Capitulo dos: Práctica en el cielo.

(Edward P.O.V.)

Había aprendido una cosa fundamental sobre el clima de Forks; cuando la noche esta clara y estrellada es porque al día siguiente hará demasiado frio. Y hoy era uno de esos días.

Hace unos dos años mi familia se había mudado a este pueblo pero ni mi madre ni yo pasábamos mucho tiempo en el. Mi madre era diseñadora de ambientes, habían veces en las que gente rica o famosa le pedían que re-decorara sus casas; yo por mi parte solo volvía para las vacaciones, las que ni siquiera pasábamos aquí. En mis cortas estancias hice unos cuantos amigos, la mayoría gracias a mi hermana.

Emmett McCarty era uno de ellos, era tres años mayor que yo, demasiado alto, demasiado musculoso y demasiado infantil.

Mi otro amigo era Jasper Hale, un chico de mi edad, su familia era muy respetada en el pueblo, eran considerados uno de "los pocos con clase", sus padres habían fundado una pequeña academia de artes, la cual ahora era una de las mejores en Washington; curiosamente esa era la academia en donde estudiaba mi hermana… y mi nueva obsesión.

No había podido dormir por pensar en ella, en sus agiles y perfectos movimientos, en el aroma a fresas que inundó mi coche cuando ella subió, en sus mejillas rosadas, en sus labios carnosos. La chica me tenía loco, tenía una extraña necesidad de verla, de hablarle, de saber que música le gusta escuchar o cual es su comida preferida.

-Edward, no quiero molestarte pero ¿me podrías llevar a la academia?, es que papá está en el hospital y mamá salió y no sé cuando regresa- dijo mi pequeña hermana sosteniendo un vestido rosa pálido de tela vaporosa.

La llevaría feliz, pero sería más feliz si supiera que iba a verla, si tuviera la certeza de que ella estaría allí.

-¿y quieres que lleve a tu amiguita también?- pregunté fingiendo un tono molesto.

-No hermano, ella irá por su cuenta, es más, me conviene que se retrase; hoy es su cumpleaños, con Jazz y Rose le estamos preparando una pequeña fiesta sorpresa- dijo Alice con emoción.

-Se ve que la quieres mucho- dije más para mí que para ella.

-¡claro que la quiero!, es mi mejor amiga, ella me ha ayudado mucho; no sé qué haré sin ella cuando se vaya a Londres- expuso Alice con tristeza.

-¿Londres?- pregunte expectante.

-Hay una beca en la Real Academia de Artes- dijo Alice doblando el vestido para meterlo en un envoltorio en tonos pasteles.

-Ella es la mejor, merece ir; la profesora Svetlana Petrova consiguió que uno de esos ingleses venga a verla bailar en el certamen de invierno y si todo sale bien le darán la beca y podrá estudiar a nivel profesional- agregó Alice mientras seguía arreglando en envoltorio del vestido.

-Nunca pensé que esa muchachita fuera tan talentosa- dije despreocupado para que Alice no sospechara.

-Pues así es Bella, una muchacha simple, esforzada y trabajadora- dijo Alice dándole el último vistazo al que sería el regalo de Bella.

Manejé todo el camino pensando en el famoso certamen de invierno; por Alice sabia que lo hacían una semana antes de navidad, para esas fechas ella estaría bailando ante los de la Real Academia de Artes y yo no podría hacer nada para retenerla en este insignificante pueblucho. Si ella era un ángel entonces merecía volar, volar lejos de aquí hacia su paraíso.

Mis días estaban contados, si quería ser al menos su amigo debía apresurarme, debía atreverme a cruzar el frio y dejar que mi soberbia me permitiera hablarle.

Cuando llegamos a la academia vimos a Jasper y a una chica rubia con sombreros ridículos esperándonos en la puerta.

-Ponte uno Alice- dijo Jasper pasándole a mi hermana un sombrero con orejas de ratón arriba.

-Tú también deberías ponerte uno Edward- dijo Jasper poniendo sobre mi cabeza uno extremadamente ridículo con orejas de lo que parecía ser de puma.

-Por cierto, esta es mi melliza Rosalie, y es la novia de Emmett- dijo Jasper con un dejo de disgusto en su voz.

El musculoso Emmett venia bajando las escaleras a toda velocidad, también traía un sombrero ridículo con orejas de oso.

-A que no adivinan quien ha llegado hoy antes que todos nosotros y ha estado ocupando la sala de la señora Petrova- dijo Emmett jadeando por su carrera en las escaleras.

- ¡Oh no!, ¿pero acaso esa chica no se levanta tarde un sábado?, ¿y ahora que haremos?, nos descubrirá y ya no será sorpresa- dijo Alice enfadada.

- Alice, ¿acaso olvidas que nosotros también somos dueños de esto?- dijo Rosalie.

-hoy los cantantes no vienen, podemos usar su sala- dijo Jasper devolviéndole la sonrisa a mi hermana. –Ahora lleven todo al quinto piso y que alguien vaya a distraer a Bella para que no sospeche nada- agregó el rubio.

-Tu iras Edward- dijo mi hermanita con una sonrisa malévola en sus labios.

-¿Pero por que yo?, ¿Qué le digo cuando me vea allí?, ¿Por cuánto tiempo la entretengo?- pregunté asustado ante la idea de enfrentarme a esa situación.

- Vas tu porque si nos ve a nosotros podría sospechar, dile que ayer se me quedo algo en la sala, te quedas un buen rato buscando lo que sea y luego yo subiré con ustedes cuando todo esté listo- expresó Alice empujándome a las escaleras.

Subí con el miedo a punto de traicionar mi equilibrio, dejé mi ridículo sombrero con Alice. -¿Por qué debía sentir miedo de una chica?-, -muy simple Edward, ¡porque la chica te gusta a más no poder!-, me dije a mi mismo mientras subía hasta el último piso.

Temeroso toque la puerta de la sala en donde debía estar ella pero nadie abrió; me decidí a tocar más fuerte, la música que había se detuvo, acto seguido ella apareció tras la puerta. Me quede como un verdadero estúpido mirándola sin saber que decirle, esta vez ella vestía otra de esas ajustadas blusas de tirantes color blanco y una falda negra demasiado corta que dejaba sus estilizadas piernas al descubierto, no estaba descalza, traía unas degastadas zapatillas de ballet.

Pude ver que en su frente se alojaban unas pequeñas gotas de sudor, sus ojos me miraban curiosos, el acelerado palpitar de su corazón parecía música para mí. Ella se quedó apoyada en el umbral de la puerta esperando a que yo dijera algo, mi voz parecía no querer acompañarme por lo que ella empezó nuestro torpe dialogo.

-Alice no está aquí- dijo ella cortante, supuse que era así para volver pronto a su práctica.

-No vengo por Alice- le respondí. –A ella se le cayó ayer un arete aquí y vine a buscarlo- agregué.

-¿Un arete?- preguntó ella adentrándose en la amplia sala y contemplando su figura en el espejo que ocupaba toda una pared.

-si, era un regalo de mi madre, al parecer se le debió caer mientras bailaba- dije mirando en los rincones para disimular.

-¿quieres que te ayude a buscar?- preguntó ella con amabilidad.

- No te molestes, vuelve a tu practica, yo hare como que no existo- dije alejándome de ella.

-No es una molestia, debe ser muy importante para Alice encontrar ese arete- expresó ella caminando hacia mí.

-No te preocupes, no quiero incomodarte- dije caminando hacia un rincón para hacer mas creíble mi búsqueda.

Me agaché para mirar desde una distancia más corta el suelo, su mano cálida se posó en mi hombro; de inmediato sentí un hormigueo recorrer todo mi cuerpo, me puse de pie lentamente y me volteé para quedar cara a cara con ella.

-¿Cuál era tu nombre?, es que soy un poco olvidadiza- dijo ella con un leve matiz rosa en su rostro.

-Edward- respondí nervioso. – ¿Y el tuyo?- pregunté.

-Isabella, pero prefiero que me llamen Bella- dijo ella con una sonrisa formándose en su cara.

-¿Estas seguro que no quieres un poco de ayuda?- preguntó Bella.

-Seguro, vuelve a tu práctica tranquila, yo buscaré aquí y no haré ningún ruido- le respondí.

- Es que me da un poco de vergüenza bailar con alguien aquí- admitió sonrojándose más.

-Prometo no mirar- le dije sonriendo.

Ella me sonrió de vuelta, caminó sobre sus talones hacia el pequeño aparato de música, de inmediato una melodía relajada y optimista invadió la sala.

Cuando el cantante empezó la canción ella comenzó a moverse, no pude cumplir lo que prometí; me senté en un rincón a mirarla. Ella bailaba con una sonrisa en su bello rostro, hacia ver tan fácil el pararse en puntas de pies, cada uno de sus movimientos era perfecto, elegante y llenos de gracia.

-Prometiste no mirar- dijo observándome desde el espejo.

-Nunca he sido bueno cumpliendo lo que prometo- le dije esperando a que volviera a bailar.

Ella dio media vuelta y me miro fijamente, continuó su baile en donde lo había dejado, solo que ahora bailaba con su vista fija en mis verdes ojos.

Hizo unos cuantos giros antes de hacer un ágil salto que culminó en una pequeña reverencia, volvió a ponerse en puntas de pies, en el coro de la canción levanto sus brazos e hizo un sensual movimiento de caderas que luego suavizo con un tradicional paso de ballet.

Me di cuenta de lo feliz que era ella cuando bailaba, la pasión que ponía en cada movimiento por muy sencillo que pareciera, ella lo tenía todo, el talento, la pasión, el encanto… ¡Todo!.

Cuando la canción terminó y dio paso a otra ella se preparó para volver a bailar. – ¿La coreografía anterior la inventaste tu?- le pregunté con la vista fija en el brillo que emanaban sus ojos.

-Lo anterior no fue una coreografía- me respondió para volver a bailar con su mirada fija en la imagen que proyectaba el espejo.

Cuando volvió a repetir los movimientos anteriores caí en cuenta de que ella no estaba bailando, sino aflojando su cuerpo al ritmo de la música; con cada movimiento ella relajaba sus músculos haciendo que los pasos tradicionales fueran más fluidos.

-Edward, ya lo encontré, estaba en casa- dijo Alice interrumpiendo la maravillosa practica que yo tenía el privilegio de mirar.

-¿Ya encontrarte tu arete Alice?, preguntó Bella cubriéndose con un sweater demasiado largo que le llegaba a las rodillas.

-¡Ah!, ¡si el arete!- Alice siguiendo el hilo de la mentira.

-¿Por qué llevas ese ridículo sombrero?, preguntó la prodigio del ballet a mi hermana.

-A Jasper se le ocurrió, vamos a escuchar desafinar a Rosalie- dijo maliciosamente Alice. –Vamos Bella, será divertido, solo unos minutos, luego puedes volver a practicar- agregó Alice haciendo un puchero para convencer a Bella.

- Está bien, solo déjame quitarme estas zapatillas y bajo a escucharla romper cristales con su voz- dijo Bella riendo mientras se sentaba en el suelo y se quitaba las degastadas zapatillas de Ballet.