Reyes 15:11-12, "Asa hizo le recto antes los ojos del Señor, como David su padre. Porque quitó del país a los sodomitas y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho"

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- Tenemos que hablar.

Eren cierra los ojos y toma una gran bocanada de aire. Lo necesita, así como es necesario llenarse los pulmones de un vaho de esperanza.

Carla Yeager aparece frente a él, con sus ojos cubiertos de recelo. Eren sabe que eso es un mal presagio.

- ¿Sobre qué? – pregunta él dirigiéndose al sofá más cercano. Carla lo sigue con la mirada, brazos cruzados, labios rectos.

- Y todavía lo preguntas – contesta indignada, Eren asiente. – Sobre tu pecaminoso comportamiento.

Y ella alcanza a oír una risita burlona. Eren no la está mirando, su vista se pierde en un punto inexistente en la blanca pared. Eso la enfada, pero no tanto como el hecho de que su hijo ni siquiera finge tener un poco de interés por lo que ella tiene que decirle. En ese momento es cuando se da cuenta de las fallas que ha tenido como madre al paso de los años.

Eren no la respeta, ha medido sus capacidades como para burlarse de ellas. La trata de manera indiferente, tosca, y a veces borde. Es el diablo quien está seduciendo a su pequeño, Eren tiene quince, es maleable y joven, no sabe amar y ha pecado. Sus candorosos labios tocaron los de otro hombre. Carla no puede concebirlo por más tiempo. Tiene que arrancar de raíz la mala hierba.

- Decidí que es momento de que te corrija; hablé con un sacerdote, amigo de la familia, te irás con él a su congregación este fin de semana, y no hay pero que valga. – Dice rápido.

Yeager gira su cabeza velozmente y sus crueles ojos apuntan a su madre. Poniéndose de pie como un resorte, Eren decidido apresura sus pasos hacia el frágil cuerpo de Carla.

- ¿Qué has dicho? – su largo cabello castaño revolotea en todas las direcciones, Eren es altísimo como su padre y de rasgos atractivos. Carla siente un ligero mareo con el aroma a madera que mana su cuerpo. Tan parecido al de Grisha.

- Que iras… al Bosque de María – no puede ni debe titubear ahora. Es una decisión que ha costado trabajo conseguir. Entre pensamientos funestos y la idea de su hijo con otro hombre. Ella no puede visualizarlo así. Eren necesita una corrección. No importa si ésta precisa de métodos poco ortodoxos, Eren la perdonará con el tiempo.

Pero su hijo enloquece; comienza a gritarla, a insultarla. Eren camina de lado a lado cual león en su jaula de oro. Ella se echa para atrás, temerosa de la ira que propaga su hijo, y de la cual no quiere ser alcanzada. Su sedición de voz provoca pasos presurosos hacia la sala. Una puerta se abre y se cierra de la misma forma. Otro aroma anega el ambiente: eucalipto.

Ambos Yeager giran la testa evaluando al intruso.

Zeke Yeager, el hijo mayor de Grisha con su primera mujer, hijastro de Carla y medio hermano de Eren. el Yeager rubio es igual o más homofóbico que la propia Carla. De hecho, ha sido su desdén hacia los homosexuales que en más de una ocasión se ha liado a golpes con alguno de ellos por considerarlos sucios, degenerados, deplorables.

No puede entender como disfrutan de la carne varonil cuando las mujeres tienen un dulce caramelo entre sus piernas. Y son mucho mejores en la cama, según él.

Carla había incentivado en él un odio malsano hacia su hermano menor gracias a que ella lo había visto besándose con el nieto del jardinero. Zeke tuvo que darle una lección a esos dos: a Eren lo golpeó hasta que los nudillos le crujieron el dolor, a Armin lo desnudo y lo baño con agua helada para que esas ideas calientes sobre amar a otro hombre se fueran por el drenaje.

Aun así, ni Eren ni Armin entenderían. Este último le importaba poco, mientras no trajera a su casa la deshonra, pero Eren era harina de otro costal. No podían permitirse que como familia de la clase alta y conservadora, uno de los vástagos se viera en inmiscuido en osadías que comprendían a degenerados sucios como los homosexuales.

Desde aquel episodio, Eren no salía de casa, Zeke lo vigilaba como una águila a donde fuera. Y Eren estaba cansado de soportar a su madre y su medio hermano. Sus planes de fugarse de casa se vieron mermados cuando Carla lo encerró en su habitación y le quitó todos los ahorros que había escondido sigilosamente debajo de su colchón.

- ¡No! ¡Estás loca si crees que me iré de aquí! – Zeke se posiciona junto a Carla, ambos tienen que hacerle frente al tornado Yeager, si no lo hacen perderán la contienda.

- ¿Qué has dicho?

- ¡Qué estás loca!

El estruendo hace eco en la habitación. Eren tiene los ojos abiertos y la mejilla derecha le palpita. El dolor es leve a comparación del propio acto en sí.

Ni los golpes de Zeke lo habían hecho sentir tan humillado como la bofetada que acaba de propinarle Carla.

A este punto ella no siente remordimiento por lo que ha hecho. Es lo menos que se merece su hijo por haber alzado su voz en contra de ella, que tan buena madre ha sido con él.

- No te diré nada más, Eren. es mi última llamada de atención. Irás quieras o no.

Los pasos pesados de Carla hacen un contraste en contra de un llano silencio. Zeke pone las manos en jarras y su mirada burlona dice más que su boca.

- ¿Te divierte, no es así? – escucha el bisbiseo herido de su hermano menor.

- Así es – acepta Zeke sin reparos – los maricas como tú tienen el infierno merecido, y espero que en ese lugar te quiten lo chupapollas – esto último lo susurra a su oído.

Eren lo mira con odio por debajo de las pestañas.

- Lamento que yo tenga el valor de hacer lo que tu ni en un millón de años harías.

Zeke frunce el ceño y deja su pose estoica para alzar la mano derecha. Eren cierra los ojos a la espera del golpe, en cambio, recibe una caricia hirsuta y molesta.

- En la congregación de los Hermanos Perdidos de la Rosa te enseñarán de modales y de lo que es correcto para ti, hermanito. Nos lo vas a agradecer.

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- La familia Yeager ha sido por años uno de nuestros mejores benefactores.

Erwin Smith es el arzobispo de la congregación de Sina, el pequeño pueblo alemán donde están posicionadas las familias más ricas y más católicas posibles.

Erwin es un hombre de fe. Cuando tenía cinco años se perdió en el bosque, sin comida y con frío, recorrió veredas y atalayas en busca de una salvaguarda. Al caer la noche escuchó el llanto de los lobos, que hambrientos, buscaban presas fáciles. Y él, siendo un niño, era una presa sencilla para una manada de siete lobos salvajes. Él había escuchado de Dios pero jamás se acercó a ese ente invisible que según su abuela, plagaba una de las historias más conmovedoras e injustas de los tiempos antes de la creación de los hombres –según ella- y fue así, como su sabiduría le transmitió al pequeño Erwin una pizca de fe, y esa noche rezó uno de las tantas oraciones que ella susurraba por las noches. Y ningún lobo lo encontró, no más frío y el hambre se evaporó en cuanto terminó de rezar.

Eso que otros considerarían suerte, él lo calificó como un milagro. A la mañana siguiente un cazador lo encontró y lo llevó a su casa, entonces le dijo a sus padres que quería estar con Dios siempre porque él se había manifestado en el bosque, acompañándolo y alimentándolo de su amor.

Pero Levi es menos fantasioso, y cree que Erwin se escondió muy bien en aquella cueva que encontró, y que el sueño venció el hambre. Aunque esto jamás se lo dirá en voz alta. Erwin se ofende fácilmente y prefiere mantenerlo de aliado que de enemigo.

- Lo son, pero Carla ha tomado una decisión precipitada. – Levi toma un sorbo de té negro. Erwin niega con la cabeza.

- Se ha besado con otro hombre. Un muchacho de quince años es una oveja que todavía podemos acarrear por el camino de nuestro Señor Jesucristo, Levi.

- Es joven, está bien equivocarse – sonríe Levi.

Erwin chasquea la lengua llamando la atención del más joven. Los ojos de Erwin son azules, de una tonalidad obscura, como la de los mares embravecidos, y cuando se enoja, el color se opaca más de lo habitual provocando que los pelos se te pongan de punta, justo como a Levi en esos momentos.

- Lo siento, tienes razón, es una oveja negra.

- En un rebaño de corderitos, Levi – asiente Erwin notablemente más tranquilo.

- Carla lo traerá mañana con sus cosas y un monto extra por ser aceptado en nuestra congregación.

A Erwin le brillan los ojos al pensar en el dinero que Carla otorgará a la iglesia por aceptar a su engendro besado por Satanás y sus ideales progresistas que los hippies han implantado en su cabeza.

- Seguro la señora Yeager será generosa con nosotros.

- Podría ser, pero eso no es importante, Erwin, sino ayudar a su hijo.

Levi acaricia el borde de la taza con la punta de sus dedos. El líquido negruzco ondea suavemente, él sonríe.

- Sí, por supuesto. Eso haremos. Por eso mañana irás a buscarlo.

- ¿Yo? – a Levi no le parece una buena idea, no quiere verse inmiscuido en esos menesteres. – Puedes encargárselo a Flock.

- No, él me ayudará con algunas cosas propias de la iglesia, y no podremos estar a tiempo en la congregación. Tú iras por el chico, lo llevarás a donde nosotros y yo les daré alcance por la noche. Y así lo presentas con la comunidad y nuestros hermanos. Ya verás que lo encantará.

Ackerman asiente a regañadientes. Sólo esperaba que Eren Yeager no fuese un dolor en el culo y pese a su edad, tuviese la prudencia de respetar a sus mayores. No quería imaginarse a un adolescente brioso y pendenciero, a esos los controlaba con más dificultad.

- ¿Está bien, Levi?

- Sí, claro.

NOTAS FINALES

Gracias por sus bonitos comentarios, favoritos y seguimientos. La historia está ambientada en los 60 y la recién revolución sexual entre los jóvenes de esa época.