Descargo de responsabilidad: Naruto no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
NA: Segundo capítulo. Espero les guste.
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El que persigue, consigue
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Capítulo 2: La discreción es una virtud.
Se quedó muy quieto, helado de la impresión. Su piel blanca como la porcelana, más pálida de lo normal ¿Qué había hecho? Sus sienes empezaron a palpitar, como si alguien le taladrara la cabeza. Cerró los ojos y pensó en su situación, por si de alguna misteriosa manera todo tuviera alguna otra explicación que no implicara Naruto, él y sexo; pero nada se le venía a la cabeza. Abrió los ojos y observó el cuerpo moreno cubierto muy superficialmente a la altura de las caderas por una sábana blanca.
El rubio se encontraba boca abajo, con la piel canela de la espalda y las piernas brillando levemente, probablemente por una fina capa de sudor. Una vez más llegó a la conclusión de que había una única manera en que ambos se encontraran en aquella situación tan irreal. Sin ropa y sudados en una cama. Sexo.
Una sensación de irritación profunda comenzó a instalarse en su cuerpo. Apretó sus manos y clavó sus uñas en sus palmas. Aún no tenía en su mente la imagen completa de lo que había ocurrido pero tenía retazos de momentos y sensaciones adheridos a ésta que iban y venían como estrellas fugaces. El dolor de cabeza tampoco le permitía pensar mucho.
Recordaba el frío inclemente de un viento helado sobre su pecho desnudo, unas manos calientes y toscas paseándose por su espalda y hombros con fuerza. Recordaba la sensación húmeda de una lengua por su cuello, pecho, vientre y en zonas mucho más agradables. Mierda, mil veces mierda. Estaba seguro que si quería podría recobrar la memoria de todo lo ocurrido, pero – como muy pocas veces en su vida – tuvo miedo de lo que podría haber ocurrido, así que no le dio más vueltas.
– Teme – interrumpió sus pensamientos una voz. Inconfundiblemente la del futuro Hokage. Su cuerpo se puso rígido instantáneamente, sintiéndose sorprendido en un acto incorrecto. Por tercera vez aquel día, volteó a verlo. Naruto seguía dormido y susurraba entre sueños.
Una profunda inquietud e irritación comenzó a extenderse por su cuerpo. Una sensación extraña que no pudo identificar realmente. Su ex compañero de equipo debía haber sabido que no había sido la mejor de las ideas despertar en la misma cama que él. Tendría que haberlo adivinado. Tendría que. Sus ojos, comúnmente de un negro profundo, ahora se mostraban de color rojo intenso con símbolos negros, prueba del sharingan en toda su extensión. Se lo cargaba. De esta Naruto no salía vivo.
Giró su cuerpo y dirigió su vista al lugar de donde había provenido aquella maldita voz, con poco o nada de ropa y revuelto entre sus sábanas de un blanco impoluto, Naruto descansaba plácidamente. Si supiera lo que le esperaba, no estaría tan tranquilo el capullo. Movió su mano derecha y la metió debajo de la almohada en la que estaba apoyado de donde retiró su espada, le gustaba tenerla cerca para casos de emergencia. Con la sensación fría del metal contra su mano, sin dudar ni un poco, pateó a su acompañante fuera de su cama. El golpe resonó por la habitación de madera haciendo un sonido seco y duro.
Los ojos azules se abrieron inmediatamente, en sorpresa. Desconcertado. El enemigo había entrado en Konoha y lo había encontrado. Rápidamente se colocó en posición de pelea. Una bola de fuego fue lanzada a su posición, a duras penas pudo evitar que el ataque le diera directamente, sin embargo, sintió el calor abrasador de las llamas contra su piel desnuda. Se vio a sí mismo por unas micras de segundo, se encontraba en pelotas, tal como su madre lo había parido ¿Por qué estaba desnudo? No recordaba mucho. Unos kunais fueron lanzados a su posición, trató de esquivar el ataque pero resbaló por la manta blanca enredada en su pie. Uno le rozó no tan levemente en su cuello. Inmediatamente sintió el ardor y un poco de sangre rodar por esa zona, no le prestó mucha atención. Aquella no era una herida grave y lo principal era encargarse del atacante en ese momento. Buscó al enemigo para responder el ataque pero su cerebro se trabó.
Era Sasuke.
– ¡Qué te pasa teme! ¡¿Por qué me atacas?! – exigió saber el rubio mientras esquivaba ahora el filo de la espada del bruno.
El ataque paró. Los ojos negros se volvieron pozos profundos gélidos como témpanos de hielo, pero los pálidos delgados labios no pronunciaron una sola palabra. Muy por el contrario, se apretaron en una fina línea. Empero, lo que más le sorprendió era la desnudez del cuerpo frente suyo.
Rápidamente las memorias de lo ocurrido el día anterior le llegaron. Parpadeó seguidamente, como si tratara de comprobar que todo aquello había sido real. Tendría que haberlo sido, sino ahora Sasuke no le estaría dando esa mirada cargada de tantos, y a la vez, casi ningún sentimiento. Ahora sí, la había hecho grande, como solo él sabía hacerlo.
¡Piensa, piensa, piensa, piensa, piensa!¡PIENSA! –se exigió mentalmente, pero nada llegó a su mente. No tenía excusas reales.
Quizás pudiera alegar que había sido producto del alcohol, de las hormonas, de la luna... sí, quizás, y tal vez los extraterrestres lo habían abducido. También podía huir, pero eso no solucionaría el problema. Sasuke era un vengador, se había ido de la aldea y dejado todo de lado solo para poder matar a su hermano. No estaba muy seguro de salir con mejor suerte que el otro.
El bruno se sentía tan molesto y mal por la primera resaca de su vida y el dolor generalizado en todo su cuerpo, que no estaba en todas sus facultades y el Hijo de... su madre se escabullía de ser cortado. Estaba cansado, muy cansado, tanto mental como físicamente. Pero no se detendría, no hasta que le atravesara por la mitad.
– Deja de moverte. –Masculló con los dientes apretados, blandiendo su espada por pura fuerza de voluntad. Miró fijamente el rostro de Naruto y la intensa negativa mediante un movimiento de su cabeza. – No alargues más tu sufrimiento. Tarde o temprano la espada va a dar en su blanco. –Completó, con la certeza de no poder cumplir su promesa. Todo a su alrededor había comenzado a girar.
– Pero si tú también lo disfrutaste, ¡Hasta gemiste, dattebayo! –respondió en un grito con voz chillona. Apenas terminó de decirlo, Naruto supo que esa era la respuesta incorrecta.
El bruno hizo unos sellos con las manos y le lanzó una bola de fuego otra vez. Quizás debería de cortarle la lengua. Nadie, pero absolutamente nadie, debía de enterarse de lo que había ocurrido. Naruto a las justas pudo esquivar el ataque.
Maldita lengua la mía.- pensó.
Sabía que no podría escapar por siempre. Tarde o temprano la espada asestaría en donde debía y él definitivamente no iba a atacar a su ex compañero, no cuando sabía que había sido su culpa.
– Tus últimas palabras. –Siseó Sasuke con el filo de su espada en la garganta de Naruto.
– ¿Perdón? –murmuró, no queriendo realmente decir eso. Aprovecharse del estado de ebriedad del azabache no había sido una buena acción. Sin embargo, otra parte suya – menos buena y más carnal – pensó que nadie en su sano juicio no hubiera hecho lo mismo. Su ex compañero de equipo era como un ángel de hielo, solo se le podía observar desde lo lejos. Porque si tratabas de acercarte se derretía en tus manos.
El bruno solo sonrió sin nada de diversión. Perdón, él no conocía esa palabra, o si lo hacía la olvidaba frecuentemente. Francamente, no lo dudó. Movió su muñeca hacia afuera para ganar impulso y cortar de un solo golpe el cuello moreno. Había hecho tantas cosas en su vida, traicionar a su aldea, a sus compañeros, matar inocentes… matar a su hermano. Lógicamente, matar a su amigo y rival no sería muy difícil.
Y…
- Sasuke-kun. -Se escuchó la voz fuerte y claramente femenina de Sakura.
Salvado por la campana.
Más pálido de lo que se podía calificar como normal en él, por escuchar la voz de alguien que no debía saber que había ocurrido la noche anterior, detuvo la espada a centímetros de su objetivo ¿Qué debía hacer? Ya sea para mal o para bien, Sasuke había sido inculcado en la importancia de cómo te mira la gente. "Tener las mejores calificaciones de tu clase. Ser el mejor de tu clase. Ser el mejor en artes marciales. Ser el mejor en jutsu. Ser el más respetado. Ser el más admirado...". La reputación de un ninja valía igual que su orgullo, y su vida. Y a pesar de que hacía ya bastante tiempo había aprendido que lo que otros dijeran no era realmente importante, después de todo tampoco era de los más respetados de la aldea. No se sentía para nada bien con la idea de otros hablando acerca de su intimidad. Su apellido, del cual él siempre había estado orgulloso a pesar de todo lo que había ocurrido, no debía ensuciase más de lo que ya estaba.
Lo principal momentáneamente era que nadie se enterara.
Se quedó estático, tratando de pensar lo más rápido posible. Si mataba a Naruto la población de Konoha sospecharía. Lo más probable es que los habrían visto saliendo de la fiesta, es más, había que agregarle el factor de que el rubio iba a ser el próximo Rokudaime, solo faltaban detalles para ello, no tan pequeños ni tan grandes pero de igual forma la muerte del próximo Hokage de Konoha causaría gran revuelo. Ya no quería irse de la aldea nuevamente puesto que tenía un plan de vida hecho y en él no estaba el andar huyendo hasta el día en que muriera. Con su decisión arriesgaría bastante, pero esperaba que al menos aquello se diera bien.
–Nadie, ¿escuchas? Nadie, debe enterarse de lo ocurrido anoche. Si de por casualidad o por estupidez se lo comentas a alguien no me va a importar que seas el mismísimo Kami-sama, te mato al instante. –Amenazó con los dientes apretados, tragando bilis mientras pronunciaba cada palabra.
Decir que a Naruto no le afecto en cierta manera la gran y rotunda negativa a que otros se enteraran de lo que había ocurrido con Sasuke, hubiera sido mentir. Pero solo atinó a mover frenéticamente la cabeza – de arriba abajo – indicándole que estaba muy de acuerdo con la idea. No quería hacer enojar al azabache más de lo que estaba.
– Tampoco nadie te puede ver saliendo de esta casa. No me importa si tienes que hacerte invisible o cavar por debajo de mi casa o convertirte en una lagartija, no te pueden ver.
Si bien es cierto que podrían haber mentido, diciendo que se había quedado en otra de las tantas habitaciones de la casa, cuando uno está nervioso por un secreto que no quiere que nadie sepa y éste se ve amenazado con ser descubierto, no piensa con claridad. Sasuke en ese momento no lo estaba haciendo y Naruto no quería negarle nada, se sentía culpable.
El bruno se puso rápidamente la ropa que usualmente usaba y con algo de dificultad comenzó a bajar las escaleras. Su cadera le dolía mucho, como si le hubieran martillado con un objeto contundente.
Se había quedado solo en esa habitación, desconocida para él debía admitir. Él y Sasuke habían sido más que amigos por tanto tiempo. Años de representar su lazo más fuerte, pero hasta el día anterior no había entrado en aquella estancia. Era algo triste, por decir lo menos. Él no había tenido ni padres ni hermanos y había sido odiado desde infante, tal vez por ello no llegaba a comprender aún la magnitud de la huella que dejó la muerte de toda su familia en el ex vengador.
Trató de imaginarse en su situación pero no llegó a comprenderlo del todo. ¿Qué haría él si Iruka-sensei muriese? ¿Sería peor o igual que la muerte de Ero-senin? Ciertamente no iba a negarlo, la muerte de su maestro le había dolido mucho. Inimaginablemente. Pero como había aprendido en la vida, lloró, gritó, se enojó, sufrió y luego se recuperó. Estaba seguro que aún si su adorada Sakura-chan muriese, seguiría el mismo proceso. Tal vez un poco más dificultoso, pero el mismo proceso al fin. Para Sasuke ese ciclo no se había dado. Él se había quedado estancado, demasiado dolido y roto para otra cosa.
Suspiró. A él nunca se le había dado mucho eso de pensar demasiado. La cabeza le comenzaba a doler y le llegaban pensamientos que no le gustaban, mejor dejarlo todo a su instinto y al momento. De alguna manera sabría cómo podría ayudarlo cuando la oportunidad se diera.
Rascándose la cabeza, se puso en pie de un salto. La habitación del estreñido del ex vengador era de madera, motivo por el cual no había notado que aún seguía con el cuerpo aire, sin nada cubriéndole. Se sonrojó furiosamente, cogió la manta blanca con la que se había cubierto mientras dormía y se envolvió las caderas con ella. ¿Dónde estaba su ropa? Con la vista comenzó a buscar a su alrededor.
El día anterior había estado ocupado en "otras cosas", por lo que no se fijó en los detalles de la habitación. Ahora que podía se dedicó a observarla. Tal vez nunca más tendría la oportunidad de entrar en ella. Ésta tenía un color agradable, blanco humo, y se veía espaciosa, al menos mucho más que la suya. El piso era de madera así que el ambiente era cálido. Aquello le desconcertó un poco. Sabía que Sasuke era humano pero comprobarlo era otra cosa. Parecía tan frío, tan calculador, tan despiadado... que varias veces había pensado que vivía en alguna clase de mazmorra, no en un lugar común y corriente como los demás. La habitación tampoco era de las más alegres, no tenía muchos objetos y ningún adorno, pero definitivamente no era lo que había tenido en mente.
No que Naruto fuera chismoso, para nada. Él solo era muy curioso. Volteó a ambos lados de la habitación y cubrió con una mano la sonrisa que pugnaba por ponerse en su rostro, comprobando que no había nadie a la vista se acercó a uno de los cajones de la única cómoda de madera pintada de negro. Por fin develaría el gran secreto de la Aldea escondida entre las Hojas, la pregunta que había estado en boca de todos. ¿Sasuke tendría el símbolo del Pai Pai en sus calzoncillos? Tratando de no hacer mucho ruido, comenzó a deslizar el cajón de su sitio, deteniéndose ante cada rechinido de la madera desplazándose.
– ¡Sasuke-kun! ¡Ya déjame pasar! –gritó Sakura. Naruto paró en seco– ¿Qué problema te haces? No es la primera vez que estoy aquí.
Aquella era la inconfundible voz de su querida pelirrosa, así que probablemente era una misión. De lo que había escuchado, su amiga había estado anteriormente en aquella casa y volvía a solicitar entrar. Saberlo le produjo desazón. Ellos habían sido amigos/rivales por tanto tiempo, mucho antes siquiera de que la de ojos jade lograra llevar una conversación normal con el bruno, pero a él nunca le había permitido pasar la gran puerta Uchiha. Aguzó el oído, tratando de captar más de la conversación completa.
– Tsk. Hoy no, Sakura. –Hizo una pausa, tal vez pensando algo que agregar– En la misión de mañana seguimos. – Ordenó, en un tono que no aceptaba réplicas.
Epa, ¿Qué estaba pasando ahí?
Antes hubiera pensado que su mejor amiga iba a acosar a Sasuke. Ahora no. Era bien sabido por toda la aldea que por fin el sueño dorado del cejotas se había cumplido. La fuerza de la juventud había vencido el obcecado juicio de la pelirrosa, y ahora ella salía con Lee hacía un año aproximadamente. Terco como él había sido durante tanto tiempo, también había insistido con la de ojos jade, pero ella no le había dado la oportunidad. Solo se la había dado alguna vez al ex vengador y, en aquella ocasión, al chico de las mallas verdes. Eso no evitaba que la vieja costumbre de la de cabellos rosados apareciera de vez en cuando, como el día anterior.
En su momento le había dolido. Más porque al igual que con Sasuke su esfuerzo no había dado frutos, que porque ella no lo quisiera de la manera en que él deseaba. Pensó que se sentiría devastado por la decisión, pues realmente había pensado que amaba a Sakura, pero no fue así. Solo un dolor sordo y mudo se había instalado en él, un dolor que no llegó a comprender del todo. Pasado el primer sorbo amargo, enterarse y haberlo asimilado, se alegró de que ella estuviera feliz y con alguien que la amara como merecía.
Curiosidades de la vida, por fin entonces descubrió que el cariño que le tenía no era amor, sino un gran afecto y una clara admiración. Resultaba que en cuestiones de sentimientos era un poco lento.
A veces no es fácil ver lo que está justo frente a nosotros.
Regresando a lo que ocurría en la entrada de la casa Uchiha, su curiosidad – ya aclarada no chismorrea – aumentó. Deseaba saber qué pasaba pero Sasuke le había dicho claramente que se fuera y que nadie debía verlo. ¿Qué hacer? Su amigo ya estaba molesto y no era cosa de ver hasta dónde llegaba la paciencia del otro. Mejor le hacía caso al azabache, podría ir a su casa, bañarse y luego ir con Tsunade para que le dijera que pasaba con el azabache, bonos por ser el próximo Hokage. Decidido.
Encontró su ropa, rota en ciertas partes por la manera en que se las había retirado, tirada en diversas partes. Abajo la conversación entre los compañeros de equipo continuaba. Se cambió rápidamente y se fue sin llamar la atención, saltando sigilosamente encima de los tejados.
A unas cuadras de aquel imponente barrio, algo de alivio recorrió su cuerpo. No se había dado cuenta pero sus músculos estaban rígidos, había estado muy alerta. Tenso. Suspiró sonoramente y comenzó a caminar con tranquilidad por las calles. En el transcurso del recorrido hasta su casa, pudo ver que casi no había nadie, seguro todos estarían mal.
- Borrachos – pensó el ojiazul. Aunque él había obtenido ciertos beneficios debido al alcohol. Sus orejas y cachetes le ardieron. Tiró de sus cabellos levemente. ¿Todo lo que había pasado había sido real? Había visto el cuerpo de piel blanca retorcerse de placer, los ojos negros y fieros empañados por el deseo, la voz masculina y tersa murmurar cosas que no había entendido...
– Sonrojarse como una colegiala a tu edad no se ve nada bien. – Interrumpió sus pensamientos una voz muy conocida. Torció su cuello y vio a su antiguo profesor caminando a su costado con la vista en su pequeño libro.
– ¡Kakashi-sensei! –exclamó.
– La cabeza me duele. Baja la voz. –respondió como siempre, con voz relajada –. Si siempre vas gritando por las calles, Sasuke no te va a aguantar más que unas horas.
La mención de su ex compañero le hizo sentir un escalofrío a lo largo de su columna. Debía aceptar, él nunca había sido de los mejores guardando secretos, motivo por el cual tenía la sensación de que los demás notarían instantáneamente lo que había ocurrido. No deseaba molestar más al bruno. Algo había cambiado el día anterior.
– ¿Y a mí qué me importa si ese teme no me aguanta? ¡Yo tampoco le aguanto! – respondió más por costumbre que por sentirlo.
–Bueno… – se detuvo. Sonrió bajo la máscara que cubría su boca–. Pensé que después de lo de anoche querrías que él te aguantara. – terminó por decir, como quien habla del clima.
El andar del rubio se detuvo instantáneamente y sus ojos amenazaron con salirse de sus cuencas. Lo sabía. Kakashi lo sabía. Alguien aparte de Sasuke y él lo sabía. Su ex compañero lo odiaría, ahora sí. Y todos sabían de lo que era capaz el odio del Uchiha menor. Aunque… Eso no era posible. ¿Cómo podría saberlo Kakashi? No había manera. Si mal no recordaba, el de cabellos plateados todavía estaba en la fiesta cuando él se llevaba a Sasuke a cuestas. Definitivamente no podría saberlo y, si por alguna maldición de Kami-sama él otro lo sabía, mejor hacerse el desentendido. Que ya era profesional en eso.
Cerebro que no sabe, corazón que no siente, ni se preocupa.
Kakashi lo vio casi huir de su compañía, seguro no le esperaba nada bueno si Sasuke se enteraba de que por causalidad sabía de muy buena fuente lo sucedido anoche. Él había estado en primera fila, viendo el espectáculo. Siendo Kakashi una persona muy perceptiva y aguda de pensamiento, hacía tiempo que había notado cierta tendencia especial y diferente de su rubio alumno, algo que siempre iba dirigido al ex–vengador. Era demasiado obvio.
Además, no era la única persona en Konoha que se había dado cuenta, había algunos más. En realidad no entendía porque los demás no habían llegado a aquella conclusión aún. Naruto no hacía otra cosa que ir detrás de Sasuke, molestándolo, llamando su atención, preocupándose. En realidad, ya se esperaba ese resultado. Sabiendo que algún día tendría que pasar y con mayores probabilidades de que ocurriera ese día, pues ambos jóvenes estaban un poco desinhibidos producto del sake. Así que se dedicó a seguirlos. Escondió su chakra y su presencia, además ni el azabache ni el rubio prestaban atención a su alrededor. El espectáculo había sido bueno, todo lo que se esperaba de ninjas de su nivel. Fuerza, poder, orgullo y pasión.
Observó con atención sus cuerpos sudorosos y oyó sus respiraciones agitadas. La piel de Sasuke y la de Naruto formaban un contraste agradable a la vista. Estaba seguro que al día siguiente ambos jóvenes sentirían sus cuerpos adoloridos. No se perdió ni un segundo de lo que había pasado dentro de aquella habitación de madera. Aquello había sido el inicio de algo, no estaba seguro de sí para bien o para mal, pero esa noche marcaría el inicio y final de algún ciclo.
Había muchas variables en aquella ecuación.
Él, como había hecho desde que tomara como alumnos a aquel grupo, apoyaría a sus dos alumnos. Siempre había habido un triángulo en ese grupo de tres, tal vez debería proponer que ahora se dieran grupos de 4 ninjas. Se preguntó si Tsunade–sama escucharía su propuesta.
Mientras tanto se ocuparía del problema principal, lo demás se iría arreglando en el camino. Naruto debía lograr distinguir sus sentimientos, aquello no sería tan difícil o eso deseaba creer, Kakashi pensaba seguir de cerca los avances del rubio. Por otro lado, solo quedaba lo más difícil y casi imposible de lograr, pero confiaba en las habilidades del ninja número 1 en sorprender a todos. Lograr capturar el corazón del ex–vengador.
No pudo evitar pensar que quizás Naruto fuera un tanto masoquista. Sasuke no sería una presa fácil de atrapar. Ni subyugar.
Había llegado a su casa y lo primero que hizo fue ir hacia la cocina y dejar agua hirviendo para prepararse su tan adorado ramen, se moría de hambre. Hacía algunas semanas atrás había escuchado sobre la dieta del lagarto, ahora podía confirmarla. Qué agotador. Podría comerse 100 platos de ramen en ese mismo instante. Mientras esperaba que el agua hirviera, decidió bañarse.
20 minutos después, se encontraba sentado en una mesita de forma circular con su plato de comida preferido frente suyo. Como muy pocas veces ocurría, pensó que quizás fuera más agradable comer si estaba acompañado. Comer junto a alguien que quisiera sería bueno. Sonrió, sintiéndose inesperadamente optimista, e instantes después dio gracias por la comida.
Comió a toda velocidad, tenía que ir a ver Tsunade. Una vez terminado su último fideo, se lavó los dientes y salió de su casa, saltando entre los tejados hasta llegar al edificio de la Hokage. Sin tocar la puerta ni avisar, se metió como Pancho en su casa en busca de la rubia. Conociendo el lugar como si fuera suyo (algún día lo sería), llegó hasta la altura de una puerta grande y girando la manilla entró, un poco extrañado por la poca resistencia que ponían los Anbus que normalmente cuidaban de Tsunade. Cuando entró, comprendió el por qué. La rubia se encontraba en su asiento habitual, al parecer bastante dormida junto a Shizune, con aquél cerdito entre sus brazos. Varias botellas de sake a su alrededor.
– Alcohólicas. –susurró.
– Si venías a saber de Sasuke, –dijo Kakashi sentado en la ventana, mirando fijamente el libro entre sus manos. – acaba de irse a una misión y regresa en 5 días.
Naruto suspiró medio entre desgano y alivio.
Desde hacía unos meses Naruto ya no realizaba misiones con el grupo 7 puesto que tenía que entrenar todos los días junto a Tsunade, y a pesar de que la idea de no ir con su grupo no le gustaba, era un precio que había que pagar por ser el próximo Hokage.
Se había esforzado bastante para poder llegar a ese punto.
Entrenaba hasta casi desfallecer, literalmente, y una vez puesto a prueba había demostrado ser un ninja capaz de llevar el título de Hokage, pero aún había detalles para ello. Los viejos consejeros no aceptaban la idea, así que ponían bastantes trabas para que le dieran ese título. Una de ellas es que debía entrenar por un año y si demostraba que era más fuerte que cualquier otro ninja en la aldea mediante una prueba, solo entonces podría asumir el cargo. A Naruto no le había gustado la idea. Y aunque pataleó, gritó y discutió, un gran alboroto por una manifestación de miles de él mismo por toda la aldea, no le quedó más remedio que aceptar.
Ya habían pasado 10 meses y solo quedaban unas semanas para que se diera el gran evento. Mas ahora, había otro problema que rondaba su cabeza que distraía su mente de donde debía enfocarse.
Sasuke llegaba al día siguiente y él aún no tenía ni idea de qué era exactamente lo que sentía por éste y por qué había hecho todo aquello con el azabache. Todo era nuevo y muy confuso.
Hasta aquel día él había pensado que le gustaban las mujeres, cinturas delgadas, caderas firmes, piernas largas… pechos planos. Sakura-chan. He ahí un punto de quiebre, esas características también las tenían los hombres, o algo parecido. Ahora sabía que no solo mujeres entraban dentro de su rango, por así decirlo. Todo un descubrimiento acerca de sí mismo.
No conocía en toda Konoha que hubiera alguna pareja del mismo sexo, pero ello no hacía que su manera de ser cambiara, así como aprendió desde pequeño, no le importaba lo que los demás pudieran pensar de él con respecto a sus gustos. Qué si a él le gustaba el ramen y a los demás el estofado. Qué si a él le gustaba el jugo de tomate y a los demás el de durazno. Qué si a él le gustaban todas las personas y a los demás solo los de su sexo contrario…
Regresando a Sasuke, no se comprendía a sí mismo aún. ¿Lo que había ocurrido la noche de hacía cuatro días había sido solo consecuencia de sus hormonas, el sake y lo bien que se veía el bruno? ¿O había sido producto de algún otro sentimiento? Estaba casi seguro que era la segunda opción.
Había tratado de imaginarse a sí mismo haciendo lo mismo con otros de sus amigos cercanos como Lee, Neji, Choji y Shikamaru, pero solo había causado una fuerte sensación de repulsión en su cuerpo. Ni el más mínimo atisbo de excitación. Inclusive así, eso no significaba nada. Podría ser que ellos no fueran su tipo y por ello causaban esa reacción en sus células. Sin embargo, tenía una pista. Cada vez que pensaba en Sasuke sentía que su cuerpo era recorrido por una corriente de nervios que al final terminaba alojándose en su espina dorsal. Era como un cosquilleo desde su nuca hasta su coxis, permanente y expectante. No recordaba haber sentido eso antes, no con la misma intensidad al menos.
Su adorada Sakura-chan, a quien aún seguía queriendo mucho, más que a casi todos, también le había hecho sentir – pero en mucho menos intensidad, y cuando era un niño de apenas 11 años – aquella sensación. Tan antigua y pasada, que no la había recordado hasta ahora. Su cuerpo vibraba de anticipación con expectación. Sabía que su preciosa Sakura, tan hermosa, vibrante de energía, inocente y bastante brusca había sido su primer enamoramiento cuando él era un niño aún. Ahora, esa misma sensación pero mucho más intensa se presentaba nuevamente pero hacia otra persona. ¿Qué significaba aquello?
Sintió un fuerte golpe en la cara. Se cubrió la nariz, seguro de haberse roto el tabique. Volteó a ver a la culpable.
– ¡¿Por qué hiciste eso, Tsunade-obaa chan?! – gritó sobándose la cabeza.
– Porque deberías estar entrenado y no pensando en si la luna es de ramen. Y, ¿a quién crees que le dices obaa-chan, maldito mocoso? – respondió la rubia voluptuosa, acercándose de manera amenazante para asestar otro golpe en la cabeza hueca del rubio.
Naruto debía aceptarlo. Pensar en Sasuke había estado distrayéndole en casi todo. No había dormido casi nada en cuatro días y en los entrenamientos no había puesto mucha atención. El plazo casi se cumplía y solo quedaba un día para que el equipo 7 – Sai ocupando su posición – regresara de su misión. Su instinto, muy acostumbrado a seguirlo, le decía que debía aclararse a sí mismo antes de encontrarse con el Uchiha. Por otro lado, no podía simplemente faltar a sus clases con la Hokage.
– Tsunade-sama. –dijo Kakashi apareciéndose a un lado del rubio, dejando una estela de humo– ¿Por qué no le deja libre hoy y toda la semana que viene le hace entrenar el doble? En las condiciones que está, solo le hace perder el tiempo.
El repentino gesto de su anterior sensei tomó desprevenido a Naruto, ¿Kakashi quería ayudarlo o castigarlo por algún motivo?
Kakashi se había dedicado a vigilar todos los días a su antiguo alumno. Llegó a una acertada conclusión. Naruto era muy, pero en realidad muy bueno en casi todos los ámbitos de la vida: buena persona, alegre, fuerte, valiente, decidido. Uno de los mejores ninjas que hubo conocido y muchas cosas más, claro está, también era de muy buen aspecto. Pero en lo que respectaba a sentimientos, era demasiado lento. Era desesperante. Frustrante.
Es decir, el chico tenía todas las pistas posibles para poder darse cuenta de sus sentimientos. Sin embargo, increíblemente y aún con todas las señales rondándole, el futuro Hokage tropezaba con la pared. Estaba cerca, muy cerca pero no daba en el clavo. No podía soportar aquello por más tiempo. Esperar a que Naruto se diera cuenta por sí mismo, era como esperar que un infante de un año pudiera lanzar un kunai con precisión. Desesperante y preocupante. Y muy tonto, a decir verdad. Decidido a tomar cartas en el asunto le dijo a Tsunade que lo dejara llevárselo, a ver si él podía hacer entrar algo de lógica en esa mente.
Sentado en una de las sillas del pequeño departamento de Naruto, con el último libro que había escrito Jaraiya entre sus manos y descansando sobre sus piernas, enfocó su vista en su ex alumno.
– ¡Kakashi-sensei! – chilló el más joven mientras tiraba de sus rubios cabellos, probablemente ya habiendo olvidado por completo la advertencia de Sasuke. Naruto no perdía la costumbre de llamarlo sensei aún, se preguntó si cuando fuera Hokage seguiría refiriéndose a él con aquel apelativo–. ¡No sé qué debo pensar, dattebayo! ¡Mientras más pienso más me confundo!
¿Cuál era la manera más fácil de hacerle comprender? Realmente nunca había sido del tipo paciente, ni antes ni mucho menos ahora. Cerró su libro, anotando mentalmente la página en la que se había quedado y se puso en pie. Se alejó unos metros del otro, hizo unos sellos rápidos y una voluta de humo se formó a su alrededor. Cuando esta se disipó, supo que tenía la atención inmediata de los ojos azules, quién estupefacto lucía como si sus ojos pudieran salirse de sus cuencas. Sonrió interiormente, se sentía poderoso con la mirada del rubio sobre sí.
¿Sasuke no sentía el poder que le transmitía la mirada de Naruto sobre sí? Ellos terminarían bien, esa mirada se lo aseguró, era la misma que decía que él sería el siguiente Hokage.
Naruto quedo paralizado, su corazón se detuvo en su pecho y dejó de respirar.
– Sasuke – murmuró, sabiendo que esos negros y hermosos ojos como la obsidiana estaban sobre sí. Aquel no era su ex compañero, alguna parte de su cerebro se lo gritó, pero su pulso se aceleró inesperadamente. Puso una mano sobre su pecho como si pudiera detener el latir acelerado de su corazón. Sentía que entraría en paro cardiaco en cualquier momento.
–Naruto, – los labios delgados y rosados se abrieron para pronunciar unas palabras que revolucionaron su mundo–. Te amo.
Abrió la boca para responder pero como muy pocas veces en su vida, no pudo responder. La volvió a cerrar, se atragantaba. Su amigo de hacía tantos años, de muchas experiencias, su mayor rival, su lazo más fuerte… el primero en su lista de todo.
– ¿Qué sientes tú? Dilo – presionó el bruno.
Era él, Sasuke, quien le pedía una respuesta. Esta vez, sí supo qué responder. Si él le pedía que le respondiese, no dudaría en responder, porque ahora sí sabía lo que sentía.
–Sasuke, yo también te…
–Naruto, hasta ahí es suficiente. Lo demás debes decírselo directamente al verdadero. – Interrumpió la voz de su sensei, apareciendo detrás de una voluta de humo donde antes estaba el bruno.
Kakashi se sintió incómodo, como rara vez lo hacía. Una cosa era ayudar y otra que se lo dijera a él. Es más, podría jurar que hasta había sentido que su propio latir se había acelerado con la respuesta que le iba a dar su ex alumno.
Sonrió debajo de su máscara, tal vez era momento de que él buscara a alguien que le viera de la misma manera en que Naruto lo había mirado mientras estaba transformado.
–Bueno, creo que por fin has definido lo que sientes por él. –dijo retomando su actitud normal mientras se sentaba en la silla en la que estaba. Cogió su libro y lo abrió en la página en la que se quedó. El futuro Hokage aún no salía de su ensimismamiento. Una parte de él, algo sádica surgió. Le haría pagar por todo el esfuerzo que estaba poniendo en esto–. Como comprenderás Naruto, Sasuke no va a ser tan fácil como la representación que acabamos de hacer. De hecho, ¿por qué no te rindes ahora? Hay muchos y muchas que quisieran ocupar su…
– ¡Tiene que ser Sasuke! ¡No puede ser nadie más! –afirmó. Levantándose de su silla y señalándole con el dedo índice de su diestra. Justo como hacía con aquellos que le decían que no sería el siguiente Hokage.
¿De dónde sacaba el rubio aquella confianza? Probablemente de la idiotez y la tenacidad. Más de la primera que la segunda…
La intención de Kakashi había sido ayudarle a que se diera cuenta y luego dejar que corrieran ríos de sangre por la aldea hasta que su ex alumno pudiera por fin conquistar al ex vengador. Pero, como ocurrió cuando escuchó el deseo de Naruto de ser el siguiente Hokage en tan repetidas ocasiones, se decidió a ayudarlo. En esta ocasión también.
– ¿Y cómo piensas conquistar a Sasuke? –preguntó con ganas de fastidiar y ayudar a la vez.
– ¡Bueno…! bueno… bueno… – el brillo de los ojos azules desvaneciéndose.
Probablemente no le gustarían las flores, les tiene alergia. No le gustarían las charlas, prefiere el silencio. No le gustarían las invitaciones a Ichiraku, prefiere los tomates. No le gustaría su compañía, prefiere estar solo. No le gustarían los hombres, preferiría una mujer para restaurar su clan (y si no fuera por eso, no preferiría a nadie). ¿Cómo haría? Tiró de sus cabellos nuevamente.
Kakashi observaba divertido. ¿Por qué alguien remotamente racional elegiría a Sasuke? Está bien, era de muy buen parecer, inteligente y tenía un apellido de renombre. En su contraparte, era frío, calculador, egocéntrico y orgulloso. ¿No deseaban todos a una persona que demostrara que los quería? El bruno probablemente haría eso una vez al año y con suerte. Él era un partidario de Sasuke, siempre lo había sido y lo seguiría siendo… pero solo en lo que respectaba a él como ninja, ya que no había nadie como él. Muy diferente era si le preguntaban para amistad, amor, o cualquier otro tipo de relación interpersonal que no fuera laboral. Era algo masoquista querer a una persona fría.
– ¿Estás seguro de no querer pensar en otra persona? –queriendo realmente decir, ríndete, pero reteniéndolo en la punta de su lengua.
– ¡Por supuesto, dattebayo! ¡El próximo Hokage no se va a rendir nunca jamás!
Con la seguridad de cual condenado que ha aceptado su condena de muerta con gran facilidad, suspiró. Cada quién era responsable de querer cómo sufrir. Si su ex alumno y posible futuro Hokage quería hacerlo a causa de Sasuke, esa sería la consecuencia de su decisión. Él, Kakashi Hatake, el Don Juan de Konoha, le ayudaría.
Con esa convicción en mente, comenzó a idear un plan de fácil entendimiento y práctico para explicarle como conquistar al ex vengador. Aquello no iba a ser nada fácil.
– Sasuke es una persona orgullosa y fría, sobre todo orgullosa, –comenzó a hablar–, por lo cual, si quieres poder llegar a él debes poder lidiar con eso.
En aquel punto, Kakashi hizo una pausa. Ambos eran orgullosos, en diferentes aspectos a decir verdad, pero orgullosos al final de cuentas. Naruto asintió con su característico buen humor. Eran muchos puntos los que debía hacerle presente a su alumno y uno a uno se los fue relatando.
Primero: Cada vez que tuviera una mínima oportunidad y estuvieran solos, debía de meterle mano, para que se fuera acostumbrando.
Segundo: No debería de hacerle muestras de amor públicas. Aquello sería contraproducente.
Tercero: Tampoco debía de hastiarle. Sasuke disfrutaba de sus momentos de silencio y de soledad. Era huraño por naturaleza, educación y experiencia. (Se podía decir que la primera y la tercera se interponían entre sí)
Cuarto: Debía de poder mostrarse orgulloso ante Sasuke y demostrarle que era un gran partido. Mostrar que él representaba algo valioso.
Quinto: Limitar las muestras de afectado y adoración, el exvengador ya tenía mucho de eso, y tampoco es que le importara mucho, pero no necesitaba comportarse como otra de sus seguidoras.
Y así, le dio muchos consejos acerca de qué debería de hacer y qué no. En ciertos puntos Naruto anotó muy cuidadosamente y con bastante esmero los consejos recibidos. Lo demás ya era cosa de que su ex alumno pusiera su esfuerzo, no se rindiera y – esperaba – las cosas se darían bien.
Las horas pasaron y llegó el ansiado día.
Nervioso, con las manos sudando y un palpitar levemente acelerado, se recordó mentalmente con bastante cuidado todos los consejos que su maestro le había dado. Se encontraba ataviado en unas ropas que muy pocas veces había usado a unos tejados de la entrada de Konoha, decidido a verle llegar. Kakashi le había advertido que no debía ser como una de las tantas fans enamoradas de su ex compañero, por lo cual había pensado en muchas excusas que podría usar si le preguntaban. Podría decir que iba a ver a sus demás compañeros o que Tsunade lo había mandado al lugar.
Mas a medida que los minutos corrían, parte de su memoria se desvanecía. Estaba muy nervioso. Por fin había comprendido lo que sentía por el ex vengador y ese era su primer encuentro después de ello. Como invocándolo con el pensamiento, sintió la inconfundible presencia de los integrantes del ahora grupo 7. Saltó entre los tejados y llegó a la puerta principal de la Aldea Escondida entre las Hojas. Los tres integrantes de su antiguo equipo, Sakura, Sai y Sasuke regresaban a paso tranquilo. Como siempre, el bruno un tanto alejado de los demás y con cara de no estar interesado en nadie ni en nada.
Sus ojos negros se dirigieron al instante hacia él, como si hubiera esperado verlo en ese lugar. A la luz de la mañana sus ojos brillaban, mechones de cabello negro caían alrededor de aquel rostro cincelado y unas suaves y finas líneas se marcaban en su ceño. Sus manos sudaban, sus músculos se tensaron, la boca y garganta se le secaron y aquel extraño cosquilleo dio un recorrido rápido a través de todas sus células. ¿Cómo alguien podría causar tantas emociones con solo su presencia? Tuvo miedo, mucho miedo, asustado de aquellas sensaciones tan intensas, pero velozmente las descartó. Hacía mucho tiempo se había prometido dejar de ser un miedica.
Su ex sensei se paró a su costado, pero no le prestó mucha atención, solo llegó a escuchar algo como pon en práctica lo aprendido. Avanzó en dirección al equipo que recién llegaba y todos le miraron, por diferentes motivos cada uno.
No se pudo contener ni un poco. Ni siquiera lo pensó, actuó de acuerdo a sus instintos.
– ¡Sasuke-teme! –Llamó el ojiazul señalando al mencionado con la mano, éste le dedicó una mirada sin expresión alguna. Naruto sonrió ante aquello y a todo lo que daban sus pulmones, gritó. Exclamando tan fuerte que la garganta le dolió.
–¡Yo te amo, dattebayo!
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NA: Lo sé, estuvo larguísimo como un testamento! Pero no pude hacer nada por acortarlo. Y por otro lado, Naruto... hmmm, es Naruto, es la única explicación que le doy a este capítulo. Cualquiera otro en su lugar hubiera seguido los consejos de Kakashi, pero este rubio no es como todos hahaha.
Espero les haya gustado.
Sofy, gracias, realmente me gusta mucho como lo haces =3
