Capítulo II

Las dos chicas corrían entre los árboles y una de ellas se preguntaba si lo que estaban haciendo no era suicidio. Habían engañado a la Hokage diciendo que se irían de vacaciones, algo por demás absurdo. ¿Qué pasaría si perdieran la vida junto a los ninjas prófugos? Qué vergüenza seria para todas las personas que las respetaban, pues la Haruno era una de las mejores medico ninjas después de Tsunade y Hinata era la heredera del Clan Hyūga.

Por el momento se dirigían hacia Suna, demás está decir que eran muy amigas de Temari, la hermana mayor del Kazekage, Gaara del Desierto.

—¡Hina-chan! ¿Podemos detenernos? Hace mucho frío...— Le gritó la pelirrosa a su amiga.

Ella asintió y se detuvieron en un claro.

—¿Estas bien?— La chica observó a Sakura, quien estaba más pálida que de costumbre.

—¡Hai! ¿Lo que quiero saber es porque corremos como si estuviéramos de misión? ¿Que no son V-a-c-a-c-i-o-n-e-s?— Hinata la miró con los ojos abiertos de par en par, mientras aquella fruncía el ceño y ponía las manos en la cintura.

—Tienes razón... Podemos pasar por las aldeas sin ningún problema...— Dijo sonriente y activo el Byakugan.

—Hina...— La chica la miró sorprendida, esa técnica ocular era muy extraña y parecía que las venas que se acumularon alrededor de los ojos le fueran a estallar de un momento a otro.

—Mmm... Hay una aldea a dos kilómetros de aquí, podremos comer y alquilar una habitación en una posada... ¿Qué opinas?— A Sakura le brillaron los ojos de felicidad.

—¡Excelente!— Exclamó emocionada.

Salieron del bosque y caminaron rumbo a ese lugar.

Al llegar se hospedaron en el único hostal del pueblo y comieron un deliciosa sopa de miso.

Después de eso subieron a su habitación, Sakura se dejó caer en la cama y se durmió de inmediato. Hinata le quito las botas y la capa de viaje, para después arroparla con las mantas, a pesar de que en la chimenea ardía un fuego generoso el frío de alguna forma se colaba hasta allí.

La joven se dio un baño y estuvo largo tiempo relajándose, el agua estaba en su punto pero conforme pasaban los minutos comenzó a enfriarse, por lo que opto por salir envolviéndose en una toalla.

Saco de su mochila un pijama, ropa interior y su cepillo, en el momento en que lo hizo cayó el anillo de Itachi al suelo. Se inclinó para recogerlo, para ella era una promesa, pero no sabía si para él significaba lo mismo.

Probablemente sí.

—¡Nnn! Na-ru-to...— La chica de los ojos verdes hablaba dormida y al parecer estaba soñando con el amor de su vida. Hinata se cubrió la boca y contuvo la risilla para evitar despertar a su amiga. ¿Cómo había cambiado a Sasuke por Naruto? Es cierto que era simpático y ella lo admiraba por su fortaleza y valor, además de ser un gran camarada, pero...

Un ruido en la planta baja la espanto, rápidamente se puso su ropa cotidiana y sigilosamente abrió la puerta, antes de salir volteo a ver a su compañera que seguía durmiendo, sin tiempo para avisarle bajo las escaleras.

—¿Acaso no tienes más habitaciones, viejo?— El lugar estaba oscuro y no podía distinguir nada.

—Por favor, señor... La última la tomaron unas jovencitas que llegaron hace dos horas...—!Le dijo el dueño del hostal. Hinata dio dos pasos hacia atrás, creía que podrían estar en problemas al ver que un joven de cabello blanco y con una espada traía al frágil anciano del cuello, además había un hombre pelirrojo y enorme quien traía en sus brazos a una muchacha.

Pero no tuvo tiempo para escapar, alguien le toco el hombro.

Lentamente giro a ver a la persona que estaba detrás de ella.

—¡Kyaaa!— Gritaron las dos al mismo tiempo.

—Oye, te seguí... Pensé que había ocurrido algo, ¿Que paso? ¿Qué haces aquí?— Le dijo Sakura, mientras veía como Hinata ponía la mano en el pecho para tranquilizarse mientras respiraba con dificultad.

—Sakura-chan... ¡Me espantaste!— La pelirrosa sonrió apenada.

Se acercaron hacia donde estaba el grupo.

—¿Hay algún problema, señor?— Cuestionó la ojiperla observando fijamente a los dos jóvenes y a la chica.

—No es de su incumbencia...—?Dijo el chico que en ese preciso momento soltó al hombre al escuchar a las intrusas.

—¡Ah! ¿Ella está embarazada?— Corrió apresurada para tomar el pulso de la joven pelirroja.

—¡Ya les dije que no es de su incumbencia!— Él se acercó y tomó con fuerza el brazo de Sakura haciéndole daño.

—¡Oye! Ella es médico ninja, podría ayudarlos...— Habló Hinata aproximándose al joven y pudo ver que sus dientes eran afilados, parecidos a los de un tiburón.

—Tiene una fuerte fiebre y está a punto de dar a luz, si no la atiendo pronto podría morir, por favor, llévenla a nuestra habitación.— Pidió la Haruno pero era más una orden.

Sakura sabía lo que hacía, le pidió a los compañeros de Karin, que así se llamaba ella, que esperaran afuera mientras se hacía cargo de la joven. Pasaron las horas, demás está decir que para el "dientes de tiburón" ella era muy importante.

La luz del sol se filtró por las ventanas de la habitación que le ofrecieron a los dos muchachos, el de cabello blanco se despertó abruptamente y corrió hacia el lugar donde tenían a su amiga, al llegar a la puerta escucho un ruido proveniente del interior.

—Es tan pequeñito...— Por el tono de la voz supuso que era la chica de cabellos rosados.

—Qué pasara cuando se enteren de que... Tú me entiendes, se ve que ellos eran muy unidos...- Suigetsu entró de golpe a la habitación al escuchar esto y su corazón comenzó a latir fuertemente.

Dirigió la vista a las dos jóvenes interrogadoramente, ellas se mantuvieron en silencio y al no recibir respuesta la fijo en la cama, se acercó tambaleante y se inclinó para acariciar con ternura la mano de su amiga.

—Ka-rin...— Él hablo despacio, como si tuviera miedo de despertarla.

—Lo sentimos... Ella... Murió... Hicimos lo que pudimos pero...—?De sus ojos violetas brotaron gruesas lágrimas, mientras se aferraba al cuerpo inerte de la pelirroja.

—¡Despierta! ¡Karin!— Sakura comenzó a llorar al ver tan desgarradora escena, Hinata continuó impasible y sus ojos observaron al fortachón que acompañaba a la pareja en el umbral de la puerta.

—Suigetsu, es hora de marcharnos...— Lentamente el joven de cabello blanco se incorporó y avanzo hacia su amigo.

—Espera, ¿qué hay del niño?— Preguntó Hinata.

—No es nuestro problema...—El siguió caminando sin voltear a verlas.

—Pero tú debes ser, el padre. ¿Cierto?— Esta vez tomo la palabra Sakura. El giró y las observo con odio.

—¡No! Yo no soy el... Padre...— Masculló fríamente. Ellas se quedaron impactadas con la noticia.

—¿Pero que será del bebé? ¿Qué debemos hacer?...— Le cuestionó Hinata con sobrada preocupación.

—Quédenselo o entréguenlo al Hokage de Konoha...— El salió por la puerta dejando a las dos chicas confundidas. En la planta baja habló con el dueño y depositó una fuerte cantidad de dinero en el mostrador, ordenándole que se hiciera cargo del sepelio. Hinata corrió a darle alcance, ella necesitaba averiguar que significaban esas palabras que les dijo anteriormente.

—Es el hijo del Uchiha... Creo que les podrán dar un buen dinero por él, es seguro que heredara el Sharingan, además de que el maldito traidor perteneció a esa aldea...— El dejó a la joven boquiabierta y caminó sin rumbo desconocido al lado de su compañero, de quién nunca supo el nombre.

Ellos se perdieron en el espesor de la nieve y rápidamente subió a la habitación, donde ya se estaban llevando el cadáver de la joven madre.

Se dejó caer en el sofá y aunque tenía tiempo de no hacerlo, comenzó a llorar. De alguna forma estaba segura que ella encontraría a ese hombre, se levantó y en silencio hizo una promesa a Karin.

—¿Cómo llamaremos al bebé?— Indagó Sakura, sacándola de sus pensamientos.

—Como su padre...— Respondió Hinata con la voz ahogada en llanto, la chica de ojos verdes espero que su amiga terminara la frase.

—Sasuke...—