Después de tanto tiempo… tengo el capítulo 2. Es cortito ya que quise concentrarme más en la despedida con Allie, que me parece la más importante. De todos modos, en el siguiente viene la parte de Camille y la familia de Devon y blah blah blah.

¡Espero les guste!

Summary: Son los Sexagésimo Segundos Juegos del Hambre. ¿Qué podría ser peor de que te hayan sorteado en tu último año? Para un profesional: nada. Pero para un muchacho del D8... dejar su familia, su novia... hogar... Va a cambiarlo todo dentro de ese Asilo Abandonado.


Los 62° Juegos del Hambre

Matar o Morir.

Ganar, fama y fortuna.

Perder, muerte segura.

¡Que la suerte esté siempre, siempre de su parte!


Capítulo 2:

El escenario no es un lugar muy placentero, y mucho menos si debes subir a este.

Con la mirada, escaneo a la multitud con la esperanza de encontrar algún rostro familia. Pero no encuentro a Camille, ni a Allie ni a mis padres. El silencio es incómodo y desagradable, y puedo sentir cada fibra de mi cuerpo contrayéndose cuando una ráfaga de viento golpea mi rostro.

–¿Tu edad, cariño?

–D-dieciocho. –tartamudeo, y recuerdo que no solo los ojos amarillentos de Mischief son los están concentrados en mí, sino también los de su hermana y los de todos los habitantes del Distrito 8.

De reojo, miro hacia mi izquierda para así encontrar a la chica que va a ser mi compañera, con sus brazos cruzados detrás de su espalda y sus párpados cerrados. Me pregunto qué estará pensando. Lo más probable es que siga conmocionada ya que acaban de llamarla hace 5 minutos.

De todos modos, no la conozco ya que no la vi ni una sola vez en toda mi vida. Ni siquiera en la escuela.

Mirey dice algo, pero no me intereso demasiado en saber qué es lo que dice, ya que me concentro en volver a buscar a mi familia… y así es como encuentro a Camille, quien corre desde su área, con sus ojos desorbitados como si estuviese buscando a alguien, tal vez a su propia familia… Pero no, por supuesto, encuentra a mi hermana y la abraza. Al arrodillarse ante Allie, limpia sus lágrimas.

Detrás de ellas, mi madre está cubriendo su boca con sus esqueléticas manos, y mi padre está masajeando sus hombros, claramente tratando de relajarla.

Yo tendría que estar ahí. Tendría que estar sonriendo, agradeciendo que no me eligieron…

Pero estoy aquí.

–De todos modos, nuestros tributos del Distrito 8 son… –comienza Mischief, tomando mi mano, alzándola como si fuese un tributo profesional. –… ¡Devon Woods!

–¡Y Michelle Lifeson! –finaliza Mirey, alzando la mano de mi…

Vale, compañera, aliada, víctima… No sé exactamente qué palabra debería utilizar para llamarla.

–Ahora, estrechen sus manos… –nos susurra Mirey, como si fuésemos niños pequeños.

Afirmo mi postura, tenso mi espalda y estrecho la mano de Michelle Lifeson, mirándola directamente a los ojos: su mano suda. Ella esquiva mi mirada y me suelta. Luego, frota ambas manos.

–¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su parte! –exclaman las mellizas ridículas al unísono. Un par de agentes de la paz se acercan a nosotros y nos escoltan hacia la gigantesca puerta de madera de roble que nos va a llevar al Edificio de Justicia de nuestro distrito.

El edificio tiene tan sólo 2 pisos y, al entrar, me sorprende que su interior no esté decorado de finas telas, ya que eso es lo que fabricamos. Tan sólo hay cortinas pesadas que bloquean la luz que entra por unas pequeñas ventanas circulares.

De vez en cuando, mientras soy escoltado por el pasillo hacia el que sería mi cuarto de despedida, logro divisar algún cuadro sádico y despiadado, en el que hay ni bien rebeldes asesinados en manos de los agentes, niños huérfanos llorando frente al hospital del D8 o rosas. Rosas por todos lados. Malditas rosas en cualquier lugar que te puedas imaginar.

No entiendo por qué a la gente de nuestro distrito le fascinan tanto estas flores.

En un momento, las mellizas paran y nos indican que debemos separarnos al llegar a una bifurcación del pasillo. Mischief lleva a Michelle consigo hacia la izquierda, dejándonos a Mirey y a mí la derecha.

Al llegar a la puerta, ella me detiene por un segundo.

–¿Este era tu último año, verdad? –pregunta, observándome con sus falsos ojos marinos que reflejan acongojo. Ella acaricia mi rostro y yo me alejo, alzando una ceja. –De veras que lo siento.

Mirey se aleja por donde vinimos y, el agente de la paz que me han asignado, me indica que va a quedarse aquí afuera, por lo que no debería intentar llevar a cabo ningún tipo de estupidez. En otras palabras: no escapar.

Respiro profundamente y giro el picaporte. El agente la cierra apenas entro.

La habitación es tan aburrida y melancólica como el edificio en sí: grises cortinas (un poco más delgadas que las del pasillo) que dejan entrar un poco de luz, pisos de madera y paredes amarillentas pero tan sucias que lucen tan grisáceas como las cortinas.

Hablando de cortinas, inocentemente trato de mover una con la idea de iluminar más este lúgubre cuarto, y está tan destruida que cae, provocando una nube de polvo a mí alrededor.

Mi tos es incontrolable, hasta que me doy cuenta de que la ventana carece de cristal. Lo que significa que fácilmente podría huir por allí…

Pero no quiero que me maten. No ahora.

En realidad, no quiero morir de ninguna manera por lo menos hasta dentro de unos… ¿40 años, tal vez?

Suspiro y me doy la vuelta, para así encontrar un sofá verde y viejo en el cual sentarme. Paso mi mano por mi cabello y lo tiro hacia atrás.

De repente, la puerta se abre y una niña pequeña entra, confundida.

–¿Allie…? –susurro, y ella corre hacia mí, las lágrimas cayendo por sus mejillas. –Está bien… –la abrazo pero ella sigue llorando, como la vez que vio cómo un lobo trató de atacarnos hace un par de meses. Pone sus brazos alrededor de mi cuello y presiona su rostro contra mi pecho. –Todo estará bien, Allie. Lo prometo.

–Yo… N-no quiero que te vayas –murmura entre sollozos, y yo trago saliva. Para tener tan solo 4 años, habla como si tuviese 14. Sus ojos extremadamente claros generan temblor en mi interior: el dolor que muestran… No quiero dejarla, pero debo hacerlo o van a matarla. Yo lo sé, matarían a toda mi familia.

Tal vez podría escapar con todos, ¿pero a dónde huiríamos?

Es imposible pensar en eso.

–Escucha. ¿Recuerdas la vez en que el lobo nos atacó, cerca de la valla? –le pregunto y ella asiente. –Tú estabas conmigo y él se acercaba cada vez aún más a nosotros y ambos lo atacamos, ¿recuerdas? –ella agacha la mirada pero asiente.

–Lloré. No fui tan valiente como tú… –susurra y yo acaricio su cabello castaño claro. –Lloré. –vuelve a repetir.

–Eso no importa, Allie. –sonrío de lado. –Fuiste valiente porque le arrojaste una roca que le acertó justo en el hocico. Y ahora debes ser valiente por ambos, ¿me comprendes? Tal vez no estaré en casa, pero estaré siempre a tu lado, ¿vale? –digo, señalando su corazón. Ella vuelve a sollozar y nos abrazamos.

El agente de la paz abre la puerta.

–El tiempo ha terminado. Eso es todo. –bufa, pero Allie no quiere soltarme. –¡EL TIEMPO HA TERMINADO! –grita, esta vez, tomando a Allie de la cintura para así poder llevársela.

Sus ojos lastimeros vuelven a encontrar los míos.

–¡Gana! –grita, antes de que la puerta se cierre detrás de ellos.

Ojalá pudiera…

FIN DEL CAPÍTULO 2


¿Opiniones al respecto?

Por ahora todo es muy aburrido (yo misma lo admito) pero es que las Cosechas y las despedidas son muy tranquilas, ¿saben?

Camila.