N/A: Hola de nuevo! No será un fic muy largo, no creo que tenga muchos capítulos más. Admiro la habilidad de algunos de achicar las cosas, a mi no me sale xD.

Les tengo una pregunta. ¿Qué opinan sobre si hay una posibilidad o no para el Simon x Marcy? Me interesa su opinión. Me gusta saber lo que piensa la gente que me lee


- Simone… ¿Qué lees?

Habían hecho una fogata a las afueras de la ciudad, o de lo que quedaba de ella, esa noche. A Marshall le gustaba tener la mirada fija en las llamas mientras abrazaba a Hambo, al mismo tiempo que estaba sobre el regazo de Simone y ésta lo abrazaba. Era curioso, en vez de sentir un reconfortante calor, el cuerpo de Simone irradiaba frío. Pero no era un frío desagradable. Era un frío refrescante que le hacía cosquillitas en la espalda, el estómago, y las mejillas. Hace rato que había dejado de mirar las llamas para mirar a Simone. El reflejo de sus gafas brillaba, escondiendo unos concentrados ojos que leían un libro.

La mencionada salió del libro y miró al niño en su regazo.

-Oh, esto es un compilado de varios mapas. Para saber hacia dónde ir mañana.

-Eso suena aburrido.

-Algo.

-¿Por qué no existen libros divertidos?

-Oh, claro que si existen. ¿Has leído un libro alguna vez?

-No sé leer muy bien.- Miró para otro lado con un ruborcito de vergüenza.

-Oh, claro. Es normal, aún eres chiquito. Yo te enseño, ¿te parece?

-¡Me encantaría!

-Bien, empezaremos mañana. Ahora es bastante tarde.

-Pero yo quería que me leyeras algo en voz alta. Pensé que lo que leías era un cuento.

-Ahh, así que era eso. Creo tener algún libro de ficción en mi mochila.- Alcanzó la gran mochila de viaje que tenía todas las cosas. Buscó específicamente en un bolsillo de la derecha.- Encontré uno.

-¿De qué trata?- Acomodó mejor a Hambo.

-Se llama Viaje al Centro de la Tierra, y es sobre un tío y un sobrino que intentan llegar al centro de la Tierra.

-Suena bien.

-¿Quieres que te lo lea?

-Por supuesto. Yo sólo quiero oír tu voz, así que no importa si el libro es aburrido.

Le dio un beso en la cabecita y lo atrajo más a ella, para poder poner el libro frente a los dos.

Estuvieron un buen rato metidos en el relato. El vampirito cerraba los ojos y se imaginaba el cráter en Noruega, el descenso por el mismo, el manantial. Todo detallado por la serena voz de la narradora. De repente dejó de pensar en la historia y pensó en Simone.

Jamás una persona había sido cariñosa con él. Había intentado encariñarse con su madre verdadera de la Nocheosfera, Harriet Abadeer, pero ella… no creía que eso fuese importante. Creía que un hijo del mal, como era Marshall Lee, debía centrarse primero en imponer su voluntad a los mortales antes de desarrollar lazos afectivos. Hasta lo dejó en esa tierra caótica, totalmente desamparado, para que aprendiera. Pero al final resultó algo bueno. Había conocido a Simone. Y jamás se había sentido tan feliz como cuando estaba en sus brazos. No quería separarse de ella nunca. No, prefería morir antes de volver a ese lugar muchísimo más feo y alejarse de ella.

-Bueno, es todo por hoy.- Cerró el libro, se recostó, y atrapó a Marshall en sus brazos.- Es hora de dormir.

-Pero no estoy cansado, tampoco Hambo. Es una linda noche, ¿no puedo dar un paseo?

-¿Qué? Ni pienses que te dejaré suelto por ahí, travieso como eres. Y para asegurarme de eso es que te abrazo más fuerte.- Le dio un beso en la frente. Cada beso que le daba le despertaba una alegría inmensa.- Buenas noches, Marshy.

-Simone…

-¿Mmm?

-Te amo.

-Yo también, querido.- Cerró los ojos.

-Pero… quiero que sepas que… te amo muchísimo más que a cualquier cosa en todo el mundo… ¿lo sabes, verdad?... ¿Simone?...- Su respiración se hizo suave.- Está bien, duerme. No haré ninguna travesura. Y buenas noches a ti también, Hambo.

Se durmió enseguida, con dulces sueños. No había mejor somnífero que estar rodeado de sus brazos y escuchar directamente el sonido de su respiración. Ya le haría saber cuánto la quería.


Este vampiro no era nada liviano.

Tras que lo que estaba haciendo carecía por completo de sentido, tenía que lidiar con arrastrarlo como pudiese con sus propias manos reales. ¿¡Y dónde estaba Gertrude cuando se la necesitaba!? Arg, eso le pasaba por tener súbditos pingüinos.

"Creo que ya empiezo a arrepentirme".

Ése vampiro con eterna juventud tenía realmente el habito de siempre estar en los lugares más extraños. Primero en esa cárcel, ¿ahora aquí? ¿Y qué carajo estaba haciendo en el Reino Helado? En cuanto despertase lo echaría de una patada por invadir sus dominios.

"Al menos así ya no le deberé nada por devolverme mi corona. Aunque no entiendo del todo por qué lo hizo, además de para darme un peluche. ¿Estará intentando que yo descubra algo con eso?... Que ganas de atravesarlo con un pico en este instante".

Algo era curioso. A pesar de las heridas, no tenía una mueca de dolor. Parecía, de hecho, estar teniendo un dulce sueño en éste momento. Susurraba cosas muy bajo, que no alcanzaba a oír.

Pensando que debía de dejarlo en algún lugar, lo primero que pensó fue dejarlo tirado en el suelo. Pero luego se dio cuenta que no era tan fácil como eso.

Peleando consigo misma por donde lo iba a poner, lo tiró sobre su propia cama. Ni aún con eso despertó, ni cambio su expresión de una extraña felicidad. Se veía mal, a demás de las heridas, parecía tener… frío.

Claro. Él, a diferencia de ella, necesitaba calor para sobrevivir. Y el que ya no le cayeran esas rocas heladas en todo el cuerpo no quería decir que no moriría de hipotermia.

Estaba segura de que guardaba unas mantas en un armario. Revolvió un poco y las encontró, de lana, bastante abrigadas. Tapó al vampiro con tres de ellas una encima de otra, y enseguida su cuerpo dejó de temblar.

"Me repito: ¿Por qué estoy haciendo esto?"

Ese vampiro era considerado uno de sus enemigos, no tenía sentido ayudarlo. Sin embargo, había algo en su interior que la obligaba a no dejar que le pasara algo. Un extraño instinto protector.

Sin percatarse de lo que hacía, se sentó al borde de la cama para observar mejor su rostro. Realmente era extraña esa sonrisa, esa sonrisa de paz y felicidad cuando estaba hecho comida de paloma. Aunque debía admitir que estar en ese estado hacía que el chico tuviera un extraño encanto. Casi como el de un niño dormido.

Cuando menos se dio cuenta se sorprendió a sí misma sonriendo y acariciando el cabello negro azabache.

"Pero, ¡¿qué demonios!?"


-¡MAARSHAALL!

Fionna volvió a llamar a gritos a su amigo. Ya había parado de granizar, pero en su lugar caía nieve suave y traicionera. Gumball no había considerado prudente quejarse de la nieve, ya que la rubia parecía estar empezando a preocuparse, a pesar de querer ocultarlo. Al menos estaban abrigados, él con una chaqueta rosa bien acolchada por dentro y ella con el suéter azul que el Príncipe le hizo hace tiempo.

-¿Crees que haya logrado escapar de ésta ventisca?- Le preguntó volviéndose hacia él.

-No. Lo más seguro es que no, no habría tenido tiempo.

La ojiceleste escondió una mirada de preocupación.

-Viejo, ¿por qué Marshall siempre termina metido en líos?- Pateó un poco de nieve.

Gumball no le respondió, sabía que era pregunta dirigida a la nada y no a él. La verdad que el vampiro tenía un don nato para atraer problemas, a veces aún más que las mismas Fionna y Cake.

-Hay que seguir buscando.- Le puso cálidamente una mano en el hombro, en señal de que iba a ayudarla.- ¿Puedes verlo?

-No, ¿tú?

-Tampoco… espera, mira allí.- Señaló un par de metros a su izquierda, antes de que la nieve tapara todo.

Era la sombrilla de Marshall. Y la nieve alrededor tenía algunas pinceladas de escarlata. Se acercaron a ese lugar con un poco de miedo.

-Glob… ¡la sombrilla de Marshall!... Gumball, ¿esto es…?

-Sangre, por lo que parece. A no ser que decidiera tomar jugo de tomate en miedo de una tormenta de granizo.- Fionna lo fulminó con la mirada.- Lo siento.

-Debe de haber una pista de dónde estará.

-¡Mira Fionna! Son pisadas, ¿las notas? Por la nieve que cae casi no se ven.- El Dulce Príncipe señaló el suelo.

La heroína de Aaa esforzó la vista. No había mucha luz, y la nieve lo dificultaba. Pero logró distinguir pisadas que venían directo de…

-El Castillo Helado.- Susurró el pelirrosado.

-La Reina Helada.- Masculló con una mirada de enojo.- Esa bruja tiene a Marshall.


Mirándolo se percató de que lo que susurraba desde el principio no eran muchas cosas, sino una sola.

-Mmm… Simone.- Susurraba ese nombre con una sonrisa pegada a los labios. Todo él en ese momento parecía inocencia.

Otra vez el nombre "Simone". Allí fue cuando la Reina Helada reconoció su oportunidad, la oportunidad de aclarar unos cuantos puntos en cuanto el vampiro despertase.

Lo cual ocurrió en aquel instante.

El Rey Vampiro empezó a recobrar la consciencia después de haber soñado con uno de sus recuerdos. Pero a diferencia de las otras veces, ahora no se encontraba en su cuarto. Tardó poco tiempo en acostumbrarse a la poca luz que había, por su naturaleza. Todo estaba oscuro como si acaba de anochecer. Tenía mantas de lana sobre él, lo que era explicable ya que hacía mucho frío. De golpe recordó lo que pasó antes de caer inconsciente.

Al voltearse, se quedó petrificado por dos ojos azules helados que lo miraban seriamente a poca distancia. Se le fue todo el aire de un golpe.

La presencia de la Reina Helada creaba de nuevo un ambiente calmado pero espeso.

-¿Qué estoy haciendo aquí?

-Podrías ser un poco más agradecido.- Le dijo fríamente.

Se levantó del borde de la cama y avanzó tranquilamente hacia la ventana, para cerrarla. El sonido de sus zapatos contra el piso de hielo inundó toda la habitación, retumbando en los oídos del vampiro.

Desde que Simone se había perdido a sí misma realmente se comportaba como una Reina cuando quería. Sabía ser fría y distante, y majestuosa, mirar fijamente para lograr inquietarte. Para lograr hechizarte. Y la atmósfera que había creado, con tan poca luz, ayudaba a su favor.

Se sentó en un sofá que estaba del otro lado de la habitación, contra la pared.

-¿Qué se supone que estás haciendo?

Ella lo miró, y ésta vez sonrió indescifrablemente.

Levantó algo que Marshall no había visto hasta entonces, por lo que no podría asegurar si lo tenía desde el principio o lo tomó recientemente sin que se diera cuenta. Parecía un peluche. No, era un peluche. Era Hambo.

-Creo que tú y yo tenemos una conversación pendiente. Y aprovechando tu pequeño desvío por el Reino Helado, me pareció buena idea tratarla.

-Fuiste tú quien me trajo aquí.- No era una pregunta, era una afirmación.

-La otra opción era que murieras de hipotermia, y los muertos no hablan.

-Oh, ¿en serio? No lo sabía.- Se burló sarcástico.- Bueno, basta ya de éste juego. Dime qué quieres.

Se levantó de golpe de su asiento, con una mirada de determinación.

-Te he salvado la vida, Rey de los Vampiros. Después de pensarlo, me di cuenta de que hay algo que puedes hacer para devolverme el favor. Hay algo que sabes, algo que yo no. Tú sabes quién soy. Por qué lo sabes, o cómo lo sabes, no lo sé. Pero quiero recordar lo que no recuerdo. Quiero que me digas quién soy.


N/A:

1) También deduje que si Finn tenía un suéter rosa que le hizo la Dulce Princesa (en sus caras, personas que dicen que ella no se preocupa por él) Fionna tendría un suéter azul que le hizo el Dulce Príncipe ;)

2) Amo a Julio Verne xD

3) No me animo a poner Fiomball pareja porque me quiero concentrar en Simone y Marshy, pero igual están juntos como amigos (por ahora).

4) ¿Lo estoy haciendo muy dramático? A veces creo que estoy haciendo a Marshall muy serio o a Simone muy… muy estilo majestad de animé.

Acepto reviews! ;)