Happy Tree Friends © MondoMedia


Chapter 2


Se remojo los labios un poco con su lengua, al instante se arrepintió al sentir como el gusto metálico de la sangre llegaba a sus papilas gustativas. Acomodando una de sus espadas sobre su hombro, se giró levemente para observar el campo repleto de cadáveres de demonios.

El aroma a sangre entro por las finas aletas de su nariz respingada, ocasionando que cerrara sus ojos por un momento. Necesitaba respirar un poco ese aroma, para asegurarse de que estaba viva. Que el aroma a azufre estaba ahí, del mismo modo que esa sangre seca que comenzaba a acartonar su ropa.

Un clan completo, justo sobre el filo de su arma. El viento le pareció una delicia, al golpear contra su cara y hacer que sus largos cabellos se ondearan en la brisa caliente.

Observo guturalmente el fuego que consumía lentamente unas ramas cercanas. Esas llamas habían salido del hocico de uno de ellos apuntando directamente hacia ella. Ahora, ese mismo atacante reposaba inerte sobre el suelo oculto tras cuerpos mutilados que al igual que él intentaron tocarla con sus ataques.

Alzando su mano un poco, esa enorme pila de cadáveres se convirtió en mera ceniza, que se fusionaba con la del suelo seco.

Su misión había terminado. Excelente como siempre.

Plantando la flameante bandera del territorio firmemente sobre una roca, guardo nuevamente sus espadas sobre su funda, ocultándola por debajo de aquella capa color negra que Pop la obligaba a usar, para representar su alto rango en el territorio, comenzó a caminar con tranquilidad hacia la aldea cercana.

Una calle desierta la esperaba para darle la bienvenida. Cerrando sus ojos y quitándose esa capucha grito firmemente posando sus manos sobre su cintura.

—¡El Señor del Este, ya ha acabado con su problema, están a salvo!— Los humildes rostros de esos demonios, solamente podían llegar a sus expresiones mera alegría ante ese anuncio. Saliendo de sus chozas, la observaron levemente antes de encaminarse hacia ella en un eufórico grito en donde los gruñidos y rugidos dichosos predominaban en el ambiente.

Una demonio anciana, la más adulta del lugar le hablo en una lengua que ella tardo un momento en identificar. Acercándose levemente con su bastón extraño, esa demonio arcaica le mostro una mueca que parecía una sonrisa agradecida.

—El Señor del Este, desea mantener el equilibrio sobre su territorio. Así como los demás señores del infierno, y sus guerreros, es nuestro deber mantener estable el orden. — Hablo dibujando una escueta sonrisa ladeada, al escuchar salir ese extraño lenguaje de sus labios. Las lenguas eran sus especialidades, y mucho más aquellas del mundo demoniaco.

Dándoles la espalda se dispuso a dirigirse nuevamente hacia el castillo de Pop debía llevarle el reporte de la misión. Apenas se alejó unos metros de la entrada de esa Aldea, planteo una de sus manos en el suelo.

Basto cerrar sus ojos un poco, para abrirlos nuevamente y verse rodeada de la decoración extraña de la oficina de Pop. Su mirada calmada se posó en su presencia, dejando de lado rápidamente esos pergaminos que unos demonios le enseñaban.

—¡Lammy!¡Que gusto verte!— Su figura bajo de su enorme asiento para caminar a grandes zanjadas hacia la demonio que simplemente sonreía en un saludo silencioso.

—Hola Señor del Este— Aquel apodo pareció molestarle, pero lo ignoro olímpicamente para rodearla con sus brazos fuertes. Lammy se mantuvo estática, nunca lo admitiría en voz alta pero le agradaba recibir abrazos de ellos. Ya sea de los gemelos o Pop y Cub, recibir esos abrazos después de haber llegado de misiones, la hacía sentir ciertamente perteneciente a ese lugar. No estaba sola, si los tenía a ellos allí.

Ellos eran su familia ahora.

Ya hacia alrededor de medio siglo que ellas habían desertado al cielo. Estaban firmemente creyentes, que jamás volverían a ese lugar, ese nunca fue su lugar de pertenencia.

A ella, a diferencia de las demás, al principio no le interesó mucho volver al infierno apenas haberse arrancado las alas. En cambio, junto con sus gemelos, se fue a recorrer el mundo humano hasta que prácticamente termino conociendo todos los lugares de memoria. Cada sensación, en conjunto con cada paisaje, lo experimento y vio cien veces antes de por fin volver al infierno junto con sus gemelos.

Pop, los recibió inmediatamente y los acogió bajo su ala protectora de las críticas hacia sus pecados anteriores. Los demonios eran seres que vivían del odio y rencor, era natural que recordara todo lo que ella y sus guardianes, hicieron bajo las órdenes de Mole, no aceptándolos del todo.

Cosa completamente diferente sucedió con las demás, que fueron recibidas con los brazos abiertos ante la ayuda brindada a sus territorios. Ahora, con medio siglo de una vida demoniaca, esos prejuicios ya comenzaban a abandonarla completamente pasando del rencor a el respeto.

Todavía le daba gracia a aquella ocasión cuando se presentó junto con los gemelos frente al territorio y un demonio de clase alta trato de atacarlos con una enorme espada. Por supuesto, ella no permitió a sus gemelos involucrarse en la pelea que había dado inicio cuando ella bloqueo su ataque con simplemente una de sus manos. ¿Qué podía decir? Necesitaba desquitarse con algo todo esos años de "honradez y santidad", que sufrió en el paraíso.

Y ese demonio fue un buen saco de boxeo a la hora de estrenar sus nuevas fuerzas demoniacas. Ocasionando, paralelamente que las masas del territorio, confiaran en ella y en sus gemelos, como una fuerza segura a la hora de protegerlos.

—Tu cuarto está listo para que descanses. Puedes tomarte un baño y comer algo antes de recostarte a descansar, debes estar exhausta.—Una sonrisa cariñosa cubrió sus labios ante esa preocupación fraternal. Quizás ella nunca conoció a su familia humana, pero si algo en su vida alguna vez se llegara a tomar una figura de padre en ella, seguramente sería ese demonio que tenía en frente.

—No te preocupes. Me daré un baño, comeré algo y partiré enseguida— Una ceja en alto le dio a entender que esperaba una respuesta— Pienso ir a visitar a Flaky. Quiero ver al pequeño demente— el apodo cariñoso ocasiono que Pop mostrara unas leves arrugas alrededor de sus labios al sonreír con diversión. El apodo de cierta manera le quedaba perfectamente a ese niño.

Antes de retirarse por la habitación, ella se giró levemente para observarlo por encima de su hombro. Estirando su brazo un poco para que aquella sirvienta que se le había acercado le retirara la armadura que rodeaba su antebrazo, sonrió suavemente.

—¿No han vuelto?

—Todavía no. Aunque conociéndolos no será tan difícil encontrarlos— Una sonrisa ladeada cubrió sus labios carnosos al escuchar al demonio decir aquello.

—Recuérdame darles una paliza por demorarse— Una paliza muy dolorosa, por atrasarse en un simple mandado. Definitivamente debía cuidarlos más en las apuestas, esos dos se obsesionaban con la idea de estafar a los ilusos humanos.

El agua paso por su cuerpo como una caricia. Como siempre no tenía moretones o cortes que curar, pero a pesar de eso, cerro sus ojos para comenzar a enviar energía hacia su piel. Era refrescante sentir como las células comenzaban a regenerarse nuevamente eliminando las antiguas. La llenaba de energía.

Al salir, observo su armario con firmeza. No necesitaba llevar armadura, después de todo, sus armas más confiables a la hora de pelear eran sus manos. Atrapando un suéter de lana blanco, lo paso por encima de su torso tibio. Una pollera negra llamo poderosamente su atención, era a tablas, por lo que al observarse al espejo le agrado completamente su aspecto.

Era verdaderamente sorprendente la manera en la cual su mirada de sí misma había cambiado desde que se convirtió en demonio. Antes cuando observaba su reflejo, siempre estaba ese ente detrás de su oído susurrándole oscuros deseos de codicia y perversión, pero ahora se veía a ella. Independiente, poderosa y sin recibir órdenes de nadie más que de sí misma. Pero sobre todas las cosas…Libre.

Era alguien nueva, que no estaba siendo manipulada por nadie más que sus propios instintos. Era un demonio, sí, pero eso simplemente era algo natural. Con decir que ella nunca se creyó humana, ya demostraba el grado tal de mentalidad que tenía en ese tiempo.

Observo sus espadas sobre la cama, tomando rápidamente su decisión extendió su mano sobre ellas, emitiendo una profunda iluminación color lila que ocasiono que por un momento sus largos bucles se ondearan levemente ante el poder liberado, sintió el cosquilleo involuntario sobre su nuca. Cuando las vio desaparecer, y las sintió resguardadas en el lugar oscuro dentro de su mente sonrió.

Esa técnica la había aprendido en uno de los libros que Mole una vez resguardo dentro de su habitación. Por supuesto, que lo primero que hicieron sus gemelos cuando Pop obtuvo el poder fue vender todas las cosas de valor que pudieron encontrar de ese demonio ciego, a un precio que triplicaba su precio original por el solo hecho de que era perteneciente al legendario demonio. Y entre esas cosas que sus demonios tomaron para hacer crecer su propio capital económica, ella pudo rescatar varios libros que ellos pensaban tirar por el solo hecho de que estaban escrito en otro idioma.

Colocándose sus botas, planto una de sus manos sobre el suelo dibujando un certero signo que comenzó a brillar apenas ella cerro sus ojos. Al abrirlos el clima había cambiado a su alrededor, era más cálido, más agradable. Basto únicamente que se de media vuelta para observar el imponente castillo de ese territorio. Le dedico una leve mirada a la enorme estatua de Flaky que observaba el territorio con una mirada tan amable como la persona original detrás de esa figura.

Una mirada alcanzo por parte de los guardias de la entrada, para que le permitieran pasar por la puerta principal regalándole una inclinación respetuosa. En silencio ella escucho como sus tacones golpeaban contra el pulido piso.

El aroma cálido que cubría ese lugar, siempre le traía recuerdos, de cuando se quedaron ahí en la temporada en la que entrenaba a Flaky. Ese tiempo fueron los primeros momentos divertidos que pasaron en sus vidas con esos demonios tan peculiares.

Su nueva familia. Le decía su inconsciente, haciéndola callar rápidamente ante el sonrojo leve que aparecía en sus mejillas al ponerles esa categoría a esos demonios.

Escuchando el sonido de sus tacones chocar contra el suelo, paso hacia el salón principal. Haciendo que la imagen ante ella la forzaran a soltar una risa burlesca.

Flaky sentaba sobre el regazo de Flippy, con sus amplias manos, pícaramente, trataban de apretar sus glúteos quitando a la vez aquel vestido que traía. Hipnotizados, por un beso sonoro que fácilmente dejaba entrever los gemidos de excitación que los rodeaba. Sus delgados brazos cubrían su cuello, mientras un movimiento de la cadera de Flippy, ocasiono que la pequeña demonio chillara avergonzada.

Lammy recargo su espalda contra una columna cercana, cruzando sus brazos sobre su pecho generoso. Pasaron alrededor de dos minutos antes de que sintiera como una mirada verdosa se posaba sobre ella.

—¿Lammy?—Escucho susurrar, ganándose una mirada confundida de su mujer.

—¿Eh?

—No se molesten por mi…Ustedes continúen— Mostro una sonrisa ladeada ante el sonrojo furioso que mostro Flaky al girarse hacia ella.

—¡No…no es lo que…que crees Lammy!— Trato de bajarse de encima de su esposo. Pero el brazo del demonio cubriendo su cintura apegándola más a su cuerpo, la hicieron detenerse en seco.

—Si buscas al niño, esta con su niñera del día.—Apunto hacia una puerta, mientras mostraba una sonrisa ladeada con Flaky sin dejarse de remover entre sus brazos.—Ahora si me disculpas volveré a lo mío— La de ojos claros, no pudo evitar soltar una carcajada sonora al ver como la peli roja trataba inútilmente de salirse de su agarre y que él dejara de besarla.

—No se molesten. Vine a ver al enano no su coito…—Con tranquilidad camino a la puerta cercana, no sin antes detenerse con su mano en la perilla— Por cierto, Flippy…

—¿Ah?—pregunto asomando un poco su mirada de entre los pechos de la de cabello rojizo.

—No quiero que la sueltes hasta que me den otro niño…—Soltó burlona, ganándose un asentimiento por parte del demonio y un grito histérico por parte de la ex humana. Ignoro lo gritos de su antigua alumna, para adentrarse en ese pasillo iluminado por las velas y esos candelabros.

Dio un par de pasos más, antes de sentir como su cintura era rodeado por pequeños bracitos infantiles. No tuvo que pensar mucho, al ver esa cabellera verdosa y escuchar esa voz chillonamente infantil.

—¡Tía Lammy!— Ahí estaba esa tendencia del pequeño, a llamar de esa manera a todos sus mayores. Sin duda Flaky, había influenciado mucho en su educación en ese ámbito, lo cual hacia al pequeño aún más adorable ante sus ojos.

Alzándolo en sus brazos, beso su mejilla sonoramente, rodeándolo con sus brazos pegándolo a su pecho.

—¿Cómo has estado, enano?—Si había una etapa del día en la que Lammy, dejaba de ser la seria y calculadora Lammy, era cuando se encontraban con niños. Sean humanos o demonios, para ella eran su debilidad. Sacaban a flote aquel instinto materno que tenía escondido en su interior.

El hijo de Flippy y Flaky en conjunto con la hija de Petunia y Handy, eran sus preferidos. Ambos mostraban un respeto y admiración hacia ella que todavía no lograba entender. Lo bajo al suelo para ponerse en cuclillas frente a él.

—¿Qué estabas haciendo?— Pregunto curiosa. Flaker, era un niño revoltoso, rebelde y altanero, digno clon de su padre. Pero a pesar de eso, con los extraños por ejemplo, mostraba una timidez propia de su madre. Una perfecta fusión de ambos, en un solo ser.

Pícaramente él llevo sus pequeñas manito a sus labios para reír travieso.

—Estoy escondiéndome de TíoSplendid—Lammy ladeo su cabeza levemente ante aquella declaración. Pero no alcanzo a contestar, cuando noto como un certero coscorrón se posaba sobre la pequeña cabecita del niño, dejándolo en el suelo a punto del llanto ante el dolor.

No pensó al reaccionar, alzándose sobre sus pies y plantando un certero puñetazo a la persona causante de eso. Vio un cuerpo volar lejos hasta el punto de romper la pared de concreto cercana. Pero eso no se quedaría así, no, para nada. Nadie se metía con los niños, estando ella presente.

Remangándose sus mangas hasta el punto de sus codos, y caminando a grandes zanjadas hasta la pila de escombros. Atrapo un mechón de cabello azulado que se distinguía entre el desastre, levantándolo con una facilidad increíble, lo observo con sus pupilas dilatadas ante la cólera que tenía su cuerpo. Al instante reconoció ese rostro adolorido que le sonreía bobamente ante su imagen.

Con más razón, apretó sus puños hasta el punto de sentir como las venas bajo su piel se dilataban de presión. Electricidad cubrió la palma de su mano cuando ella la poso claramente sobre su estómago duro. Vio su cuerpo retorcerse frente a su ataque haciéndole sonreír sádicamente antes de lanzarlo a un lado, como si de un trapo sucio se tratara, y bajarse de esa montaña de escombros para caminar tranquilamente hacia el niño.

Alzándolo entre sus brazos, beso su frente cálidamente calmando sus sollozos rápidamente, a la vez que su mano calmaba ese golpe con dulzura.

—¿Ya paso?— pregunto dulcemente asiéndolo asentir levemente sonrojado.

—¡Te vi sonrojarte, mocoso de mierda!— El grito de Splendid la hizo girar su rostro para observarlo con cara de pocos amigos. Como si de una serpiente a punto de morder se tratara, lo observo intensamente, dispuesta a partirle la cara si se acercaba un paso más.

—¡Debería darte vergüenza golpear a alguien más débil que tú!¡Y más a un niño!— Indignado él llevo una mano a su pecho antes de contestar con una voz molesta.

—¡Ese mocoso no es un niño, es un demonio!¡Que tiene pensamientos depravados contigo!¡Solo mira cómo se sonroja cuando lo abrazas!— chillo haciendo que el niño emergiera de entre sus brazos para alzar uno de sus pequeños dedos en una señal ofensiva.

—¡No es cierto!¡TíoSplendid tiene una colección de invocaciones tuyas en su habitación!

—¿Invocaciones?— pregunto Lammy curiosa, observando esta vez al niño.

—¡Sí! Son...mmm…¿Cómo eran sus nombres?—una pequeño dedito se posó en su mejilla regordeta haciendo que ella eclipsara ese gesto con el rostro de su madre— Esas imágenes que tienen los humanos…

—¿Fotografías?— aporto la demonio, haciendo que una sonrisa blanca emergiera de esa carita regordeta.

—¡Sí!¡Esas!¡Tío Splendid las obtuvo cuando tú te fuiste una temporada a al mundo humano con los tíos gemelos!—Señalo, haciendo que Lammy escuchara tragar con rudeza al demonio que trataba inútilmente de callarlo.— En ellas tía Lammy se ve muy linda en su traje de playa— Aquello fue la gota que derramo el vaso. Dejándolo en el suelo, beso su pequeña mejillas antes de decirle que la espere en su cuarto con ropa cómoda, prometiéndole que entrenarían un poco.

Apenas lo vio desaparecer de su vista, cerro sus ojos con lentitud para luego saltar hacia el demonio que trato de escaparse, pero que termino con su espalda pegada contra la pared y ella con sus uñas clavadas sobre su cuello.

—Tienes un minuto, para explicarme lo que acabo de oír. Comienza.

—Lammy… veras… Ese mocoso es un demonio mentiroso, que…—No le permitió terminar ya que su puño termino estrellado a pocos centímetros de su rostro. Al posar su mirada sobre la de ella, casi se atraganto con su propia saliva. ¡Daba miedo, joder! Era como tener a la antigua y desalmada Lammy de nuevo.

—Flaker no miente. Es un niño…

—Es un niño demonio.

—Sigue siendo un niño.

—Pero…

—¡Silencio!— Rugió acercándose más a su rostro en un afán de que le diera respuestas. Pero su intimidación comenzó a decaer cuando sintió como la comisura de sus delgados labios se alzaba en una sonrisa seductora, al momento en que sus labios eran profanados por ellos. Estética en su lugar, ella se mantuvo un momento callada, antes de clavar el filo de sus nudillos sobre ese mentón delineado. Era un atrevimiento imperdonable.

Lo observo en el suelo, con la mirada baja, para desconcierto de ella no salieron estúpidas palabras de excusa, en cambio obtuvo una sonrisa cínica que la hicieron abrir sus ojos con rudeza. Con sus sentidos alertas lo vio incorporarse nuevamente sin aun dignarse a levantar su mirada y observarla.

Esperaba cualquier blasfemia proveniente de sus labios, pero nunca llego. Y fue en ese momento en que se dio cuenta que las cosas no estaban bien.

Quizás fue esa vez la primera vez, que en verdad observo a Splendid más de la cuenta. Que su calculadora mente no pudo articular lo que estaba por hacer, no pudo leerlo como antes.

—Con que nunca lo harás…¿Verdad?— Su voz sonó en un tono tan bajo, que si en esos momentos se encontrara siendo humana. Jamás podría lograr escucharlo.

—¿A qué te refieres? Habla claro y sin murmurar— Dijo en un tono autoritario, del cual en algún lugar de su interior se arrepentía al escuchar lo tosca que sonaba. Su mirada azul se elevó, ocasionando que ella mostrara desconcierto por primera vez frente a él, atónita a lo que veía: Decepción. Rendición.

—Foxy tenía razón…

Al escuchar aquel nombre, tuvo que controlar a la bestia interna de su mente que ya comenzaba a emerger entre un rio de sangre con su armadura lista para matar. Era curiosa la manera de reaccionar que tenía su mente ante las situaciones que se le presentaban.

Juraría que si esa estúpida no hubiese sido importante para la dominación de tropas en su tiempo. Y ella no hubiese estado del mismo lado, la hubiera matado apenas tuviera la oportunidad. ¡Pero no! Ella tenía que aliarse con los buenos y mantener a salvo a los de su lado, teniendo prohibido asesinar a alguien de la alianza.¡Gran idea, Lammy!¡Gran idea!

Quería gritar a toda garganta: "¡¿Qué mierda te dijo esa zorra de mí?!". Pero con su mirada de odio profundo, basto para que Splendid nuevamente comience a hablar

—Olvídalo. Debo irme. Por favor, avisa a Flippy que me iré al mundo humano.— Solo con esas palabras se despidió, dejándola en ese pasillo con el frio silencio que era mutilado por el tintineo que hacían las gotas de cera de las velas, al caer sobre el frio metal del candelabro oscuro.

No era que lo notara o lo observara mucho, pero ese sujeto estaba extraño últimamente. Bueno en realidad, desde su punto de vista siempre fue un sujeto raro que debía mantener a una distancia enorme lejos de su cuerpo. Pero en ese tiempo había presentado un patrón de conducta que la dejaba pensativa, o cuando en ocasiones solía mostrar una mirada extraña, cuando creía que nadie lo observaba.

Frunciendo su ceño, negó repentinas veces, antes de abrirse paso hacia la habitación del niño, le había prometido entrenarlo por esa tarde. Y ella mantenía sus promesas sobre todas las cosas.

Ese niño, sencillamente era un verdadero prodigio en cuando a talento para la lucha se tratara. Tal vez estaba completamente arriesgándose de que la llamaran loca, pero había ciertas cosas que le notaba en ese niño que le hacían prácticamente eclipsar esa profunda mirada verde, cargada de inocencia, en la sádica mirada dorada que el demonio que lo procreo. Y no era solamente en ese tipo de cosas que las veía con su mirada analítica, eran muchas otras cosas más. Su estilo de pelea, era veloz y poderoso a pesar de su corta edad. Solo era necesario observar cómo se lanzaba hacia ella con una espada en mano para darse cuenta que era el fiel reflejo de esa entidad que permanecía dormida en su padre y que solamente aparecía en intervalos de tiempo para dar su opinión o cuando una verdadera pelea estaba en la puerta.

Flaker, era una perfecta combinación de Flippy y Fliqpy juntos. Sino era que muchísimo más poderoso.

Shifty solía decirle que ella tenía esa opinión del niño, por la sola razón que lo veía desde un punto de vista afectivo, casi orgullosa de él. Pero no. Ese niño definitivamente tenía algo que la dejaba con su mirada puesta más de la cuenta sobre su pequeña figura.

El filo de esa espada paso rozando su mejilla, sin ni siquiera ella inmutarse por tal acto. Alzando su brazo empuño su espada para que de un movimiento rápido, lo desarmarlo para luego proseguir a empujarlo delicadamente con una pequeña onda de energía que lo dejo un momento atontado con su espalda pegada al suelo. Acercando la punta de su espada a su cuello pincho un poco la piel, para que él alzara la mirada hacia ella.

—Tenías veintiocho espacios sin defender por los cuales pude haber atacado. Mejora tu postura, no tensas tantos tus hombros y mueve tus pies con más rapidez— Al contrario de lo que ella esperaba, él no lloro. En cambio, lo vio alzar una risita divertida tratando de recuperar el aliento.

—¡Eres…eres fantástica tía Lammy!— La imagen de una Flaky con su rostro rojizo, tratando inútilmente de obtener su respiración nuevamente, luego de que ella le diera una paliza en un entrenamiento, le llego a su mente como un Deja Vu.

"Eres genial Lammy". Le dijo esa vez luego de que ella le mostrara un estilo de pelea que podía utilizar para defenderse del enemigo atacando al mismo tiempo que se defendía. Nunca le habían dicho algo con tal tono de agradecimiento.

Y el recordar como esa escuálida humana, la acepto aun a pesar de ser una aliada potencialmente sospechosa, la hicieron sonreír cálidamente ante el reflejo que tenía frente a ella. Ese niño era definitivamente aquel pequeño ser que se movía incomodo cuando ella solía revisar su estado cuando aún se encontraba en el vientre de su madre.

Lo levanto entre sus brazos para revolver sus cabellos que parecían retar a la gravedad, y estrecharlo contra su pecho maternalmente. Era un niño encantador.

—¿Estás cansado?— Al verlo tratar de negar, cuando apenas podía sostener su pequeño cuerpo sobre sus escuálidas piernas, la hicieron soltar una carcajada leve. Alzándose sobre sus dos piernas, lo sostuvo contra su pecho sintiéndolo vacilar entre un estado de inconsciencia, casi a punto de cruzar las puertas que el Dios Morfeo resguardaba con recelo. Apoyo su mejilla sobre su pequeña cabecita cerrando sus ojos para sumergirse levemente en un estado de paz que la hizo suspirar.

Había algo que jamás podría negar, los niños le causaban una paz infinita. Que hacía que por un momento se olvidara de su posición en ese infierno, del respeto y temor que rodeaba su figura y su nombre cada vez que su presencia se hacía notar en un lugar.

Pero sus ojos se abrieron con rudeza, al sentir como un piqueteo se posaba en su nuca. Sabía quién era. Pero la pregunta en su mente fue:¿Qué estaba haciendo allí todavía?. Girándose sobre sus talones, observo con brutal intensidad a los ojos azules, que entre las sombras que le otorgaba una de las puntas de ese enrome castillo, se mantenía con la mirada puesta en ella.

—¡Lammy!— la melodiosa voz, la hicieron apartar su mirada por un momento para posarla sobre la hermosa mujer que venía a su encuentro. Giggles siempre seguiría hermosa.

Volviendo su mirada levemente hacia el lugar donde ese demonio la observaba, encontrándose con un silencioso vacío, volvió su mirada al par de demonios que venían a su encuentro. Cuddles sostuvo entre sus brazos al pequeño niño entre sus brazos, para llevarlo a su alcoba. Ella simplemente lo ignoro, estaba demasiado ocupada tratando de entender todo lo que le comentaba la de cabello rosa, con su lengua volando a miles de kilómetros por hora.

Dio una última mirada hacia el techo, antes de entrar a tomar algo con ellos. Definitivamente ese demonio estaba raro, demasiado para su gusto.


Muchas gracias a aquellos que comentaron, agregaron a favoritos y en alertas. No saben lo feliz que me hace que esta continuacion sea bien recibida! :)

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