Capítulo 2: ¿Ya llegamos?
Stan's P.O.V
Bien... creo que debí haber pensado dos veces antes de aceptar.
Y ahí estaba, en una jodida limusina del largo del cuello de tres jirafas junto con Wendy y un conductor -o conductora- a quien no conocía, y también estaba la voz que había escuchado durante la llamada, quien resultaba ser una tal Anne Garefino... a quien tampoco conocía.
Llevábamos casi cuatro horas en esa limusina, sin saber a dónde íbamos. ¿En qué demonios estaba pensando cuando dije que sí?
Wendy estaba a mi lado, se veía muy emocionada, mucho más que yo. Ella me contaba acerca de la publicidad y la incontable propaganda que este programa estaba teniendo. Al parecer, no era la primera vez que estos sujetos hacían un programa.
Al menos era verdad lo del programa y no una farsa para secuestrarnos y robar nuestro dinero. Aunque no tengo...
— ¿Donde has estado? —Me preguntaba Wendy cada vez que negaba saber sobre algo. Parecía ser que todo el mundo menos yo sabía acerca de este reality.
La verdad es que no tenía idea, ni entendía porque era tan famoso y deseado "Reality Park." ¿Qué clase de nombre es ése, por cierto?
Aparentemente Señor Uno y Señor Dos también crearon dos programas más, que eran bastante famosos y de los cuales yo tampoco sabía nada. Y no es como si quisiera saber de todas formas.
Mientras escuchaba a Wendy sumergirse en sus historias de aquellos programas televisivos, agarré una botella de champagne que estaba en la cava de la limusina. Wendy me miró raro, deteniendo su charla. Yo te recomiendo
—No puedes agarrar eso —Me advirtió, pero igual me serví. Me sentía elegante, ya que lo que usualmente ingería era agua y alguna que otra cerveza. — ¡Stan!
—Calma, —Le dije, recostandome en el asiento, observando el frío líquido. —Están aquí por algo ¿no? —Lo siento mamá, pero bebí un poco, entrecerrando los ojos ante el sabor extraño, aunque después de unos momentos me empezó a agradar.
—Si, está bien, no se preocupen —Habló Anne, quien estaba junto el asiento del conductor y gracias a los vidrios oscuros no podíamos ver. Yo sonreí.
— ¿Ves? —Ella rodó los ojos, cruzándose de brazos. —Está bien.
—Como sea —Ella sacó su celular para mirar la hora por un segundo. — ¿Cuando falta? —Preguntó, para luego escuchar una risa. — ¿Uh?
— ¿Faltar? —Anne rió más por alguna razón, —Ya llegamos —Dijo, y en ese instante la limo se detuvo.
— ¿En serio? —Pregunté, después de elegantemente acabarme la elegante champagne, elegantemente. — ¿Ya llegamos?
—Así es —Contestó Anne, bajándose de la limo. Miré a Wendy, quien estaba respirando más pausadamente, como si tratase de estar calmada, pero estaba fallando.
— ¿Emocionada? —Pregunté aunque era bastante obvio. Ella sonrió y asintió.
— ¡Sí! —Exclamó en voz baja, asintiendo para crear un énfasis. Yo reí un poco y le di un beso rápido.
—Vamos entonces.
Ambos bajamos del lujoso auto, y parecía ser que estábamos en un área bastante alejada, y para mi sorpresa no había grandes cantidades de nieve alrededor. Había un parque cerca y algunas cabañas, hasta podía visualizar unas personas patinando en un lago congelado no muy lejos de aquí.
Aunque, a pesar de que quería hacerlo, no pude concentrarme mucho en la naturaleza que había alrededor, ya que entonces vi la "casa" donde se suponía que nos íbamos a quedar durante estas siete semanas.
—Por las barbas de mi abuela —Parpadeé varias veces después de soltar esa obscena barbaridad, dándome cuenta de la clase de edificio que tenía en frente de mi.
¡Era una jodida mansión!
Tenía tres pisos en total, aunque por su altura parecía tener cinco. La estructura tenía un color crema y el tejado era de madera oscura, un poco de nieve dándole color; la puerta era grande y grisácea, y la entrada era hermosa.
Había flores y mucha mierda bonita por todas partes, junto con blancas luces navideñas adornando cada rincón con elegancia. Habían varias ventanas, pero gracias a las cortinas de seda no se podía observar el interior, aunque sabía que había una chimenea adentro, la cual estaba botando humo. Estaba encendida.
— ¿Qué esperan? ¡Entren! —Exclamó Anne con un tono de emoción, entonces fue como me fije en la forma que ella se veía.
Anne traía un vestido hasta las rodillas, era negro y traía puesto un collar de perlas junto con un abrigo, su cabello castaño claro cayendo sobre sus hombros. Si no hubiese hablado con ella antes, diría que parecía ser una de esas pretenciosas millonarias que verías en las tiendas más caras del mundo, aunque ella no se veía como una mala persona... al menos.
—Stan —Wendy me sacó de mis pensamientos, dándome un pequeño golpe con su codo para hacerme reaccionar. Entonces fue que espabile, para luego asentir como si hubiese estado escuchando lo que sea que me estaban diciendo.
— ¿Qué les parece? —Preguntó la señora, sus manos en sus caderas junto con una sonrisa. Reí un poco, observando más el lugar.
—Genial —Dije, asintiendo en aprobación, tomando la mano de Wendy con la suya.
—Sí, lo es —Dijo, su emoción nunca dejando su bello rostro. Se ve tan linda así...
— ¡Fantástico! ¿Por qué no vamos entrando? —Hizo un ademán con la mano y de repente unos sujetos llegaron, posiblemente saliendo de la limusina y tomaron nuestras maletas, unos entrando al lugar y otros empezaron a colocarnos unos micrófonos en las camisas.
— ¿Es esto necesario? —Pregunté, algo molesto de que un sujeto estuviese manoseando a Wendy. Aunque, sabía que si lo era.
—Sí —Respondió Anne sin más.
Después de eso, ellos también entraron, indicando que nosotros también debíamos entrar.
Y así fue, Wendy y yo entramos, y seguida de eso, no pude evitar soltar un "whoa" ante la magnificencia del lugar donde nos encontrábamos.
En el medio del techo había un gran candelero de cristal; las paredes eran de un tono plateado con blancos diseños hechos a mano. Había un televisor enorme que ocupaba gran espacio en la pared izquierda, junto con unos muebles alrededor que se veían inmensamente cómodos y caros. Especialmente caros.
Había varios cuadros, la gran mayoría eran pinturas en lugar de fotos.
La sala y el comedor estaban divididos; la mesa del comedor estaba en frente de la cocina, y había un total de ocho sillas. La mesa era de vidrio y tenía un jarrón azul oscuro con algunas flores que parecían recién colocadas. La chimenea estaba justo del otro lado, donde estaba el sofá con los sillones y el gran televisor ostentoso, y al lado del ascensor estaban las escaleras que daban a los otros pisos.
Esperen...
Había un ascensor.
Un jodido ascensor.
—Amo este lugar —No pude evitar decir, mirando todo con puro asombro, al igual que Wendy.
—Sin duda —Asintió, causando una risa en Anne, quien nos miraba como si fuéramos unos niños recibiendo su primera consola de juegos.
No traten de cambiar esa metáfora.
—Bienvenidos a la Casa —Anunció Anne, su sonrisa nunca dejando su rostro, y entonces escuché que detrás de mí la puerta se volvía a abrir, lo cual hizo que me volteara automáticamente, la curiosidad ganando. —Parece que ya tienen compañía.
Un chico y una chica acababan de llegar.
La chica era rubia, su cabello rubio rizado caía sobre sus hombros desordenadamente, resaltando sus ojos azules. Llevaba un suéter rojo con unos jeans grises , estaba de la mano con el chico. Posiblemente eran pareja.
—Wow —Dijo el chico al finalmente observar su alrededor, asombrado. —Este lugar es... wow —Por alguna razón ese comentario me hizo sonreír. Se veía absolutamente impresionado.
En cambio, la chica de cabello rizado no.
—Eh, es lindo, creo —Se encogió de hombros por un segundo, como si hubiera visto mejor, lo cual hizo que él rodara los ojos, pero le sonriera después.
El chico era pelirrojo, su cabello era relativamente parecido al de la chica, aunque era mucho más desordenado que el suyo. Él tenía unos ojos verde esmeralda, una camisa blanca y una chaqueta verde con unos jeans oscuros- él estaba mucho más feliz por estar aquí que la rubia. Su energía me recordaba a la de Wendy.
—Garefino, —Una voz masculina me sacó de mis pensamientos abruptamente, apenas me daba cuenta de que había alguien más en la entrada que no fuesen ellos dos. Un sujeto que parecía estar en sus veintes acababa de entrar, junto con el equipo de producción que traían las cámaras y maletas de la pareja nueva. —Ellos son Kyle Broflovski y Bebe Stevens. Nuevos concursantes, los tres concursantes faltantes llegarán en un momento —Informó, haciendo que Anne asintiera en reconocimiento.
Huh...
Así que ese era su nombre.
—Gracias, Tyler —Le dijo, el tipo solo asintió y luego salió de la casa. Los otros tipos estaban apuntándonos a todos con las cámaras, capturando cada movimiento posible. Me hacía sentir algo incómodo.
—Bueno chicos —Anne habló, dando un aplauso para hacer énfasis, —Dejaré que conozcan más la casa por su cuenta, y mientras llegan los demás pueden presentarse-
— ¿Podemos escoger habitaciones ahora? —Preguntó la rubia, que ahora sabía que se llamaba Bebe, dándole una sonrisa picara al pelirrojo, quien solo le sonrió de vuelta. Ante eso miré a Wendy por instinto, quien estaba rodando los ojos.
—No —Negó Anne, haciendo que Wendy y yo dirigiéramos nuestra atención hacia ella automáticamente.
— ¿Qué? —Fue la reacción de Wendy, —Pero...
—Sin peros —Interrumpió, haciendo que Bebe suspirara en forma fastidiada. —Lo sentimos, pero eso es imposible, las reglas son que cada quien escoge una habitación cuando todos los participantes lleguen a la Casa, y entonces es que se podrá escoger —Avisó, ignorando los quejidos molestos de la rubia, a quien visiblemente no le gustaba la posibilidad de no poder estar con su novio.
Ugh. Son esa clase de pareja.
—Habiendo aclarado eso, les dejaré la Casa para ustedes —Entonces, justo cuando dijo eso, su rostro cambió y de repente se veía más seria. —En unos momentos llegarán los demás participantes y junto con eso les explicaré los Retos, Premios y Consecuencias- básicamente todo lo que realizarán en este corto período de tiempo —Y justo con eso, la sonrisa volvió, —Nos vemos en unas horas.
Al decir eso, Anne salió de la casa, cerrando la puerta y dejándonos con el grupo de camarógrafos que seguían grabándonos sin ninguna expresión. Seguramente estaban locos para que hiciésemos algo interesante, pero todo era tan incómodo en ese momento que en realidad no sabía que decir.
Genial.
Simple, y jodidamente genial.
