Mientras tanto en el otro extremo de la ciudad, en el apartamento de Stella, las cosas no eran muy distintas.
Stella se encontraba pensado lo abrumador que era ver a su compañero de nuevo viviendo con el mismo peso que el primer día lo sucedido cuando el ataque a WTC. Después de tanta ausencia después de tantos años no era necesario, volverlo a verlo así. Mac no merece volver ese pasado. Pensó en lo bien que se conocen y lo imposible que resultaba ocultarse las cosas.
Entonces escribió:
Usamos el lenguaje no tan común para leernos, el lenguaje del alma, donde no son necesario las palabras porque es tan
cotidiano para nosotros mirarnos y saber que necesita el otro, tan común el reunirnos en un abrazo de manera interminable
porque tus brazos son seguro, protegen y tranquilizan, son un magnífico refugio del que no quisiera volver..
Son los confidentes de mis profundos deseos y miedos, los únicos a los que les permito verme vulnerable y dejarme envolver
para cuidarme... Son la receta perfecta para hacerme olvidar..
Lo único que necesito en está vida cuando el mundo tambalea, el fundirme en el calor tus brazos e impregnarme de ti, sentir
tu piel ardiente y cada latido de tu corazón sin dudar en ningún momento que me perteneces por completo en ese abrazo
donde tu y yo dejamos de ser dos para convertirnos en uno sólo cuerpo.
Cuando termino alguna frases de lo escrito le retumbaban en la cabeza con tanta fuerza: tus brazos son seguro, protegen y tranquilizan, son un magnífico refugio del que no quisiera volver...Lo único que necesito en está vida cuando el mundo tambalea, el fundirme en el calor tus brazos e impregnarme de ti…
¿Por qué lo había escrito?
Mac es mí amigo, mí camarada y el abrazarme con él es un gesto tan cotidiano y normal. Pero que le estaba pasando si todo aquello, es lo que sentía al estar con él.
Jamás había puesta en duda su amistad, pero hoy, ya no estaba segura. Algo entre nosotros dos sería más que complicado, pero se mentiría a sí misma, si decía que nunca lo había pensado. Cuantas veces había deseado por un momento rozar sus labios. Sin dejar de lado algún que otro escalofrío sentido en esos roces de piel con piel al entregar algún archivo.
Será que sí, estaba enamorada, y si fuera así, tendría el valor de probar y averiguar que le pasaba a la otra parte, no podía negar que le generaba algo de miedo, pues no quería perder su tan estrecha sociedad.
Stella decidió que lo mejor era tomar una ducha, dejar el agua correr sobre su cuerpo, su pelo, su cara con el fin de no pensar, algo que le estaba resultando tan imposible.
