CRISIS MINISTERIAL
CAPÍTULO 2
UNA SITUACIÓN DESCONCERTANTE
- Es la hija de Adolfo Mendoza-. Dijo Alberto padre horas después, cuando ya había regresado del trabajo y tenía un momento para hablar con cierta privacidad con su mujer.
- ¿La hija de Adolfo Mendoza? ¿Tu compañero del colegio?
- Y el que se llevó un bofetón tuyo por haberte puesto la mano en el trasero. ¿Recuerdas que te dije que vive cerca de la casa de Inés y que lo había visto con una niña china?
- Ningún padre merece una cosa así...-. A Cecilia nunca le cayó bien Adolfo Mendoza. Tampoco a Alberto. Pero una cosa no quitaba la otra: nadie merecía pasar por semejante trago.
- No.
Al día siguiente, por la mañana, Cecilia llevó a Isabel, la mayor de sus hijas al Hospital de Enfermedades Mágicas. La chica tenía doce años y en los últimos tiempos había crecido muchísimo, tanto que estaba casi tan alta como su madre, que era una mujer de estatura elevada. Venía quejándose de dolores de espalda y de que andaba torpe, tanto que Cecilia decidió llevarla al Hospital. Como no era un asunto directamente relacionado con la magia, correspondía a los medimagos de Traumatología, una Unidad en la planta baja que últimamente visitaban mucho gracias al problema de Mencía.
- Los niños tan altos tienen que reforzar la espalda, para que en el futuro no tengan escoliosis ni otros problemas... los dolores son posturales, convendría que hiciera deporte, natación por ejemplo.- Explicó la medimaga tras haber revisado una por una todas y cada una de las vértebras de Isabel.
- ¿Y lo de sentirme pato? -. Preguntó la chica.
- ¿Cuánto has crecido en el último año?.
- Pues...
- Seguramente más de diez centímetros.- Aclaró Cecilia ante las dudas de su hija.
- La torpeza viene de que has crecido mucho de golpe y te tienes que acostumbrar a tu nuevo tamaño. Se pasa con el tiempo. Puedes vestirte.
Isabel se metió el polo blanco del colegio y estaba ya abrochándose la falda cuando escuchó asombrada lo que la medimaga decía a su madre.
- En cambio usted sí que tiene un principio de escoliosis.
- ¿Yo?
- Si. No hay más que verla caminar. Se inclina ligeramente hacia atrás. – La medimaga miró el reloj y a continuación un folio apaisado que descansaba sobre su mesa.- Ahora puedo verla porque tengo una hora sin pacientes. Si no le viene bien, tendría que pedir hora en Recepción y no creo que puedan dársela hasta dentro de quince días porque tenemos un congreso.
Cecilia en principio habría rechazado la oferta, pero entre los argumentos de la medimaga y las miradas escrutadoras que dirigía a su espalda, decidió transigir. Al fin y al cabo no tenía nada urgente sobre la mesa de su despacho en el Ministerio de Magia. La medimaga, como había hecho antes con su hija, repasó sus vértebras una por una.
- ¡Ay!
- Ahí ¿verdad?
- Sí.- Se quejó Cecilia entre dientes. Era el punto exacto en el que Alberto de vez en cuando tenía que masajear porque se le cargaba.
- Lo dicho. Principio de escoliosis. ¿Ha tenido muchos embarazos?
- Cuatro.
- Claro...
- ¿Por qué lo dice?
- Porque siendo usted tan alta, es lo típico que se haya echado para atrás durante los embarazos. Bueno, tiene arreglo. Le daré un volante de rehabilitación, porque se trata de que reforcemos los músculos que sostienen la columna. ¿Tiene pensado quedarse embarazada próximamente?
- ¡No!
- Bien, porque hasta que no tenga la espalda mejor, no le convendría nada...
- Ni cuando la tenga curada...- Murmuró Cecilia entre dientes. Como si cuatro críos todos mágicos no fuera bastante.
- Procure no cargar pesos, no tire de carros de la compra...
- ¡Tengo un bebé de dos años! ¡La tengo que coger en brazos y empujar su sillita!
- Entonces le daré una faja para que se ponga cuando tenga que coger a la niña... y en cuanto a su vida íntima, procure ser conservadora, no fuerce la espalda...
Cecilia salió del Hospital refunfuñando.
- Así que tu, que tanto te has estado quejando, lo que tienes es juventud. Y yo que venía de acompañante tengo una escoliosis y me llevo todo esto... ¡Anda que...!
- ¿Mamá? -. Isabel, que llevaba un rato con uno de esos ataques de vergüenza que les asaltan de vez en cuando a los adolescentes, no pudo aguantar más. Tenía que preguntar sobre el pensamiento que andaba reconcomiéndole las neuronas
- ¿Qué?
- ¿Te ha dicho que no te acuestes con papá?
- No. Lo que me ha dicho es que me comporte de manera conservadora.
- Y ¿qué ha querido decir?
- Pues eso mismo, que no seamos creativos ni originales. Vamos, que me quede debajo y boca arriba.
- ¡Ah!
Cecilia y su hija entraron en el 3M, el metro mágico que las conduciría siguiendo la red muggle hasta la estación cercana al colegio. Isabel seguía bastante silenciosa, seguramente digiriendo mentalmente las palabras de su madre sobre lo que haría o dejaría de hacer con su padre. Una vez en el andén, Cecilia sacó el móvil del bolso y lo conectó. Tenía cuatro llamadas perdidas: una de su madre; otra de su hermana y dos de su jefe. Cecilia suspiró. Ya le había dicho con antelación, y recordado por escrito el día anterior, que llegaría tarde aquella mañana porque llevaba a su hija al servicio de medimagia traumatológica del Hospital. Decidió que no devolvería la llamada. Cuando llegara al trabajo, ya le contaría. Y ella a su vez colocaría sobre la mesa el calendario de sesiones de rehabilitación que le habían recetado para que firmara que tomaba conocimiento de sus salidas del trabajo, esas que iba a tener que realizar durante el siguiente mes y medio a partir de mañana mismo. A Cecilia en aquel momento no se le pasó por la cabeza que sería otra persona quién tendría que firmar su rehabilitación.
- Te han llamado de abajo.- Dijo el secretario cuando la vio entrar en su despacho en el Ministerio de Magia.- Tienes que bajar inmediatamente al Gabinete.
- ¿Gabinete?
El brujo, visiblemente nervioso, la apremió.
- De la Ministra. Han insistido mucho en que bajes... creo que tiene que ver con lo de la niña.
- ¿Niña? ¿Qué niña?
- ¿No te has enterado? Ayer secuestraron a una niña en un parque de Madrid.
- ¡Ah, si!
Cecilia iba a decir que el padre de la niña había ido a la misma clase en el colegio que su marido, pero otra idea pidió paso en su cerebro y ganó la partida.
- ¿Qué tiene que ver el asunto de la niña con nosotros?
- Todo. Se trata de una bruja.
Cecilia no dijo nada pero por dentro su cerebro funcionaba al mil por hora y su corazón aceleró el ritmo de bombeo. ¿Una bruja? ¿Habían secuestrado a una bruja? Una larga lista de preguntas fue formándose en su mente mientras guardaba el bolso apresuradamente en un cajón del escritorio, tomaba un rotulador y un cuaderno y salía disparada hacia la planta noble del Ministerio.
