Las Tierras Místicas siempre habían sido algo inaccesible para los seres humanos, según Kazanari Genjuuro, el único humano que había vivido para contarlo, debido a la naturaleza de los mismos, ellos estaban prohibidos en aquel lugar sagrado.
Kazanari Tsubasa había comprendido que todo se reducía a que los creadores habían tratado de crearlos a su semejanza, contrario a las otras criaturas, pero contaban que los humanos sucumbieron al pecado, y gracias a eso en su corazón llevaban la maldición de Balal que los hacía a unos comunicarse con otros; creer en eso sería absurdo, pero no hacerlo tampoco. Era cierto que los humanos llevaban el no comunicarse correctamente en las venas, pero no necesariamente creía que entre su tripulación la cargaran, después de todo entre ellas entendían su deseo.
Ojalá nuestra teniente hubiese puesto atención al término entre ellas.
—Estás muy tensa. —Dijo Yukine Chris a su lado, jugando con el cuello de su camisa.
—Estoy tratado de recordar cómo evadir las defensas de las Tierras Místicas. Escuché a mi tío hablar de eso algún tiempo. —Dijo de manera seca pero sin alejarse de la albina.
—Lo que hacemos es una locura.
—Y haremos muchas más hasta encontrarlas, no lo dudes.
Chris rió.
Hablar con las criaturas que habitaban allí no era una opción, no hablaban el mismo idioma... Literalmente. Comprender algo de lo que ellos decían era imposible. Acelerar y atravesar tampoco, historias sobraban acerca de las múltiples defensas en sus aguas.
Ojalá hubiese prestado más atención a su tío, Tsubasa nunca había sido buena improvisado.
— ¡Dess!
— ¡¿Pero qué demonios?!
Su nave avanzaba bastante rápido hasta hace algunos segundos, cuando repentinamente se detuvo por completo casi como si hubiesen chocado, pero no era así, desde la cabina en que residían las mayores de la actual tripulación se podía ver que no había ni un alma fuera de ellas.
Tsubasa salió extrañada siendo acompañada por Chris, ambas veían al frente como Kirika estaba reclinándose en la orilla estirando su mano.
—Un poco más...—Murmuraba la rubia cayéndose al agua segundos después— ¡DESS!
— ¡Akatsuki! —Tsubasa se apresuró a donde se había caído la menor junto con Chris -después de todo ella era la senpai "responsable"- encontrándose con la imagen de Kirika y You flotando sobre el agua con una cara embobada viendo hacia el frente, a lo que la Kazanari frunció el ceño y viró en la misma dirección en que miraban sus subordinadas, comprendiendo que esas dos estaban en todo su derecho de estar apenas conscientes de como para flotar, pues fuera de que la marea se había detenido por completo, lo más impactante de toda la escena era la ninfa a unos metros de ellas.
Estaba sentada sobre una de las enormes rocas que rodeaban las Tierras Místicas –la primera advertencia para alejarse le decían– pero con sus pies hundidos en el agua; a su lado no había nada más que unos delfines que jugaban entre ellos y otro más especial que parecía charlar con ella, usaba una túnica blanca de seda blanca con bordeados dorados que apenas hacían suficiente como para cumplir la labor de proteger ese cuerpo tan bien proporcionado de las miradas acosadoras de los pocos humanos que pasaban por allí. Pero sin duda el mayor contraste que había dejado a Tsubasa sin aliento era la inocencia plasmada en aquellos ojos de la misma tonalidad de limpias aguas cristalinas que en conjunto con aquella corona de rojo coral en su rosado cabello, creaban la imagen más perfecta de una mujer.
—εισβολείς—Dijo la mujer en voz alta antes de ponerse de pie. (1)
Kirika y You asintieron embobadas sin tener ni la más mínima idea de que acababa de decir la mujer de cabellos rosas. Chris le brindó un "pequeño" golpe a su amante para que reaccionara, quien rápidamente entendió el mensaje y se puso alerta, tomando una extensa soga, amarrándola al borde y dejándola caer entremedio de Kirika y You, quienes rápidamente comprendieron que era hora de subir y buscar alguna manera de seguir avanzando.
Una vez las menores estuvieron nuevamente en cubierta notaron que no era la única; pues ahora aquella ninfa reposaba sentada sobre la barandilla.
—No deberían estar aquí—Dijo en un perfecto japonés.
—Eres tú quien no debería estar aquí—Chris, exaltada, ya se encontraba apuntándole con una de sus armas. Tsubasa, comprendiendo que no debían iniciar con hostilidades su aventura, se interpuso entre ellas y con calma fue bajando el arma de la albina.
— ¿Eres tú la capitana de este barco?
—Por el momento sí. —Contestó Tsubasa con seguridad—Pero no seguirá siendo así.
—Pero por el momento tienes el mando como para alejarte de aquí lo más posible, así que de manera amable te pido que abandones junto a toda tu tripulación —Dijo— Las riquezas que quieran llevarse de acá solo traerán desgracias a su vida.
—Me temo decirle que eso no se podrá—Dijo la peli-azul—No buscamos riquezas, sino a nuestra capitana y una tripulante, ambas han desaparecido y encontraron una de sus prendas en estos alrededores.
— ¿Creen que están en nuestras tierras? —Preguntó la ninfa antes de reírse—No sean ingenuas, ningún humano puede entrar. Ustedes los humanos están prohibidos aquí adentro, muchas criaturas guardan remordimientos hacia ustedes. Saber de la presencia es demasiado fácil.
—Aun así no pensamos rendirnos en nuestra búsqueda, las buscaremos en los confines del mundo y más allá todavía. —Respondió la teniente.
La ninfa sonrió.
— ¿Eres buena con la cabalgata?
—Algo—Dijo ambigua recordando todas las cosas que hizo cuando era una más de los Kazanari.
— ¿Haz montado alguna vez sobre algún animal marino?
—Puede ser—Sonrió con ironía, dando a entender que eso era un sí.
—Hagamos una carrera, si ganas, les dejaré pasar. Pero si pierden deberán prometer que nunca se acercarán a estas tierras de nuevo. —Desafió.
—Me parece bien.
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Dentro del enorme castillo de los Kazanari se encontraba un enorme banquete con las figuras más importantes en las islas de los alrededores y de los aristócratas en sus propios territorios; por fin había llegado el momento de que Kazanari Fudou anunciara quien sería aquel que recorrería sus mismos pasos una vez que su vida llegara a su fin.
— ¿Todo listo? —Preguntó una chica de alborotados cabellos pelirrojos y ojos bermellón con aproximadamente dieciséis años de edad.
—Todo listo, no hay mejor momento que este, Kanade. —Respondió una joven Tsubasa de catorce años.
—Me encantaría ver la cara del viejo cuando vea que su heredera desapareció—Se rió Amou Kanade, su prima rechazada por el líder al tratarse de una hija bastarda de su hijo menor—Pero si lo hacemos seguro nos atrapan.
—Ya deja de jugar, quiero irme de una vez. —Regañó.
—No sos la unica, no lo sos. —Tomó la mochila en donde guardaba sus provisiones y una que otra cosa con valor sentimental más un par de mudas de ropas; Tsubasa le imitó en el acto y ambas recorrieron los techos con sigilo para no ser vistas.
Escucharon el revuelo que se armó tras no aparecer Tsubasa en su propio anunciamiento cuando estaban tomando el ferry que les llevaría con los amigos que la mayor de las dos hizo y que les ayudarían a esconderse por los próximos días.
A partir de ese momento Tsubasa solo llevaría el apellido Kazanari para aprovechar sus beneficios y asegurarse muy bien de que el tan amado y respetable apellido de su abuelo/padre biológico se hundiera en la peor de las miserias.
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Las olas se abrieron en el momento justo en el que el sol las iluminó, brotando de ellas la misma ninfa que el día anterior le puso un desafío sobre un hipocampo, y a lado suyo, otro igual avanzaron hasta su embarcación.
—Espero estés lista para regresar a donde sea que hayas venido.
—Que nunca haya cabalgado un hipocampo no significa que sea un sinónimo de derrota, a menos claro, que le haya ordenado no correr. —Comentó.
—Esto será una competencia honorable, inclusive te doy ventaja de que corramos en la superficie del agua porque no puedes respirar debajo de ella. —Tsubasa se rió ligeramente mientras que en la cubierta del barco Chris, Kirika y You observaban su intercambio de palabras a la distancia; la primera con un tanto de molestia al verlas siendo tan amigables la una de la otra y las segundas con un nudo en la garganta, conscientes de que dependía de esa carrera que pudiesen entrar por las buenas a las Tierras Místicas.
Una muy hermosa joven pelirroja reposaba apenas sobre la arena, dejando la parte inferior de su cuerpo sumergirse en el agua mientras que en la superior su pecho era apenas era cubierto con sus cabellos y un sostén creado por conchas marinas. Sus ojos permanecían cerrados y en su rostro solo se enmarcaba una expresión melancólica, parecía estar pensando algo muy profundamente. Una mujer igualmente hermosa, vestida por una túnica le miraba algo curiosa, pues no era como si la sirena frente a ella fuese una de las más vivarachas, pero no verla cantando en las orillas de cualquier costa era sin duda algo de lo que extrañarse.
—Me preocupas, Riko. —Dijo la mayor sentándose a un lado de la sirena—Incluso mi hija sabe que algo te inquieta.
—No es nada, solo... Estoy un poco preocupada por Miku. —Contestó Riko, la castaña de ojos violetas le dirigió una mirada estoica a la chica de ojos ámbar.
—Tu mirada me dice otra cosa, querida. Riko guardó silencio unos momentos.
—Señorita Ryoko, ¿cómo supo usted que se había enamorado?
—Oh...—Fue lo único que dijo— ¿Le conozco?
—Nadie más que yo le conoce.
—Ya entiendo, ¿un encuentro casual?
—E irrepetible.
Ryoko suspiró.
—Mejor no pienses en eso hasta que se vuelvan a ver. —Aconsejó— De otra manera te mortificarías por algo que no podría suceder jamás.
—Conociendo como es, le creo capaz de que venga a buscarme—Dijo—Y de no ser así, dudo que sea yo capaz de vivir la inmortalidad sin verle.
—Ya veo el problema—Sonrió Ryoko con comprensión—Te has enamorado sin vuelta de hoja de alguien que no volverás a ver, porque debo suponer que utilizaste tu habilidad con esa persona—Riko asintió con pesar.
—La inmortalidad es larga, eventualmente podrás sepultar su alma.
—Pero eso no hace la agonía menos dolorosa, ¿o me equivoco?
Ryoko alzó la ceja al comprender esas palabras.
— ¿Por qué no venís conmigo y Shirabe al centro de las Tierras? Seguro te ayudará un poco a despejarte.
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La velocidad que Tsubasa sintió montando a aquel majestuoso sin duda era totalmente diferente a navegar sobre su nave en las peores condiciones climáticas mientras eran perseguidos, la adrenalina estaba allí, pero el peligro no, solo el desafío, una de las cosas que la Kazanari más disfrutaba al ser tan competitiva como era; era esto lo que le permitía estar en un nivel superior.
—Sé que no nos conocemos y posiblemente no entiendas lo que digo, pero quiero que sepas que confío en ti—Dijo Tsubasa al hipocampo cuando aquella ninfa comenzó a tomar notable ventaja—Aun si perdemos, sabré que ambos dimos lo máximo.
Desde el frente, la peli-rosa dirigió una sonrisa victoriosa a Tsubasa, que aun en su derrota, sonrió con confianza.
El hipocampo de Tsubasa soltó un relinche y aceleró su paso dejándola de nuevo al mismo nivel de la ninfa.
—Έχει εγκριθεί; —Salió de los labios de la ninfa hacia el hipocampo quien relinchó nuevamente, entonces la carrera se volvió todavía más rápida de lo que ya era, rodeando una isla entera en cuestión de minutos terminando de nuevo frente al barco en donde la tripulación de Zwei Wing esperaba ansiosa por el resultado. (2)
¿La indiscutible ganadora? Sin duda no se trataba de Tsubasa.
Las lamentaciones de Kirika y You no se hicieron esperar, Chris mientras tanto se encargaba de observar el desenlace entre la peli-rosa y la peli-azulada, había algo que le resultaba sospechoso en la sonrisa de la ninfa. Tsubasa por su lado no forzó a su hipocampo a apresurarse, eso no cambiaría el resultado de la carrera.
—Lo has hecho bien—Acarició las orejas de la criatura con respeto, demostrando que sus palabras eran sinceras.
—La victoria y la derrota son innegables—Comentó la ninfa una vez Tsubasa estuvo cerca, la tripulación guardó silencio para escuchar con atención—Según nuestro acuerdo nunca te acercarás a nuestras tierras de nuevo ¿cumplirás con eso?
Tsubasa sonrió ampliamente.
—Te garantizo que nunca me acercaré de nuevo a las tierras místicas... —Dijo solemne—…cuando tu estés cerca.
— ¿Disculpa?
—No especificaste—Comentó—Y cómo te dije ayer, iremos hasta los confines de la tierra para encontrar a nuestras camaradas, y las Tierras Místicas son los confines de la Tierra.
La ninfa rio y se acercó a la pirata.
—Te dejaré pasar.
— ¿Ah? —Aquello le tomó por sorpresa.
—Aun con el mejor de los hipocampos serías incapaz de vencerme simplemente por el hecho de que si bien tu vida pertenece al mar, no eres parte de él como yo, al ser Nereida, si lo soy—Comentó—Tu verdadera prueba fue otra.
—Y supongo que he pasado esa otra prueba.
—Exactamente—Se acercó a su oído y murmuró algo que Tsubasa no comprendió su significado, pero lo suficientemente fácil de recordar—Pronuncia estas palabras cuando te encuentres con alguna otra criatura, será fácil saber si se lo has dicho a alguna de tus amigas, por tu bien te recomiendo que no lo hagas.
—No es un hechizo, ¿verdad? —Ambas sonrieron con complicidad—Maria Cadenzavna Eve-san.
—Tienes astucia, eso me gusta—Comentó—Fue un placer conocerte, Kazanari Tsubasa espero que si nos encontramos de nuevo no sea contigo siendo un cadáver.
—Esperemos que no.
Como Maria prometió, les dejó pasar. Tsubasa había pasado su prueba para entrar, pero sus otras tres tripulantes aún debían ganarse ese derecho, esperaba que lo hicieran antes de que su limitado tiempo se acabara.
Traducciones griego-español: (segun google)
(1) Lo que Maria dice es "intrusos".
(2) Justo allí Maria ha preguntado al hipocampo si aprobó a Tsubasa.
Espero que hayan disfrutado de este episodio también, que estaba como en que lo queria escribir y como que no, quiero saltarme directo a la parte interesante pero debo esperar :( Cosas malas de ser perfeccionista con los fics, y como me costó no decir el nombre de Maria hasta el final.
Por si no ha quedado claro, dentro de lo que le dijo Maria a Tsubasa (que permanecerá en secreto hasta el siguiente cap) estaba su nombre completo y Tsubasa solo tuvo astucia xD
De cualquier manera, buenas noches y hasta el siguiente episodio!
