Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenecen, bueno, algunos sí xD...pero la mayoría son propiedad de Sunrise.
Nota: Previo a la lectura. Escritura normal, es el presente. En cursiva, el pasado, y en cursiva y "entre comillas", es un pensamiento.
Requiem for a Dream.
Cap. 1. Escape.
Las pisadas eran notorias en cada momento, corría a alta velocidad mientras un grito se escuchaba a lo lejos. Su velocidad ascendía a cada momento y de repente un deslice de sus pies para evitar caer a un acantilado que no fue visto sino hasta cuando se encontraba demasiado cerca, apenas logró detenerse lo suficiente para quedar cerca del abismo. Elevó su vista y observó el paisaje que frente a si se pintaba. Imponentes montañas eran elevadas, aquellas que conformaban la cordillera que dividía los dos reinos, aquello que separaba su libertad de su esclavitud. Los bosques, conocidos como los bosques encantados, de donde nadie lograba escapar eran los que tenía que lograr pasar, el precio a pagar para salir de esa pesadilla que por tantos años la había estado atormentando.
—¡Por aquí! —Escuchó a sus espaldas, reconociendo a sus perseguidores.
—Vamos Duran, tenemos que seguir —susurró a su lobo, el cual montaba, para que éste siguiera su corrida hacia un camino que se erguía para poder pasar aquel abismo y llegar a los bosques.
Retornaron su escape, rogando porque no hubiesen perdido demasiada ventaja.
Mientras corrían se escucharon alas surcar el cielo, y entonces supo que si no lograba llegar al bosque rápido, todo su esfuerzo habría sido inútil. Apresuró el paso, Duran corría a alta velocidad mientras la chica sobre él lo sujetaba con fuerza. No se detuvo a pensar en las consecuencias de su entrada a aquel lugar, solo se alegró al sentir la sobra del primer árbol, siendo cobijada su presencia por muchos más, provocando que fuera imposible que los buscadores por cielo dieran con su paradero.
Unas horas de largo viaje dentro de aquel bosque lleno de árboles antiguos y decidió que era tiempo de un descanso, bajó de su amigo, y este se sentó cerca del río que cruzaba frente a ellos para beber agua, ella en cambio, se apoyó en el tronco de un árbol mientras se sentaba en el suelo.
—Un viaje bastante largo —susurró mientras observaba los ojos de su compañero en los suyos —Gracias.
El lobo se acercó, le lamio la mejilla y posó su enorme cabeza en el regazo de la joven. No necesitaban palabras para entenderse mutuamente. Eran protector y elemental después de todo.
—Podemos estar una hora aquí amigo, pero me temo que tendremos que retornar pronto nuestro andar —notificó al lobo blanco de azulinos ojos, mientras le acariciaba su cabeza— He sabido que estos bosques han sido el ocaso de muchas vidas —contaba—. Aun si ese no fuera el caso, quedarnos sería tentar a la suerte —siguió, y entonces el lobo se transformó a su forma de perro casero, disminuyendo considerablemente su tamaño, y lamió la mano que le prodigaba de aquella caricia— no podemos quedarnos a vivir aquí —dijo con lamento, sus ojos verdes miraban con tranquilidad el bosque que les rodeaba— ellos tienen rastreadores consigo —sus ojos dejaron de vagar por el pasto que invitaba a un descanso placentero bajo la sombra de los gentiles árboles que se movían tranquilamente ante la pequeña brisa que surgía—. Yo velaré tu sueño —murmuró ante su amigo que descansaba, el más que nadie requería descanso, si no fuera por él ahora mismo ella estaría en una guerra sin sentido. —Solo te tengo a ti —fue lo último que pudo decir antes de que sus ojos inevitablemente se cerraran.
Estaba en medio de una enorme arena de batalla, frente así, los ojos iracundos de la que había sido su mejor amiga, aquellos ojos cafés ahora carentes de luz la miraban.
— Akane —susurró en medio de aquella batalla— ¿Qué diablos te hicieron? —preguntó al no poder creer que la persona con la que combatía fuera la misma amiga con la que había crecido, ella que era casi su hermana, ahora la veía como desconocida. A pesar de que Natsuki fuera por mucho más poderosa que ella, su descuido al intentar recuperar a su amiga había provocado heridas que ahora bañaban de sangre la espada de su compañera.
—No es necesario que lo sepas Kuga, pero ahora tengo tanto poder, deberías dejar de reusarte a la transformación —aquel término había sido utilizado por todos los elementales que conformaban el ejército del reino de los Kanzaki, para hacer referencia a una reunión en la que un elemental entraba, pero regresaba como un espectro. Un ser poderoso, pero sin sentimientos, que solo obedecía órdenes, lleno de codicia y crueldad. Capaz de matar a cualquiera, aun sus seres queridos por el simple placer de hacerlo.
Su amiga había sido llamada luego de un intento de escape con su amado, y terminó en la transformación, misma que el rey había ordenado para las más poderosas capitanas de su ejército, entre ellas, Natsuki. Quien al negarse había tenido que enfrentarse a muerte con la que era su mejor amiga, su hermana.
—Tú odias eso.
—No, es genial —Una sonrisa que rayaba la locura cruzó el rostro de la castaña¾ Vamos Natsuki, seamos hermanas de nuevo —rogó, más la peliazul sabía aquella ya no era más su hermana, no había cura para los espectros, ella solo quería ver sufrir a la morena y trataba de persuadirla con actitudes que antes eran llenas de inocencia.
—Yo soy enemiga de este estúpido reino.
—Comprendo —Su mirada mostró tristeza, más sus labios sonrieron— Es perfecto, no tienes idea de lo mucho que deseaba matarte —dijo mientras sujetaba su arma y en un movimiento vertical le atacaba.
— ¡NO! —gritó mientras se levantaba agitadamente de su descanso, en el cual había caído sin darse cuenta, y tocaba su pecho. Duran inmediatamente se levantó y colocó a su lado, mientras la morena derramaba lágrimas al recordar aquel momento de desesperación.
Tardó varios minutos en estabilizar su respiración.
—Aun no logro superarlo —confesó con pesar— Supongo que es una herida de guerra que nunca curara —susurró. Mientras recorría inconsciente con sus dedos la venda que ahora tapaba una herida abierta que estaba manchando de sangre la misma.
Duran se transformó nuevamente en un enorme lobo, ella se levantó y lo montó, ambos vieron hacia el río— Si lo seguimos atravesaremos las montañas —dijo, recordando los mapas que tuvo a su alcance al ser la mejor estratega— lo compartimos con el otro reino —aclaró, más para sí que para su amigo que ahora iniciaba una carrera siguiendo el río.
Adentrándose cada vez más, una mujer apareció frente a ella, provocando que Duran detuviera sus pasos, y una punzada de dolor llegara a la peliazul, el efecto de la droga que impedía que sintiera dolor de la reciente herida se estaba pasando, y eso de por si era malo.
—Este camino ha sido sellado —habló la joven encapuchada.
—Solicito permiso para pasar.
—No puede hacerlo, esta sellado para aquellos que pertenecen a la casa de los Kanzaki.
—Yo no pertenezco más a esa casa —dijo, mientras ante los ojos de esa extraña, rompía su chaqueta en el hombro donde se encontraba la marca del reino al cual ahora traicionaba—. Solo buscó escapar de ese maldito lugar.
— ¿Por qué debería dejar entrar a quien ha estado en los ejércitos de ese que llama su enemigo? ¿Por qué te permitiría ir más allá de este bosque cuando tus manos están llenas de sangre inocente? —preguntó, primero sorprendida ante la osada acción de la joven que montaba al enorme lobo, y después dudosa.
—Tú eres una guardiana del bosque —afirmó, mientras la encapuchada asentía— entonces debes ser capaz de ver los corazones de las personas, y diferenciar la verdad de la mentira. —Completó mientras descendía de su lobo que la veía extrañado— mi nombre es Kuga Natsuki, fui capitana del ejercito del que ahora nomino mi enemigo, más no fue por voluntad, la mayoría hemos sido obligados a manchar nuestras manos para sobrevivir, admito que muchas veces no hubo fuerza física que obligara a mis manos a blandir la espada contra personas que no habían cometido mal alguno más que decir la verdad de la crueldad del rey, cuyo reino era dueño de su hogar.
La encapuchada la veía acercarse, pero el aura de la capitana no provocaba en ella miedo alguno, aun cuando desenvaino su espada.
—Pero he decidido cambiar eso, no quiero que mis manos estén llenas de sangre solo por el placer que provoca a otros, no buscaré acallar la verdad y protegeré a los inocentes con el fin de redimir mi pecado— La joven capitana se arrodilló ante la encapuchada y le ofreció su espada—. Pero si cree que haré un mal, si mi escape solo traerá malestar al pueblo, si mi solicitud trae consigo las malas acciones, y el deseo de sangre, entonces no merezco vivir, y le pediré que tome mi vida— A su espalda escuchó el gruñido de Duran cuando la encapuchada tomo su espada. Mas se tranquilizó al ver que la otra persona soltaba la espada y esta caía al suelo.
—Yo no tomo vidas capitana —dijo mientras caminaba hacia el bosque— tome su espada, tiene usted mi permiso para pasar, más le advierto que el juramento que me ha hecho en este momento debe cumplirlo —advirtió la figura— y veo su protector la estima mucho, debe ser entonces una persona de honor… eso espero —Lo último lo susurró mientras se desvanecía.
La capitana recogió su espada y volvió a envainarla. Regreso con su amigo, y lo montó. No sin provocarle una nueva punzada de dolor.
—Vamos, una vez atravesemos eso nada podrá alcanzarnos —dijo aun dudando de sus palabras mientras su protector iniciaba la marcha.
Entró al salón totalmente acelerado, no quería que su rey se enojara. Cuando llegó, se arrodilló solo con una pierna, y se inclinó haciendo una reverencia. Bajo ninguna circunstancia levantó la vista puesto que: "Nadie de su clase podía ver a los ojos a la realeza".
— Mi lord, no hay rastros de la capitana Kuga.
— ¿Estás seguro? —preguntó, aquella voz era ronca, imponente, con rastros de soberbia.
—Sí señor.
— Creo que —interrumpió la voz de una mujer, una sensual voz que de seguro hipnotizaría a cualquiera— o la chica se hundió por el tanto metal que cargaba consigo…
— O está viva —terminó el rey, con un dedo bajo su barbilla, sopesando las opciones.
— Es poco probable que Higurashi-san haya fallado.
— Pero es muy seguro que la capitana Kuga la haya engañado, si su cuerpo no aparece por algo será —comentó aun pensativo— ¿no han encontrado algunas huellas?
— Me temo que no mi lord.
— Bueno, si tanto dudas, envía a una de las elementales, cualquiera podría cazarle.
— No —declaró con una voz determinante— no la subestimare, tráeme a las cinco mejores —ordenó al lacayo arrodillado¾ y hazlo rápido.
— Si señor —exclamó, encaminándose a la salida, aunque claro no sin antes dar la debida reverencia al rey.
— ¿No crees que con una elemental bastaría? —preguntó aproximándose a la luz, dejando ver algo más que su simple silueta. La dueña de aquella voz era hermosa, poseía ojos de un tono verde claro, su cabello rosado recogido en un moño, con una figura bien proporcionada, sus facciones eran muy delicadas, su forma de andar era comparable a la sensualidad de su voz, mantenía siempre un porte elegante. Aquella mujer se acercaba lentamente al rey.
— Kuga Natsuki era una capitana de las de más alto rango, no puedo mandar a una simple elemental, eso sería malgasto de recursos. No —dijo nuevamente, pero esta vez negando con la cabeza— tiene que ser de las mejores, de las guardianas más fuertes.
— Su alteza —llamó el sirviente tras la puerta, aquella había sido una pregunta implícita.
— Pasa.
— Señor, las guardianas —terminando de decir aquello, entraron cinco mujeres, todas ellas encapuchadas, ataviadas en túnicas negras, con la insignia del reino Kanzaki, un león de fuego.
— Guardianas —dijo poniéndose de pie el rey, todas las mujeres se encontraban arrodilladas, cada una con un número en su hombro, lo que indicaba quien era la más poderosa. Camino alrededor de ellas— Una elemental de las más fuertes ha desaparecido —advirtió— Y deseo encontrarla, quiero que descubran si su muerte es algo real, o si esta persona ha escapado —y cuando llegó a la que, el número le indicaba, era la más fuerte, la tomó por los hombros y la hizo levantarse— Y deseo que seas tú quien descubra esto —ordenó— si está viva, mátala y tráeme su cuerpo.
— Ara, será para mí un placer —respondió aquella chica, cuyos ojos eran de tonalidad negra.
Nota: Bueno, ¡he regresado! Y les presento una historia que fue de las primeras que escribí, y una de mis favoritas, claro, no esta completa pero lo estará. A diferencia de las anteriores, esta vez el ShizNat no será tan rápido, así que sean pacientes (están advertidos).
Entonces, sin más que agregar, nos vemos en la siguiente publicación, estaré encantada de leer sus comentarios. n.n
PD: De antemano me disculpo por los errores ortográficos o gramáticos que puedan encontrar.
