Vestida de azúcar

Two-Shot

Summary: Tengo planeado en mi mente como robar tus besos para siempre, tiene que dar resultado, voy a amarte tanto que de pronto te veras llorando. Voy a darte lo que a nadie le di, vestida de azúcar un dulce para ti, te quitare el aliento y no me dirás adiós.

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. La trama está inspirada en la canción "vestida de azúcar de gloria Trevi"… queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento, di: ¡no al plagio!

Un paso más cerca a la escarcha siquiera… no tiemblo de miedo sino…

de lo que te quiero.

Gloria Trevi

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Al llegar las seis y media de la noche Alice me dejo para irse prometiéndome que Ed no tardaría en llegar, yo me encontraba desilusionada al ver su tardanza, Alice me había dejado en el pequeño conjunto rosa y una bata rosa semi trasparente; para mi tristeza Edward no llegaba, pronto fueron las ocho, frustrada con la idea de que él no llegaría esa noche, deje que los brazos del Morfeo me acogiesen.

Sentía mi cuerpo sobre una superficie suave, demasiado suave como para ser mi propia cama, varias texturas pequeñas y frías rozaban mi piel, mi piel que estaba en su mayoría desnuda; había un olor a fresas mesclado con vainilla en el ambiente, demasiado fuerte que hasta resultaba intoxicarte, podía escuchar el repiqueteo de la lluvia contra la ventana, pero el sonido era demasiado fuerte para que realmente fuese mi propio cuarto, no podía identificar de qué lado venia de la habitación, venia de todas partes, como si la ventana fuese la pared; extendí mi mano para encender la lámpara que supuse estaba encendida, toque algo caliente, más pequeño que una lámpara de textura lisa, lo empuje y cayó hacia el suelo, abrí los ojos de golpe y mire hacia abajo, era una vela que afortunadamente se había apagado aunque manchado la alfombra azul, ¿alfombra azul? Mi habitación no poseía ninguna, de hecho el suelo era de una madera vieja, la alfombra se extendía por toda la habitación… de allí habían muebles demasiado modernos color blanco, no obscuro, totalmente adornados con pétalos y veladoras por doquier, un gran armario que incluso resultaba mucho mas inmenso, regrese mi espalda contra la cama y allí caí en cuenta de que era una cama de agua con un suave y acolchado edredón y mas pétalos, era la habitación de Edward; me senté de un golpe al darme cuenta de que yo había venido aquí para pasar la noche con él, me mordí el labio y sentí mis mejillas estirarse por las lagrimas ya secas.

Eran las doce y Edward no regresaba, me levante y apague las veladoras que aun quedaban… ya solo dos avían las demás se encontraban consumidas, tome una bata de baño que encontré y apresuradamente metí toda mi ropa en la mochila, no recogí el desastre, ya que de seguro él creería que su amante había formado este detalle.

Afuera llovía a cantaros, pero no me importo, baje las escaleras tan rápido que me impresione de no caer, estaba frio, casi tiritaba, me guiaba por mis conocimientos básicos sin encender ninguna luz, en ese momento la puerta se abrió y entro Edward; estaba empapado de pies a cabeza, su ropa totalmente adherida a su cuerpo y ojeras en su hermoso rostro, aproveche a que no hubiese cerrado la puerta para salir de allí.

Mi vieja camioneta estacionada del otro lado era mi única salvación, lo atravesé pasando sobre los charcos descalza, supuse que Edward le había valido madre y se había dirigido a su habitación, ahora sentía vergüenza de que él hubiese visto la verdad. De repente una mano incluso más fría que mi propio cuerpo me jalo y choque contra el pecho de Edward, mis dientes rechinaron, ahora estábamos los dos juntos empapados y nuestros cuerpos se iluminaban por los rayos, no me atrevía a verle, y a pesar del frio mis mejillas continuaban sonrosadas de la vergüenza.

-Bella…- no le permití continuar, ¿no había venido aquí sabiendo que era mi última oportunidad?, él era el hombre se mi vida, de ello estaba segura, si él me dejaba al menos tendría el doloroso recuerdo de él amándome, amándome locamente como lo había hecho con muchas, pero al fin y alcabo él con migo, para bien o para mal era algo que valía la pena, ¿acaso había desperdiciado mis dos años para no recibir nada a cambio? Podía conquistarlo de nuevo… podía hacerlo o moriría.

Mi vida era inútil sin él, y prefería al menos permanecer con el recuerdo antes de morir, no importaba todo lo que me había cuidado para una perfecta noche de bodas, solo me importaba que mi primera vez era con alguien quien yo amaba, mis lagrimas se deslizaron por las mejillas mezclándose con la lluvia y estampe mis labios con los suyos, el los recibió gustoso, y envolví mis piernas junto al él, nuestros sexos se rosaban, coloco sus manos en mis glúteos y no sentí miedo, sentía amor y no estaba más segura de haber tomado esta decisión.

Él nos entro a la casa y sin saber cómo terminamos en su cama, los dos juntos y solos en la gran casa, sin que el pudiese decepcionarse de mi cuerpo al tener la luz.

Comenzó a besar mi mandíbula y mi cuello, yo quite torpemente su camisa, con dificultad, mis manos temblaban por la anticipación, continuo besando hasta llegar al valle de mis senos, sus manos se encontraban en mis muslos no demasiado arriba, y las mías acariciando su pecho.

Gemí al sentir su beso en mi seno derecho, una sustancia pegajosa se acumulo en mi entrepierna y pude sentí su dureza pegada a mi pierna, el quito mi bata y luego arranco sus pantalones, los zapatos ya no estaban y no sabía cómo habían desaparecido, no me importaba de hecho, solo quería que él me siguiera besando para siempre, luego beso mi abdomen y bajo para continuar con mis piernas mientras las acariciaba, era tan delicado, tan romántico y único, cerré mis ojos del placer.

-mírame Bella, quiero que me mires mientras te hago el amor- asentí, sus ojos verdes ahora parecían negros, eran tan diferentes pero tan iguales, el cariño continuaba allí, pero de los demás sentimientos no habían, lujuria era la que predominaba, aun así su boca estaba levemente abierta y en sus ojos había pasión y ansiedad. ¿Tanto necesitaba si venía de su amante?, él acababa de embestir en una mujer que no había sido yo, una mujer que la hacía llevar al cielo y que el había pronunciado su nombre miles de beses. Toque su pecho y guarde esos pensamientos para meditarlos después ahora era nuestro momento.

Edward quito mi sostén y mis bragas –tócame- susurro en mi oído para luego morder mi oreja. Obediente a su orden toque su pecho y baje a sus caderas, hasta tocar su masculinidad erecta.

Me visualice atreves de los ojos de Edward, jadeante, sudada, sumisa, con el cabello revuelto y temerosa, y nuevamente agradecí que la luz no estuviese encendida.

-Bella estas temblando- se detuvo y tuve miedo de que mis propios sentimientos echasen esta noche por la borda.

-tiemblo… porque te amo- sus ojos brillaron y se coloco en medio de mis piernas, pude sentir algo caliente entrando lentamente en mi, abriéndose paso en lo que parecía imposible, mi propia piel estaba dura pero a la vez flexible ante su entrada, como si siempre lo estuviese esperando, de pronto un pequeño dolor se extendió por mi cuerpo, supe que el estaba tocando mi virginidad pero que aun allí estaba, apreté mis manos en su espalda arañándolo y el susurro en mi oído "te amo" luego empujo, empujo tan fuerte que de mi salió un chillido y cerré mis ojos como si ello fuese a mejorar el dolor, aun así las lagrimas lo atravesaron y como su continuara lloviendo agua mojo mas mi cabello; cuando el dolor se hubo pasado, mire hacia arriba, Edward tenía los ojos abiertos totalmente como una estatua y sus ojos brillaban por el agua que no dejaba de caer y ahora caían sobre mi nariz.

-¿me amas?- pregunte, el me miro y una pisca de angustia desapareció de sus ojos.

-no, no te duele- su voz estaba rota y evadió mi pregunta, negué con la cabeza y tristeza en mis ojos, la cual el no pudo ver –si quieres no…

-sigue- dije y el comenzó con las embestidas, me sentía extraña por el gran placer que esto podía producirnos, porque ser conejos nos traía demasiada satisfacción. Luego un fuego se extendió por mi abdomen, y exploto, me imagine unos grandes fuegos artificiales y grite, grite su nombre, luego él me siguió gritando el mío y un líquido caliente que parecía traerme más satisfacción inundo mi vagina.

-Bella, esto ha sido…- no continúe escuchando, eso sonaba a alguien que no era nada tuyo, alguien que simplemente le pagabas por sexo, pronto sentí mi cuerpo levantándose, Edward me llevaba en brazos con una sonrisa nerviosa en sus labios.

-oye bájame, al menos antes de echarme déjame sacar mis cosas- nos encontrábamos en la habitación donde estaba su piano, él me deposito en el suelo, habían grandes ventanales con demasiada luminosidad.

-que te hace pensar que te echare de mi casa- dijo enfadado, coloque mis brazos frente a mí, como un escudo frente a mis senos.

-no tengo por qué estar acá, obviamente he sido una aventura, no entiendo por qué dices que me amas si vienes de estar con otra de tus amantes- furia se asomo a sus ojos y supe que tenia razón, se molestaba porque lo hubiese descubierto, él se acerco y me tomo de la cintura luego me llevo hasta el banquillo se su piano, donde la luz se había mas grande, nada podía cubrirme ya.

-¿Qué te hace pensar que eres una aventura? Tu eres mi novia de dos años y nunca te he sido infiel… nunca te he dado motivos para ello-

-hoy te vi con Tanya- comprensión se asomo por sus bellos ojos que aun continuaban negros – cuando te marchabas paraste y supuse que regresabas con ella-

-no Bella- el tomo mis manos –Tanya me pidió que fuese su acompañante en una fiesta yo le negué pero cuando iba a mitad del camino te insulto y regrese para dejarle unas cosas en claro- su mirada se puso alegre y sonrió, yo le mire suspicaz.

-¿Qué le dijiste?- pregunte intrigada.

-yo… le dije que dejara de insultar a mi futura esposa- sonrió como un niño pequeño y yo reí como loca – ¿Por qué te ríes?- le mire de nuevo, el empezaba a colocar su rodilla derecha sobre el suelo alfombrado, nervioso abrió una pequeña cajita con un anillo de diamantes blancos –Isabella Marie Swan Dwyer ¿me harías el honor de ser mi esposa y ser la madre de mis hijos?... aunque yo se que será difícil no es la mejor proposición en la vida y…

- si quiero, si quiero ser tu esposa- dije con voz aguda sin permitirle continuar, luego estampe mis labios contra los suyos, en un beso lleno de amor, él me elevo en brazos y dio vueltas luego dejo el anillo en mi dedo corazón y nos miramos sonrientes y plenos.

Quién diría que mi plan de conquistarlo simplemente me traería más de lo esperado, ahora era la futura señora de Edward Cullen, y no podía ser más feliz.

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Chicas he terminado esta pequeña historia, espero que haya sido de su agrado.

Pásense por mis otras historias…

Roxii Cullen