Capítulo 2- El Cairo
Quería cancelar el Fic por... flojera, aburrimiento, insignificancia. Pero luego veo un par de comentarios que dicen algo como los que recibí los primeros días de enero y bueno, estoy aburrido así que.. ya qué. Muchas gracias a aquellas personas que me dieron la idea para desaburrime, etc. Dejen sus opiniones aquí abajo en los comentarios.
"¿Subir?" Preguntó Diana, mirando a la parte superior de la parada, "¿A Luna Nova?"
"Exactamente" empezó Akko señalándole su escoba. "No tengo una a mano, supuse que alguien vendría a buscarme, pero parece que el servicio aquí es pésimo" le mostró su carta de bienvenida. Era brillante, escrita en inglés, pero con carácteres japoneses, señalaba que ese mismo día habrían de estar allí esperándola.
"Doctora Kagari, se le ha aceptado su solicitud para asistir a clases e investigar cuanto pueda de la academia de magia Luna Nova durante los siguientes tres años.
Aprobada por la prefectura de la Metrópolis de Tokio, febrero de 2017." Empezó a leer Diana. "¿Doctora?" Le preguntó con sorpresa a la joven chica.
"Ciertamente, la mujer más joven en alcanzar el Phd en Japón, a la edad de 15 años" suspiró Akko, "es lo que todos suelen de cir" miró la escoba "¿vas a llevarme o no?"
"Bueno..." empezó Diana, algo incómoda con la respuesta tan modesta de la chica a su lado "la verdad mi escoba está bastante nueva y no me gustaría que se desgastase" dijo mirando a un lado con algo de vergüenza. "Pero puedo llamar a alguien allí arriba para que te ayude a venir, ¿te parece?"
"Ningún problema" dijo Akko indiferente "A propósito, tu eres de una familia importante, digo, siempre llaman primero a aquellas que vienen de esas familias."
"Linaje Cavendish, heredera y un prometedor futuro en la magia" dijo Diana , a quien sin querer le salió el tono en el cual había hablado Akko.
"Eso era una burla, ¿no?" Preguntó Akko con los ojos de hielo, su sonrisa había desaparecido y miraba amenazadoramente a Diana.
"C-claro que no" dijo Diana mientras tomaba su escoba y volaba "voy por ayuda."
"Espera, también..." no terminó, pues la Líneas ley aparecieron y Diana pasó con celeridad a la academia.
El Cairo, ese mismo día.
La ciudad del Cairo es el corazón de Egipto, millones y millones de personas pasan allí su día a día, y las tiendad de magia se apoderan de los corazomes y mentes de las brujas en esos días. Soplan los vientos del cambio, pero las tiendas rebosan de vida, y lás aún tras ser declaradas ilegales tras la primavera árabe. Misterio, lujo, confort y peligro, negocios de la magia.
Una mujer vestida con un vestido negro brillante, unas pulseras de rubí maldito y ojos rojos como tales, coronada con un cabello resplandeciente y un sobrero de bruja que recordaba al gorro que usaban los turcos, con un toque de fez, que le cubría la mitad derecha de la cara, dándole un toque de misteroo. En su mano izquierda llevaba una extraña vara, brillante y hermosa, que hacía aún más para hacerle notar. Una belleza de hermoso rostro que se encontraba frente a un brujo procedente de Palestina, que parecía tener la respuesta a uno de sus problemas.
"Verá señorita, esta vara es uno de los mayores logros de la civilización occidental, su belleza destaca por entre las mil maravillas, que haría que cualquiera se desmayase de placer." Empezo a acariciar la mano de la bruja aquel viejo, barbudo y panzóm comerciante-brujo "sus curvas la hacen única y su calor" no soportó más y apretó con fuerza la mano del hombre, haciéndole chillar de dolor, mientras sacaba un fajo de billetes y se los mostraba.
"Disculpe mi falta de paciencia 'caballero', pero no tengo mucho tiempo, así que lo mejor será que, ya sabe, coopere conmigo y todo salga bien." Decía ella mientras relajaba su apriete y empezaba a rozar con sus bellas y delicadas manos los hombros del viejo, "tengamos primero las prioridades y leugo los 'juegos'." Le susurró al oído.
"Muy bien" dijo el viejo, sin saber si refunfuñaba de ira, dolor o deseo. Mandó llamar un criado y le mostró aquello buscando hace años.
En el mundo los tesoros las formas son y no son importantes a la vez. Lo son para determinar la veracidad del objeto, pero no para dárselo. Lo que tenía frente a ella era una horrenda y grotesca semilla con pintas horribles, como si alguien estuviese gritando de dolor y su rostro quedase como marco allí. Semillas de Wagandea, el tesoro de los mil años. "Me llevaré todas, el precio no es problema, cóbrese de mi efectivo." Dijo ella, dándole la suma de medio millón de dólares.
Alargó la mano para tomar una semilla, pero se vio impedida por el hombre, que había agarrado su muñeca com fuerza. "Cmo usted sabrá, en el mercado de hoy en día los precios son alcostas y todos necesitamos una pensión a largo plazo." Empezó él con una sonrosa cruel y nauseabunda. "El servicio de por vida de una bruja hermosa, joven y ciertamente lista se vendería como el oro en ciertos lugares, conozco cierta gente en el en el Congo que pagarían fortunas por una bruja."
Ya se lo había visto venir, esa clase de hombres siempre buscan favores de ese tipo. Cuando había estado en Rusia, había sido que le acompañase a una cena romántica bajo el hielo y con un vodka con filtro de amor, que falló, en Estados Unidos habían tratado directamente de llevarla a un motel, pero su firmeza y fuerza de voluntad (y el hecjo de llevar esa arma de varita a todas partes) le había ayudado. Lo más gracioso había sido en Japón y Australia, donde le había pedido que posase para un Ecchi (no lo hizo) y que se acostase, pero esta vez con una chica... parecía que ese negocio en particular no ofrecía una vida sexualmente activa para muchos... pero esto era el colmo. Levantó la varita, pero vio que no reaccionaba.
"Piedras rojas de antimagia, la última novedad en bloqueo de corrientes mágicas." Dijo el hombre señalando el techo de 4 metros del lugar, inalcanzable para la mayoría, mientras dos guardaespladas, vestidos de traje negro y bastante fornidos hpmbres. Lo más extraño era su vestimenta, parevían salidos de Matrix, pero retocados. "Este negocio no es broma, estos tipos son como rinocerontes, así que, ¿se va a resistir o vamos a ser buenos socios?"
La mujer se acercó al hombre por la espalda y le acarició los hombros al hombre, con un ritmo, suavidad y espíritu hipnótico, lo que le hizo baja la guardia. Detectó rápidamente una pistola en un estuche colgando al lado derecho de su pantalón y, con la velocidad de un rayo, atacó su entrepierna con un rodillazo, cruzó sus pies con los suyo y le hizo caer sobre la mesa de la habitación, con tanta fuerza que le dejó inconsciente. Sintió sobre sus hombros una mano dura y dio un codazo a la mano derecha, que fue respodido por un puñetazo que le dejó sin la pistola y tirada en el piso. Se levantó mirando a sus agresores, la pistola a un lado y su varita lejos. Uno de ellos se acercó a toda velocidad para golpearla, mientras el otro parecía sacar una arma automática. El hombre la lanzó de un empujón sobre la mesa, pero se recompuso con celeridad de un salto y le tomó del brazo, mientras lanzaba una patada contra su estómago y recibía a cabio un rodillazo en la entrepierna. Casi sin soportar el dolor, dio un salto de acróbata sobre el hombre y le tomó por el cuello, pero este la lanzó contra el muro, mientras el otro empezaba a disparar. Su mente funcionaba a mil por hora, su sombrero había caído dándole a relucir su un área completamente megra de su rostro, pscura y cruel. Era como un tatuaje, que no obstante cambiaba el color del ojo derecho por un azul oscuro y si cabello también a azul. Cambió posiciones con su atacante, haciendo que las balas impactasen contra él, que su compañero parase de disparar y que ella sufriera heridas en la pierna, mientras el hombre se abalanzaba sobre ella con su cuchillo. El hombre no acertó con el cuchillo, pero le dejó un par de costillas rotas y la empezó a asfixiar. Con la fuerza que pudo, tomó la pisto, forcejeó con el hombre, que le dejó de ahorcar, y disparó. No al hombre, sino a la lámpara con la piedra. Su varita voló a sus manos Murowa, el hombre salió volando, muerto.
Respirando con dificultad, la mujer se puso de nuevo la cobertura, tomó las semillas, disparó al hombre y se transportó con la magia a su residencia, en el norte de Francia, donde se le podría m tratar esas heridas. Se llevó la piedra, algo así le sería de mucha utilidad en el futuro. En otras épocas el uso de magia curativa haría la mayor parte de esto innecesario, pero no tenía la suficiente energía ni concentración para ello.
Luna Nova, dos días después.
Una mujer de pelo lila miraba una foto de su despacho, mientras revisaba sus prioridades.
Nostalogia, dolor, sufrimiento y... recuerdos súbitos. Tenía que ir a buscar a una joven bruja, Atsuko Kagari, hace dos días. Oh Dios, la iban a despedir.
Eso es todo por hoy, espero que haya gustado. Si se llega a 10 comentarios saco la siguiente parte.
