ENCUENTROS
3: COUNTING STARS
-Harry, ¿estás loca? –preguntó casi gritando. Aquello le ganó unas miradas reprobatorias de las enfermeras en urgencias. Tenía ganas de ahorcar a su hermana, tomarla por el cuello y apretar lo más fuerte posible, pero claro, eso no era posible. Hace muchos años, siendo niños, cuando Harry llegaba a frustrarlo, John se le iba directo a la cara, golpeando lo más fuerte que podía. Pero Harry siempre fue una niña ruda y nunca se dejó amedrentar, además de que John era un niño pequeño. Nunca confesó que sus golpes si le dolían y que hubiera llorado si no fuera porque eso no hubiera ayudado en nada a su imagen de inamovible.
-Mamá se lastimó, te necesitábamos aquí –dijo ella con toda la seriedad que le era posible.- Eres el médico de la familia.
Para ser sinceros la serie de palabrotas que estuvo a punto de soltar era de lo más variado, aunque todo se concentró en su expresión de "no me jodas", una expresión que Harry conocía a la perfección.
-Harry, estoy en primer año, hace 6 meses no sabía ni siquiera que era la tibia o el peroné y tu ahora quieres que venga y me ponga a hacer preguntas sobre un esguince en el tobillo de mamá.
-Deberías hacerlo, de otra manera ¿cómo vas a aprender algo?
-Estabas a una calle del hospital cuando mamá se cayó pero no pudiste darme ningún detalle cuando llamaste, ¡me sacaste un susto de muerte! –gritó aunque no hubiera querido hacerlo, se ganó más miradas reprobatorias. Tenían que esperar algún tiempo más, su madre tenía todavía una revisión con el traumatólogo y la colocación de la férula. Estarían bastantes horas puesto que el servicio de urgencias estaba muy concurrido, pero John no desesperaba, de todos modos ya había perdido todas sus clases de la mañana, no había nada que hacer. Lo que de verdad le atormentaba era el haber abandonado a el desconocido que por primera vez se había acercado de manera agradable a él. Eso si que no era algo fácil de olvidar, la manera en que se había sentado a su mesa, todo elegancia y gracia infinita.
-Estábamos mandando mensajes Harry, ¿qué te costaba decir mamá se cayó pero que no te preocupes, no es un infarto o algo parecido?
Después de aquello quedaron en silencio. Harry se sumió en su celular y en cierto punto se puso a hablar con alguien de su oficina. Se encargaba del manejo de la página web de una revista muy importante por lo que rara vez se apartaba de su trabajo, siempre tenía algo que hacer, siempre una fecha límite que cumplir. Por eso no se sorprendió cuando le dijo que había una especie de conmoción por unas fotos que habían quedado horribles con el photoshop pero las habían subido al Facebook de la revista sin aprobación. Harry debía ir a arreglar las cosas con carácter de urgente y John se quedó esperando a que dieran de alta a su madre.
Lately, I've been, I've been losing sleep. Dreaming about the things that we could be
But baby, I've been, I've been praying hard,said, no more counting dollars. We'll be counting stars.
Las enfermeras habían puesto una estación de radio, y demonios John hubiera deseado ir y apagarla puesto que escuchar cantar sobre las cosas que no fueron lo único que le provocaba era un poco de dolor de cabeza. ¿Y si jamás lo volvía a ver? ¿No sabía ni siquiera su nombre? ¿Qué estudiaba? ¿Y realmente estudiaba en la misma universidad o todo había sido producto de una inmensa coincidencia? Le dolía pensar que jamás habría nada entre ellos, que seguirían siendo extraños que cruzaron caminos pero que no estaban destinados a nada más. ¿Destinados? ¿De verdad iba a pensar en eso? El destino no podía ser algo tan determinante, simplemente fue un momento en la vida en que ambos pasaron por el mismo lugar y listo, colisionaron.
Pasaron finalmente 10 horas y John pudo ayudar a su madre a salir del servicio de urgencias, usando unas muletas. No podía creer que el traumatólogo tardara tanto en valorarla, sin embargo era algo que debía aceptar puesto que si había cirugías de urgencias iban a ser atendidas antes. Parados en la calle, el aire comenzaba a sentirse frío y su madre no tenía suéter para cubrirse por lo que quería conseguir rápidamente un taxi para que pudiera descansar en su cama. Sin embargo, en la hora más concurrida de la ciudad, encontrar un taxi disponible era casi imposible. John veía como pasaban algunos con pasajeros y otros que lo ignoraban tajantemente. Comenzaba a desesperarse, aunque su madre, que se recargaba en uno de sus brazos, trataba de calmarlo.
-John he estado sentada todo el día, un momento de pie no es problema.
Estaba a punto de responder cuando una figura alta enfundada en una abrigo se paró a unos pasos de donde estaban, alzando su brazo derecho logró que un taxi de materializara en el lugar. John tuvo que contener las ganas de gritar. ¡No era posible! Él llevaba 15 minutos esperando y él se para en la calle y tres segundos después un taxi está listo para llevarlo a su destino. No, no era justo, su madre estaba adolorida y debía descansar y…
-Ayuda a tu madre a subir John –dijo la voz del desconocido. John abrió los ojos con sorpresa. No era posible, no debía ser posible. Él no lo conocía, no le importaba, era una persona con la que se habría cruzado por casualidad pero que no era parte de su vida. Sin embargo, sostenía la puerta del taxi, esperando. Su madre de inmediato se puso en marcha, manejando las muletas con cierta pericia que no creía que fuera capaz de realizar. Tomó la mano del desconocido y le tendió las muletas a John para dejarse caer en el asiento, expresando su verdadero cansancio, aunque hubiera tratado de ocultarlo momentos antes.
-Yo… -trató de decir John pero el desconocido lo miró, con esa intensidad tan característica en él. Listo, una mirada de él y se quedaba sin palabras. Durante un segundo se perdió en esa mirada y buscó la forma de agradecerle sin necesidad de decir algo. Sonrió, porque en cierta manera estaba feliz de volverlo a ver y de que apareciera de la nada para ayudarlo. Algo tan sencillo como conseguir un taxi le había hecho el día, era tal vez lo único bueno que le había sucedido después de lo de su madre.
-Gracias –dijo y sintió un tirón de la ropa. Su madre trataba de que entrara finalmente al taxi, no podían quedarse estacionados mucho tiempo.
-John, dile a tu amigo que luego lo llamas –dijo ella y la volteó a ver, su expresión cansada le devolvió a la realidad donde lo más importante era su madre y no una persona que no conocía. Era algo que parecía repetirse una y otra vez.
Así que cuando quiso despedirse de ese desconocido que parecía plagar sus días, se había ido. No había más que hacer, había pasado de nuevo, un segundo desperdiciado y listo, ni siquiera había podido decirle nada más que un gracias.
4: DIE YOUNG
Había sido un sueño, estaba seguro, un sueño de lo más vívido y extraño. Recordaba pedazos de lo que debía ser la realidad combinados con la fantasía. El fantasma de su cercanía amenazaba con volverlo loco, con obsesionarlo más de lo que de por si estaba. Habían pasado días estresantes, terribles, no había tenido tiempo de pensar más que en sus exámenes, días en los que iba de la casa a la escuela y por poco olvidaba comer o hasta bañarse. Debía mantener un promedio, no se podía dar el lujo de bajarlo o de otra manera perdería la beca y sin ella, adiós a la carrera de medicina.
Por lo tanto, estudió y se concentró y tuvo que dejar de pensar en aquel desconocido que no había visto en días o eso creía. De repente en la periferia de su visión creía encontrarlo pero cuando volteaba, no había nadie relevante. Por lo mismo, prefería caminar viendo el piso, con los audífonos puestos y repitiendo una y otra vez las lecciones aprendidas.
Después de seis días de exámenes estaba exhausto, el semestre terminaba y tenía una semana libre antes de comenzar nuevamente con los cursos. El primer día libre había despertado con un dolor de cabeza tipo migraña que amenazaba con convertirse en una crisis enorme.
-¡Mamá! –gritó como mejor pudo y entonces recordó que no había nadie en la casa, que su padre había llevado a su madre a revisión por el esguince, que estaría fuera todo el día porque le tomarían radiografías y estudios de laboratorio. John se apretó las sienes tratando de controlar el dolor pero no consiguió más que aumentarlo.
Se levantó de la cama y como pudo fue al baño para revisar el gabinete de los medicamentos. Casi no veía nada, unas luces de colores abarcaban toda su visión y le dejaba un único punto por el cual tenía que orientarse para no golpearse con las paredes o los muebles. Para su frustración, resultó que el gabinete contenía un frasco vacío de su prescripción para la migraña. Así que John tomó una decisión.
Se puso la chamarra encima de la pijama, tomó su cartera y el frasco vacío y salió de su casa. La luz del exterior lo recibió como si de dagas filosas se tratara, su cabeza se sentía a punto de estallar. La farmacia estaba a dos calles, no tenía que cruzar ninguna, era cosa de rodear la manzana y estaría allí. Sus dedos recorrían la pared mientras veía a través del único punto de claridad, las luces danzaban ante sus ojos y las nauseas se apoderaban de su cuerpo.
Sintió que iba a vomitar y se detuvo por un minuto hasta que se tranquilizó. Continuó caminando hasta alcanzar la puerta de la farmacia, alguien la sostuvo para que pudiera entrar y él dio la gracias a la persona que lo siguió hacía dentro. Lo único que vio fue un abrigo de color oscuro, lo demás estaba oculto en las luces.
I hear your heart beat to the beat of the drums. Oh, what a shame that you came here with someone. So while you're here in my arms. Let's make the most of the night like we're gonna die young.
La música lo recibió dentro de la farmacia y el volumen al que la persona que atendía el mostrador la estaba escuchando causó que John volviera a tener nauseas. Un mareo se apoderó de él y sintió que todo le daba vueltas, el piso perdió su posición y sintió que su cabeza se acercaba peligrosamente al mismo.
Pero alguien lo sostuvo, literalmente lo cachó en el aire y evitó la colisión que se avecinaba. John se agarró con fuerza a esa persona, era lo único que podía hacer, escondió la cara en el abrigo y su olor a té de menta lo sorprendió. ¿Era posible que fuera él? Trató de alzar la cara pero las luces que nublaban su visión no lo dejaron ver nada. Sólo podía agarrarse a él hasta que terminó sentado en una banca.
-¿Tienes una prescripción? –preguntó la voz que ahora parecía conocer mejor que la suya propia. John sacó el frasco del bolsillo izquierdo de la chamarra y lo tendió para que él lo tomara, lo cual hizo sin preguntar nada más.
-Toma –dijo el desconocido después de unos minutos que a John le supieron a horas, el dolor iba y venía cada vez con más intensidad y las luces lo habían enceguecido por completo, ahora todo era un destello multicolor. Estiró de nuevo la mano pero no logró tomar el frasco que le ofrecía. Se escuchó un suspiro un poco desesperado y luego el chasquido de la tapa al abrirse, la mano del desconocido tomó la suya y le puso una pastilla en la palma.
-Te compré una botella de agua –agregó y de la misma manera, con paciencia, la acercó a su boca para que pudiera tragar la pastilla. Le dio unos momentos más y luego se sentó a su lado en la banca. Sin pensarlo mucho, John se recargó de nuevo sobre él y se permitió olvidar que realmente estaba siendo muy extraña la manera en que se lo encontraba una y otra vez cuando parecía necesitarlo más, sobretodo en las dos últimas ocasiones.
-Debes regresar a tu casa –dijo y de un tirón fuerte ayudó a John a pararse. Se sentía adormecido, la verdad es que decir que iba caminando era decir mucho, más bien se dejaba transportar por el desconocido, quien tenía la ventaja de la altura sobre de él. Todo estaba borroso, las luces había desaparecido pero la claridad del día le lastimaba mucho los ojos y le causaba más dolor de cabeza. Se agarraba con fuerza de él, aunque le costó varios metros de caminata darse cuenta de que su mano derecha estaba en la mano del desconocido, quien había entrelazado sus dedos. Y para terminar de volver el momento algo increíble, el brazo izquierdo de él estaba alrededor de la cintura de John. El mareo que sintió no tenía nada que ver con la crisis de migraña.
De repente se dio cuenta de algo, dieron vuelta a la izquierda y de nuevo a la izquierda sobre la calle Northumberland, veinte pasos y se detuvieron, estaban frente a su casa. John sentía que el corazón le latía con fuerza, ¿cómo explicaba que ese desconocido del que apenas había tenido consciencia supiera dónde vivía? ¿Le daba miedo saber eso?
-Llaves –dijo simplemente y John intentó sacarlas de su pantalón pero era como si sus dedos se hubieran vuelto globos gigantes, no conseguía meterlos en su bolsillo. Sintió entonces una mano que se deslizó y consiguió sacar las llaves de un movimiento rápido. John casi salta del susto de haber sentido aquello. Usando sus llaves, él le abrió la puerta a John quien de repente se sintió incapaz de dar un paso adentro de la seguridad y oscuridad de su casa, por fortuna sus padres habían salido tan temprano que no tuvieron tiempo de descorrer las cortinas.
Justo cuando iba a agradecer todo lo que había hecho por él, justo cuando creyó que sería capaz de preguntarle finalmente quién era él y por qué siempre parecía estar cerca, sintió que se acercaba más de lo usual. El olor a menta lo invadió y por fortuna aquello parecía tranquilizar su dolor de cabeza. La calidez de su cuerpo se le transmitió al instante y John sintió su rostro de repente tan caliente que estaba seguro de que estaba sonrojado por completo.
John no pudo decir nada, con los ojos escasamente abiertos, sintió que él se inclinaba y su rostro estaba a milímetros del suyo, podía sentir su aliento. Era tan atrayente, John abrió ligeramente la boca para decir algo y él se inclinó aun más y depositó un beso sobre sus labios.
El siguiente segundo ya no estaba ahí. John entró a su casa y colapsó en el sillón donde lo encontraron sus padres. Al día siguiente parecía como si un tren lo hubiera arrollado y tuvo que dormir prácticamente todo el día. Cuando despertó el día siguiente de eso se convenció a si mismo de que no había sucedido, era una locura, el desconocido lo había besado tan fugazmente que seguramente lo había alucinado.
Pero, John sabía, en el fondo de su corazón, que estaba por completo perdido. Y que ese beso, había sido real. Y que necesitaba que volviera a suceder. Y que necesitaba que eso sucediera lo más pronto posible.
Gracias por leer este nuevo fanfic.
Me encanta que con un sólo capítulo ya tenga reviews, casi nunca me pasaba eso, de verdad, no tengo manera de agradecerles.
Las canciones de este capítulo, si quieren ir haciendo su playlist son: Counting Stars de OneRepublic y Die Young de Kesha (sì! Finalmente pude usar una canción de Kesha jaja).
Y este capítulo está dedicado a todos y cada uno de los que han vivido una crisis de migraña y alguna alma caritativa los ha transportado en calidad de bulto a su casa. Para A y G, thnx eternamente.
Merenwen: Si, soy mala, yo convenciéndote de hacer capítulos cortos y mira lo que me sale a mí.
Anjiiel: Gracias por el voto de confianza, espero que sea de tu agrado.
aki159: Y como acostumbro ser un poco complaciente, claro que Sherlock tendrá su punto de vista, gracias por lo que dices.
TheGirlWhoIsPotterWhoLocked: Oh muchas gracias, de verdad agradezco la confianza, espero que de verdad sea de tu agrado.
Gudea: Pero claro que por supuesto que esto sigue, muchas gracias por tu comentario y por leerme.
mashimaro: OK ya me puse toda roja .. gracias de verdad, espero te guste el desarrollo de esta historia.
KokoroYana: Lindo nick, gracias por lo que dices.
Dayana Blackthorn: Gracias por el comentario y por la información, espero que puedas seguirlo leyendo.
Runa: Amiga gracias, a fangirlear se ha dicho porque advierto, estoy compensando un poco por el final del otro fanfic.
ladyblue: Amiga, shhh, ni comento tus comentarios por lo que tu ya sabes.
Elennhit: Gracias por lo que dices, y pues complot complot, todo puede suceder.
Y pues a todos los que han marcado como favorito o están siguiendo esta historia, mil gracias.
Comentarios bienvenidos y apreciados.
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