NARUTO NO ME PERTENECE NO LO HAGO CON FINES DE LUCRO.

lo que esta en cursivas es el pasado.


Resplandor


Cuando amaneció en la casa principal de los Uchiha, se realizaban la misma rutina de siempre; arreglar el comedor para el desayuno, levantar las cortinas para dejar pasar la luz del sol, dejar todo arreglado para el señor Itachi, pero esa mañana algo cambiaría.

Itachi bajó las grandes escaleras que daban a la entrada principal. Vestía un pantalón de vestir negro recién planchado, y una camisa blanca, los primeros tres botones se encontraban desabotonados. Cuando Tenten lo vio bajar, con el cabello mojado y vestido de esa forma, por poco y se le cae el florero que tenía en sus manos. Itachi la miró inexpresivo como siempre.

- ¿Cómo se encuentra la joven?- Tenten tardó unos segundos en saber a quien se refería él.

- Está dormida, parece que sus heridas son graves…- Itachi la interrumpió.

- Llama al doctor.

Sin decir más camino hacia su estudio cerrando la puerta.

Media hora después, el desayuno estaba servido pero él no lo tomó, sólo abrió la puerta de su estudio cuando Kisame le anunció que el doctor se encontraba en la casa.

Así, Itachi llevó al medico a la habitación que se le había asignado a Hinata.

La mujer, quien era muy famosa por ser muy buen medico, se llamaba Tsunade y sólo ayudaba a Itachi por que en una ocasión este le salvó la vida.

Tsunade revisó a Hinata con gran esmero. Comenzó a curar sus heridas y al terminar se dirigió a Itachi.

- Estará bien, sólo tiene que descansar.- estaba apunto de decir algo más cuando Itachi se acercó a la mujer.

- Quiero que la mantengas sedada, no importa los gastos. No quiero que despierte hasta que este recuperada del todo.- Tsunade lo miró fijamente.

- Pero ella…

- No me importa ella, quiero que se haga así, tú me debes mucho ¿o ya lo olvidaste?

Tsunade asintió y comenzó a decirle que necesitaría una enfermera.

Itachi mandó a llamar a Tenten quien se encargaría de la chica. Ella recibió todas las indicaciones de Tsunade. Así pasó dos largas semanas, cuidaban a Hinata como si fuera una muñeca de cristal, por que Itachi había dicho que debían cuidarla mejor que su vida, sino él se encargaría de que su vida se acortara.

Cuando las heridas de Hinata sanaron completamente sin dejar cicatriz, fue el momento en que Tsunade decidió que ya no debía seguir sedada.

- Itachi-sama, las heridas se han cerrado completamente, ya no es necesario mantenerla dormida, será mejor que ya despierte por si sola- Itachi miró a la mujer.

- Entonces¿en cuánto tiempo despertará?

- Unas cinco o seis Horas

Itachi salió de la habitación dejando a Tsunade con Hinata, mientras que se dirigía a su estudio, no dejó en ningún momento de mostrar su seriedad habitual.

Tenten esperaba al lado de la puerta del estudio a que Itachi diera las órdenes del día, él sólo la miró con su arrogancia habitual.

- Necesito que cuides de Hinata cuado despierte. No le dirás donde está ni permitirás que intente escapar. En un rato llegara ropa, quiero que la vistas y la trataras bien. Si ella quiere algo se lo darás, será como la "niña de la casa"¿me has comprendido?

Tenten asintió, e Itachi se encerró en su estudio.

Tenten sopesó las palabras de Itachi: "la niña de la casa", eso quería decir que podría hacer y deshacer cuanto quisiera. Sería la consentida del lugar por todos los criados, e incluso por el guardaespaldas de Itachi, "Kisame". Pero por las noches… bueno por las noches Itachi se encargaría de ella.

A las dos horas tocaron a la puerta de la gran mansión y el recibidor se llenó de grandes cajas de distintas tiendas de ropa femenina.

Tenten sintió más de una vez envidia al abrir las cajas y ver las hermosas prendas femeninas que vestiría la desconocida.

Hinata aún no despertaba, pero Tenten había escogido un hermoso vestido de día. De color azul claro con algunos estampados de flores en blanco, era de tirantes y la falda un poco corta, pero nada como para infartar.

La ropa interior era ensueño, suave de seda, de colores claros pero muy sexy.

Sin duda Itachi tenía muy buen gusto, porque toda la ropa tenía un poco de su toque.

Antes de que dieran las seis de la tarde, Itachi dijo a los criados que saldría y no regresaría hasta dentro de dos días. Nadie sabía a donde iría, pero seguro regresaría hasta el fin de semana.


Cuando Hinata despertó, miró la pequeña habitación. Era un poco precaria, pero era una de las mejores habitaciones donde había estado, cuando intentó levantarse cayó al suelo. Sus piernas estaban un poco entumidas.

Tenten escuchó un ruido en la habitación de Hinata y entró corriendo. Al ver a la chica en el suelo se espantó, si le salía un moretón Itachi la azotaría hasta que perdiera la conciencia.

- No señorita, no se mueva. Permítame ayudarle.- Hinata parecía muy desorientada.

- ¿Donde estoy?- Tenten miró a la chica y suspiro.

- Esta es la residencia Uchiha, usted esta aquí por que el joven Itachi la ayudó, pero no se preocupe nosotras nos ocuparemos de usted.

Hinata no entendió la magnitud de esas palabras hasta que Tenten y las demás criadas la ayudaron a desvestirse, bañarse con esencias de flores y vestirse con ropa tan hermosa y fina con la que jamás soñó poder vestir.

La ayudaron a caminara, a recorrer la mansión. Si ella decía que tenía sed, ellas preguntaban de qué sabor quería el agua.

Si decía que tenía calor, la abanicaban. Era como si ella fuera una princesa a la cual le cumplirían cualquier capricho.

Al segundo día, comenzó a recorrer sola las instalaciones de la casa. Extrañaba su casa, pero sabía que no tenía un hogar a donde ir, y con tanto mimo era imposible desear irse. Jamás se había sentido tan bien en toda su vida.

Al tercer día fue llevada a su nueva habitación; un cuarto amplio, lleno de cojines y una cama espectacularmente grande. Era tan hermosa la tela, tan fina y tenía velos en el techo, era muy sensual esa habitación.

Al cuarto día comenzó a preguntarse como sería Itachi. Cuando le preguntó a Tenten, ella sólo le pudo decir que era simplemente "El diablo", tan guapo que podía hacer que perdieras tu alma.

Ante tal descripción Hinata no pudo menos que sentir curiosidad por conocer a su salvador. Ella lo visualizaba como un príncipe. Después de todo él la había salvado y la había convertido en la princesa de la casa¿no podía ser tan malo o si?

Al quinto día, sabía que esa noche sin duda Itachi regresaría a la casa, y por lo tanto pidió que la dejaran cocinar la cena. Se esmeró lo mejor que pudo, pero desde el amanecer tenía una sensación muy peculiar, era como si un calor inexplicable recorriera su espalda, de vez en cando se imaginaba en la cama en los brazos de su salvador desconocido.

Era algo que ella jamás había experimentado.

Pero esa sensación no la dejaba tranquila, por lo que cocinó una crema de rosas, pichones en salsa agridulce de ciruelas y musse de frutas con Ylang, todo acompañado con agua de coco y un toque de sándalo.

Las chicas al ver su menú no pudieron menos que suspirar, era una cena por más que romántica afrodisíaca.

Cuando Tenten le hizo el comentario a Hinata ella sólo se sonrojó hasta la punta de los pies.

Antes de que dieran las siete de la noche Hinata subió a su cuarto a bañarse y cambiarse. Se puso un traje azul oscuro de falda corta, su blusa era de tirantes y con un escote en la espalda que cubría muy bien su largo y lacio cabello.

Itachi llegó a la casa y al sentir el aroma de la cena no pudo menos que sonreír tan arrogante como solo él puede hacerlo. Se dirigió a la mesa del gran comedor de caoba labrada y miró a la servidumbre.

- Bonita cena haz preparado- dijo mientras examinaba los platillos ahí servidos.

- No he sido yo señor, la joven Hinata nos pidió que la dejáramos cocinarle- Itachi miro a la mujer y sonrió con superioridad, sin duda esa velada sería muy interesante.


Hinata bajó lentamente por las escaleras, había escuchado una voz desconocida en el salón, y al afinar más su oído supo que itachi había llegado. Se sentía nerviosa, tanto que tuvo que correr al baño y vomitar. Las mariposas bailaban en su estomago; era como conocer al hada de los deseos. Como conocer a su príncipe salvador, al ángel de sus sueños.

Bajó lentamente, a cada escalón sentía temblar sus piernas. En más de una ocasión estuvo apunto de caer, pero se sujeto bien al gran barandal de madera labrada.

Cuando Hinata entró en la habitación se topó con el hombre más guapo que hubiera visto; alto, su bien formado cuerpo quitaba la respiración, su piel clara y esos ojos azules tan oscuros como su alma.

Él no le sonrió, sólo la saludó amablemente y le indicó que se sentara. Acomodó la silla delicadamente y ella sólo le sonrió. Se sentía tan intimidada que en más de una ocasión la cuchara cayó de su mano.

El parecía no pestañar, la examinaba de punta a punta. Memorizaba todos sus movimientos, toda la esencia de ella parecía ser robada por esos encantadores ojos oscuros.

Cuando llegaron al postre, en el comedor se sentía un ambiente… no tenso, pero si con mucha presión. Se podía ver la respiración sobresaltada de Hinata no sólo por sentirse tan observada, sino por el calor creciente de su ser.

Por otro lado Itachi hacía que cada uno de sus movimientos fuera de forma tan sensual que, más de una vez en la noche, un débil suspiro escapara de los labios de Hinata, y que decir de la pobre de Tenten, que temblaba de sólo imaginar a esos dos juntos y es que su pequeña mentecilla le jugaba muy sucio.

Al terminar la velada Hinata se dirigió a su cuarto. Comenzó a desvestirse no sin antes abrir su ventana, hacía tanto calor y eso que apenas comenzaba el verano. Las estrellas brillaban en el firmamento como sonriéndole. La luz de la luna caía sobre ella resaltando su hermosa piel clara, su cabello estaba suelto y bailaban con la juguetona brisa. Parecía una diosa tomando un pequeño baño de luna.

Itachi la veía disfrutando del espectáculo que sus ojos presenciaban. Ella vestía un muy sexy fondo de gasa blanca, sus hombros se encontraban desnudos al igual que su espalda, aprovechándose del descuido de ella, itachi caminó lentamente, tomándose su tiempo. Después de todo sería una noche muy larga.

Hinata sintió las calidas y finas manos de su amante comenzar a recorrer sus hombros mientras él respiraba de su dulce fragancia, ella apretó más los ojos y tuvo que sostenerse del marco de la ventana para no caer. Las sensaciones eran tan placenteras que parecía estar caminando en el cielo.

Itachi se acercó al cuello de Hinata y comenzó a besarlo, lamerlo y a morderlo mientras ella sólo podía tratar de evitar gemir demasiado alto.

Él al escuchar el primer dulce y suave gemido de ella la jaló hacia él y de un ágil movimiento la llevo hasta la cama, lugar donde no la dejó salir hasta el amanecer.

Hinata pasaba los días recorriendo los jardines, cuidando las flores, leyendo o simplemente descansando, mientras por las noches tocaba el cielo guiada por Itachi.

Y él en contra de todo pronóstico, estaba fascinado con su pequeña.

Era su tesoro más importante.

Al menos hasta que la oscuridad los alcanzara.


Hinata se encontraba en la sala principal de la casa Hyuuga, tenía puesto un lindo vestido blanco con flores en lila, era muy ligero por ser verano. La falda le llegaba justo un poco arriba de las rodillas, era de tirantes y su espalda estaba descubierta. Su cabello permanecía recogido en un moño y sus ojos estaban cerrados. La brisa cálida entraba libre por la gran ventana.

Sus manos se movían solas como si de un hechizo se tratase. No quería salir de su concentración y la melodía que salía del piano la reconfortaba. Aún pensaba que tal vez todo lo que había vivido tres años antes resultaba ser un sueño, pensaba que tal vez sólo había sido una cruda ilusión.

La habitación había cambiado mucho durante el último año, de tener el color ciruela en las paredes con retoques en color rosa pálido, ahora se encontraba pintada de blanco marfil con cortinas de encaje igualmente blanco. Ahí ya no se realizaban las reuniones familiares, sólo era el salón de Hinata, como ella misma lo llamaba.

En esa habitación se encontraba el piano negro, el piso era de mármol blanco con destellos azules. De haber sido por Hinata, toda esa habitación seria blanca, tan blanca como la nieve, tan blanca como sus ojos, tan blanca como la luna… esa hermosa luna que una noche compartió con Itachi.

Hinata dejó de tocar cuando escuchó que la puerta se abría lentamente. Sus ojos le buscaron y lo encontró ahí, en la puerta. Era igual a su padre a no ser por sus ojos blancos como los de ella. Su cabello oscuro se encontraba revuelto, al parecer acaba de jugar. Sus ropas estaban desacomodadas y con un poco de polvo pero ella le sonrió, le invitó a acercarse y la niña tan seria como siempre se acercó a su mamá.

Hinata había pasado por muchas cosas amargas, pero al tener ahí a su hija se daba cuenta que todo su sufrimiento había valido la pena.

Cuando Neji la encontró en el bosque muriendo bajo las estrellas, supo que las cosas sólo podían mejorar y así había sido. Ahora era la cabeza de la familia Hyuuga, se había encargado de traer la paz a Konoha y había ayudado a Naruto a convertirse en Hokage. Todo eso en tan solo tres años, tres años.

Aún cuando ella había apoyado tanto a Naruto, le dolía recordar que él ya no le hablaba. Es más, cuando necesitaba algo del consejo Hyuuga le mandaba una carta diplomática, nada fuera de lo común, aún cuando ese día era su boda con Sakura él no le había invitado.

Sus recuerdos fueron interrumpidos cuando Suki comenzó a tocar la melodía que minutos antes ella había estado tocando. La niña a pesar de tener tres años tenía la misma habilidad que ella para tocar ese hermoso piano que años atrás perteneciera a la familia Uchiha, era el último recuerdo de una familia que se consumió entre llamas.

Hinata cerró los ojos y suspiró mientras su hija tocaba el piano un poco más despacio para no fallar en la melodía.


Hinata se encontraba mirando por la ventana de la gran residencia Uchiha mientras las estrellas comenzaban a aparecer en el firmamento, ella solamente suspiraba esperando a que Itachi llegara a la casa. Bajar a cenar y después compartir un pedazo de cielo en su habitación, llevaba seis meses juntos, seis hermosos meses de amor y ella estaba segura que eso seguiría así al menos por muchos años.

Pero una chica enamorada suele ser muy ingenua, tal vez demasiado ingenua. Cuando Itachi llegó a la casa, él traía consiguió un regalo para ella.

Itachi entró en la casa y supo que había escogido bien al ver a Hinata ahí parada, esperándolo con una de sus dulces sonrisas.

Él se acercó despacio, pido que los dejaran solos y le entrego una pequeña cajita, sin mucha ceremonia, pues él era así, directo. Sólo hablaba para decir las palabras necesarias y sabía que Hinata, al abrir esa hermosa caja de terciopelo azul entendería todo. No había necesidad de decir nada más.

Hinata levantó la tapa de la caja azul y encontró un hermosos anillo; un solitario de un diamante exótico. Era un tanto sencillo pero el brillo que daba ese hermoso diamante compensaba lo demás. Miró a Itachi y pensó que se desmayaría, él sólo asintió y tomó la mano de ella para entrar al comedor.

Hinata no salía de su sorpresa. Casi no cenó pues sabía que esa noche sería muy especial. Con lo que no contaba era con el grupo de Shinobis que se encontraban rodeando la propiedad en ese momento, todos bajo el mando de Orochimaru y comandados por Sasuke Uchiha.

Hinata subió las escaleras muy despacio siguiendo a Itachi, tal y como lo había estado asiendo meses antes. La habitación estaba en penumbras y a ninguno de los dos les importó el estar así. Sólo querían fundirse en uno solo.

Mientras sus besos subían de intensidad, en los contornos de Uchiha Manor una batalla comenzaba a librarse. Los kunais volaban partiendo el aire, la sangre teñía el verde pasto. Los shinobis sedientos de sangre se infiltraban en la propiedad matando a todos a su paso.

Hinata besaba el bien formado pectoral de Itachi inconsciente de la tormenta que se avecinaba, sólo estaban ellos dos en esa habitación en penumbras. Itachi la tenía sujeta de la cintura con una mano mientras la otra desvanecía de su cuerpo, el vestido de seda que ella había escogido para la cena… todas sus ropas iban cayendo una a una al suelo y en su piel iba quedando grabada las caricias de él.

Ella se acostó en la cama mientras Itachi disfrutaba de todo su ser, ella lo amaba aún cuando sabía que para él no era más que un capricho que tal vez la haría terminar con el cuello cortado, pero el estar así por unos momentos le bastaba para entregar toda su eternidad.

La puerta principal de la casa quedo salpicada con la sangre de Kisame cuando Sasuke lo mató.

Al entrar al salón principal fue demasiado descuidado como para tirar de las alarmas, y en ese momento diez Shinobis al servicio de los Uchiha lo atacaron.

Itachi se separó de Hinata al escuchar el ruido de la habitación principal. Cuando se dio cuenta de lo sucedido tomó a Hinata envuelta en una sabana y el mismo apenas y se puso un pantalón. Salió con Hinata en sus brazos, tenían que salir de ahí, sin duda les esperaba una batalla muy dura.

Esa había sido la última vez que lo había visto. Esa noche fue cuando su sueño de una vida feliz se había desvanecido al ver a Sasuke matar a Itachi; enterrar su espada en el pecho de su amado y dejarla a ella herida y desangrándose.


Ella había deseado morir en ese momento… ahí, junto a Itachi. Pero Sasuke la tomó del cabello y la jaló arrastrándola por un camino de piedras y lodo. La lluvia comenzó a caer mezclándose con sus lágrimas, borrando el camino que ella había dejado al ser separada de su amado.

Sasuke levantó su espada dispuesto a matar a Hinata, pero ella sabía que si iba a morir no se lo dejaría tan fácil al asesino de su amante.

Recordando todas las lecciones que había recibido, se fue contra Sasuke sin importarle estar en ropa interior, sin importarle sus heridas propias, sin importarle nada.

Sasuke la miraba divertido. Sabía que ella no era rival para él, sólo estaba jugando como un gato juega con un ratón. Sólo se estaba burlando aún más de ella.

Cuando Hinata cayó al suelo, supo que iba a morir. Al menos le había dado unos cuantos golpes, aunque con eso no desquitaba toda su furia.

Sasuke estaba apunto de matar a Hinata cuando sintió un Kunai en su pecho, justo en el corazón. Había sido demasiado descuidado para ver a Neji Hyuuga atrás de él, listo para matarlo… y así lo había hecho.

Neji vio a Hinata y la levantó en sus fuertes brazos, llevándola a su casa, a la mansión Hyuuga. Mientras que a sus espaldas la residencia Uchiha yacía consumida por las llamas de odio que se habían acumulado a lo largo de los años.


Cuando Hinata despertó se encontraba en el estudio de su padre, podía escuchar los gritos de alguien. Se levantó y notó que estaba vendada en sus brazos y en su pierna derecha. Caminó con un poco de trabajo pero logró llegar a su destino. El lugar de donde venían todos esos gritos.

- ¿Cómo que Sasuke está muerto? - Naruto golpeaba a Neji, quien no hacía nada por defenderse- ¿pero quién demonios lo mató?

- Fui yo- dijo Hinata mirando a Naruto mientras Neji se sorprendía.

- Tu mataste a Sasuke- Naruto parecía tan sorprendido, pero ella sólo lo miraba fijamente.

- Y lo volvería a hacer, no me arrepiento.

Naruto la miró con odio y salió de la casa con la promesa de nunca volver. Y lo había cumplido.

Hinata se había entrenado aún con más empeño. El saber que su padre y su hermana estaban muertos le había dado un poco de paz de cierta manera, pero no le importaba nada más. Se dedicó a buscar a Orochimaru y ayudar al nuevo gobierno de Konoha a derrotarlo.

Cuando eso ocurrió, ella propuso a Naruto como nuevo Hokage, el cual tomó el puesto exactamente dos años y tres meses después de la muerte de Sasuke.

Ella había desarrollado un grupo de recolección de información. Era una de las mejores médicos de la zona sólo superada por Sakura, quien siempre se encontraba al lado de Naruto, apoyándolo. Pero la que en verdad lo ayudaba desde las sombras fue ella, lo ayudó a llegar hasta su sueño, pero nunca esperó un agradecimiento. Sabía que ella le había robado a Sasuke así como Sasuke le había robado a Itachi.

Cuando Hinata se había enterado que estaba embarazada, fue el mejor regalo que alguien le hubiera dado. Fue como ver la luz al final del largo camino, fue su luz en la oscuridad.


Hinata escuchó como alguien llamaba a la puerta y sintió un nudo en el estomago al ver ahí a Naruto y a su lado a Sakura. Ambos vestían sus trajes con los cuales se habían casado.

- Sé que nunca te agradecí como te lo merecías, pero nosotros nos vamos de luna de miel. Sólo quería darte esto- Sakura se acercó a Hinata y le entregó un sobre.

Sin decir más los dos novios salieron de la casa dejando muy intrigada a Hinata.

- ¿Qué es eso mamá?- Hinata miró a su hija y abrió el sobre. Dentro venía una dirección y una llave.

- No lo sé.


Tardó una semana más para que Hinata se atreviera a ir a esa dirección. Cuando llegó vio que eran unos departamentos de lujo. Neji insistió en acompañarla, así que entró al lugar, el cual a decir verdad le producía una cierta nostalgia.

Cuando llegó al departamento e introdujo la llave. Abrió lentamente, el lugar parecía muy ordenado, como si alguien viviera ahí. Caminó y escuchó un ruido, se acercó a la sala de donde provenía el ruido y se encontró de frente con él. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y se acercó hasta él.

- Hola Hinata- dijo él.

- Te extrañe- yo también.

Hinata lo abrazó y él respondió el abrazo. Sabía que a partir de ese momento nada los volvería separar. Lastima que ella no pudiera revivir a Sasuke, pero tal vez las cosas estaban mejor así.


fin????

muajaj espero que les haga gustado gracias por su apoyo.