Capítulo 2. El regreso de Kanuka Clancy.

A la mañana siguiente, amanece un nuevo día en las instalaciones de la División de Vehículos especiales. Es Domingo. A pesar de eso, la actividad en el edificio es siempre la misma todos los días de la semana. Antes de las 6 de la mañana, algunos mecánicos, incluido el jefe Shige, ya abren las puertas principales de los hangares de los talleres. Hay algo de neblina y los pájaros empiezan a cantar. Se huele el olor del primer té de la mañana que preparan los mecánicos en una tetera enorme, para despejarse y ponerse en movimiento.

Shige es el primero en madrugar. A las 8 está previsto que llegue el camión de suministros, que trae unas nuevas piezas hidráulicas de alta precisión importadas de Alemania, para los Labors de la primera sección. Así que se apresura para despertar a todos los mecánicos presentes. Además, quieren acabar el trabajo lo más rápidamente posible. Hay que preparar la fiesta de bienvenida para el regreso de Isao Ota.

Lo que los mecánicos no saben, ni nadie, a parte de Goto, es que esa mañana recibirían otra visita, la de Kanuka Clancy. Una estadounidense de ascendencia japonesa por parte de su abuela, que es teniente del Departamento de Policía de Nueva York. Había trabajado cómo controladora del Labor de Isao Ota entre 1998 y 1999. Eso, hasta ahora. Goto y todos, se llevarán una sorpresa en unas pocas horas.

A las ocho de la mañana, ya hay un gran hormigueo en los talleres. El camión de los suministros acaba de traer las nuevas piezas y todos los mecánicos sin excepción están ya trabajando en la instalación de las nuevas piezas hidráulicas. Unos minutos después, llegan casi a la vez, tres coches que aparcan en el pequeño e improvisado párking de la división. El Honda Logo del capitán Goto, el Honda Prelude de la capitana Shinobu... y el AC Cobra verde aceituna del antiguo jefe Sakaki. Los tres se encuentran con gran sorpresa.

(Shinobu) ¡Jefe Sakaki! ¿O debería llamarle señor Sakaki? -saludando a Sakaki con gran entusiasmo-

(Sakaki) No se moleste, capitana. Trátame de usted, por favor. ¡Y buenos días!

(Shinobu) Buenos días.

(Goto) Hola, Sakaki. Veo que te aburres mucho jugando a las cartas o al dominó con otros jubilados. ¿Vuelves a hacerle una visita a Shige?

(Sakaki) Primero, no soy ningún viejo decrépito, Goto. Te juro que si los de arriba me hubiesen dejado seguiría siendo el jefe Sakaki. Tengo mucha cuerda para rato todavía, eso te lo aseguro. Y segundo, Shige ya me avisó hace unos días de la llegada de esas nuevas piezas alemanas para los Labors de la 1ª sección. Sólo quiero asegurarme de que el material nuevo sea realmente lo que promete ser.

(Goto) Haces bien, Sakaki. Bueno, Shinobu; cómo esto afecta a la primera sección me voy directamente hacia el despacho. Estoy esperando una visita "sorpresa" para esta mañana.

(Shinobu) ¿Una visita? ¿En Domingo? ¿Quien es? -pregunta con cara curiosa-

(Goto) Luego te lo cuento. A lo mejor la ves tú misma.

Shinobu se queda extrañada. ¿Una visita sorpresa un domingo por la mañana a la división de vehículos especiales? No pensaba quien podía ser. Pero eso ahora no le importaba mucho. Shinobu y el jefe Sakaki, se van para dentro en busca de Shige. Sakaki quiere ver en persona esas nuevas piezas. Shige ya está trabajando en ello en el Labor de Gomioka. Shinobu le llama la atención.

(Shinobu) ¡Shige! ¡Tienes visita!

(Shige) ¡Jefe! ¡Otra vez usted por aquí! -baja de la plataforma elevada donde trabaja al suelo del hangar- Pensaba que no vendría en Domingo.

(Sakaki) Haz el favor de no llamarme más "jefe". Ese título te lo di a ti. Ahora sólo soy un "pobre jubilado".

(Shige) ¡Me da igual lo que me diga! Para mi y para todos los mecánicos aquí presentes usted siempre será el jefe Sakaki. -se ríe- Bueno... supongo que ha venido a ver las nuevas piezas hidráulicas.

(Sakaki) Sí... ya me comentaste algo por teléfono. Unas piezas alemanas para el sistema hidráulico de las extremidades inferiores. Más fiables, longevas y que resisten mejor la torsión y la presión que las piezas originales japonesas.

Shige le enseña una de esas piezas, todavía con el envoltorio de plástico puesto, con las placas y las pegatinas en alemán. Delante, el grueso libro de instrucciones e instalación... también en alemán. El jefe Sakaki lo coge y se pone a leerlo en voz alta. Shige se queda pasmado.

(Sakaki) Klauss Industrial Group München (KIGM) präsentiert eine neue Entwicklung in Leitsysteme sowie mechanische und hydraulische Antrieb Arbeit. Garantie einer Verbesserung der Reaktion der Maschine seiner Arbeit um 45%. Vaya, da igual donde lo fabriquen; todos los fabricantes dicen lo mismo en sus manuales. Cuando esté instalado y se pruebe en condiciones reales, entonces podré juzgar si éste manual dice la verdad o miente.

(Shige) Va...va...vaya, jefe Sakaki. ¿Desde cuando sabe usted alemán? Lo ha pronunciado tan bien que...

(Sakaki) No es para tanto. Cualquier buen mecánico ha de saber un poco de lenguas si quiere entender lo que pone en los manuales de instalación. Esto sólo te hace falta cuando eres novato. Bueno... en realidad también estoy aprendiendo lenguas occidentales. Tengo tanto tiempo libre que no sé que hacer con él.

(Shige) Ahora que lo pienso... ¿Por qué no se queda aquí hasta la noche? ¿No lo sabe? Ota vuelve a ser piloto de la segunda sección y haremos una fiesta para celebrar su regreso. Le mandaron de vuelta desde la escuela de Cadetes. Por ser demasiado estricto dicen. Que cosas, verdad. Pero últimamente, uff.

(Sakaki) ¿Debo interpretar ese "uff" cómo que le ha pasado algo malo a Ota?

Entonces, durante un rato largo, Shige le explica a su antiguo jefe lo de Ota. Lo que el día anterior pasó en la sala de oficiales. El descubrimiento que ha cambiado la vida para siempre a Ota. Sakaki, siempre tan imperturbable, tampoco se deja perturbar por eso, pero advierte a Shige.

(Sakaki) Shige... estoy seguro que para él... debe ser bastante duro. Pero se recuperará completamente, créeme. Ha sido una suerte que lo haya sabido a estas alturas. Además...

(Shige) ¿Pero cree usted que no es nada? ¿Que no debemos preocuparnos?

(Sakaki) Mira, Shige... yo pertenezco a una generación que vivió su infancia durante la guerra y luego una dura juventud en el devastado Japón de los años 40. Nunca más volví a saber nada de mi padre. Seguramente debió morir en alguna isla del Pacífico. Mi madre jamás se recuperó de aquello, y a pesar de eso, sacó fuerzas cómo pudo para criarme y convertirme en un joven de provecho.

(Shije) Es una historia realmente triste, jefe. ¿Pero por qué me lo cuenta ahora?

(Sakaki) Lo que te quiero decir, es que Ota tiene mucha suerte, cómo todos vosotros. Tiene una familia, unos amigos, y ha vivido una época de paz y prosperidad. Y quien sabe. Espero que algún día encuentre a una mujer con la que compartir el resto de su vida. Eso le ayudaría mucho.

(Shije) Creo que en el caso de Ota eso será un poco difícil, señor. Pero tampoco es imposible. -hace risa boba echándose la mano al cogote- Por cierto... ¿Le apetece un poco de café?

(Sakaki) No, gracias. Órdenes del maldito médico. Nada de café ni de alcohol. Pero una taza de té no estaría mal.

Va pasando la mañana. En los talleres, el jefe Sakaki ejerce de observador y de tanto en cuanto regaña a algún mecánico para que trabaje mejor o correctamente. Los pilotos de las dos secciones van llegando o ya se han levantado y todos bajan a saludar al jefe Sakaki. Éste le deja un mensaje claro a Ota.

(Sakaki) Ota... ya me he enterado de lo tuyo. Sólo te voy a decir una cosa. Las tormentas causan muchos daños cuando suceden... pero tarde o temprano se marchan y vuelve a salir el sol. En tu trabajo déjate estar de lagrimeos y concentrate en cumplir tus obligaciones cómo piloto de Labor y oficial de Policía que eres. ¿Entendido?

(Ota) Sí, señor. No se preocupe, estoy bien. Siempre cumplo con mi deber.

(Sakaki) Asi me gusta, muchacho.

El jefe Sakaki le da una palmada en el hombro a Ota y se marcha con Shige para seguir trabajando. En el despacho de oficiales, Goto espera la llegada de Kanuka. Pero van pasando las horas y no se presenta. Piensa que si en ese mismo momento hay una emergencia, no podrá recibirla. Empieza a pensar que no vendrá.

Pero justo cuando llega el mediodía, Goto observa por la ventana un coche aproximándose a lo lejos hacía ellos. Es un taxi. Para justo delante de la puerta principal del hangar. Se abre la puerta del taxi y baja de él una mujer vestida con una minifalda, una blusa de verano y unas grandes gafas de sol. Tiene el pelo muy negro y largo, y una figura esbelta. Es una mujer realmente atractiva. Entra en el edificio y ya un mecánico le suelta un piropo. En esto que Shige la ve y le pregunta.

(Shige) ¡Señorita! ¿Está usted buscando a alguien?

(Kanuka) Estoy buscando el despacho de los capitanes. Pero no se moleste, ya sabré encontrarlo.

Shige se queda pensativo enseguida. Esa chica y esa voz... estaba seguro de haberlas visto y oído en alguna parte. Cuando Kanuka ha subido al piso superior, pasa por enfrente de la oficina de los oficiales, donde los pilotos están reunidos, tomando una taza de té y charlando amistósamente. Incluyendo Ota, que ya está más animado que en los últimos días. Hiromi se da cuenta de su paso.

(Hiromi) Eh, chicos. Esa mujer que acaba de pasar en dirección al despacho de los capitanes... ¿Que hace aquí en domingo?

(Noa) Ahora que lo dices, tengo la sensación de haber visto a esa mujer en alguna parte, pero ahora no recuerdo donde. Aaaaahhhh ¿Y si es... -dando un sobresalto al recordar quien era esa chica-

Kanuka llega ante la puerta del despacho de los capitanes y llama a la puerta.

(Goto) Adelante.

(Kanuka) -abre la puerta- Hola, Capitán Goto. Discúlpeme por el retraso.

(Goto) ¡Ya era hora! Pensaba que me ibas a dejar plantado. No te quedes ahí, vamos, entra. -Kanuka entra al despacho y cierra la puerta-

(Kanuka) Veo que aquí las cosas no han cambiado en absoluto. Siguen con la misma actividad frenética de siempre. Eso me alegra.

(Goto) ¿No te has cruzado con tus antiguos compañeros cuando venías para aquí?

(Kanuka) Sí... pero no les he dicho nada. Creo que algunos ni siquiera me han reconocido. Luego les saludaré.

(Goto) Vaya... eso está mal. Menuda memoria que tienen algunos. Y bien. ¿A que debo el placer de esta visita tan agradable?

(Kanuka) Está bien. Iré directamente al grano. Capitán Goto... quiero regresar a la segunda sección de vehículos especiales.

De repente se abre la puerta. Entra la capitana Shinobu, vestida con un uniforme de los mecánicos y llevando unos papeles en la mano derecha. Se queda de piedra cuando ve a Kanuka plantada ante la mesa de Goto.

(Shinobu) ¿Kanuka? No me lo puedo creer. ¿Cuando has llegado? No sabíamos nada.

(Kanuka) Llegué anoche mismo. Me alegro mucho de verla, capitana. Usted tampoco ha cambiado en absoluto.

(Shinobu) Tú también estás igual... claro que tú eres más joven que yo.

(Goto) Bueno, ahora que ya estamos los dos capitanes, podemos hablar de la solicitud de Kanuka.

(Shinobu) ¿Solicitud?

(Kanuka) Me gustaría volver a ingresar en la segunda sección de vehículos especiales.

(Shinobu) En la segunda, eh. ¿Por qué no te vienes a la primera sección? La verdad es que estaría encantada de que formases parte de mi equipo.

(Kanuka) Gracias, capitana. Pero insisto en volver a mi antiguo puesto.

(Goto) Por mi no hay ningún problema. De hecho, llevamos una temporada en que vamos bastante cortos de personal. Ahora mismo sólo tenemos dos pilotos; ni siquiera contamos con un tercer piloto de reserva. Shinshi se marchó el año pasado. Kumagami está en Francia y no volverá hasta Navidad. Y ahora ha vuelto Ota, pero quien le sustituía ha sido trasladado a la tercera sección.

(Kanuka) Entonces... ¿Me pueden readmitir?

(Goto) Claro. Pero antes hay un par de puntos que quiero discutir contigo. Esto... ¿Por qué no te quitas esas gafas de sol?

(Kanuka) No, gracias. Prefiero llevarlas puestas.

(Goto) Insisto, Kanuka. Por favor. Quítate-las. -mirando fijamente a Kanuka con cara muy seria-

(Shinobu) Pero Goto. ¡No seas maleducado! -le exclama algo enfadada a Goto-

Kanuka se queda seria, pero el capitán Goto tiene motivos para hacérselas sacar. Kanuka se quita las gafas de sol... y sus sospechas se confirman. Los ojos de Kanuka están rojizos, irritados, cómo si hubiese llorado mucho. Los capitanes se dan cuenta entonces que algo muy gordo le ha pasado a Kanuka hace muy poco tiempo. Pero Goto ya sabe todo el por qué del estado anímico de Kanuka.

(Kanuka) Veo que ha estado investigando un poco. Si sabe por qué estoy así, es porque ya sabe lo que me ha pasado.

(Shinobu) Pero... ¿Que es lo que ha pasado, Kanuka? ¿Y esa cara desgarrada?

(Kanuka) Capitán Goto... usted ya lo sabe todo, ¿verdad? Cuénteselo usted. Yo soy incapaz de hacerlo.

(Goto) … Hace justo tres semanas, el departamento de Policía de Nueva York, conjuntamente con el departamento de Narcóticos y el FBI, llevaron a cabo una gran operación policial contra el cártel de la Droga mas buscado en territorio estadounidense. Sebastián Rodríguez, alias "el cortacuellos", de origen mejicano. Había instalado un taller ilegal para la fabricación de drogas sintéticas en un antiguo polígono industrial en el puerto de Brooklyn, donde se preparaban más de 10 millones de dosis de droga, con un valor en el mercado negro de mas de 1300 millones de dólares. En esa operación, participaba la 8ª división Labor de la Policía de Nueva York... dirigida por la teniente Kanuka Clancy. La operación se inició con normalidad, pero...

Kanuka lo escucha con una expresión de tristeza muy marcada en su rostro. Está escuchando la historia del fin de su carrera cómo miembro de la Policía de Nueva York. Shinobu escucha muy atentamente, mirando a Kanuka, sin dar crédito a lo que está escuchando. Pero esa no es la parte que más afecta a Kanuka, eso vendrá después.

(Goto) Un núcleo de los cártel, se había hecho fuerte en una nave industrial. Parecía que estaban rodeados y que no tenían posibilidad de huir. Pero de repente...

A Kanuka le vienen a la mente las imágenes de aquella operación; recuerda perfectamente los sucesos y el combate que entabló con aquel Labor.

(Goto) Apareció un Kasarov TM-280. Un Labor militar de fabricación rusa, fuertemente armado y blindado, con un cañón automático de 60 mm, 4 ametralladoras de 7,62 mm y misiles MB-70. Seguramente lo debían comprar en el mercado negro de armas internacional y se lo trajeron allí cómo medida de protección. Atacó a las fuerzas especiales que asaltaban la nave. Estas se retiraron inmediatamente, pero al menos 3 hombres resultaron heridos por impacto de bala de las ametralladoras. Por suerte, llevaban armilla antibalas. Entonces, Kanuka, recibiste instrucciones de tu superior para realizar un asalto frontal a la nave, junto a los otros 2 Labors de tu pelotón. ¿Es así, Kanuka?

(Kanuka) Sí... así es. Por favor, capitán... continúe.

(Goto) Entonces tú, no obedeciste la orden de tu superior, si no que la cuestionaste. Le alegaste que era un terrible error, ya que suponía, por un lado, permitir que Rodríguez pudiera huir, o incluso escapar del cerco policial debido a aquella extraordinaria distracción. Y por otro lado, para ti, desde el punto de vista estratégico, era un tremendo error atacar frontalmente un Labor militar fuertemente armado cómo aquel. La única forma era destruirlo a distancia, o obligarle a gastar toda la munición con distracciones esporádicas.

(Shinobu) Me cuesta creer que alguien cómo tú pueda desobedecer la orden de un superior, Kanuka.

(Kanuka) No era mi superior, era el que dirigía mi Labor. Un teniente proveniente de la Guardia Nacional, sin ninguna experiencia en combate y con una preparación que no era la apropiada para esa clase de operaciones. ¡Sus órdenes eran incorrectas! ¿Por qué iba a obedecerlas?

(Goto) Pero entonces... apareció tu capitán, obligándote a cumplirlas.

(Kanuka) Sabía que si hacía eso, era un completo suicidio. ¡Podríamos incluso morir! Así que desobedecí la orden de mi capitán y ordené a mis hombres que se preparasen para realizar una maniobra de distracción. Uno de mis hombres dispararía su rifle corto por detrás, mientras yo y mi compañera, Julie, le distraeríamos, para obligarle a gastar toda la munición. Pero... cometí un grave error.

(Goto) Exacto. Ese labor militar, está provisto de varios sensores y sistemas para detectar los movimientos y presencia de enemigos. Detectó el cebo, se giró, y disparó su cañón de 60 mm contra el Labor de tu compañero, directamente hacía la cabina del piloto... matándole al instante.

Kanuka se pone más seria todavía. No sólo había desobedecido la orden directa de su oficial superior, si no que aquello le había comportado la muerte de su compañero. Recordar todo aquello es muy desagradable para ella.

(Kanuka) Exacto, capitán Goto. Mi plan había fracasado. Hasta tal punto que había provocado la muerte de uno de mis hombres. Yo y mi subordinada, Julie, apuntamos nuestros rifles cortos y disparamos sin parar, causándole daños a aquel Labor. Dos de las cuatro ametralladoras y el lanzador de misiles, inutilizados. Pero su blindaje era tan fuerte, que seguía funcionando sin ningún problema. Yo y la oficial Julie nos quedamos sin munición, y el enemigo disparó otra vez su cañón de 60 mm contra el Labor de Julie. Por suerte, le dio en las piernas y la cabina de piloto estaba intacta.

(Goto) Y por más suerte para ti, aquel Labor se quedó sin municiones. Pudiste atacarle cuerpo a cuerpo, situación en la que tenías una ventaja clara, y le pudiste reducir. Entonces entraron de nuevo las fuerzas de asalto para asaltar la nave... pero era demasiado tarde. El cabecilla había huido. Tú bajaste de tu Labor y fuiste directamente en busca del piloto de aquel Labor de combate.

(Kanuka) Sí. No estoy orgullosa de cómo me comporté entonces. Estaba completamente cegada por la rabia. Sólo tenía ganas de sacar al piloto de aquel maldito Labor y volarle la tapa de los sesos de un disparo. ¡Ja! Y casi lo hice. Era un latino joven, seguramente un mejicano. Estaba malherido, la sangre le cubría la mitad de la cara. Pero me daba igual. Le cogí y le apunté mi vieja Colt M1911 en medio de la frente. Él no paraba de decirme en español "Por favor, por favor, no me mate, no me mate". Pero yo le contesté en inglés"Claro que voy a matarte maldito cabrón hijo de puta". Apreté el gatillo con intención de disparar. Pero entonces, llegó mi controlador y me persuadió para que dejara el arma. Deje de apuntarle mi pistola a la frente a aquel pobre desgraciado y me puse a llorar cómo una niña, pidiéndole perdón a Grandma por mi fracaso.

(Goto) Aquí también es donde quería llegar yo. ¡Ah! Shinobu... ¿puedes abrir la puerta? A este paso acabará derrumbándose.

Shinobu se levanta, abre la puerta del despacho y todos los miembros de la segunda sección están escuchando atentamente detrás de la puerta. Están estremecidos. No dan crédito a lo que están oyendo. Entran al despacho.

(Izumi) Kanuka... sabía que eras tú. Pero... ¿de que va todo esto? ¿Qué es lo estás contando? -con expresión de incredulidad en su rostro-

(Goto) Kanuka... creo que hay otro aspecto que ha influenciado en ti este último mes. ¿Me equivoco? Un ser muy querido para ti que...

(Izumi) Se refiere a la abuela de Kanuka. ¿No, capitán? Le ha pasado algo.

En cuanto le comentan eso, los ojos de Kanuka se llenan de lagrimas. Eso es lo que realmente le provoca su tristeza. Pero sigue contando lo que pasó después de aquella operación policial.

(Kanuka) Dos días después de aquella operación policial... el mismo día en que enterraron a mi compañero, John Goldwin, un oficial que a penas llevaba 3 años en la división de Labors y... 2 años casado... iba a ser padre por primera vez dentro de 3 meses. El Departamento de Policía de Nueva York organizó una comisión de investigación interna. Los de arriba estaban muy enfadados, pero más enfadados estaban aun los del departamento de Narcóticos y el FBI, ya que por mi error, el cártel huyó de Nueva York. Me interrogaron y vertieron sobre mi un montón de acusaciones. Desobedecer la orden directa de un superior; organizar sin permiso una operación de asalto; amenazar a un delincuente que se ha rendido con un arma. Todo ello constituía una falta muy grave que solo podía acabar de una forma. … La expulsión del cuerpo y la devolución de mi placa.

(Shinohara) Entonces... realmente te han expulsado. ¡Ya no eres teniente de la Policía de Nueva York! -con cara de sorpresa total-

Kanuka contesta que sí con la cabeza, mientras las lagrimas le caen por las mejillas. Pero lo peor para ella no es eso, si no...

(Kanuka) Eso para mi es lo de menos.

(Izumi) ¿Lo de menos? ¿Por qué?

(Kanuka) Grandma... ha muerto.

Todos se quedan estremecidos y con una cara de sorpresa total, incluso los capitanes. Pero es Ota el que pone la mayor cara de sorpresa. Escuchar eso le trae muy malos recuerdos, recuerdos muy recientes.

(Izumi) Lo siento... lo siento mucho, Kanuka. De verdad. No lo sabíamos.

(Kanuka) Hace poco más de un mes, me llamó una persona que no recordaba. Me dijo que ella si que me conocía, que había sido vecina nuestra cuando yo y mi abuela vivíamos en Hawai, cuando yo era una niña. Al decirme aquello, me quedé aterrorizada.

(Goto) Tu abuela se estaba muriendo.

(Kanuka) Cogí el primer avión para Hawai. Cuando llegué a la casa de mi Abuela... el sacerdote salía de casa y me dijo que llegaba justo a tiempo para despedirme. Entré sobresaltada a su cuarto... y me la encontré en la cama. Estaba pálida y había encogido. El médico estaba justo a su lado. Él Salió para dejarnos solas. Le pregunté que le pasaba. Su respuesta me dejó helada. "Me muero, Kanuka". Luego el médico me contó que tenía un cáncer muy avanzado y que no se podía hacer nada para salvarla. Grandma notó que yo estaba muy asustada y entonces me dijo unas palabras que no olvidaré nunca. "No tengas miedo, Kanuka. La muerte también forma parte de la vida. Es algo natural. Aunque muera, sabes que siempre estaré en tu corazón." Yo me puse a llorar cómo una niña en su regazo. Al cabo de 3 días murió mientras dormía. En su testamento ponía que quería que la enterrasen en su pueblo natal de Japón, junto a la tumba de su familia. Supongo que por eso, ahora que los restos de Grandma estarán aquí, en Japón, para siempre... yo también quiero quedarme en Japón.

Izumi se pone a llorar también y Hiromi casi no puede aguantarse las lágrimas.

(Goto) Pero hay otra cosa que quizás te disgustó más todavía. Que te hizo tomar la decisión de abandonar Estados Unidos.

(Kanuka) Sí. … Sólo 3 días después de mi expulsión del cuerpo de Policía de Nueva York, viendo la televisión en mi casa, traumatizada, incapaz de reaccionar, hundida... dijeron una noticia que me hizo sentir aun peor.

(Goto) El cártel Rodríguez fue detenido en un simple control de aduanas en el aeropuerto de Chicago. Iba a coger un vuelo para Colombia. Pretendía huir del país. Ahora está detenido a la espera de juicio. Cómo le detuvieron en el estado de Michigan, donde no hay pena de muerte, es muy probable que le condenen a Cadena Perpetua.

(Kanuka) Sí. Lo que yo fui incapaz de hacer... lo hicieron otros de una forma tan sencilla y rápida que me sentí absolutamente humillada. Sentía vergüenza de mi misma. Y sólo quería huir de donde estaba. Fue entonces cuando os recordé a vosotros. Tomé la decisión de abandonar Estados Unidos, e irme a Japón a empezar una nueva vida. Pero bien pensado... eso es una actitud muy cobarde. Lo único que estoy haciendo es huir.

Entonces, y para sorpresa de todos, Ota alza la voz.

(Ota) ¡No es verdad! ¡No eres ninguna cobarde! -Kanuka se gira hacía él abriendo los ojos- Los cobardes son aquellos que no se enfrentan a sus responsabilidades, que huyen de ellas. Pero tú... eres la mujer más valiente que hay sobre la faz de la Tierra. ¡Eres la mejor! ¡No debes olvidarlo nunca!

(Kanuka) Ota... -mirándole sorprendida-

(Ota) Yo... yo siempre te he admirado. Siempre he pensado que eres una piloto de Labor magnífica. Cuando fuiste mi controladora, aprendí muchísimas cosas. ¡Y todo te lo debo a ti! ¡Por favor, capitán Goto! ¡Admítala! -postrándose ante Goto-

(Goto) Bueno, si todos me lo pedís con tanta insistencia cómo Ota, no me puedo negar de ninguna de las maneras. Me costará bastante, eso si. Tendré que convencer al comandante de la división y éste al mismo tiempo, al intendente. Además, necesitarás otra cosa.

(Shinobu) ¿Otra cosa? Te refieres a...

(Goto) Lo ha dicho ella misma hace un momento. Las cenizas de su abuela están aquí en Japón. Y ella quiere quedarse en Japón con ella. Así que necesitarás arreglar todo el papeleo para que te otorguen la ciudadanía japonesa. Espero que en menos de una semana lo pueda tener todo solucionado.

(Kanuka) -alegrándose y reconfortándose- Muchas... muchísimas gracias, capitán. No os voy a defraudar en absoluto.

(Shinohara) Estamos seguros de ello, Kanuka. Eres la mejor, así que seguro que lo harás muy bien.

Uno tras otro, abrazan a Kanuka y le dan la más sincera bienvenida. Va a ser la nueva piloto de la segunda sección de Vehículos Especiales. La noticia se propaga rápidamente por todo el edificio y llega a oídos de les mecánicos. Ahora la fiesta de la noche será no sólo para Ota, si no también para Kanuka.

El día va avanzando. Pasa el mediodía, la tarde, hasta que empieza a anochecer. La puesta de sol es preciosa. En la terraza del edificio, Kanuka está sola, mirando la puesta de sol al horizonte, con los ojos todavía tristes, pero ahora esperanzados ante la nueva vida que empezará a partir de ese mismo día. De repente llega Ota y los dos se quedan sorprendidos.

(Kanuka) Hola...

(Ota) Ho...hola.

(Kanuka) Ya me han contado lo tuyo. Izumi me lo ha explicado con gran pasión.

(Ota) ¿Ah si? Esa chica siempre hace una montaña de un grano de arena.

(Kanuka) ¿Tú crees?

(Ota) No le des importancia, Kanuka. Lo mío es infinitamente menos importante que lo que te ha pasado a ti. No tengo derecho a quejarme.

(Kanuka) Te equivocas. -Ota se sorprende ante esa respuesta- Los dos nos hemos quedado solos. No me refiero a los amigos o compañeros, si no a nuestros seres queridos. En eso los dos somos iguales.

(Ota) ¿Iguales?

(Kanuka) Sí. Tú fuiste abandonado por tus padres biológicos cuando tenías 4 años. ¿Verdad? Pues los míos fueron asesinados cuando yo tenía 6 años.

(Ota) ¡Que dices! ¿Es... es eso cierto? -quedándose muy sorprendido-

(Kanuka) ¡Claro que lo es, zoquete!... De pequeña era una niña más bien tímida, que no le gustaba nada enfrentarse a los problemas. Pero cuando mis padres fueron asesinados... decidí cambiar y hacerme una persona fuerte. Y pensé que la mejor forma de vengar la muerte de mis padres, era hacerme policía, un policía importante. Pero ya ves de que me ha servido. Soy... -se entristece aun más de lo que ya está-

(Ota) ¿Otra vez estás igual? ¡No pienso permitir que te hundas tú misma!

Entonces, Ota hace algo que hace tener una sensación extraña a Kanuka. Coge a Kanuka entre sus musculosos brazos, con su cabeza sobre el pecho y le dice...

(Ota) Si necesitas llorar... hazlo tanto cómo quieras. Eso... te irá bien para aliviarte. Yo lo he descubierto estos días.

(Kanuka) Gr... gr...gracias... gracias...

Kanuka se pone a llorar desconsoladamente entre los brazos de Ota. Hasta que sus miradas se cruzan... y se quedan así durante unos segundos, sin moverse. ¿Habrá aparecido el Dios Cupido entre ellos? De repente oyen un grito, es Hiromi, que busca a Ota y Kanuka por todo el edificio.

(Hiromi) ¡Ah! ¡Al fin os encuentro! Vamos vamos, abajo todos os están esperando impacientes. La fiesta va a empezar.

Entonces, cuando Ota y Kanuka se van detrás de Hiromi para dirigirse a la fiesta, Kanuka le da un beso en la mejilla a Ota, dándole las gracias por haberse portado tan bien con ella. Es entonces cuando Ota lo ve claro: se ha enamorado de Kanuka.

Durante la noche, todos están en los talleres, celebrando la fiesta de bienvenida de los nuevos (o antiguos) miembros de la segunda sección de vehículos especiales. Bebiendo, riendo y divirtiéndose. Ota explica algunas historias divertidas de su año cómo instructor de cadetes. Y Shige unos chistes buenísimos que provocan la risa generalizada y descontrolada, incluso de los capitanes y del jefe Sakaki. Kanuka está más seria, pero empieza a sentirse bien, arropada por unos compañeros que le quieren de verdad y que jamás la abandonarán. La fiesta termina temprano, mañana todos tienen que madrugar. Kanuka tendrá que esperar aun una semana para incorporarse a su nuevo trabajo, a su nuevo hogar, incluso a su nuevo país. Pero está convencida que el futuro que le espera será muy esperanzador.