Holaa! Antes que nada, mil gracias por los reviews, las alertas y todo. Aun no entiendo muy ien todo esto... soy una gran novata en este foro... si no es por mi amiga ahora mismo creo que ni podria estar subiendoos este capitulo. Me han encantado vuestros reviews, porque la verdad es que esta historia me esta gustando muchisimo escribirla, me he enamorado locamente de esta pareja y me hace ilusion, aunque la verdad, el capitulo nunca me parece lo suficiente bueno, nunca me queda como espero, aunque me alegro muchisimo que os guste de verdad. Mil gracias, me habeis animado para que lo siga.

En principio mi idea es de subir un capitulo nuevo a la semana como minimo. Aunque este lo subi un poco más tarde por tema de examenes y aviso que el proximo finde lo tengo bastante crudo porque mañana salgo de viaje de fin de curso y regreso el sabado, pero igualmente intentare subir una continuacicón lo antes posible.

Espero que este capitulo os guste y creo que no fui muy mala, Un besazo y mil gracias por leerme :)

Rechazo malinterpretado

Ya ha pasado un mes desde que Peeta regresó y yo decidí intentar salir adelante. Mis heridas aun siguen abiertas, muy abiertas. Pero gracias a las visitas diarias de Peeta y las llamadas de mi madre poco a poco siento que están empezando a cicatrizar lentamente.

Hoy mismo me he levantado más animada y estoy sentada en el jardín trasero de la casa. Esta última semana he empezado a salir al jardín para ir acostumbrándome poco a poco a volver a salir al exterior. Aquí nadie me ve así que además me ahorro los típicos comentarios de "El Sinsajo ha vuelto a extender sus alas". Desde mi jardín solo me pueden ver Haymitch o Peeta, mis dos vecinos y los que podría decir que son mi familia en estos momentos.

Haymitch sigue desaparecido, no sé que ha sido de él. No lo he visto desde el momento que me dejó en la puerta de mi casa al llegar del Capitolio. Peeta me ha contado que el otro día fue hasta su casa para verlo y que sigue como siempre. Borracho por la noche, durmiendo por el día. Solo se le ha visto salir de casa para ir a comprar más licor. Ahora ya no le hace falta ir hasta el Quemador para conseguirlo, han construido una pequeña licorería en la zona comercial. Es una tienda muy pequeña y bastante apartada. Aunque ya no sea ilegal beber, aun está mal visto.

Miro al cielo, dejando que los rayos de sol den de pleno en mi pálida piel. Cierro los ojos para disfrutar al máximo este contacto con la naturaleza. La primavera se empieza a acercar y con eso mi humor mejora. La primavera es el resurgimiento, es cuando los bosques vuelven a la vida, vuelven a nacer. Y siento que eso es exactamente lo que me está pasando a mí. Estoy intentando nacer de nuevo, florecer. Volver a ser la de antes. Sé que jamás lo lograré, pero al menos estoy intentando ser alguien que se le parezca. Esa Katniss estaba viva, era una superviviente, eso es lo que necesito que vuelva a mí, la supervivencia, la supervivencia que me hace falta para salir adelante. Cuando Prim se fue, mis ganas, mis fuerzas para sobrevivir y seguir adelante se fueron con ella, pero ahora me he dado cuenta que tengo que vivir por ella, se lo debo. Así que se acabó el encerrarme en casa, ya sé dónde puedo hallar a la vieja Katniss, solo hay un lugar en el que la puedo encontrar, en el bosque, cazando. Esta tarde iré a cazar, ya lo tengo decidido.

De repente siento una suave caricia que recorre el lado de mi cara pasando por mi cuello. Siento un escalofrío al sentir su contacto y mi piel se eriza cuando el pronuncia esas palabras.

-Te ves realmente hermosa a la luz del sol-dice suavemente en mi oído. Una gran sonrisa se dibuja en mis labios, ésa que solo él es capaz de sacarme. Abro lentamente y me quedo mirando fijamente esos ojos de mar, un mar cristalino y calmado-. Hace un día fabuloso hoy, ¿verdad?

-Perfecto-digo asintiendo-. Es un gran desperdicio desaprovecharlo quedándose en casa.

-¿Qué estás tramando ya?-me pregunta Peeta. A veces hasta da miedo lo mucho que me conoce, es capaz de averiguar que hay algo oculto en mis palabras cuando ni yo misma lo podría hacer.

-Estoy pensando en salir fuera, al bosque.

Peeta me mira sorprendido por mi respuesta. Una gran sonrisa se dibuja en sus labios al ver mi mejora. Él lleva muchos días junto a Sae intentando hacerme salir aunque fuera a dar una vuelta por la ciudad, pero siempre me he negado a ello, incluso empecé a salir al jardín para hacerlos callar.

-¡Katniss, no sabes cuánto me alegra oírte decir eso!-dice abrazándome muy fuerte, tanto que me alza de la silla y me suspende en el aire. Empieza a dar lentas vueltas sobre si mismo y yo no puedo evitar sonreír hasta el punto de empezar a reír ante su gran alegría, que es tan grande que me contagia. Realmente mi alegría las últimas semanas se debe a la suya, si no fuera por esa sonrisa que me dedica a diario yo no sería capaz de sonreír ni una sola vez.

Después de dos o tres vueltas empieza a dejarme lentamente en el suelo y al hacerlo nuestras caras quedan a muy poca distancia. Mis ojos van instintivamente a sus labios provocando que sin darme cuenta muerda y humedezca los míos. Siento un deseo tan grande de probarlos, algo raro en mi, nunca creí tener este tipo de pensamientos, pero hace mucho que no pruebo los labios de Peeta y los necesito. Algo inconcebible para la antigua Katniss, pero muy real para la nueva.

Rápidamente subo mi mirada hasta sus ojos, esos ojos que tanto me calman, antes de que pueda darse cuenta de mi descarada inspección de sus labios y no puedo sentirme alegre y sorprendida al comprobar que él también está mirando mis labios. Al darse cuenta que le observo clava sus ojos en los míos.

Nos quedamos ahí por un largo rato, no sabría decir cuanto. Nuestras respiraciones son agitadas, nerviosas. El ruido de los latidos de mi corazón retumba en mis oídos y creo que a él le pasa lo mismo. Pero a pesar del miedo a sufrir un ataque por tenerlo así de cerca, ignoro el calor que se está instalando en mi cuerpo y sigo pegada a él. Profundizando cada vez más entre las aguas de sus ojos, dejando que nuestras miradas digan lo que nuestras bocas no se atreven a pronunciar y expresen todo lo que nuestros cuerpos son incapaces de expresar. Solo hacemos saber al otro lo que sentimos sin que nadie más pueda saberlo, tenemos un pequeño momento íntimo. Y lo que siento es algo muy extraño, algo que no sé exactamente que es. Muchos sentimientos opuestos chocan y batallan en mi interior para salir a flote y expresarse todos a la vez.

Todo esto me desorienta, no sé donde estoy. No entiendo lo que me pasa. Es como si nada de lo que me rodea existiera, solo Peeta y yo. No hay nada más en el mundo, solo nosotros dos. Nosotros dos. Esa idea me gusta. Desde que mi padre murió hasta ahora siempre había pensado que estaba sola, pero hoy me he dado cuenta de que no es asi. No estoy sola y nunca lo estuve. Siempre lo he tenido a él. Puede que no a mi lado, pero él siempre me ha estado protegiendo desde las sombras, me ha cuidado. Se ha encargado de mantenerme con vida hasta en los momentos en los que yo ya me había rendido y resignado a morir.

De repente noto su cara más cerca de la mía. Poco a poco me he ido inclinando hacia él. No sé porque lo he hecho. No entiendo como puede ser que me esté acercando a besar sus labios. Todas las veces que lo hice anteriormente fue por las cámaras, para fingir, pero ahora ya no hay cámaras, ya no tenemos que fingir, ahora la que lo está haciendo soy yo, porque quiero. Porque lo deseo. Por primera vez en mi vida siento deseo por alguien. Es una sensación que me gusta, me da calor y un nosequé en la barriga.

Peeta al ver que me acerco a él pasa su mano por mi nuca y me agarra. Hace fuerza empujándome mas cerca de él y yo ya no aguanto más la espera. Quiero besarlo ya. Pero justo cuando parece que al fin nuestros labios se van a encontrar, no sé como, me encuentro en su cuello. En vez de besarnos, Peeta me ha apartado y me ha abrazado. Yo me quedo paralizada. ¿Por qué lo ha hecho? ¿Ya no está enamorado? ¿Es cierto lo que pensaba al principio y mi Peeta ya no está y nunca volverá al cien por cien?

Un dolor se instala en mi pecho, un dolor profundo. Me siento mal, con ganas de correr y correr a esconderme en el bosque donde nadie me encuentre y ponerme a llorar. Tardo unos segundos en adivinar que ese sentimiento tan feo es rechazo. Me siento rechazada por Peeta y eso me duele. Me siento tan mal que no soy capaz de corresponder a su abrazo si quiera.

Por suerte pronto Sae nos pega un grito desde la ventana para que entremos a comer. La comida pasa lenta y silenciosa. Peeta no me ha mirado desde que hemos entrado y yo tampoco soy capaz de hacerlo, tengo miedo de que si lo hago romperé a llorar y no quiero que Sae me vea llorar y mucho menos él. Si ya no siente nada por mi, si se ha olvidado de lo que sentía por mí, yo haré lo mismo, olvidaré lo que siento por él.

Acabo de comer rápidamente y antes de que Sae se vaya corriendo como siempre hace para dejarnos a Peeta y a mi solos, le comento que me voy a pasar toda la tarde cazando. Ella me da un poco de comida envuelta con papel que no llego a ver que es para que me lleve. Peeta nada más ayudar a recoger la mesa se ha ido diciendo que tenía muchas cosas por hornear. Yo cojo rápidamente mi carcaj repleto de flechas y mi arco. Se nota que llevo tiempo sin utilizarlo. La cuerda de ha destensado un poco, la arreglo y me dirijo directamente al bosque por el camino que he cogido durante toda mi vida.

Por el camino me cruzo con un par de personas que se giran y se quedan muy sorprendidas de verme por la calle. Algún que otro cuchicheo se oye de fondo pero no presto la menor atención. Enseguida llego a la alambrada "electrificada" que está desconectada ya. Me escabullo por debajo y llego rápidamente a las profundidades.

Cazo durante un rato. Se nota que llevo tiempo sin hacerlo porque me cansa demasiado y mi puntería ya no es la misma, aunque aun sigo dando a las presas en sus ojos. Pero lo dejo al cazar un granso y una pequeña ardilla. No puedo más. Aunque aun no me quiero ir del bosque, así que decido dar un paseo mientras recolecto algunas hierbas y bayas. Llego hasta mi punto de reunión con Gale y cojo unas fresas. Pero no me detengo mucho y sigo hasta el lago donde mi padre me enseñó a nadar. Hace un poco de fresco pero aun así no puedo evitarlo y me desnudo e introduzco en el agua.

Cuando el sol empieza a perder fuerza salgo y me visto. De vuelta a casa me entra hambre y decido pararme a comerme lo que me preparo Sae. Nada más abrir el paquete y ver lo que contiene un montón de recuerdos y lágrimas corren por mis mejillas. Es un bollito de pan, uno de pan de queso, mi favorito. Y al verlo no puedo evitar pensar en la maravillosa persona que lo ha horneado. Peeta, bueno, lo que queda de él. Siento nostalgia, tristeza. Le echo demasiado de menos. Me como la hogaza de pan entre lágrimas y cuando me repongo vuelvo a casa, ya ha anochecido para cuando alcanzo la alambrada.

Una vez llego a la calle veo como Peeta sale de mi porche y se empieza a ir a su casa. Le llamo pero no me oye, así que intento acelerar el paso para alcanzarlo pero tampoco lo consigo. Al llegar a mi puerta veo una notita encima del felpudo.

"Vine para pasar un rato contigo pero o no me quieres abrir o aun no llegaste del bosque. Si te tengo que ser sincero prefiero la primera opción, porque si a estas horas aun no regresaste puede que te haya pasado algo, no hagas que me preocupe mucho y cuando llegues a casa y leas esto házmelo saber para que al menos no me quede la noche entera en vela por la preocupación. Peeta."

Al leer la nota tengo que reprimirme para no salir corriendo hacia su casa y saltar a sus brazos. No puedo ir a verle, por mucho que diga que se preocupa por mi sé que ya no es igual que antes, su rechazo me ha hecho más daño de lo que nunca podría haber pensado. Antes de volver a hundirme en mi tristeza y llorar entro en la casa y me pego una buena ducha relajante. Mientras me seco el pelo un poco en mi habitación puedo ver la luz de casa de Peeta encendida. Cuando la apague iré y le dejare una nota en la puerta.

Esta noche ando bastante desganada a pesar del gran esfuerzo físico que hice al ir a cazar. Ceno las sobras del mediodía y entonces intento hacer tiempo a que Peeta se vaya a dormir y así poder ponerle la nota. Se hacen las diez, las once, las doce, la una… Son casi las dos y una luz sigue encendida en su casa, pero para mi sorpresa, mientras miro se apagan las luces, ¡AL FIN!

Rápidamente cojo papel y bolígrafo y empiezo a escribir con mi letra… leíble.

"Ya he vuelto, no hace falta que te preocupes por mí. Katniss"

Vale, quizás he sonado un poco seca y borde, pero no veo lugar a comportarme de una manera cariñosa con alguien que aun no sé porque sigue preocupándose de mí. Me acerco y tiro la nota por debajo de su puerta. Una vez el papel ya se ha colado en el interior de la vivienda em doy la vuelta y empiezo a caminar hasta la mía. Durante el trayecto me parece escuchar un ruido como de una puerta y acto seguido escucho un grito.

-¡Katniss! ¡Katniss, espera!-oigo gritar a Peeta mientras empieza a correr hacia mi pero ya es demasiado tarde.

Cierro la puerta y oigo como empieza a picar para que le abra, a suplicarme para que lo haga. Pero yo con todo el dolor de mi corazón lo ignoro y subo a mi habitación secándome las lágrimas que empiezan a caer por mis mejillas. Me meto en la cama y me doy cuenta que Peeta ya se ha rendido y también se ha ido a la suya.

Sé que lo que he hecho ha sido muy cobarde, pero si él ya no siente nada por mí vale no hay ningún problema, el problema está en que yo sí siento algo por él algo que no sé lo fuerte que es y me da miedo de descubrir y sé que si lo tengo enfrente no podré controlarme y no puedo perder el control delante de este Peeta, no puedo permitir que vea como estoy sufriendo por él. Me hago un ovillo de lana debajo de las sabanas y apenas unos segundos después noto algo por mis piernas. Buttercup ya está aquí para consolarme.

En cualquier otra ocasión ya lo habría echado, pero desde que regresó se está ganando mi cariño. Ahora empiezo a comprender porque Prim lo quería tanto. Me alegro de no haberlo cocinado el día que llegó a casa. El gato se acurruca a mi lado, protegiéndome, se ha dado cuenta de mi debilidad y ha venido a protegerme hasta que se me pase.

No sé exactamente en que momento me quedo dormida pero entre lagrimas al final me sumo en un profundo sueño que seguro que estuvo repleto de pesadilla vívidas y terroríficas, pero que por suerte, está vez al despertar no logro recordar.

Me levanto con cuidado intentando no despertar a Buttercup. Me pegó una ducha rápida y bajo a ver que puedo prepararme de desayuno. Un vaso de leche calentita con cereales. También me preparo un te de hierbas relajantes. Tengo la certeza de que está noche tuve pesadillas muy horrendas porque a pesar de no recordarlas aun sigo nerviosa.

Un vez me he acabado los cereales y la leche me dirijo al comedor pasando por la puerta de entrada en el momento justo en el que un papel se cuela por debajo. Me agacho y lo agarro.

"Katniss, ¿qué te pasa? Necesito hablar contigo. ¿Por qué me rehúyes? Por favor, una vez te hayas comido estos panecillos que te dejo aquí recién hechos ven a verme. No te escondas como anoche, por favor. Te estoy esperando. Peeta"

Me quedo ahí quieta sin saber que hacer, ¿cojo los panecillos o no? De repente antes de decidir nada, escucho como alguien aporrea la puerta.

-¡Katniss, sé que estás ahí! ¡Ábreme!-grita Peeta, pero yo no contesto ni le abro. Simplemente sigo ahí quieta. Él sigue aporreando la puerta, cada vez más fuerte-Katniss, ya me estoy empezando a cansa. ¿quieres hacerme el favor de dejarme pasar? Solo quiero saber como estás, hablar contigo, saber que te pasa. Desde ayer estás rara.

-No me pasa nada, estoy perfectamente. Déjame-respondo cortante.

-No, no me pienso mover de aquí hasta que no me dejes entrar.

-Pues ve sentándote-susurro muy bajo y creo que no lo ha escuchado.

Voy hasta el comedor y me siento en el sofá a tomarme el te ahora si que lo necesito más que nunca. Tengo a Peeta al otro lado de la puerta y muero en deseos de abrirle la puerta y saltar a sus brazos mientras le beso. Pero no puedo.

Pasa un buen rato y doy por sentado que ya se debe de haber cansado de estar en el umbral de mi puerta y se abra marchado, pero en ese mismo instante alguien vuelve a aporrear la puerta. Solo dos o tres golpes fuertes y secos.

-¡Te dije que no pensaba abrirte, Peeta!-chillo furiosa, ya me estoy empezando a desquiciar.

-Vale, no quieres abrirle a Peeta, pero a mi me vas a abrir si no quieres que tire esta puerta abajo-dice mi querido mentor. Más de tres meses sin saber de él y decide presentarse ahora tan inoportuno como siempre. Al final, con temor a que tire la puerta abajo, acabo abriéndole.

-¿Qué haces aquí, Haymitch?

-Vengo a que me cuentes cuando perdiste la poca cordura que tenías. ¿Se puede saber que pasa con Peeta? Llevo escuchándolo aporrear tu puerta desde anoche, juraría que hasta en la ciudad han podido escuchar los golpes.

-No quiero hablar del tema ahora-digo cansinamente haciendo el ademán de cerrar la puerta, pero antes de lograrlo Haymitch pone su pie impidiéndomelo y entra en la casa.

-Pues lo siento mucho por ti, pero me lo vas a contar en este mismo instante. Quiero saberlo todo con pelos y señales, así que ya puedes empezar a desembuchar, preciosa-dice cruzándose de brazos y mirándome esperando a que empiece a explicarle.

-Nada, solo que… Peeta ahora tiene su vida, no le hago ninguna falta, solo le estorbo. Ya no quiere ni verme, entonces para que seguir siendo amigos. Mejor que estemos alejados-digo aguantándome las lagrimas que amenazan con salir.

-No me lo puedo creer… ¿Todo esto es porque has pillado una rabieta porque crees que Peeta ya no siente nada por ti?-dice Haymitch sin disimular sus carcajadas, que a mi me molestan mucho. Me debato entre echarlo a patadas en el culo de mi casa o correr hasta la cocina y coger un cuchillo para matarlo directamente-. Te creía menos caprichosa la verdad. Puede que Peeta aun siga muy mal por todo lo que tubo que pasar cuando estuvo en manos del Capitolio, pero él sigue siendo el mismo. Pensaba que eras lo suficientemente inteligente como para darte cuenta tu misma, pero veo que había subestimado tu tontería. Solo es cuestión de tiempo que nuestro Peeta esté de regreso.

-No sé si seré capaz de soportar verlo así, es que cada vez que veo como sus pupilas se dilatan y él frena el ataque, me rompo en mil pedazos. No puedo verle sufrir de esta manera. Siento que muero cada vez que tiene un episodio. Y vuelvo a morir cuando me doy cuenta que todo esto es por mi culpa, si no fuera por mí, él nunca habría sido capturado por el capitolio, Snow sólo lo quería para herirme a mí. Todo lo que ha pasado es mi culpa-digo cada vez más enfadada-. ¡En maldita hora se me ocurrió lo de las bayas!

-¿Te arrepientes de habernos salvado? ¿Te arrepientes de haberme salvado la vida?- se escucha preguntar a la voz de Peeta a mis espaldas. No, no me lo puedo creer. ¿Cómo ha entrado? ¿Cuánto de la conversación ha escuchado?

-Peeta…-exclamo al verle, sorprendida.

-Contesta. ¿Te arrepientes de todo lo que ha pasado desde nuestros primeros juegos, de todo lo que hemos vivido?-dice enfadado, pero puedo notar como su voz se va rompiendo poco a poco a medida que va halando- ¿Te arrepientes de haberme conocido?

-No, Peeta, no es eso yo no quería decir eso…-digo intentando disculparme.

-¡Pues lo has dicho!-grita Peeta, de una manera que nunca le había visto gritar. Está furioso, muy furioso-. Pero déjame decirte algo. Yo no me arrepiento, no me he arrepentido nunca de haber tenido que pasar por todo el infierno de los juegos, porque gracias a eso pude estar más cerca de ti y confesarte lo que sentía. Pude conocerte mejor y dejar que tu me conocieras. Y si no fuera por ti no habría sido capaz de soportar todo este sufrimiento. Pero si tu te arrepientes de todo ello, tranquila, haré lo que tanto deseas, desapareceré de tu vida. Haremos como si en la arena hubiese muerto, que es lo que tendría que haber pasado. Tranquila Katniss, ya no te volveré a estorbar nunca más. Hasta nunca.

Veo las lágrimas caer por su rostro, su voz se ha roto por completo mientras hablaba. Un portazo me saca un poco del estado de shock en el que me encuentro y soy consciente de lo que ha pasado. Le he perdido, y está vez para siempre. Peeta ya no quiere saber nada más de mi y todo por un malentendido. Haymitch está tan sorprendido como yo por todo lo que ha pasado, ninguno de nosotros esperaba que pasara esto. En cuanto el reacciona y me alcanza un pañuelo caigo en la cuenta de que estoy llorando. Me seco las lágrimas sin dejar de mirar la puerta por la que se acaba de marchar Peeta.

-No sé tú, pero si después de esto no reaccionas ya no sé que más pueda hacerte reaccionar de una santa vez-dice Haymitch en mi oído-. Él ha estado dos años luchando, ahora es tu turno, preciosa, de luchar por los dos. Demuéstrame que si te lo mereces. No lo dejes marchar.

Las palabras de Haymitch hacen que llore más, no se da cuenta de que ya lo he perdido. Mi diente de león se ha marchitado y yo no puedo hacer nada por devolverlo a la vida. He perdido a mi chico del pan para siempre. Y con él también se ha ido la única luz que me iluminaba en este oscuro túnel en el que me encuentro. Ahora, sin él, vuelvo a estar hundida en una inmensa oscuridad de la que no sé como salir, en la que estoy completamente sola y desprotegida. Vulnerable a todo lo que me rodea. Vuelvo a estar muerta en vida, porque mi chico del pan se ha ido para siempre, lo perdí.