Nota: Es la primera vez que hago esto y este es mi primer fic, así que disculpadme que no me haya explicado. Son 10 episodios y un epílogo que en realidad ya están escritos y que iré poniendo diariamente aquí, muchas gracias a los que lo habéis leído y a Sulietgirl por su amable comentario.
-2-
"Bien, Kate, esto es todo lo que tenemos por ahora, presentaré la apelación y esperaremos la resolución del juez, quizá ahora sí consigamos desbloquear al menos una parte de tus cuentas."
"Sería un alivio, Brian, apenas cuento con la ayuda de Richard, y la vida en casa de Carole no es fácil a veces."
"Lo comprendo, todo se arreglará, ya verás. ¿Cómo vuelves? ¿Quieres que te lleve?"
"No, gracias. Carole me ha prestado su coche."
"¿Y qué tienes que hacer ahora? ¿Conoces Brisbane? No es que tengamos nada espectacular, pero hay un parque estupendo aquí al lado, y conozco un par de restaurantes que no están nada mal."
"Muchas gracias, Bryan pero le prometí a Carole que volvería pronto, están sin coche y con un niño en casa nunca sabes cuando hay que salir corriendo."
"Es cierto, vivimos en un país salvaje. La próxima vez que necesite hablar contigo iré yo a verte."
Kate sonrió ante la idea de que Australia era un país salvaje, comparada con el lugar del que venía, lo era tanto como un zoológico. Pero aún así le agradeció su gesto y salió de su oficina.
Bryan, era su abogado, habían decidido justificar su huída por la presión de los medios, también los otros Oceanic Six parecían haber desaparecido del mapa, y aunque los medios más sensacionalistas elaborasen disparatadas teorías (aunque nunca tan disparatadas como la realidad, pensaba Kate) la opinión más extendida era que huían de la curiosidad que despertaban. Al juez que llevaba su caso no parecía ablandarle mucho esa explicación y había dictado una orden de búsqueda internacional contra ella. Bryan llevaba el caso discretamente y era muy amable con ella. Más de lo que sería razonable, considerando que era una convicta prófuga, pero, para Bryan, Kate era tan inocente como un cervatillo. Le recordaba mucho a Kevin.
La vuelta a la normalidad no había sido fácil. Cuando llegaron a Australia llamó a la madre de Claire, no lo había hecho antes para no hacerla sufrir con la espera, pero en cuanto desembarco tuvo la gran alegría de poder hablar con Aaron y la pena de la frialdad que notó en él, sobre todo cuando no la llamó mamá, sino Kate. No podía culpar a su abuela, es normal que estuviese dolida, había intentado ocultarle la existencia de su nieto y, para ella, Kate sólo era una extraña. Además seis meses en la vida de un niño era mucho tiempo y sin duda para Aaron había sido un trauma dejar su casa y perder a la que para él era su madre para irse con una abuela de la que nada sabía. En último caso, ella no tenía derecho a nada y menos con Claire de vuelta.
Durante la travesía, Richard les había explicado que según sus informes las cosas estaban mejor de lo que pensaba, parece ser que alguien, Charles Widmore seguramente, se había encargado, cuando el Ajira desapareció del mapa, de que sus nombres no estuvieran en la lista de vuelo. A Kate la buscaban, pero eso no era nada que un buen abogado no pudiese solucionar, por ahora podía usar el pasaporte falso hasta que se arreglará ese asunto. La madre de Claire había dejado Sydney cuando volvió con su nieto, vendió su casa y se mudó a Brisbane, al otro extremo del país, a una pequeña casita en las afueras, y a todo el que le preguntó le dijo que cuidaba de su nieto mientras su madre volvía de un largo viaje.
La alegría del reencuentro, hizo que, por un tiempo, ella olvidase todos los dolorosos recuerdos que había dejado atrás. Claire pareció mejorar visiblemente, se la veía alegre y besaba a Aaron y le abrazaba constantemente, hablaba con su madre de todo lo que hacían juntas cuando ella era pequeña. Y Aaron había crecido tanto.
El era precisamente el que menos feliz parecía, de ser un niño tranquilo y dulce, ahora estaba constantemente enrabietado y caprichoso. Comenzó a huir de los ataques de cariño de Claire y con Kate se mostraba distante y receloso. Sólo su abuela parecía controlarle un tanto.
Claire también comenzó a dar problemas pronto. Sus cambios de humor eran constantes, tan pronto se la veía radiante y quería llevarse a Aaron al parque a comprar helados y subir a las atracciones como empezaba a gritar diciendo que sabía que todo era un engaño, que su madre estaba en coma y que ese no era su hijo, que trataban de volverla loca pero que ella encontraría a su bebe. La vida se volvió insoportable.
Muchas veces pensaba en coger a Aaron y salir por la puerta para no volver nunca más. Carole, la madre de Claire, parecía leerla el pensamiento y apenas podía estar a solas con Aaron. No dejaba de pensar en el pasado. Le asaltaban los remordimientos, ¿cómo pudo saltar por aquel acantilado y dejar sólo a Jack que se desangraba por momentos? Debería haberse quedado a su lado hasta el final, fuese el que fuese, pero odiaba tanto aquella maldita isla, que ni siquiera el dolor por dejarle allí a su suerte pudo evitar que subiese a ese avión.
Jack. Era su culpa, otra más de una larga lista. Sawyer tenía razón cuando la acusó de destruir las vidas de los demás. Estuvo en su mano haberlo evitado, todo habría sido mucho mejor para todos de ese modo. Recordaba los primeros tiempos, cuando comenzaron a vivir juntos, Jack, Aaron y ella. Jack parecía tan feliz, y ella deseaba con todas sus fuerzas serlo también, puso toda su voluntad en intentarlo. Pero no tardó en quedar claro que algo se interponía entre ellos. Sabía que él dudaba de ella, que la ausencia de Sawyer era un fantasma siempre presente entre los dos. ¿Por qué Jack no podía simplemente conformarse con lo que tenían? Estaban juntos, habían conseguido salir de allí, tenían que cuidar de Aaron. Pero lo que Kate estaba dispuesta a dejar atrás era una carga demasiado pesada para él.
Sabía que le remordía haber abandonado a los demás a su suerte, que le dolía que fuese Sawyer el que hubiese saltado del helicóptero y que el hecho de que él no estuviese allí quitaba valor, a los ojos de Jack, a la decisión de Kate de vivir con él. Le sorprendía mirándola extrañamente cuando ella se quedaba pérdida en sus pensamientos. Pero por nada del mundo, pensaba ella entonces, volvería allí de nuevo. Allí donde estaba esa maldita cosa que, según decían, te juzgaba antes de mandarte por lo aires y destrozarte. No podía volver allí, no podía, porque sabía que no soportaría el juicio de sus pecados. Viviría con ellos, pero viviría, y la parte de su corazón que se preguntaba que habría sido de Sawyer se quedaría para siempre en la isla, con las demás cosas perdidas, como el cariño de su madre, la culpa por la muerte de su primer amor, el remordimiento por el homicidio de Wayne. Podía con ello, estaba acostumbrada.
Además, entonces tenía que pensar en el pequeño Aaron. Ella cuidaría de él con todas sus fuerzas, y con eso intentaría compensar todas sus faltas, a él no le fallaría. Pero eso no era suficiente para Jack. El no era así, no podía dejarlo estar, la quería completa y absolutamente entregada a él, y ella no sería así jamás. Así que cuando vio que Jack se hundía, le dejó sólo a la deriva y siguió adelante. Debió intentarlo, al menos, debió demostrarle que podía contar con ella, que juntos saldrían adelante, entonces nada habría pasado. Cuando Ben hubiese aparecido, ellos habrían huido en otra dirección. Sólo la desesperación que sintió cuando comprendió que debía renunciar a Aaron le hizo ceder a volver a la isla. Ojala no hubiesen vuelto nunca. Sí, Claire seguiría en la isla pero quizá habría sido mejor para ella, y desde luego mejor para Aaron, y todos los que murieron aún vivirían. Jack, Sayid, Jin, Sun, Juliet…
Juliet y Sawyer, ¿quién lo hubiera dicho? Parecía irles tan bien a los dos, hasta que ellos regresaron, claro. Kate nunca hubiese pensado que él habría sido capaz de ser tan leal, y tan… feliz, era la palabra, y menos con alguien como Juliet. Nunca creyó que el se acomodaría a una vida parecida a la que llevaban cualquiera de los vecinos de Carole, esos que cortaban el césped cuando salían a las cinco del trabajo y hacían barbacoas los fines de semana. Siempre creyó que eso no iba con él. Recordó aquella vez en la que le dijo que los dos podrían quedarse a vivir allí en la isla, (sí, el mismo día en que le dijo que haberse quedado embarazada hubiese sido la peor cosa del mundo). La misma idea le pareció una locura, pero ahora que la vida fuera también era lo era, pensaba que quizá habría funcionado. Ella y Sawyer, en una casita rodeada por una barrera sónica. Al lado de su vida actual no parecía tan mala idea.
Pero de nada servía pensar en eso ahora, seguiría adelante. Y la próxima vez que Bryan la invitase a ver Brisbane, aceptaría.
