Dos leones muy distintos.
Consultó la carta que acababa de recibir de Hogwarts, la carta con sus útiles para tercer año y señaló en la lista los libros que necesitaría. Pudo percatarse que se trataba de una lista genérica, recordaba de quien era insistencia de mantener aquello y favorecer el autodidactismo de los estudiantes. La busqueda del conocimiento por si mismos. Sonrío, esa mañana al despertar había recordado su vida pasada. Que despertasen al completo al cumplir los trece años era una concidión que él había puesto, para que pudiesen tener una vida normal y sin preocupaciones; para que fuese cuando los niños se convertían en hombres. Hasta entonces había considerado que era mejor que los niños a través de los que regresasen, tuviesen una vida.
Miró por la ventana hacia los invernaderos de su casa familiar, sabía que en el sobre faltaba algo, la autorización para ir a Hogsmeade a partir de ese curso. La carta había llegado con el sello abierto. Su abuela se la había entregado así, recordándole de paso lo patoso que era y que siendo así deshonraba la memoria de sus padres. Haciendo un poco de introspección se daba cuenta que parte de su actual carácter era debido a eso, lo habían ninguneado y tratado de convertir en algo en lo que no era. Plegó la carta y la dejó sobre su mesa de estudio, antes de bajar las escaleras y buscar a su abuela en el estudio de esta. Casi siempre estaba allí. Tocó a la puerta.
—Pasa Neville. Puedes estar tranquilo ya he enviado la autorización firmada a la jefa de tu casa.
—Lo agradezco. — Se planteaba si mostrarse ahora o mostrarse poco a poco, sonriendo irónicamente para sus adentros pues eso era lo que se plantearía su amigo y no alguien directo como él. —Me preguntaba si podemos ir al callejón a comprar los útiles.
—Hoy no. Iremos la próxima semana. Tengo asuntos que atender en el Wicengamot.
—Tiene que ver con la fuga de Sirius Black, ¿no?
—Es información confidencial. —La voz cortante de su abuela daba por terminada la reunión. —Ahora ve a estudiar un rato a ver si un poco de trabajo duro te hace un ser digno de la casa en la Gryffindor y, por supuesto, un adecuado heredero para esta familia. Debo acudir al ministerio y ya llego tarde.
Respondió únicamente con un asentimiento. Había llegado a la conclusión que mostrar un cambio demasiado radical ante su abuela podría ser peligroso, era mejor mostrar el cambio en Hogwarts. Suspiró, nunca pensó que usaría una de las estrategias de Salazar en lugar de ir de frente. Lo que tenía claro era que el chico falto de confianza se había acabado. Le molestaba y le dolía cada vez que su abuela lo comparaba con sus padres, remarcando las diferencias con su padre y obligándolo a usar la varita de este. Ahora que había despertado sabía porque su magia se resistía tanto a fluir por ese catalizador. Eso lo tendría que solucionar, pero no se le ocurría en el momento qué hacer. En cuanto al reproche sobre ser digno de estar en su propia casa, tuvo que contenerse de responder; ¿quien era ella para juzgar quien era un digno Gryffindor?. Lo gracioso de todo era que le había hecho caso al sombrero cuando en primero durante la selección le había dicho que había más de los valores de Gryffindor en él de lo que se pensaba. Neville, creyendo a su familia y que era un torpe con suerte de poder hacer magia había querido ser enviado a Hufflepuff, pero el sombrero lo había convencido de aceptar la que veía la mejor elección para él; eso se lo debía agradecer cuando tuviese oportunidad.
Pasó el resto de la tarde en los invernaderos, descubriendo que aquella habilidad y afición era un factor de sosiego para su habitual forma de actuar. Le ayudaba a relajarse en lugar de saltar a pensar; teniendo la calma y sosiego que sólo aprendió a tener con los años. La delicadeza y atención que requerían las plantas hacía que se tranquilizase. Ahora no solo tenía las habilidades de antaño, sino también las que en esa vida había ganado hasta el momento y pensaba potenciar. A la hora de la cena fue avisado por uno de los elfos domésticos de la mansión. Su abuela no había regresado del ministerio, así que estaban sólo su tío abuelo Algie y él.
—¿Donde has estado todos el día?
—En el invernadero.
—Si bien gran parte de nuestra fortuna proviene del tratamiento y comercio con las plantas, no harás así que tu abuela se sienta orgullosa de tí.
—Nunca estará satisfecha. Nunca seré mi padre. Haga lo que haga nunca será de su agrado. Así que he decidido que mejor me dedico a ser yo mismo que a buscar ser alguien que nunca podré ser —dijo con una decisión que dejo pasmado a su tío abuelo. Quizá estaba dejando de lado aquello que horas antes había decidido, pero no quería ser machacado ni estar en la interminable discusión de lo que debía hacer para ser mejor mago. Era mejor cortarlo de raíz. —No hay dos personas que sean iguales y ningún hijo es su padre, tío.
—Voy a iniciar un viaje dentro de poco por el mediterráneo, ¿quieres que te traiga alguna planta?
—Si encuentras alguna curiosa que podamos adaptar a las condiciones de alguno de nuestros invernaderos estaría bien.
La cena prosiguió en silencio, no tenían más que decirse. Normalmente con su tío solía tener una mejor relación que con su abuela, al menos este nunca lo había hecho sentir de menos verbalmente. Eso sí, no se le olvidaba los intentos de llamar su magia poniéndolo en peligro. Neville no era rencoroso, comprendía que las creencias de su familia respecto a la magia eran un poco salvajes, pero eso no quería decir que aquello no se le hubiese olvidado. Tenía claro que nadie en esa casa eran dignos de confianza. Habían reducido a la nada su confianza y aún habiendo despertado le costaría recuperarla de nuevo. No podía confiar en ellos, eso lo tenía claro.
—Me llevo el periódico —anunció. Cogió el diario "el profeta" que estaba sobre la mesa y subió en silencio a su habitación. Desplegando el periódico sobre la cama. Hacía una semana que Sirius Black se había escapado de Azkaban y el ministerio se estaba planteando informar al ministro muggle para que lo tuviesen en cuenta y colaborar ambos en la captura del prófugo. Aquello era preocupante, pues Black era el primero del que se tenía registros en fugarse de la prisión y eso tenía nerviosos a muchos. —Preocupante, pero dudo que sea esta la amenaza que nos ha traido de vuelta. Tendré que buscar a los otros. —Frunció el ceño. El curso pasado alguien emplero el basilisco de Salazar como arma para los ideales de la pureza de la sangre y la purga; y el anterior un altercado relacionado con la piedra filosofal. Tendria que preguntar a Harry todo lo sucedido al respecto. Tenía la intuición que había alguna relación entre ambos eventos.
Desde que había regresado de Hogwarts se las había tenido que ingeniar para poder realizar las tareas escolares. Para ello, había tenido que forzar la puerta de la alacena donde habían escondido sus útiles escolares y trasladarlos y ocultarlos en su habitación. De todas formas no entraban allí. Se había planteado aprovechar las ausencias de los Dursley para cambiar los bombillos de las cerraduras, pero no contaba con dinero muggle ni tampoco disponibilidad horaria para ir a Gringgots y hacer un pequeño cambio. Así, tras terminar las tareas que su tía le asignaba pasaba las tardes encerrado en su habitación realizando las tareas escolares. No iba a tragarse una semana de castigos por no entregar los trabajos. Comenzó por transformaciones, teniendo pensado terminar por el de pociones. Prefería dejar lo más engorroso para lo último.
Era ya treinta de octubre, y tras una apresurada cena, se encerró en la habitación trabajando en la redacción para historia de la magia, una materia que no le encontraba mucho atractivo y que hacía que poco a poco le diese sueño; quedando dormido sobre la mesa con la brisa de la noche dándole en la cabeza al entrar por la ventaba abierta. Fue pasada la medianoche cuando se despertó de repente, como si despertase de una pesadilla y, casi instantes después la cicatriz comenzó a dolerle, como si se estuviese abriendo. Trato de levantarse, cayendo al suelo a causa del dolor notando como algo atravesaba la cicatriz, de dentro hacia afuera. Entreabrió los ojos viendo como una oscura forma humanoide estaba en la habitación unos segundos hasta desvanecerse. Esa presencia le daba la misma sensación que le había dado Riddle. —Maldición. —En su mente comprendió de inmediato de que se trataba, pues podía notar como repentinamente tenía un centenar de conocimientos que estaba seguro unas horas antes no estaban allí. Se sentía cómodo con ellos. Era como si siempre hubiesen estado allí. Cerró los ojos respirando profundamente, organizando su cabeza y buscando una explicación hasta que dio con ella —He despertado.
Examinó su habitación, el residuo oscuro había desaparecido. Tenía la certeza que había sido destruido. La propia magia liberada al despertar se había encargado de ese parásito, lo preocupante era lo que eso era y lo que significaba. También explicaba algunas cosas. Empezó a recoger los libros viendo que tendría que rehacer la tarea de historia que había quedado emborronada —Podré entregar una mucho mejor que esa —Murmuró mientras veía como dos lechuzas sosteniendo a una tercera entraban en la habitación. Eran una de las de Hogwarts y Hedwing, sosteniendo a Errol.
Cogió en primer lugar la carta de Hogwarts, haciendo una caricia a la servicial lechuza de la escuela y dándole una chuchería para lechuzas como recompensa y agradecimiento por traerle su carta. —No te me pongas celosa —le dijo a Hedwing. Había notado que su orgullosa lechuza se molestaba con ese acto. —Ya sabes que tú eres mi preferida. —La lechuza de la escuela ya había partido, sólo quedaban dos. —¿Te importa si pongo a Errol sobre tu percha?, el pobre es muy viejo y parece muy fatigado. —El ulular de la lechuza le hizo saber que estaba conforme. Con las lechuzas ya descansando, procedió a abrir las cartas. Primero la de la escuela, en la que informaba de lo típico: que debía cogerse el tren el día uno de septiembre y que estaba adjuntada la lista con los libros. Se había matriculado de dos de las optativas, pero pensaba comprarse los libros de las otras y prepararse por su cuenta. La información y el conocimiento eran poder. También había algo más en el sobre. Una autorización para poder visitar el pueblo los fines de semana que hubiese excursión. Gruño, tenían que firmarla los Dursley y estos no harían nada que pudiese hacerlo feliz; a menos que, encontrase una forma de realizar un intercambio que pudiese parecerles beneficioso a ellos pero que en realidad quien más beneficio obtuviese fuese él. El plan B era falsificar la firma de su tío, una bastante simple. Ya pensaría en ello por la mañana, por ahora sabía que debía dormir unas horas.
