Lo importante es que fuiste tú
Brick suspiró por cuarta vez en los últimos diez minutos. Subió la última caja de cartón al vehículo, y cerró la cajuela. Odiaba tener que trabajar para un vejestorio amargado, gruñón y estricto pero más le molestaba tener que soportarlo sólo porque era joven, tampoco era su culpa que haya envejecido como proceso natural de la vida. Observó a su alrededor y la imagen de muchas parejas acarameladas lo hizo fruncir el ceño ligeramente, recordó que era día de San Valentín. Rió internamente por lo estúpidos que podían llegar a ser los enamorados, estaban tan cegados en comprar regalos que no se daban cuenta de que sólo era una pérdida de tiempo y dinero.
Pero no podía engañarse a si mismo, era cierto que tenía esa mentalidad pero si él tuviera la oportunidad de estar en una relación, no precisamente por ser un día célebre la tendría que llenar con detalles, para eso tendría todos los días del año, enamorarla con simples gestos que sin duda los daría de corazón y no por obligación. Agradeció que Butch no pudiera escuchar sus pensamientos o el muy desgraciado se estaría muriendo a falta de oxígeno de la risa que le provocaría escuchar palabras así, del propio ex líder de los Rowdys.
Buscó las llaves del auto en su bolsillo y abrió la puerta del conductor para luego entrar rápidamente. Cansado e inexplicablemente frustrado, dejó caer la cabeza en el volante. Algo dentro de él se sentía inquieto y no sabía si era por el día o porque se sentía peculiarmente solo. Se dio ánimos y encendió la radio para escuchar algo que despejara su mente en esos momentos, lo que menos necesitaba era distraerse por un absurdo día de enamorados. Levantó la vista al retrovisor y lo acomodó de tal manera que pudiera ver hacia atrás, no contó con visualizar a una bella joven de cabellos naranjas que en el momento que la enfocó se escondió detrás del vehículo. Giró la mitad de su cuerpo para buscarla con la mirada y extrañado de la situación regresó la vista hacia el espejo, confundido. Resistió el impulso de bajarse y buscarla, miró una última vez hacia atrás pero no logró ubicarla. Encendió el auto para dirigirse a su trabajo, si tardaba más de lo planeado le descontarían media jornada. Saltó sobre su lugar cuando inesperadamente la puerta del copiloto se abrió.
No era propio de él sorprenderse, pero cómo no hacerlo si una joven hermosa y ahora reconocida como la que minutos antes se había escondido, era la misma persona que ahora estaba a su lado. Se dio el tiempo de admirarla disimuladamente. Una larga cabellera naranja, de un color poco común y atado hábilmente con dos mechones por detrás para evitar que le estorbe la vista, casi parecido al propio solamente que más sedoso, brillante y embriagador, cintura de muñeca, piel blanca, curiosamente de baja estatura pero dedujo que sus piernas eran delgadas y eso le daba muchos puntos a pesar de esconderlas debajo de una larga falda que le llegaba hasta los tobillos de un rosado pálido para nada llamativo pero juvenil. Pensó en que el cuello era tan delgado que con cualquier movimiento parecía poder romperse. Y aprovechó eso para estudiar su delicado rostro, facciones finas y femeninas, pómulos saltados, pestañas naturalmente largas y una pequeña nariz que tentaba sus sentidos con depositar un suave beso para luego bajar a sus labios rosados y delgados, tan tentadores como ella misma. Por último unos ojos brillantes que reflejaban misterio y decisión con un toque de saber lo que estas pensando, el rosado del iris era completamente peculiar...
Y recordó esos ojos rosas, únicamente vistos en la ex líder de las PowerPuffGirls Z con su inusual aspecto y su obsesión por el amor y la justicia. Gruñó levemente al recordarla.
- ¿Nos vamos? - la suave voz de su nueva acompañante lo sacó de sus pensamientos -. Tengo prisa...
No se dignó a mirarlo a los ojos pues estaba muy distraída buscando algo por el espejo lateral del transporte. Y eso, de alguna manera le molestó, no le permitía a nadie que le hablase sin siquiera mirarlo, le enojaba de sobremanera y más si era la líder de las PPGZ, su orgullo no se lo permitía.
- No, bájate - intentó sonar sereno.
- Vámonos, por favor - suplicó al girar su mirada para enfocarlo.
Y le frustró que ella no lo reconociera, le hizo pensar que se había olvidado de él.
- No.
Regresó la mirada hacia adelante esperando algo parecido a una queja pues por lo poco que la conocía sabía que era muy terca e insistente cuando quería algo. Sin embargo, le sorprendió no escuchar nada después de la negativa, ni siquiera que abriera la puerta del auto. Y eso, se le hizo raro. Curioso, la volteó a ver encontrándose con algo cubierto por una tela blanca apuntándole, y de algún modo su instinto le dijo que era la forma de un arma de fuego. De algún modo se le hizo irónico que la chica que una vez lo destruyó en el nombre de la justicia, le estuviera apuntando en esos momentos con un arma.
Levantó las manos a la altura del pecho pues a pesar de ser hombre no podría contra un arma que de seguro no fallaría en darle en la cabeza, después de todo había perdido sus poderes.
- Enciende el auto - le ordenó sin bajar el arma.
Brick no tuvo más opción que obedecer, y en el momento que encendió el vehículo, un hombre de cabello castaño, corpulento y de traje de vestir negro, se pegó en el cristal de la ventana de su acompañante. Golpeó la ventanilla varias veces, con una mueca de fastidio y enojo, ella simplemente sonrió orgullosa y le sacó la lengua. Pensó en lo infantil que se veía a pesar de que lo estaba amenazando con un arma.
Arrancó finalmente y condujo lejos del hombre que comenzó a perseguirlos hasta que se cansó de correr, deteniéndose a oxigenar sus pulmones después de unos cuantos metros de recorrido.
Por el rabillo del ojo se dedicó a observarla y lo que vio fue diferente a lo que se esperaba. Tenía la mirada perdida, el rostro cansado y una mueca de disgusto. Una lágrima recorrió su mejilla izquierda y se sorprendió no entendiendo su repentino cambio. De inmediato se secó con el torso de la mano izquierda pues la otra estaba ocupada apuntando a su cráneo y de nuevo sonrió pero esta vez de manera distinta, ahora había tristeza en sus ojos y a pesar de querer ocultarlos él podía ser capaz de ver a través de ellos, no por nada era Brick, el líder de los ex Rowdys y el más perturbador de los tres.
- Conduce a las afueras de la ciudad - le indicó después de un largo silencio.
Y su voz, que al principio había sido suave, sonó lastimada. No preguntó ni dijo nada, solamente se dedicó a manejar. Eran casi las cuatro de la tarde y llegar a las afuera de la ciudad serían como cuatro horas más de viaje, pero poco le importó, en ese instante olvido quién era ella o quién era él, y olvidó todo a su alrededor.
El recorrido obviamente fue incómodo para él pero al parecer ella iba tan distraída en sus pensamientos que no le dirigió la palabra y así fueron las siguientes cuatro horas de viaje. Se estacionaron cerca de un parque mecánico y ella soltó una gran sonrisa, feliz de llegar a su destino.
- Bájate - ordenó, él no tuvo opción mas que obedecer, luego ella lo imitó aún apuntándole con el arma -. Es fabuloso... - susurró -. Me trae tantos recuerdos...
Caminó hacia él mientras que con cada paso que ella daba, intentaba retroceder inquieto. Finalmente ella se detuvo y con una sonrisa divertida, levantó la tela blanca dejando al descubierto su propia mano en forma de un arma ficticia. Soltó una risa suave, no fue burlona ni divertida, parecía sincera aunque no encontró la sinceridad en aquella acción. No le dio tiempo de reclamar cuando sin perder tiempo, ella corrió hacia el parque. Tenía que admitir que fue divertido verla caer en el proceso.
Brick rió suavemente por lo tonta que podía ser, la observó levantarse sin parecer apenada y observar su falda sucia. Recogió su bolso del suelo y se dirigió a él.
- Ni te atrevas a mirar.
Se encerró en el auto y él desvió la mirada hacia el parque. Era pequeño, tenía muchas bancas alrededor y un carrusel apagado en el centro. Muy aniñado para su gusto, casi no había nadie sólo un anciano que dormía tranquilamente sobre una banca, probablemente un vagabundo que ya se había acostumbrado a ese estilo de vida.
Escuchó la puerta del auto abrirse y se giró. Ahora vestía un short de mezclilla ajustado y una medias negras junto a unos botines negros que había pasado por alto al tener esa falda tan larga. Se acercó a él y le extendió la mano con una amable sonrisa.
- Perdón por lo de hace un momento, me llamo Momoko.
Apretó su mano e iba a decir su nombre solamente para ver su reacción al escucharlo pero ella corrió hacia el carrusel de nuevo como una niña pequeña que por primera vez veía uno. La siguió de cerca, estudiando cada uno de sus gestos y movimientos. Lo primero que hizo fue dirigirse a la máquina que controla el juego, apretó algunos botones e inmediatamente se encendió, iluminando y alegrando a tan solitario parque. Sonrió emocionada y se subió a un caballo blanco.
Él se subió minutos después, casi detrás de ella para observarla de cerca. Y se sorprendió de sentirse a gusto con su compañía pero sobretodo, sentirse inexplicablemente bien con admirar su sonrisa. Era tan cálida y alegre que hasta él mismo se contagió de la emoción.
Momoko bajó y de nuevo la siguió. Se sentaron en una banca cerca del carrusel y se quedaron en silencio, nada incómodo esta vez. Iba a hablar para hacer plática pero ella se le adelantó.
- ¿Recuerdas? - su voz nostálgica lo descolocó.
Se le hizo extraño al no entender a lo que. ella se refería pero tampoco es que recordara algo y se preguntó qué es lo que tenía que recordar para poder responder.
- ¿Recuerdas cuando nos vimos por última vez aquí, Brick?
Y eso fue suficiente para recordar el día que él decidió dejar la vida criminal y le había gritado que la odiaba por arruinarle la vida, justo en ese mismo parque. Desde entonces había hecho hasta lo imposible por evitar pensar en ella, tanto que la había olvidado levemente, aunque por las noches la misma pregunta abordaba su mente: ¿dónde estará?. Y el destino se había encargado de responderle, a su lado.
- Así que me reconociste - soltó finalmente después de un largo silencio -. Creí que...
- ¿Cómo no reconocer a una persona que aprecias?
La observó sacar una caja roja de su bolso y se la entregó, se preguntó que debía hacer luego pero justo cuando iba a bajar su mano ella le arrebató la cajita y sonrió, la abrió e hizo un gesto de sorpresa bastante real, entonces entendió que estaba jugando. Sacó una pulsera de oro y la extendió frente a ella. La paseo desde su mirada hasta la de él y ambos se quedaron observando el objeto, una con emoción y sorpresa y el otro con curiosidad. Por leves segundos se encontraron sus miradas, rojo con rosa, y rieron de nuevo.
Guardó el objeto en la cajita y tarareó una canción.
- ¿Qué fue eso? - se atrevió a indagar.
Momoko silenció por unos segundos.
- Sólo pensé que me hubiera gustado recibir un lindo detalle, aunque sea una pequeña mentira.
- Así que necesitas de regalos para sentirte feliz - desvió la mirada irritado -. Que... Interesante... - no tuvo la intención de sonar burlón pero la voz salió de manera natural.
- No, para sentirme feliz necesito de sinceridad y nadie me la puede ofrecer.
Se levantó de su lugar pero él la obligó a sentarse de nuevo.
- ¿Qué sucede?
- Eso mismo te pregunto a ti, ¿qué sucede? - había explotado -. Primero me amenazas con un arma que resultó ser tu mano, luego me usas.
Ella bajó la mirada ante la suya, al parecer pensativa.
- Creo que...
- Que...
- Creo que quería escapar por un momento y disfrutar este día junto a la única persona que he amado - el rojizo de sus mejillas se extendieron hasta las orejas -, antes de que me obliguen a hacer algo que no quiero.
Deshizo el agarre al levantarse de su lugar y caminó en dirección al auto para luego encerrarse.
Sacudió la cabeza intentando asimilar lo que acababa de escuchar. Ella... ¿Acaso había dicho "junto a la única persona que he amado"? Con la mirada buscó en todas partes a alguien aparte de él pero solamente estaba el anciano, y dudaba que Momoko amara al anciano vagabundo. Ya no eran niños y era normal sentir atracción por el sexo opuesto, después de todo tenían dieciocho años pero aquello no era hormonal...
Quiso buscar respuestas, la imitó y se encerró junto con ella en el transporte pero la encontró dormida. Suspiró con pesadez y miró el reloj de muñeca, eran casi las diez de la noche. Recostó la cabeza en el asiento y por un largo rato la observó dormir con la respiración acompasada. Una lágrima recorrió de nuevo su mejilla izquierda y entre sueños susurró un leve: "No quiero".
- Feliz día de San Valentín, Momoko - susurró.
Sintió los párpados cansados y cayó en los brazos del morfeo. De lo que él no se percató, fue de la sonrisa que se había formado en los labios de su acompañante.
Lentamente abrió los ojos y enfocó el asiento del copiloto, ahora vacío. Se incorporó rápidamente y buscó a Momoko con la mirada. Se bajó del vehículo nervioso de volver a perderla de vista pero toda emoción se disipó al ubicarla sentada de espaldas en uno de los caballitos del carrusel ahora apagado. Se talló los ojos y fue a su encuentro al mismo tiempo que miraba la hora, la una de la mañana.
- ¿Momoko?
Se volteó sorprendida, no pudo evitar soltar una sonrisa de la lado, tal vez el paso de los años la habían vuelto más expresiva o probablemente asustadiza.
- Lo siento, tenía planeado irme pero antes quería despedirme de este lugar.
- ¿Por qué?
- Porque... Será difícil sobrevivir todos los días a partir de ahora.
- ¿Por qué?
- ¿Qué te importa, Brick? Solamente, así sucederán las cosas - suspiró.
- Puedes cambiarlas.
- No lo creo.
- ¿Por qué?
- Porque ayer era mi compromiso con el hijo de un amigo de mi padre y me escapé para poder estar por última vez...
- Conmigo - terminó por ella.
- Pero creo que la fiesta será mañana - intentó no mirarlo a la cara ignorando la última palabra -, así que no hay mucho problema con que faltara ayer, solamente... Era para presentarnos.
- ¿Y qué te parecería que no sea la última vez que estuvieras conmigo?
Abrió los ojos de nuevo sorprendida y miró directamente a Brick. Él se limitó a sonreír por el gesto. La abrazó por la espalda sintiendo la pequeñez de Momoko sobre su pecho y reposó su mentón en el hombro aspirando el suave aroma a fresas que desprendía.
- Escapa conmigo Momoko, tal vez nunca antes lo dije pero siempre tuve una fuerte atracción por ti y el día que dije que te odiaba... Trataba de convencerme a mi mismo que esos sentimientos eran imposibles, después de todo pensé que tú nunca aceptarías a alguien como yo - confesó nervioso.
No era normal en él hablar de sentimientos, era algo tan lejano en su vida pero sobretodo era difícil creer que podía abrirse con ella, la persona que pensó lo odiaba por todo lo que hizo de pequeño. Momoko sonrió levemente y apretó sus manos sobre los de él, que se entrelazaban sobre su vientre.
- No soy capaz de odiarte, Brick - tuvo esa sensación de mariposas en el estómago aunque nunca creyó en ello realmente -. Confieso que fue sorprendente haberte encontrado sin buscarte, de hecho mi meta el día de ayer era buscarte por todo Tokio para verte por última vez pero al final me subí a un auto desconocido y fue cuando reconocí tus ojos y... - soltó un largo suspiro -. Me sentí tan feliz de verte de nuevo.
- Entonces, ¿escaparías conmigo, Momoko?
Pareció pensarlo por breves segundos y se giró entre los brazos de Brick para poder encararlo, necesitaba verlo a los ojos.
- Brick, yo...
- Prometo que no te dejaré - la cálida mano de Brick sobre su mejilla fue electrizante -, por una vez en tu vida arriésgate en algo. Dónde quedó la líder de las PPGZ decidida e indomable
- Ya no soy la misma - desvió la mirada -. Yo...
- Si lo eres, sólo te han obligado a olvidarla pero realmente vive dentro de ti.
- Brick, si quisiera escaparme contigo pero tengo miedo a que...
- ¿A que te deje? Imposible, soy tuyo desde el día que nuestras miradas se encontraron por primera vez.
- Brick, te has vuelto cursi - rió suavemente -, pero eres el mismo Brick que pocas veces demuestra sus sentimientos.
- Sólo soy así contigo.
- Lo sé, eres profundo y eso me encanta de ti.
E inesperadamente lo besó, suave y dulce, como ella. Y supo que era su primer beso, sus nervios la delataban. Correspondió gustoso, con el mismo ritmo porque ahora sabía que tenía una vida por delante para disfrutarla, día y noche. Se separaron perezosos mirándose mutuamente a los ojos, memorizándose en la mente sin perder ningún detalle. Y sonrieron...
- Feliz día de San Valentín, Brick. No sabía que te inclinabas por festividades así - sonrió divertida.
- Así que lo escuchaste.
- Al principio pensé que había sido un sueño, estaba por quedarme dormida cuando te escuché.
- Creo que el día ha sido especial después de todo, no solamente porque es un día de amor y amistad, sino porque te he reencontrado después de años y nos ha unido, como debería ser.
- Cursi.
- Momoko - amenazó divertido.
- Qué... Eres cursi pero tienes razón, nunca olvidaré este día, creo que para nosotros será diferente a comparación de los demás.
- Por cierto, ¿qué hubieras hecho si no hubiera sido yo el conductor y fuera un secuestrador?
- No sé, lo importante es que fuiste tú.
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Neith15
