DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes le pertenecen a J.K. Rowling.

Aviso: Este fic participa del «Amigo Invisible 2016» del foro «El triángulo donde tres están unidos» y es mi regalo para Natalie Annick Malfoy Granger (antes Weasley).


La misma pasión

Capitulo II.

«A nadie le importa si no puedes bailar bien. Levántate y baila. Los grandes bailadores son muy buenos por su pasión».

Martha Graham.


Luna sentía que las piernas le temblaban y se le doblaban por sí solas, amenazándola con caer.

Había sido una clase extenuante de baile contemporáneo en la que la rubia había recibido más de un llamado de atención por parte de su maestra. Luna amaba bailar, podía decir que era su vida, pero esa clase en particular le estaba costando demasiado y aunque Hermione se había esmerado por hacer que comprendiera que no era su culpa, no se sacaba de la cabeza cada una de las críticas de la profesora Hooch.

—Esa mujer es muy ruda —Hermione se quitó los calcetines y masajeó suavemente sus pies. Habían sido tres horas intensas de movimiento y necesitaba agua caliente y relajarse un poco. Luna por su parte, permanecía con sus ojos fijos en el atardecer y en el ir y venir de la ciudad que podía divisarse desde la ventana del piso que compartían.

Las personas no dejaban de moverse, igual que sus pensamientos.

—No tengo idea de lo que haré para mejorar —agregó de pronto, luego de soltar un hondo suspiro.

—Hey —llamó Hermione—. Lo harás. Eres una de las mejores bailarinas que he conocido y este impase no va a superarte.

—¿Entonces, por qué siento que no es cierto? —La mirada gris de Luna se fijó en su amiga que había dejado lo que estaba haciendo—. Intento creer que la próxima vez lo haré mejor y luego llega el momento y yo solo… —Hermione se levantó y se puso al lado de la rubia.

—No te preocupes. —Le dio un leve apretón en el hombro—. Todo va a salir bien.

—¿Cómo puedes estar segura de eso?

—No lo estoy —contestó—, pero tengo fe en ti y tu también debes tenerla.

Luna volvió su mirada a la calle, en cuyo horizonte podían disiparse los últimos tonos naranja del final del atardecer.

—Tranquila —dijo Hermione, mirando en la misma dirección.

—Pero necesito mejorar.

—Y yo te ayudaré —contestó la castaña, dibujando en su rostro una sonrisa de complicidad—. Y si me lo permites, empezaremos las lecciones hoy mismo.

—¿Cómo es eso? —preguntó la rubia fijando la mirada en su amiga, con verdadero interés.

—Bueno, digamos que conozco el lugar perfecto para intentarlo.


Hogsmeade estaba a reventar.

La mayoría de estudiantes de Hogwarts frecuentaba el sitio luego de clases para poder liberarse del estrés y las presiones de sus carreras. Era un lugar de ambiente agradable en el que se podía departir con amigos y de paso, tener la oportunidad de bailar al estilo libre. Nada parecido a lo que la rubia había estado experimentando en su clase con la profesora Hooch, quien constantemente le decía que sus movimientos carecían de firmeza.

Al parecer y según Hermione, allí podía ser ella misma y eso la hacía sentirse liberada y de cierta manera, confiada.

El sitio era amplio y contaba con una pista de baile enorme en la cual según la castaña, de vez en cuando se llevaban a cabo pequeñas competencias de baile entre los grupos locales. El humo que llenaba el lugar, parecía brillar en destellos de diferentes colores según en cambio de luces casi nublando la vista y sin embargo, Luna había podido observar varias aglomeraciones de chicos vestidos con ropas similares a la de aquellos chicos que la habían invitado a bailar en el parque.

Por un momento recordó lo maravillada que se había encontrado con la fluidez y la soltura de todos ellos para moverse al ritmo de algo que a ella le estaba costando montones, e incluso el rostro de aquel chico en particular, pasó por su mente un segundo.

La cerveza estaba bien fría y aunque la rubia no estaba acostumbrada a beber, había decidido que haría una excepción. Confiaba en Hermione y sabía que si la había invitado a estar en ese lugar era porque estaba segura de que no había nada de malo en ello, y de cualquier manera lo tenía merecido pues la semana que recién finalizaba, podía contarse como una de las más pesadas que había soportado hasta el momento.

La música en Hogsmeade era variada y bastante moderna. La rubia pudo divisar a varias parejas moviéndose con destreza al ritmo de una canción suave que el Dj había elegido y se sintió maravillada con la manera como las personas podían expresarse por medio del lenguaje corporal. En aquel lugar no parecía importar si las personas eran expertas bailarinas, pues lo que si saltaba a la vista era la pasión con que sus cuerpos se balanceaban, y Luna comprendió las razones por las que su amiga la había llevado allí.

Hermione Granger era en verdad una persona grandiosa.

Cuando terminó la canción la pista se despejó momentáneamente, hasta el momento en que una pegajosa mezcla llenó de nuevo el lugar. Más y más personas se unieron para empezar a danzar y antes de que fuera consciente, Hermione estaba arrastrándola a la pista, para unirse a un grupo de chicos de su clase que acababan de arribar.

—¡Vamos! —le dijo casi gritando por el alto volumen de la música al tiempo que tiró de su mano para obligarla a levantarse—. Aquí empieza tu primera lección.

Luna se dejó llevar y cuando fue consciente de su nueva posición, se percató que estaba casi en el centro de la pista meneando sus caderas, respirando el aire de los cuerpos unidos por la música y dejando volar sus pensamientos hasta el lugar en donde podía ser libre.

Por un instante cerró sus ojos y se dejó inundar por la melodía. El hip hop no le iba muy bien pero allí no tenía que preocuparse por la perfección y lo único que la música le indicaba era que bailara como había hecho desde el momento en que diera sus primeros pasos, y así lo hizo.

Las risas y la euforia de la gente a su alrededor se combinó con las notas de la canción que bailaban, fusionándose en su interior y haciendo del momento, algo verdaderamente mágico. Ella podía hacerlo y lo único que necesitaba era empezar a creer.

Sus movimientos empezaron a ser más fluidos a medida que avanzó la canción. Ya no sólo meneaba sus caderas, ahora movía sus pies en sincronía y no como una experta bailarina de ballet, sino como alguien que hace de la danza, su estilo de vida. Hermione le tomó una mano y la impulsó a dar una vuelta que hizo que terminara rodeada por unos brazos masculinos.

—Nos volvemos a encontrar —dijo una voz tan cerca de su cara que fue imposible que Luna pasara desapercibidos aquellos ojos azules que minutos antes habían surcado sus pensamientos.

Un leve rubor se extendió por sus mejillas y la rubia agradeció que las luces de colores lo disimularan.

—¿Te encuentras bien? —preguntó el chico aún con sus manos sobre ella que no parecía reaccionar.

Una sonrisa perfecta asomó en su rostro y fue inevitable para Luna pensar que parecía sacado de un comercial de televisión.

—Eh, no… digo, sí, gracias —balbuceó la rubia y el chico volvió a sonreír, antes de que se separaran por completo.

—¿Viniste acompañada?

—Sí, vine con mi amiga —contestó la chica, tratando de ubicar a Hermione que momentos atrás estaba a su lado—. Pero creo que no está por aquí.

El chico señaló tras de ella para que viera que su amiga bailaba entretenidamente con un chico alto de cabello rubio platino.

Unos segundos después la canción terminó, dando paso a una nueva de aire sensual y cuya incursión de parejas en el escenario, dio lugar a un concurso. Una mujer curvilínea y de rostro fino tomó un micrófono y con voz potente anunció que la pareja ganadora obtendría pases VIP para la presentación privada que las Brujas de Macbeth harían días después en su bar.

—¿Te gustaría entrar? —le dijo el chico muy cerca de su oído pues la música estaba bastante alta una vez más y Luna sintió como los vellos de sus brazos y piernas se erizaban. En realidad no conocía a aquella banda, pero la invitación sonaba tan tentadora que le estaba costando declinarla. Nunca había entrado a un concurso y el baile moderno la asustaba un poco pero había constado que su compañero era un experto y estaba convencida de que tal vez podía enseñarle unas cuantas cosas.

—Por qué no —contestó al fin, aceptando su mano.

Ambos comenzaron a bailar con movimientos que progresivamente, aumentaron de nivel. Luna tuvo tiempo de detallar aún más de cerca al chico, descubriendo que tenía una sonrisa cautivante y que le llevaba por lo menos cinco dedos en estatura. Su colonia al parecer era fina y a pesar de que sus jeans estaban desgastados, le lucían igual que a los modelos de los catálogos.

—¿Te parece si nos acercamos un poco más?

—¿Qué? —le preguntó ella, al tiempo que sintió que rodeaba su cintura con una mano.

Un escalofrío recorrió su espina dorsal hasta el momento en que madame Rosmerta —como le había dicho que se llamaba la animadora—, empezó a animar a cada pareja, señalando sus destrezas.

—Reléjate —susurró el chico y Luna fue consciente de la tensión que hasta el momento no había percibido—. Siente la música y verás cómo empieza a fluir por tu cuerpo.

Y eso fue exactamente lo que hizo y para cuando se percató de ello, tenía una de sus manos en el cuello del chico para ayudarse con el movimiento. Se sentía bien. Allí a solo centímetros de un desconocido, sentía que era libre y que no había nada en el mundo que la pudiera parar.

El chico sonrió antes de darle la vuelta final y quedar tan cerca que sus respiraciones se combinaron. El corazón de Luna bombeó fuerte y ella no pudo saber si fue por la actividad o por las cosquillas que aquella mirada azul le producía en el estómago.

—¡Muy bien! Esto ha estado genial y muy reñido, por eso necesito de su ayuda para elegir a los ganadores de esta noche —anunció la mujer y la algarabía llenó la estancia, mientras seis parejas (incluyéndolos), se formaron dentro del círculo hecho por la multitud. —¡Aplausos para la pareja número uno!

Una cortina de aplausos se escuchó, demasiado leve para ser significativa.

—Bueno, eso ha sido claro —anunció—. Gracias chicos.

La pareja se retiró de inmediato y ella continuó con el resto de parejas, hasta llegar a ellos.

—¿Qué me dicen de la rubia y el chico guapo?

Los aplausos no se hicieron esperar y Luna confundida se sonrojó de nuevo. No le parecía que hubieran hecho una hazaña, pero al parecer el auditorio pensaba lo contrario y Hermione —que estaba con el chico rubio todavía—, levantaba sus pulgares en señal de aprobación.

—Bueno, creo que la victoria es contundente así que, ¡felicidades! —la mujer entregó al chico dos pases para el concierto después de indicar a todos que volvieran a aplaudirlos—. Lo hicieron muy bien.

—Gracias —contestó el chico, antes de darle la espalda y dirigir su mirada a Luna—. No lo hubiera logrado de no haber sido por mi estupenda pareja.

La chica sonrió con timidez y él lo encontró sumamente adorable. A pesar de que las luces de colores no le habían permitido notarlo, estaba seguro de que ella se había sonrojado en más de una ocasión esa noche.

—¿Te gustaría ir a un concierto conmigo? —le preguntó de pronto y Luna volvió a sonreír.

—Me encantaría.

—Eso es genial —le devolvió la sonrisa—. Y por cierto, soy Theo —dijo tendiéndole la mano.

—Luna —contestó ella, estrechándola.


¡Hola Natalie!

Este capítulo ha tenido más de Luna que de Theo y eso es porque en el próximo planeo algo más profundo. Espero que te esté gustando el fic, pues la verdad no soy experta con esas cosas de la danza y estoy haciendo lo que puedo por complacer tu petición. Gracias por leer y comentar.

Al resto de lectores, infinitas gracias y ojalá hayan disfrutado este trozo de Nottgood que tuvo un pequeño guiño Dramione *cofcofimposibledejarlosfueracofcof*

Chocolate kisses.

Gizz.