentro de mí, se quebraba. ¿Por qué crees que aguantaba las purificaciones baratas de tu abuelo? Siempre te iba a buscar porque necesitaba saber que estarías y que volverías – poco a poco se acercó y la besó. Sintió como Kagome en un primer momento se paralizaba pero poco a poco, cedía al impulso y se relajaba. Con un gran esfuerzo, Inuyasha dejó el beso ahí, no quería asustarla mostrándole lo excitado que estaba – siempre te miraba diferente, todos se dieron cuenta, menos tú.
-Si te insultan todos los días acabas por creértelo – agregó sonriente. De pronto se puso la mano en el vientre y sonrió – explícame más de nuestra vida. ¿Cómo es Mûn?
-Bueno, Miroku y yo salimos a la caza de demonios y Sango y tú os quedáis en la aldea protegiéndola y viendo crecer a los niños. Rin, por decisión de Sesshomaru y Kaede, se quedó en la aldea para aprender la vida de los humanos. Le gustó y por eso sigue aquí y os ayuda a ti y a Kaede con las hierbas. Shippô está intentando ser aceptado en la escuela de zorros – Kagorme sonrió, recordando a los zorros que se habían encontrado en el camino y con los que Shippô se había aliado por unas horas – y Kohaku está matando demonios
-Espera… ¿Kohaku? – Inuyasha la miró - ¿conseguimos que Kohaku esté…?
-Kikyou ayudó a Kohaku, sí. Ahora es un chico normal que está cortejando a una chica
-¿A Rin? – preguntó soñadora la mujer, sorprendiendo a su marido - ¿qué? se notaba que había algo entre ellos incluso de niños
-Algunos no lo veían tan claro – agregó pensando en Sesshomaru y las pruebas que le hizo pasar al pobre Kohaku.
-¿Y Miroku? Ya no tiene el vórtice ¿no? – ante el asentamiento de su marido, Kagome respiró tranquila. Saber que finalmente su amigo no moría por culpa del agujero negro era un alivio, puesto que ella había visto como el agujero se resquebrajaba y empezaba a abrirse.
-Miroku y Sango tienen cuatro hijos: dos gemelas, un niño y una niña – ella abrió los ojos – y creo que el monje está empezando a pensar en buscar otro
-Se ha tomado enserio eso de tener cien hijos ¿verdad? – Inuyasha sonrió internamente, él le había preguntado lo mismo a Miroku cuando el monje le había comentado sus planes – ¿y Mûn?
-Ella es muy alegre – aseguró el hanyou mirando al horizonte – me recuerda mucho a ti, es igual de habladora y de nerviosa.
-¿Y las noches de luna nueva? ¿le ocurre lo mismo que a ti? – preguntó curiosa mientras distraídamente tocaba el cabello plateado
-No exactamente – pensó en el aspecto de su hija – su aspecto vuelve a ser más como el de un demonio, además su ki crece. Según Sesshomaru, su poder demoníaco se une con el poder de sacerdotisa y eso potencia su ki. Es mucho más poderosa de lo que yo he sido jamás, por suerte
-Sabrá defenderse sin nosotros – aseguró ella leyendo en sus ojos. Él asintió suspirando.
-¿Qué es lo último que recuerdas? – Inuyasha decidió preguntar en qué punto del pasado se quedó la mente de su mujer, para ver cómo podía solucionarlo
-Recuerdo que Kagura ha muerto a manos de Naraku y poco después, Shippô encontró a aquellos demonios zorro que te hicieron el día imposible. Hoy por la mañana nos despertamos y fuimos atacados por una horda de demonios enviados por Naraku. Uno de ellos me atacó y me lanzó hacia un árbol. Es lo único que recuerdo.
-Recuerdo que estuviste tres días durmiendo para recuperarte, tenías una herida profunda en el brazo derecho – Kagome se miró la extremidad viendo una cicatriz grande que le recorría todo el hombro. Sin darse cuenta, bajó su traje hasta el nacimiento de sus pechos para mirarse mejor la marca, provocando un sudor frío por parte del semidemonio – no hagas eso – consiguió decir sin tartamudear
-¿Qué? – levantó la vista para observar la rojez en la cara de Inuyasha y los ojos lujuriosos que se debatían entre mirar hacia su pecho o no. Curiosa, dirigió la mirada hacia el punto clave sonrojándose severamente por la situación en la que se encontraba. Rápidamente se tapó y se tumbó dándole la espalda al hanyou quien a diferencia de estar tranquilo, tenía un plano perfecto del trasero de su mujer – lo siento, no pretendía…
-¡Keh! Ni que fuera la primera vez que te veo así – sus palabras enrojecieron más a la muchacha que había cerrado los ojos muerta de vergüenza – ¿en serio crees que apagamos la luz? Keh, tú nunca te quejas de…
-¡Ya vale! – alzó la voz exasperada y dándose la vuelta – yo, no… nunca… - suspiró derrotada – es difícil saber que tú y yo ya… bueno… - el hanyou sonrió traviesamente sacando un colmillo por la comisura de sus labios - te estás divirtiendo ¿verdad?
-Ya no recordaba como eras con quince años. Es refrescante – dijo simplemente
-Refrescante – repitió ella irónica – seguro – cerró los ojos y se dispuso a dormir. Sintió como Inuyasha la abrazó de la cintura y a atrajo hacia él, respirando aliviado. – por cierto ¿qué pasó en mi habitación? – la mujer abrió un ojo para observar cómo ahora, su marido enrojecía
-¡Keh! Duérmete – dijo simplemente, acercando más el cuerpo de la mujer al suyo.
(/…/) (/…/)(/…/)
A la mañana siguiente, la joven chica del futuro abría los ojos lentamente al sentir la luz que entraba por la ventana. Focalizó la vista topándose con los ojos dorados que tanto conocía mirándola con ¿amor? Sorprendida abrió los ojos de golpe levantando la cabeza. Inuyasha, pensando que era una invitación a sus labios, se acercó a ella entrecerrando los ojos, deseando poder apreciar el sabor de su mujer.
- ¡Osuwari! – pero el hanyou, lo único que besó fue el duro y frío suelo, después de la orden dada por su mujer - ¿qué haces? – el hanyou maldijo mientras se levantaba del suelo – no puede ser… ¡no es un sueño!
-Oe mujer, podrías tener una forma menos drástica de darte cuenta – decía mientras se pasaba la mano por la espalda dolorida.
-Lo siento – suspiró derrotada. Creía que era un sueño, un irreal y hermoso sueño donde ella al fin estaba con Inuyasha, y tenía su propia familia. Tenía que hablar con Kaede, era la única persona que le podría ayudar en esta situación
-Sigues comportándote como cuando tenías quince años – suspiró también Inuyasha – hoy va a ser un día largo – agregó para levantarse y desperezarse
-Iré a ver a Kaede, ella es la única que pude decirme que está pasando – ella también se levantó del futon dispuesta a vestirse con su traje de sacerdotisa. Inuyasha iba a salir de la estancia para darle un poco de privacidad, cuando escuchó una maldición por parte de su mujer. Al girarse, vio como Kagome, quien le daba la espalda, estaba ataviada solo con la parte de arriba del traje peleándose por que el dobladillo quedara liso.
-Mierda – se quejó suspirando – tenía que haber practicado más con el abuelo – se recriminó de forma lastimera. Pronto sintió unas manos por detrás que la gritaron y que empezaron a moverse diestramente - ¿Qué haces?
-Te ayudo a vestirte – ante la mirada atónita de ella, el hanyou le puso la parte de abajo y le ató el cinturón a la perfección – lista
-¿Sabes cuánto has cambiado? – preguntó algo atontada y con cierta devoción al hanyou
-Todo el mundo dice lo mismo – gruñó el semidoemonio de forma juguetona. Con algo de miedo, pero deseoso de tenerla junto a él, la abrazó rezando porque no lo volviera a mandar al suelo. Al sentir la respuesta afirmativa de su esposa, suspiró aliviado, contentándose con ese poco afecto que su adolescente mujer le dejaba – iré a despertar a Mûn
-Yo iré a ver a Kaede, quiero que esto se solucione lo más rápido posible – agregó decidida. Luego miró al hanyou quien había salido de la habitación sin decir nada. Extrañada salió detrás de él y lo siguió hacia otra habitación que aguardaba un futon algo más pequeño.
-¿Dónde está mamá? ¿está bien? ¿Kazu-chan le hace daño en la barriga? – Kagome escuchaba las voces angustiadas de su hija. Se puso la mano en su vientre abultado y sonrió, debía de rondar por los cuatro meses.
-Tu madre está algo rara estos días – suspiró el hanyou – hay que intentar no enfadarla ¿estamos? – la risa fue lo siguiente que escuchó por parte de su hija. Se odiaba a si misma por no poder ser la madre ni la mujer que esos dos necesitaban. Quería a Inuyasha con toda su alma y sentía un amor por Mün extraño y hermoso a la vez, pues aun no hacía ni 24 horas que la conocía y ya estaba enamorada de esa pequeña. Suspiró, intentaría comportarse de forma convincente, y empezaría por ir a ver a su hija.
-¿Me llamabas? – al entrar por el umbral de la pequeña habitación, vio que los ojos azules de la pequeña se abrían sorprendidos y como se despegaba de los brazos del hanyou para ir hacia ella. La abrazó con fuerza y ella se lo devolvió, sintiendo todo el calor y el afecto que ella le manifestaba – buenos días cariño
-¡Buenos días ma! – Kagome sonrió, pues esa era la forma en como ella llamaba a su madre con la edad de Mün – Hay que prepararse, hoy vienen Kyo-chan y Yu-chan –chilló la niña al separarse de su madre
-¿Ah sí? -preguntó mirando aterrada al hanyou. Este sonrió de medio lado y se encogió hombros –primero debes lavarte la cara y desayunar, no querrás que te vean así ¿no?– agregó diciendo lo primero que se pasaba por la cabeza. La niña asintió y salió de la habitación como un rayo
-Piensas rápido, sacerdotisa – como respuesta, el hanyou recibió una mueca de su mujer – la has tranquilizado
-Es una niña especial – aseguró sonriendo – por cierto ¿Quiénes son Kyo-chan y Yu-chan?
-Ah, bueno… tus sobrinos – contesto el hanyou poniéndose las manos en la cabeza y empezando a andar hacia la puerta
-¿Sobrinos? ¿Qué? – preguntó la mujer al ver el semblante relajado del hanyou – yo no tengo sobrinos, bueno, es decir, Sôta debe de tener dieciocho años y pero no puedo ir a través del pozo y…
-No son de tu hermano – ella dejó de balbucear para mirar a Inuyasha – son del mío – y con la misma postura salió de la habitación dejando a Kagome plantada
-Espera… ¿Sesshomaru tiene hijos? – ante lo irreal de esa frase Kagome paró en seco horrorizada - ¿tienes más hermanos? –pero la nula respuesta de su esposo, solo generó más dudas a la sacerdotisa por lo que optó por seguirlo todo lo rápido que pudo para saber exactamente qué estaba ocurriendo.
Fue poco el tiempo que tuvieron para charlar, puesto que momentos más tarde cinco niños entraron como unos torbellinos a la cabaña de la pareja preguntando por Mûn. Las dos gemelas, quienes parecían las más mayores, sonreían y saludaban abiertamente, una llevaba de la mano a un niño pequeño de ojos azules y la otra cargaba a un bebé de no más de ocho meses. Las acompañaban dos niños, el mayor de ojos rojizos y cabellos plateados y la pequeña de cabellos azabache y ojos dorados.
-Hola tía Kagome - una de las gemelas fue la primera que habló, obligando a sus hermanos a que hicieran la reverencia - ¿está lista Mûn?
-¡Ya estoy lista! – chilló la voz de su hija por encima de las demás. Como la noche anterior, la pequeña llevaba un traje igual al de su padre y el pelo suelto -¿traes la pelota?
-Papá nos ha dicho que no habían rojas, así que nos ha traído una azul – la niña de ojos dorados le enseñó el casi preciado tesoro, Mûn suspiró de felicidad, haciendo sonreír a los adultos - ¿podemos ir a jugar cerca del río?
-Jugad mejor cerca del árbol milenario – contradijo Inuyasha – y llevaros a un adulto – agregó serio. Los niños se miraron y sonrieron saliendo de la cabaña con rapidez – ¡y con adulto me refiero a alguien que mida más de metro veinte!
-Pobre Jaken – dijo Kagome ante la sorprendida mirada de su marido – ¿Qué? Es fácil de identificar.
-Ya – Inuyasha suspiró. Parecía que su mujer había aceptado bien la entrada de los niños dentro de la cabaña, pero aun había ciertos aspectos de los que no habían hablado, como la mujer de su hermano. Antes de poder decidir nada, la figura de su hermano y su cuñada llegaban con paso tranquilo por la lejanía.
-¿Inuyasha? – el hanyou miró a su mujer, la cual se encontraba pálida mirando hacia la misma dirección.
-Kagome, puedo explicarte…- la pareja que se acercaba al hanyou y a la sacerdotisa con paso tranquilos y ajenos a sus palabras, se detuvieron de golpe al ver la reacción de la sacerdotisa.
-¿Tú eres la mujer de Sesshomaru? – señaló a la mujer quien sorprendida miraba a la sacerdotisa y luego al hanyou - ¿en serio?
Bien hasta aquí lo dejo.
Ya sé que lo de los viajes en el tiempo es algo concurrido en las historias y algo también difícil de tratar, espero que al menos se entienda algo, de alguna manera.
Antes de nada quiero disculparme por dos cosas:
1-He tardado más que un desfile de cojos con reuma xD. He tenido algunos asuntillos que reslover y aunque tenía la idea clara, no he podido ponerme a escribir.
2-La he liado muy parda con las fechas. En el capítulo anterior aseguro que Kagome tiene 20 años pero que han pasado 8 años desde que ella conoció a Inuyasha. Pues bien, haciendo los cálculos, Kagome en este momento debería tener 23 años, no 20 (15, que es la edad en la que pasa la batalla con Naraku + 8 que son los años que han pasado = 23) pero yo con mi despiste, en vez de poner 23 puse 20. Quiero agradecer a Kris' Neckerchief porque ha sido ella quien se ha dado cuenta y me ha avisado del error. Muchas gracias : )
Ahora sí, agradecimientos:
Kris' Neckerchief : Muchísimas gracias por tu comentario. Espero que haya cuajado de alguna forma la idea que tenía en mente y que no sea algo soporífero. Muchas gracias por pasarte y espero que sigamos viéndonos por aquí.
Agradecer también a lindaminina37, Kris' Neckerchief, Chin Sofialare14 por vuestros "me gusta" y por seguir la historia. Espero que esta continuación sea de vuestro agrado y nos sigamos viendo por aquí.
Y por último, pero no por ello menos importante, dar las gracias a todos aquellos lectores anónimos que aunque no dejen su huella siguen dando vida a todas mis obras, porque gracias a todos los lectores, mis "niños" sobreviven.
¡Nos vemos en los bares!
