La decisión correcta

Noté como mi mente iba tomando conciencia, me despertaba. Con pesadez, comencé a abrir los ojos. La intensidad de la luz que entraba a través de las cortinas me indicó que debían de ser más de las doce del medio día, no me importó, seguía encontrándome cansada y triste, me di media vuelta y me escondí entre las sábanas, esperando volver a dormirme.

Algo, o más bien alguien me zarandeó con delicadeza.

Herms, despierta. – Yo apenas abrí los ojos – Va levanta, son las doce y media.

¿Ginny? – Pregunté aturdida y adormilada – No me encuentro muy bien.

¿Qué te pasa? – Preguntó poniéndome la mano en la frente – Su cara era de absoluta preocupación.

No me pasa nada, sólo estoy cansada – Dije con una leve sonrisa.

Ya, claro. – Sus ojos brillaron, ella me conocía demasiado como para creerme.

Se descalzó y se tumbó en mi cama, junto a mí, sin decir nada y me cogió de la mano.

Cuándo estés preparada, sabes que voy a estar aquí, ¿verdad?

Gracias – Dije en un susurro mientras apoyaba la cabeza en su hombro y una lágrima resbalaba por mi mejilla.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que me dormí, lo siguiente que recuerdo es que Ginny me volvía a despertar y me ponía una bandeja con comida delante.

Tienes que comer – Dijo mientras acomodaba la bandeja sobre mi regazo.

No tengo hambre.

Me da igual. No te estoy diciendo que te hinches, sino que comas algo de fruta. – En ese momento me ofrecía un trozo de una pera ya pelada. Tenía esa expresión y no pude decirle que no, así que alargué la mano y comencé a comérmela sin mucho entusiasmo.

Me siento como una niña pequeña, me troceas la fruta. – Una leve sonrisa acompañó mi voz. Ella se rió y siguió obligándome a comer hasta que más de la mitad de la bandeja quedó vacía, entonces me la retiró de encima y la puso en la mesa.

Gracias.

¿Por qué?

Por ser mi amiga – Dije abalanzándole sobre su cuello – Por cuidarme.- Ella me abrazó con fuerza.

Es por Draco, ¿Verdad?

¿¡ QUÉ! – Me sobresalté – Como puedes pensar que…

He notado como le miras.

En ese momento las dos estábamos sentadas en mi cama, yo todavía dentro, ella con las piernas cruzadas enfrente mío.

¿Qué pasa entre vosotros?

Pues… no lo sé – ella me observó con una ceja alzada. – Todo comenzó muy rápido.

Hacía meses que estaba muy raro, desde el curso pasado, ya ni me insultaba – No pude evitar rodar los ojos ante eso, pero seguí – Draco estaba muy raro con todos, no solo conmigo, y aún que siempre lo había detestado no pude evitar pensar bastante en él y, sin darme cuenta me pasaba las clases o las horas de las comidas mirándole. Él se dio cuenta y comenzó a devolverme las miradas y… - Respiré hondo – Merlín, comencé a comportarme como una tonta. Me ponía nerviosa cada vez que nos cruzábamos por los pasillos y no podía aguantarle las miradas, un día, al cruzarnos en un pasillo, él me rozó la mano, se me aceleró el corazón y pensé que era una casualidad, pero se volvió a repetir y… un día que yo salía de la biblioteca él me arrinconó detrás de una estatua y me besó, y besa tan bien – Me mordí el labio mientras lo recordaba - A mí ni se me ocurrió resistirme, así es como empezó – Respiré hondo, había hablado tan deprisa que ni noté que me quedaba sin respiración

La miré a los ojos y parecía que estaba en shock, tenía los ojos como platos y la boca abierta.

Todavía respiras ¿no? – La zarandeé con cuidado - ¿Ginny?

Y… ¿cómo de bien dices que besa?

¡GINNY!

¿Qué? Solo era un dato puramente informativo – comenzó a reírse de mi – Tranquila, está realmente bueno, así que nadie te puede reprochar nada. – Seguía sonriendo.

Menos Ron y Harry – Me encogí de hombros.

Son tíos, ¿ que puedes esperar de ellos?, además – Dijo haciendo un gesto con la mano, restándole importancia – Ya se les pasará.

No hará falta por que ayer corté con él.

¿¡POR!

Ya no soportaba más la situación, esto estaba yendo muy lejos. No podía más, era lo que tenía que hacer.

Es solo mi imaginación o te estas convenciendo a ti misma. – Me quedé sin aliento – Malfoy no me mata de la ilusión, pero creo que deberías de aclararte y hablar con él.

El recuerdo de sus besos hizo que me diese un vuelco el estómago. Por vigésimo cuarta vez desde ayer dudé si de verdad había hecho lo correcto.