Hola a todos. Hoy traigo el segundo capítulo, sin embargo aquí no aparece Shaoran, en los próximos capítulos aparecerá. Les pido que tengan paciencia. Un saludo a todos y espero que disfruten de la historia.


II

Esto debe ser una mentira. Mi vida debe ser una tragicomedia. La verdad es que no entiendo qué es lo que lo divierte tanto. ¿Por qué se empeña en hacernos esto? No lo sé, creo que comienzo a acostumbrarme.

Todo es tan efímero, tan poco duradero. El divorcio de mis padres es algo difícil de ocultar. Creo que soy la culpable. Aunque me agrada la idea de que él se aleje de nuestras vidas, siento que mi vida ha sido una farsa hasta ahora. Ahora que debería resultarme más fácil actuar con naturalidad, me siento vulnerable. Si no logró ocultar lo suficientemente bien voy a quebrarme frente a los demás. No quiero que me vean llorar, me está doliendo aguantar. Qué ingenua fui al pensar que sería inmune a este sentimiento y me niego a cumplir el papel de víctima.

Necesito un respiro, solo necesito un respiro. Ya no más miradas angustiadas, no más preguntas sobre mí. ¿Qué no saben que si me hacen hablar todo el cúmulo de sensaciones contenidas estos últimos meses sólo harán que llore incontrolablemente? No quiero que me miren. Ignórenme, por favor. No quiero ser el espectáculo de nadie. No quiero que sepan que soy tan frágil. Ignórenme, por favor. Imaginen que soy invisible.

El tiempo ahora se detiene. Me come cuando siento que me observan. Es como cuando corres asustando tratando de alejarte de algo pero la distancia que disminuye al avanzar al paraíso incrementa con forme más lo anhelas.

Suspiró mirando el cielo azul. Estiró una pierna mientras recargaba su mano sobre la rodilla de la pierna que tenía flexionada. Relajó su cuerpo hasta sacar el último gramo de oxigeno, recargó su cabeza sobre la pared y cerró los ojos. Han pasado ya dos meses y no recuerdo con claridad qué es lo que hice en todo ese tiempo.

Había sido la primera en entregar el examen y salió por petición del maestro. Hacía un mes se quedaba después de clases en la biblioteca, excusa que le servía para llegar más tarde a su casa. Convenció a su madre para que la dejara ir de regreso a casa caminando.

Sintió que alguien la miraba. Sabía quién era. Hace dos meses que era víctima continua de esa mirada pero solo se limitaba a ignorarlo. Lo miró enfrentando a su acosador, estaba recargado sobre el barandal del segundo piso. No hubo ningún gesto de por medio. Aunque él hubiera sonreído, continuaría mirándolo sin emoción. No quería relacionarse con alguien como él.

Sakura vio a una de sus amigas salir del salón. Se concentró en ella aunque él no dejaba de mirarla. Sabía que no dejaría de hacerlo.

— ¿Cómo te fue, Naoko?

— No lo sé. Creo que saldré bien —contestó sentándose a su lado— ¿Y tú?

— Supongo que bien.

— ¡Ay, Sakura!

— ¿Y ahora qué?

— Me duele que lo digas de esa forma. Parece que has olvidado cómo sonreír. ¿Sabes? Extraño a la antigua Sakura.

Apretando los labios en algo parecido a una sonrisa. También la extrañaba.

— Lo siento. Es solo que estoy algo cansada.

Naoko la imitó y no insistió más. Recostó su cabeza sobre la pierna de ella mientras tarareaba una canción.

Poco tiempo después el resto de sus amigas salieron del salón.

— Estaba bastante obvio, Tomoyo. No vas a reprobar —inquirió Chiharu.

Tomoyo se mordía la punta de los dedos.

— Pero…

— ¡Tomoyo! —se quejó Chiharu— ¡Por favor, alguien dígale algo! —inquirió recostando su cabeza sobre el estómago de Naoko.

— ¡No me regañes! —le advirtió Tomoyo a Naoko.

Naoko rió al instante.

— ¡Yo no te iba a decir nada!

Tomoyo se sentó junto a Sakura quien parecía divertida por la discusión.

Luego de media hora de charlar, Sakura se removió incómoda.

— Naoko, por favor levántate. Quiero ir al baño.

— ¿Te acompaño? —preguntó Tomoyo.

— No, gracias —inquirió alejándose.

Sakura sacudió las manos en el aire después de lavarse las manos y salió del baño. Caminaba con miraba abajo midiendo la distancia en cada paso y cuando levantó la vista se detuvo abruptamente. Entró en pánico. Tenía la vista borrosa, como si le hubiera tuviera un lente pañoso en su pupila.

Cerró los ojos asustada. Prefería no ver nada. Buscó la pared a tientas y cuando la tocó, hiperventiló lo mejor que pudo.

Entonces sintió que alguien la tomaba del brazo.

— ¿Te encuentras bien?

Sakura reconoció esa voz. Volvió a cerrar los ojos tan pronto como advirtiera que su vista no había vuelto.

— No puedo ver nada.

— Será mejor que te sientes.

— ¡No, espera! —lo detuvo cuando intentó guiarla. Golpeó su sien un par de veces mientras parpadeaba.

El muchacho sonrió divertido.

Sakura advirtió que funcionaba, de pronto su mirada solo estaba desenfocaba puesto que veía doble. Dio un último golpe en su sien y su mirada se enfocó.

— Ya estoy mejor. Gracias por tu ayuda, Yue.

— ¿En serio? Porque puedo acompañarte con tus amigas y…

— No te molestes —hizo una ligera reverencia y se paralizó cuando vio a la persona que estaba detrás de él.

Sakura no tuvo la suficiente fuerza para apoyar su pie. Al dar el primer paso para alejarse su tobillo se dobló.

Yue la sostuvo del brazo.

Sakura lo miró agradecida.

— No digas nada —pidió Yue asegurándose que estaba bien antes de soltarla.

Sakura vio a esa otra persona y bajó la mirada atendiendo gratos recuerdos del pasado que la ponían mal. ¿Por qué me diste la espalda? Ahora cuando más te necesito.

Yue notó la tensión entre ambos.

— ¿Qué te parece si me acompañas al comedor?

Sakura asintió despacio sin poder articular palabra.

— ¿Puedes caminar por ti misma?

— S-Si —tartamudeó caminando a su lado.

Caminaron sin prisas hasta llegar al comedor.

— Siéntate. Vuelvo enseguida.

Sakura asintió y esperó en una mesa. Si serás estúpida. Se reprendió a si misma por lo acontecido. Ya deberías haberlo olvidado. Él te desechó primero, Sakura. ¿Por qué te aferras en recordarlo? Bufó molesta. ¿Por qué de pronto la miraba con tanto interés? De algún modo comprendió cómo debían sentirse los animales del zoológico. Sonrió resignada. Debía admitir que de algún modo le gustó esa mirada de preocupación.

Yue volvió con una charola con comida y se sentó frente a ella.

— Buen provecho.

— No es para mí —negó acercándole la charola.

Sakura miró la comida como si la viera por primera vez.

— No, no, no, no, no, no, no, no, no —agitó sus manos— es tuyo. Tú lo compraste.

— Si te da vergüenza comer frente a mí, me puedo retirar —inquirió levantándose.

— ¡No! —lo detuvo con el grito. Se reprendió mentalmente. ¿Por qué lo detuviste? — es que no tengo hambre.

— Has dormido bien?

Aturdida por el cambio de tema, tardó en responder.

— No, casi no.

— Seguramente no te ha dado sueño.

Sakura no comprendió la trampa.

— Si, de hecho es exactamente lo que me pasa.

— A mi suele pasarme últimamente lo mismo.

— ¿En serio? Debes de estar pasando por algo difícil —dijo sin pensarlo— Es decir, debes tener unos cuantos problemas.

— Algunos —afirmó— normalmente cuando uno se siente mal, no le suele dar mucha hambre.

— Si, lo sé.

— Entonces comete el desayuno.

Sakura lo miró sorprendida.

— ¡Oye!

— Tú sola te delataste.

— ¡No es justo! —comprendió que estaba haciendo un escándalo— en serio, no tengo hambre. Muchas gracias, Yue. Pero…

— ¿Piensas desperdiciarlo? —preguntó frunciendo el ceño.

— ¡Ah! ¡No hagas eso!

— No estoy haciendo nada.

— Hablo en serio.

— ¡No estoy haciendo nada! —declaró levantando las manos.

Después de pocos segundos, Sakura comenzó a reírse.

Había pasado un agradable momento con Yue. A fin de cuentas, terminó comiéndose el desayuno. Después tuvo que regresar a clases. El resto del día estuvo bastante animada. El encuentro con Yue había sido el cambio de su rutina. Cuando encontró a sus amigas les contó lo que había sucedido.

Al terminar las clases, marcharon a la salida.

— ¿Te vas a quedar hoy? —preguntó Tomoyo.

— Si.

— ¿No crees que deberías ir a tu casa?

— Adelantaré unos cuantos trabajos —excusó.

Tomoyo asintió conforme por no recibir una respuesta monosilábica.

Sakura despidió al grupo cuando estuvieron todos reunidos. Se quedó de pie viéndolos alejarse. Miró a su alrededor. El colegio estaba casi vacío.

Suspiró como si eso la ayudara a subir al segundo piso. De pronto se vio reflexionando sobre su manía por caminar con la mirada abajo. Entró en silencio a la biblioteca y se instaló ocupando todo el ancho de la mesa. Anotó en una hoja de papel los temas a investigar y con ella se aventuró entre los pasillos en busca del libro indicado.

No era la única en la biblioteca. Aunque la mayoría de los estudiantes trabajaba, algunos platicaban en voz baja.

Tomó unos cuantos libros sin problemas y se detuvo al localizar el último. ¿Por que soy tan pequeña? Suspiró molesta mientras se estiraba tratando de alcanzar el libro. De pronto, sintió a alguien a sus espaldas, tomando el libro para ella. Sakura se giró para ver de quién se trataba.

— Yue.

— Toma.

Sonrió agradecida y abrazó el libro junto a su pecho.

— Muchas gracias.

— No es nada —apuntó el libros que tenía— ¿Vas a llevártelos todos?

— ¿Los necesitas tu también?

— Si.

— Voy a quedarme aquí a hacer mis investigaciones —explicó.

— Entonces, ya que vas a estar usándolos, ¿puedo sentarme contigo? Tú sabes, para no…

— Claro, no hay problema —sonrió guiándolo por los pasillos hasta distinguir su mesa— Estoy allá.

— De acuerdo.

Cuando volvió a su asiento, Sakura despejó la mitad de la mesa. Sacó lo necesario para comenzar a escribir y abrió el libro. Minutos después, Yue se presentó.

— Lo siento, me entretuve un poco.

Trabajaron en silencio alrededor de una hora. Sakura se detuvo dando ligeros golpes con la goma del lápiz al ritmo de la música.

Yue sonrió divertido.

— ¿Qué escuchas?

Gazette.

— Ese grupo es genial.

— ¿Los has escuchado? —preguntó sorprendida.

— Si —Yue comprendió su sorpresa— aunque soy japonés viví poco tiempo en Japón. Aún así se hablar el idioma y estoy bien enterado sobre su cultura. En especial sobre sus cantantes.

— ¿En serio? —sonrió emocionada— yo nacía aquí Francia pero mis padres son japoneses. A diferencia de ti yo no sé hablar el idioma pero merelaja mucho escuchar su música.

Charlaron durante un largo rato, sobre sus vidas y sus gustos personales. Resultaron coincidir en tantas cosas que el tiempo pasó muy rápido.

Yue vio su reloj de mano.

— Ya es tarde. Son las 6:30pm. ¿Vas a quedarte aquí más tiempo?

Sakura asintió.

— ¿No crees que deberías de ir a tu casa? —preguntó guardando sus cuadernos.

— No, aún no.

— ¿Te quedarás? —preguntó sin creerlo.

— Si.

— Pero ya terminaste.

— Te acompaño afuera, yo me quedaré —insistió poniéndose la mochila.

Salieron de la biblioteca y bajaron al primer piso.

— ¿Cuánto tiempo más piensas quedarte?

— Otro par de horas.

— ¿Siempre te quedas todo el día en el colegio? —preguntó extrañado.

— No desde siempre pero normalmente sí.

— ¿Podrías decirme qué tanto es normalmente?

Sakura sonrió divertida.

— Alrededor de dos meses.

— ¡¿Dos meses?!

Sakura rió divertida.

— Si quieres podemos llevarte a tu casa —trató de persuadirla.

— Aún no quiero regresar a mi casa.

Yue meditó seriamente su respuesta, atando cabos.

Se quedaron en silencio.

— Tal vez te moleste pero ¿puedo aconsejarte algo?

— Dime.

— A pesar que yo no sé por qué no tienes deseas llegar a tu casa, te aconsejo que no te quedas tan tarde aquí.

Sakura rió.

— ¿Qué es tan gracioso?

Agitó sus manos tratando de calmar su risa.

— Lo siento. De pronto, me dieron ganas de reírme. Perdón.

Yue levantó los hombros sin darle mayor importancia.

— ¿Qué te parece si te llevo a tu casa y mañana me quedo contigo hasta que tengas ganas de irte?

— No piensas desistir, ¿verdad?

— No.

— No es necesario que hagas todo esto, Yue. Además, no quisiera que desperdiciaras tu valioso tiempo conmigo.

— Yo me ofrecí. Y si algo sé bien, es que cuando yo me ofrezco a hacer algo nunca pierdo mi tiempo.

Sakura sonrió ampliamente.

Un automóvil rojo se detuvo frente al colegio.

— ¿Te llevo?

Sakura lo pensó.

— ¿Haces esto por lastima?

Atendió a su risa burlesca.

— No confundas la amabilidad con la lástima. Si me dieras lastima, ni me hubiera ofrecido a pasar el día de mañana contigo.

Sonrió convencida.

— ¿Te llevo?

Asintió agradecida y caminó junto a él hasta el automóvil.

Continuará...