CAPÍTULO 2

Regina estaba concluyendo su primera semana en la mansión y aún no conocía al enigmático músico, ahora sí que ni en fotografía pues el hombre no lo permitía ni para las portadas de sus discos. Seguido era noticia de los medios de publicidad pero las imágenes que presentaban siempre eran de lejos y protegido por personal de seguridad. La chica no se lamentaba, al contrario, agradecía en el alma no tener rose con él, partiendo de que era una especie de monstruo que gustaba de torturar cuando andaba de malas según le comentaron los empleados de la mansión. Fuera de todo el chismorreo, Regina adoraba su trabajo y todo lo que implicaba.

La biblioteca era una enorme habitación repleta de libreros de piso a techo con solo una porción del muro del fondo libre donde lucía un hermoso ventanal que daba a un hermoso jardín lleno de flores y árboles de la región, teniendo como fondo el mar entre las playas de Quintana Roo y la Isla de Cozumel. Su horario de trabajo era de ocho a cuatro, así que apenas le quedaba tiempo de acudir a la escuela para concluir sus estudios. Suerte que solo quedaban unos días para terminar el curso. Otro aspecto que la tenía enamorada era el gato más hermoso que jamás conociera y que se había pegado a sus faldas desde que llegara a la mansión, como todo un galán conquistador.

-Cuídate de que ese animal no te siga al ala norte de la casa, si el Señor Robin descubre que el gato ha vuelto, esta vez lo mandará a sacrificar…-.

-¿Cómo puede ser tan malvado con un animal indefenso…?- Regina tomo en sus brazos al precioso ejemplar tratando de protegerlo del ogro de la mansión.

-¡No preguntes niña, solo obedece…!- Mati fue terriblemente clara, era mejor eso a experimentar una desagradable sorpresa.

-De acuerdo. Señora Mati ¿Si él no lo quiere me lo puedo quedar?-.

-¡Claro! Si logras que se vaya contigo… Lo he mandado regalar unas cuatro veces y siempre se escapa y regresa sin importar que tan lejos lo haya mandado- Mati no era amante de las mascotas, pero no por eso les daba mal trato, solo que desde el punto de vista de Robin había mucha razón para que el gato no permaneciera en la mansión.

-¿Tiene algún nombre?- Regina sonreía con tristeza solo de pensar en la desestimada lealtad del felino.

-Los padres de Robin le llamaban "Minino"-.

-Minino…- Regina sonrió divertida por el poco ingenio para bautizarlo- Prometo que tendré mucho cuidado de que no sea descubierto y cuando concluya mi contrato me lo llevaré tan lejos como pueda y lo encerraré hasta que olvide este lugar- Regina declaro más como una promesa que otra cosa. El gato y ella eran almas gemelas y no lo dejaría a merced de su horrible patrón.

Ese mismo día por la tarde…
-¡Ayyyy…! ¡No puede ser…!-.

Regina que se dirigía a la biblioteca se detuvo al escuchar a Mati quejándose lastimosamente. Corrió a su encuentro y la vio de rodillas sobre la alfombra del corredor, con un abanico de papeles regados frente a ella.

-¡Señora Mati…! ¿Se ha lastimado?- Regina se acercó presurosa fijando la vista en la afligida mujer.

-¡Me duelen un poco las rodillas! Esto me pasa por olvidar los encargos urgentes…- Mati se tallaba la parte dolorida mientras respondía y se recriminaba.

-Si me dice a donde van estos sobres yo misma lo llevo para que se tome un respiro- La chica ya estaba en la tarea de juntar los papeles del suelo.

-Gracias mi niña… ¿Recuerdas la habitación donde te entreviste?- Mati espero la respuesta de la chica para continuar con su explicación -Es el despacho del patrón, pon todo sobre su escritorio y regresa de inmediato a tus labores, no quiero que nadie te vea ahí-.

-Por supuesto… No se preocupe, ahora mismo regreso- Regina camino veloz por el corredor del ala privada de la casa, llegando sin duda a la puerta del elegante despacho. El escritorio bellamente labrado se encontraba hasta el extremo opuesto de la habitación, así que con paso ligero cruzo la distancia que los separaba y depositó sobre la obscura cubierta el bonche de correspondencia que llevaba en las manos. Cuando se disponía a salir escucho como de pronto la puerta lateral se abría.

-¿Y tú quién eres?-.

Regina nerviosa se giró lentamente para enfrentar al maleducado de la voz profunda.

-Soy Regina la bibliotecaria- La chica miro de arriba abajo al gigante frente a ella, tranquilizándose notoriamente al deducir de quien se trataba -Si tu no me delatas ante el patrón tampoco yo diré que te he visto por acá…- Regina no quería que reprendieran a Doña Mati por su causa.

-Me parece un trato justo… Y por casualidad Regina ¿Quién supones que soy yo?-.

-El jardinero…- La chica no podía pensar otra cosa del hombre que aunque guapísimo, vestía ropa de trabajo, estaba bastante desalineado y se tallaba las manos sucias de grasa…

-Cierto- El hombre se acercó hasta quedar a un paso de la chica -Gracias por no denunciarme… ¿Trajiste un encargo de Mati?

Regina tuvo que estirar su cuello para ver al sujeto a los ojos, sorprendiéndose ante los más increíbles ojos azules que la miraban con sospecha.

-Sí, la correspondencia que acabo de dejar sobre el escritorio- Regina intimidada señalo hacia el altero de papeles -Lo que pasa es que Mati tuvo un pequeño acci… ¿Se puede saber tu qué haces aquí?- De pronto la chica se percató que estaba hablando de más con un desconocido en el ala privada de la casa.

-Vengo de reparar el lavabo del patrón… - Ahora el varonil rostro mostraba una sonrisa burlesca -¿Mati se encuentra bien?- La sonrisa cambio a gesto de preocupación.

-Si- Regina rompió el hechizo de los ojos azuels cuando escucho el nombre del ama de llaves; de inmediato empezó a caminar hacia atrás -Debo marcharme si no quiero que me sorprenda el señor Locksley… ¡Tu deberías hacer lo mismo…!- Las últimas palabras, la chica las gritó junto a la puerta.

-Mati, ya me voy… ¿Recuerda que le comenté que hoy llegaré un poco tarde?- Regina no había explicado el motivo de sus salidas diarias porque era en su tiempo libre y en él podía hacer lo que quisiera, aunque la verdad es que calló por temor a que a la Nana o al Señor Locksley les disgustara la idea de que estudiara. Ella sabía que a muchos patrones les parecía motivo de distracción en el trabajo.

-Si Regina, toma esta tarjeta magnética para que seas libre de entrar y salir a tus anchas, solo recuerda que debes hacer buen uso de la confianza que te otorgo-.

-De acuerdo Señora Mati y gracias…- La joven no quiso salir con la trillada frase de "No la defraudaré", no porque no pudiera comprometerse si no porque le parecía de pésimo gusto.

Horas después…
Regina se dio el lujo de quedarse un rato en la celebración de fin de curso en un restaurante bar con música viva y toda la cosa.

-¡Y Cenicienta se convirtió en princesa..! Te ves fabulosa cariño ¿Traías tu traje de noche en la calabaza?...-.

-No mi David curioso, lo traía en esta gran bolsa mágica. –Alzando una bolsa de mano algo grande- no quise salir vestida así de la mansión para no ser motivo de cotilleo entre los empleados. Les encanta…-

Regina entraba colgada del brazo de su incondicional amigo -¡Tú también te has puesto muy guapo…!- La chica adoraba a ese hombre de atractivo rostro de niño travieso, con una sonrisa encantadora y ojos azules que lo hacían muy atractivo.

-Te aclaro que yo siempre me veo guapo cariño, que no sea tu tipo no indica lo contrario…-.

David miraba con ojos analíticos el rostro de Regina maquillado con sencillez y su larga melena negra suelta hasta media espalda. Su amiga era una belleza, pero con ese atrevido vestido que portaba se veía tremendamente sexi, haciendo resaltar su exuberante cuerpo que nada tenía que ver con la ascendencia estadounidense de su madre de la cual había heredado su tez blanca, tono de pelo y esos lindos ojos castaños, pero esas curvas eran netamente latinas, que la hacían ver espectacular.

-¡Por supuesto que eres mi tipo! De otra manera no vendría contigo…-

Regina estampó un sonoro beso en el rostro de su amigo con una gran sonrisa de felicidad ¿¡Que más le podía pedir a la vida…!? Contaba con salud, un techo donde dormir, tres comidas al día, un trabajo bien remunerado y al mejor de los amigos. Además de que en cosa de dos días ya podría inscribirse en la universidad donde cursaría su soñada carrera de letras.

A las doce en punto de la noche, como toda una cenicienta, Regina se despidió de todos sus compañeros con mucho cariño pues a la gran mayoría no los vería en mucho tiempo.

-¿Cuántos corazones rotos estás dejando princesa?-.

-Solo el tuyo amor…- Regina miro su reloj que avanzaba inexorablemente -¡Tengo que irme David!-.

-Déjame acompañarte a la casa del ogro Cenicienta…-David arrastraba las palabras con algo de dificultad -Clásico en ti preciosa, te brincas de un cuento a otro y te quedas como si nada…- Las carcajadas del enfiestado hombre se dejaron oír en todo el local.

-¡Muy gracioso…! El taxi que me trajo ya me espera afuera así que tú te quedas y sigues disfrutando de la fiesta- Regina le dio a David un fuerte abrazo de despedida y se dirigió a la salida no sin antes detenerse con Killian que seguía a cargo de la entrada -Killian, con tu vida me respondes por la de David. Por favor que llegue sano y salvo al depa ¿Ok?-.

-Cuenta con eso primor…- Respondió el otro gran amigo de la chica con un abrazo de despedida.

Más adioses, besos y abrazos y una que otra promesa de llamar después. Regina suspirando por fin se encontraba sentada en la calaba… En el taxi que la llevaría de regreso al castillo encantado.

-¡Demonios…!-

Cuando Regina abrió la puerta de servicio una sinfonía de maullidos la recibió en la entrada.

-¡Perdóname gatito! Olvide darte de cenar antes de irme… Ven acá- La chica se agacho para cargar al animal y llevarlo directo a la cocina. Con la mano libre saco de la alacena una lata de comida para el llorón gato -¡Calma tirano…! ¿Qué no ves que te estoy atendiendo? ¡Auuu! ¡Maldita sea!- Cuando estaba a punto de retirar totalmente la tapa de lámina, esta se le resbaló haciéndole una cortada en el dedo pulgar.

Unos pasos fuertes que se acercaban desviaron la atención de la chica y la pusieron en alerta de inmediato pensando a mil por hora que hacer con el repudiado gato, en un acto desesperado lo escondió tras la puerta de los enceres domésticos junto con su cena.

-¡Mira que ha traído el gato…!-.

-Ni que lo digas…- Regina exhaló ruidosamente al ver de quien se trataba.

-¿Qué haces levantada tan tarde bibliotecaria? ¿No tienes que trabajar mañana?-.

-Hola jardinero, lo mismo te pregunto yo…-.

Regina observaba con cuidado al empleado que ahora venía vestido con ropas más finas pero conservando el mismo aspecto de hombre de las cavernas, con el pelo castaño un poco alborotado, esa barba bien cuidada. Se preguntó si todo su cuerpo estaba lleno de vellos, sus brazos, su pecho que se asomaba por la abertura del cuello de la camisa y seguramente… ¡Ayyyyyy Demonios! ¿Por qué su mente estaba divagando tanto? ¿Sería acaso que el jardinero no estaba nada mal….?

-Yo pregunte primero bibliotecaria…-.

La chica veía como el hombre se acercaba con paso indolente, sin retirar su mirada penetrante de la de ella. Con solo la barra de madera y mármol entre ellos, la chica pudo inhalar la dulce loción masculina mezclada con olor a tabaco y alcohol… Parecía que venía de algún festejo ¿Él también vivía en el ala sur de la mansión?

-Vengo de una fiesta ¿Y tú?- Regina sintió como su corazón se aceleraba al sentir la azul mirada recorriendo su rostro y escote, pero de pronto se detuvo por unos segundos al mirar al sujeto esquivar el mueble para eliminar los obstáculos entre los dos.

-También…-.

La chica sentía como si el hombre la acariciara con la mirada. Esta se paseaba lentamente y sin reparos por todo su cuerpo con una deliciosa desfachatez.

Una suave sacudida recorrió el cuerpo de la joven inundándola de calor al mirar la fuerte mano avanzar hacia ella hasta capturar un mechón de cabellos y dejarlos escurrirse entre sus dedos mientras sus profundos ojos azules se mantenían fijos en sus labios.

-¿Tuviste que pelear por tu hombre esta noche?-.

-¿Perdón?- ¡Diablos! Estaba perdiendo su capacidad de entendimiento por su nublado cerebro…

-Tienes una herida en el dedo- Las manos masculinas estaban a cargo inspeccionando la herida que no dejaba de sangrar.

-¡Ahhhhh! ¡Sí!- Regina casi se derrite al sentir el contacto de la suave y tibia piel del hombre; no se atrevía a levantar la mirada pues no estaba segura de poder enfrentar lo que estaba sintiendo.

Regina cerró un momento los ojos y los abrió totalmente pasmada al sentir que el jardinero lamia su dedo con sensualidad, sin quitar los turbulentos ojos azules de su mirada.

-¡Te suplico que no hagas eso!- Regina vio como el jardinero cerraba los bellos ojos y succionaba con erótico placer su dedo, moviéndolo con lentitud hacia adentro y fuera de su boca y
envolviéndolo con su tersa lengua

-¡Ohhhh mi Dioooos!- La temblorosa chica se acercó al poderoso cuerpo hasta rosarlo con el suyo, tomándose del fuerte brazo para no escurrirse hacia el piso.

Como si esa hubiera sido la señal esperada, el sujeto cargo en peso el cuerpo de la joven sentándola en la cubierta y acomodándose presto entre sus piernas… Con ambas manos tomo el rostro femenino acercando sus labios con lentitud para dar tiempo a la chica de impedírselo.

Regina no solo no lo hizo sino que adelanto su cabeza para acortar el momento del encuentro pues su boca le pedía a gritos probar los labios carnosos y sensuales que con la muestra anterior la hicieron sentir cosas deliciosas que jamás había experimentado.

Las bocas se unieron como si se pertenecieran de siempre, conocedores de sus sabores, texturas y rincones, sabiendo con precisión como tocarse, que tanto lamerse, con que intensidad morderse y en qué medida succionarse.

Las manos de Regina se paseaban libremente y sin reparos por la musculosa espalda, tratando de abarcar con sus caricias su amplitud, dibujando con los dedos las líneas de sus músculos, provocando los roncos gemidos del dueño que con manos dominantes sujetaban la cabeza de la chica moviéndola a capricho para profundizar más el beso, sin dejar espacio para un respiro.

Pero el contacto entre los cuerpos ya no fue suficiente… Sincronizados por el mismo reloj, la chica enredo las piernas en la cadera masculina y Robin jaló con fuerza para presionar los sexos con desesperación. Luego esas manos atrevidas viajaron al pecho de la chica para descubrir sus redondos senos…

-¡Ohhh! ¡Siiiiiiii! ¡Tócame! ¡Asíiii…! ¡Dioooos… que delicia…!- Regina jamás había vivido un encuentro candente antes, sus experiencias hasta ahora se habían limitado a besos y abrazos bastante inexpertos con dos o tres compañeros de escuela.

-¡Quiero hacerte el amor mi bella Regina!- La ronca voz declaro antes de capturar el sonrosado e inflamado botón que pedía a gritos por una caricia de sus labios.

-¡Siiiiiii! ¡Hazme el amor…!- Regina tomaba a puños el sedoso cabello del hombre invitándolo a seguir degustando el sabroso bocado.

El sonido de la hebilla del cinturón al soltarse se mezcló con el agudo sonido proveniente de algún lado de la cocina… O eso le pareció al excitado hombre que de pronto sintió como se enfriaba su cuerpo al descubrir que se trataba del maullido de un gato.

Sin más interés que saber de dónde provenía el endemoniado chillido el hombre se alejó de la chica y empezó a abrir puertas hasta dar con el objeto de su creciente furia.

En cuanto el gato se sintió liberado corrió hacia Regina y de un solo salto término en sus brazos buscando su protección.

Los azules ojos obscurecidos por la violencia que lo invadía siguieron la escena muy de cerca.

-¡Dime que no estás acogiendo a este maldito animal Regina!-.

-En un gato inofensivo- La chica sintió como la abandonaba la sangre de su cuerpo al ver la furia salvaje del hombre frente a ella.

-¡No quiero al gato en esta casa! ¡Si no te deshaces de él en este momento yo mismo lo haré y me cercioraré esta vez de que sea un viaje sin retorno!- El hombre se sentía tan furioso que temía lastimar a la chica si esta no ponía remedio de inmediato.

-¡El gato ahora es mío y ni tu ni nadie le pondrá una mano encima!- Regina respondió envalentonada al ver la amenaza cernirse sobre el pobre y viejo animal… Se encontraba de nuevo de pie frente a la furia del gigante y lo retaba con su heroica postura.

-¡Te equivocas preciosa!- Las fuertes manos tomaron con fuerza desmedida los hombros de la chica y la sacudieron con crueldad -¡Tú y ese maldito gato se van ahora mismo de aquí si no quieres pagar por tu estupidez…!-.

A pesar de su temor la chica dejo escapar una débil sonrisa cuando el gato asustado se salió de sus brazos huyendo del lugar abandonándola a su suerte.

-¡Suéltame! ¡Me estas lastimando bruto!- La chica estaba aterrada pero no le daría el gusto al cavernícola de verla suplicarle clemencia.

-¡Quisiera triturarte con mis propias manos niña estúpida!- El hombre incrementaba momento a momento la presión sobre la delicada piel.

-¡No soy ninguna estúpida maldito cretino!- Actuando sin pensar Regina logró empujar el musculoso pecho y agarrando vuelo estrello de un manotazo el rostro del grosero hombre dándose a la fuga de inmediato.

¡Craso error…! La chica sintió una garra de acero detenerla en el vuelo y estrellarla con violencia sobre el duro cuerpo masculino justo a tiempo para presenciar con pavor como la furia salvaje desembocaba en violencia y la mirada azul escupía odio asesino. Segundos después, sin ningún miramiento fue arrojada sobre la barra golpeándose el rostro y las costillas contra el frio mármol de la cubierta. Pero eso no acabo ahí, el aire de sus pulmones se escapó sin remedio al recibir todo el peso del gigante sobre su espalda.

-¡Ninguna mujer me pega sin que enfrente las consecuencias de sus actos!- El hombre vocifero sobre la cabeza de la aturdida chica y hubiera cumplido su amenaza si la voz de Mati no lo detiene.

-¿¡Qué está pasando aquí Robin!? ¡Por Dios suelta a Regina que la estas asfixiando…!- Mati no se esperó a ser obedecida, rápidamente se acercó al endemoniado hombre y lo jaloneó hasta lograr apartarlo de la pálida chica.

Regina en cuanto quedó liberada se deslizó hacia abajo hasta quedar de rodillas en el piso inhalando aire con todas sus fuerzas.

-¡Dios bendito! ¿Te sientes bien querida?- Mati estaba arrodillada junto a la chica y tocaba su rostro preocupada.

-Estoy bien Señora Ma…- La insistente tos no dejó a la chica terminar de hablar.

-¡Por Dios Robin! ¡Ahora si te has pasado…!-

Mati sufría por el comportamiento errático del hombre… Parecía que hacia siglos de aquel dulce chico que crió con todo el cariño que no le pudo dar a su hijo que muriera al nacer. Aquel chico lleno de amor que sonreía con facilidad y era amable y bondadoso con sus semejantes ya no existía, murió junto con su madre diez años atrás.

-¡Tal vez Matilde…!- Robin respiraba agitado mientras miraba a la Nana y a la chica alternativamente. Sin conseguir calmarse el furioso hombre se dio la media vuelta y se alejó dando tremendo portazo al salir de la cocina.

En cosa de minutos se escuchó el motor de una potente motocicleta salir de la cochera y de la propiedad como si llevara al demonio de piloto.

-¿Robin…? ¿Él era Robin de Locksley?- La débil voz de la chica se escuchó como de otro mundo.

-¡Vaya manera de conocerlo…!- Mati se lamentaba mientras ayudaba a la chica a ponerse de pie.

-De hecho lo conocí ayer, solo que él me hizo creer que era el jardinero… O más bien yo lo supuse y él no me saco de mi error. Seguro se estaba divirtiendo a mis expensas…-.

-Extraño… Robin no es muy dado a hacer bromas y llevarse con el personal… ¿Cómo te sientes?-.

-No lo sé Señora Mati…- Regina de pronto estallo en un llanto con rasgos de histeria, temblando convulsivamente -Creo que me he quedado sin trabajo…-.

-Ven siéntate aquí- Mati se aseguró que la chica no se desvanecería antes de servirle un vaso de agua -Bebe un poco cariño-.

-Lo siento, normalmente no soy llorona…-.

A la mente de Mati vino la visión de Robin torturando a la chica tendida sobre la mesa y pensó que en su lugar ella hubiera muerto de la impresión.

-Necesito que me digas que fue lo que paso entre tú y Robin- Mati pregunto cuando vio a la chica más calmada.

-El entro en la cocina cuando estaba a punto de darle de comer a… a…. al gato- Regina aún no había bautizado al animal, pero ya tendría mucho tiempo ahora que se quedara en la calle y se convirtiera en una indigente con mascota.

-¿Lo dejaste entrar?- Mati solo atino a mover la cabeza de un lado para otro empezando a entender.

-Sí, nunca pensé que a esta hora me encontraría con alguien en la cocina…- Regina se sentía muy avergonzada por todo, ahora que tenía la cabeza fría veía en retrospectiva el desarrollo de la última hora en la cocina.

-¿Pero eso no es todo verdad?- Mati sabía que Robin podía ser un cruel déspota cuando se lo proponía, como resultado de que alguien lo retara o desobedeciera, pero de eso a maltratar físicamente a una mujer…

-No- Regina no podía decirle a la buena mujer que estuvo a punto de tener sexo con Robin sobre la barra de la cocina… -Creyendo que el patrón era el jardinero no quise deshacerme del gato y me enfrente a él tratando de defender los derechos del animal… También lo abofeteé…- Regina sentía como el bochorno por su equivocado comportamiento se apoderaba de su rostro caliente.

-¡Dios bendito…!- Mati se llevó las manos a la cabeza como siempre que se le caía el alma al suelo.

-¡Lo siento mucho Señora Mati, jamás quise ocasionar problemas…! Haré mi maleta para marcharme ahora mismo y me llevaré al gato conmigo- Regina se levantó con renovadas fuerzas, dispuesta a corregir en algo su error.

-Espera Regina- Mati la detuvo de la mano y la miró muy seria -No es hora para que andes vagando por las calles, es muy peligroso, esperaremos a mañana para que recibas tu liquidación antes de irte.

-Señora Mati, de verdad quisiera irme ahora…- Regina sintió como las lágrimas inundaban de nuevo sus ojos.

-Si en algo has llegado a estimarme en esta semana que llevas aquí me harás caso y te irás a descansar. En la mañana yo te buscaré en tu habitación. Si te hace sentir mejor llévate al gato contigo… Estoy segura que si no lo haces no dormirás.

Regina encontró al gato escondido en una jardinera y se lo llevo a su cuarto. Con todo y eso no pudo pegar los ojos en lo que quedaba de la noche y a las siete en punto de la mañana ya se encontraba bañada y vestida y con su maleta hecha esperando la llegada de Doña Mati.